Así se lo agradecí

En una ocasión tuve un problema bastante importante de salud, y Mario estuvo a mi lado en todo momento, se porto muy bien y cuando solvente el problema, creí que debía darle un regalo, algo que me costara y viera mi esfuerzo, tenía que demostrarle que agradecía su atención.

Así que pensando y que fuera algo importante para mi, convencí a una amiga para que mantuviéramos una sesión de sexo con Mario, ella accedió y cuando le dije a Mario que el regalo era un trío, me lanzó una sonrisa de aceptación.

Llego el día, no podía dejar pasar el tiempo, luego todo se olvida y se enfría, y era el momento, así que al marcharse a trabajar, le comente que se vistiera bien y preparase para una pequeña fiesta privada entre nosotros, pero que avisara cuando saliera del trabajo para saber a que hora llegaría a casa, y él asintió.

Durante todo el día, le mandé mensajes subidos de tono, videos y fotos, y cuando me llamó para decir que ya estaba en el coche de regreso a casa, prepare todo. Mi amiga Marta y yo nos bañamos y nos pusimos ropas sugerentes para ocasión, pero ella no podía salir de la habitación, solo yo para recibirle y le dije lo que podía hacer, marque unas reglas y otras cosas que no gustaba y no quería. Lo planeé todo bien para no tener ninguna sorpresa.

Cuando escuche el ruido del coche de Mario, bajé rápidamente y esperé a que entrara por la puerta con sus llaves. Fui a su encuentro y le di un beso, dejo su mochila y las llaves donde siempre y le vende los ojos.

Le cogí de la mano y le llevé a la habitación. Le ayude a quitarse parte de su ropa y le metí en el baño para que se duchara. Yo salí y a Marta le decía que no hiciera ruido, y volví a entrar al baño, él ya se estaba secando el cuerpo y volví a ponerle la venda, me puse de rodillas frente a él y le chupe la polla hasta que se puso erecta y a punto.

Me levanté y le guié de la mano al dormitorio y le tumbé en la cama, allí por señas dije a Marta que le chupara la polla a Mario, al mismo tiempo yo le iba acariciando los huevos, pasaba mis dedos suavemente por su culo y notaba que estaba cachondo, gemía, entonces cogí y me senté sobre él.

Mientras Marta le seguía chupando la polla y mi coño al mismo tiempo, entonces él se quitó la venda y vio que había otra mujer, sonrío y se entrego, así  estuvimos jugando un rato, luego me tumbé a su lado y Marta me comía el coño con deseo y el comenzó a besarme los pechos y morder mis pezones, empezaba a intuir que Mario se iba a correr pronto, y se lo dije en voz alta, el aparto a Marta y metió su polla en mi coño.

Y empezó a bombearme con rapidez, mi amiga a su vez con la mano le hacía una paja a Mario, ella le apretaba la polla y por momentos subía la intensidad, el me mordía los pechos con desespero y de pronto un estallido recorrió todo mi ser de una manera fuerte y grandiosa.

Fue espectacular la sensación, luego sacó la polla y empecé a chuparsela mientras Marta me tocaba el coño, Mario miraba la escena y noté en mi boca su polla muy dura, muy excitada, estaba punto de estallar, y así fue, se corrio en mi boca, Marta se acercó y terminó de chupar la polla de Mario, limpiándola bien con su lengua de todo su líquido. Fue increíble, luego Mario y yo nos tumbamos en la cama y Marta nos chupaba y tocaba, primero a uno y después al otro, alternándonos y así estuvimos jugando mucho rato, no recuerdo el tiempo pero hasta que estuvimos cachondos de nuevo, follamos los dos mientras Marta nos tocaba a los dos y volvimos a corrernos de una forma brutal.

Fue inolvidable, lo volvimos a repetir una vez más porque yo quise y lo propuse. Después, nuestras folladas eran muy buenas recordando lo que vivimos los dos.

Después de eso, no lo he vuelto a repetir o proponer a ninguna de mis parejas. Eso solo pasa con la persona adecuada y en el momento deseado con la persona que tu deseas experimentar nuevas cosas.

penelope.estudios@hotmail.com

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No me arrepiento de nada

Han transcurrido unos años desde la muerte de mi madre y casi por casualidad, descubrí su diario en un doble fondo de un cajón. Lo componen cuatro pequeños volúmenes de los cuales he extraído parte, dándole un formato de narración, transcribiendo los párrafos completos y cuando no ha sido posible, siendo fiel al estilo de la autora.

Antes de empezar con el relato voy ha describir a mi familia cuando corrían los años 70 en España. Mi padre era un hombre de fuertes convicciones morales, jovial y cariñoso con su mujer y su único hijo, algo mayor que su mujer, un buen padre en resumen, tenía la ilusión de ahorrar lo suficiente para poder comprarse un barco y disfrutar del mar, que era su pasión,. con su familia en los veranos.

Mi madre era una mujer de 40 años, enamorada de su marido y esencialmente feliz con el papel de esposa y madre, una mujer que aún se sabía hermosa, fiel, inteligente y segura.

Y quedo yo, un chico de 18 años, terminando el bachillerato para ingresar en la facultad de medicina y darles el gusto a mis padres, como así ha sido, reprimido sexualmente como lo estaba el país en esos años.

En resumen éramos una familia típica de la clase media española. Con las ilusiones y frustraciones de la época que nos tocó vivir, por lo que quizás sea conveniente pasar directamente con el relato.

,,,,, hoy he tenido que volver ha coger dinero de la caja de seguridad para poder llegar a fin de mes, no me puedo permitir otra discusión con Juan por el mismo motivo, sería un fuerte golpe descubrir que su mujer le ha vuelto a fallar, no tenía que haberme pasado comprando caprichos innecesarios, sí pudiera los devolvería, tengo que hablar con mi hijo y explicarle que me he visto obligada, espero que lo entienda y me ayude.

Todo ha salido bien, he justificado el gasto con una factura del colegio por material, que me trajo Eduardo, no sé cómo la ha conseguido, Juan se lo ha creído aunque comentó que le parecía excesivo, juro que será la última vez que me meto en problemas de este tipo.

Le he dicho a mi hijo que ha demostrado ser todo un hombre, para agradarle, me contestó que lo único que se ha demostrado es que le habíamos mentido a su padre, me ha hecho mucho daño.

Cada día que pasa me siento más orgullosa de mi hijo, se está convirtiendo en «un guapo mozo», no sé si es por mirarlo con ojos de madre, pero no logro verle ningún defecto, es adorable, cada día lo quiero más, soy incapaz de negarle nada y Juan tampoco, no sé cómo me va a sentar cuando traiga una novia a casa, en fin quedan unos años, espero, tengo que ir asimilándolo es ley de vida….

Me tiene preocupada, hoy he descubierto revistas pornográficas en un cajón de su cuarto, y en su ropa interior había restos de semen, se lo he comentado a Juan para que le reprenda, porque es un tema que debe solucionar él como padre, pero no ha querido darle importancia, dice que es normal y no hay que escandalizarse, no estoy de acuerdo, me parece vergonzoso, no quiero que mi hijo se convierta en un obseso.

No sé si son imaginaciones mías pero hay veces que me da la impresión de que se fija en mis pechos y en mis piernas, haciéndome sentir incómoda, se lo he vuelto a decir a mi marido y me ha comentado que no me preocupe, que está creciendo y como la única mujer de la casa soy yo, es con la que puede satisfacer su curiosidad.

Sigo pensado que debe hablar con Eduardo y prohibirles las revistas, ya tendrá tiempo cuando se case de mirar a su mujer todo lo que quiera.

Eduardo cada día está más cariñoso e ilusionado con las vacaciones, ya no me preocupa tanto sus miraditas, me estoy acostumbrando y ahora pienso que no es tan grave.

Hace unos días que no escribo, desde que estamos de vacaciones, este año hemos arrendado una casa en Punta Umbría, a pocos metros de la playa, por mediación de un amigo de mi marido. Lo estamos pasando muy bien, es una pena que Juan tenga que volver a Sevilla, me quedaré sola de lunes a viernes, si tiene servicio el fin de semana será peor, si por mí fuera me iba con él, pero Eduardo se está divirtiendo mucho y Juan no quiere que volvamos hasta que no empiece la universidad, así no dejamos la casa y podemos seguir disfrutando los fines de semana.

Hace un par de días vimos a mi hijo con unas muchachas, a mí me parecieron de más edad que Eduardo y vulgares, Juan se rió de mí y me acusó de celosa, no son celos, sólo que me da coraje que con lo que vale, lo engatuse la primera que llegue.

Eduardo se ha presentado con las manos hinchadas, se puso hacer submarinismo con unos amigos y le ha picado una medusa o algo urticante, él medico le ha vendado las manos y me ha comentado que se las quitará en 8 o 10 días, si no se le infectan las ampollas. La situación es incómoda y un poco delicada, tengo que darle de comer, lavarlo etc.

Hoy en la ducha tomé mi papel de enfermera con profesionalidad, lo enjaboné. Tiene un cuerpo imponente y aunque está feo que lo diga su madre, ¡lo bien dotado que está!, va hacer feliz a cualquier mujer.

Él parecía un poco avergonzado y yo estaba nerviosa, después pensé que era la primera vez, las siguientes serían menos embarazosas.

La ducha se ha convertido en un momento turbador, Eduardo se le nota que disfruta, cuando le enjabono sus partes no llega a excitarse completamente, pero el aumento de su miembro es evidente, dudo en comentárselo a Juan este viernes.

Hoy me dijo que le tirase de su piel para atrás, porque llevaba unos días sin limpiarse en condiciones, había empezado a oler y además podía infectarse, lo dijo muy serio, mirando fijamente los azulejos, no he tenido más remedio que acceder, no veía ningún motivo para negarme

….se la cogí con la mano izquierda, estaba semirígida, inconscientemente se me aceleró el corazón, noté en mi mano cómo se iba hinchando mientras lo lavaba, cuando lo estaba secando, el bulto estaba casi totalmente erecto, volviendo a su estado normal en poco tiempo.

Si soy sincera, no puedo decir que haya sido desagradable y precisamente por eso me siento culpable.

Ya se ha marchado Juan, no le he comentado nada, probablemente por mi complejo de culpa, pero si esto sigue así, primero, tendré que poner remedio y segundo, la semana que viene se lo contaré a mi marido.

Estoy nerviosa, tengo un desasosiego, si soy sincera ya no es por mi hijo, es por mí, cuando hemos hecho el amor, me venía a la mente el miembro de Eduardo, intentaba concentrarme con cualquier otra cosa que me excitase pero inevitablemente en los preludios del clímax, recordaba el pene creciendo en mi mano, he tenido orgasmos de mayor duración e intensidad que los normales, hasta mi marido se sorprendió, comentando con sorna

…«cómo se nota la abstinencia de la semana reina».

Quedan dos duchas antes que le quiten las vendas…

Entré en el cuarto nerviosa, cuando me decidí a mirarlo, estaba casi erecto, se lo enjaboné dando por concluido el baño, me dijo …..

«límpiamelo bien mamá», me indigné replicando:

¡No! ¡Es vergonzoso! Y señalándole sus partes ¡Y con tu madre!

Se puso rojo como un tomate…

Soy un hombre y no lo puedo evitar, siento que sólo estés tú.–lo dijo casi llorando.

De golpe sólo vi a mi niño, a mi niño pequeño, intenté acercarme pero me echó con un sonoro:

¡Vete!

Estuvo todo el resto de la tarde seco y cortante conmigo. Por la noche lo llené a besos, le dije que perdonara, que soy una antigua, mañana se lo iba a lavar muy bien, que era mi rey.

No puedo verlo enfadado, me rompe por dentro.

Por la mañana estuvo muy amable, a última hora de la tarde estaba esperándome, llevaba puesto una camiseta blanca muy fina y una falda, lo enjaboné a fondo, estábamos bromeando pero cuando tenía su pene en mi mano nos quedamos en silencio, se le irguió casi instantáneamente, no quise darle importancia, miré a mi hijo con la intención de tranquilizarlo, tenía sus ojos clavados en mis pechos que se transparentaban levemente donde había salpicado el agua, se me subieron los colores, su respiración era entrecortada, mis pezones decidieron ponerse erectos, me volví asustar.

Cuando le estaba secando notaba el tacto de su mirada en mis pechos, salí del cuarto de baño inmersa en el mismo silencio.

Hoy le han quitado las vendas, he suspirado, me quito un peso de encima, no me gusta el cariz que estaban tomando las dichosas duchas, en fin ya ha pasado y todo debe volver a la normalidad, estoy deseando que vuelva Juan, esta semana tiene servicio y quedan muchos días.

Mi marido tiene razón, me pongo celosa, fuimos a la playa, Eduardo no quiso dejarme sola por lo que se quedó con sus amigos al lado de mi sombrilla.

A mis cuarenta años todavía atraigo, se me acercó un muchacho en la treintena, Eduardo lo observó por unos minutos, cuando me di cuenta tenía a mi hijo al lado.

…¿Te está molestando? No.-contesté para evitar problemas De todas formas, me voy a quedar un rato»-se sentó.

No me voy a comer a tu mami chaval –exclamó impertinentemente el desconocido.

Mi hijo se puso de pié enfrentándose al extraño….

Ni yo lo voy a permitir, por lo que deberías seguir tu camino –le contestó mi hijo con firmeza. Vale león, no me arañes, quédate con tu leona.

Cuando se acomodó a mi lado tenía las facciones tensas, le abracé susurrándole al oído…

No necesito a tu padre para sentirme segura

Me sonrió dándome un beso en la cara, conversamos durante un rato hasta que se reintegró al grupo de amigos y amigas que lo recibieron con silbidos y bromas por el incidente.

Las carnes se me salían del bañador, era la madre más orgullosa del mundo, me quede mirándole embobada.

Me percaté de que una de sus amigas centraba toda su atención en mi Eduardo, era una muchacha rubia y si fuese imparcial bastante bonita, sentí una animadversión inmediata, sus burdos intentos de seducción me irritaban, estaba celosa, creo que todas las madres, tarde o temprano, sienten celos de que otra mujer la aparte de la atención de su hijo.

Ayer noche estábamos sentados en el diván viendo un anodino programa de televisión, en la cena mi hijo no dejó de mirarme los pechos, llevaba puesto un vestido escotado, no me sentí incomoda más bien halagada, habíamos abierto una botella de vino por lo que el ambiente era distendido, entre broma y broma me puse acariciarle el pelo, se puso mimoso, recostándose más en el sofá, me bajó la mano a la cara y después al pecho, con alarma descubrí que intentaba ponerla encima de su abultado sexo y la retiré….

Anda mamá acaríciame. ¡Ahí no, es indecente!. Y a ti qué más te da, se buena. ¡Te he dicho que no!. Anda hazme ese favor, me apetece mucho

– mientras hablaba se acariciaba muy despacio por encima de los splips…

¡No! ¡no insistas y esto se lo voy a decir a tu padre!. Pues díselo, yo también le contaré un par de cosas. ¿Qué insinúas? Tú sabes lo que digo. ¿Me estás haciendo chantaje, a tu madre? Llámalo como quieras pero acaríciame. — me había puesto de pié e intento sujetarme por el brazo.

Di un paso atrás replicándole con rabia….

¡Pélatela tú solo!.

Salí enfurecida y me encerré en mi cuarto. He estado llorando y ahora a las tantas de la madrugada, estoy confusa y dolida. Tengo que hablar con Eduardo y poner las cosas claras…

¿Dónde estás Juan? Dónde estás, ahora que tanto te necesito.

Desde esta mañana hasta después de cenar no nos hemos cruzado palabra, yo estaba irritada y él indiferente, la cena ha sido tensa hablando lo justo, mientras recogía la mesa escuché cómo encendía el televisor, respiré hondo y me dispuse a tener la charla con mi hijo.

Tenía el discurso preparado pero no se desarrolló como pensaba, me rebatió cada unos de mis argumentos, que me lo tomaba a la tremenda, que simplemente era un favor que me pedía, me mantuve firme, su tono fue amable y cariñoso, no logré que se sintiera culpable en ningún momento. Estábamos en punto muerto por lo que cambio de actitud.

Cuándo te he hecho falta te he ayudado, sufrí para traerte una factura con la firma del director, porque sabía que si no era así papá se daría cuenta…

.-¿sabes que es delito lo que hice por ti? Y ahora te pido un pequeño favor y te niegas, yo no soy un mal hijo, tú eres una mala madre.

.-¿Mala madre? Si accediese a lo que me pides, sí sería una mala madre, lo que me pides es de degenerados.

.-Me da igual, si soy un degenerado, pues bien, lo soy, y este fin de semana papá se va ha enterar que tiene un hijo degenerado y una mujer ladrona.

Me derrumbé, las lagrimas corrían por mis mejillas, intentó abrazarme y me resistí, pero me quedaban pocas fuerzas, me besaba en las mejillas diciéndome…

.-No quiero estar enfadado contigo. No me hagas pasar por esto. En la ducha te gustó No.

.- Éstas no decían lo mismo. — intento tocarme un pezón con un dedo, lo aparté.

.-Venga acaríciame. Pero no me toques

Asintió con la cabeza mientras se recostaba con los párpados cerrados. Le acaricié el pecho, poco a poco fui descendiendo, le agarré el miembro por encima del pijama, se lo bajó a media pierna, le miré al pene, estaba hinchado, cerré los ojos y empecé a masturbarlo, notaba cómo se aceleraba su respiración, aumenté el ritmo y de pronto exploto, salí casi corriendo encerrándome en mi habitación, me tiré sobre la cama rompiendo a llorar desconsoladamente, inconscientemente me limpiaba el semen en las sabanas.

Se ha vuelto a marchar Juan, ha notado que estaba un poco apagada, ¿Cómo le cuento que he masturbado a su hijo tres veces esta semana?

Eduardo está siempre pendiente de mí, me hace los recados, me ayuda con la casa, es como si me quisiera compensar por los «favores», nuestra relación se está normalizando, no lo masturbo todas las noches, unas tres veces por semana, ahora quiere elegirme la ropa, algunas veces no tengo mas remedio que acceder, le encantan los camisones finos y cortos, suele pedírmelo en la siesta, mi marido llega del trabajo sobre las seis de la tarde (habíamos vuelto de las vacaciones). Me da un beso en la mejilla y se tiende en la cama, normalmente lo encuentro desnudo con la luz encendida, desde que entro en su cuarto me recorre con la mirada, me siento en el borde de la cama, empiezo muy lentamente, me suele subir el camisón o la falda hasta la ingle. Ahora está empeñado en que me quite el sujetador.

.- ¿Qué siento? Culpabilidad ¡ Sí ! pero me excito, no lo puedo evitar y él lo sabe, los pezones se me marcan, hay días que casi espero que me llame, me siento sucia.

Juan me ha comprado un vestido precioso para una cena de despedida con los compañeros (mi padre se marchaba por razones de trabajo un mes al extranjero), mi marido estaba muy ilusionado, me arreglé a conciencia, quería agradarle, Eduardo me contempló y vi en sus ojos que le gustaba, cuando se despedía me susurro al oído

.- «estás preciosa».

La noche fue muy agradable, conversamos con antiguos amigos y a la vuelta recogimos a mi hijo en el centro, en el rellano de la escalera sentí una mano recorriéndome el culo, intentando introducir un dedo entre mis nalgas, mi marido estaba abriendo la puerta, la aparté de un manotazo, Juan preguntó extrañado….

.- ¿Qué pasa?

.-Nada, un mosquito que parecía un caballo.-respondí un poco alterada.

.- Los grandes no pican.-contestó distraídamente.

A la mañana siguiente he intentado reñirle, insistiendo en la regla de no tocarme y menos delante de su padre, me ha vuelto a amenazar con contar lo de la factura, le he suplicado consiguiendo arrancarle una frágil promesa, pero a cambio de ceder que en el tiempo que estuviese fuera mi marido, me pondría lo que él quisiese y me podría besar en la boca, he aceptado.

Hace unos días fuimos a comer con los abuelos, me había elegido un conjunto de blusa y falda tableteada de mi vestuario, todo se iba desarrollando normalmente, mientras mi suegro se retiró a descansar, nos quedamos conversando con mi suegra, cuando me di cuenta que me hacía imperceptibles gestos para que le enseñase las bragas, no me quise dar por aludida, se metió en la conversación derivándola hacia lo buena persona que era su padre y que debía de tener más cuidado con las personas que tenía alrededor porque se aprovechaban de su confianza.

Mi suegra, como no, intentó meterle los dedos sorprendida por su comentario, con un gesto que pareciese casual des crucé las piernas y separé un poco las rodillas, la abuela le seguía insistiendo para que se explicase, él daba largas, cogí el bolso y con la disculpa de rebuscar en su interior, abrí las piernas.

Eduardo como si claudicase, inocentemente, comentó que no debería haber permitido que lo eligieran para este viaje, que siempre le tocaba lo que nadie quería etc., mi suegra se echó a reír, le dijo que no se preocupase que a Juan no era fácil engañarlo, lo ocurría es que estaba dolido por la ausencia de su padre, la vida militar era así, ella lo sabía bien que estuvo casada 35 años con uno, dando por terminado el tema.

A partir de ahí, de vez en cuando buscaba la ocasión de separar las rodillas de forma que pareciese casual, mi hijo no comentó nada más.

Ha sido la primera vez que me exhibo delante de alguien que no fuera mi marido, en un principio me sentía incomoda, principalmente por la presencia de la beatona de mi suegra y paulatinamente, según fue pasando el pánico, me gustó sentir la complicidad entre el que observa y la observada. Mi hijo está sacando de mí , lo que yo nunca me podía imaginar.

Ayer sábado, cuando volvió de jugar al baloncesto con los amigos, me encontró en la cocina, me saludó cariñosamente, piropeándome sobre lo guapa que estaba, se acercó por detrás, me pidió que me quitase el sostén y me desabrochase los dos primeros botones del vestido enterizo que llevaba puesto.

Consideré inútil negarme, por lo que pase al dormitorio, cuando terminé de guardar el sujetador, me fui abotonando el vestido delante del espejo, dejando los dos ojales superiores libres, me percaté de que por pequeña que fuera la inclinación se me veía el pecho sin dificultad, estiré la tela todo lo que pude y me dirigí a la cocina, Eduardo estaba en su cuarto escuchando música.

Durante la comida se recreó con mis senos, sabía que estaba excitado, había estado provocando situaciones para contemplarme a gusto, pero cuando terminamos de almorzar se fue a su cuarto, me dejó perpleja, transcurrió una hora cuando terminé con las tareas de la casa, me sorprendió en el pasillo aprisionándome contra la pared…

.- Me prometiste no tocarme.-balbuceé.

.- No te voy a tocar, sólo a besarte.-me susurró mientras me pasaba la lengua por el lóbulo de mi oreja.

.- Sólo besarme.-me defendí.

Recorrió mi cara lentamente con la punta de su lengua, deteniéndose en mis labios que mantenía cerrados, los lamió suavemente. Mi corazón golpeaba salvajemente mi caja torácica, notaba la dureza de su sexo contra mi vientre.

.- Vamos a mi cuarto.

Me llevó de la mano, despojándose del batín cerca del lecho, quedando completamente desnudo. Me senté en el borde…

.- Dame placer.-murmuró.

Posé mi mano en su muslo y la fui subiendo hasta llegar a su pene. Con su mano izquierda fue abriéndome el vestido despacio, muy despacio, dejándome prácticamente desnuda. Su excitación aumentaba, me atrajo hasta que mis labios se posaron en los suyos, su lengua pugnaba por introducirse en mi boca, perdí la cordura, empezando a besarlo desesperadamente, los dedos de su manos se enredaron en mi pelo, sentí que era el primer beso de mi vida, mis pezones se clavaban en su pecho cuando noche el chorro de esperma en mi hombro, me desperté del encanto.

Tengo los ojos rojos de tanto llorar, he sido infiel a mi marido con su propio hijo, ¿Cómo podré mirar a Juan cuando vuelva la semana que viene?, no he salido del cuarto desde ayer tarde, la claridad del amanecer se filtra entre las cortinas, creando tristes sombras por el dormitorio.

Juan esta ajeno a lo que esta ocurriendo en su hogar, no ha vuelto a pasar nada, desde aquella tarde, Eduardo está muy centrado en sus estudios y su relación conmigo es como la del cualquier hijo con su madre, a empezado a salir con una chica, mi marido dice que es preciosa y a mí me comen los celos.

Inconscientemente me arreglo como sé que le gusta pero parece haber perdido todo el interés. Estoy enamorada del padre y del hijo, no puedo pasar sin ninguno de los dos.

Ha pasado un poco más de un mes sin que mi hijo demuestre nada por mí, me estaba auto convenciendo de que mis celos debían dejar paso a un sentimiento más convencional de madre, pero hoy he visto a Esmeralda (actualmente es mi mujer) manoseando a mi hijo y la he odiado, tengo que controlarme y olvidar emociones antinaturales.

A Juan le ha coincido una fiesta baile en el cuartel estando de servicio, le ha dicho a Eduardo que se pase a última hora para que nos fuéramos los dos juntos a casa. Me he acicalado a conciencia, con un vestido que sin levantar murmuraciones, realza todas las virtudes de mi cuerpo, más de un compañero de mi marido se me ha insinuado.

Una vez se habían despedido la mayoría, me metí en el servicio y me quité el sujetador, me puse el abrigo encima para que no se notase. Eduardo tardó en llegar, por lo que Juan pidió un taxi inmediatamente. Cuando llegamos, me despojé del abrigo, no noté ninguna reacción en mi hijo, le pregunté:

.- ¿Quieres un refresco antes de acostarnos?, tengo la boca seca.

Me contempló un instante…

.- Sí.-contestó con una sonrisa.

Mientras me pongo algo más cómoda…

.- ¿por qué no lo vas preparando tú?

.- Yo lo preparo, pero no te cambies, así estás hermosa.

Bueno pero por lo menos déjame que me quite las medias.

.- Estupendo, ¿te sirvo una Coca Cola?

.- No, prefiero una limonada.

En el dormitorio me sentía como una novia en su noche de bodas, cuando entré en el salón me paré delante de una lámpara de mesa con la disculpa de colocar las bebidas, sabía que se translucía perfectamente mi figura. Estuvimos hablando de sus amigos, de la cena, etc., sin darle importancia me pidió que me subiese el vestido por encima de las rodillas.

.- No empieces por favor, ¿no podemos ser una familia normal?

.- Súbete el vestido.-respondió lacónicamente.

Dejé mis rodillas al descubierto y permanecí en silencio.

.- Tienes unas piernas preciosas.

.- Esmeralda ¿no tiene unas piernas bonitas?

.- Sí, aunque no sé cuáles saldrían ganando.

No pude reprimir una sonrisa. La tensión se diluyó. Seguimos conversando, no dejaba de observar cada cruce de mis piernas. Se levantó colocándose detrás de mí, me acarició el cuello, susurrándome que me relajase, bajo las manos hacía mi pecho.

.- Me prometiste no tocarme.-puntualicé abortando la caricia.

.- Está bien, acompáñame.-dijo suavemente.

Me besó apasionadamente antes de llegar a su dormitorio, bajó su mano a mis nalgas atrayéndome hacia su sexo. Sonó el teléfono, lo aparté diciendo:

.- Será tu padre, déjame por favor. Te espero…

Era Juan para asegurarse que habíamos llegado a casa. Estaba recostado sobre la pared sólo con los calzoncillos, me senté en el borde como siempre. Se giró, él rozando sus labios en mi cuello, era enervante, cerré los ojos, mi brazo descendió como una autómata palpando su miembro sobre la tela, notaba su saliva en mi oreja, mi respiración se agitaba, los tirantes del traje se deslizaron por mis hombros.

tímidamente me rozó el pezón que estaba totalmente dilatado, la presión se hizo más intensa para terminar amasándome el pecho, su cuerpo se había ido deslizando, guió mi boca hacia su pecho, para continuar descendiendo a su ombligo, que mi lengua recorrió, continuó dirigiéndome, abrí los ojos, su miembro estaba a escasos centímetros de mis labios, tensé los músculos del cuello en un movimiento de rechazo que doblegó aumentando la presión, capté el aroma íntimo de hombre joven, mi excitación borró los restos de resistencia que me quedaban, abrí mis labios y lo lamí, lo besé, lo chupé con desesperación…

noté cómo con los dedos me abría mi parte íntima, en ese momento quedé reducida a una hembra en celo, con hambre de comerme a mi hombre, centró sus movimientos circulares en mi clítoris, casi inmediatamente empezaron mis convulsiones, me estaba corriendo como una adolescente, sin dejarme respirar introdujo su lengua en mi vagina, yo nunca he sido una mujer multiorgásmica o eso creía yo.

porqué sin terminar el primero empecé a correrme otra vez, chupaba con fruición, los estremecimientos de su miembro me indicaron la eyaculación inminente, era tanta mi calentura que no me retiré, me tragué lo que pude y seguí mamando. Nos quedamos los dos quietos recuperando el aliento. Se incorporó echándose sobre mí, prosiguió recorriendo cada parte de mi cuerpo con sus caricias, arrullándome, su polla semiflácida comenzó a crecer, volví a excitarme, me la introdujo despacio.

Ha sido la noche de sexo mas completa de mi vida, hicimos el amor tres veces, perdí la cuenta de los orgasmos suyos y míos, escasamente nos dio tiempo a ducharnos antes que llegase mi marido.

Me sigo sintiendo culpable y sé que lo que ha pasado, no está bien, pero también se que iba a ocurrir, es más, si soy sincera yo he dado pié a ello y no me arrepiento. Mi egoísmo se ha impuesto a mi moralidad católica.

Desde que se ha casado, nuestra relación a cambiado, ahora vuelvo a ser exclusivamente madre y abuela, no me siento capaz de soportarlo.

Mi versión de lo ocurrido no es exactamente como lo describe mi madre, pero prefiero su relato, para mí es más interesante.

Ahora me siento algo menos culpable y también un poco egoísta, pero tengo claro que no me arrepiento de nada y me da la impresión que al final mi madre, tampoco se arrepintió, aunque ninguno de los dos nos hayamos ganado el cielo

penelope.estudios@hotmail.com

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Mi mejor amigo

Llevo muchos años con mi pareja, de hecho es con la única persona que había tenido relaciones sexuales. Creía que mi vida sexual era satisfactoria. No soy una mojigata, creo que cuando una pareja está junta, todo lo que los dos quieran está permitido dentro del juego del sexo siempre que no incomode al otro. 

Pero un día llego él, Ángel, mi amigo y compañero de trabajo. No tenía problemas en hablar de todo con Ángel, era fácil, nos conocíamos de bastante tiempo.

Pero un día después de unas copas… Aún no lo comprendo. Sería el morbo… Me apetecía besarle, ¡de locos! Si es mi amigo no podía entender que lo estaba mirando con otros ojos. Él me conoce también o mejor que yo misma.

Me preguntó….“¿qué te pasa por esa cabeza?

No callé y le dije que me apetecía besarle, a lo que él respondió que también le apetecía. De pronto estábamos jugando con nuestras lenguas. Fue maravilloso, mi cuerpo respondía como nunca a su boca, su mano por mi pierna hacía que me diera electricidad por todo el cuerpo. 

En aquellos días tenía las llaves de la casa de Ana, otra compañera de trabajo que no estaba en la ciudad. No lo pensamos ni un momento. Salimos hacía la casa de Ana con la única condición de que llegaríamos solo hasta donde uno pusiera el tope, sin pensar que llegaríamos más lejos de esas caricias o besos. 

Que equivocada estaba cuando llegamos a casa de Ana. Nos besamos sin darnos tiempo ni de soltar las llaves. Los besos eran cada vez más urgentes, las manos volaban por encima de nuestra ropa, me encantaba la sensación de que todo mi cuerpo lo deseara, notar que su cuerpo respondía con las mismas urgencias que el mío.

Me puso caliente, húmeda, no recordaba eso. Hace años que uso lubricantes en mis relaciones por lo dolorosas que suelen ser, pero en esos momentos no hacía falta nada. Estaba completamente rendida.

Cuando sus manos pasaron por encima de mi tanga estaba chorreando….

“¿Tienes ganas?”, me preguntó.

Era evidente que ¡muchas! Sus dedos entraron en mi húmedo sexo como si nada, provocó una subida de mi temperatura inimaginable. Con dificultad pude desabrochar su pantalón, estaba tan excitado como yo.

Me gustó sujetar su polla en mi mano, notar lo dura que estaba, empecé a moverla rápidamente pero Ángel me decía al oído….

“no corras tanto, no quiero que se acabe antes de empezar”.

Sus dedos eran maravillosos, cómo se movían dentro de mi, estaba a punto de correrme. Pero él seguía negándome que le tocara, quería que disfrutara antes de mi orgasmo.

Fue delicioso correrme entre sus dedos, nunca antes me había corrido de esa manera. 

No lo entendía, yo disfrutaba del sexo con mi pareja, o eso creía.

Ángel quería que gozara más todavía, cuando por fin quedé exhausta del orgasmo. Pude tocarle, fue delicioso meter su polla en mi boca. Estaba caliente, dura, con ganas de seguir.

Disfrutaba de sentir cómo respondía a mis caricias. Sus manos empezaron de nuevo a tocarme los pechos, apretándome los pezones, me hacía arder más y más.

Con la polla en la boca, me dijo que no tuviera prisa:

….. “Ahora me toca divertirme con tu coño”.

Al principio no podía abrir las piernas, me daba vergüenza verle entre ellas mientras su lengua entraba, lamía y chupaba mi clítoris. Me puso de pie, besándome los pechos. Bajó hasta quedar de rodillas en el suelo, abrió mis piernas, volvió a meter su lengua y jugar con mi clítoris, beber de mis fluidos, sus dedos entraron también en mi vagina, estaba casi a punto cuando le empujé hasta llegar a la cama.

Me senté encima de él, moviéndome arriba, abajo… Me decía que no siguiera, que no aguantaría ,que quería seguir disfrutando de cómo lo estaba pasando, que para él es mucho más importante que correrse.

Pero yo estaba a punto de explotar de placer, necesitaba fusionarnos, que llegara conmigo y llegó. Fue maravilloso sentir cómo se corria al mismo tiempo que yo. Mis muslos estaban chorreando de su líquido y mis fluidos… no había tenido nunca un orgasmo como esa maratón a la que me estaba sometiendo Ángel. 

Nos relajamos un poco, tomamos algo para hidratarnos. Estaba más que satisfecha, toda la vida usando lubricante para disfrutar del sexo y Ángel consigue que empape todo con mis fluidos.

Los orgasmos salían del interior de mis entrañas como nunca antes había sentido. 

Sus manos son fuego en mi piel. Damos comienzo a una nueva tanda de besos, caricias, hace que arda en pasión, que me estremezca solo con rozarme. Su boca es un peligro, es experimentada en besar, su lengua en lamerme, conoce cada rincón de mi cuerpo.

No entiendo cómo lo ha conseguido. Está pendiente de todas mis reacciones para saber dónde tocarme, volverme loca. Sus manos están otra vez en mi vagina, sus dedos se mueven con mucha rapidez. Vuelvo chupársela, está de nuevo dura, con más ganas.

Me pone de espaldas, me penetra desde atrás, dándome pequeños azotes en las nalgas. Cada vez que me azota noto como si fuera a reventarme las entrañas. Empiezo a moverme al tiempo que embiste.

….“Si no paras, volveré a correrme de nuevo”, me suelta.

No quiero parar, quiero sentir esa explosión que mi cuerpo está a punto de experimentar. Noté salir líquidos de mi ser como si un grifo se abriera. Ángel llegó al orgasmo al mismo tiempo, asombrado por la forma en la que estallé.

….“Nunca había sentido mojarme con los fluidos de una mujer”. 

¡¿Cómo pude pensar que mis relaciones sexuales eran normales si nunca había experimentando algo tan maravilloso?! 

Regresamos a la vida normal del trabajo. Me enamoré de Ángel, de mi amigo, de mi confidente. Es detallista, atento, cariñoso, todo lo que una puede leer en un libro de amor que no existe nunca.

La empresa le ofreció un empleo fuera del país, mucho mejor pagado. Aceptó y se marchó. Desde entonces no sé nada de él, ni un mensaje ni una llamada. Sigo enamorada esperando que algún día se pase, creo para él fui otro polvo en su lista. No lo sé.

Pero lo que sí puedo agradecerle es esa maravillosa tarde que nunca podrá quitarme nadie. No fue un sueño, fue real. Por una tarde él fue tan solo mío, de ninguna otra mujer.

penelope.estudios@hotmail.com

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De forma casual

De forma casual

Un viernes por la noche quedé con unos amigos en su casa para salir y allá que me fui con la moto.

Nos trasladamos a la casa de otro de los amigos en un pueblo del cinturón de Granada.

Fumamos, bebimos,… nos pusimos hasta arriba de todo.

Bien entrada la madrugada mis amigos se fueron a dormir y a mí me tocaba estar en el salón y dormir allí por que no tenía vehículo para volver a la capital.

Puse la televisión. A esas horas de la madrugada ya solo quedaban esos chats que publicaban en los que la gente buscaba sexo con una película porno de fondo.

Yo quería recuperar mi moto e irme a mi casa a dormir y entonces se me ocurrió: ¿Y si mando un mensaje con el que pille a algún incauto que me recoja y me lleve a recoger mi moto?

Me decidí ¡Y lo envié! Pocos minutos después un chico, Nacho, me contestó y me recogió…

Me puse los zapatos y bajé a esperar a ese desconocido incauto que venía a recogerme a las mil de la madrugada a un pueblo perdido, ¡y apareció! Con el ciego que llevaba encima, tras esperar con el fresquito en la calle había mejorado considerablemente.

Pude observar que el muchacho no estaba nada mal: madurito, moreno, alto, ojos negros, pelo rizado, nariz chata,… muy atractivo el chico.

Pero yo tenía un propósito: recuperar mi moto y volverme a casa. Vamos, que no tenía ninguna gana de echar un polvo a pesar de que estaba en un momento de mi vida que utilizaba a los hombres como si fueran klínnex.

David resultó ser muy educado y muy interesante. Cuando llegamos a la moto le dije: “Ve delante que yo te sigo”. Y lo seguí hasta que llegó una rotonda, el siguió recto y yo giré a la derecha.

Fue muy emocionante por que pensé que vendría a buscarme y empecé a callejear hasta que llegué a casa y guardé la moto en el garaje.

Pensé que el chico tendría que estar pensando “tremenda hija de…” Lejos de eso, estuvo llamándome unos días y yo no le contestaba al teléfono.

Hasta que un día lo hice. Muerta de la vergüenza, me disculpé por haber hecho eso… yo no soy así y un sin fin de excusas.

Quede con él en un bar, a la vista de todo el mundo. Nos echamos unas risas. Juramos que nunca le contaríamos a nadie cómo nos habíamos conocido.

Resultó ser mucho más interesante y a estar mucho más bueno si cabe que aquella primera vez que lo había dejado tirado como una colilla.

A los pocos días nos volvimos a ver para cenar, para la ocasión me puse un vestido escotado, ajustado y corto por encima de la rodilla de color negro, con zapatos de tacón de aguja.

Cuando llegue al restaurante, estaba sentado en la mesa que había reservado. Se levantó para recibirme, llevaba un pantalón chino de color azul oscuro y una camisa con rallas verticales del mismo color.

Me dio un beso en la mejilla y nos sentamos. La cena fue divertida y con toques picantes que poco a poco aumentaban la intensidad y el deseo.

Después de la cena pedimos unas copas de ron con cola, estábamos muy cómodos y continuamos entre risas, la charla por momentos caldeaba el ambiente aún más entre nosotros.

Cogí tal confianza, que me quité un zapato y le puse el pie en su entrepierna, dándole un masaje. Rápidamente noté como su polla creció, la sentía dura, como queriendo romper la cremallera del pantalón, esto me excitó de sobremanera. Sentí como mi coño se iba lubricando y mojaba el tanga.

Mis pezones querían despegar, apuntando a David. Que me miraba con deseo y me hizo estremecer. A lo que el dijo que podíamos ir a su casa a seguir la fiesta.

Conteste….. claro, vamos, seguro que estamos más cómodos.

Llamó pidiendo la cuenta y nos marchamos en un taxi hasta su casa. Estaba decorada en tonos negros y blancos, un gran mueble biblioteca, un escritorio sofás de piel negros y mesa de cristal.

Tomamos dos copas de ron cola y continuamos conversando de sexo. El clima era de puro deseo, sentada como estaba en el sofá, mi vestido apenas cubría el tanga. El no quitaba los ojos de mi coño, ya que la tela era transparente y con lo mojada que estaba, no cubría nada.

De pronto se acercó a mi, se agachó y me empezó a besar, tocar los pechos duros y puntiagudos pezones tumbándome un poco hacía el respaldo del sofá. Me dejé llevar y sus manos recorrieron mis muslos, rozaban mi coño, yo cerré los ojos notando sus manos masajeando mis piernas de arriba abajo.

Entonces noté su lengua jugando con mi coño sobre la tela, uff que rapidez, me hacía desearle aún más. Quería que me arrancara el tanga a mordiscos pero seguía pasando su lengua por todo mi coño.

El calor me podía, y por fin apartó el tanga a un lado, empujaba mi clítoris con fuerza con la lengua, estaba a punto de estallar. Dio unos lengüetazos más y estallé jadeando, dejándome temblando y sin respiración.

Mientras recupere el aliento, David se quitó los pantalones y los slips se sentó en el sofá, cogiéndome de las caderas, sentándome sobre su polla erecta. Empecé a cabalgar sobre ella con desesperación, necesitaba sentirla dentro.

Pronto empezó a jadear, me cogía las nalgas y me empujaba hacia adelante y hacía atrás. Me daba cachetes en el culo, que me excitaban aún más.

Por momentos sus gemidos subieron el volumen, yo quería correrme junto con él. Me movía como una loca desenfrenada, estalló con un grito y noté como su semen inundaba mi vagina. El calor y mi coño tan sensible hizo que me volviera a correr entre sacudidas.

Y, por supuesto, nos acostamos muchas, muchas, muchas veces. Un amante excepcional, solo quedábamos para hacerlo. Era muy bueno (digo yo que seguirá siéndolo), muy buen amante con un miembro muy normal, nada del otro mundo. Sensual, sexual, bondage,… Nadie nunca jamás ha vuelto a comerme el coño como él. NADIE.

Así que imagínate cómo lo recuerdo y con que frecuencia.

Realmente conocer de esa manera a una persona no es lo más ortodoxo ni si quiera para mí que era experta en hacer locuras. Lo que supuso fue conocer a alguien totalmente opuesto a mí que me llenaba tanto sexualmente (era una verdadera máquina en la cama) como intelectualmente.

Un tío culto, con una conversación muy interesante y del que aprendí mil cosas.Seguimos en contacto, desde el respeto. Mi vida ha cambiado por completo, ya ni si quiera vivo donde vivía. 

Estoy casada, pero de vez en cuando hablamos para recordar… Él se me insinúa y yo me dejo. Ambos nos tenemos ganas aunque ahora no pueda ser, pero es como que los dos dejamos la puerta abierta.

penelope.estudios@hotmail.com

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Lo recuerdo con una sonrisa

Salí con un chico al que conocía de un par de veces, nos había presentado un amigo en común. Rápidamente encajamos, nuestros trabajos eran similares y a los dos nos gustaba la vida y divertirnos, al poco tiempo ya éramos como amigos de toda la vida…. era alto 1,80cm. , fuerte, ojos ojerosos y con una sonrisa muy divertida.

La primera vez follamos en el coche, imagínate lo difícil por su tamaño, pero resultó divertido y excitante…

La segunda vez, nos encontramos por casualidad en una cafetería, hablamos del pasado y de cómo nos había ido la vida, ya que llevábamos unos años sin vernos, me invitó a cenar al día siguiente y acepté ( nos habíamos separado los dos y…. teníamos mucho en común).

Me vestí informal, con unos pantalones ajustados que marcaban bien mi coño y una blusa también ajustada y zapatos de tacón de aguja, era invierno así que me puse una chaqueta de tres cuartos oscura.

Quedamos en la cafetería que habíamos estado el día anterior. Cuando llegué estaba esperando en la barra, tomando una cerveza. Nos dimos dos besos en la mejilla y pedí un gin tonic, me gusta como aperitivo.

Hablamos un rato, cuando acabamos la copa nos fuimos a cenar. Salimos del local y la gente nos miraba. Él llevaba una camisa lisa azul, pantalones vaqueros y una gabardina color gris. Con la estatura que tenía, lo cierto es que llamaba la atención, se le veía muy atractivo.

Durante la cena hablamos de lo mal que nos habían ido las cosas con nuestras respectivas parejas, él seguía enamorado de su ex y bueno así transcurrió la noche….

Después fuimos a un lugar de copas y allí tomamos ron con cola y bailamos. Lo cierto es que lo pasamos muy bien, me cogía de la cintura y me acercaba a él, yo con la rodilla rozaba su polla , se apreciaba dura y así jugamos hasta que sobre las dos de la madrugada decidimos ir a otro sitio pero lo que teníamos ganas era de estar solos, así que le invité a mi casa.

Llegamos y nada más entrar me cogió y me beso, metiéndome la lengua hasta la campanilla. Estábamos tan cachondos del juego de la noche que pasamos al dormitorio directamente entre besos y tocamientos.

Nos desnudamos y fuimos al baño, el a uno con ducha y yo al otro con bañera. Nos lavamos y nos encontramos en el dormitorio.

Sin perder el tiempo, me besaba el cuello, las tetas, me mordía los pezones hasta tumbarme en la cama, se puso sobre mi y fue besándome hasta llegar al coño, me lamia el clítoris a gran velocidad. Me notaba muy mojada y excitada, quería notar su polla, que era de una talla normal pero estaba muy dura, la notaba en un muslo porque me comía el coño a cuatro patas y se iba moviendo para rozarse conmigo.

Subió hacia arriba y metió su polla en mi coño, la noté fuerte y goteante, se mezclaba su líquido con mis fluidos, ufff estaba a tope con sus movimientos empujando mi coño con fuerza me hacía estremecer al mismo tiempo me decía, que rica, que buena estás…

De pronto saco su polla y se puso sobre mí a cuatro patas mirando a mis pies, yo miraba su polla y sus huevos, agachó la cabeza y metió su cabeza entre mis piernas. Empezó a meterme la lengua en el coño, yo abrí más las piernas para facilitarle el juego, por momentos mi piel se erizaba y deseaba siguiera.

Él agachó su culo para que me comiera su polla, pero se la cogi con la mano y le empecé hacer una paja. Él empezó a gemir y yo acelere el ritmo con mi mano, se movía hacia arriba y abajo follandome la mano.

Una de las veces que bajó, vi que en el culo tenía un trozo de papel del W.C. Jajajaja me quedé fría de momento, mi excitación desapareció, ya hasta me molestaba su lengua en el coño y se lo hice saber con gestos para que lo dejara.

Se dio la vuelta y volvió a meter su polla en mi coño, empecé a gemir para animarle aún más y así fue. En medio minuto se corrió, preguntándome antes si quería que lo hiciera dentro o fuera, a lo que le conteste que fuera.

Se tumbó sobre mi y le dije que tenía que ir al baño, se echó a un lado me levanté y fui a lavarme, yo sola me reía en el baño y también pensaba que si él supiera lo del papel se sentiría ridiculo, así que regresé a la cama y ya estaba dormido.

Me tumbé a su lado y me dormí. A las siete de la mañana se levantó, se vistió y se marchó diciendo que me llamaría dándome un beso.

Nunca lo hizo y yo a él tampoco le llamé. Han pasado años y no le he vuelto a ver.

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No me gusta esperar

David llevaba dos semanas de viaje de negocios, cuando tenía todo a punto para recibirle, llamó diciendo que había habido un problema y no tenía más remedio que retrasar su regreso a una semana más.

Me enfadé y tomé dos whiskys para relajarme pero estaba tan enfadada, que cogí el teléfono y llamé a una agencia de hombres de compañía y alquile uno y acto seguido me marché a un Hotel en el centro ciudad.

Me puse un vestido negro por encima de los muslos, medias con liga y debajo nada, no me puse ropa interior, una chaqueta roja por encima de los hombros que me llegaba a la cintura, zapatos de salón con tacón de aguja y un bolso pequeño negro brillante.

Llamé un taxi que me llevó al Hotel, fui a recepción y todas las miradas venían hacía mí, me gustaba ser admirada, en recepción me dieron la llave de la habitación y les dije que mi secretario vendría a visitarme para traer unos documentos y que dejaran pasar.

Subí a la habitación, nada más llegar recibí un mensaje de que el hombre que había alquilado estaba en el salón contiguo a recepción, baje y salude y para romper el hielo, le invité a una copa en Lobby Bar.

Tomamos unos martinis y charlamos, era hombre agradable, con más de 50 años, alto, cara simpática, no cuerpo atlético, pero tenía una mirada pícara y de mujeriego. Después de una hora y dos martinis, le invité a subir a la habitación.

Entramos en la habitación y cerré la puerta tras de mí, entonces el hombre preguntó cuales eran las reglas para la relación, yo le dije que me gustaba todo menos el sado, cualquier cosa, pero que quería que metiera su polla por todos los agujeros donde entrara. 

Hice que se desnudara ante mi y poco a poco se fue quitando la ropa, mientras yo le iba observando, me fijé en su polla que era más bien pequeña pero tenía curiosidad en saber cuanto crecería y hasta donde llegaría.

Después le pedí que me desnudara a mí, que me besara todo el cuerpo y me bajara las medias con los dientes, él se sentó en el borde de la cama y poco a poco fue bajándome las medias hasta los tobillos para luego terminar de quitármelas con la mano.

Mientras me bajaba las medias, observé como miraba fijamente mi coño. Una vez me había quitado las medias, le dije que se pusiera de pie frente a mí, que quería meterme su polla en la boca porque eso me ponía muy cachonda y puso en pie.

Cuando metí su polla en la boca, empezó a crecer con rapidez, daba un placer enorme, me gustaba, cuando vi que estaba ya en tamaño, quite boca y puse me puse a cuatro patas e hice que me la metiera por detrás y con su mano y la mía, tocábamos el coño.

Me dijo que estaba goteando, chorreando el coño, metí dos de sus dedos en el coño, los empape con mis jugos y le indiqué que los pasara por mi culo, y así durante un rato hasta que note que tenía el culo mojado y empezaba dilatar de mí calor interior.

Saqué su polla de mí coño y le dije que la metiera por el culo, y despacio fue metiéndola mientras seguía tocándome el coño deprisa, y al momento le dije que empujara con fuerza mi culo, necesitaba sentir su polla dentro con fuerza. Estaba tan cachonda que no podía pensar, solo dejarme llevar por el momento, la excitación, el calor me invadían y a los pocos minutos de aquel embiste terminé, me corri cayendo tumbada sobre la cama.

Cuando recobre el aliento, le mandé al baño para que se lavara la polla y volviera. Volvió con la polla limpia y empecé a metérmela en la boca de nuevo, veía el deseo en sus ojos, notaba que no iba a tardar mucho en explotar, así que me saqué la polla de la boca y hice que se tumbara en la cama, me senté sobre su polla y empecé a moverme con ganas, con rapidez, mientras me sobaba el clitoris.

De nuevo estaba caliente muy cachonda, el ver aquel hombre a mi merced, me puso a cien, supe que estaba punto de correrse, entonces me quité de encima de él y me tumbé en la cama, pidiéndole que me chupara el coño. Uff que placer, me volvió loca sus labios, su lengua cómo recorría el calor de su aliento por todo mi coño que no controle y me corri con un gemido de satisfacción.

Me quedé mirándole y vi que su polla estaba muy dura y necesitaba correrse. Otras veces dejaba así a los hombres, los mandaba a casa con la polla dura pero a este le vi la cara como de pena, así que le dejé que mientras levantaba las piernas mirara mi coño y se hiciera una paja hasta que se corriera pero que si manchaba o saltaba líquido a mi cuerpo mío, no cobraba.

Se hizo una paja mientras miraba mi coño y cuando fue a correrse, sujeto con la mano el semen. Fue lavarse y cuando salió le pagué 450$ por su servicio y después me fui a ducharme y me dormí un poco. Luego me arreglé un poco y busque una cafetería para tomar café y un trozo de tarta y luego me marché a casa. 

El mismo taxista me estaba esperando en la puerta del hotel, hice que esperara en la cafetería y luego me llevara a casa, no me gustaba tener que buscar otro taxi por la noche…

Al llegar a casa, me di otra ducha y a mi cama a dormir.

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