Violacion

Una empresa inglesa aprobó un proyecto muy atractivo para nuestra oficina.

Para celebrarlo nos invitaron a una cena en un restaurante de la capital, continuo la fiesta en el bar del hotel donde nos hospedábamos.

Entre copa y copa de champán, una y otra botella, estábamos felices alargándose la fiesta.

Yo hablaba con uno de los ejecutivos de la empresa inglesa y cuando mire a mi alrededor, vi que mis compañeros habían desaparecido. Mire la hora, eran cerca de las dos de la madrugada.

Rápidamente me despedí y me dispuse a coger el ascensor que me llevaría a la planta donde estaba mi habitación.

Mi sorpresa fue cuando llegué a la puerta estaba esperándome el ejecutivo al que acababa de dejar en el bar del hotel.

Me pregunté … “cómo ha llegado hasta aquí antes que yo?”, mi cabeza no estaba para pensar.

Abrí la puerta y no se como el ejecutivo estaba dentro de la habitación desnudándome a la vez que me besaba por todo el cuerpo.

Mi cabeza aturdida, aún no sé que pasó pero el caso es que debí cerrar los ojos y me deje llevar.

Cuando reaccione abrí los ojos y vi que el estaba desnudo, yo tumbada en la cama y el queriendo meter la polla en la boca.

Le aparte diciéndole que no, y él seguía insistiendo.

Intenté levantarme y me daba vueltas la cabeza. 

Por unos momentos fui consciente y me fijé en él, estaba desnudó junto a mi, su polla era gorda y no muy larga, pero quería metérmela .

Yo continuaba negándome y apartándole.

De pronto bajo su cabeza hasta mi coño, metiendose entre mis muslos y empezó a chuparme con fuerza, me empezó a gustar y me rendí ante su lengua, abrí piernas y siguió comiéndome, se movía con rapidez, metía y sacaba la lengua de mi vagina a una rapidez que no podía negarme.

Empecé a gotear y ya me entregue.

Le cogí y le tumbe sobre la cama, me puse encima y metí su polla entera de una vez. Me movía como una loca, cabalgando al galope. Me gustaba y después de 5 meses de abstinencia no podía parar. 

En un momento dado él se movió y sacó la polla y me note tan mojada como no recordaba. Entonces me dio la vuelta, me agarro de las caderas y levantó mi culo para meter su polla, yo me negué y empezó a darme golpes en las nalgas con su mano.

Nunca antes me habían dado cachetes en el culo y me gusto, me gusto y mucho, quería que pegara más, y explote, me corri de forma brutal sin poder controlarlo.

El no paro y según estaba agachada con el culo hacia arriba, me metió la polla por la vagina moviéndose sin parar.

No se que me pasaba pero no quería que acabara y le pedía más. La metía con fuerza, muy fuerte y me empujaba de tal forma que movía todo mi cuerpo, mis pechos iban de un lado a otro y notaba como volvía a estar húmeda y crecía mi deseo. 

Me levanto y me sentó encima de el tocador, coloco mis piernas sobre sus hombros y volvió a meter aquella polla gruesa. Me temblaba todo. El seguía moviéndose con fuerza y notaba sus huevos como me golpeaban las nalgas, y volví a explotar, al oír mis gritos se corrió él también. 

Saco la polla y me hizo chupar todo su semen. Me obligo y no me dejaba, sujetaba mi cabeza con fuerza sin poder hacer nada, teniendo que tragarme todo su líquido hasta la última gota y entonces me soltó.

Fui al baño para darme una ducha, me sentía sucia. Me vestí y mire reloj, solo había pasado 20 minutos desde que había subido a la habitación, me parecía habían pasado horas entonces fue cuando tuve algo de lucidez.

Al salir del baño le di una bofetada todo lo fuerte que pude y le grite que saliera de mi habitación .

Me tumbé en la cama y estuve recordando todo. Había cosas que recordaba que me gustaron y otras que me enfadaban.

A la mañana siguiente me desperté vestida, me había quedado dormida sin darme cuenta.

Baje a desayunar al restaurante del hotel donde estaban mis colegas, teníamos que darnos prisa o llegaríamos tarde al aeropuerto.

Nunca mas volví a ver aquel hombre.

penelope.estudios@hotmail.com

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Maltrato

Maltrato


Entendemos a la mujer y sabemos porque continúa con su maltratador. El maltratador necesita manipular a su pareja… hijos…


Para hacer frente a tu maltratador, primero debes entender porque consientes esos menosprecios, esa falta de cariño en sus palabras. Debes conocerte a ti misma y las circunstancias que te rodean y comprenderlas. Saber cual es la relación que te une a él. Y analizar porque actúa de esa forma, cuál es el motivo de que la actitud de este sea diferente a los comienzos de la relación…

. Enganche sexual?
. Miedo?
. Falta de independencia económica

Realmente es la persona adecuada, la que nos hará feliz? Estas dispuesta a sacrificar tu vida? Tus hijos crecerán felices viendo a una madre triste?, en un entorno donde la discusión predomina, los gritos, insultos y falta de cariño?.


Cuando la mujer es joven…

Estas sobre una nube, todo es maravilloso, tu príncipe azul te colma de atenciones, hay deseo sexual. Las locuras de juventud, la impulsividad y el no querer reconocer que nos hemos equivocado cuando recibimos el primer insulto, el primer empujón…. pero pensamos que esto ha venido ocasionado en un momento determinado y ante su disculpa le creemos y caemos rendidas a sus pies.


La mujer va perdiendo seguridad y autoestima….

. Eres tonta…
. Estas gorda…
. Estas loca…
. No vales para nada…

Nuestro cerebro acepta esa relación porque hay momentos que disfrutamos y lo pasamos bien, aunque hayan momentos que el sexo sea malo, lo olvidamos y solo queremos ver lo bueno. Nuestro cerebro lo acepta relajándose y nos dejamos llevar.

Pero este suceso se llega a normalizar y durante la convivencia, el desgaste de la vida diaria, harán que las desavenencias vayan en aumento, empezarán los desacuerdos, las salidas individuales y las desconfianzas.

Nuestro cerebro es nuestro peor enemigo y en nuestra soledad veremos cosas que no existen, creándonos conflictos neuronales inconscientes. Llegando la mujer a sentirse culpable, a pensar que ha sido ella la que ha originado este cambio en la actitud de su pareja.

Poco a poco, sin darse cuenta será su esclava, su sirvienta, su vida ya no le pertenecerá. Siendo anulada como persona y como mujer. Callara y aceptara las decisiones de él.

….. yo sufría al ver los ojitos de mis hijos tristes, el miedo en sus caras cuando él llegaba a casa y yo me quedaba paralizada, sin poder reaccionar para salir de aquella situación.


Por lo general estos episodios suceden durante el fin de semana, vacaciones… cuando están mucho tiempo en casa, salen solos y beben más de la cuenta…


Ejemplos de las formas de un maltratador-violador…

. Cogen a la mujer y le arrancan las bragas y le meten la polla donde sea.
. La agarran del pelo y le bajan la cabeza para que le chupe la polla.
. Le sujetan la cabeza con fuerza Para correrse en la boca de ella
. La empuja sobre la cama, le arranca las bragas y la folla por el culo o vagina
. La obliga a hacerle una paja en el sofá, en la cocina o donde le apetezca.
. Cuando se hace una paja, obliga a la mujer a que le chupe el culo con la lengua.
. Cuando está en la ducha la obliga a que la mujer le chupe la polla.
. Obliga a la mujer para que se agache y le mete la polla por detrás, en la mayoría de los casos es por el culo.
. Siempre la obliga a que le chupe la polla mientras él ve la televisión.
. Obliga a la mujer que a que pase desnuda cuando sus amigos están en casa.
. Obliga a la mujer que pase sus pechos por su polla
. Obliga a la mujer a tener sexo con otra mujer y él se folla a las dos mujeres.
. La obliga ha hacer un vídeo que luego enseñará a sus amigos.

Estas formas son las más comunes que sigue un maltratador cuando abusa de su poder sobre la mujer, pero la preferencia es dejar el sello de propiedad, follándola por el culo, así demuestra que la mujer es de su propiedad, su esclava y sirvienta. Cuantas más veces la posea de este modo aumentará su poder y no tendrá piedad por ella, cada vez será más brusco y no pensará en la higiene, penetrándola por delante o por detrás.

Este acto a la mujer le causará daños en el futuro, tendrán problemas padeciendo daños en la vagina, ovarios… El riesgo es muy alto, en el ochenta por ciento de las mujeres maltratadas sexualmente sufren estas consecuencias, surgen problemas en los pezones, perdiendo la sensibilidad de estos por lo que deben acudir a un especialista para su exploración y análisis para prevenir daños mayores.


Como es el maltratador …

El maltratador en un principio se presenta como un adonis, pero cuando consigue entrar en la vida de la mujer empieza a mostrarse poco a poco como es realmente… es un ser inseguro, acomplejado, manipulador, en muchos casos es un gay reprimido… busca a mujeres que pueda moldear y someter para tener a alguien que esté por debajo de él.

Para evitar que nadie le abra los ojos y la aparte de él, este la aislara de forma sutil… de amigos, familia y elegirá donde puede o no trabajar. Así poco a poco conseguirá controlar su vida y apartarla de la sociedad y que no piense.


Ejemplo de manipulaciones…

. Ese vestido no te sienta bien…
. Tu amiga te envidia…
. Tu familia quiere separarnos…
. Ese trabajo no es para ti, tu te mereces más…

El maltratador no descansa y dedica cualquier momento que tenga ocasión para conseguir que la mujer esté a su merced.

Ella ante el terrible aislamiento en que se encuentra, se sentirá incomprendida, se culpará de lo que sucede en su vida, entrará en una depresión con la que aprenderá a vivir. Y su vida girará en torno a él, mirando con sus ojos y viviendo la vida que él quiere. Se convertirá en su sirvienta para todo.

La mujer se sentirá insegura y no tomará ninguna decisión sin consultar con el.


El maltratador no cambia porque él no se reconoce como un maltratador, no es consciente del sufrimiento de la mujer.

Por lo general estas mujeres que sufren en silencio, abren los ojos cuando aparecen inconscientes, están con heridas o con fracturas en un hospital y/o secuelas mentales.


Más de 22000 mujeres maltratadas consultadas…

En el 96% de casos la primera vez que reciben el primer insulto…. lo olvidan y perdonan rápido. Les duele, pero no lo suficiente para darse por vencidas. Confían en que no se repetirá y creen en sus palabras. Él acepta el perdón como un triunfo… no ha pasado nada, a partir de ese momento los insultos van subiendo de tono.

Para conseguir el perdón…

En todos los casos de abuso de cualquier término, después de una agresión. Llegan los regalos, piden perdón, si es necesario se arrodillan e incluso lloran y prometen que nunca mas volverá a pasar.


Excusas como….

. He discutido con mi jefe…
. La situación económica…
. El coche me ha dado problemas…

La mujer tiene que entender de que en ningún momento el piensa en ella. Solo piensa en el, en no perder los beneficios de tener a una mujer que controla.

En el 97% de casos ante el primer bofetón, la primera violacion. Sin excepción, todas las mujeres consultadas coinciden, piensan en que la culpa de este suceso es de ellas, por negarse a mantener sexo, por pensar que es su deber satisfacer al hombre cuando este lo reclama.

En un primer momento ante este hecho, se sienten humilladas al ser forzadas y obligadas a tener sexo de forma violenta, pero seguidamente buscan una explicación de lo sucedido, llegando a la conclusión de que si hubieran aceptado no hubiera pasado nada.

A partir de este momento para evitar la agresividad del hombre, se dejan follar cada vez que él quiera y de la forma que él decida. Calladas y en silencio, aunque algunas veces fingen disfrutar para que acabe y se corra cuanto antes y la deje en paz.

…. siempre tenía en mi cabeza como podría salir de esta situación, pero el miedo y no saber dónde ir me paralizaba.


Con el tiempo una mujer que ha sido maltratada…

Con ayuda, la mujer puede rehacer su vida y vivir feliz con una nueva pareja. Entenderá y aceptará de que los errores cometidos le han servido como aprendizaje, ha renacido como una mujer nueva y fuerte, ha sido una lección con la que ha madurado y ha aprendido que ante un pequeño detalle de falta de respeto, esté crece descontrolado.


Consejos

La comunicación libre y sinceridad en la pareja es fundamental. Ante los desacuerdos se debe dialogar y llegar a un consenso por ambas partes. Si esto se consigue habrá perduracion en el tiempo de la relación.

Cuando la relación está en punto muerto, no hay unión ni acuerdo. Sería recomendable hacer un paréntesis en la relación durante un mes. Vivir este tiempo en lugares distintos sin contacto. Tu cerebro te hablará y te dirá cuáles son tus sentimientos reales.


Desde este espacio…

Solicitamos ayudas reales que protejan a una mujer que se juega todos los días su vida en las manos de su maltratador…

. Viviendas donde poder rehacer su vida….
. Trabajo que las permita salir adelante….
. Profesionales que se pongan en su piel y puedan darles las terapias adecuadas que las fortalezca y superen sus errores.

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Juguetes eroticos

Con los juguetes sexuales, todo es posible, los sueños siempre se hacen realidad. Despierta la imaginación y creatividad. Puedes follar con tu actor favorito o se la protagonista de una película porno.


Existen todo tipo de artilugios, cremas, lencerías, vibradores de todos los tamaños y formas, un largo etc…..


Mi amiga Lidia y yo, vimos un anuncio en el periódico, donde buscaban colaboradoras para vender estos juguetes. La maleta roja, se llamaba. Llamamos y nos citaron para una clase practica en la que debíamos aprender para que se utilizaba cada objeto y a quien iba destinado ( hombre o mujer).


El caso es que nos entusiasmó el trabajo y aceptamos la oferta. Nos pusimos manos a la obra a estudiar cada juguete que nos mandaron. Teníamos que probar todos para saber que se sentía con cada uno y así poder exponer mejor a la hora de vender a nuestr@s clientes.


Yo elegí para empezar…. la crema estimulante, una esponja en forma de fresa con vibrador y una polla de silicona con orejitas de unos 15 cm. Era la polla estrella, el conejito rampante, con siete velocidades que prometía.


Estuve nerviosa todo el día pensando el momento en que probaría aquellos juguetes, llegó la hora y me fui a darme una ducha. Dejé caer el agua sobre mí y puse en marcha la fresa con jabón, uhmmm que gustito, la vibración era suave, la fui pasando por los pechos y rápidamente mis pezones se pusieron en alerta, así fui pasándola por mi cuerpo hasta llegar al coño.


Wow, genial, el cosquilleo, era tremendo, mi vagina reaccionó y empezó a gotear….. lo tuve que apartar porque no quería correrme tan rápido. Terminé de quitarme el jabón con el agua y salí de la ducha y me sequé, a continuación me puse la crema estimulante en el coño. Lo unté bien y mientras, me desenredé el pelo, esperando que sensación me producía.


Al minuto, el calor era sofocante, mi coño se puso de un color rosa intenso, lo toque y tenía los labios calientes, sensibles al roce de mis dedos. Mis jugos resbalaban por mis muslos, entonces cogí el vibrador y lo puse a velocidad lenta y empecé a pasarlo por el coño. Ufff que ansiedad, quería más, estaba cachonda perdida, el calor se concentraba en el interior de mi vagina.


Me senté en la taza del wc. levanté las piernas, apoyándolas a un lado y otro de mi cadera, dejando mi coño bien abierto, lo observaba en el espejo que había frente a mí. Cogí el vibrador de nuevo y cambié la velocidad a media, empecé a metérmelo en el coño, buaffff, entraba y salía sin problema, lo metí hasta el fondo y las orejitas se movían, estimulándome el clítoris, necesitaba más, quería más y no podía esperar y lo puse a máxima velocidad.


Ufff, tremendo el cosquilleo, lo metí hasta el fondo manteniéndolo, presionando con las orejitas, wow me iba a correr, empecé a moverlo en círculos dentro de mi, sin sacarlo y a los pocos segundos, me vino una explosión tremenda, que vi todas las estrellas del cosmos.

Sensacional, menudo invento, apenas me podía mover, sentía debilidad en las piernas, en menos de tres minutos conseguí tener un orgasmo explosivo. Fue el juguete que más vendimos, a pesar de su precio, que era de los más caros.

……………

Los juguetes sexuales son recomendables, te alivian en solitario y en pareja es un juego que entusiasma a las parejas y les hace romper con la monotonía. Sin embargo la clase Social baja prefiere jugar a solas, la mujer siente reparos a la hora de que su pareja le vea mientras se introduce el vibrador. La clase social Alta prefiere hacer participar en el juego en conjunto.

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Sexo entre mujeres


Que impulsa a una mujer estar con otra mujer …..



El morbo, lo prohibido, es el impulso inicial. Observar el cuerpo de otra mujer, aún siendo iguales, hay variantes.


Cuando la mujer reconoce que mira, que la excita contemplar el cuerpo de otra mujer, busca amigas o conocidas para hablar de sexo entre mujeres y llegan a un acuerdo y deciden tener la experiencia.


Es inquietante el saber que la otra parte tiene los mismo puntos sensibles que una misma, por lo que observándose los cuerpos, se crea un vínculo de complicidad y un deseo instintivo de tocarse. Desde un primer momento se dejan llevar, siguen sus impulsos y se entregan al deseo.


La delicadeza con que se tocan, sus suaves pieles cuando se rozan, las lleva a un mundo imaginario, donde todo es posible. Saber con total seguridad lo que está sintiendo la otra, es superior a la voluntad propia, donde la perfección existe.


Siempre hay un antes, en la niñez, la adolescencia, cuando despierta la sexualidad en ellas. Juegan con hermanas, primas, amigas…. observan como sus cuerpos van cambiando, comparan entre ellas, tetas, coños y empiezan a tocarse y sentir los primeros calentones de manos que no son las propias.


Yo descubrí ese placer con mi hermana y una amiga….. en verano, con los biquinis puestos durante todo el día, en la piscina, estando sentadas con las piernas cruzadas, asomaban los labios del coño. Hablábamos y comparábamos, los tamaños de los pechos de cada una y los pelitos que empezaban a salir a mi hermana.


Fue la más precoz en eso, yo no tenía ni por asomo y esto me hacía sentir que era muy infantil, porque ellas presumían de mujeres maduras y así fuimos notando un calor intenso en el interior de la vagina.


A una de ellas se le ocurrió subir al desván y allí nos sentamos en el suelo y empezamos a enseñarnos los coños, apartando la braguita del biquini aún lado. Ufff el calor era sofocante, notar cómo miraban mi coño, me notaba hasta mareada.


De pronto mi amiga toco los labios de mi coño, wow que cosquilleo tan rico y no se como, pero de pronto vi que estaba mi hermana encima de mi amiga, y se rozaban los coños con la braguita aún lado, al rato, mi hermana se apartó y mi amiga me tumbó en el suelo y me dijo que apartara mi braguita aún lado y así lo hice. Se puso sobre mí y empezó a moverse, apoyaba las manos en el suelo y erguía la espalda y rozaba su coño con el mío.


El cosquilleo era intenso, notaba la humedad de los dos coños rozándose. El tiempo se paró en aquel momento, cerré los ojos y me dejé hacer. Era una sensación dulce que me inquietaba y de pronto noté como un temblor y mi amiga se apartó, tumbándose junto a mi. Recuerdo que me quedé con ganas de más….




Hay diferencia entre las clases sociales…..

Las mujeres de clase Alta….

No dudan en contarle a sus parejas sus experiencias y incluso le propondrán compartir el juego con el. Podrán repetir la experiencia con el hombre, pero abra más encuentros entre ellas en solitario.

Las mujeres de clase baja ….

Estás no lo contarán, lo guardarán en secreto y se lo llevarán a la tumba.

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Para que las cosas cambien


Las mujeres somos guerreras, luchadoras, valientes, persistentes. Somos capaces de llevar adelante una casa, un trabajo fuera de casa, hijos. Pero no somos capaces de expresar lo que sentimos.

Llevamos vidas paralelas en cuanto a sentimientos. La mujer no sabe, no se siente segura a la hora de expresar libremente lo que siente a su pareja, porque ella sabe que este no la entenderá, porque él no aceptará lo que ella tiene que decir.

La mujer española es erotica, ardiente sexualmente pero se encierra en sí misma por miedos, falta de educación libre en el entorno familiar, en los colegios nos educan para encerrar y esconder nuestros sentimiento sexuales, nos enseñan a esconder y a ser hipócritas. Desde hace décadas hasta la actualidad, la mujer española está en los rankings de mujeres infieles, superamos al hombre con creces.

Nuestras madres nos enseñaron así, a satisfacernos en solitario o a escondernos y follar con hombres por un día, hombres que nunca volveremos a ver…. en esos momentos sacamos la furia que llevamos dentro, la represión y la libertad de expresión con hombres que no conocemos.

Vivimos en una sociedad machista, al hombre no le conviene que esto cambie y la mujer no hace nada para que esto sea diferente, ella tiene el mando para dar un vuelco a todo esto y es con dar una educación a los hijos diferente. Enseñar a los niños y niñas que la sexualidad forma parte de la humanidad, sin sexo no hay hijos y que el disfrute de la sexualidad nos hace libres y abre nuestras mentes.

Hay muchas mujeres que se revelan y que dicen… hasta aquí hemos llegado… hartas de vejaciones y malos tratos por parte del hombre… de sentirse objetos, pero no tienen el apoyo necesario, ni la información suficiente como para romper con una relación que las asfixia y las humilla constantemente.

Nos enfrentamos al miedo, a la soledad, a las críticas… al ser señaladas con el dedo…. siii sigue pasando esto, todavía somos pocos los que apoyamos sin condiciones a estas mujeres que un día se equivocaron al elegir.

Nuestras jóvenes quieren romper con esto, pero no tienen una educación que las enseñe que follar con quien quieran no es el camino para una libertad sexual y para ganarse el respeto del hombre.

El hombre no piensa como la mujer, este cuando consigue sexo fácil, automáticamente añade a esta mujer a su agenda para cuando no encuentre nada mejor, siempre la tendrá en reserva y presumirá y alardeará ante sus amigos de que se ha follado a esta chica, incluso pasara su teléfono a sus amigotes para que la prueben y luego hablaran de cómo ha sido el encuentro para comparar y divertirse del acto.

La mujer no puede dar todo al hombre y esperar que este se conforme cuando ella decida quitárselo. El hombre no lo entenderá y exigirá lo que ella le ha regalado hasta el momento, lo obtendrá por las buenas o por las malas.

Para que esta sociedad cambie, debe cambiar la mujer, debe cambiar las reglas dando una educación abierta y libre a sus hij@s.


Woman Penelope2021

La mujer en la actualidad

En estos tiempos de distanciamiento Social, que nos obliga a estas muchas horas en casa, a compartir espacios reducidos con nuestra pareja a todas horas. Ante esta situación han salido a la luz todo lo que no nos gusta de él o ella, cosas que ya sabíamos pero ahora no estamos dispuestos a continuar así. Esto nos ha llevado a plantearnos el cese de la convivencia.

Ha habido un 79% de rupturas, pero desgraciadamente debido a la situación económica tan solo han podido abandonar sus hogares hasta el momento, un 41%, y el resto están obligados a continuar con la convivencia hasta que mejore su economía., en la mayoría de los casos superan los 47 años.

Durante todo este periodo de tiempo la mujer ha mantenido conversaciones con hombres a través de apps de ligó teo con sus teléfonos móviles. Han jugado intercambiando imágenes propias sugerentes y provocadoras. Mientras que el hombre se ha aislado, refugiándose en plataformas de juegos.

La carencia sexual y de afecto en la mujer salta a la vista, está deseosa de encontrar a alguien que sacie su sed sexual y no está dispuesta a esperar. Sabe que el tiempo no se detiene.

En los últimos estudios realizados se ha comprobado la evolución en la mujer. Ellas sugieren y dan el primer paso para conocer a alguien, se han convertido en expertas a la hora de conquistar.

La nueva mujer es más agresiva y directa. La falta de atención a la que ha estado acostumbrada la ha empujado a renacer y lo ha hecho pensando en ella. Busca cosas diferentes a lo que ya conoce, exige y determina de qué manera tiene que ser la experiencia sexual. Se entrega al placer sin tapujos, llevando sus fantasías a la práctica, pero dominando la situación para asegurarse de que llegará a explotar de la forma que ella decida.

Juegan y disfrutan poniendo cachondo al hombre, cogiendo las riendas en el sexo. A la mujer la motiva dominar, controlando el deseo de este, ahora quiere vivir una sexualidad plena y se niega a que su disfrute dependa del hombre.

A descubierto su cuerpo y puntos nuevos gracias a tantas pajas que se ha hecho en todo este tiempo, formando parte de su día a día y los juguetes eroticos la han ayudado a conocer mejor sus puntos sensibles., ha analizado las experiencias vividas hasta el momento y se ha dado cuenta de que necesita un cambio en su disfrute y ya no necesita una pareja para vivir plenamente su sexualidad.

El hombre ante esta evolución en la mujer, cuando se de cuenta de que las reglas establecidas hasta ahora han cambiado, le hará retroceder. Se sentirá intimidado por la mujer, esta le dará un sexo que le enganchará a ella.

En este estudio han participado 12000 mujeres de diferentes países ( EE.UU, Europa, Rusia y Asia) los datos conseguidos coinciden en el 96% todos los países, a excepción de España y Suiza. El resto avanzan al mismo ritmo.

Suiza avanzó en un 90,1% y España alcanzó un 82%. La mujer española no termina de liberarse y de expresar libremente sus deseos sexuales, reprime sus impulsos… miedos, vergüenza, timidez ante su pareja. Esto la lleva a satisfacerse a escondidas, en solitario., pero en general ha habido un cambio en este último año. Ha pasado del 70% al 82% en su evolución.

En Rusia, la mujer ahora es más exigente, ha despertado y de ser dirigida por su pareja, ha pasado y ha ganado la partida al hombre en el 93% de los casos.

Asia marca la diferencia, para ell@s el sexo es como el comer a diario. Innovan y buscan nuevas experiencias, llevan sus fantasías al día a día.
El hombre dominaba el sexo hasta el 2018, pero desde entonces la mujer ha crecido hasta superar al hombre… como curiosidad podemos destacar que los locales de alterne de estar enfocados para el disfrute del hombre en un 90% y los dedicados a la mujer solo un 10%.
Según los datos recabados por nuestras Colaboraciones de Asociaciones Internaciones, el año 2020 finalizó con el 85% de locales de alterne dedicados a la mujer y descendió los locales dedicados al disfrute de hombres, quedando en un 15%, por lo que la tendencia está en alza.

Estudio realizado por Woman Penelope2021

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Queremos transmitir a todas las mujeres que colaboran con nosotros en nuestros trabajos y estudios…Que hacen una labor encomiable desinteresada y es de agradecer que formen parte activamente en este proyecto nuestro, de esta lucha tan importante para ayudar a la mujer a crecer como persona, para que aprendan a conocerse y a que se valoren por fin. Que entiendan la inteligencia natural con la que nacemos, que hemos nacido para ser felices y que esta solo depende de nosotras.Gracias y mil gracias a todas y cada una de vosotras, sin vuestra ayuda e implicacion no seria posible avanzar. Estamos en el buen camino, cada vez somos mas las que luchamos porque valoren nuestras capacidades, que conseguimos con esfuerzo y dedicacion.

WOMAN PENELOPE

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No fue un sueño, fue real

No fue un sueño, fue real

Llevo muchos años con mi pareja, de hecho es con la única persona que había tenido relaciones sexuales. Creía que mi vida sexual era satisfactoria. No soy una mojigata, creo que cuando una pareja está junta, todo lo que los dos quieran está permitido dentro del juego del sexo siempre que no incomode al otro.

Pero un día llego él, Ángel, mi amigo y compañero de trabajo. No tenía problemas en hablar de todo con Ángel, era fácil, nos conocíamos de bastante tiempo.

Pero un día después de unas copas… Aún no lo comprendo. Sería el morbo… Me apetecía besarle, ¡de locos! Si es mi amigo no podía entender que lo estaba mirando con otros ojos. Él me conoce también o mejor que yo misma.

Me preguntó….“¿qué te pasa por esa cabeza?

No callé y le dije que me apetecía besarle, a lo que él respondió que también le apetecía. De pronto estábamos jugando con nuestras lenguas. Fue maravilloso, mi cuerpo respondía como nunca a su boca, su mano por mi pierna hacía que me diera electricidad por todo el cuerpo.

En aquellos días tenía las llaves de la casa de Ana, otra compañera de trabajo que no estaba en la ciudad. No lo pensamos ni un momento. Salimos hacía la casa de Ana con la única condición de que llegaríamos solo hasta donde uno pusiera el tope, sin pensar que llegaríamos más lejos de esas caricias o besos.

Que equivocada estaba cuando llegamos a casa de Ana. Nos besamos sin darnos tiempo ni de soltar las llaves. Los besos eran cada vez más urgentes, las manos volaban por encima de nuestra ropa, me encantaba la sensación de que todo mi cuerpo lo deseara, notar que su cuerpo respondía con las mismas urgencias que el mío.

Me puso caliente, húmeda, no recordaba eso. Hace años que uso lubricantes en mis relaciones por lo dolorosas que suelen ser, pero en esos momentos no hacía falta nada. Estaba completamente rendida.

Cuando sus manos pasaron por encima de mi tanga estaba chorreando….
“¿Tienes ganas?”, me preguntó.

Era evidente que ¡muchas! Sus dedos entraron en mi húmedo sexo como si nada, provocó una subida de mi temperatura inimaginable. Con dificultad pude desabrochar su pantalón, estaba tan excitado como yo.

Me gustó sujetar su polla en mi mano, notar lo dura que estaba, empecé a moverla rápidamente pero Ángel me decía al oído….

“no corras tanto, no quiero que se acabe antes de empezar”.

Sus dedos eran maravillosos, cómo se movían dentro de mi, estaba a punto de correrme. Pero él seguía negándome que le tocara, quería que disfrutara antes de mi orgasmo.

Fue delicioso correrme entre sus dedos, nunca antes me había corrido de esa manera.
No lo entendía, yo disfrutaba del sexo con mi pareja, o eso creía.

Ángel quería que gozara más todavía, cuando por fin quedé exhausta del orgasmo. Pude tocarle, fue delicioso meter su polla en mi boca. Estaba caliente, dura, con ganas de seguir.

Disfrutaba de sentir cómo respondía a mis caricias. Sus manos empezaron de nuevo a tocarme los pechos, apretándome los pezones, me hacía arder más y más.

Con la polla en la boca, me dijo que no tuviera prisa:
….. “Ahora me toca divertirme con tu coño”.

Al principio no podía abrir las piernas, me daba vergüenza verle entre ellas mientras su lengua entraba, lamía y chupaba mi clítoris. Me puso de pie, besándome los pechos. Bajó hasta quedar de rodillas en el suelo, abrió mis piernas, volvió a meter su lengua y jugar con mi clítoris, beber de mis fluidos, sus dedos entraron también en mi vagina, estaba casi a punto cuando le empujé hasta llegar a la cama.

Me senté encima de él, moviéndome arriba, abajo… Me decía que no siguiera, que no aguantaría ,que quería seguir disfrutando de cómo lo estaba pasando, que para él es mucho más importante que correrse.

Pero yo estaba a punto de explotar de placer, necesitaba fusionarnos, que llegara conmigo y llegó. Fue maravilloso sentir cómo se corria al mismo tiempo que yo. Mis muslos estaban chorreando de su líquido y mis fluidos… no había tenido nunca un orgasmo como esa maratón a la que me estaba sometiendo Ángel.

Nos relajamos un poco, tomamos algo para hidratarnos. Estaba más que satisfecha, toda la vida usando lubricante para disfrutar del sexo y Ángel consigue que empape todo con mis fluidos.

Los orgasmos salían del interior de mis entrañas como nunca antes había sentido.

Sus manos son fuego en mi piel. Damos comienzo a una nueva tanda de besos, caricias, hace que arda en pasión, que me estremezca solo con rozarme. Su boca es un peligro, es experimentada en besar, su lengua en lamerme, conoce cada rincón de mi cuerpo.

No entiendo cómo lo ha conseguido. Está pendiente de todas mis reacciones para saber dónde tocarme, volverme loca. Sus manos están otra vez en mi vagina, sus dedos se mueven con mucha rapidez. Vuelvo chupársela, está de nuevo dura, con más ganas.
Me pone de espaldas, me penetra desde atrás, dándome pequeños azotes en las nalgas. Cada vez que me azota noto como si fuera a reventarme las entrañas. Empiezo a moverme al tiempo que embiste.

….“Si no paras, volveré a correrme de nuevo”, me suelta.

No quiero parar, quiero sentir esa explosión que mi cuerpo está a punto de experimentar. Noté salir líquidos de mi ser como si un grifo se abriera. Ángel llegó al orgasmo al mismo tiempo, asombrado por la forma en la que estallé.

….“Nunca había sentido mojarme con los fluidos de una mujer”.

¡¿Cómo pude pensar que mis relaciones sexuales eran normales si nunca había experimentando algo tan maravilloso?!

Regresamos a la vida normal del trabajo. Me enamoré de Ángel, de mi amigo, de mi confidente. Es detallista, atento, cariñoso, todo lo que una puede leer en un libro de amor que no existe nunca.

La empresa le ofreció un empleo fuera del país, mucho mejor pagado. Aceptó y se marchó. Desde entonces no sé nada de él, ni un mensaje ni una llamada. Sigo enamorada esperando que algún día se pase, creo para él fui otro polvo en su lista. No lo sé.

Pero lo que sí puedo agradecerle es esa maravillosa tarde que nunca podrá quitarme nadie. No fue un sueño, fue real. Por una tarde él fue tan solo mío, de ninguna otra mujer.

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Nueva tendencia en la mujer

Nueva tendencia en la mujer

El estar privados de libertad debido a las restricciones de la pandemia, la mujer ha experimentado un cambio radical. Las reglas del juego han cambiado definitivamente.

Los hombres y mujeres no tienen forma de interactuar y de ligar, por lo que ha habido un aumento significativo en utilizar aplicaciones de contactos en internet para conocer gente y aquí es donde se ha apreciado que la mujer ha tomado la iniciativa y se decida a hablar, a conocer gente a través de estas redes sociales. Dedicando tiempo a conocer al hombre elegido, con conversaciones largas.

Este cambio ha sorprendido, ya que la mujer era pasiva esperando a ser la elegida. La soledad, el miedo, la incertidumbre por no saber lo que nos espera, nos crea ansiedad y nos lleva a querer tener pareja y buscan compañía.

Con la distancia social, echamos de menos los abrazos, los besos. Son muestras de cariño que son muy importantes para una buena salud afectiva. El contacto físico es una parte fundamental en la interacción humana, de lo contrario, la carencia de contacto humano nos puede afectar a nuestra salud mental.

En todos estos meses hemos tenido mucho tiempo para pensar, para reflexionar en nuestra vida. Nos invaden muchas emociones y ansiamos cambios y echamos de menos los tiempos en los que hemos sido felices, por lo que no queremos esperar más y queremos disfrutar de las cosas que están a nuestro alcance.

El sexo nos ayuda a llevar mejor esta falta de libertad, nos ayuda a fortalecer nuestra auto estima y a tener equilibrio en nuestro día a día.

La mujer piensa mas en jugar, quiere sentir cosas diferentes, tener el control de su disfrute, quiere ser ella la que se corra sin necesidad de que intervenga una polla, esto pasa a un segundo plano, quiere juegos donde la imaginación vuela, con juegos que la pongan al máximo de excitación. Solo admite sexo oral como contacto físico, y que le metan la polla solo en ocasiones.

A la mujer la excita sentirse deseada, notar que la están desnudando con la mirada, ver cómo crece la polla del hombre solo con mostrarse de forma sugerente, con posturitas o con insinuaciones dejando ver partes de su cuerpo con disimulo. Esto es morbo al puro estilo clásico.

La nueva tendencia en el cambio de interactuar, será definitivo ya que la mujer ahora ha tomado las riendas de su sexualidad y en pareja. Ella decide y dice que es lo quiere en el sexo, cuando y como. No necesita ser follada, necesita emoción y morbo en su vida.

La otra tarde estábamos en el salón de casa, David y yo viendo una película en la televisión, durante este confinamiento hemos visto muchas, pero esta tenía una carga de erotismo que sin llegar a ser porno, las escenas te ponían caliente.

Note mis pezones como se erizaban y como mi vagina se iba humedeciendo. David estaba sentado en el sofá pequeño y yo en el de tres plazas, llevaba un blusón blanco que me había puesto después de darme una ducha, sin ropa interior para estar cómoda.

Me empecé a acariciar los labios del coño y vi como la mirada de David se posaba sobre mí y estaba atento a lo que hacía, me puse cachonda de inmediato y le dije…

— me estoy poniendo muy cachonda… saca tu polla…

Sin mediar palabra y con una mueca de picardía en su cara sacó su polla y empezó a moverla de arriba abajo sin parar.
Yo al ver aquello, la dureza de su polla, el goteo que brotaba de su punta y los movimientos de su mano…

Me di cuenta de que me había metido un dedo en mi vagina y mi mano se movía cada vez más de prisa, tenía la mano empapada de mis jugos y un calor intenso en mi interior, el cosquilleo era intenso, me retorcía de placer y gemía cada vez más alto. Abrí las piernas todo lo que pude para que David viera mi coño como estaba de excitado.

Su mirada se clavó en mi, sus ojos me devoraban, se humedecía los labios y yo no podía más y le dije…

— ponme la polla en la boca…

Se levantó y se acercó, agachándose y poniéndome su polla chorreante en la boca, el sabor y calor de su miembro en la boca hizo que explotara casi al momento. Fue un estallido tremendo, no podía dejar de chupar su polla y David continuó haciéndose la paja con mi boca pegada a su prepucio y al minuto le oí gemir y decir…

— ya viene, ya, yaaaa…

Explotó en mi boca y trague todo su líquido. Después nos dejamos caer en el sofá hasta recuperar el aliento.

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Todo empezó en el campo de Golf

Todo empezó en el campo de Golf

Todo empezó en el restaurante del campo de golf donde mi marido era socio, iba a jugar tres veces por semana, y en una ocasión, estaba sentada en la terraza de la cafetería y cerré los ojos, se cayo un libro que leía, y apareció un chico joven de unos 20 años menos que yo. Recogió el libro y con una sonrisa me ayudo a recoger los papeles que tenía dentro del libro. Le di las gracias y me dijo que si necesitaba algo que acudiera a él.

Y cosas del destino o infierno, al ir a las taquillas para ducharme y cambiarme de ropa, mi llave no funcionaba y no podía abrir la taquilla. Fui a recepción y acudió el sonrisas, me acompaño al vestuario y intentó abrir mi taquilla sin conseguirlo, así que fue a buscar herramientas y al final consiguió abrirla. Cogí mi ropa y fui a ducharme, él dijo que se quedaría para cambiar la cerradura.

Al salir de la ducha iba envuelta con una toalla, y al llegar a la taquilla, aun estaba el chico terminando, así que me di la vuelta para irme, pero él me agarró de un brazo y la toalla cayo al suelo. Entonces empezó a besarme en los labios, yo no era capaz de pensar con claridad, y de repente note su mano en mi pecho y en mi coño, y ya me deje llevar, entre la falta de follar durante meses, solo con pajas…

fuimos a la sauna y nos metimos dentro cerrando la puerta y exploté. Cuando se desnudo vi una polla gigantesca, no se si tenia 25 o 30 o 40 centímetros, era impresionante y encima estaba empalmado. Me tumbo y empezó a chupar mi coño, que empezó a chorrear al momento, después se puso medio agachado y me metió esa belleza de polla en la vagina. Ufff yo estaba loca de deseo, quería que me follara ya, y empezó a moverse despacio y me estremecí, en esa postura mi clitoris rozaba esa polla y sin poder controlarme me corri, pero no le dejé que sacara esa tremenda polla, y disfrute, y disfrute durante unos minutos más.

Luego me dio la vuelta y agachada completamente la cabeza y dejando mi culo arriba, volvió a meter su polla en mi vagina,… wow no podía dejar de moverme, quería mas y el disfrutaba, le oía jadear, y se movía sin parar, yo notaba su polla en el fondo de mi vagina, al momento dijo que si se corria dentro o fuera y le dije que lo hiciera dentro, que necesitaba sentir ese líquido caliente dentro de mi y se corrió con espasmos. Fue tremendo.
Cuando la sacó, le chupe esa polla que tanto placer me había dado, saboreando su semen…

Repetimos y mantuvimos una relación durante casi un año, todas las semanas nos veíamos dos veces y así estuvimos hasta que nos pillaron y se lo dijeron a mi marido y se acabo.

Pero ese chico, con esa sonrisa dulce, me quiso hacer la vida imposible con chantajes, amenazas y hasta perseguirme mientras conducía, se volvió obsesivo conmigo hasta que tuve que ir a la policía para denunciarle. Fue una pesadilla, mi marido se divorcio alegando infidelidad, me quede sin nada de dinero y mi imagen quedo por los suelos.

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Atrapada

Atrapada
Pasaba de media noche, de hecho, debían ser más de las tres, cuando de pronto los golpes en la puerta me hicieron levantarme con el corazón dándome un vuelco.
Un momento después, sin aún recuperarme del espanto, volvieron a tocar, más fuerte todavía.
Tomé el bate que tenía siempre a un lado de la cama, y con cuidado me acerqué a la puerta y… volví a pegar un brinco cuando tocaron otra vez.

—¡Ábreme, coño, soy yo!

escuché decir entonces a mi hermano, que seguramente ebrio no había encontrado otro lugar a dónde ir.

Me molesté, pensé en no hacerle caso e irme de nuevo a la cama, pero volvió entones a tocar, otra y otra vez, gritando, seguro que acabaría despertando a los vecinos y no se iría, así que, resignada, corrí los dos cerrojos y le abrí.

—¡Ey, hermanita!, ¿qué haces? –me dijo al verme parada en el umbral, todavía con el bate en la mano.
—¿Sabes qué hora es, borracho?
—Pues… temprano, muy temprano, creo –dijo, divertido y, sin mayor ceremonia entró, haciéndome a un lado—. ¿Ibas a pegarme con eso?
—A lo mejor debería.
—Ay, hermanita, no espantas ni a una ardilla. ¿Tienes algo de comer? –dijo burlón, mirándome de arriba abajo.
—¿De dónde vienes?
—Pfff… de por ahí… no sé, ¿estás muy ocupada?
—Estaba durmiendo, menso, son las tres de la mañana.
—Sí, ya… perdón, soy un imprudente desconsiderado, ‘mammuasel’ —se disculpó, haciéndome una tonta reverencia.
—¿Por qué no te fuiste con tu novia?
—Mmhh… ¿qué novia? –respondió él, haciendo un gesto de disgusto o impaciencia.
—¿Os habéis vuelto a pelear?
—No sé, ella se peleó, gritó, creo; la verdad no puse mucha atención, en cuanto empezó a decir disparates me fui y ya no supe en qué acabó la pelea –dijo, volviéndose a sonreír, desvergonzado, acabando por sentarse en uno de los bancos de la barra de la cocina.
—Esto no es un hotel, ¿sabes? No puedes venir cuando te de la gana.
—No me regañes, tengo hambre, anda, dame algo de comer –me replicó, engurruñándose, como hacía cuando éramos niños, así que yo, perdido ya el sueño de todos modos, suspiré y encendí la luz.
—¡Aauch!, avisa –se quejó, intentando proteger sus ojos de la repentina luz. Sólo entonces pude ver los golpes que tenía.
—Ay, Beto, ¿y ahora con quién te has peleado? –le pregunté, yéndome de inmediato a su lado y revisándole las heridas.
—Con nadie, ya te dije, yo nunca me peleo con nadie, son ellos los que se pelean conmigo –volvió a bromear, mirándome divertido.
—Mira nada más esto, a lo mejor necesitas unos puntos –le dije, mirando un feo corte en el pómulo.
—Naah, ¿para qué? Lo que necesito es comida, mujer, dame comida, cumple con tus deberes.
—Gracioso.
—Je, je. Anda, en serio, dame algo de comer.
—Vale, ¿una hamburguesa está bien?
—Mientras no sea de esas cosas vegetarianas que luego compras.
—No, es de ternera, pero es de las congeladas.
—Vale, ¿y una cervecita no tendrás? –me miró pícaro, divertido, rascándose inconsciente la herida.
—Estate quieto, menso, te la vas a infectar. Y no, no tengo cerveza.
—Mmh… ¿un vinito al menos?
—No, sabes que no hay nada de eso aquí, a menos que tú lo traigas.

Sólo entonces, al sentir el frío de la cocina a esa hora, me di cuenta de que iba sólo con bragas y mi top para dormir. Así que, dejando la hamburguesa calentándose, regresé al cuarto, me puse unos pantalones y un suéter, volviendo a tiempo para darle la vuelta a la carne y que no se quemara.

—¿Vas a salir a algún lado?
—No, menso, hace frío.
—Yo no tengo frío.
—Seguro que ahora no sientes nada, con todo el alcohol que llevas en la sangre.
—Mmhh… no me regañes, para eso mejor me voy con la loca ésa.
—Pues vete con ella, seguro que te trata mejor que yo.
—No la cocines tanto, va a quedar hecha un carbón.
—No exageres –dije, aunque igual la saqué del sartén, tomé un bollo y le coloqué mostaza, ketchup, mayonesa, unas cuántas guindillas en vinagre, tal como sabía que le gustaba y se la di.
—Gracias –dijo, devorándosela en dos bocados, ansioso, con mucha hambre de verdad.
—¿Cuanto hace que no comías?
—No sé, desde esta mañana, creo.
—¿Crees?
—Me fui con el Arturo y el Guille al partido esta mañana y ya no me dio tiempo.
—Pero sí que te dio tiempo de comprar cerveza.
—La cerveza la venden ahí en el estadio, hermanita, solo hay que pedirla –me replicó contento, chupándose los dedos.
—¿Quieres otra? –le pregunté sentándome frente a él, del otro lado de la barra.
—Pues… sí, je, je.
—Tonto, dímelo antes y ya estaría hecha –le reñí en broma, echando un par de hamburguesas más en la sartén aún caliente.
—Sólo quiero una.
—La otra es para mí, menso.
—Ah.

El sueño fue invadiéndome de nuevo, bostecé, y sin darme ninguna prisa preparé las hamburguesas, la mía sin mayonesa, sentándome luego a comer con él.

—Tengo colas, si quieres.
—Pues… mejor que agua.
Saqué del refri las dos latas y le di una.
—¿De dieta? –exclamó, haciendo gestos al mirar la lata rojo con negro.
—Sí, de dieta.
—¿Para qué de dieta? Estás bien flaca, por eso te da tanto frío.
—Te hace daño tomar tanta azúcar.
—Mmh… pues todo hace daño, mejor comer lo que te gusta.
—Ay, tómatela y calla.
—Vale, no he dicho nada.

Tras terminarme mi hamburguesa, entrada algo en calor, ya no pude dejar de bostezar…

—Anda, vete a dormir, yo ahora me pongo cómodo –me dijo entonces, bostezando él también, satisfecho el apetito.
—Sí, creo que sí. Deja te traigo unas sábanas del cuarto –le dije y, levantándome perezosa, me fui a la habitación.

Con cuidado puse el taburete y busqué en la parte alta del ropero, revolví un poco y cogí un par de sábanas y una colcha dejándolo caer sobre la cama, y con cuidado volví a poner los pies en el suelo.

—¡Aah! –grité de pronto, espantada, al sentirlo de repente tras de mí.
—Ja, ja, tranquila, qué mala conciencia tienes –me dijo riendo.
—Menso, me has asustado, ahí está la colcha –le indiqué, señalándosela con un dedo.
—Sí… ya la vi –me susurró y, haciéndome sentir su aliento alcohólico, se abrazó a mí.
—¿Qué haces?
—Nada, sólo te abrazo un poquito ¿no dijiste que tenías frío?
—Estoy cansada, anda, vete a dormir.
—Mmhh… ¿y si mejor me duermo aquí? –mencionó entonces, recargando su pelvis en mi trasero y olisqueando mi cuello.
—Ay, hueles horrible, quítate –le dije, apartándolo con una mano.
—Pues tú hueles muy bien… como siempre.
—Suéltame, en serio, mañana tengo que ir a trabajar.
—Pues no vayas.
—Beto –le dije más firme, apartándome de él.
—¿Qué?
—No puedes… es que no… —comencé a decir algo fastidiada, mirándolo, mirarme con esos ojitos de repente de cordero
— No puedes venir aquí cuando te dé la gana.
—Sí, ya sé, perdona… si quieres… me voy –susurró entonces, mirando al suelo y perdiendo la sonrisa.
—No, no digo que te vayas… es que… Dios, Beto, ¿y para qué tienes entonces a tu novia?
—¿Estás celosa? –volvió a sonreírse, olvidado de lo que acababa de decir.
—Puedes hacer lo que te dé la gana, siempre lo has hecho… pero no puedes… no puedes seguir viniendo aquí solo cuando te dé la gana.

Se quedó entonces en silencio, mirando distraído la alfombra, la pared, el techo, hasta que al fin, resignado, cogió la colcha y las sábanas de la cama y salió dando un resoplido.

Tuve un primer impulso de retenerlo, de no dejarlo irse así, pero era en serio tarde, estaba muy cansada y de todas formas eso no iba a cambiar nada; seguiría siendo siempre el mismo.

Volví a bostezar y apagué la luz, me acosté, quedándome al poco rato dormida.
Unas horas después, sin embargo, ganándole como de costumbre un par de minutos a la alarma del reloj, lo encontré acostado a mi lado, todavía vestido, dormido como lirón, y no pude más que taparlo con la colcha y meterme en la ducha.
Ni siquiera con todo el ruido que hice lo desperté, seguro que estaba cansadísimo también, así que, tras acabarme de maquillar fui a la cocina y desayuné sólo cereales con yogur, cogi mi bolso, mis llaves, e iba ya a salir cuando, mirando luego al cuarto, decidí llegar tarde diez minutos y le preparé unos huevos con chorizo, le dejé un vaso de leche con chocolate y entonces salí de casa casi corriendo a la parada del autobús…
Aunque era casi tres años menor que yo, desde bien temprana edad pareció siempre mayor, nos lo decían todo el tiempo, y no faltaba nunca el que dudaba incluso de que fuésemos hermanos. De nacimiento muy robusto, muy pronto me pasó en estatura, en fortaleza, siendo ciertamente el orgullo de papá, que veía aliviado cómo al menos uno de sus vástagos heredaba su fuerte y orgullosa constitución masculina. Era como si toda la masculinidad que a mí me faltaba se hubiera quedado atrapada en el útero de mamá y saliera toda luego con mi hermano, quien no tardó mucho en pasar en estatura a papá al llegar la adolescencia, mientras yo, por el contrario, seguía tan enclenque y delicado como antes.

Si acaso, y para mayor desesperación de papá y preocupación de mi mamá, lo único que pareció desarrollarse de verdad en mí fue mi trasero, inusualmente ancho y respingón, y que por lo mismo me hizo blanco durante años de las burlas de mis compañeros de escuela, a veces también dentro del resto de la familia, no siendo mi hermano una excepción.

De hecho, así fuera sólo por vivir juntos, él debía ser quien más se metía conmigo, el que más me importunaba; divertido y siempre orgulloso de su físico, me hacía notar constantemente su mucha fuerza, comparaba el tamaño de sus brazos con los míos, de sus manos, si bien, al mismo tiempo que todo eso, fue igual tomando el rol de hermano mayor conmigo, inconscientemente, instintivamente me cuidaba, desarrollándose entre los dos una dinámica rara de llevarnos muy bien a ratos y muy mal en otros… aunque a lo mejor eso le pasa en cierto modo a todos los hermanos.

En todo caso, aparte las apariencias, ese “tener que” sentirme mal o indignarme cuando alguien remarcaba mi falta de hombría, lo cierto es que yo no sentía ningún deseo real de parecerme a otros chicos, o a mi hermano, o a mi papá; me disgustaban sus modos rudos, groseros, y a diferencia de mi hermano prefería estarme el mayor tiempo posible en casa, leer, a veces cocinar, la chica que ayudaba con los quehaceres me enseñó incluso a hornear pan, por más que mi papá insistiera en que debía meterme a algún equipo de futbol como mi hermano o hiciera algo “más de hombres”.

En eso al menos mi mamá acabó por secundarme, resignada, luego de que el primer día de prácticas regresara con un brazo dislocado y un moretón enorme en la cara.
Aquel no fue un buen día sin duda, y a veces todavía lo recordaba claramente, pues nunca como entonces (habiéndose limitado las burlas a eso, a simples comentarios y como mucho algún insulto en la escuela) sentí una agresión tan viva por parte de nadie: fastidiados no sólo por mi evidente falta de pericia en el campo, sino molestos por mi simple presencia, disgustados de ver a semejante ‘marica’ ahí con ellos, me maltrataron muchísimo durante el juego, se rieron, me insultaron, y, como si no hubiera sido suficiente, ya acabado el partido, echándome la culpa de que perdieran el encuentro, dos de ellos me gritaron y, sin poder contenerse más, comenzaron a golpearme…

No sé qué tanto peor habría podido ponerse aquello, a lo mejor sólo habrían descargado un poco más su frustración conmigo y me habrían dejado en paz, pero, en todo caso, ahí en el suelo intentando protegerme como mejor podía, de pronto los sentí apartarse, y entre el mareo y el dolor enorme que sentía vi a mi hermano partiéndoles la cara a los dos… fuerte y alto como era, salvaje como nunca lo había visto.

Finalmente algunos papás se acercaron y los separaron, yo pude levantarme y vi a Beto… sonriente en realidad, divertido se diría, con apenas los cabellos un poco revueltos, mientras los otros chicos, casi tres años mayores que él, seguían fingiendo un enfado que nadie se podía tomar en serio, uno con la nariz y el otro el labio sangrando.

Nos fuimos caminando a casa, pues papá nunca tenía tiempo de ir a los juegos y mamá solía irse a tomar café con sus amigas, gastándonos el dinero que nos dieran para tomar unas frituras y refrescos, que entre bromas nos comimos mientras él me recontaba cómo aquellos chicos no le habían servido ni de aperitivo.

Tras poner el grito en el cielo y decir que iba a poner incluso una denuncia, mi mamá me llevó a curar y le dijo luego a mi papá que yo no volvía a ir con esos ‘salvajes’, y aunque él creyendo que aquello era incluso bueno para fortalecerme un poco, mencionó que Beto llevaba dos años yendo y nunca le había pasado nada, al cabo no insistió y se alzó de hombros.

—Bueno, cómo quieras.

Ya muy entrada la noche, con todas las luces apagadas, Beto entró a mi cuarto y me preguntó si me habían lastimado mucho.

—Un poquito, no importa –le dije, adolorida de verdad, y, aunque hasta ese momento había aguantado, de pronto me puse a llorar.

Sin decir palabra, entonces, él me abrazó y me consoló hasta que me calmé, en la oscuridad y silencio de la noche, asegurándome que no me preocupara, que él me iba a cuidar.
Debió ser a partir de eso que algo entre nosotros cambió, él pareció entenderme un poquito mejor (al menos mucho más que mis padres) y dejó de burlarse, un poco, como comprendiendo que esa delicadeza mía era algo natural en mí y que no podía hacer nada al respecto, no siendo además algo necesariamente malo.

Nos comenzamos a apoyar un poco más, yo solía ayudarle todo el tiempo con sus tareas, con sus trabajos de la escuela, sólo en eso me atrevía a reñirlo y decirle que debía estudiar más, que no podía sólo preocuparse del futbol y salir con sus amigos, aunque no me hacía ningún caso, claro, únicamente se reía y me decía que me relajara… y luego suspendía la materia.

Le iba mal con mis papás, por supuesto, pues con todo y su excelente desempeño en el equipo de futbol papá no podía perdonarle que fuera tan irresponsable, que no sentara un poco cabeza, de modo que acababa enfadado con todos, sintiendo que nadie lo entendía.

Un día, no sé cómo o por qué, mamá encontró en mi habitación unas piezas de lencería, un sujetador y unas bragas que habían sido de la chica que ayudaba con el quehacer, poniéndose como loca. Apenas llegado de la escuela me las enseñó, comenzó a decirme montones de cosas, amenazándome, advirtiéndome que no iba a tolerar nunca tener un ‘maricón’ en casa, haciéndome sentir muy muy mal, al borde de las lágrimas, aunque no dije nada de nada, no podía, y fue entonces que Beto, llegando de la calle y escuchando los últimos gritos, entró al cuarto y dijo, mirando las prendas en manos de mamá…

—Mmh, te dije que no me las guardaras bajo el colchón –dirigiéndose hacia mí, con cara de ser descubierto, lo que desconcertó a mi mamá, que se le quedó mirando sin saber qué decir.
—¿Esto… es tuyo? –murmuró ella, no creyendo ni por un segundo que tal cosa pudiera ser cierta, así como de inmediato había asumido que sin duda yo las usaba.
—Pfff… no… son de Griselda… El otro día… pues… la traje y… —comenzó a decir Beto, sin mentir en realidad, pues había hace poco en efecto llevado a una chica a la casa cuando ellos no estaban, por lo que no le costó ningún trabajo fingir.
—¿‘Estuviste’ con ella? –preguntó mamá confundida, sin atreverse a decir la palabra sexo.
—Pues… sí, un poco.
—¿Cómo que ‘un poco’? –volvió a preguntar mamá incorporándose de la cama, desde donde me había estado regañando, todavía con aquellas prendas en la mano—. Pero… ¿ni siquiera usaste… protección? ¿Y para qué quieres esto?
—Bueno… no sé, ma… a veces, pues… ya sabes… me masturbo recordando y… le dije aquí al gusano que las escondiera.

Quizá más confundida todavía, sin saber qué decir, mirándonos a uno y otro y creyéndose una idiota, o a lo mejor sospechándose que aquello era pura mentira pero no tenía forma de saberlo, pareció calmarse un poco.

—Bueno, en cuanto llegue tu padre vamos a hablar muy seriamente –agregó al rato, guardándose las prendas, y, tras mirarme, arrepentida sin duda, añadió para mí…
—Y tú no vayas ayudándole –sentenció, saliendo de la habitación.

Nos quedamos ambos en silencio un momento, asimilando lo que acababa de ocurrir, hasta que al fin, con voz muy baja, asegurándome que mamá ya había bajado al otro piso, le dije:

—Gracias.
—Escóndelas mejor, ¿cómo debajo del colchón? –me dijo él, sonriéndose de pronto.
—Sí… muy obvio, ¿verdad?

Nos reímos. Volví luego a agradecerle poniéndome colorada y aguardamos a que llegara papá, quien sin embargo, lejos de indignarse, pareció increíblemente satisfecho con Beto. Seguro le encantaba que tan joven ya llevara chicas a la cama, si bien, para tranquilizar a mamá, le advirtió que tenía que tener mucho más cuidado, no ser tan irresponsable y así y así, acabando Beto de cumplir con su papel a la perfección, alejando toda sospecha de mí.

La verdad era que tenía bastante más prendas de esas, que sólo había dejado bajo el colchón por las prisas al salir por la mañana; tenía una bolsa llena de bragas, sujetadores, medias, baby-dolls y hasta ligueros que, poco a poco, discretamente, había ido extrayendo del guardarropa de mis primas, de mis tías, de las ocasionales chicas que ayudaban a mamá en casa, y, claro, bastantes de ella misma, incluidas muchas compresas femeninas, con las que me gustaba fantasear que me bajaba la regla.

Últimamente, además, había añadido un consolador, un dildo de manufactura casera, hecho con simples trapos y una barrita de colageno para darle rigidez, y que, cubierto con un condón, me había servido para probar, sentir algo distinto a la sola masturbación, que no me parecía suficiente o más bien muy adecuada para mí.

Tras muchas vacilaciones y dudas, auto recriminaciones, miedos, arrepentimientos, había acabado por comprender que las chicas definitivamente no eran lo mío, no me llamaban para nada la atención, y, en cambio, se fue desarrollando en mí una curiosidad enorme por el pene, a veces veía a los chicos con discreción y me fijaba en su entrepierna, buscaba en revistas y miraba fotos de hombres en traje de baño, y luego, al ver por primera vez una porno (que por pura casualidad encontré en el cuarto de mi hermano) y mirar el acto sexual tal cual era, toda mi libido se concentró no en ella sino en él, en su polla grande y hermosa, y me imaginé ser la chica, desee tanto ser ella y que un hombre grande y peludo como aquel me penetrara, que de inmediato hallé una forma de hacer el dildo y no dejé ya de usarlo, aumentándolo incluso de tamaño cada cierto tiempo, conforme más y más mi ano se habituaba.

En todo caso, ya casi para terminar la prueba fue que comencé a usar bragas y sujetador todos los días, con todo tipo de precauciones y pese al miedo que me daba que me pillaran. Usaba dos o tres camisetas oscuras, sin importar que hiciera calor, y hasta encontré a otro chico de la escuela con cierto parecido a mí, es decir, muy delicado, siempre amable y dulce, con quien comencé a hablar mucho y de todo, llevándolo a casa algunas veces para hacer tareas, estudiar, ante la mirada suspicaz de mis padres, quienes evidentemente se daban cuenta de su demasiada delicadeza, aunque, quizá recordando su pasada ‘metida de pata’, asumiendo algo demasiado pronto, mi mamá procuró no decir nada.

Me caía muy bien y lo pasábamos muy bien, claro que sí, hubo una temporada en que andábamos juntos por todos lados, a diferencia de lo que se cuchicheaba por la escuela, la verdad no me sentía atraída para nada hacia él, ni siquiera se me ocurrió, lo habría sentido raro, era como si no viera a un hombre en él sino una amiga, y de ahí que me desconcertara tanto cuando un día, creyendo estar a solas en la casa, tras llevar extrañamente la conversación a terrenos más íntimos, de pronto intentó besarme.

No me opuse, pero tampoco le respondí, tan sólo me dejó aturdida, sin saber qué decirle.

—¿Qué haces? –le pregunté con una risa nerviosa, sonrojada hasta las orejas.
—¿No quieres?
—¿Qué?
—Besarme, claro… yo hace mucho que quiero hacerlo –me respondió, acercándose de nuevo a mí y plantando sus labios en los míos.
—No… espera… ¿y si alguien nos ve? –lo aparté de nuevo, no queriendo ser grosera, sin ninguna real gana de besarlo.
—¿Quién, no dijiste que estábamos solos?
—Sí, claro… pero… es que… no sé

susurré nerviosa, confusa, pues, a final de cuentas, aunque delicado él era ciertamente un chico, un chico con quien, en ese justo instante, si así yo lo quería, habría podido… coger, hacer eso que tanto había soñado… pero no lo sentía bien.

—Me gustas mucho –siguió diciendo él, acariciando los cabellos de mi frente y buscando de nuevo mi boca.
—Perdona… es que yo no… —comencé a excusarme de nuevo, recibiéndolo a desgana, cuando entonces escuchamos a Beto.
—¿Pero qué carajos haces? –le gritó al chico, y, abalanzándose sobre nosotros lo apartó de mí de un tirón, y si no lo hubiera detenido seguro que lo golpea también.
—¡No, no, Beto, no le pegues, fue mi culpa! –le grité también, interponiéndome entre los dos.
—¡Anda, lárgate de aquí!

lo amenazó sin hacerme mucho caso, mirándolo furioso, por lo que el chico, nervioso y espantado de verdad, tan sólo cogió su mochila y bajó corriendo las escaleras, saliendo de la casa.
Yo me quedé de pie, muda, avergonzada, confundida, mientras él me miraba resoplando, muy enfadado, haciendo todo tipo de gestos…….

—¿Cómo te atreves a traer a un tipo a casa? –me recriminó , apretando mucho los puños.
—Yo no… sólo estábamos trabajando… y, de pronto, no sé… ¿y qué me dices tú de traer a nadie a casa, y las tipas que tú metes? –le repliqué, con la voz algo quebrada, atreviéndome a mirarlo de frente.
—No es lo mismo… mierda…
—¿No, y eso por qué?
—Porque… porque no importa, sólo me divierto un poco y ya… además, yo soy hombre… y… bueno… —balbuceó, atolondrándose, sin saber qué hacer con las manos.
—Sólo tenía curiosidad, ni siquiera… —dije luego, sintiendo como me traicionaba la voz, a punto de ponerme a llorar.
—¿Cómo puede gustarte un tipo así, parece un renacuajo?
—No me gusta, somos amigos y… nunca…
—¿Nunca qué?
—Nada, la verdad es que no íbamos a hacer nada.
—H’m –murmuró, todavía molesto, mirando alrededor.
—De veras que no me gusta, él no es muy… bueno… no sé… como tú –dije unos momentos después, mirando nerviosa al piso.
—Sí, ni que lo digas.

Pasaron unos segundos en silencio, en calma, los dos parados frente a frente, más calmados aunque incómodos como nunca.

—Perdona… es que… ¿sabes que no es lo mismo, verdad? –me preguntó al cabo Beto, relajados ya los hombros.
—Sí, supongo –le repliqué sin mirarlo, apenada como si en realidad hubiese hecho algo malo.
—No me gustaría que… no sé, que te lastimaran –me dijo luego, levantando una mano y acariciando mi barbilla.
—Sí, ya sé.
—Tienes que tener mucho cuidado, tontita –prosiguió, sonriéndose al fin, tratándome como hacía a veces en femenino, aunque sin el usual tono de burla—. Aunque parezca que no muerden, todos al final piensan una sola cosa, y hay tanto loco por ahí.
—Ji, ji, sí… tú, por ejemplo –le contesté, tomando su mano que seguía acariciándome.

Nos miramos a los ojos, inquietos, su rostro a penas unos centímetros del mío, con nuestros dedos entrelazados, y suspiré, sintiendo un cosquilleo en la boca del estómago… y en mi colita, pero, antes de que pudiera siquiera pensar en ello, escuchamos llegar el coche de nuestros papás, por lo que de inmediato nos separamos.

A lo mejor desde antes ocurría y no me había dado cuenta, pero, a partir de ese momento pude notar cómo él me miraba a veces de forma extraña, me rozaba con cualquier pretexto, o de la forma más natural procuraba acariciar un poco mi cabello tras hacer una broma, o bien me daba un golpecito en el hombro, o en el brazo, a lo que yo sólo me sonreía dejándolo hacer.

No debió ser mucho después de eso que entré a la universidad, y como el campus estaba algo retirado tuvieron que alquilarme un pequeño apartamento, o más bien se lo pidieron prestado a una tía bajo una cantidad simbólica, por lo que, por primera vez en mi vida, tuve tiempo y espacio de sobra para vestirme como quisiera. De hecho, me llegué a sentir tan a mis anchas las primeras semanas que un poco descuidé los estudios, que eran la única razón por la cual podía disfrutar de libertad, y, tras recibir el regaño esperado de papá y recapacitar yo misma, procuré controlarme un poco más y no pasarme de la raya.

De cualquier forma, ya pasada la primera excitación, y a diferencia de lo que ocurría en casa en que debía hacerlo siempre a escondidas y por muy poco tiempo, se fue calmando mi urgencia, ya no se trató tanto de liberar mi libido en todo momento sino tan sólo de estar, de ser, de sentirme la mujer que siempre supe que era, y se me fue volviendo sencillamente habitual vestir como chica en mi pequeño espacio privado, mientras en la universidad y prácticamente cualquier otra parte me limitaba como siempre a usar sólo la ropa interior, actuando mi papel de hombre.

Me compré algunas prendas, y no sólo de lencería sino faldas, blusas y jeans de chica, zapatillas, fui aprendiendo a maquillarme, a peinarme, a depilarme con cuidado las piernas y las axilas; ahorrando lo más posible de lo que me daba papá cada mes (saltándome incluso las comidas) comencé también a tomar hormonas, estrógenos y antiandrógenos, que a veces me hacían sentir muy bien y otras muy mal, provocándome los primeros meses un descontrol hormonal tremendo.

En cualquier caso, poco a poco comencé a notar leves cambios corporales, lo que me alegraba muchísimo la existencia.
No obstante, como a veces recibía visitas, debía seguir siendo muy prudente.

Una que otra vez debí llevar a compañeros de clase para estudiar, a veces mi papá o mi mamá se pasaban a ver cómo iba todo, regañándome siempre de que no fuera más seguido a casa, y en todas esas ocasiones tenía que esconder mis cosas, mi ropa, el maquillaje, mi paquetito de toallas femeninas que por lo general dejaba en el baño, en fin, incluso el simple hecho de ir a comprar algo de pan implicaba tener que cambiarme, por lo que estaba aún muy lejos de lo ideal.

De ahí que procurara estar el mayor tiempo posible a solas, salía casi únicamente a clases y de regreso compraba lo que me fuera haciendo falta, pasándome el resto del día como chica, estudiando, leyendo, a ratos viendo la tele o escuchando música mientras me pintaba las uñas o aprendía a hacerme trenzas en mi corta melenita, fastidiándome muchísimo que mis papás o alguien más me hablara para decirme que iba a verme, si bien, las visitas de Beto fueron algo muy distinto.

Tardó bastante en ir, pues el equipo no podía darse el lujo de tenerlo fuera ni un partido. Era más de una hora de viaje (y tanto más cuando el tráfico era pesado), él no tenía nunca dinero y además, para colmo, tenía que acudir los fines de semana a asesorías de matemáticas para no repetir el semestre. Durante meses sólo nos vimos uno que otro domingo, cuando por fuerza tenía que ir a casa a mostrarle mis calificaciones a papá, más o menos rendirle cuentas, y pasarme un rato con mamá, quien pese a toda su insistencia de que fuera más seguido no se estaba más que unos momentos en casa antes de aburrirse e irse con alguna amiga a hablar, no sin antes señalarme que ya debía cortarme el cabello.

En todo caso, no fue un fin semana sino un martes cualquiera, mientras estudiaba en mi pequeña sala sin otro plan que acabar la lección e irme a acostar, en que, de repente, tocaron fortísimo a la puerta…

Espantada, nerviosa por la sorpresa, por lo inesperado de la visita, me quedé un instante inmóvil en mi sitio, intentando decidir si abrir o no, fingir tal vez que no había nadie pues llevaba puesta una minifalda y una blusa rosa de tirantes, me había maquillado con esmero y hasta pintado todas las uñas dado que no esperaba a nadie, y mientras de esa forma me latía acelerado el corazón escuché la voz de Beto tras la puerta.

—¡Ábreme, hermanita! —gritó, divertido, acabando de aturdirme.

Por algo así como cinco segundos, que en mi cabeza debieron parecer mucho más, estuve pensando, decidiendo si debía ir a cambiarme o no, pues, aunque, evidentemente, Beto en cierta forma lo sabía, nunca en realidad me había visto así, y me atolondré, me mordí el labio, miré una y otra vez hacia la puerta que él no dejaba de tocar, hasta que, al fin, sencillamente exhausta, fastidiada de tener que pensar tanto y esconderme, me fui directo hacia la puerta.

—¿Estás solo? –le pregunté, asomándome a la mirilla.
—No, traigo a todo el equipo, venimos a cenar –me respondió divertido.
—En serio, ¿viene alguien contigo?
—No, nadie, ¿por qué? Anda, ábreme, traigo unas cervezas aquí que ya se han calentado.

Suspiré, intenté calmar mis nervios y abrí.
Con un six-pack en cada mano me miró de arriba abajo, ladeó un poco la cabeza y, finalmente, con una media sonrisa, tan sólo entró.
—¿No tienes que ir mañana a la escuela? –le pregunté, mirándolo colocar las cervezas sobre la mesa, a un lado de mis cuadernos.
—No, mañana es aniversario de no sé qué, va a haber un festival, concursos y no se que más.
—¿Y no tienes que ir?
—En teoría, sí –me respondió, desenfadado, abriéndose una lata—. ¿Quieres?
—No, gracias. ¿Para qué compraste tantas? De hecho, ¿cómo compraste cerveza?
—Ja, ja, me apetecieron, y como venía a ver a mi hermanita, creí que era buena idea, ¿no tienes algo para picar, unos cacahuates por ejemplo?
—Beto, eso es mucho alcohol –le repliqué, mirándolo algo severa.
—Estas muy guapa –me dijo él, divertido, desarmándome al instante.
—G-gracias –susurré, sonrojándome y recogiéndome el cabello de la frente.
—¿Vas a clases así?
—No, claro que no, ni siquiera a la esquina, sólo cuando estoy aquí.
—¿Por qué?
—¿Cómo por qué, bobo?
—Sí, ¿por qué? —insistió él, alegre, dando otro trago a la lata.
—Pues porque… porque… no puedo…
—¿No?
—No.
—Qué lástima.
—Sí, claro, qué lástima, pero así es por ahora.
—Supongo que no por mucho.
—¿No?
—No, yo diría, unos cinco minutos –me dijo entonces, mirando su reloj.
—¿Por qué cinco minutos? –le pregunté intrigada, levantando la ceja.
—Pues, porque seguramente eso tardan más o menos mis compas en llegar, sólo fueron a comprar algo para comer.
—¡¿Qué?! ¡¿Cuáles compas?!
—Son los chicos nuevos del equipo, no hay problema, ninguno te conoce; la verdad los hago a veces que me compren la cena y otras cosas, ja, ja; sólo les dije que íbamos al apartamento de mi tía, no te asustes –me explicó, con una calma que me puso los pelos de punta, sabiendo que hablaba bien en serio.
—¡No, Beto! ¿Cómo se te ocurre… yo…?
—Bueno, todavía te puedes ir a cambiar, pero créeme que te ves muy bien, seguro que nadie se da cuenta… ¡Oh!, demasiado tarde –exclamó, al escucharse un alboroto tras la puerta.
—Es que estoy maquillada, y mis uñas… —intenté decirle, mirándome nerviosa las manos.
—Sí, qué problema, ¿no?
—¡No, Beto, no les abras, déjame siquiera…! –dije yo, asustada, nerviosa como nunca, pero ya Beto se dirigía hacia la puerta.
—Pasar, ¿habéis comprado carne? ¡Excelente! Mirar: mi primita –dijo Beto en voz muy alta dándole paso a unos seis o siete chicos, todos altos y corpulentos, como no podía sorprender de un equipo de futbol, y éstos, animados, tan sólo dijeron ‘Hola’ y pasaron a la sala….

Yo me quedé en mi sitio, mirándolos aterrada, sonrojadísima, atinando apenas a alzar la mano como respuesta a sus saludos, en tanto ellos se acomodaban y dejaban las cosas que compraron en la mesa y la cocina.

—Anda, ven, te los presento –escuché decir a Beto a mi lado, y, como no me moví, me tomó del brazo y me llevó.
—Beto, Beto… —le susurré, deteniéndolo—, es media semana, los demás vecinos se van a quejar.
—No te preocupes, sólo estamos un rato, anda, ven –insistió y me cogió de la mano
—. ¿Por cierto, cómo te llamas? –me preguntó bajo, divertido, volviéndose hacia mí un momento.
—Pues… no sé… yo… —volví a susurrar, nerviosísima, sin atinar a decir ninguno de los posibles nombres que hasta ese momento había pensado.
—¡Ah!, como sea. Equipo: mi prima… Cristina, un poco enojada porque no le trajimos coca de dieta –les dijo entonces, improvisando con la sola feminización de mi nombre.

Ellos echaron la carcajada, Beto fue diciendo sus nombres y algunos me dieron la mano, otros me besaron en la mejilla y, como autómata, sin saber qué hacer, me senté entre ellos, asustada, apenas abriendo la boca y recibiendo también una lata de cerveza, que uno de los chicos me ofreció.

Alguien puso música, trajeron la carne, unas tortillas, una lata mal abierta de aceitunas, y en platos de cartón se sirvieron con desorden, comiendo con desparpajo entre risas y gritos, hablando de fútbol, sobre lo que pasó esa vez o aquella otra, otro se quejaba después sobre cierta mala defensa, discutían, a todo lo cual yo sólo sonreía boba, probando apenas la cerveza, llevándoles servilletas, calentando más comida u ofreciéndoles algo de salsa, solo por hacer algo.

Uno de ellos entonces, queriendo quizá integrarme más en la conversación me preguntó cómo es que nunca había ido a los partidos, y yo, mirando antes a Beto, controlando y modulando como pude mi voz, sólo le dije:

—No sé, no me gusta ver cómo se pegan… es decir, no pegarse sino… bueno, es que se… tanto.
—Naah, es puro juego, y luego aquí el capitán seguro que no se hace daño con nada –me dijo el chico, señalando con su lata a Beto.
—Ja, ja, eso espero –se carcajeó Beto, dando otro trago.

Así, de alguna forma u otra, contestando escueta pero sonriente a lo que me preguntaban, tomando a sorbitos mi cerveza y hasta aceptando algo de carne, me lo pasé entre ellos un buen rato, entretenida sin darme cuenta. Si bien nunca perdí cierto mínimo recelo, actuando en todo momento con precaución, conseguí relajarme lo suficiente; es decir, pese a su aspecto rudo, no eran más que chicos de bachillerato dándoselas de hombres, eran incluso menores que Beto, y con él ahí a mi lado dejé de tenerles miedo.

Al final se estuvieron algo más de tres horas, acabadas las cervezas y sin dejar un gramo de carne, ni una sola tortilla, divertidos, relajados, un par de ellos preguntándome siempre cosas, hasta que, cansada pero sobre todo preocupada de que los vecinos pudieran quejarse, tuve que decirle a Beto que era hora de irse.

—Sí, estoy de acuerdo, mejor vete ya a dormir –me respondió él, bromeando todavía.
—Beto, en serio –le insistí, mirándolo muy seria.
—Bueno, ‘ta bien. Dice mi primita que ya os tenéis que ir –les indicó, haciendo hincapié que era yo quien lo decía.
—Perdonar, chicos, es que tengo clases mañana –les dije apenada, y, para no hacer tan mal efecto, agregué, algo imprudente—. Si queréis, venir otro día.

Así que, resignados, cansados ellos también pese a todo, se empezaron a levantar, bostezaron, por consideración a mí uno de ellos recogió todo y lo echó en una gran bolsa, que luego se llevó con él.
Ya en la puerta, tras despedirse de mí, los vi andar por el pasillo y bajar las escaleras todavía armando escándalo.

—Bueno, nos vemos, nena –me dijo Beto , apoyándose en la puerta.
—Vale, gracias por visitarme… loco.
—Tú eres la que tiene apartamento, créeme que voy a venir a menudo. Allá, en casa no me puedo emborrachar, y en las casas de ellos menos.
—Loco –volví a decirle, recargando inconsciente mi mano sobre su pecho.
—O… me puedo quedar –mencionó luego, mirándome juguetón y algo achispado.
—Mmh… pues… si quieres, tengo un colchón extra –le respondí, bajando la mirada, tímida ante lo intenso que él me miró.
—Mmh… ¿tu cama es muy pequeña? –susurró luego, intentando sonar divertido, y, tras pensárselo dos segundos, se volvió hacia la escalera y les gritó a los chicos que se fueran, que se iba a quedar conmigo.
—Sshh, Beto, no grites: los vecinos –lo regañé no muy en serio, riéndome y cogiéndolo del brazo.
—Solo son vecinos, total –siguió él divertido, bravucón, hablando fuerte, como esperando que de hecho lo escucharan.
—Anda, entra ya, menso –volví a decirle, empujándolo hacia la puerta abierta… dejándose él arrastrar y viniéndoseme encima por lo que tuve que alzar las manos.
—Je, je –siguió riéndose, pegado a mí, mirándome desde su altura, con mis manos aún en su pecho…..
Mi corazón se aceleró, mi respiración se volvió agitada y sentí de nuevo ese curioso cosquilleo en el estómago, en tanto él, sin moverse y mirándome muy fijo, de una forma extrañamente seria, levantó su brazo y con apenas dos dedos empezó a acariciarme el cabello.

—De veras que estás guapa –me dijo al fin, y yo, sin apartar mis manos de él, dejándolo que siguiera jugueteando con mis cabellos tan sólo lo miré en silencio.

Escuchamos algunos coches por la calle, el chirrido de los grillos, la noche era tranquila y algo cálida, no se veían muchas luces encendidas y sin duda en el resto del edificio ya todos dormían.

—No deberíamos –dije de pronto, apartando los ojos hacia un lado.
—No, supongo que no –me susurró, muy parado, pasando sus dedos de mi cabello a mi mejilla.

Otra vez lo miré, también él respiraba agitado, sentí su tacto estremecerse y, mientras sus ojos me miraban intensos y a la vez como con súplica, a medias me sonreí.

—¿Quieres? –me preguntó en voz suave, atento como nunca a mis labios.
—N-no sé… —le respondí nerviosa, con un hilo de voz, sintiendo incluso marearme un poco.
—Si no quieres, dímelo , nos dormimos y nada más –continuó, tocando cariñoso mi mejilla.

Controlando el trepidar de mi corazón, sintiendo que el suelo se movía bajo mis pies, suspiré muy hondo y cogí su mano.

—Sí… sí quiero.

Así que, inclinándose hacia mí, aprisionándome contra el marco de la puerta, nervioso me besó en los labios, a lo que yo de inmediato respondí abriendo bien mi boca, probándolo, pasé mis manos por su cuello y seguí besándolo emocionada, espantada, estimulada, creyendo por un instante vivir una alucinación mientras sentía mi colita humedecerse.

Sus manos en mi trasero de inmediato me indicaron que no era ilusión alguna, y no menos real sentí la erección de su pene bajo los pantalones, que caliente parecía pulsar a la altura de mi vientre.

Entramos sin separarnos a la sala, cerramos la puerta con los pies, y, manoseándonos, besándonos, explorándonos nerviosos y encantados nos fuimos dirigiendo a la habitación; chocamos aquí y allá, divertidos, avanzábamos muy lento, así que, demasiado ansioso, él me agarró por el trasero y me levantó, llevándome en sus brazos hasta la cama.

Cuidadoso me dejó sobre el colchón, y, con ansia, jadeante, se trepó enseguida sobre mí. Besándonos siempre, risueños, comenzamos a desvestirnos; divertida le quité la camiseta, él contento me quitó la blusa, nos deshicimos de su pantalón y luego de mi falda, de los zapatos, hasta que al fin, en sólo ropa interior, volvimos a mirarnos, deteniéndonos un instante.

—¿Todavía no lo has hecho? –me preguntó entonces, mirándome como antes muy atento.
—No… nunca… sólo he usado… juguetes…
—¿De verdad?
—Sí, menso, de verdad.
—Vale, vale … Digo, porque, quizá te duela un poco.
—Sí, no importa.
—Muy bien –dijo luego, y, sin más dilación, de un solo tirón se deshizo de sus bóxers, mostrándome su polla enorme y, bastante más seguro que yo, me quitó luego las bragas, dejando al descubierto la mía pequeña.

Suspiré….

—Mira qué cosita, ¿es de verdad? –me preguntó divertido, dando un pequeño tirón de mi pijita, que comparada con la de él de verdad parecía de juguete.
—Ji, ji, menso –le pegué en el pecho y, animada, bajé luego la mano, agarrando fuerte la suya.
—Ésa sí es de verdad –exclamó orgulloso, dejándome que la explorara un poco.
Era muy cabezona, de tronco grueso, larguísima, venosa, y con cuidado, emocionada, muy suave bajé y subí la mano, apretándola.
—¿Subes tus piernitas? –me indicó luego, excitado, y, ayudándome, me hizo colocar mis piernas en sus hombros, dejándole del todo expuesta mi entrada de mujer.
—Tengo… un gel –le dije tímida, señalándole el cajón de mi buró.
—¿No dijiste que…?
—Es para el juguete, menso.
—Ah, ya; a ver –exclamó, y, apartándose de mí un poco abrió el cajón, sacó el tubo y con cuidado aplicó una buena porción, que de inmediato esparció con sus dedos por fuera y por dentro de mi entrada.
—Mmhh… —gemí al sentir sus dedos duros y algo fríos introducirse en mí.

Inclinándose luego sobre mi rostro y besándome de nuevo, siguió dedeando un poco, esparciendo bien el gel, hasta que al fin, demasiado ansiosa, fui yo la que le dije:
—Ya, ya, no hace falta tanto.
—Je, je, no te quiero lastimar.
—No me lastimas… el juguete es algo grande, ¿sabes?
—M’h… vale –exclamó, como dudando que ningún consolador pudiera compararse con esa cosa suya, y, recostándose sobre mí, con una mano dirigió la punta de su polla a mi ano.

Lo miré, me miró, jadeante procuré relajar mi esfínter y, algo ansiosa, tomé sus brazos, que se apoyaban en el colchón a ambos lados de mi cabeza.

—¿Lista?
—Ahá.
—Vale –susurró, como concentrándose, y, haciéndome sentir la suave dureza de la punta recargada en mi esfínter, hizo una leve presión.
—Mmhh… —exclamé suave, cerrando los párpados un momento, experimentando ávida ese primer contacto.

Él presionó más, abriéndome muy suave, aunque, antes de que la cabeza consiguiera entrar demasiado, lo detuve, sintiendo una fuerte punzada por la contracción refleja de mi ano

—¿Te duele?
—Un poquito, sí… ahora se pasa… no te salgas.
—Vale –me respondió, inclinándose de nuevo hacia mí y besándome, acariciando mis nalgas, mis muslos, hasta que al fin pasó el espasmo y sentí alejarse el dolor.
—Ya… dale –le pedí sonriendo, segura de que ya no habría ningún problema, con lo muchísimo que me había “entrenado” todos esos años con el dildo.

De modo que él entró, más, mucho más que antes, suave y siempre firme, entrando dentro de mi tanto que empecé a gemir, mi ano aún se contraía ligeramente y le impedía el paso pleno, pero ya no lo detuve, aguanté ese poquito de dolor extra sin moverme y solamente suspiré.

—Aahh… muy bien, muy bien… ahí va… ahhh…
—Mmhh… mmhh… —exclamaba yo bajito sintiéndolo penetrarme, expandir poco a poco mi ano y recto con su gran volumen.

Finalmente, sin entrar todavía del todo, de pronto él se retiró ligeramente, volvió a presionar y se retiró, volvió a presionar y se retiró, iniciando un suave mete-saca que acabó por soltarme al fin la boca.

—Ayyy… ayyy… mmmhh…
—¿Te duele?
—No, no me duele nadita… sigue…
—Si, si … ahhh… ahhh… —continuó entonces, aplicándose incluso con más esmero, despreocupado ya de lastimarme, y dejándome caer todo su peso comenzó en serio a penetrarme, a follarme de verdad.
—Ayy… ayyy… ayyyy… mmmhh… —seguí exclamando cada vez más fuerte, encantada, maravillada; Dios mío, no me creía que me gustara tanto, nunca con el dildo sentí algo parecido, tan bueno y tan bonito, tan fuerte y tan dulce al mismo tiempo.

—Ahhh… ooohh… —siguió Beto, inclinándose sobre mí cada tanto para besarme, y yo lo besaba de vuelta, me entregué contenta, agradecida, abriendo más mis piernas y sintiéndolo entrar aún más profundo.
Mi pequeña pija se había puesto también dura, y atrapada entre su barriga y mi bajo vientre me producía un gozo extra con el roce.

—Ayy, qué bueno, qué bueno… mmhh…
—¿Te gusta, nena?
—Sí, sí, me encanta… mmhh…
—Nenita linda… ahhh…

No había ya fricción alguna, ninguna resistencia, su pene y mi ano se habían acoplado de maravilla y se unían alegres, perfectamente complementarios, provocándonos a ambos un placer inmenso.

—Aahh… nena… oohhh…
—Mmhh… mmhh… más, más… mmhhh…

Y nos seguimos largo rato, entregándonos uno al otro y olvidados de todo el mundo; yo acariciaba sus mejillas ásperas, velludas, sus hombros anchos, sus brazos fuertes, y él a su vez apretaba encantado mis nalgas, mis muslos, y, tras deshacerse del sujetador de cualquier modo, besaba tierno mis teticas apenas desarrolladas, que no obstante su tamaño eran ya tan sensibles que me hizo gritar de gusto.

—Mmhh… ayyy… Beto… mmmhh… mmmhh… —exclamé, abrazándome a su cuello y acariciando sus cabellos.
—Nenita hermosa… ahhh… ahhh…

Me sentía casi en las nubes, gemía de puro gusto, lo recibía contenta en mí procurando que también él lo disfrutara, cosa que sus continuos jadeos y su rostro me confirmaban.
Hacía ya rato que había entrado por completo, toda su polla y sentía sus huevos rebotando dulcemente al borde de mi ano; de cuando en cuando la cabeza debía acariciar mi próstata allá al fondo volviéndome loca, y no podía dejar de pedirle más y más.

—¡Ay, sí, sí… mmhh… qué rico, qué rico… mmmhh…!
—Je, je… gimes muy dulce.
—Ji ji… mmhh… mmhh…

Un momento después la cosa se aceleró, nuestros cuerpos ansiosos parecieron dar lo mejor de sí y él comenzó a darme realmente fuerte; era riquísimo, delicioso, hermoscísimo, ya no quise que se saliera nunca, deseé que me siguiera penetrando por siempre, tenerlo dentro de mí todo el tiempo pero, justo entonces, incapaces de aguantar más, mi pollita y mi ano llegaron al colmo, expulsando éste su semen y el otro contrayéndose en un delicioso orgasmo anal.

—¡AAayy… ayyyy… ayyyaayyy…! –grité tan fuerte como pude, olvidada de los vecinos y apretando muy fuerte sus brazos.
—Aahhhh… nena… nena…. ¡AAaaahhhh…! –exclamó él apenas un instante después, sintiendo la apretada extra de mi esfínter y descargándose del todo, inundando el fondo de mi vientre.

Le abracé, lo besé y comencé incluso a llorar mientras él me preñaba con su semilla, sintiéndome completamente plena, feliz como nunca lo había estado en toda mi vida.

—¿Qué pasa? –me preguntó, levantando mi rostro con un dedo.
—Nada… nada –le susurré sonriente, tonta, y él entonces comprendió.
—Bebé –me dijo entonces y encantado volvió a besarme.

Exhaustos y jadeantes, no sin cierto pesar de mi parte, nos separamos, con su miembro ya casi del todo flácido, y nos quedamos recostados intentando recuperar el aliento.
Era ya tarde, muy tarde, no sabía cómo iba a hacer para levantarme temprano e irme a clases apenas unas horas más tarde, aunque no me importaba mucho, podría incluso faltar, por una vez no pasaba nada, me dije, y, contenta, me recosté contra su cuerpo.

—¿Te gustó?
—Ji, ji, sí ¿no se notó?
—Un poquito, sí.
—Tonto.
—¿Es mi imaginación o te crecieron un poco las tetas?
—Estoy tomando hormonas.
—Joper … pues, síguetelas tomando.

Pasada la excitación, descargada toda el ansia, después de unos minutos empezó a darnos sueño.

—Es tardísimo –susurré, sin despegándome.
—Duérmete.
—Vale… ¿no te vas a ir, verdad?
—Je, je, ¿a dónde quieres que me vaya?
—No sé, sólo digo.
—Duérmete, no voy a ningún lado –dijo, sonriéndome y, tras darme un beso más cerró también los ojos.

Se nos fue haciendo habitual tener esos encuentros, una, ocasionalmente dos veces por semana, aunque, por desgracia, el encanto no permaneció intacto por mucho tiempo, sobre todo porque él seguía saliendo con otras chicas, tenía a veces novia, lo que me hacía rabiar y le reclamaba, aunque, incapaz de hacer nada, temerosa incluso de salir del apartamento vestida de nena, tuve que aprender a resignarme, no sin poca dificultad.

¿Qué podía hacer de todas formas? ¿Salir con él? ¿Ser su novia? ¡Dios!, era todo tan complicado, y no paraba de hacerme preguntas, me recriminaba, me decía que aquello debía parar, que no tenía ningún sentido, que era incluso idiota, pero, nada más verlo llegar otra vez, no le hacían falta más que unas cuantas palabras para ablandarme y volverme a entregar.

Aparte esos problemas existenciales, en unos años conseguí acabar sin demasiada dificultad la carrera, hice incluso algunas salidas esporádicas y, al cabo, juntando todo el valor posible, diciéndome que no podía seguir con esa especie de doble vida, al fin hice la transición, tomándoselo por desgracia mis papás de la peor manera; dejaron de hablarme, de mandarme dinero.

muchos otros hubo que me dieron la espalda y sólo gracias a algunos cuantos contactos, entre quienes se encontraba el pobre chico al que Beto intentara golpear, fue que poco a poco me ayudo a encontrar un trabajo y poder alquilar aquel mini apartamento, a donde cada vez que se le ocurría, llegaba Beto a pedir posada…

Total…
Antes de regresar al apartamento pasé a comprar algo de pan, del todo incierta sobre si encontraría a Beto o no, y, tras abrir y no escuchar nada, dejé mi bolso en el perchero entrando luego en la cocina, donde encontré el plato y el vaso que le dejara por la mañana ya vacíos y sin lavar en la misma barra. Sacudí la cabeza, molesta de que no pudiera siquiera echar el plato al fregadero, y me fui luego a mi cuarto.

Ya no estaba. Me había dejado sin embargo una nota disculpándose por despertarme tan tarde y agradeciéndome por la comida, así que, sola en la cocina, ya más tarde me comí los dos panes que le había comprado, mirando cansada una vieja película, quedándome dormida sin terminarla.

Otra vez, entonces, como la noche anterior, aunque algo más temprano, escuché tocar fuerte la puerta.
Me fui a asomar, miré por la mirilla y sin demasiado asombro lo vi ahí parado, abriéndole la puerta cuando ya se disponía a tocar de nuevo.

—¿No me digas que te desperté de nuevo?
—Pues sí… me quedé dormida viendo una película.
—Vaya, debe estar muy bien –dijo, pasando y dejando sobre la mesita de la sala un montón de bolsas.
—¿Y eso?
—No sé, algunas cosas que he comprado, para que no digas que me acabo lo de tu nevera; hasta te he traído ese yogurt raro sin calorías –me dijo, enseñándome el envase.
—Gracias. ¿Te vas a quedar a dormir?
—Pues… sí, si no es mucha molestia.
—Claro que no. ¿No has ido con tu novia?
—nooo… la verdad, es que ya estoy cansado.
—Loco –le repliqué, mirándolo divertida mientras se quitaba los zapatos y se echaba en el sillón, quedándose mirando aquella larga película que yo había puesto.
—¿Ya te vas a dormir? No me dirás que también trabajas los domingos.
—No, pero estoy algo cansada.
—Je, je, sí… Ven, anda, he comprado unas palomitas –me dijo, dando unas palmadas en el sofá.
—Mmh, vale, pero mejor vemos otra cosa.
—Lo que usted ordene, madam.

Pusimos una película de acción, bastante más movida, aunque yo igual me quedé dormida al poco rato, apoyada en su pecho.

—Anda, mejor vete a la cama, que estás incómoda –me dijo una media hora más tarde, cuando una fuerte explosión en la película me despertó.
—Sí, creo que sí, ¿le falta mucho todavía?
—Como una hora, creo.
—Mmhh… bueno, pues mejor, me voy a acostar… —le dije, levantándome, bostezando largamente y pasando luego una mano sobre sus hombros, si bien, antes de alejarme, agregué—: ¿Vienes?

Él apartó un momento la vista de la pantalla y me miró intrigado, suspicaz.

—No tengo mucho sueño, la verdad.
—Bueno, no tenemos que dormirnos enseguida –le sonreí, coqueta, revolviendo su cabello.
—¿No? ¿Y qué otra cosa vamos a hacer?
—No sé, te puedo hacer trencitas si quieres, o podemos pintarnos las uñas y hablar de chicos.
—Mensa.
—Ji, ji, anda, ven, apaga eso –le dije

Y una vez que él apagó la tele tirando el mando, lo cogí de la mano, llevándomelo al cuarto.

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