Unos días de descanso en la playa

Unos días de descanso en la playa *


Nos habíamos desplazado cerca de Miami, teníamos un par de días de descanso y esa tarde decidí salir sola, en lugar de ir con mis compañeros.

Así que me vestí cómoda, con jeans, camisa Oxford, deportivas y gorra beisbolera, y estuve paseando cerca del mar, hasta que vi una terraza de Coffee. Me senté, pedí un café con leche y me relaje pensando en mis cosas.

Al rato de estar allí, alguien dijo tras de mí, que era bonito mirar y escuchar el sonido del mar, volví la cabeza y vi a una mujer, seguimos hablando y terminamos compartiendo mesa…

Hablamos durante una hora, y ella dijo que había un local cercano que hacían unos bocadillos increíbles y buenos donde ponías los ingredientes que querías, así que fuimos a comer algo, lo cierto es que tenía hambre.

Por el camino íbamos agarradas del brazo, y reíamos y llegamos al puesto de bocadillos, y realmente era un sitio encantador porque elegías el pan, lo que querías dentro y después a comer en barriles de aceite industrial.

Cogimos el bocadillo y nos pusimos en un barril para comer, y sin mas ella dijo que era trans, y me explico que era eso, mitad mujer y mitad hombre, pero su cabeza pensaba como una mujer. Nos reíamos con sus explicaciones y al acabarnos el bocadillo, le dije que sentía curiosidad por verla desnuda, no podía imaginarla y me apetecía, y riendo ella dijo que me invitaba a su casa para enseñármelo y acepté.

A dos calles estaba su casa, humilde, pero limpia. Entramos y después de enseñarme su casa, pasó a su dormitorio y empezó a desnudarse y según lo hacia, yo miraba sus pechos…

eran perfectos, pezones limpios y punzantes, y ya la curiosidad me podía y estaba ansiosa por que se desnudara la parte de abajo… el jeans cayo, y vi una braga ajustada y algo abultado, pero se dio la vuelta y se quito esa braga o faja y apareció ante mis ojos un pedazo polla descomunal, gigantesca y mojada.

Wow, No podía creer lo que veía, me senté al borde de la cama y no podía apartar la mirada de ese músculo grandioso, y ella riendo se acerco y cogió su polla y la puso en mi mano, cerré la mano y empecé a palpar, tocar y mover ese monstruo que tenía entre las piernas.

Buff, los calores no me dejaban, y ella se acerco mas a mí y me desabrocho los botones de mi camisa, y me la quito, mis pechos salieron, pero me avergonzaba al ver los de ella tan perfectos, y levantándome, desabrocho mis jeans y me los bajó y quito, y después también se deshizo de mi tanga. Quedando completamente desnuda.

Entonces se acerco a mi y su polla rozaba mi cuerpo, lo pasaba por cada centímetro, y lo acerco a mi vagina, y ya no pude contenerme. La tumbé de un empujón sobre la cama y me senté encima de esa polla…

Uhhmmmm no podía metérmela toda, pero aprovechaba cada segundo, la quería toda para mí, me movía con ella dentro y no se salía, y según estaba encima tocaba sus pechos fuertemente, no dejaba de tocar, pellizcaba y seguía, y fue ella quien me dijo que no tocara tanto…. estaba como loca, era algo nuevo inusual para mí.

Y así moviéndome encorvada por las molestias que tenía y rozando mi clítoris al mismo tiempo exploté fuertemente. fue tremendo, me quedé casi sin aliento. El se dio la vuelta y puso su polla en mi mano, para que la tocara y empecé a masturbarla con las dos manos, de arriba abajo, acariciando sus huevos y me aceleré y cada vez lo hacía más rápido y mas fuerte y se corrió, pero no sujeto y me puso la cara, cuello, pelo, toda con ese líquido.

Pase a asearme y ella también, y al salir, estaba agachada para coger los jeans cuando ella se agacho y empezó a chupar mi culo y vagina. Ufff chupaba y chupaba y terminamos en la postura del 69 y no se el tiempo que pasó, pero se me hizo largo y las dos volvimos a explotar, yo en su boca y ella en mi boca también.

Fue increíble. No puedo explicarlo mejor, porque con las amigas que he hablado de esta experiencia, que ellas también la han vivido, ninguna tiene la manera de explicar lo que se siente…


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No sé porque a veces me gusta complicarme la vida…

No sé porque a veces me gusta complicarme la vida…

Esta experiencia me ocurrió no hace mucho…

Durante una guardia en el Hospital, mientras hacía mi internado en Cirugía. La noche había sido terrible y la faena ardua. De tal modo que a la una de la mañana estaba tan cansada que ya no podía más y casi me derrumbaba por el sueño. Así que para despabilarme un poco, salí del pabellón y me dirigí a la cafetería del hospital por un café.

Llegué y pedí un café y me senté a paladearlo con toda tranquilidad. Rato después, apareció por la puerta de la cafetería la doctora Sofia. Inconfundible por su alta estatura y porte elegante y majestuoso. Era una residente de primer año de medicina entonces y creo que ni se le cruzaba por la mente llegar a ser neumóloga.
Entró a la cafetería y pidió también un café y fue a sentarse a la misma mesa que yo…

-Hola -dijo- ¿qué tal?
-Aquí, tomando un descanso -contesté.
-Sí, ¿verdad?. Estuvo algo pesado el turno.
-Mucho.

Y seguimos tomando café sin decir muchas palabras. La Dra. Sofia era una mujer en verdad soberbia. Era la más alta de todas las residentes, y más que su estatura, destacaba en ella una belleza envidiable. Era blanca, cabello castaño oscuro y ojos café claro. Tenía un cuerpo espléndido y esbelto y un rostro de ángel…

– Oye -dijo sacándome de mis reflexiones- ¿tú te llamas Ángela Margarita, verdad?.
– Sí, ¿por qué?
– Yo me encontré un Manual de Terapéutica con tu nombre y… anduve averiguando de quien se trataba para devolvérselo.

Hasta ese momento, recordé que cuando cursaba la rotación de Medicina Interna, durante un seminario dejé olvidado el libro en un asiento del auditorium y que, cuando regresé por él ya no lo encontré…

-¿En serio?, no sabe cómo he buscado ese libro. !gracias a Dios que lo encontró usted!
-¿Sabes? -dijo- por las señas que me dieron me imaginé que eras tú.
-¿Cuáles señas?
-Bueno, estatura media, guapa, trigueña, cabello lacio, y…
-¿SÍ?
– Bueno, nalgas grandes y… bonitas…
Se ruborizó al decir aquello, y a decir verdad, yo también. Yo salí con una frase para desenredar el embarazo del momento:
– ¡Qué gracioso!, bueno, pero si ocupa el libro me lo entrega después.
-No -dijo- ya compré uno. Así que hoy mismo te lo puedo entregar.
-¿Lo tiene aquí?
-Sí en la casa de residentes. Si quieres vamos y te lo entrego allá. Asentí.

En ese momento yo ya había terminado mi café, pero ella aún tenía la mitad del suyo. Lo tomó en sus manos y nos dirigimos al ala destinada a los médicos residentes. Llegamos y entramos a un cuartito con lo más indispensable: una cama, una silla, un escritorio y un armario. Ella se quitó la gabacha blanca aludiendo demasiado calor y me instó a hacer lo mismo si gustaba. Yo le dije que no sentía calor…

-Veamos -dijo hurgando entre las cosas del armario- por aquí tengo tu libro…

Estaba buscándolo a una mano, así que dejó el café sobre el armario y se dedicó a buscarlo con ambas. Revolvió y revolvió como loca el closet sin encontrar el dichoso libro. En un movimiento brusco, el café cayó desde donde lo había colocado por mala suerte, y se desparramó sobre la delgada blusa del traje celeste que llevaba para los turnos…

-¡Demonios! -vociferó -permíteme un segundo -me dijo.

E inmediatamente se sacó la blusa, dejando semidesnudo su plexo. El líquido había traspasado con facilidad la tela de algodón y había ensuciado su brassier de fino encaje.

-¡Vaya! -dijo- ahora voy a tener que lavarlo antes que se le pegue la mancha y sea difícil sacarla después…

¡Y se lo quitó! Se lo sacó sin más ni más, como si en la habitación no hubiese nadie más que ella, como si mi presencia no le incomodase en lo más mínimo.

Sus senos blancos quedaron al descubierto, trémulos, desafiantes, macizos, comandados por dos tetillas rosadas erguidas generosamente. En ese momento yo no sentí más que admiración porque Sofia tenía unas tetas muy hermosas, tal como me gustaría que fueran las mías. Los senos se le veían un poco irritados pues el café aún seguía muy caliente. Para aliviar el ardor momentáneo, echó agua sobre ellos. Al refrescarse, sus pezones comenzaron a tomar una solidez exagerada, como punta de lanza y sus carnes se pusieron más firmes y tensas. Con delicadeza comenzó a lavar la prenda en el lavamanos, y dijo…

-Espérame un momento, Margarita. Ya te voy a dar el libro…

Al ratito salió con el brassier limpio, lo tendió de un clavo, sacó otra blusa celeste, pero no se la puso, y en lugar de ello se sentó a la par mía en la cama. Siempre he sido una mujer muy liberal pero aquella situación me incomodó un poco. Ahí la tenía, con los senos al aire, hembra magnífica. Se acostó en la cama, cubriendo su desnudez echándose la blusa encima sin ponérsela, y dijo…

-¿Sabes?, me arde el pecho por lo caliente que estaba el café…
-Sí, me imagino.
-¡Ay!, si supieras como siento… -recalcó.
-Debe doler bastante.
-Sí…

Se quedó un buen rato así. Yo no decía nada y ella, al parecer estaba a punto de ser vencida por el sueño. Por fin dijo…

-Si quieres quítate tu blusa…

Yo sabía hacia donde nos estaba llevando con su actitud, ¿pero qué podía perder?. Además, acababa de descubrir que aquello no me desagradaba en absoluto y eso sólo significaba una cosa: me estaba gustando. Con poca prisa me saqué la blusa y el sostén y me recosté al par de ella…

-¿Sabes una cosa? -dijo.
-¿Qué?
-Me gustan tus senos.
-A mí me gustan los suyos también -dije.
-¿Quieres tocarlos? -preguntó.
-Si me deja…
-Hazlo…

Y tomó mis manos llevándolas a posarse sobre sus dos masas pectorales que se estremecieron bajo mis manos que empezaron a jugar con ellos con mucha naturalidad y a estimular sus pezones como si esa no fuera la primera vez que se lo hacía a otra mujer.

Sofia tenía los pechos más suaves y dóciles que yo había tocado hasta entonces . Sus carnes se distribuían exquisitamente entre mis dedos causándonos a ambas un enorme placer. Sofia gemía y respiraba profunda y agitadamente, indicio que la excitación crecía cada vez más dentro de su magnífico cuerpo. Aquello me encendió de sobremanera y entonces puse en juego mi otra mano también…

-Vamos, Margarita -dijo- súbete encima mío.

Abriendo mis piernas, me senté a horcajadas abrazando con mis muslos su pelvis y continué el delicioso masaje pectoral al que la tenía sometida. Ella comenzó a acariciar mis pechos también con sus manos blancas y estilizadas. Fueron pocas fracciones de segundos las que ocupó para lograr que mis pezones se pusieran tan duros como los suyos. En verdad soy una mujer que necesita muy poco para excitarse. Sin embargo, en esa ocasión, con aquella hembra colosal me estaba probando una experiencia diferente.

Ella pasó sus manos delicadas detrás de mi cuello y me atrajo hacia sí y sus labios se fundieron con los míos en un beso apasionado y violento. Casi me ahogaba al deslizar su lengua dentro de mi boca, reconociendo con ella todos sus rincones. Con una de sus manos revolvía mis cabellos mientras con la otra acariciaba mi torso desnudo. Cuando soltó mis labios pude respirar por fin con un hondo y agitado suspiro.

Ella no permaneció quieta ni un instante, me volteó y quedé debajo de ella y su boca ávida siguió acosando de besos mi cuello, mis hombros y la parte superior de mi pecho. La excitación había hecho presa de mí desde hacía ratos, pero ahora parecía incontrolable, pues la doctora me encendía cada vez más y más y una sensación ardiente comenzó a socabar mi pecho y mi vientre. No era la primera vez que tenía sexo con una mujer. Por el contrario. Ya entonces había perdido la cuenta de cuantas chicas habían probado junto a mí los deleites del sexo puro y duro. Sin embargo, Sofia tenía algo distinto, algo especial.

Ella estaba casada y ya tenía un hijo, y quizás mi excitación consistía en que nunca lo había hecho con una mujer comprometida… y madre sobre todo. Los pensamientos se arremolinaban en mi cerebro en un torbellino desaforado sin orden, abruptos, locos, mucho más rápido que las sensaciones que experimentaba bajo el influjo y el peso del cuerpo de la mujer sensual que desparramaba sobre mi ardientes caricias y besos frenéticos.

En la locura de estar bajo el influjo de aquella hembra formidable, no supe de mí, del momento en que ella nos desnudó por completo, sino hasta que ya tenía sus labios pegados a mi vulva, metiendo lenta y profundamente su lengua dentro de ella. La humedad y el roce me producía una mezcla de cosquillas, escalofríos y estremecimiento indescriptible con palabras. Éramos, como se diría, dos hembras fuera de lo común, haciendo de un lado la modestia. Ella, como ya la he descrito, alta, espigada, bien proporcionada; yo de estatura media, rellena, pero todo bien distribuido. En tanto su lengua literalmente trapeaba toda mi vagina, comenzó a encajar uno de sus dedos en mi ano. ¡Fatal! Yo no sé si ella estaba enterada, pero lo que más me enciende es eso: que me manipulen el culo.

Es algo que en un santiamén me pone a mil. Es el máximo placer que puedo sentir de un hombre o de una mujer. Con eso logró llevarme al primer orgasmo “en un dos por tres”. Como entonces comencé a gemir alocadamente (como siempre que voy a “terminar”), ella me tapó la boca introduciendo en ella lo primero que cogió con la mano: la blusa que se había manchado con el café.

Aunque yo ya había alcanzado el orgasmo, Sofia no paró de lamerme y chuparme la torta, era una hembra pertinaz, resistente en lo que hacía. Ya la mezcla de mis jugos y su saliva bañaban buena parte de sus mejillas y resbalaban entre mi ingle, empapando las sábanas, pero ella continuaba con la succión. Una, dos, tres, cuatro veces más me hizo explotar en oleadas orgásmicas, una tras de otra sin control, estremeciendo por completo mi cuerpo.

Por fin se cansó de las chupaderas y distanció su boca de mi sexo. Sin embargo, aún su dedo seguía enterrado en mi culo y fue entonces cuando éste entró en verdadera acción. Originalmente lo había metido hasta la mitad, pero fue deslizándolo, rápida pero suavemente hacia adentro, profundo, por completo, una y otra, y otra vez hasta casi alcanzarme el fondo de mi pelvis.

Confieso que muchas veces antes he hecho el sexo anal. No era la primera vez, es más, hasta perdí la cuenta de docenas de vergas que me han acometido por mi hoyito posterior. Sin embargo, no sé que tenía Sofia que solamente con un dedo me estaba llevando mucho más allá del placer que me habían proporcionado antes. Lo atribuyo a la excitación del momento, quizás o tal vez a la forma en que ella lo dirigía y que sabía exactamente qué puntos tocar dentro de mi recto para hacer que me desmoronara en un mar de deleites. En total me hizo alcanzar el orgasmo 8 veces en un lapso de cinco minutos. ¡Un nuevo récord para mí!.

Ella sacó el dedo de mi ano, visiblemente agotada por el esfuerzo y se desplomó en la estrecha cama. Aunque sabía que debía dejarla descansarse unos minutos, la excitación que tenía en mis adentros era tanta que no quería desaprovecharla: después no sería lo mismo. Tiré el trapo que tapaba mi boca y sin decirle nada la volteé boca abajo, le alcé las caderas dejándola en cuatro puntos y me apropié de su vulva, embistiéndola por detrás. Desde el primer contacto, mis mejillas y mi barbilla quedaron llenas de sus secreciones, que en ese momento ya eran abundantes; mi lengua profanó aquella intimidad cavernosa hasta lo más profundo. Mi excitación se multiplicó al millón al darme cuenta que, como mujer que ya había tenido hijos, su vagina era más amplia, y me permitía introducir buena parte de mi rostro por lo menos hasta la entrada y con mi lengua podía explorar mucho más dentro que lo que había hecho con mujer alguna.

A todo esto, Sofia era una gran muñecota blanca poseída por demonios de placer que convulsionaban su esplendoroso cuerpo y lo hacían estremecerse, gemir, y revolver las caderas como una loca, como nunca había visto a nadie disfrutar. Era tanto el placer que su cabeza parecía un péndulo des coordinado, instantes enterrado en las almohadas e instantes alzado y revolviéndose como negándose a creer la inmensa satisfacción que estaba experimentando…

– Mete tus dedos, mi amor, mételos!


dijo en un instante que sus gemidos se lo permitieron. Yo introduje un par de dedos dentro de su vagina, teniendo que disminuir la presión que mi boca ejercía dentro de su vulva…

– No, ahí no. -dijo- ¡en mi culo, mételos en mi culo! A diferencia del mío, su ano era más estrecho, más firme, menos “usado”. Por eso me costó un poco hacer que mi dedo índice penetrara hasta el fondo. Pero el estímulo de algo dentro de su recto fue haciendo que el esfínter aflojara poco a poco hasta que pude con menos dificultad, meter otro simultáneamente. ¿para qué voy a explicar con palabras lo que decía o como gemía locamente? … Cuantas veces se vino, no sé. Solamente me di cuenta que su vagina manaba caudalosamente un jugo hialino y ralo que prácticamente bañaba sus muslos y mi rostro.

Por fin, hasta el cuerpo joven y resistente de Consuelo tiene un límite y por fin cayó, impotente de mantenerse en cuatro, sudorosa y exhausta. Yo tenía un poco más de fuerzas, pero con lo que habíamos tenido bastaba para estar satisfecha. Caí recostada sobre aquella diosa blanca, colosal y ardiente. Mi “médico residente” hasta hace unos momentos y ahora, mi amiga, mi mujer, mi amante…

– ¿Sabes una cosa, Margarita? -me dijo
– ¿Qué? -pregunté
– Es mi primera vez.
– ¿En serio? Pues lo hiciste muy bien.
– Sí, Hugo y yo vemos películas XXX con frecuencia y allí he aprendido lo que te hice.
-¿Y desde cuando te gustan las mujeres? -pregunté.
– Bueno… Fíjate que al principio me repugnaban las escenas de sólo mujeres, después me eran indiferentes porque ya me había acostumbrado a verlas, pero luego hasta me gustaron, y la verdad es que nunca había sentido tanto deseo por una hasta que te conocí.
Ya me habían contado muchas cosas de ti y de lo que te gusta y por eso me atreví.

Las palabras que me dijo me hicieron reflexionar un poco sobre mi “popularidad”, pero sin llegar a la trascendencia de “debo cambiar mi vida un poco, o tengo que moderarme, bla, bla”, porque las siguientes palabras me sacaron de mis pensamientos…


– Y ¿sabes? No me arrepiento de haber hecho lo que hice hoy. He quedado completamente satisfecha, como nunca antes en mi vida, ni siquiera con mi esposo.

Eso era algo que he escuchado infinidad de veces y ni siquiera hice un comentario. Ella continuó…

– ¡Lástima que sea la última vez que lo hagamos!
– ¿Por qué? -pregunté sin encontrar alguna causa por lo que no debiéramos seguir esa relación.
– Entiéndeme, soy casada, tengo un hijo. Por el bien de mi matrimonio no debo seguir con esto.
– Está bien, como quieras. -hice una pausa-. Debo regresar a mi servicio. Ya deben extrañarme las enfermeras.
– Ok. Yo también.

Nos vestimos, tomé mi libro y salimos a nuestros respectivos lugares. Al volver, me esperaba Diana, la enfermera de la Observación Mujeres evidentemente disgustada…

– Por qué se tardó tanto, Dra.? -dijo en tono sarcástico, a pesar de ser buenas amigas.
– Porque tuve que hacer un “procedimiento de emergencia”, Srta. Alonso- contesté con la misma ironía.

Y me dirigí a seguir mis tareas. Diana me cogió por el brazo y me hizo girar el cuerpo hacia ella, mientras me señalaba amenazadoramente con un dedo…

– Mira, Margarita. Te conozco muy bien y sé que algo te traes entre manos. Tú me conoces también como soy y ten por seguro que si me estás engañando con un hombre les va a pesar a los dos.

Para aplacarla la empujé hacia el cuartito de baño y dentro le besé en los labios unos instantes y le dije en susurro…

– No seas tontita. Te juro que no te estoy engañando con ningún hombre.
– Más te vale

dijo un poco furiosa todavía y se largó. No pude menos que sonreír ante aquel suceso…

Ay, no sé porque a veces me gusta complicarme la vida…



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Me enganche a el y perdí la voluntad

Me enganche a él y perdí la voluntad *

Tenía 38 años, había salido de una experiencia amorosa y me vi con fuerzas de volver a vivir y recuperar el tiempo perdido.

Todas las noches iba de fiesta, copas, amigos, viajes, todo era nuevamente nuevo para mi después de los años perdidos viviendo con un cura acomplejado y frígido (no era cura, yo lo llamo así). Y la vida era fiesta.

Chico que me entraba riéndose, alegre o con copitas, pues me lo follaba donde fuera.

Me volví loca completamente y perdí el rumbo. Creía que controlaba mi vida, pero no fue así, una noche me presentan a un tio de casi 1,90 de estatura, fuerte, rubio, ojos azules mar, con cara simpática y muy alegre.

Y al mirarle el pantalón, notaba que tenía una buena polla, no grande, pero de las llamadas buenas. Aquella noche fuimos a mi casa y mi intención era sentarnos en el salón y charlar un poquito más.

El me cogió y casi me arrastra a la habitación después de pasar por otras estancias. Me tumbo, me arranco la ropa, si como suena, me arranco la ropa y cuando llego a el tanga ya que casi nunca llevo sujetador, las rompió.

Me levanto las piernas y se desabrocho la cremallera de los jeans, saco una polla que no era como yo imaginaba, era mas grande y me la metió entera bruscamente.

Me follo durante unos pocos minutos, luego me dio la vuelta sin mediar palabra y me la metió tipo perro, empujando como si le fuera la vida y cuando estaba a punto de correrse, me volvió a dar la vuelta y me la metió en la boca, le dije que eso no, que no y que no, pero la metió y se corrió dentro de mi.

Terminamos y le recriminé la dureza de el sexo, a lo cual el, me abrazo, me dijo lo rica que estaba, lo buena que era, el cuerpazo que tenía (me regaló los oídos), y empezó a besarme, la boca, incluso bebió parte de su semen que caía por mi boca, el cuello, los hombros, las tetas, mordisqueaba mis pezones y cada vez un poco mas fuerte y mi coño empezó a gotear de gusto, y me deje llevar nuevamente.

Bajo hasta mi coño y me lo comió entero, incluyendo pasarme la lengua por el culo y se recreo, casi una hora comiendo el coño y llego el momento, fue tal la corrida que tuve que chille y eso que jamas he chillado. Fue increíble, mayúsculo y bestial.

El caso es que entre risas y chorradas, se quedo a dormir, nos quedamos los dos abrazados tipo cuchara. A la mañana siguiente, después de despertar, me dio un beso de buenos días, y empezó a besar mis tetas y pezones y al momento me estaba comiendo el coño de una manera que me corri, yo creo que fueron 2 minutos si llego. Que corrida, que corrida. Alucinada me dejo.

Durante todo el día estuve pensando en él, en lo que había experimentado y no se como, me vi viviendo con el.

Follabamos todos los días, en una silla agachada, en una mesa tumbada, en la Cama, en la encimera de la cocina, era bestial. Solo me corria con su lengua. Era un genio. Y el tiempo fue pasando, pero el sexo cada vez era mas salvaje, mas brusco.

Y llego el día, en el cual planeamos una noche de un sexo controlado, o sea, planificado. Y si, empezamos bien, pero de repente, después de chupársela bien, me dio la vuelta y me la metió por el culo.

Empece a notar un líquido , no sabía que era, pero el dolor era muy fuerte y sentía algo que tenía detrás, cuando pude mirar después de correrse y querer que se la chupara, me negué hasta que se la lavara bien y que yo lo viera, me abofeteo y me la volvió a meter.
Me dejó sin dinero, sin llaves, sin conexión sin nada. Era alguien que estaba en una cárcel. Perdí mi voluntad, mi fuerza y me convertir en una mierda.
Luego vi que era sangre lo que me había echo por su agresividad. A partir de ese momento, todo fue sexo brusco y bofetadas si no lo hacía . Cuando llegaba a casa él , tenía que ir de rodillas a recibirle, bajarle los pantalones y chupársela fuera la hora que fuera.

Y el colmo fue, que una noche trajo a un amigo y tuve que chupársela delante de el, pero no contento con eso, me obligo a chupársela al amigo.

Se corrieron los dos y tuve que tragar todas sus corridas, las de los dos.

No era capaz de salir de allí, estaba enganchada y no era yo, no se, era un despojo hasta que llego un amigo a visitarme y mira como sería lo que vio, que me cogió y me metió en su coche.

Durante el camino, llamo a no se quien para que cambiara la cerradura de la puerta y así conseguí deshacerme de este hombre.


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Me encanta que los tíos se rindan ante mí

Me encanta que los tíos se rindan ante mí *

Como buena ama dominatrix que soy, os voy a relatar el polvo que eché el otro día con un esclavo de lo más servicial y obediente. Me encanta que los tíos se rindan ante mí, haciéndome caso en todo lo que les diga. Y es que no hay nada mejor que la sensación de sentirme poderosa durante una relación sexual, dando órdenes mientras la otra persona hace todo lo que yo quiero.

Puedo disponer de él o de ella, porque soy bisexual y disfruto tanto del sexo con hombre como con mujeres, a mi verdadero antojo, creando así una situación morbosa a más no poder.

Aquella noche conocí a un sumiso de primer nivel. Era un hombre bastante normal, pero estaba dispuesto a humillarse por mí todo lo que hiciera falta. Tras establecer un poco las bases de lo que queríamos el uno y el otro, nos dimos cuenta que juntos podíamos pasarlo muy pero que muy bien.

Así que en menos de una hora, aquel esclavo se presentó en mi casa preparado para cualquier cosa. Yo estaba cachonda como una puta perra, pensando en todas las cosas que le iba a hacer y a ordenar a aquel desgraciado….

En primer lugar, le dije que se desnudara y que saliera tal cual a mi balcón. Quería que todo el mundo viera a aquel tío desnudo en mi propia casa mientras yo me masturbaba observando la situación. Él, como es lógico, aceptó sin ni tan siquiera rechistar.

Así que ahí estábamos los dos: él completamente en pelotas y a la vista de todo el mundo, y yo dentro de casa y haciéndome un dedo por el morbo de la escena que estaba viendo. Oí algunos comentarios desde la calle, imagino que de gente sorprendida por ver a un tío desnudo saliendo al balcón. Aquello ya sí que me puso como una moto, y cuando me cansé de masturbarme yo sola, obligué a aquel muchacho a entrar de nuevo y a comerme el coño de lleno.

Yo no hacía más que insultarle y ridiculizarle, forzándole al mismo tiempo a que me satisficiera ahí abajo con toda la dedicación posible. De vez en cuando me daba por escupirle, mientras él se tragaba mi saliva y seguía comiéndome el coño sin parar. No había nada más placentero en este mundo que sentirme poderosa, pudiendo así manejar a aquel juguete sexual llamado hombre como me viniera en gana.

Después de una buena sesión de sexo oral,le dije a mi esclavo que tenía guardada una sorpresita para él. No contenta con ser dos personas en aquella escena sexual, le dije que dentro de unos minutos llegaría otro de mis esclavos para que, juntos los dos, pudieran dedicarse por entero a mí. Su cara era como un libro abierto, notándose que se había puesto a cien con lo que le acababa de decir.

Yo estaba en una nube, ya que no siempre era fácil encontrar una pareja sexual a mi nivel. Pero en esta ocasión, la cosa pintaba mejor que nunca.

En cuanto le dije a mi esclavo que le tenía preparada una sorpresita, su cara de satisfacción se hizo evidente al momento. Se le veía ansioso y expectante por la novedad que estaba a punto de experimentar. En ese mismo momento, sonó el timbre de mi piso, por lo que até a mi esclavo número uno a la pata de mi cama y me acerqué a abrir a mi esclavo número dos.

En efecto, tenía preparado un encuentro con dos esclavos para que ambos me obedecieran en todas mis órdenes. Estaba extasiada con solo pensar en la idea. Rápidamente, mi esclavo número dos llegó hasta mi casa y, tras cerrar la puerta, nos entregamos a un juego de roles y sumisión tremendamente apasionante…

Nada más llegar, obligué a que el esclavo número uno le comiera la polla al esclavo número dos. Ellos no eran gays, pero me moría de ganas de verles en acción y haciendo algo que no les terminaba de agradar. Yo no paraba de insultarles y de azotarles con mi látigo, exigiéndoles más velocidad en la mamada.

Cada vez que me miraban, les obligaba con un grito que apartasen la mirada y se fijaran el uno en el otro. Yo, por mi parte, no podía parar de tocarme el coño y masturbarme sin control alguno. Mi coñito estaba totalmente húmedo ante tal excitación, por lo que me fue tremendamente sencillo meterme un dedo y excitar mi clítoris hasta sentir más de un orgasmo repentino.

Ahora que ya había tenido suficiente espectáculo para la vista, decidí que era el momento de saltar a la acción y formar parte yo misma de la situación sexual. De modo que obligué al esclavo número uno a que me follara el coño mientras el esclavo número dos me follaba la boca. Podía sentir a aquellos dos hombres penetrándome sin parar, ofreciéndome placer por partida doble y de un modo morboso a más no poder.

Una auténtica delicia sólo apta para aquellas personas que disfruten de este tipo de juegos sexuales.
Yo no podía disimular mis gemidos de placer mientras daba instrucciones muy precisas a aquellos dos esclavos para que me follaran como es debido. Cuando quería que prestaran un poco de atención a mis tetas y juguetearan con mis pezones, una simple orden directa y seca era suficiente para que me satisficieran por completo.

Tanto es así que encadené un orgasmo detrás de otro. Yo siempre había sido una mujer multiorgásmica, pero lo de aquel día estaba suponiendo todo un récord en mi vida sexual. Les ordené que se corrieran dentro de mí para sentirme inundada por toda su leche espesa y caliente. Sólo con mis palabras, ambos explotaron al mismo tiempo, haciendo realidad mi fantasía erótica más secreta y excitante. Yo también les acompañé con un último orgasmo que me hizo estremecer de la cabeza a los pies.

Sin duda, aquellos dos esclavos se habían comportado muy bien y me habían obedecido en todo lo que les decía, por lo que la recompensa había sido tremendamente placentera para los tres.

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Algo nuevo ha despertado en mi

Algo nuevo ha despertado en mi *

Le contare una historia verídica y que me ocurrió hace 2 semanas, en primer lugar le diré que soy un hombre de 37 años felizmente casado y con 2 hijos y con una relación sexual con mi mujer de lo mas normal, limitándonos a 2 o 3 polvos semanales sin grandes complicaciones ya que mi mujer en este terreno a pesar de ser ardiente es muy reacia a según que cosas, por lo que muy de vez en cuando me chupa un poco la polla y nada mas.

volviendo al relato que nos ocupa hará como unas 2 semanas tuve que ir de viaje por cuestiones de trabajo a Madrid (yo vivo en Barcelona), allí estuve trabajando todo el día hasta las 8 de la tarde, cuando termine estaba bastante cansado por lo que me fui directamente al hotel que tenía reservado, para pasar esa noche allí.

Después de rellenar los papeles y que me dieran la llave de mi habitación subí hasta ella y entré. Me di una ducha y me puse un pijama para tumbarme a dormir cuando de pronto de la habitación de al lado empece a oír ruidos, los cuales eran mas que claros que eran de una pareja follando.

Me levanté y puse mi oreja en la pared pero no lograba oír con claridad, entonces vi que al lado de la puerta del lavabo había otra puerta, cuando me acerqué comprobé que en esa puerta se escuchaban mejor los sonidos, por lo que acerque mi oido a ella, al apoyar mi cara sobre esa puerta se entreabrió un poco (era de esas puertas que normalmente están cerradas y que comunican habitaciones), me quede paralizado porque supuse que la pareja que estaba follando me vería, pero no fue así.

Entonces vi que en la cama había un hombre de espaldas a mi que estaba metiendo su polla por detrás a la mujer, y se movía hacia delante y hacía atrás jadeando de placer, en un momento dado el hombre se la saco y le dijo …

— !Chupamela!,

lo que vi después me dejo sorprendido, no era una mujer a la que estaban enculando … era un hombre… el hombre de unos 50 años algo canoso, le cogió la polla al otro y comenzó a chuparsela, mientras el otro hombre que tendría sobre los 40 mas o menos le cogía la cabeza y le follaba la boca.

Uff, la verdad, mirando por la rendija de la puerta la visión que tenía me estaba poniendo cachondo, (yo hasta la fecha me había considerado heterosexual e incluso cuando en alguna película había visto alguna escena homosexual, no me gustaba nada), como iba diciendo me estaba poniendo cachondo y vi que en mi pijama se me había hecho una manchita de líquido.

Realmente estaba con la polla durísima, por lo que comencé a sobármela mientras miraba la escena que me brindaban esos desconocidos, de pronto el hombre que estaba siendo mamado por el otro le dijo que se iba a correr y empezó a soltar su semen en la boca del otro, el otro se lo trago todo y cuando hubo terminado de tragárselo sin decir nada, hizo que el que se acababa de correr se pusiera a 4 patas y se la metió por el culo no tardando nada en correrse.

Yo por mi parte me estaba pajeando furiosamente y acabé corriéndome casi al mismo tiempo que él, cayendo todo el semen en la puerta que tenía entreabierta, la cual acto seguido cerré antes de que se dieran cuenta.

Limpie la puerta de semen y me dispuse a dormir, lo cual no pude lograr ya que a mi cabeza solo me venían las imágenes que acababa de contemplar, tuve que masturbarme de nuevo pero esta vez lo hice metiéndome un dedo en el culo, lo que si bien al principio me picaba bastante, al cabo de un rato de tenerlo dentro me empezó a agradar, corriéndome casi tan bestialmente como cuando estaba viendo la escena.

Al día siguiente acabe el trabajo que tenía y regresé a Barcelona, pero durante todo el día tenía en mi mente la escena que había visto y una erección considerable, han pasado 2 semanas y sigo imaginándome que yo era uno de esos hombres y me excita bastante, no se si es que se ha despertado en mi una bisexualidad que tenía escondida o que es lo que me pasa.





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Mi hermana se estaba convirtiendo en una obsesión

Mi hermana se estaba convirtiendo en una obsesión *


Mi hermana comenzó a balancear su cuerpo a escasos metros de mi, la verdad es que el bikini blanco que se acababa de comprar le quedaba muy bien, aunque ella no se diera cuenta lo mejor era ver como sus enormes y perfectas tetas estaban a punto de desbordarse.

Las palabras tardaron en salir de mi boca

— Sí, sí, claro…te queda muy bien

— Que sosos sois los tíos con la ropa, ¿eso es lo único que se te ocurre decir? Date la vuelta que me voy a poner el otro que he comprado.

No, por favor, deseé salir de la habitación lo antes posible. No se que me pasaba, pero desde hace un tiempo no podía evitar mirar a mi hermana menor como si fuera algo más que mi hermana, se estaba convirtiendo en una obsesión…

Giré la cabeza escuché como Claudia (así se llama ella) se quitaba la parte de arriba del bikini y poco después como la braga se deslizaba por sus piernas. Mi hermana, desnuda, abrió el cajón para buscar el otro bikini. Yo no la podía mirar directamente, pero la situación era muy excitante ya que mi mente no paraba de imaginarse como sería el cuerpo de Claudia sin ropa.

— Ya puedes mirar

Estaba tremenda, no sabía que era mejor, si sus tetas o su culo duro y respingón, además hace poco se había hecho un tatuaje en la espalda que le quedaba de maravilla.

Saqué fuerzas para hablar…

— Venga ya Claudia sabes que a los hombres no se nos da bien eso de hablar de ropa, te queda perfecto y ya está, ¿qué más quieres que te diga?

— Venga vaaaale te dejo en paz, te libero que voy a hacer las maletas

Esperé a que se diera la vuelta para salir de la habitación, pues tenía una erección tremenda y estaba seguro de que se iba a dar cuenta si me veía el pantalón.

Cuando llegué a mi cuarto me tumbé en la cama y me puse a pensar. Esa misma noche salíamos rumbo a la casa de verano de mis padres en el sur de España, nosotros vivimos en el norte, por lo que el viaje en tren se presentaba largo y tedioso, pero lo peor era que mi hermana y yo íbamos a viajar juntos en un coche cama, en el mismo compartimento.

Desde hacia varios meses no me quitaba a Claudia de la cabeza. Era tan…perfecta, no solo por su cuerpo, también por su forma de ser, simpática, agradable, lo tenía todo. Todavía me acuerdo cuando hace tres meses me confesó que estaba saliendo con un chico del colegio y me pidió consejo sobre como decírselo a mis conservadores padres.

No puedo ocultar que me dio un ataque de celos tremendo, casi como el que me dio cuando hace dos semanas volvió a casa a las 10 de la mañana. Después me dijo que había pasado la noche en casa de su novio y había perdido la virginidad. Casi pierdo los papeles.

Mi polla seguía durísima, me llevé la mano hacia ella y empecé a acariciarla pero no…Era mi hermana.

Subimos al tren al anochecer, el viaje nos llevaría hasta las 9 de la mañana del día siguiente, íbamos en clase turista y cuando entramos al compartimento vimos que había dos literas y un minúsculo cuarto de baño. Justo antes de partir entró una tercera persona al cuarto, era un hombre de negocios que debería rondar los 50 o 55 años, nos saludamos rápidamente, mi hermana me miró con cara de chasco al ver que tendríamos que compartir compartimento pero la verdad es que yo me alivié bastante, así por lo menos no pasaría la noche a solas con mi hermana.

Fuimos a cenar al vagón restaurante, a pesar de que conocía el efecto que producía el alcohol en mi hermana ella se empeñó en pedir un vino que acabó siendo bastante «peleón» y le provocó un ligero achispamiento, yo por mi parte no paraba de mirar el top blanco que se había puesto esa noche, como le sentaba dios…ante el resto del tren podríamos pasar por una pareja de novios más, pero éramos hermanos….

Pagamos la cuenta y entramos en el compartimento riéndonos y bastante bebidos, ni nos acordamos de que compartíamos el vagón con otra persona, por suerte estaba dormido y roncaba bastante. Me subí a la litera de arriba y me quedé en calzoncillos para dormir.

— No hagas ruido o le despertaremos- le dije a mi hermana señalando al hombre

— Pues todavía tengo que cambiarme

Estuve a punto de decirla que lo podía hacer en el baño, pero como vi que se desabrochaba el botón del pantalón preferí callármelo. No me lo podía creer, ¿estaría tan bebida que no se daba cuenta que estaba yo delante?

Se bajó los pantalones y dejó ver sus largas piernas y unas braguitas de esas de «hello kitty» que me provocaron una tremenda excitación, a continuación se quitó el top y lo mejor de todo, el sujetador. Aunque estaba de espaldas pude apreciar el contorno de sus blancos y perfectos pechos. Cuando menos lo esperaba se dio la vuelta y quedó de frente a mí.

— ¿Qué pasa, que no has visto nunca a una chica desnuda?- dijo mientras miraba mi entrepierna

Fue entonces cuando me di cuenta que tenía una erección inmensa, había levantado una auténtica tienda de campaña en las sábanas de la cama.

Con una sonrisa irónica Claudia se puso una camiseta, apagó la luz y se metió en la litera.


Fue luego por la noche cuando me di cuenta del error que había cometido, ¿qué pensaría Claudia de mí? ¿En que cabeza cabía que alguien pueda tener una erección con su propia hermana?

Entre los ronquidos del otro pasajero y la excitación (mi erección todavía duraba) no lograba conciliar el sueño. Miré el reloj y vi que ya era la una. Supongo que tendría que resignarme a pasar la noche en vela, entre el calor, el traqueteo del tren y mi hermana durmiendo medio desnuda en la litera de abajo.

Con cuidado para no despertar a Claudia ni al otro pasajero bajé de la litera y fui al baño. Antes de mear tuve que echar una buena cantidad de agua fría sobre mi rabo para bajar la erección.

Cuando me disponía a subir a la litera mi hermana, a la que creía dormida, habló:

— ¿Todavía estás despierto?

— Sí, debe ser por el traqueteo de las vías o por los ronquidos del viejo ese, pero no consigo conciliar el sueño

— Yo tampoco

Oí como su cama crujía y como bajaba de la litera para sentarse en mi cama

— ¿Puedo tumbarme un rato contigo?

— Sí, claro

La hice un sitio y se acostó a mi lado, de espaldas a mi, su culo rozó durante un segundo mi polla, permanecimos unos minutos así, yo veía su cuerpo moviéndose por su respiración, la tenía a escasos centímetros de mi, olía maravillosamente bien. De repente su culo se puso directamente en mi entrepierna.

Empecé a sudar, se me secó la boca, sabía que iba a pasar, mi polla no atendía a razones y empezó a crecer ante el tacto de ese redondo y durísimo culo, mi rabo llegó a colarse por la raja de su trasero. Pasaron unos segundos en los que recé porque se hubiera quedado dormida, pero de pronto noté que empezaba a mover su culo acariciando con él la punta de mi polla…

— ¿Parece que los dos estamos algo excitados hoy, no?- dijo Claudia

Mi corazón se desbocó, no solo estaba despierta sino que estaba masajeando mi polla con su culo. Yo estaba en la gloria y había perdido todo prejuicio, ni me importaba que fuera mi hermana ni que pudiera cometer un incesto, ni que nos pudiera oír la otra persona del compartimento, simplemente me dejé llevar. Cuando estaba a punto de bajarle las bragas se dio la vuelta y quedamos frente a frente.

— ¿Tu también quieres hacer lo que vamos a hacer verdad?

No hizo falta contestarla, los dos nos desnudamos y tiramos la ropa al suelo del vagón, estábamos a oscuras pero pude apreciar el cuerpo más bello que había visto nunca, unos pechos ni muy grandes ni muy pequeños, simplemente perfectos, se había hecho un piercing en cada uno de los pezones, que estaban durísimos, tenía el chochito arreglado, solo se había dejado una estrecha franja de vello. La situación estaba al rojo vivo, cuando nuestros labios se rozaron nos dimos enseguida un beso con lengua salvaje, los dos habíamos deseado este momento durante mucho tiempo…

— Quiero que me folles, que me folles duro, ¿me has oído hermanito?

Me puse encima de ella a pesar de que mi espalda rozaba con la litera de arriba, me sumergí en sus tetas y comencé a mordisquear sus pezones lo que arrancó sus primeros gemidos, por suerte el otro pasajero roncaba y el traqueteo del tren tapaba nuestros ruidos. Llevé mis dedos a su coñito y me quedé asombrado de lo húmedo y caliente que estaba, sus flujos ya se desparramaban por sus muslos y por las sábanas, aproveché para meter un par de dedos que hicieron que mi hermana arqueara la espalda de placer

— Quiero que la metas ya- susurró en mi oído

Guié mi polla hasta la entrada de su cueva y de un golpe se la metí, provocando sus quejidos, empecé a follarla sin pausa, nunca la había metido en una vagina tan estrecha, se notaba que mi hermana todavía no había follado muchas veces, las paredes de su coño aprisionaban mi polla en cada penetración. Los gemidos, bajos al principio, fueron subiendo de volumen a medida que mis embestidas se hacían más duras y rápidas, noté como sus uñas me arañaban la espalda, estaba a punto…un manantial de flujo salió de su coño y se corrió, tuvo que morderme en el hombro para no gritar de placer y despertar a todo el tren. Le quité el pelo de la cara y nos miramos fijamente mientras ella se corría apurando la máximo el orgasmo que le acababa de brindar y susurrándome que se la siguiera metiendo con más fuerza.

Cuando se hubo recuperado la volví a follar, los muelles de la cama rechinaban pero me daba igual que se despertara nadie, estaba disfrutando de algo por lo que había esperado muchísimo tiempo.


Mordí el lóbulo de su oreja derecha y susurre al oído lo mucho que quería tirármela, las veces que la había observado desnuda, las erecciones que me había provocado y que ahora era mía y no iba a parar de follarla siempre que quisiera. Mientras se corría por segunda vez y yo la continuaba penetrando ella me dijo que también lo había pensado, que no era tan inocente como pensaba y que se había dado cuenta desde hacía mucho tiempo de las miradas que le echaba.

Yo estaba a punto, había resistido bastante no podría aguantar más y a los pocos segundos me corrí lanzando tres, cuatro hasta cinco chorros, una cantidad absurda de esperma en lo más profundo del coño de mi hermana que alcanzó un último orgasmo al sentirse repleta de mi leche.

Mantuve mi pene dentro del coño de Claudia hasta que mi polla se quedó flácida y la saqué, provocando que el coño de mi hermana chorrease lefa en las sábanas. No me podía creer lo que acabábamos de hacer, estábamos los dos sudando y agotados después de haber follado tan duramente y en una posición tan incómoda, ella se abrazó a mi cuello y no me dejó quitarme de encima suyo.

Miramos al pasajero que iba con nosotros en el compartimento, estaba oscuro y no podíamos ver si seguía dormido, lo cierto es que había dejado de roncar cuando comenzamos a follar.

— ¿Crees que le hemos despertado?- susurré a Claudia

Mi hermana agarró mi polla y la fue guiando hacia lo más profundo de su coño mientras el tren avanzaba en la noche



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Después de mi divorcio me sentí muy solo

Después de mi divorcio me sentí muy solo *

Todo empezó cuando en mi desesperación en solitario, compré en una revista, una vagina de plástico, donde predominaba un agujero que hacia funciones de chocho y ayudaba a pasar las noches de soledad.

Aunque en realidad no es un culo, sino un coño y no es de goma si no de silicona, me costo casi 150 euros.
Lo he utilizado pocas veces y es que tengo que estar muy caliente para satisfacerme con él porque tengo todo un ritual para utilizarlo, aparte está el hecho de que como tengo una polla más gruesa de lo normal me cuesta un poco meterla y algunas veces me hago daño.

El culo de goma es básicamente el trasero de una mujer visto desde atrás, sin el orificio del ano y con una vagina o chocho con los labios muy marcados.

Me hubiese encantado comprarme una muñeca de silicona, las hay preciosas y no son tan caras como uno piensa, sin embargo el miedo a que la mujer de la limpieza (61 años) que visita mi casa cada dos semanas la viese me echa bastante para atrás.
El culo de goma lo tengo escondido en un baúl con candado, en un pequeño cuarto que utilizo como trastero.

Vivo en un pueblo cerca de Madrid en un piso de 120 metros cuadrados, estoy divorciado desde hace un año, mi afición a la silicona con forma de mujer empezó justo dos meses después de divorciarme.
Y es que en la empresa en la que trabajo, hay 25 mujeres y solo tres hombres en plantilla.

El que no ha tenido una mujer como Jefa, no puede darse una idea del morbazo que puede llegar a darte este hecho.
Mientras estaba casado, mi apetito sexual estaba totalmente cubierto, cada dos días como máximo cumplía con Sonia mi Ex-mujer.

Desde novios le encantaba follar conmigo, y es que la mayoría de los hombres pensamos que el tamaño importa, algo que no voy a discutir, sin embargo lo que hace gozar de verdad a una hembra es el grosor de tu polla.
Si la tienes pequeña independientemente de su grueso, se saldrá más veces en según que posiciones y eso es una molestia cuando estás en plena faena, para ellas y para nosotros.

Aunque me gustaba que Sonia me chupase la polla, no lo hacía casi nunca, la excusa que ponía era que se podía hacer daño en la boca, porque tenía que abrirla más de lo normal.
Nuestro divorcio fue por culpa de la directora de mi empresa, con la cual tuve que ir en dos ocasiones a la central en Barcelona y quedarme durante dos semanas en un hotel.

Nunca me folle a Nuria, una atractiva divorciada de 49 años con dos hijas y no fue por falta de ganas por mi parte, si no porque en ningún momento se dio una ocasión que fuese favorable.
Y es que Sonia era muy celosa, y se pensaba que me la follaba en Barcelona, así que sus celos me devolvieron a la soltería.

En mis primeras semanas como divorciado me fui de discotecas para darme cuenta de que en muy pocos años había cambiado ostensiblemente la forma de buscar pareja y que en estos ambientes un tipo con 35 años equivale prácticamente a un hombre de la tercera edad.

Me apunté a varias web de citas online, pero las tres mujeres con las que quede estaban enamoradas del amor, por lo tanto buscaban un príncipe azul, y yo no he sido nunca especialmente romántico.

También pensé en recurrir a la prostitución, pero cuando uno ha ido a un prostíbulo de Madrid o de Barcelona, se espera algo mucho más serio que lo que se ve en una casa de citas de carretera en Extremadura.

Ahora que he mencionado Barcelona, diré que nací allí y me vine a vivir aquí a Madrid cuando me case con Sonia.
Allí dejé a mis Padres y a mi hermana, mis padres son de Córdoba y mi hermana al igual que yo nació en Barcelona.
Mi hermana acaba de cumplir 25 años hace muy poco, por cierto Laia no ha tenido demasiados trabajos, y los pocos que ha tenido no le han durado mucho más de una semana.
Es antisistema y también en independentista, en casa de mis padres estaba prohibido hablar de política, porque Laia siempre acababa insultando y llamando “Fachas” a los que no eran independentistas como ella, caso de mis padres y de mi mismo.

Mi padre estuvo siempre muy bien relacionado con la Policía Autonómica y gracias a ello fue avisado de que mi hermana estaba empezando a ser muy vista en las quemas de banderas francesas y españolas.

Su amigo de la policía le comento que solo era cuestión de tiempo que su hija fuese detenida, de hecho tenían fotografías de mi hermana quemando libros de la Constitución Española y banderas a cara descubierta.
Así que le aconsejaron a mi padre que mi hermana desapareciera por un tiempo de los ambientes secesionistas, mejor aún si abandonaba durante un tiempo por prudencia la comunidad autónoma en la que vivía.

Mis padres lo primero que hicieron fue pensar en mi como es lógico, me hubiera podido negar si estuviese casado, pero no era el caso.

Cuando llegó mi hermana a Madrid, hacía tiempo que me había masturbado ya pensando en todas y cada una de mis compañeras de trabajo, ese era mi nivel de fogosidad.
Pero cuando estaba especialmente excitado, situaba el culo de goma encima de la mesa, me llenaba la polla de lubricante con base de agua y la metía pensando en Anna, mi compañera de trabajo.

Anna, me recordaba a Bridget Jones en sus tiempos más redondos, en los que había acumulado más peso, su cara y su trasero eran lo que más me atraía de ella. Su cara era una mezcla de inocencia y picardía, o por lo menos era lo que me hacía sentir a mi.

Y era de esas personas que cada dos por tres tienen un problema con el ordenador, por lo que siendo yo el informático de la empresa, hizo que acabáramos conociéndonos muy bien.

Cuando estaba con ella en su despacho me calentaba de sobremanera y cuando llegaba a casa tenía que recurrir al culo de goma, el cual dejaba desbordado de leche. Cerraba los ojos y pensaba en el culo de Anna, y así empezaba mi mete y saca en la mesa.

No me atrevía a quedar con ella, aunque la notaba receptiva, primero por miedo a una posible negativa y segundo por el famoso refrán…

— “donde tengas la olla, no metas la polla” .

Así que yo vivía feliz en mi conformista e imaginario mundo de sexo hecho de silicona, hasta que apareció mi hermana.

Mi abuelo tenía la teoría, que yo siempre he considerado una verdad absoluta, de que una mujer con muchas tetas, tendrá poco culo y viceversa.

Para ser claros, en una mujer no podías disfrutar nunca a la vez de un poderoso culo y unas pechos generosos, o era una cosa o la otra, por ello el hombre debía renunciar a una cosa o a la otra.

Mi hermana era del grupo en el que la naturaleza le había hecho crecer mas las tetas y con lo delgada que estaba parecía estar operada.
Cuando llego a casa me hice a la idea de que mis sesiones de pajas se habían acabado hasta que no se fuese, y que me tendría que masturbar en mi triste lavabo.

La habitación en la que iba a estar mi hermana, tenía su propio cuarto de baño por lo que no necesitaría salir de su habitación para hacer sus necesidades o ducharse.
Mis padres prácticamente la habían obligado a quitarse las rastas y a vestir un poco mejor, acostumbrado a las pintas que tenía cuando visitaba a mis padres en Navidad, su look ahora era algo más moderado.

Para “celebrar” que había venido esa primera noche fuimos a cenar a uno de los dos únicos restaurantes diferentes de la localidad donde resido.
En esa toma de contacto, me di cuenta de lo radicalizada que estaba en prácticamente todos los aspectos de su vida.
Para comer mi hermana pidió una ensalada y yo una tabla de embutidos.
Cuando trajeron los platos, miro el mío indignada y dijo…

— Carles, has pensado en lo mucho que sufren los animales para que tu tengas ese plato encima de la mesa.
— Laia, soy un hombre y los hombres no podemos hacer más de una cosa a la vez, no tengo posibilidades de pensar y comer a la vez -. Le conteste yo jocosamente.
— Parece que consideras gracioso el sufrimiento ajeno, Carles.
— Laia, recuerdo que hace dos años te encantaban los Doner Kebab.
— Carles, eso es el pasado, ahora soy vegana.
— Laia, disfruta de tu comida y respeta que yo no sea vegetariano.

La conversación me puso de muy mala leche, no volvimos a hablar hasta que llegamos a casa.
Le pedí por favor a mi hermana que fuese más comprensiva con los que no piensan como ella, que deseaba mucho que disfrutara de su estancia aquí conmigo, y que la echaba de menos más de lo que ella pensaba.
Me miró con una sincera sonrisa para darme un beso en la mejilla y me deseó buenas noches.

Al otro día en el trabajo mientras desayunaba con Anna en el comedor de la empresa, salió en la conversación que había venido mi hermana a vivir un tiempo conmigo y que era vegana.

Anna se alegró y me propuso que fuésemos a su casa a que nos cocinará en plan vegano, ya que durante un tiempo tuvo que hacer una dieta estrictamente vegetariana y había aprendido mucho sobre el tema.

Al final quedamos en que traería la comida a mi casa y cenaríamos el viernes por la noche con mi hermana.

Y llegó el viernes, la casa de Anna está a unos 300 metros de la mía, así que a las 8 de la noche me llamó para que pasase por su casa a recoger la comida.

Cuando abrió la puerta, me lleve una grata sorpresa viendo lo mucho que se había arreglado para una simple comida casera, ni siquiera en las comidas de empresa la había visto tan atractiva, aunque lo que mas me gusto fue cuando la seguí por el pasillo hasta la cocina.

Se había puesto unos pantalones de licra que le marcaban mucho el trasero, ese culo con el que me había pajeado imaginándolo más de 100 veces.

Pero la guinda del pastel fue cuando se agacho sin doblar las rodillas par recoger unas bolsas con botellas del suelo de la cocina, tuve una panorámica de sus deseados glúteos que casi me hacen perder los estribos.

Por unos segundos pasó por mi cabeza, abalanzarme sobre ella, romperle los pantalones y follarmela en el suelo de la cocina.

Sin embargo, lo único que tenía era una erección que me tape con una de las bolsas que debíamos llevarnos.

De camino a mi casa, me puse a andar a su lado, ya que si me hubiese puesto detrás, mi polla no hubiese dejado de estar dura, y la verdad es que me dolía bastante porque los pantalones no eran demasiado holgados.

Cuando llegue a casa hice las presentaciones, mi hermana se había puesto una andrajosa camiseta en la que se veía una estelada y en la que se leía en inglés… Nuevo estado en Europa, o algo parecido.
Anna que durante el trayecto entre su casa y la mía se veía muy animada y alegre, había cambiado al ver a mi hermana, y ahora la percibía algo menos risueña.

A pesar de lo muy carnívoro que siempre he sido, debo admitir que la comida estaba muy buena, Anna es una cocinera excelente.
Fue una cena en la que hablamos sobre todo de trabajo, creo que Laia se vio algo desplazada, aunque Anna intentaba que no quedará excluida de la conversación preguntándole sobre su vida.
El conflicto llegó cuando después de los postres, empezamos a beber, Anna había comprado una bebida alcohólica africana llamada Amarula, que entraba muy bien con unos hielos, ya que era como un Baileys muy suave, y era esa suavidad dulzona la que te daba la engañosa sensación de que no se te subía a la cabeza.

Cuando ya llevábamos 2 botellas de Amarula e íbamos para la tercera, se me ocurrió la estupida idea de poner la televisión para buscar algún programa en el cual hiciesen música, tipo MTV.

En eso que Anna me comento que nos habíamos quedado sin hielo, y nos fuimos los dos a buscar hielo a la cocina.
Cuando volvimos, mi hermana había cambiado el canal y estaba viendo el canal internacional de Cataluña.
En el estaba hablando el actual presidente de la comunidad autónoma donde nací, el mismo que tiene un peinado de fregona.

Pusimos el hielo encima de la mesa y le pedí por favor a Laia, que cambiase el canal ya que Anna no entendía el catalán.

— Pues debería aprenderlo, es cultura-. soltó mi hermana sin cortarse un pelo.

Anna se lo pensó un poco y nos dijo que estaba cansada, que se volvía a casa, que había sido un placer estar con nosotros.
Anna es una persona que huye siempre que puede de las situaciones conflictivas.

— No te preocupes, Anna, ya me voy yo a dormir, parece que los catalanes y su lengua ,te molestamos.

Anna cogió su chaqueta y se preparó para salir de mi casa y contesto a Laia…

— Laia, creo que fue vuestro “Muy Honorable” Pujol, el que decía que hasta la tercera generación nacida en Cataluña, no eras catalana, y si mal no recuerdo tus padres son Andaluces, eso ¿En que te convierte?.

Antes de que Laia pudiese contestar, salió por la puerta.
Ahora ya sabía que las dos eran como perros y gatos, nunca se llevarían bien.
Yo le dije a mi hermana muy enfadado que ya hablaríamos, y salí disparado detrás de Anna.
Cuando la encontré 50 metros más adelante, me pidió disculpas y me dijo que no pudo reprimir contestar a mi hermana.
Y pidiéndole que me guardase el secreto, le explique el porque mi hermana estaba aquí conmigo.
Anna me preguntó cuál era mi posición en estos tema.

— Anna, creo que a falta de uno, se tendrían que hacer dos referendums, uno para preguntarles a todos los españoles, sobre si deseaban cambiar la constitución para permitir la independencia de las comunidades autónomas y si salía un Si, modificarla y preguntarle a todas las comunidades si se quieren separar o No, eso sería lo más democrático, todo lo demás son ilegalidades y estupideces.

— Carles, tienes toda la razón, pero dejemos el tema, no nos lleva a ningún lugar, por cierto ¿Quieres tomar un café o alguna copa más de Amarula?.

De alguna manera, me sentía obligado a estar con ella, mi hermana se había comportado groseramente con ella, así que asentí y entré en su casa,
Nos sentamos en el sofá y Anna puso la radio, una emisora en la que ponían musica de los 80.

— Anna, nunca hubiese dicho que cocinaras tan bien la comida vegana, hoy he disfrutado, pese a ser carnívoro.

— Carles, cuando deje de salir con mi novio, también dejé de fumar, la pequeña depresión o grande según se vea que tuve y el no fumar, me hicieron coger bastante peso y la nutricionista que visite me aconsejo, que cuando estuviese deprimida o estresada optara por comida vegetariana.

— Anna, no te imagino deprimida.

— Pues lo he estado, Carles.

Estuvimos unos minutos mirándonos y esperando a que el otro hablara o hiciese algo.
Opte por romper el silencio.

— Estoy muy bien, aquí en Madrid, pero para ser sincero, me siento muy solo, no he conectado con nadie aquí.
La pregunta que me hizo Anna, me dejó descolocado, es más tuve que asimilar, porque no creía que me la estuviese haciendo.

— Carles, ¿cuánto hace que no follas?.

Me quedé planchado, porque no sabía si era una invitación o una pregunta.

— Desde que me divorcie, Anna.

— Nunca hubiese pensado que llevases tanto tiempo, Carles.
— Y tu cuanto llevas sin hacerlo, Anna.
— Más o menos, el mismo tiempo que tú, Carles.

Mientras me miraba a los ojos, sentí su mano en mi entrepierna y enseguida note como me bajaba la cremallera y liberaba mi polla.

Mi polla empezó a crecer, pero debido a lo mucho que habíamos bebido no terminaba de estar a plena potencia.
Anna lo noto y me bajó los pantalones, me miro a los ojos y me pregunto…

— Carles, ¿Crees que has conectado conmigo?.

No conteste, y ella bajó la cabeza y comenzó a hacerme la mamada de mi vida y yo me deje hacer.

En cuanto, note la humedad de su boca en mi glande, mi polla empezó a aumentar su tamaño, no dejó ni un solo milímetro de mi pene sin ser lamido y mientras me acariciaba los testículos, cuando terminaba de comerse el tronco de la polla, volvía a la cabeza de mi polla y la chupaba con fuerza.

Se puso cómoda, yo empecé a pensar que dejaría de chuparmela porque ya estaba a tope y le molestaría metérsela en la boca, y se sentaría encima de mi o me diría que me pusiese encima de ella y me la follase,

Pero, no, después de 5 minutos estaba a punto de correrme y con la mano hice el ademán de que se quitara que me iba a correr.
Cual fue mi sorpresa cuando ignoró la señal y cuando notó que empezaba a salir semen, empezó a tragarlo sin ningún tipo de problema, cuando pensé que no me quedaba nada dentro pegó un último chupetón, que me hizo salir un poco más, la sensación era como si yo fuese una piscina y me estuviera vaciando y cada gota que se perdía te produjese un placer más fuerte que el anterior.

Se levantó y me miró a los ojos…

— ¿Crees que todavía estas solo, Carles?…

No me atrevía a contestar después de lo que había pasado, y menos aún no estando sobrio y con los pantalones bajados.

— Será mejor que te vayas a casa, esto es como un pueblo y si te viesen salir de mi casa sin haberte visto entrar mañana por la mañana , lo mínimo que me llamarían las cotorras del barrio es Puta y mis padres viven a 500 metros, Carles. Este vecindario conocen a mis padres de muchos años y a mi también.
Me gustaría mucho que te quedaras, pero es lo que hay, mándame un Whatsapp en cuanto te despiertes.

Anonadado por todo lo que había sucedido y cuando me di cuenta estaba en la puerta del pasillo a la calle de la casa de Anna dándonos un buen beso con lengua.

Cuando me acosté en mi cama eran alrededor de las tres de la mañana, me costaba mucho dormirme, no acababa de olvidarme de la extraordinaria mamada de Anna, pero seguía pensando en su culo.

Acabe llegando a la conclusión de que con una paja no tendría suficiente para calmarme y poder dormirme, así que decidí ir a buscar mi culo de goma.

Salí en calzoncillos por el pasillo, estaba muy empalmado pensando en Anna y en lo que iba a hacer ahora.
Pase por delante de la habitación de mi hermana, que está al lado del cuarto trastero, la puerta de mi hermana estaba abierta de par en par, pero debido a la oscuridad no pude verla.

Entre en el trastero y abrí la caja con la llave del candado, haciendo el menor ruido posible, tuve la precaución de meter el culo de goma en una bolsa del Super, no fuese a ser que mi hermana me pillase en el pasillo con semejante cosa en las manos.

Llegue a mi habitación sin problemas, embadurne de lubricante a mi polla y en la mesa del escritorio puse el culo de Goma, me folle en mi imaginación a Anna y su apetecible culo.

Aunque no tenía mucha leche, debido a que Anna me había ordeñado la polla antes y se había bebido casi todo mi semen, tenía que limpiar el culo de goma antes de guardarlo.

Con Laia por la casa no me atrevía a dejarlo en algún cajón y correr el riesgo de que lo viese, de pequeña a Laia le gustaba mucho registrar las habitaciones.

Fui al lavabo del pasillo, encendí la luz y haciendo el mínimo ruido limpie el culo de goma, cuando acabe lo metí en la bolsa del Super.
Antes de apagar la luz del lavabo, eche una mirada a la habitación de mi hermana, que con la luz que salía del lavabo se veía en penumbra.
Me pareció ver que se había destapado y que dormía desnuda, pero no lo podría asegurar.
Fui al trastero y guarde en el cajón el culo de goma.

No tarde mucho en dormirme, me levanté a las 3 de la tarde con mucha sed y un principio de dolor de cabeza, que afortunadamente no se parecía en nada a una resaca, así que comí algo y me tomé un par de aspirinas, por si acaso.
Estaba cansado, aunque no tenia mas sueño, así que decidí tomarme un Red Bull y ducharme.

No había visto a Laia, me preguntaba qué habría comido este mediodía, mire en su habitación, la puerta de su lavabo estaba cerrada, seguramente se estaba duchando, así que aproveché para ir al del pasillo.

Cerré la puerta con el pestillo y me quite la ropa, aproveche para echar una meada, no me gusta soltar la meadilla mientras me ducho, lo veo anti-higienico.

Mientras me la sacudía, se me empezó a poner morcillona, recordando la boca de Anna y lo bien que me había comido la polla.

Aprovecharía la ducha para masturbarme, así que con mis alrededor de 16 centímetros me dispuse a entrar en la bañera para ducharme.

La sorpresa fue de campeonato, tanto para mi hermana como para mi, cuando abrí la mampara de la ducha, mientras estaba dándose un baño se había quedado dormida escuchando música en la bañera.

Para imaginarse la situación, mi hermana tan relajada que se había quedado dormida y se despierta con una gruesa polla en plena erección a menos de 15 centímetros de su cara.

Nunca había visto a mi hermana con los ojos tan abiertos, tampoco la había visto nunca mirándome el pene con tanto detenimiento.
Cuando me recupere del susto, intente taparme la polla con las manos, gesto más bien estúpido, ya que no conseguí tapar nada.

— Menuda trempera tienes, Carles-. exclamó mi hermana entre sorprendida y sarcástica.
— Laia, que haces en este lavabo, tienes uno en tu habitación.
— Es que me apetecía un buen baño relajante y mi lavabo solo tiene ducha,Carles.

Pensé en una toalla para taparme la polla, así que cogí la que tenía preparada mi hermana para secarse.

— Sabes, hermano mío, que necesitare la toalla para secarme.

Y diciendo esto se levantó de la bañera, fue inevitable que le mirara los pechos a mi hermana, parecía extraño que una chica delgada como ella tuviese tanto pecho y aun mas extraño es que fuese sin operación, los pezones no eran excesivamente grandes y se adivinaban firmes, mojados como estaban se veían muy deseables, tanto como para que cualquier hombre hundiese su cara entre ellos.

Me di cuenta de que llevaba demasiado tiempo mirándole las tetas a mi hermana, en el momento que soltó sin ningún atisbo de vergüenza…

— Son de tu agrado, hermanito.

Y se empezó a reír.
Saco una pierna de la bañera y me aparte, en el mismo momento que me alejaba de ella para que pudiese salir, me quito la toalla.

— Carles, parece que la trempera no baja, ¿Crees que con agua fría conseguirás algo?.

Comenzó a secarse el pelo con la toalla y a mi se me fueron los ojos al matojo de pelo que tenía entre las piernas, Laia no tenía depilado el coño, aunque tenía un atractivo triángulo, eso sí se percibía muy espeso y revuelto.

Para que no me pillara mirando como hizo, cuando le mire las tetas sin querer, deje de observar, recogí mi ropa y me fui a mi habitación, no sin antes decir que me iba, a lo que contestó mi hermana con un escueto…

— Como quieras, hermano.

Ya en mi habitación, cuando iba a vestirme con la puerta cerrada, note como me pulsaba la polla, es como si tuviese el corazón en ella, me daba la sensación de que con cada pulsación mi pene se movía, así que lo mire para cerciorarme de que era más una imaginación mía que una realidad.

Aunque puestos a ser sinceros, la erección no había bajado ni un ápice, seguía mi polla dura como una piedra y no estaba pensando en Anna.

Sin llamar a la puerta entró mi hermana en mi habitación, su única vestimenta eran unas zapatillas de ir por casa.
Se quedó al lado de la puerta y dijo con todo el descaro del mundo…

— Carles, parece que la españolita es una calienta-pollas, me gustaría saber que no te dejo hacer ayer…, eso sigue sin bajar.- me dijo señalando mi pene, con una sonrisa de triunfo, como las de nuestra infancia cuando sabía que me iba a ganar a algún juego.
— Laia, por favor sal de mi habitación, no es correcto que los dos estemos desnudos, somos hermanos.
— Sabes, Carles, en el piso en el que estábamos de Okupas, mis amigas y yo los sábados y los domingos eran días nudistas, solo nos vestíamos para salir a la calle.
— Pero esta es mi casa.- Le conteste.
— En una familia sana, ir desnudo no debería ser problema, Hermanito ¿Tienes algo que esconder?.
— Vete de mi habitación, Laia, Por favor.- le conteste muy enfadado, lo peor de todo es que mientras lo decía notaba la pulsión cada vez más fuerte en mi polla.
— Hermanito, te vas a echar a perder con estos cabrones españoles. – Espetó indignada dándose la vuelta.
— Deja de insultar y mira tu Dni, en ese momento sabrás a qué país perteneces, Laia.

Mi hermana cerró de un portazo, me la había quitado de encima, pero mi polla no dejaba de estar empalmada, estaba empezando a preocuparme.
De forma repentina, escuche un fuerte golpe en la habitación de mi hermana y un chillido de mi hermana, al momento escuche a Laia pidiendo ayuda.
La puerta estaba cerrada, yo seguía desnudo, pensaba que le habría pegado un golpe a la estantería de los libros y se le habría caído encima.
La sorpresa fue mayúscula cuando vi la estantería y los libros por los suelos, sin embargo, mi hermana no estaba debajo de la estantería, si no encima de la cama.
Y encima de la cama estaba también mi culo de goma y el lubricante, Laia estaba en la misma posición que el culo de goma, la diferencia entre el real y el de mi hermana, es que mi hermana tenia un poco de vello cerca de los labios de la vagina, que tenia el culo un poco más cerrado, y sobre todo que tenía un ano.
Me di cuenta de que cuando cerré el baúl por la noche no le puse el candado y mi hermana descubrió mi secreto.

— Venga, hermanito, elige uno de los dos.
— Laia, estas loca somos hermanos.
— Carles, no diré nada, es más ni siquiera te voy a mirar, piensa que soy tu españolita.

Sabía que me arrepentiría después, pero tenía la polla tan dura y desde hacia tanto rato, que me daba igual.
Así que me acerque a la cama, agarre a mi hermana de las caderas y se la introduje toda dentro de una sola vez…

— Ahhhhh, hermanito, me estas haciendo mucho daño, sácamela, Ahhhhhhh.- exclamó mi hermana quejándose.

Yo iba a empezar a bombear y me asuste, me quede parado, cuando noto en mi polla que mi hermana empieza a reírse y a mover sus caderas hacia delante y atrás.
Era imposible que con el coño tan mojado, le hiciese daño, se estaba cachondeando de mi, así que la cogi con mas fuerza, y empecé a dar embestidas brutales.

— Así me gusta hermanito, ahora ya no tengo tantas ganas de irme a Barcelona, creo que aquí nos lo pasaremos bien, AHHHHHHHHHHHHHHH.

Cada vez que mi pelvis chocaba con su culo, se escuchaba una palmada, me entró tanto ímpetu que la cogí del pelo de forma algo violenta.
Ella en vez de quejarse, arqueo la espalda para ofrecerme mejor su culo y dejarse coger el pelo y dijo con voz profunda…

— Ohhhhh, si, déjate llevar, hermanito, revienta a tu hermana por dentro con ese trabuco.

Sabía que en dos golpes de cadera más me correria, pero para ser sinceros no quería terminar tan pronto, estaba disfrutando con este polvo como nunca había disfrutado con una mujer, nunca había pensado en el incesto y ahora no quería dejar de cometerlo.

Antes de correrme, saqué mi polla y le di la vuelta a mi hermana, quería ver su cara cuando me corriese dentro de ella.

— Hermanito, ahora no podrás pensar en otra mientras me follas, venga dale a tu hermana lo que se merece, Ahhhhhhhhhhh.

La bese en los labios y en el cuello, ella abrió sus piernas, me metí entre ellas, y Laia las levanto y me cogió del culo.
La introduje de golpe como en la vez anterior.

— Carles, me gusta tu polla, me siento llena, me siento estrecha, Ayyyyyyyyy.

Le gustaba el sexo duro, cuanto más fuerte bombeaba, mas gemía ella.
Me fije en sus pechos y en cómo se movían cada vez que la embestía era casi hipnótico.
Baje mi cara y bese sus pechos.
Laia empezó a bufar y a cerrar los ojos, quitó las manos de mi espalda y las bajó hasta mi trasero, después se empezó a acariciar los pezones y me miró a los ojos.

— No te asustes, me voy.

A continuación se puso blanca como la leche y cerró los ojos, pensando que era una broma, le di 6 embestidas más y solté toda la leche que mi cuerpo le pudo dar.
Me tumbe a su lado y le pellizque un pezón con fuerza, me comencé a preocupar cuando vi que no reaccionaba, aunque respiraba, tenía el cuerpo laxo, flojo.
Unos 15 segundos más tarde, abrió los ojos, se incorporó como si no hubiese pasado nada, me dio un beso con lengua y me cogió la polla con fuerza.

— Hermanito, ¿estás preparado para otro polvo con la hermana que mas quieres?.
— Laia, ¿qué coño te ha pasado?.
— Carles, cuando tengo un orgasmo lo suficientemente intenso, me produce lo que los franceses llaman “La Petite Mort” (La pequeña Muerte), al principio me asustaba, pero ahora me dejo llevar, porque hasta que te desvaneces es tan potente el placer que no deseas que finalice y ya has visto cómo acaba.

Reconozco que estaba tan agotado que no pude follarme a mi hermana en todo lo que resto de tarde.

Esa misma tarde serían las 6 de la tarde cuando Anna me mandó un Whatsapp par quedar en unas horas y salir de copas a la urbanización de al lado.
La llame a escondidas en el lavabo, para decirle que mejor que quedásemos el Domingo, ya que estaba agotado (Esto era verdad) y que debido a lo mucho que había bebido tenía una buena resaca.
Quedamos para salir el domingo por la mañana, para dar una vuelta por los alrededores, sin mi hermana claro está.

Pero esa noche, la noche del sábado la dedicaría a conocer más en “profundidad” a mi hermana.
A las nueve de la noche pedimos unas pizzas, y aunque nos las podíamos haber comido en el mismo cartón de la pizza, le dije a mi hermana que utilizáramos platos y cubiertos.
Esa noche llevaba puesta ropa que había dejado mi Ex-mujer olvidada, un vestido azul a media pierna con los hombros descubiertos, y a petición mía llevaba braguitas, algo que como buena antisistema que se precie no le gustaba demasiado.
Cuando terminamos de comer, le dije que como buena mujer debía lavar los platos y ella se negó.
La cogí del cuello y la lleve a la cocina, y a regañadientes empezó a lavar los platos.

— Carles, eres un machista de mierda, también los puedes lavar tu, que has comido con ellos.
— Calla, guarra independentista y haz algo útil.

Se dio la vuelta para darme una bofetada, pero le pare la mano a tiempo, le cogí el vestido por los hombros y se lo rompí.
No llevaba sujetador, sus dos grandes pechos esperaban ser manoseados con salvajismo.
Le agarre la teta izquierda con las dos manos y empecé a besarla, aunque me apetecía morderla.
Baje mi mano a sus bragas y se las rompí con tanta fuerza que le deje marcas en la piel.
Tenía la polla palpitando otra vez de lo dura que estaba, le metí dos dedos en el coño a mi hermana, me encantaba el tacto casi áspero de su vello púbico, Mi Ex-Mujer siempre estaba bien depilada.

Tenía el coño muy mojado, la muy viciosa se estaba poniendo muy cachonda con la actuación que habíamos montado.
Yo tenía otros planes, que no había acordado previamente con ella, así que la puse de espaldas y me quite toda la ropa.
La hice agacharse encima del pollete de la cocina, y volví a meter mis dedos en su vagina, aunque esta vez tres.
Mis manos chorreaban de sus flujos, Mi hermana pensaba que le metería toda mi polla de golpe cuando noto que apretaba su espalda con una mano contra el pollete de la cocina para que no se moviera.
Con la otra mano, cogí la aceitera y le eche una buena cantidad de aceite en el esfínter de Laia y después le eche a mi polla.
Y metí un dedo en su culo.

— Carles, eso no, soy virgen de ahí y me vas a hacer daño- dijo casi llorando.

Le metí un segundo dedo, y esta vez se estaba intentando liberar, le asustaba que le follase el culo y eso me ponía aun mas cachondo.

— Carles, eres un cabron -. esta vez las lágrimas eran reales, estaba aterrada por el hecho de que le iba a reventar el culo.

Moví los tres dedos y los saque, puse mi gruesa polla delante del orificio de su culo, preparado para entrar por donde hasta ahora nadie había entrado antes.

— Carles, nooooooooooooooooooo.

Un segundo más tarde, tenía toda mi polla dentro de su coño y la había liberado.
No quería forzar a mi hermana, aunque se lo mereciese, esperaría a que me permitiese encularla alguna vez.
Empujo hacia atrás y se sacó la polla del coño, se sentó en el pollete de la cocina y me beso con lengua con una rabia, que me pareció que me iba a morder.
Notaba las lágrimas que habían corrido por sus mejillas y su sabor salado, me cogió del culo, y se metió la polla en su mojado coño.
Notaba el frío mármol de la cocina cuando pegaba la embestida hacia delante, seguí bombeando durante casi 5 minutos hasta que note que se desvanecía.
Todo su cuerpo se aflojaba, no tardé ni tres segundos en correrme, deje dentro de mi hermana mi polla, hasta que se recuperó.

Esa noche tuvo dos desvanecimientos más, pero esta vez en la cama, y en diferentes posiciones.
Esa misma semana mi hermana me regaló una paja a la cubana, me encanto llenarle su cara y su cuello de leche calentita.

Después de dos meses he conseguido desvirgar el culo de mi independentista hermana, con su permiso, claro está.
También he conseguido follarme a Anna, por todos sus agujeros, de hecho estoy saliendo a escondidas de mi hermana con ella.

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Tuve un buen maestro

Tuve un buen maestro *

Mi nombre es Patricia, tengo un cuerpo muy trabajado ya que practico mucho deporte, mido 1,60 cm. y tengo 18 años.

Siempre he sido atractiva y muy deseada. Pechos grandes desde niña, una buena melena y una cintura de avispa siempre fueron mis mejores características, sumado a eso mis labios pequeños y carnosos.

Debuté sexualmente a los 15 años con un vecino mucho mayor, él tenía por entonces cerca de 40 años. Siempre me gustó por que es una persona muy amable, ademas muy atleta ya que juega al futbol en el club del barrio y es uno de los líderes que ahí tenemos.

Él notaba cada vez que lo miraba o saludaba que lo hacía con deseo…

Siempre lo veo cuando vamos a entrenar, ellos están terminando la practica cuando nosotros llegamos. Su hijo practica artes marciales junto a mí así que por lo general él siempre nos lleva a casa a pesar de quedar cerca del club, así que tengo mucho contacto con él y su familia. Su esposa fue profesora mía, ademas ellos charlaban mucho con mis padres aunque no eran amigos.

Los viernes por lo general mi padre se queda con sus amigos en el taller hasta muy tarde, mi madre vuelve tarde del trabajo por lo que estoy sola hasta cerca de las 22:00 h. como mínimo. Vive a dos casas de la mía y nuestra propiedad se conecta en el fondo con la de él por estar en una esquina.

Pleno verano, ese día el club estaría cerrado por desinfección, cerca de las 18:00h. estaba sola refrescándome en la piscina de lona que tenemos. Y como toda chica curiosa se me ocurrió hacer top les para tomar sol, pasado un tiempo escuche silbidos a lo lejos que en un principio no di importancia ya que para mí era imposible que alguien me observara ya que tenemos un tapiado muy alto, hasta que decidí ver para identificar de donde venían, y ahí lo encontré a mi vecino en su terraza, desde donde me podía ver tranquilamente.

Estiró su mano para saludar, y yo con mi brazo derecho tapé mis pechos y con el izquierdo lo saludé también. Me empezó a hacer señas que en un principio no entendía, hasta que me di cuenta que me decía que quería venir a mi casa a refrescarse en la piscina, así que le di el ok., pero me indicó que entraría justamente por la parte de atrás.
En tan solo un minuto lo tuve saltando el tapiado, mientras yo terminaba de ponerme el sostén del traje de baño.

Me comentó que para la semana entrante tendría lista su piscina y que también me invitaría a ir. Me dijo que lo acompañara en el agua, mientras yo de mis nervios no sabía como actuar, hasta que le hice caso y fui con él al agua, donde se puso a provocarme inventando juegos para tocarme. Poco a poco cogió confianza y empezamos con pequeños empujones hasta ir a forcejear con él para empezar a rozar nuestros cuerpos.

Me gustaba la situación, las risas cambiaron a una respiración agitada y gemidos de mi parte cuando me rozaba «inocentemente» mis pechos con sus manos o su polla por mis nalgas. Hasta que posó sus labios junto a los míos, sin experiencia, se movían de acuerdo a como los movía él. Su lengua sobrepaso la linea de mis dientes para jugar con la mía. Sus manos estaban acariciando mi espalda hasta que una de ellas bajó hacia mis nalgas para presionarme contra su polla que se la sentía super dura mientras su otra mano se dirigió a mis tetas no si antes desatarme el sostén y empezar a sobarlas suavemente.

Me propuso ir al dormitorio, a lo que me negué al principio, pero sus dulces y cariñosas palabras acompañadas de sus caricias me convencieron. Me cogió en volandas entre sus brazos y me llevó mientras devoraba mi boca a besos. Me dijo que no iba a pasar nada que yo no quisiera, pero el problema era que no sabía que es lo que quería con él.

Suavemente me colocó sobre mi cama y me desnudó sin que yo le dijera nada, para empezar a besar mi cuerpo. Bajaba por el cuello hasta mis pechos, parándose a morder mis pezones, continuo bajando y besó cada uno de mis abdominales y luego me hizo girar para arrancar nuevamente desde arriba y deslizarse por toda mi espalda hasta llegar a mis nalgas, las cogió con ambas manos fuertemente y las comenzó a lamer con violencia y lujuria, haciéndome gemir de placer.

Poco a poco me hizo separar las piernas para acceder en esa posición a mi vagina, ya lubricada, que empezaba a conocer y disfrutar del sexo oral que este hombre me estaba dando. Me volvió a girar y continuó su trabajo con mis pechos mientras se acomodó sobre mí ya desnudo y sentí como su polla buscaba mi sexo para ingresar.

Solo me dejé llevar y sentí como su polla me desgarraba por dentro haciéndome chillar de dolor. Se quedó quieto por un momento, yo estaba en silencio, al momento empezó a moverse suavemente, el calor interior mermó, el ardor iba desapareciendo lentamente. Aumentó su ritmo y su profundidad en cada embestida para hacerme gemir nuevamente; el placer volvió a mí y se apoderó de mi cuerpo, que empezaba a estremecerse como cuando su lengua jugaba con mi vulva, así que lo abracé fuertemente mientras el comía mi boca apasionadamente.

No podía resistir mas esa sensación y abrí mas mis piernas para que su polla calmara mi interior, su testículos golpeaban mi ano y sus manos apretaban fuertemente mi culo pegándome bien a él hasta que me estremecí por completo, mi hombre me hizo conocer el orgasmo en mi primera follada, mientras sentí su descarga en mi interior.

Al momento salió de mi y se recostó a mi lado, hablamos un ratito, de las ganas que teníamos los dos de volver a vernos, de lo bien que lo habíamos pasado. Así que acordamos en volver a vernos en un par de días.

En mi segundo encuentro con mi veterano amante, hablamos mucho tiempo sobre la diferencia de edad, el cuidado que debíamos tener etc. El me decía que debíamos cuidarnos para que no me quedara embarazada y de vez en cuando me dejaba caer la idea de que si yo quería tener novio era mejor, que nuestra diferencia de edad con el tiempo nos perjudicaría, que teníamos que vivir el momento y cuando yo lo decidiera me apartara de él.

Obvio que en esos momentos ni se me ocurría nada de eso, solo quería estar con él, mi primer hombre, quien ya me gustaba desde hacía mucho tiempo y solo quería que él me tocase, pero estaba claro que para él era solo la aventura de follarse a una tonta primeriza a su antojo, una niña que estaba caliente como una estufa y que cada vez que lo veía no podía evitar mojarse las bragas.

Nuestro primer encuentro me había marcado tanto que solo pensaba en sentir sus labios por todo mi cuerpo a pesar que siempre comenzaba pensando en estar en sus brazos y en sus caricias. Ese día volvió a follarme en su coche y lo organizamos para juntarnos el fin de semana.

La siesta del sábado me llevó a su casa y como bienvenida me besó todo mi cuerpo y terminó succionando mi clítoris hasta hacerme correr. Luego me propuso ver una película mientras estábamos en la cama abrazados, él ya tenía todo preparado, con sus claras intenciones de no perder tiempo conmigo e ir al grano en cada encuentro, quería enseñarme todo sobre el sexo, a mamar su polla, el sexo anal, y los juegos que se pueden hacer. Cuando puso el televisor, estaba pausado un video porno, y me propuso verlo, así aprendíamos juntos, según sus palabras. Como yo hacía lo que él decía me deje llevar.

Mientras observábamos el cogió mi mano y la llevo a su polla para que lo pajease, hasta que en un momento dado, me preguntó si me animaba a probar lamer su polla. Sin muchas vueltas empecé mis clases practicas, primero empecé a jugar con mi lengua en su glande y por todo el largo de su polla, luego practicaba a metérmela sin hacerle daño con mis dientes, para luego terminar de tragármela lo máximo posible; todo esto bajo su supervisión y aprobación.

Cogía mi cabeza y presionaba para que me la tragara toda, haciendo que me ahogara en varias ocasiones. Mi hombre no dudo ni un instante en hacerme probar su leche, no me dijo nada y acabo, se corrió prácticamente en la garganta. Hizo que lo tragara todo y se la limpié continuando con la mamada; al sentir su leche en mi boca me dio un poco de impresión, pero al no sentir un sabor feo me animé a lo que él me indicaba.

Su polla seguía dura, así que me puso a 4 patas y metió su polla en mi vagina y empezó a moverse metiendo su miembro hasta el fondo de mi vagina, hasta que nos corrimos juntos nuevamente. Después de un descanso seguimos follando en diferentes poses por dos polvos mas, enseñándome a montarlo también.

No pudimos seguir por que nos quedamos sin condones…

Cuando regresé a casa fui a ducharme y sentí un poco de dolor en mis pechos por tanto como me las apretaba y succionaba, pero aproveché para hacer lo que mi hombre me pidió, ir estirando mi esfinter, ya que la próxima vez quería romperme el culo como en los videos que vimos juntos. Así que ya esperaba con ansias el próximo fin de semana para que me lo hiciera.

Pasaron tres semanas de mí último encuentro con mi amado, faltaban como 3 horas para mi encuentro amoroso ya acordado. Desde la noche anterior solo estaba tomando líquido como él me indicó y me tocaba hacerme una enema para limpiar mis tripas como había visto en los videos por internet.

Terminada la tarea me dirigí a su casa, él me recibió con un beso apasionado mientras me levantaba con sus fuertes brazos tomándome por las nalgas para llevarme hasta el dormitorio. Me sentó en la cama y saco su polla para que le demostrara que no me había olvidado de sus clases; estando su polla semi-dura la comencé a chupar hasta que la puse como un tronco de dura.

Me dijo que esta vez acabaría en la punta de mi lengua, así que la succioné hasta que me indicó que ya se corria, que esperara su primera descarga, que fué a parar a mi garganta por la fuerza de su chorro, mientras que el resto quedaba en mi lengua, que trague y saboree como mi macho me estaba indicando.

Me recostó en la cama para lamer mi coño que ya chorreaba jugos de la excitación, llevándolos con su lengua hasta la entrada de mi culo que se estremecía con cada roce de su lengua. Me puso a cuatro y empezó a clavar mi coño con dureza hasta que su polla se empapó bien de mis jugos, mientras uno de sus dedos se introducía lenta y suavemente en mi ano, para luego sumarse otro mas haciendo un mete saca que aumentaba su intensidad a medida que se movía con mas libertad y yo lo disfrutaba por que no sentía dolor alguno salvo la molestia inicial.

Y sin mediar palabra ubico su polla en la entrada de mi trasero empezando a presionar lentamente, el dolor aumentaba, me ardía el culo a tal punto que le pedí que la retirara, pero contrario a eso empujó con fuerza para encajarla completamente…

aaaahhhhh…Grite del dolor, mis lágrimas saltaron y buscaba morder la almohada. El acariciaba mi cabello y me pedía que me tranquilizara, que me relajase mientras estaba aún quieto, pero empezó a moverse lentamente mientras ví que estiró su mano hacia la mesa de luz donde había un tubo, que era el lubricante. A medida que retiraba un poco su polla, le tiraba un chorro arriba; yo sentía como empezaba a deslizarse mejor y el dolor disminuía poco a poco.

Empezó a follarme con mas fuerza, el dolor ya había pasado, pero mis nervios no me dejaban disfrutarlo. Me bombeó un buen rato hasta que hizo su descarga en mis intestinos. En cuanto se quitó sentí un alivio importante, él me hizo ir hasta el bidé y que me diera con el agua fría hasta que me relajó el orto.

El dolor ya se había ido, solo quedaba una molestia, le dije que en realidad no lo había disfrutado, pero mi hombre me decía que eso era por ser la primera vez y por lo grueso de su polla, que ya me acostumbraría pero para eso debía trabajarlo bien a mi culo. Así fue que me dejó descansar un buen rato y mas tarde comenzó la acción de nuevo chupando locamente mis pezones y mi clítoris poniéndome cachonda como una loca.

Se puso boca arriba e hizo que lo montara introduciéndome de una estocada su polla hasta el fondo de mi vagina, de la calentura que tenía. Mientras hacía desaparecer semejante pedazo en mi interior, él seguía dándome placer en mis pechos mientras con la otra mano empezaba a trabajar mi culo de nuevo, introduciéndome el lubricante con sus dedos.

Tanto placer, me hizo acabar al poco tiempo, así que quitó su polla, me hizo girar y que apoyara mis manos en sus rodillas; puso la punta de su polla en la entrada de mi culo y me dijo que bajara lentamente. Ya no había dolor, ya no había molestia, y mientras mis tripas cedían el paso de su miembro, el placer se apoderaba de mí. Como me sentí cómoda así, le empecé a dar ritmo y velocidad a mis movimientos para que toda esa bestia entrara bien adentro.

Pero me estaba cansando así que le pedí cambiar de posición, me recosté boca arriba, él solo tomo mis tobillos y los puso sobre su hombro; guió su polla y me la introdujo de un solo golpe, esta vez fue placer puro, y empezó a bombear con locura mientras yo gritaba y gemía al mismo tiempo, hasta que sentí su chorro de leche saltar en mis tripas. Ufff. Me dejó exhausta, así que me retiré a mi casa pensando… que me esperaría el próximo fin de semana.

Llevo mas de un año follando con mi vecino, ya no es solo el fin de semana, incluso durante la semana nos juntamos un rato, e incluso a la salida del cole me llama para que se la mame hasta que llegamos a casa. Mis días de periodo, él se hace la fiesta con mi culo que lo deja lleno de leche y exhausto. Pero tanta calentura tuvo sus consecuencias, malas para mí en realidad.

Estaba claro que a él solo le interesaba follarme y el tema del novio siempre estuvo presente por su parte. Una noche, él se quedó en una reunión que había en el club, así que coincidimos a la salida, pero estaba mi padre también así que no volvería con él. Me estaba esperando en la zona de los baños, y cuando salí de clase me hizo una seña para que lo siguiera. Nos dirigimos detrás de los vestuarios donde me quería follar a toda costa, pero le dije que ahí no.

Entonces me pidió una mamada rápida que se la dí con gusto y como era toda una experta ya, lo hice acabar en poco tiempo. Nos vestimos y nos fuimos.

Llegó el viernes, siempre nos cruzábamos para coordinar la hora que nos veríamos al día siguiente, evitábamos los teléfonos por miedo a que nos descubrieran. Mientras su hijo se bajó para abrir el portón del garaje, él sacó su teléfono y me enseñó una foto en la que yo estaba tragándome su polla.

El maldito viejo que trabaja de sereno en el club nos vió y nos gravó. Cuando nos vimos al día siguiente me mostró los mensajes del viejo. Su silencio valía que él también me follara. Pero yo no quería saber nada, le decía que le diera dinero pero solo quería follarme. Tenía miedo, hasta que me convenció y me dijo que él estaría ahí para cuidarme y ver que el viejo no me hiciera daño.

Al fin de semana siguiente nos juntamos en el club donde el viejo vive, estaba bañado, perfumado y con una cara de degenerado total.
El viejo pretendía que le bailara, que le hiciera un show, a lo que yo no sabía como reaccionar. Pero mi macho intervino y le dijo que me ayudaría a comenzar, que tenía que entender que no era una prostituta, así que tomo la iniciativa.

Ven, enséñale como la mamas, fueron sus palabras. Le bajé el pantalón y cogí su polla que estaba totalmente flácida para empezar a lamer con timidez, torpeza, apatía. Mi macho me comenzó a hablar, diciéndome que me relajara, que hiciera bien las cosas así nos deshacíamos rápido del viejo, poco a poco fui animándome a mas, miré de reojo y el viejo se estaba pajeando al vernos; entonces me concentre en mis mamadas que también me daban placer.

En eso sentí las manos del viejo coger mi nalgas y levantarme la minifalda que llevaba puesta, luego sentí su lengua lamer mis cachetes mientras me quitaba el tanga para encontrar mi raja bien rasurada y reluciente por los jugos que comenzaban a emanar de mi interior.

Me transformé cuando sentí su lengua introducirse en mi vagina, lo que llevó a que me devorará con mas pasión la polla de mi amante que gemía en cada lengüeteada que le daba, pero al cabo de un momento me detuvo e invito al viejo a recibir su mamada. Su polla estaba dura, pero no era tan grande como la de mi amante, así que me la engullía sin ningún problema haciendo chillar al viejo, que me cogía de los pelos para presionar su polla contra mi garganta. Mi macho se puso detrás de mí y sin mediar palabras me clavo su polla de una estocada…..

Uhhhmm Grite de placer, me empezó a bombear con fuerza, me tenía totalmente dominada, mientras me indicaba que siguiera con el viejo. Me tenía en la gloria cuando sentí su leche en mi interior dejándome a un paso de llegar a mi orgasmo. Le dijo al viejo que se recostara, así yo lo monte, así que de inmediato me subí sobre el viejo, que aún no había probado mis grandes tetas, por lo que me las empezó a succionar como un loco logrando mi máxima entrega producto de la excitacion, por lo tanto no demoré en correrme.

Al notar esto, el viejo me quito de encima y se puso detrás para sacudirme en 4 patas hasta que se descargó en mi interior también.

Yo me quedé recostada en la cama para descansar un momento, realmente lo había disfrutado mucho, nos turnamos para ir al baño a higienizarnos siendo yo la última en hacerlo. Al regresar, ambos estaban recostados con sus vergas firmes, el viejo nos confesó que había tomado una pastilla de viagra para la ocasión, mi macho en cambio era un semental así que podía seguir follandome aunque hubiera acabado, por lo que no me sorprendía que siguiera firme.

Sin mas vueltas el viejo me pidió que se la volviera a chupar, esta vez ni lo pensé, solo obedecí y me subí a la cama en 4 pies para empezar a saborear esa polla mientras con mi otra mano cogí el pollon de mi macho para pajearlo y luego intercalar mi boca entre ambos rabos. Pasado un rato, mi macho se levantó y se puso detrás de mí, comencé a sentir sus manos acariciar mis nalgas, su boca lamer mi coño y darme pequeños mordiscones.

Me puse muy cachonda, por lo que devoré con mas lujuria la polla del viejo; mi macho no se detuvo ahí, su lengua comenzó a darle placer a mi ano, sus dedos, empapados en lubricante se abrieron camino estirando mi esfinter.
Mi macho me indicó que montara al viejo que tenía los ojos blancos de la mamada que le estaba regalando, me clavé toda su polla de una sentada y empecé a moverme despacio manteniendo todo el pedazo dentro.

Los dedos de mi macho continuaban su trabajo dilatorio suavemente produciéndome mucho placer. Sacó los dedos y su polla se posicionó en mi entrada para presionar e ir ganando espacio en mi interior. Yo estaba quieta, con la polla del viejo bien metida en mi vagina, dejando que mi macho fuera avanzando cada vez mas en mis tripas hasta meterla toda. Les pedí que se quedaran quietos y fui yo la que se follo ambas pollas a la vez, cada vez me movía más rápido, mas fuerte, mas violento, mientras gritaba de placer y mi cuerpo empezó a estremecerse.

Estaba a punto, faltaba poco para correrme pero me estaba cansando y ellos lo notaron, así que empezaron a coordinar sus movimientos para darme una excelente follada y chupada de tetas. No podía más, así que solté mi peso sobre el viejo y los dejé que me hicieran tener una hermosa y fenomenal corrida.

Ellos siguieron un rato mas cada uno hasta que se descargaron bien dejándome totalmente rendida. Como supuestamente esa noche dormía en casa de una amiga, nos quedamos allí a descansar ya que mi macho estaba solo y no tenía inconveniente en regresar tarde a su casa.

Por la mañana temprano, para evitar que nos vieran salir de ahí nos fuimos no sin antes regalarle una última mamada al viejo para dejar la tarea cumplida, satisfecha por una experiencia que ni pensaba tener a esta edad y que en cierta forma me marco para dejar de pensar que mi macho tenía que ser el único hombre que me tocara.

De vuelta en el hogar, recordaba lo vivido y pensaba en otros hombres que me parecían atractivos, y que podrían llegar a ser mis próximas experiencias.




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Cosas que ocurren en el metro

Cosas que ocurren en el metro *


Somos un matrimonio de 40 años ambos, llevamos veinte años casados y tenemos tres hijos. Nuestra vida como pareja ha sido como la de muchas, con Altibajos en todos los aspectos.

Laura es morena clara, de estatura media, muy bonita, con un cuerpo perfectamente proporcionado y a pesar de la edad está muy bien cuidada, lo que más llama la atención de ella son sus piernas muy bien formadas, así como sus nalgas que son muy redonditas y firmes, y que independientemente de la ropa que se ponga, te apetece acariciarlas (por lo menos).

Ella es sumamente femenina, por lo general yo soy quien le escoge su ropa íntima, en lo que los dos siempre estamos de acuerdo, como por ejemplo: ligueros, prendas de encaje, transparencias, tangas, en fin el tipo de ropa que a cualquier hombre le encantaría ver en una mujer.

Nuestra vida íntima ha sido bastante normal hasta que queriendo ponerle algo de sal y pimienta empezamos a fantasear en la cama sobre las más diversas temáticas.

A mí me encanta que se vista de manera provocativa sin llegar a la vulgaridad en ningún momento. Cuando vamos en el coche me gusta subirle la falda hasta más de medio muslo, por lo que muchos hombres le han dado un pequeño regalo a sus ojos.

En algunas ocasiones cuando caminamos, hasta se han atrevido a decirle algún piropo relacionado con su liguero, prenda que muchas veces se delata ya sea por lo entallado del vestido o bien por la transparencia de la tela.

Nuestras fantasías generalmente han sido sobre el hecho de que ella follara con otro hombre, lo que derivó en cierto momento en que ella pensara que eso lo hacía yo para poder tener una excusa para estar con otras mujeres o bien porque no la amaba.

Afortunadamente ambas cosas con el tiempo se fueron borrando, y empezaron a realizarse poco a poco nuestras fantasías.

Muchas veces habíamos comentado lo que ambos veíamos en el metro, donde sucedía cualquier cosa. Un día ella aceptó ser el motivo de excitación de algunos hombres en el metro. Fue a mediodía cuando el metro se encuentra en la hora punta. Laura llevaba un vestido blanco corto, con una abertura como la que tienen casi todos los vestidos en la parte baja de atrás, sólo que esta abertura era un poco mayor que el promedio, llevaba también zapatillas blancas y toda su ropa interior del mismo color incluyendo el liguero.

El vagón no iba demasiado lleno en un principio y ella se colocó delante de un hombre como de unos cincuenta años a una distancia bastante prudente y yo enfrente de ella, ya cerca de nuestro destino, había subido una buena cantidad de gente por lo que ella poco a poco fue quedando cada vez más cerca de aquel hombre y yo por mi parte me acercaba aún más a ella con la intención de que el contacto se produjera lo más pronto posible… lo que sucedió antes de llegar a la siguiente estación, ella me indicó con un gesto que sus nalgas ya habían hecho contacto con el hombre que se encontraba detrás de ella.

Él se notaba un poco nervioso dado que sabía que ella iba conmigo. Al saber que ya había contacto, me pegué más a Laura con lo que inevitablemente sus nalgas ya empezaban a presionar la herramienta de aquel hombre, en un momento dado, ella abrió lo ojos en una forma que inmediatamente comprendí que su posición en relación con él había empezado a surtir los efectos naturales a cualquier hombre, ella me confirmó que no sólo se le había puesto dura la polla, sino que también sentía cómo él mismo la movía como queriéndole dar unos golpecitos en las nalgas.

Oír esto, hizo que me calentara muchísimo, para completar el cuadro, el metro se detuvo en Isabel la Católica un buen rato y ahí estábamos, yo súper caliente acariciando discretamente el coño de Laura por encima del vestido y un hombre completamente pegado a sus nalgas indicándole con los movimientos de su polla que lo tenía muy excitado.

En eso estábamos cuando el metro reanudó la marcha, entonces empecé a ver que aquel hombre hacía discretos movimientos con su mano derecha más o menos en dirección donde estaban las nalgas de Laura, ella abrió nuevamente más los ojos cuando me dijo muy bajo…

— me está tocando con la palma de su mano,…

a lo que sólo respondí con una sonrisa, en esos momentos la cogí por la cintura y discretamente le subí un poco el vestido… creo que en ese momento el hombre entendió que podía continuar sin ningún problema, debido a la abertura del vestido, pronto quedó libre la entrada a las partes íntimas de Laura por la parte posterior.

En determinados momentos veía al hombre que estaba súper excitado y como que no daba crédito de que yo estuviera permitiendo que le metiera mano a mi pareja, de pronto me di cuenta de que él ya había metido su mano por la abertura del vestido y dado que el fondo que llevaba también estaba abierto de esa parte, lo que encontró de inmediato fueron sus piernas ya directamente sobre su piel ya que había rebasado la parte que cubren las medias, y sólo unos centímetros más arriba sus braguitas.

Seguro que se tropezó también con el liguero, porque su cara era de ir de sorpresa en sorpresa, después Laura me comentó que en esos momentos la estaba agarrando totalmente las nalgas con toda la mano y que efectivamente había notado el liguero metiendo de vez en cuando su mano por el tirante y también en ocasiones por las medias.

Lo que más me gustaba era ver que Laura estaba disfrutando de eso. Nuevamente el metro se volvió a detener ya no sé en qué estación y en ese momento noté que él quitó su mano de las nalgas de Laura para concentrarse en colocarle el tremendo bulto que ella sentía aún dentro de su pantalón, exactamente en medio de sus nalgas.

Vi su mano a un lado de la cadera de mi Laura, sujetándola y apretándola hacia él para que sintiera absolutamente toda su erección, yo facilité las cosas apretándome contra Laura y ahí estábamos los dos haciendo sentir a mi esposa dos pollas súper dispuestas a satisfacerla en todo lo que ella quisiera.

En esa posición fuimos el resto del trayecto y al llegar a nuestro destino, le arreglé el vestido a Laura, y viendo él que íbamos a bajar, le dio un buen apretón de nalgas a mi esposa y se bajó en esa misma estación.

Una vez fuera de ahí nos abordó y con mucha educación se presentó mencionando que estaba seguro que lo ocurrido no había pasado desapercibido por nosotros, y que era la primera vez que a él le pasaba algo semejante, que éramos una bonita pareja y que si ahí quedaba todo estaba muy bien pero que si más adelante podía contactar con nosotros le daría mucho gusto (claro cómo no iba a darle mucho gusto volver a agarrarle las nalgas a mi esposa y ponerle su polla y tal vez hasta llegársela a follar), me dio su tarjeta y quedamos en hablarnos en otra ocasión.

Se despidió de mí con un fuerte apretón de manos y de Laura con un beso en la mano, que más bien creo hubiera querido dárselo en medio de las nalgas aunque fuera como la tuvo unos momentos antes….



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Decidimos ir aún hotel después del trabajo

Decidimos ir aún hotel después del trabajo

Anita vaya mujer…

La conocí en una tienda de mascotas, yo trabajaba ahí temporalmente mientras continuaba con mis estudios, yo tenía 25 años y ella 20, bien desarrollada. Físicamente era una chica guapa, de 1.68 de altura, complexión delgada, unas tetas pequeñas, firmes y deliciosas y un trasero tremendamente redondo y sexy.

Al principio casi no hablaba con ella pero en un par de meses empezáramos a salir juntos, primero en plan de amigos y poco a poco fue algo más serio.

Empezamos con los típicos besos y achuchones, a veces en el trabajo, en las bodegas o cuartos de servicio de la tienda…

Llevábamos unos días planeando ir a un motel de la ciudad, un fin de semana para estar juntos y disfrutar de nuestros cuerpos., pero el jueves anterior a nuestro plan sucedió algo inesperado.

Estaba en la parte de arriba de la tienda buscando algo cuando ella entró, estábamos solos y ella se comportaba de un modo raro.

Cuando me acerqué a ella me abrazó fuertemente sin decir nada, yo le seguí el juego y comencé a besarla y a presionarla contra mí, restregándola el bulto de entre mis piernas para que notara como me había puesto de cachondo, en un momento dado bajé mis manos hasta su trasero y empecé a masajearla, ella gemía y se dejaba hacer.

— ahhh ahhh…

Metí mi mano dentro de su pantalón y sus braguitas por detrás, y alcancé a rozarle la vagina empapada, no era la primera vez que la tocaba así, otras veces cuando la acompañaba a su casa, al subir los 3 pisos de escaleras aprovechaba para masturbarla, y un par de veces hasta llegó al orgasmo, en esta ocasión teníamos más riesgo de ser descubiertos, pero ella estaba muy excitada.

Seguimos un poco más hasta que oímos ruidos y nos separamos. En ese momento faltaban un par de horas para terminar el turno. Unos minutos después hablamos y me dijo que tenía muchísimas ganas, así que decidimos ir al hotel ese mismo día.

Durante el resto de la tarde nos la pasamos manoseándonos a cada oportunidad y fue bastante divertido en ciertas ocasiones, cómo cuando le levanté la blusa para chuparle los pezones y justo en ese momento escuchamos que subían por las escaleras. Ella tuvo que ocultarse mientras yo salí huyendo.

Al fin se acabó la jornada y salimos del trabajo, nos dirigimos al hotel más cercano que encontramos, nada más entrar comencé a besarla apasionadamente mientras la manoseaba por todas partes. La desnudé hasta dejarla sólo con sus braguitas de color amarillo, muy sexys.

Nunca le había visto las tetitas completamente desnudas, y me encantó, debo decir que siempre me han gustado las mujeres de tetas pequeñas y Anita tenía unas tetas apenas visibles pero muy sabrosas y firmes.

La tumbé sobre la cama y comencé a recorrer su cuerpo con la lengua, lamí centímetro a centímetro por todos lados, ella gemía y se retorcía, al llegar a su coño, aparté la braguita aún lado con los dientes y continué lamiendo suavemente por esa rajita empapada.

Ella me suplicó que la follara, que lo deseaba y no podía esperar… entonces me puse un preservativo y me coloqué entre sus piernas, listo para embestirla. Mi polla comenzó a abrirse paso lentamente, pues a pesar de la humedad de su vagina, ella estaba muy apretada, lo cual hacía que se sintiera increíblemente rico mientras la penetraba.

Nos desnudamos totalmente y la puse en cuatro sobre la cama, la visión de sus nalgas y su vagina peludita escurriendo jugos era deliciosa, la agarre por la cadera y comencé a penetrarla más y más duro, no pasó mucho tiempo hasta que ella comenzó a tener un orgasmo tan fuerte que la dejó medio inconsciente.

Yo quería seguir pero ella decía que estaba adolorida, así que la acosté boca abajo y comencé a pasar mi lengua muy suavemente desde su clítoris hasta llegar a su colita. Pasaron unos 5 minutos así cuando ella me dijo que quería ser penetrada de nuevo, esta vez me acosté sobre la cama y ella comenzó a cabalgarme, en esa posición mi polla le llegaba hasta lo más profundo y ella gemía encantada mientras yo veía como se movían p esas tetitas pequeñas y de vez en cuando le daba lengüetazos en los pezones.

Seguimos así un poco más hasta que empecé a sentir que me corría, se lo dije y ella se movió mucho más rápido, con lo que los dos acabamos casi al mismo tiempo. Nos quedamos en la cama durante un rato y luego nos dimos una ducha rápida. Esa fue nuestra primera vez juntos, pero no la única.


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Me fascina ver sexo en vivo a escondidas

Me fascina ver sexo en vivo a escondidas *


Soy Lester de 29, pero esto me sucedió más o menos entre los 14 y 16 años. En aquel entonces, no sabía que era voyeurismo, y ahora tengo ese vicio o fetiche. Pero ésta es la historia de cómo nació en mi ese vicio.

Mi padre es viudo, cuando yo tenía 11 años, se casó de nuevo con Samantha, ella tenía una hija de 15 años llamada Karina, debo decir que mi madrastra era una señora muy bien parecida, alta y con bonito cuerpo, y que decir de Karina mi hermanastra muy parecida a su mamá, mis primeras pajas me las hice pensando en ella, en el colegio siempre tuvo novios y pretendientes por cientos.

Bueno.. a la historia. En ese momento vivíamos en una casa que fue de mis abuelos paternos, es una casa antigua de madera. Desde mi habitación podía subirme a la buhardilla, que es la parte arriba del cielo falso de la casa, donde están las conexiones eléctricas y otras cosas.

Para mi fue mi mejor aliado para poder fisgonear a todos. Yo ya con 14 y Karina con casi los 19.

Tanto mi padre como mi madrastra trabajan hasta tarde, por orden, primero llegó yo a casa y luego Karina. Unos días antes oí hablar a Karina contándole a su mamá que tenía un nuevo entrenador de deportes y que estaba hecho un “bombón” de lo bueno que estaba. En ese momento solo estaban ellas dos hablando.

Cierto día, cuando yo estaba en casa, oí ruidos en la sala, al parecer Karina había llegado, pero tenía compañía, me subí a la buhardilla, escuché que Karina llegó a mi habitación para saber si yo estaba allí, luego gritó llamándome y yo no contesté para que creyera que no estaba en casa.

Arriba en la buhardilla me fui ubicando en la sala, pude ver como Karina y el supuesto profesor empezaron a besarse, los besos se oían hasta donde yo estaba, de pronto fue ella quien tomó la iniciativa, y apretó los cojones del profesor, quien al soltar la boca de mi hermanastra le dijo…

— estamos solos?-, ella respondió
— si profe, no está mi hermanito y mis padres llegarán tarde,

así que siguieron con besos. Ya más tranquilo el profe apretó las tetas, que las tenía más que buenas Karina, luego le quitó la blusa dejándola con el sujetador, y fue ella quien a continuación se lo quitó, mostrando sus pechos firmes y redondos.

el profe… a penas vio las tetas, las comenzó a chupar, succionando los pezones exquisitos de ella. Se pasaba de una teta a la otra. Karina le frotaba con la mano derecha, la polla del profesor, por encima del pantalón. Se notaba que ya estaba lista para salir, se apreciaba un bulto enorme en el pantalón deportivo del profe.

Ella se puso de rodillas en el suelo y el se sentó en el sofá. Karina le bajó el cierre del pantalón y luego lo bajó a los muslos y apareció una polla enorme y gruesa., mi hermanastra lo empezó a chupar con frenesí, lo lamía, lo mamaba, estaba excitada con tremendo aparato en su boca. El profesor gemía tremendamente, cogía a Karina del cabello y la empujaba hacia su polla, como queriendo que se la tragara toda.

La escena era tan fuerte que allá arriba yo tenía una de mis primeras erecciones completas, me salía un líquido transparente por mi pene, que mojaba mis pantalones.

Después de comerse la pollota del profesor, mi irreconocible hermanastra se quitó rápidamente su short y su braga, era la primera vez que le miraba su coñito, tenía un triangulo de vellos púbicos adornando su vulva.

Ella llevaba hasta el momento toda la iniciativa, parecía que Karina era la que se estaba follando al profesor. Lo acostó y luego se subió encima y le puso su rajita en los labios. El profesor comenzó a chupar su coño y se agarró de los muslos de ella para que sus lengüetazos fueran más intensos y profundos. Mi hermanastra gemía y cuando estaba ya muy caliente, comenzó a animar al profesor…

—así profe!, como me la come!, ayy que rico, asii!!-

La lengua del profesor parecía salirse de su boca y tener vida propia, los chupones que él le daba podía oírlos hasta allá arriba, de repente ella gritó…

— profe!! Profe!!-, y se contorsiono sobre él.

En ese momento yo no comprendía que le sucedía, tiempo más tarde comprendí que era un orgasmo. El profe al oírla gritar y gemir, quitó la boca y le metió dos dedos en su raja y comenzó a pajearla, fue una escena increíble.

Karina luego, se fue acomodando siempre encima del profesor, pero ahora no era sobre su boca, sino sobre su larga polla, él sentado en el sofá y ella encima se la metió en su coñito comenzó a cabalgarlo, el tipo no podía detener a Karina que parecía una jinete sobre su gran falo. Al rato los gemidos se entrelazaban entre ambos y solo fueron callados cuando comenzaron a besarse con lengua, como salvajes.

Yo para ese momento tenía mojado mi pantalón. Desde donde estaba ubicado en el techo, podía ver el enorme falo del profe que entraba y salía de la raja caliente de mi hermanastra, que tenía buena elasticidad para devorarse semejante tamaño de polla. Por si fuera poco el tipo se puso a chuparle las tetas, tanto que parecía morderlas y uno de los dedos de él se metieron por atrás en el culo de Karina.

Los dos se movían como lombrices sobre el sofá, ella empezó a gritar de nuevo, corriéndose otra vez, el profesor a los pocos segundos también se quejaba…

— puedo terminar adentro?, puedo terminar adentro?- le decía a ella fuera de control a punto de correrse.
— Sii profe! Échemelo adentro!!-

y él comenzó a quejarse como si hubiera levantado algo pesado. Karina aún se movió un rato sobre la polla, el profe se dejó caer hacia atrás en el sofá, solo la tenía cogida de la cintura.
Poco a poco dejaron de moverse, ella descanso un rato sobre el hombro del profe. Luego le dio un piquito en los labios y se desmontó de la polla que lucía a la mitad de su tamaño anterior. Yo tenía el pantalón como si me hubiera hecho pipí…

— Mi hermanastra es una puta!- Me decía yo por dentro.

Allí empezó mi vicio de voyeurismo, lo disfruté como nunca y quería repetirlo. Como dije, me gustó tanto que comencé a abrir agujeros en el techo sobre cada ambiente de la casa, los tapaba con plastilina del mismo color, para que no hubiera sospecha, eso funcionó bien. Veía a mi hermana y a mi madrastra bañarse frecuentemente, mientras yo me masturbaba, incluso las vi haciendo sus necesidades en el inodoro. Pero lo mejor faltaba aún.

Mi padre estaría ausente por unos días por unos negocios de la empresa. Mi hermanastra una semana antes, ya había metido a su habitación al profe de deportes y en su cama, esa vez follaron casi con la luz apagada y no fue posible ver nada, solamente los escuché gemir.

Yo notaba esos días algo raro en mi madrastra, la veía nerviosa, al principio pensé que era el viaje de mi padre, pero en uno de mis espionajes, la oí hablar con su hija Karina, ella le decía algo relacionado al profesor de deportes,

— él vendrá y tu lo atenderás, vas a ver que es un buen ejemplar!-, mi madrastra algo nerviosa….
—ay no sé, y si alguien se entera, por ejemplo Lester podría vernos!-. Karina agregó…
— de Lester no te preocupes, yo lo mantendré lejos de la casa!-.

Lejos a mi?, de qué?, eran mis preguntas en ese momento, no entendía. Pero para facilitar el asunto ese día de su plan, le dije a mi madrastra que me iría a dormir a la casa de uno de mis amigos que vivía en la misma calle. Por supuesto que ella aceptó rápidamente.

Salí y entré por la parte de atrás en donde la casa tiene un patio pequeño, me subí rápido, en las rendijas pude ver a mi madrastra, pero no a Karina, ella estaba vestida como si fuera a una fiesta, un vestido negro corto que apretaba todas sus carnes y le hacía lucir ese tremendo trasero que tiene. Esperé casi dos horas, ya estaba yo un poco desesperado.

En eso oigo que tocan el timbre, me fui gateando hasta donde está el salón , era el profesor nuevo, quien salió a abrir fue Samantha mi madrastra. Algo dijeron que no alcancé a oír, pero los ví llegar al salon y ella lo sentó en un sofá.

Samantha le ofreció una cerveza, cuando ella le daba la espalda, yo veía que el profesor le miraba el culo. Al llevarle la cerveza, ella se sentó a su lado muy pegada a él. Después de algunos minutos charlando trivialidades, el profesor no dejaba de mirarle el bonito par de tetas que tenía mi madrastra y que el escote del vestido ofrecía una buena vista, luego él ya cogió más confianza, le preguntó porque estaba vestida así.

Ella le dijo que se estaba probando un vestido cuando él llegó y aprovechaba para preguntarle si le gustaba como le quedaba, Samantha se puso de pie y casi desfiló para el profe. El se la comía con la vista, como dije antes mi madrastra estaba muy buena aún…

— señora Vd. está preciosa!- le dijo cínicamente el profe ya envalentonado.
— hay profe, Vd. lo dice solo para agradarme- contestó ella
— créame que no señora, usted es muy atractiva, su marido debe de estar muy pendiente de Vd., si no se la roban- dijo él algo cursi.
— Mi esposo no está en casa, está de viaje, y tampoco está mi otro hijo, se fue a dormir con un amigo- dijo Samantha.

Creo que eso encendió al profe, ahora lo vi más interesado y le dijo que se sentara de nuevo junto a él. Samantha lo hizo…

— y Karina tardará ?- le preguntó muy interesado el profe.
— La verdad es que ella se fue al centro comercial con sus amigas y vendrá tarde y yo no quería estar solita- dijo Samantha con palabras lentas y provocativas,

el profe que no era idiota, lo entendió a la perfección y se abalanzó sobre mi madrastra y comenzaron a besarse como animales en celo, él rápido le metía la mano debajo de su vestido y le tocaba su raja sobre su braga, ella le iba desabrochando los botones de la camisa, la ropa empezó a caer al suelo, camisa, pantalón, zapatos, luego ella se fue quitando el vestido frente al profe, quedó con una bonita lencería negra.

comenzaron a besarse de nuevo y el profe quedo sobre Samantha en el sofá, le bajó sin quitarle el sostén y le chupo las tetas que aún las tenía bastante firmes, una mano de él se metía entre sus bragas y por la forma que la movía podría decir que le metía uno o dos dedos en su raja, moviéndolos muy deprisa, mi madrastra gemía cada vez más.

Gemía como una loca, yo allá arriba era testigo de la infidelidad de la esposa de mi padre. Al rato cambiaron de posiciones, ella inclinada hacia adelante y el sentado sobre el sofá, comenzó a darle que probara su pollon el profe, lo metía y lo chupaba dentro de su boca sin usar las manos. El profe metía la mano entre sus piernas y dentro de su braga, seguía insertándole los dedos en la raja a Samantha. Todo lo hacían ardorosamente, gimiendo como si fueran novios.

No tardó ella en subirse sobre la polla del profe que seguía sentado en el sofá, yo podía ver claramente las nalgas de mi madrastra subir y bajar sobre el enorme pedazo de carne de él. El ritmo era tremendo, ella aceleraba las sacudidas de su trasero sobre la polla, mientras el cogía con las manos sus grandes tetas y las chupaba.

Ahora solo se oían los quejidos de placer de ella, luego vi que se detuvo y empezó a gritar mientras daba secos movimientos sobre él. Samantha estaba corriéndose. Yo ya tenía mi pollita en mis manos y comenzaba a masturbarme, allá arriba.

Luego sin perder mucho tiempo, el profe la quitó de encima y le indicó que se pusiera en cuatro patas con las rodillas sobre el sofá con el culo para afuera. El de pie, cogiendo su polla con la mano se la metió en su vagina de nuevo y agarrándola por las nalgas se la empezó a follar con fuerza, diciéndole cosas como…

— que rico coño tienes, pero tu marido no te folla bien como yo!-, -toma putita eso querías, follar conmigo, así que mueve tu culo!-

No sé como mi madrastra aceptaba esas frases humillantes, pero parecía como si eso la excitara más, ya que movía su trasero para estar más ensartada en la polla del profe.
El profe le daba duras embestidas a ella y emitía tantos gemidos y gritos a veces que no puedo precisar si se corrió dentro del coño de Samantha durante esa posición perruna.

Por último la acostó boca arriba en el sofá grande y subiéndose encima de ella y entre sus piernas la penetro por enésima vez, ella lo encerró entre sus piernas y quedaron pegados sus cuerpos el uno con el otro, el movía su cintura con fuerza y cada vez que la clavaba ella gemía o suspiraba profundo.

Luego él entro en una seguidilla de movimientos rápidos de su polla entrando y saliendo de su vagina, aunque no lo podía ver, era obvio por el movimiento de caderas que le daba. Los gemidos de Samantha aumentaron y comenzó a gritar…

— Assi papi, assi, assii!!, no pares no pares!!!- de pronto el comenzó a bufar como un toro, los movimientos cambiaron a lentos pero profundos.

Ambos comenzaron a detenerse entre gemidos. Gritaron juntos varios segundos. Se quedaron otros segundos quietos, él aún encima de ella, sus cuerpos se relajaron allí tendidos.
El se levantó mientras mi madrastra quedó agotada con las piernas abiertas, un hilito de semen salía por su raja ahora colorada por tanta fricción.

Después de ese momento en el cual volví a mojarme en los pantalones y no se diga el número de pajas que me hice posteriormente recordando esa escena, el dilema era decirle a mi padre lo que había visto, no quería que mi padre fuera un cornudo y que se burlaran de él así, mi padre trabajaba mucho.

La decisión no me dejó dormir las tres noches siguientes, es más durante ese tiempo, no quería ni tener comunicación con mi madrastra.
Al cuarto día de eso, mi madrastra había salido, yo me armé de valor y me dirigí a la habitación de mi padre, finalmente le confesaría la infidelidad de Samantha, cuando estuve a un metro de la puerta oí gemidos provenientes de la habitación, la televisión estaba prendida a alto volumen, pensé que mi madrastra había regresado, pero recordé que no tenía planes de regresar a casa ese día, puse más atención y los gemidos me parecieron conocidos a pesar del ruido de la Tv.

Me regresé a mi habitación, me subí a la buhardilla y arrastrándome me fui hacia la habitación de mi padre. Con la luz de la Tv y de la mesa de noche, pude ver a mi padre en la posición del misionero follando a toda máquina a mi hermanastra Karina, ella estaba aferrada de él con sus piernas y brazos, él le daba pitonazos duros y secos que la hacían gemir estruendosamente…

— Asi papi!! Asi!!, dámela, ayy así!!- gritaba Karina debajo del cuerpo de papá.

De pronto se oyeron dos escandalosos gritos de ambos que llegaban al climax juntos. El mismo pecado tenía mi padre que mi madrastra!.

Para terminar, así me volví voyeur, mi casa era casa de lujuria. Ahora yo ya adulto, me encanta ver sexo en vivo a escondidas y me encantan los lugares de la red que promueven esos videos, me fascina!!.

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Nuevo en la ciudad

Nuevo en la ciudad

Llevaba poco tiempo en la ciudad, todavía no había conseguido trabajo y no tenía dinero para salir. Por las noches me gustaba salir al patio trasero desde donde se divisaba la inmensidad del firmamento en todo su esplendor, hermosas estrellas con todo su fulgor me saludaban desde el cielo.

En algunas ocasiones me gustaba poner la escalera y subir a una pequeña plancha que había sobre el cuarto trasero junto al patio y desde allí observaba las casas vecinas, que tenían las ventanas hacia el patio., esperaba que apareciera alguna vecina cambiándose de ropa o mejor dicho, despelotándose.

Pero nunca tenía buena suerte, y lo único que veía eran cortinas cerradas y a veces una sombra que pasaba rápida.

Me quedaba solo por la tarde y solo pensaba que llegara la noche para subir a dar una miradita…

cierto día estaba allí atrás en el patio sentado junto a la mesa mirando una edición de una revista muy conocida de chicas desnudas donde salía una rubia muy exótica, que me ponía cachondo con su culito redondo y dorado.

Estaba haciéndome una paja, cuando escuché a alguien…

era la vecina que estaba en el techo revisando el tanque de reserva de agua… una chica guapa, como de 18 años. Me guardé la mano en el bolsillo del pantalón y apreté mi polla, dejando la revista abierta. La sonreí y ella correspondió, así que me apreté mas fuerte la polla y ella se lamió lo labios.

Llevaba unos pequeñísimos pantalones cortos que marcaban sus preciosas nalgas y se agacho dentro del tanque para lavarlo por dentro, dejando su culo empinado y abierto.

Mi imaginación empezó a volar al tenerla frente a mi, en aquella postura, con mi calentón la veía agarrándola de la cadera y penetrarla hasta el fondo.

Saqué instintivamente mi polla y me empecé a masturbarme, mientras la miraba el culo, imaginándome dentro de ella, movía mi mano arriba y abajo poniéndome por momentos más cachondo.

Me di cuenta de que ella era consciente de que la estaba mirando, se sacaba con una mano la tela del pantalón del culo. Yo estaba súper emocionado y me miré la polla,…. ufffff ¡Como la tenia de dura!, era una gran inspiración esta chica y cuando levante de nuevo la mirada….. ella estaba mirándome, pero al verme apartó la mirada y siguió lavando el tanque.

Intente llamar su atención para que mirara de nuevo, pero parecía tímida y no me enseñó su cara pero si se paró en otro ángulo y volvió a ponerse bien el pantalón., está vez lo hizo de forma que se lo puso hacia un lado, enseñándome su coño….

Ufffff no me lo podía creer, comencé a masturbarme con mucha más energía e inspiración, ella de vez en cuando miraba durante unos segundos y después me regalaba con una leve sonrisa nerviosa y apartaba la mirada… Wow, me puso a mil y cuando llegaba a la recta final, que ya estaba a punto de eyacular, en ese momento si la chica se me quedó mirando fijamente. Concentrándose en mi polla y me enseñaba su cosita jugosa y deliciosa.

Se lamia los labios, se tocaba… y al final, se me quedo mirando fijamente como sabiendo que ya estaba en el punto exacto de explotar., abrió la boca y suspiró, después se mordió los labios y en ese momento, salió disparado un enorme chorro de leche sobre la mesa y la revista y también cayó en mi pantalón.

Mi mano quedó toda llena de leche por encima, su sonrisa ya no fue tan inocente como la timidez que quería mostrar al principio. Miraba mi semen esparcido y parecía deleitarse, cuando de repente alguien la llamó y ella me sonrió mientras movía sus labios diciéndome…

— “chao”

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Jamás había tenido nada con otra mujer

Jamás había tenido nada con otra mujer*

Tengo 19 años y mi nombre es Jennifer, siempre me habían atraído un poco las mujeres, pero jamás había hecho nada con otra mujer, simplemente admiraba su belleza.

Me describiré un poco, no soy muy alta mido 1.50 cm., de tez blanca y ojos verdes, mi cabello es negro, lacio, no lo llevo muy largo, apenas me llega a los hombros. Tengo grandes pechos, al menos es lo que muchos de mis novios me han dicho, soy copa C; de complexión no soy muy delgada pero tampoco estoy llenita, digamos que estoy normal.

Todo ocurrió un día que estaban haciendo reformas en casa, el cuarto de mi hermana estaba en obra así que la habían mandado a dormir a mi cuarto, le dije que podía dormir en el suelo, si no quería dormir conmigo. Mi cama era grande y no habría problema por el espacio.

Ella es muy parecida físicamente a mí, solo que ella es más delgada y el cuerpo un poco más fino, con pechos algo más pequeños que yo, pero con una cintura envidiable, su pelo es ondulado y largo, se llama Ivette y tiene 23 años.

La primera noche todo pasó muy normal, ella durmió en su lado y yo el mío, por razones que aun no comprendía, yo estaba nerviosa pero hice caso omiso de eso. Por la mañana noté como mi hermana despertaba, yo ya estaba despierta y la miraba con un ojo abierto sin que ella lo notase, se levantó y acto seguido se quitó el camisón, dejando que resbalara por sus pequeños pechos, me fijé que llevaba un pequeño tanga bastante ajustado y sexy. Cogió una toalla y salió de mi habitación.

Como si ella siguiera allí (aunque ya no lo estaba, solo me quede con esa sensación de que me vigilaban) deslicé lentamente mi mano metiéndola en mi tanga para tocar mi vagina y noté que estaba muy mojada. No lo podía creer, me había excitado mi propia hermana, me sentía en shock y mareada, no sabía que pensar…

Tal vez me atraían algunas mujeres, pero jamás me había excitado ninguna y mucho menos mi hermana, estaba empezando a dudar de mi orientación.

Mis dudas y confusiones pronto se transformaron en sueño y me volví a quedar dormida, cuando desperté mi hermana se había ido a trabajar al igual que mi padre y mi madre, como yo estaba de vacaciones en la escuela podía quedarme ahí todo el día, así que comencé a hacer mis quehaceres pero por más que me distraía mi mente regresaba a la delgada figura de Ivette en tanga frente a mi…

Mi tortura fue a peor cuando recordé que esa noche dormiríamos juntas de nuevo.
Como pude pasé el resto del día distrayéndome con lo que pude y llegó la noche, mientras mis padres veían la televisión en su cuarto., yo leía en la sala, frente a mí en el comedor mi hermana, vestida con un short y una pequeña blusa sin mangas, estaba cenando un plato de cereales.

Yo estaba que me volvía loca, mi mirada se desviaba cada momento hacia ella, y automáticamente mi mente la desnudaba con la mirada, incluso perdí el hilo a mi lectura varias veces y tuve que retroceder incluso algunas hojas, ella lo notó y comentó…

—Estas bastante distraída ¿verdad? – dijo sonriendo dulcemente.
—Pues….pues no mucho – balbuceé – En realidad creo que solo tengo sueño.
—En ese caso vámonos a dormir – dijo terminando su cena, guardó todo rápidamente y se fue a las escaleras
– Te veo en el cuarto.

No supe si era yo o su voz parecía provocadora, como incitándome o en realidad no sé, mi mente estaba muy confusa. Por un momento no supe que hacer, incluso pensé quedarme ahí en el sillón a dormir, pero recordé que, por la obra, había un agujero en la pared y entraba una gran corriente de aire, me daría frio por la madrugada, así que me arme de valor y me levanté para dirigirme a las escaleras y luego a mi cuarto.

Al abrir la puerta estaba todo a oscuras, creí que mi hermana ya estaba dormida, así que no encendí la luz, me senté en la cama, ella estaba del lado de la pared, me quité mis tenis y me dispuse a acostarme, pero la voz de mi hermana me hizo detenerme en seco.

— ¿No te cambiaras? – me dijo,

yo aun estaba vestida, con la mente perdida, había olvidado ponerme mi pijama.

— Ah, es que no quería molestarte con la luz – me excusé
— Creí que ya te habías dormido.
— No, sigo despierta – me dijo
— Vamos cámbiate, espero que no te moleste que esté yo aquí.
— No no, para nada me molestas – dije,

pero ya no supe que decir, así que me levanté y cogí el pantalón de pijama de uno de los cajones y me dispuse a salir, cuando ella me detuvo de nuevo con su voz

— Cámbiate aquí – me dijo casi casi como una orden
— Somos hermanas, no pasa nada.
— Ok,

fue todo lo que pude decir, me quité el pantalón que llevaba y me puse el del pijama, ella me miraba con un ojo abierto (justo como yo la había espiado a ella) Y eso fue todo, no me atreví a quitarme la camiseta frente a ella, el pantalón no fue tanto porque me cubría con la misma camiseta, que me quedaba algo larga.

Apagué la luz y me acosté guardando la distancia lo más que pude, creía que pronto mi mente empezaría a dar vueltas y me obligaría a tocarla y a hacerle quien sabe que cosas, pero no fue así el sueño me invadió de repente y me quedé dormida casi de inmediato.

En contraste, toda mi energía sexual se descargó en el sueño que tuve, soñé, como era de esperarse, con Ivette, soñé que la despojaba de sus ropas salvajemente y comenzaba a lamer sus pequeños senos, chupando sus pezones lentamente y mordisqueándolos, luego me sentaba en su cara y ella lamía toda mi vagina y jugueteaba con mi clítoris mientras yo tenía un orgasmo tremendo….

Desperté… miré por la ventana y ya había luz, eran las 10 de la mañana, antes de poder reaccionar sentí mi tanga súper empapada en jugos vaginales, me levanté y corrí a uno de mis cajones buscando otro tanga, me quite el que llevaba puesto y me iba a poner el limpio cuándo mi hermana apareció frente a mí, en la puerta. Me miró de la cabeza a los pies y me sonrió…

— Así que tuviste sueños locos – me dijo
— ¡No parabas de gemir!
— Egemmm, yo?…

no sabía que decir, instintivamente me vestí, sentí claramente que su mirada se desviaba hacia abajo….

— No digas nada, hermanita – me dijo mientras se acercaba a mí, yo no sabía qué hacer ¿Acaso seguía soñando?
— ¿No fuiste a trabajar? – pregunté reaccionando y retrocediendo un poco
— Es sábado – dijo ella un poco mas indiferente. Entro más tarde y salgo temprano

Yo solo asentí, cogí una toalla y corrí al baño, cerré la puerta con seguro y me metí en la ducha, no me pude contener mas y comencé a masturbarme, con una mano masajeaba mi vagina y con la otra mis pechos y mis pezones que estaban ya muy duros, mientras que mi mente estaba en el sueño que había tenido, en Ivette viéndome mientras me ponía mi tanga, mientras se acercaba y trataba de tocarme…
Y tuve un pequeño orgasmo mientras el agua caliente de la ducha recorría mi cuerpo.

Cuando salí, mi hermana ya se había ido, me vestí y fui a desayunar con mis papas, me comentaron que en unas horas se irían a un evento y no llegarían hasta tarde.

Así que unas horas después estaba sola en la casa, me distraje como pude pero esta vez me fue casi imposible, mi mente regresaba a mi sueño que tuve que cada vez le agregaba mas detalles y mas poses…
Acostada en mi cama me desnudé y comencé a masturbarme de nuevo pensando en lo maravilloso que sería tener la lengua de mi hermanita entre mis piernas, seguía tocándome con mis manos mis grandes pechos y deseaba que los mordisqueara mi hermosa hermana y los lamiera…

No podía aguantar más, me levanté por un impulso, no iba a ir al baño, en realidad no sabía porque, pero cuando me levanté ahí estaba, como si mi deseo se hubiera cumplido… mi hermana con una falda sexy y un top, me miraba desde el marco de la puerta, una de sus manos tocaba su pecho, por encima de su top.

Yo no pude contener mis deseos, y me acerqué y comencé a besarla salvajemente, como en mi sueño comencé a quitarle la ropa, primero el top y luego dejando su sexy sujetador negro a un lado., ella me tocaba con euforia mi espalda, luego bajo sus manos a mi trasero, me separé un poco y baje mis manos a su falda, quitándosela de un tirón, dejándola con su diminuto tanga, ella bajó su rostro hacia mis pechos y comenzó a lamerlos salvajemente, justo como lo había deseado hacía algunos minutos, me sentí en el cielo.

Ivette mordisqueaba y lamia mis pechos y mis pezones, jugaba con ellos mientras lentamente nos dirigíamos a mi cama, me sentó empujándome levemente y se agachó mientras me abría las piernas, enseguida metió su lengua en mi vagina y yo empecé a gemir como una loca, ella jugaba con mi clítoris con su lengua y luego lo chupaba todo, tenía una sensación indescriptible, electrizantes olas de placer recorrieron mi cuerpo mientras ella metía y sacaba su lengua…

— Me encantan tus gemidos – me dijo. Es justo como gemías anoche y yo me masturbaba a tu lado. ¿acaso soñabas conmigo?
— ¡SI! –grité entre mis gemidos, que por momentos eran más intensos. SOÑE ESTO, TODO ESTO Y MUCHO MAS….
— Ahora ves como tus sueños se quedan cortos, hermanita,

dicho esto subió de nuevo a mi cara empujándome hacia atrás recostándome, comenzó a besarme con más pasión que nunca mientras entre su saliva probaba mis propios jugos vaginales, era un sabor delicioso, limpie su lengua y su boca completamente de mis jugos, mientras ella con su mano me masturbaba y con la otra jugueteaba con mis pechos.

Yo estaba que no aguantaba, su mano apretaba cada vez mas fuerte mis pechos y su otra mano entraba cada vez más en el interior de mi coño. Cuando estuve segura que ya no había rastro de mis jugos en su boca, me separé un poco y me di la vuelta, poniéndome en cuatro patas, colocando mi trasero en la cara de ella.

— Tu boca ya no sabe a mis jugos ¿No quieres más?
— Me encantaría – me dijo,

mientras comenzó de nuevo a lamerme el clítoris y a jugar con su lengua dentro de mi vagina, yo con mi mano derecha me tocaba mis pechos y pezones, que no podían estar más duros, estaba cada vez más agitada y gemía más fuerte y más fuerte, pero cuando sentí dos de sus dedos (empapados en lo que serian mis jugos o los de ella, no lo sé) en mi ano…..

— puaffffff,

un terrible orgasmo liberó más jugos vaginales sobre la boca de Ivette, inundándola, ella los tragó con placer mientras lamiendo todo mi cuerpo llegó de nuevo a mi rostro y me besó de nuevo.

La besé un poco más calmada, pero ella seguía agitada y con una actitud un tanto salvaje, así que decidí calmarla un poco, comencé lamiendo su cuello, chupándolo salvajemente, succionando, creándole varios moretones, y con cada uno ella soltaba un leve gemido. Mientras tanto mis manos se entretenían en sus pechos, que pronto atrajeron mi lengua y comencé a lamer, sentí entre mis dientes como sus pezones se endurecían más y más, hasta que llegaron a un punto que no podían hacerse más duros fue cuando empecé a mordisquearlos y mientras mi mano bajó a su tanga (empapada en jugos) y comencé a frotar su coño por fuera, mis dedos se mojaron también y los llevé a mi boca para sentir su sabor…

— Rico

dije mientras ella soltaba otro gemido un poco más fuerte… seguí comiéndome sus senos mientras mi manó volvía abajo a llenarse de sus jugos, luego volvía a mi boca a limpiar mi mano, no pude contenerme más a su sabor y decidí probarlos directamente.

Así que fui bajando por su vientre mientras ella se recostaba y cuando llegué a su ombligo ella arqueó todo su cuerpo en una oleada de placer, una de mis manos seguía aferrada a sus pechos y la otra a los míos, me di cuenta que mi vagina quería de nuevo una lengua ahí metida, pero debía esperar, mi hermanita tenía que gozar primero.

Bajé lamiendo todo su cuerpecito hasta llegar a su tanga, que mas mojada no podía estar (¿o tal vez si?) la lamí por afuera y ella gimió terriblemente, sus gemidos eran menos escandalosos que los míos pero aun así se oía que gozaba, la lamí con mas fuerza y cada vez mas rápido, sus jugos eran deliciosos mucho mejores que los míos, así que le quité el tanga para probarlos aún más directamente y ella gimió más fuerte, y aun mas fuerte cuando encontré su clítoris y comencé a devorarlo mientras su gemidos iban en aumento, más jugo salía de esa hermosa cavidad.

Cuando me di cuenta yo ya tenía una mano en mi coño y me masturbaba mientras le comía su sexo a mi hermanita. Sentí curiosidad y saqué mi mano para metérsela a ella, mientras seguía lamiendo pude probar mis jugos combinados con los de ella, fue algo delicioso que me puso a cien otra vez, aunque sin darme cuenta mi manó la penetró demasiado y ella gritó dejando fluir un orgasmo en mi boca, lo que me prendió aun más, yo estaba excitadisima otra vez, pero pensaba que mi hermana no quería continuar. Obviamente me equivocaba…

— Bésame – dijo y yo obedecí como una autómata

La besé salvajemente de nuevo mientras ella tocaba mi trasero y yo el de ella, nos fundimos las dos acostadas una sobre la otra (yo arriba) en un largo beso apasionado, cuando terminó me levanté un poco para poder verla, ella me miró a los ojos y me sonrió pícaramente, su sonrisa daba un claro mensaje…

— «quiero más»

Acerqué mis senos a su boca para que los lamiera, una vez que jugó con ellos y los empapó en su saliva hice yo lo mismo con sus pequeños pero muy firmes pechos, al estar llenos de saliva los juntamos y los frotamos, mis pechos y los de ella, mis pezones y los de ella, se tocaban, se movían arriba abajo era una sensación que me invadió de placer, era algo que no se como describir con palabras.

Luego nuestros movimientos se hicieron más bruscos y sentí como sus piernas se abrían para atraparme con ellas, pronto sentí su cálido sexo pegado al mío y como empezaba a frotarlo contra el mío, era otra sensación indescriptible…. delicioso.


Nos seguimos besando mientras frotábamos nuestros exquisitos cuerpos uno contra el otro, provocando mas gemidos en mi hermana sofocados por mis besos, pero pronto mi lujuria me exigía más, mi sexo demandaba una lengua ahí dentro y no había ninguna, así que me levante y justo como en mi sueño me senté en su cara y ella sin pensarlo comenzó a lamerme, mientras vi como sus manos iban a su sexo para masturbarse, como pude la detuve y me lancé hacia su coño y comencé a devorarlo, quedamos en posición de 69, las dos lamíamos nuestros coños mutuamente, probando nuestro sabor, gimiendo cada vez mas constantemente hasta que las dos estallamos en un fuerte orgasmo, justo al mismo tiempo.

Fue relajador y al mismo tiempo pude descargar toda mi lujuria y mi energía sexual, me sentí aliviada. Bueno casi toda…ella comenzó a lamerme de nuevo pero solo para limpiar mis jugos, así que hice lo mismo, luego nos acostamos y nos fundimos en un gran beso.

— Te amo, hermanita, me dijo entre besos.

Le respondí que yo también y nos seguimos besando desnudas con nuestros cuerpos entrelazados, nuestros besos fueron interrumpidos por el teléfono, mi hermana se apresuró a ir a contestar y yo me quedé tendida en la cama, maravillada todavía.

Regreso unos minutos después, aun desnuda se quedó mirándome y sonriéndome desde la puerta.

— ¿Qué? – le dije
— Nada, es que eres tan guapa – me dijo
— Jajajaja – me reí – Ya, dime quién era.
— Era papá – dijo acercándose, dándome otro largo beso en los labios, al término agregó
— No podrán llegar hoy… así que tendremos toda la noche…


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Lo recuerdo con una sonrisa

Lo recuerdo con una sonrisa *

Llevábamos cuatro meses de relación. Un sábado pensamos en ir al campo para pasar el día, llevamos la comida y bebida.

Llegamos a la cabaña y descargamos todo y después fuimos a dar un paseo, era una delicia, la naturaleza, se respiraba aire puro y pasamos mucho tiempo hablando sin preocuparnos por la hora.

Ya había poca luz, entrando la noche. No había nadie alrededor, ya se habían marchado todos los excursionistas. Entramos en la cabaña y Antonio me rodeo, pasando los brazos por mi cintura y me besó en los labios., el tiempo se paró de repente y disfrutamos de aquel beso intenso.

Poco a poco su mano fue acariciando mis pechos, me desabrocho la cazadora y metió su mano por debajo del jersey y la camiseta hasta tocar mis pechos, apartando el sujetador. Jugaba con ellos, pellizcaba los pezones y yo que llevaba mucho tiempo sin tener sexo, ufff, me puse mala, estaba tan excitada que cada vez que me pellizcaba el pezon, me ponía peor.

De pronto se agachó y empezó a besarme los pechos, levantándome el jersey y luego me desabrocho la cremallera del pantalón de montaña y metió su mano en mi coño…. mmmmmm jugaba con sus dedos mis labios, mientras seguía besándome los pechos.

Mi mano como si tuviera un iman, fue directa a coger su polla, Antonio se aflojo los pantalones y metí la mano por debajo del pantalón y los bóxer, cogí su polla… que estaba sufriendo entre la ropa, tan dura como estaba, la saqué y jugué con ella, subía mi mano y la bajaba con suavidad pero con firmeza, brotaban esas gotitas tan ricas de la punta, me mojé la mano con ellas y seguí moviendo su polla por momentos más deprisa.

Me llevó dentro, donde me puso sentada en el borde de la mesa, me quito el pantalón y despacio metió su polla en mi vagina, estaba caliente, húmeda, tenía la medida perfecta que encajaba en mi vagina, se movía despacio.

Mientras metía y sacaba su polla de dentro de mí, con mi mano le tocaba la polla. Antonio era mas alto que la mesa y su polla me rozaba el clítoris en cada embestida y yo en cada roce me ponía cada vez mas mala, no podía aguantar, empecé a jadear, le gritaba….

— no pares, sigue sigue, así, asiiiiiii y explote,

Fue rápido, sin apenas poder disfrutar de su polla dentro de mi, después me senté en un banco de piedra y agachada comencé a masturbarle, mirando esa polla que me había regalado un momento inolvidable.

Conforme la miraba, instintivamente me acerque y con la lengua, le rozaba el glande, mientras no dejaba de mover mi mano de arriba abajo, le oí jadear y noté las venas de la polla como se hinchaban más y de pronto dio un grito y se corrió, manchándome la cara de su líquido, fue como grifo de agua abierto.

Nos reímos mucho, cogió unas servilletas y me limpio. Después nos lavamos y recogimos todo y nos marchamos.

Tengo un buen recuerdo de aquel día, fue bonito, hubo deseo y fue un momento con encanto.


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Oski nos arrastró a cometer una locura

Oski nos arrastró a cometer una locura


En mi adolescencia no tuve un grupo de amigos muy calmo que digamos. Éramos un grupito de seis chicos, ninguno pasaba los 18 años excepto Oski, que tenía 26, un físico enorme y un carácter dominante.

De más está decir quién era el que mandaba. Si bien jamás habíamos hecho nada ilegal, ni Oski nos pedía cosas imposibles de hacer, la mezcla de respeto, admiración y miedo que todos sentíamos por él, a mí me hacía pensar que algún día nos arrastraría a cometer alguna locura.

Cierta noche fuimos a bailar. Uno de los chicos, Javier, conoció a una deliciosa jovencita. No había llegado a los 18 y su corta remera destacaban tanto sus pechos, que no eran grandes pero si muy sexy, y su vientre blanco, plano y apretado, como toda su cintura. Llevaba una falda larga hasta los tobillos, que se las arreglaba para destacar un culito más que prometedor. Era de estatura baja y su cara era raramente sexy, dominada por una nariz de tabique irregular y unos ojos enormes.

La vi bailar junto a Javier y, si bien yo estaba bailando con una adolescente muy bonita también, no podía quitarle los ojos de encima. Su nombre era Oriana y bailaba con las manos de Javier en la cintura, moviéndose con una sensualidad que le nacía de las mismísimas entrañas.

Al salir del local, el único que terminó la noche acompañado fue Javier. Noté cómo Oski dejaba que su mirada se perdiera en la casi etérea figura de Oriana. Javier nos pidió que acompañáramos todos juntos a Oriana a su casa, que no vivía lejos, pero que en el camino tenía zonas no muy seguras que atravesar.

Estábamos, además de Javier, Oski, Dani y yo.
El que dominó la escena durante la caminata fue Oski, que nos iba relatando a todos algunas de sus hazañas. Al pasar por una obra en construcción que tenía un precario cerramiento de madera, asegurado con un simple candado, Oski nos desafió a que él podía abrir ese candado con un pedazo de alambre. Curiosamente Oriana aceptó el desafío y se dispuso a probar que esa maña de Oski era cierta. Y lo era. Oski encontró un trozo de alambre y en poco tiempo destrabó el candado como con su propia llave…

— “Ahora ciérralo”, le dijo Oriana.
— “No, ahora que está abierto entramos” dijo Oski


y con una mirada nos ordenó a Dani y a mí a hacerlo. Javier y Oriana, a su pesar, entraron al quedarse sin compañía para seguir el camino. Pero Oriana insistía constantemente en que nos fuéramos. El lugar estaba oscuro, apenas iluminado por las luces de la calle y por una poderosísima luna que gobernaba una noche despejada y cálida.

El ambiente se fue poniendo pesado. Oski le insinuaba cosas a Oriana y ésta que se quería ir. La cosa se puso fea cuando Oski le pidió a Oriana que hiciera un strip-tease, a lo que Oriana respondió enfurecida, pidiéndole a Javier que la llevara a su casa, pero Oski le ordenó a Javier que se quedara quieto, lo amenazó y enseguida, se paró frente a Oriana y le dijo que comenzara a desnudarse. Oriana quiso huir, pero Oski la cogió de un brazo. Luego nos pidió a Dani y a mí que la agarráramos de los brazos. Él se paró frente a Oriana y le dijo…

— “así se hace un strip-tease”

tomó su remera con ambas manos y la rasgó dejando las hermosas tetas de la chica a la vista de todos. A pesar de su llanto, el cuerpo de Oriana me excitó de sobremanera. Miré su espalda y vi cómo esta terminaba en su fabuloso culo que temblaba bajo la falda. Hacia allí fue mi mano.
Era increíblemente firme y carnoso. Tomé con toda mi mano uno de sus glúteos y lo amasé con deleite, mientras Oski le manoseaba las tetas.

Ahora Oski la agarró de los pelos y la obligó a arrodillarse. Se bajó el cierre de sus pantalones y sacó un enorme instrumento en vías de erección. Yo me apresuré a arrodillarme tras ella y a apoyar mi excitado sexo en su culo, mientras Oski y Dani la obligaban a que se llevara a la boca la polla de Oski.

Miré a un costado y Javier estaba paralizado por lo que veía. Oski lo alentaba a unirse a la fiesta, pero él estaba paralizado.
En medio de forcejeos, amenazas y llantos de Oriana, Oski logró que su polla descansara en la boca de la chica un par de veces. Luego volvió a obligarla a que se pusiera de pie y la llevó hasta una pared.

La puso de cara contra los ladrillos y levantó su falda, tomó sus bragas y se las sacó de un tirón, rompiéndolas. En ese instante pude ver su precioso culo que tan obsesionado me tenía hasta ese momento. Oski la tomó de las caderas, Oriana quedó apoyada con sus manos contra la pared y así, medio doblada hacia adelante, recibió el embiste de Oski en su coño, que tomándola de la cintura se la empezó a follar como un demente. En un momento, los quejidos de dolor de Oriana ya no parecían ser tales y se iban mezclando con jadeos y suspiros.

Dani y yo teníamos unos bultos enormes a esa altura y mirábamos la escena con apetito.
Oski le dijo a Dani que se tumbara en el suelo. Dani se bajó los pantalones y se acostó con la polla en pie de guerra. Oski obligó a Oriana a que se montara sobre ese aparato, cosa que logró en medio de más forcejeos. Al lograrlo, Dani comenzó a moverse como loco dentro de Oriana. Pero Oski no había terminado su tarea: apuntó su lanza al preciosísimo culo de la chica que respondió a la primer embestida con un grito.

Ver a mis amigos ocupando los agujeros de esa hermosa mujer, me terminó de enloquecer. Saqué mi polla y empecé a masturbarme. Sobre todo porque noté que Oriana seguía insultándolos, pero ya no había mucha resistencia que digamos. Ver a Oski entrando y saliendo de ese tremendo culo era lo máximo. Javier seguía estupefacto, mirando la escena.

Luego Oski sacó su polla del culo de Oriana y se paró frente a su rostro, la cogió de los pelos y empujó su aparato dentro de su boca, donde derramó el final de su faena, a la vez que me ordenaba que me hiciera cargo del culo de la chica.

Yo no necesitaba que me obligara, me abalancé hacia ese culo soñado al instante. Sólo en películas porno había visto un culo tan escultural al desnudo y disponible. Acomodé mi polla en la entrada y empecé a hundirla, sintiéndola apretada por aquel monumento. Cuando sentí el roce de la piel de sus cachetes en mis huevos creí que iba a morir de placer.

Empecé a sacudirme rogando que aquello no terminara jamás. Pero terminó mientras me hundía en ella por enésima vez y descargaba toda mi leche con un torrente violento. La saqué y acomodé mi ropa. Dani estaba terminando lo suyo. “Llego” gritó. Pero Oriana se zafó y fue a buscar esa polla que se ocupó de su coño mientras Oski y yo le destrozábamos el culo, se la llevó a la boca y se tragó hasta la última gota que le sacó con una paja gloriosa.

Oski le dijo a Javier…

— “Bueno querido, toda tuya. Después de todo, te la mereces, ya que fuiste tú quién se la levantó”.

Oriana se acercó a Javier, se paró delante de él dándole la espalda y comenzó una especie de baile cuya coreografía tenía el atractivo centrado en su culo que se movía sobre el bulto de Javier que empezaba a reaccionar. Nosotros tres nos fuimos…

— “Dejémoslos solos” fue la orden de Oski.

Caminamos hacia nuestras casas comentando aquella experiencia. Llegamos a una esquina y nos separamos, cada uno en dirección a su casa. Pero yo no pude reprimirme. Y volví sobre mis pasos hacia aquella construcción. Entré sigilosamente, sin hacer ruido, y me escondí tras una pila de ladrillos desde donde podía ver a Javier y a Oriana.

Llegué en el momento en que ella se ponía en cuatro patas, pero con la cara y el pecho contra el suelo, dejando su delicioso culo entregado y generoso hacia arriba. En el preciso momento en que Javier enterraba su polla en el culo de la ronroneante Oriana, yo empezaba a masturbarme…


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Un espectáculo asombroso

Un espectáculo asombroso *

La oí llegar por el pasillo, en verano siempre anda medio desnuda y le encanta subirse la ropa y enseñarme las tetas o su coñito…

Eran cerca de las cinco, una tarde de verano húmeda en nuestro piso de Barcelona, yo me encontraba navegando por Internet, mirando paginas porno y leyendo relatos, ella estaba en otra sala viendo la televisión y quejándose del calor, cuando hace calor todo su cuerpo se humedece.

La oí llegar por el pasillo…

Se puso al otro lado de mi mesa dispuesta a trabajar, y volvió a quejarse del calor, empezó a desperezarse y distraídamente se acarició el pubis, me sonrió y siguió acariciándose lenta y perezosamente, sus manos iban de sus pechos a su coño y volvían a subir, por momentos empezó a apretarse las tetas mas fuerte cada vez que se las tocaba, me miraba a los ojos sonriendo y un instante después los cerró concentrándose en sus caricias.

La excitación comenzó a mojar todo su cuerpo y fue estirándose como una gata en la silla, acariciándose muy fuerte los pechos con una mano y restregándose también con fuerza todo el chocho por encima de la braga.

Sus piernas estaban estiradas y juntas para un instante después, abrirse de manera obscena empezando a meter un dedo en el coño a través de las bragas.
Me dijo…

—no pierdas detalle de cómo se hace una paja una mujer,

se bajo la braga dejándola a media pierna, y empezó a masturbarse lenta y firmemente, y se fue animando, su mano derecha acariciaba el chocho, con movimientos circulares, cada vez mas fuerte y mas rápido, mientras su mano izquierda se apretaba las tetas casi hasta gritar de dolor, poco a poco la mano que acariciaba el coño fue subiendo el ritmo, era ya tan rápido que casi no la veía, de repente paraba un momento para coger fuerzas y volver con un ritmo cada vez mas bestia.


empezó a emitir quejidos y sus piernas eran como dos columnas, abría la boca y respiraba cada vez mas fuerte, todos sus gestos se volvieron brutalmente obscenos, se acercaba a una corrida bestial, comenzó a chuparse los dedos de la otra mano como si de una polla se tratara.

Empezó a correrse, sus piernas no podían estar mas tiesas, su mano empapada apretaba el coño y tuvo la primera convulsión, su cuerpo parecía movido por fuerzas invisibles, después de esa otra y otra hasta 4 mas, poco a poco se fue relajando y dándose pequeños toques en el clítoris… emitía grititos, dando pequeñas sacudidas.

Su cara reflejaba la corrida que acababa de tener y me sonreía con cara de viciosa satisfecha.

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Una orgia improvisada

Una orgia improvisada *

Era un agosto muy caluroso, en todos los sentidos, con el calor todo el día. Íbamos ligeros de ropa y con el calentón a tope…
Mi novia Marta de 19 años y yo 22 años, compartíamos piso y este era nuestro primer verano en el piso que ella compartía con otras amigas suyas, estudiantes igual que ella.

Sus amigas se habían ido a veranear con sus padres y sólo de vez en cuando aparecían por el piso.

Primero lo hacíamos cada noche, varias veces, luego también por la mañana e incluso por la tarde, me excitaba sobremanera correrme en su boca y me aficioné a hacerle una facial cada noche, me encanta ver su carita de muñeca, sus pelos castaño claro, y sus ojos azules salpicados de semen…

Verla limpiarme a fondo la polla, me hacía ponerme a tope de nuevo…

Un día hablando sobre qué podríamos hacer más fuerte, que fuera muy morboso, se le ocurrió a ella una idea, no quiso decirme nada, tan sólo me dijo que una compañera de piso vendría dentro de pocos días.

La verdad la idea me excitó mucho, más tratándose de Marisol, una morenaza de tetas hermosas y de pezones siempre erectos, la conocía de años y me había hecho más de una paja imaginándome que me hacía una buena mamada y me corría en su boca.

Al fin llegó el ansiado día de la llegada de Marisol, yo tenía constantemente la polla morcillona de sólo pensar en ella, y debido al calor y como siempre iba vestido con unos bóxers y una camiseta de algodón, tal atuendo dejaba ver claramente mi paquete, que con mis 20 largo X 16 contorno, era bastante llamativo…

Llamaron a la puerta, el corazón me palpitaba muy deprisa, ya me imaginaba como provocar a Marisol, para intentar ponerla caliente y poder follarmela. Marta abrió la puerta y entonces me llevé una gran desilusión había venido con su novio Juan.Todo estaba perdido pensé… tan sólo después de cenar.

Una cena regada con bastante vino, en la que el ambiente se caldeaba… empecé a recuperar algo de esperanzas.
Después mi novia propuso que pasáramos al salón a ver una buena película porno, la verdad es que íbamos todos un poco bebidos, pero sólo era un pedete lucido.

Marisol no apartaba su mirada de mi descarada erección que los bóxers poco podían hacer por ocultarla. Al ir al sofá le pegué como si fuese un accidente mi polla en su culito, tan sólo cubierto por la tela de una falda de vuelo.
Un poco más tarde con la excusa de coger el mando de la tele, me ladeé y le pegué el paquete a su mano.

Estaba muy salido y sólo pensaba en follármela. Marta sabía de mis ganas de tirarme a Marisol, y yo pensé que esa era su sorpresa para tener una noche muy morbosa, tal vez un intercambio de parejas o algo así.

De pronto Marta llamó a Marisol y ambas se fueron al pasillo, por los gestos deduje que Marisol le estaba contando el incidente del paquete en la mano, ambas se reían a carcajadas, luego siguieron hablando entre risitas. Cuando volvieron seguimos viendo la película, que la verdad era fortísima, yo tenía la polla dura y sin tocarme, Juan también marcaba un buen bulto en sus pantalones de deporte.
Marta dijo:

— “Vaya pollas se os han puesto”


Marisol se la tocó a Juan por encima del pantalón, entonces me di cuenta que Juan estaba masturbando a Marisol ya que tenía su mano bajo su falda.
Así estuvimos como un cuarto de hora más, entonces Marta se levantó y dijo:

—“Tengo un plan que proponeros, lo hemos estado hablando Marisol y yo hace un rato, queremos hacer una pequeña orgía, en la que ambos si lo queréis podréis disfrutar de nosotras, pero sólo hay una condición para ello, que ambos tendréis que hacer todo lo que digamos, nosotras tendremos el control de la situación en cada momento, en caso contrario se acabó la fiesta, tenéis que hacernos gozar a tope.”

Juan y yo nos reímos, y al fin veía cerca el ansiado momento de follarme a Marisol. Marta se acercó a mí y me quitó los calzoncillos, mi polla saltó en total erección, incluso estaba húmeda de líquidos pre-seminales, Marta me la empezó a lamer, dándole lengüetazos por todo el tronco y jugando con su lengua y mi glande, me estaba haciendo sufrir de placer, cuando se acercó Marisol… no me lo podía creer, me agarró la polla y se la metió en la boca, me estaba haciendo una mamada increíble, pero a los pocos minutos paró y me dejó con las ganas.

Se fue hacia Juan a chuparle la polla a su vez, que vista ver a Marisol de cuclillas con un culo imponente de honda raja, y mamando una polla, su larga melena le caía por la espalda, y se movía al unísono de los movimientos de la chupada que le estaba haciendo a Juan. Marta se subió encima de mi polla y empezó a cabalgar, mi polla salía y entraba en su coño de forma casi brutal.

Marisol seguía a lo suyo mamándole la polla a su novio, de pronto se levantó y trajo consigo a su novio, y cogiéndole la polla con la mano se la ofreció a Marta que empezó a chupársela con fuerza, incluso se quitó de encima mío para dedicarse en exclusiva a esa nueva polla, Marisol se unió a ella… qué mierda yo ahí sólo y las dos chicas para él.

Marta me dijo que me acercara que quería darme un morreo, nos besamos efusivamente al tiempo que le magreaba las tetas y le tocaba el culo a Marisol, pero me incomodaba de sobremanera tener una polla a pocos centímetros de mi cara, y más cuando Marisol cogiéndola con la mano me la ofreció:

—“Chúpala”
—“Ni hablar. ¿qué te crees que soy maricón o qué?”
—“Pues si quieres follarme tendrás que hacerlo, Marta y yo lo hemos planeado todo, queremos ver a un tío compartir una polla con nosotras, nos da mucho morbo”
—”Si no lo haces te la tendrás que pelar tu sólo”

Accedí a sus peticiones y empecé a chuparla, nunca había hecho una cosa igual, y sólo lo hacía por conseguir a Marisol, nos turnábamos los tres para mamársela.

Marisol:
—”Avísanos cuando te vayas a correr”
Juan:
—“No te preocupes por nada, os avisaré”

Las muy putas se la chupaban cada vez con mas vicio, pasándole la lengua por el glande en rápidos lengüetazos, y obligándome a mí a hacer lo mismo, a esas alturas ya no me disgustaba, ni tampoco me gustaba en especial, era incluso excitante por el hecho de compartirla con dos chicas maravillosas.

He de decir que soy 100\% heterosexual y sólo me gustan la chicas, aquello tan solo era placer y sexo, y la llave para tener mayor placer un poco más tarde.

Marisol empezó a chuparle la polla desde abajo y Marta hacía lo mismo, le pasaban tan sólo la lengua por el costado de la polla mientras yo se la chupaba, cuando de pronto, el muy cabrón, sin avisar se empezó a correr, ante la sorpresa me la saqué rápidamente de la boca, y siguió soltando chorros, nos llenó a los tres las caras de semen, incluso noté como un chorro me mojaba el pelo.

Marta y Marisol reían con cara de vicio, me lamían la cara para recoger todo el semen que pudieran. Dejé salir de mi boca todo el semen que pude, pero cuando tuve que tragar todavía noté la presencia de ese liquido viscoso y espeso, no me daba asco ya que Marta y yo nos morreábamos a veces después de correrme en su boca.

Pero iba a tener mi premio, Marisol se me ofreció de forma incondicional, me la follé con furia, para vengarme de lo de la mamada, incluso por el culo., incluso por ahí me la follaba a lo bestia, como si estuviera poseído, mi polla entraba y salía de su culo a gran velocidad, se la notaba incomoda, y no es de extrañar ya que mi polla era mucho más gorda que la de su novio, estaba casi desmayada de placer.

Cuando estuve por acabar me la saqué y se la acerqué a la boca para que me la chupara.
Me la estaba mamando de maravilla, mi sueño hecho realidad, cuando me pasó la lengua por entre su boca y mi glande, no pude aguantar más y me corrí en su boca, se la saqué de la boca y le apunté con la polla a los ojos, y uno de mis chorros la alcanzó de lleno en un ojo, no le dio tiempo ni a cerrar los párpados, los tenía llenos de leche, con la cara llena de leche le hice que me la siguiera chupando.
Mmmmm…¡Qué placer! Había esperado ese momento tanto tiempo y ahí tenía a Marisol con la cara llena de leche.

Creía de todos modos que el precio que había tenido que pagar había sido demasiado alto, para conseguir realizar mi fantasía con Marisol, pero cuando Marisol volvió de nuevo por el piso tres semanas más tarde lo hacía sola, había dejado a su novio, los tres mi novia, Marisol y yo formamos un estupendo trío.

Llevamos meses así y la verdad es que el placer que da ese tipo de relación me hace pensar que es el estado ideal para disfrutar del sexo a tope.

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Mi gran fantasía cumplida

Mi gran fantasía cumplida


Mi nombre es estrella, tengo 22 años, soltera, de ojos marrones, cabellos largos, ondulados de color castaño, me apasiona el sexo y siempre había soñado con hacer el amor todo el día con diferentes hombres.

Ese jueves salí de mi casa a las dos de la tarde rumbo a Cartagena, íbamos un grupo de 8 personas, en el cual solo habíamos 2 mujeres; llegamos a las refrescantes playas de Cartagena, y en la orilla del mar nos quedamos, bebiendo, bailando, hablando de todo. Serían las 9 de la noche cuando mi amiga Michael dijo que tenia malestar estomacal y que prefería irse a acostar., nos quedamos mis 6 amigos y yo; nos zambullimos todos en el mar, allí jugueteamos, nos sentíamos libres, y allí comenzó a hacerse realidad mi gran fantasía.

Estando en el mar di inicio a una conversación, el tema era » cual es tu fantasía sexual» como todo anfitrión comencé a hablar, les dije que me gustaría hacer el amor durante largas horas con varios hombres, enseguida kike dijo…

— sabes Estrella yo siempre he querido probar tus dulces labios…, y yo ni corta ni perezosa lo abracé y allí nos fundimos entre cálidos pero excitantes besos, fue como un juego donde todos tenían la oportunidad de besarme, y así lo hicimos, pero yo estaba encendida y quería acción.

Sentía como las olas nos movían de un lado al otro, Jorge me tomo entre sus brazos y me chupaba los senos, mientras que Pablo metió sus dedos en mi vagina, kike me penetraba por atrás y yo con la mano derecha le hacía una paja a Freddy, y con la izquierda se la hacía a Wilmer. Jose estaba allí a la expectativa, silencioso, admirando la orgia y esperando ansioso su turno.

kike fue el primero en correrse, luego se apartaron de mí, dejando que jose me tomara y me hiciera suya. Empezó besándome apasionadamente por el cuello, hasta llegar a mis pechos, mientras sus dedos jugueteaban con mi vagina… umhh…que bien me sentía…, ahora mismo estoy sintiendo esa sensación… quiero correrme nuevamente… yo le hablaba al oido y le decía…


— métemela toda mi amor, quiero sentirla toda dentro de mi vagina, follame, hazme sentir plena….quiero más…

lo hicimos durante una hora, fue lo que tardó en correrse. Después le tocaba el turno a Pablo, el más infantil de todos… es muy romántico, me cantaba y decía cosas bonitas mientras exploraba mi cuerpo, parecía que fuese su primera vez, con él todo fue lindo, lo hicimos por delante y por detrás.

ahora le tocaría a Fredy, ahiiiiii… lo estaba esperando con tantas ansias… es el mas atlético de todos, tiene unos músculos, que fuerza… él me alzo, se quedó casi agachado y me sentó sobre sus piernas, y empezó a moverse, uff de que manera.

Fue algo difícil ya que las olas del mar no se quedaban quietas y nos movíamos fuertemente de adelante hacia atrás, pero no nos importó, al contrario… fue el polvo que más me gusto… estaba 100% erecto y me pidió que me agachara un poco y tratara de colocarme como un perrito, lo intente y sentí como clavo su gran polla dentro de mi ano… ahhhh mmmm., sentí que me atravesaba, pero le pedía que lo hiciera con mas fuerza… asiii…ahmm… me voy a correr.

Gritábamos ambos… uffff, que rico… se corrió y me dijo al oido…

— » cuando todos hayan terminado, quiero volver a hacerlo contigo»

Jorge fue realmente encantador, me hizo volar, me clavaba la polla por atrás y por delante con sus dedos, y me chupaba la espalda, el cuello, uff le pedí más a pesar de haber follado con todos ellos.

Sentí que mi cuerpo me pedia mas sexo, así que le pedí que no se corriera, mientras me sumergí en el mar y le chupe la polla durante unos segundos. Cuando salí, metió su polla en mi hinchada vagina… que rico… me sentía la mujer más afortunada de la vida. El tuvo dos eyaculaciones en ese momento…

Cuando termine de follarme a todos, eran aproximadamente las cuatro de la mañana porque ya estaba amaneciendo. Llame a Fredy aparte, y le pedí que me llevara a un hotel. Cuando llegamos al hotel me cargo y me dejo caer sobre el sofá, y con apasionados besos me fue quitando la ropa, quería que ese momento no se terminara, me chupo, me beso, me folló por delante y por detrás, cientos de veces, no queríamos irnos… no queríamos saber de horas ni de nada, lo hicimos en el baño, en el suelo, en la cama, sobre el tocador, en la mesita de noche. Ese día no comimos nada, solo queríamos devorarnos, chuparnos todos nuestros néctares, quedar secos, no dormimos ni descansamos, cuando él se corria yo le chupaba la polla y le besaba los huevos para que no se le bajara la ereccion y así fue como pude hacer realidad mi gran fantasía.

cuando salimos del hotel eran las 6:15 de la tarde cogimos un taxi rumbo a la terminal para regresar a Barranquilla y en el camino nos seguimos besando, y tocando, sabíamos que no podíamos esperar a llegar, así que en la terminal nos metimos en el baño de los hombres y lo hicimos nuevamente, cuando nos montamos en el bus nos seguimos chupando, agarrando…, el metía sus dedos en mi vagina y por mi ano, no nos podíamos contener, así que se la chupe hasta que se corrió en mi boca, todavía puedo sentir ese sabor….umhhhh….que rico.

Ahora no podemos estar un solo minuto sin vernos, a diario me pierdo de mi casa para encontrarme con él y tener a diario un mínimo de cinco orgasmos.


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Un día en el rancho familiar

Un día en el rancho familiar


Todo esto sucedió un día que fuimos al rancho, el día era algo fastidioso y le dije a mi primo que fuéramos a caminar, como el también estaba aburrido acepto.

Fuimos por los alrededores del rancho, el camino era de tierra, no pasaban automóviles. Íbamos paseando tranquilamente y de pronto mi primo saco un condón y me lo enseño.

Entonces yo tenia 15 años y me pico la curiosidad de ver el condón, lo saqué del envoltorio, y mi primo lo agarró y lo inflo un poco y comenzó a pasármelo por las nalgas jugando.

El me dijo que su polla llenaba ese condón y yo no le creí, y le dije que se lo pusiera. El ni corto ni perezoso, ya había sacado su polla, me fijé en que era grande y gruesa, entonces me dijo que le pusiera el condón.

Yo notaba unos calores y humedad en mis bragas, sin dudarlo cogí el condón y se lo puse. El me empezó a pasar su verga por mis nalgas y coño…sentí la dureza de su polla a través de mis pantalones, el calor cada vez era más intenso y me quite la blusa.

Mi primo me ordenó que le mamara la polla, para mi era nuevo, pero me gustó chuparla, al mismo tiempo la movía con la mano de arriba abajo. A continuación el me bajo el pantalón e hizo aún lado mi tanga de color verde, hizo que me inclinara un poco y por detrás me fue metiendo su polla en la vagina poco a poco.

Me metió la cabeza con cuidado, y luego ya metió el tronco hasta el fondo de mi vagina, empezó un mete saca frenético, yo me agarre de un árbol y el me decía…

— ohhh prima que rico culito tienes, muévelo más

yo adoraba que me hablara así, y obedecí moviéndome mas rápido, en un momento dado me dio la vuelta y me abrazo, pensé que ya había terminado pero nooo, me cargo y me la metió de nuevo, que rico se sentía, tener toda su polla dentro de mi vagina.

Yo sentía que iba a estallar, cabalgue esa polla, mientras mi primo me lamia las tetas. De un momento a otro mi primo se quito el condón y me bajo, hizo que me arrodillase y le chupara la polla.

Ahora estaba mas rica, caliente y con sabores mezclados míos y de el. La chupe entera y lo masturbe mientras el me agarraba el cabello y me obligaba a mamarla mas rápido, así que obedecí y la chupe bien, hasta sus huevos mmm y grandes mmmm, solo recordarlos me calientan.


Cuando mi primo me saco su polla de mi boca, se masturbo por un momento frente a mi y se corrió en mi cara, me salpicó la boca, cuello y llegó hasta las tetas. No podía creerlo, después de eso se la chupe un poco más, pero tenia que quitarme la leche de mi de mi cara por que se hacía tarde y teníamos que regresar al rancho y ahí estaba tooodaaa mi familia.

El me quito la tanga y me la paso por la cara para limpiarme, después me la puse toda mojada de semen, sentí cierta excitación notar ese líquido rozar mi vagina y culo… que rico. Me vestí y fuimos al rancho de nuevo, ya allí me lave la cara, el semen se había endurecido en mi cara y se apreciaban restos.

Después regrese y me senté junto a él en la mesa que estaba la familia charlando, y jugamos a tocarnos por debajo de la mesa. Me calenté de nuevo, los jugos empapaban de nuevo mi tanga…

Y actualmente soy la putita de mi primo



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Cumplí la fantasía de compartir a mi mujer

Cumplí la fantasía de compartir a mi mujer


Estoy casado desde hace 4 años, mi esposa y yo somos muy felices, nos gusta hablar mucho y más cuando se trata de sexo, ya que no nos reprimimos nada.

Sucede que yo tenia la fantasía de compartirla, ya que ella es una mujer muy linda y joven, yo me sentía muy egoísta de que ella se privara de tener esas experiencias y además a mi me calentaba mucho la idea.

Un día decidimos viajar a la Capital de Buenos Aires (ya que somos del interior) y buscar un local de swinger’s, encontramos uno enseguida. Confieso que nuestra idea era solamente observar el lugar, ver como era el ambiente y conocer gente.

Cuando entramos nos sentimos un poco incomodos porque no conocíamos a nadie y además teníamos miedo de que alguien nos reconociera, nos quedamos en una barra tomando Champagne, era un rincón oscuro donde no llamábamos mucho la atención, aunque cuando entramos los hombres miraban mucho a mi esposa ya que ella llevaba puesto un vestido muy corto y semi transparente.

Tuve la idea de dejarla sola para ver que sucedía, ya que se veía un ambienté de gente muy tranquila. Me ausenté diciendo que tenia que ir al baño, fue un pretextó pero ella me creyó, lo que hice fue subir unas escaleras y acomodarme en un rincón oscuro observándola, no paso ni un minuto cuando un muchacho se le acerco, era bastante bien parecido y por la sonrisa de ella me pareció que le gusto.

Conversaron un buen rato y luego él empezó a acercarse mas a ella, como si quisiera robarle un beso, ella empezó a tontear con el, pero se la notaba preocupada y miraba para todos lados como buscándome. Luego el muchacho la invito a bailar y ella acepto, bailaron unos temas y observe que el la acariciaba por todo el cuerpo, pero sin sobrepasarse.

Podía notar que ella se estaba relajando mucho, entonces de repente la cogió de la mano y se dirigieron a una puerta, el se manejaba como si conociera muy bien el lugar, entraron y yo por supuesto los seguí.

Cuando entre a la habitación me quede sorprendido, era un lugar muy oscuro y solo se podían ver cuerpos desnudos por todos lados, pero estaban como en pequeños grupos de dos a cuatro personas. Realmente no podía ver donde se habían metido porque eran muchas las personas que habían y además no quería que me vieran. Cuando por fin los pude ver me acomode otra vez en un lugar oscuro, pero esta vez bien cerca de ellos.

Ella estaba con dos hombres sentados en un gran sillón y por lo que note eran dos expertos, ya que manejaban muy bien la situación. Mientras el muchacho que ella había conocido la besaba, el otro empezó a sacarle muy despacio el vestido, tan delicadamente que creo que ni noto que se estaba quedando desnuda. Yo en ese momento estaba totalmente cachondo, realmente esa situación me excitaba… ver a la persona que tanto quería, que estaba por ser disfrutada por dos hombres.

Una vez que quedo casi desnuda, apenas con una mini tanguita… los dos juntos comenzaron a besarle los pechos y ella les acariciaba el pelo y los abrazaba por la cabeza como si quisiera amamantarlos, luego uno de ellos continuó besándola por el ombligo, dirigiéndose a su muy mojadita vagina.

Mientras tanto el otro chico dejo de besarla y se paro frente a ella quedando su cintura a la altura de su cara. El tenia los pantalones puestos y se le notaba un gran bulto, ella lo miró y con gran delicadeza empezó a bajar el cierre del pantalón, introdujo una mano queriendo sacarle el pene, pero no podía, parecía que era bastante grande, así que tuvo que desabrocharle el cinturón y desabotonar el pantalón, mientras tanto el otro chico le bajaba la mini tanga y le abría las piernas y metió su cabeza entre ellas y empezó a comerle el coño. Ese coño tan rico y rosadito que tiene.

Se veía claramente (ya que a ella le gusta depilarse minuciosamente para no dejar ni un solo pelito), cuando logro desabotonar el pantalón, lo bajo muy despacito y la polla no aparecía, pero de repente salto para arriba como un fierro caliente. Era tan largo que no podía salir de ese pantalón, ella se quedo con una mirada de espanto, no podía creer que existiese una polla tan larga y gorda.

Lo primero que hizo fue agarrarlo con las dos manos y masturbarlo un poco, mientras le pasaba la lengua por la cabeza. Ella estaba super excitada, ya que el otro chico parecía disfrutar comiéndole el coño (cosa que a ella la pone muy cachonda), ella no soporto mas y quiso meterse toda aquella polla en su boca, fue algo imposible… era muy grande, pero increíblemente casi lo logra y pude ver como el cuello de ella se hinchaba porque la polla le hacía presión ahí dentro.

Empezó a chuparlo cada vez mas fuerte, hasta que el muchacho le dijo que iba a acabar y echarle todo en la boca. Ella grito que siiii y se metió toda la polla adentro de su pequeña boca y cerró los ojos como si le doliera semejante trozo pero gozando a la vez.

El chico empezó a gritar por el fuerte orgasmo que tenia y pude ver como se escapaban chorros de semen por toda la boca de mi querida esposa. Fue algo increíble, parecía que nunca terminaba, ella saco la polla de su boca y paso la lengua recorriendo todo el tronco, como si no quisiera dejar escapar ni una sola gota.

En ese momento el otro chico ya desnudo se acostó en el suelo y le ordeno a ella que se sentara arriba, ella ni lo dudo pero cuando vio el tamaño de el pene se quedo sorprendida, no era tan largo como el anterior pero si muy ancho, ella se paro de frente y con las piernas abiertas justo sobre aquel pollon y empezó a agacharse encima de él, apoyando las manos en el suelo y se dejó hacer, aquel miembro la comenzó a penetrar muy despacito.

Ella ponía cara de dolor y gozo a la vez, estaba super caliente, era capaz de cualquier cosa. Cuando lo tubo todo adentro el otro chico se asomo por la espalda y ella empezó a decir que no, ya que le adivino la intención, la quería penetrar por atrás, al mismo tiempo que era penetrada por adelante.

Ella tenia mucho miedo ya que nunca lo había hecho por atrás, pero sus suplicas no fueron suficiente ya que el muchacho tenia la cabeza de el pene en la puerta de su muy pequeño ano previamente ensalivado por él.

Comenzó con una mano a meterlo y con los dedos de la otra abría su culito virgen, ella decía no pero su no se transformaba en un si. Tenía los ojos cerrados con fuerza, tratando de soportar semejantes penetraciones, ellos comenzaron a moverse despacio, pero pronto ella empezó a pedir mas y mas. Ellos incrementaban el ritmo, ella gritaba siii, yo sabia que disfrutaba plenamente y que estaba haciendo realidad su fantasía mas intima, los chicos se movían con mucha fuerza y ella pasaba sus hermosos y grandes pechos por la cara de el joven que estaba abajo como queriendo golpearlos con ellos, estuvieron así un buen rato hasta que los dos comenzaron a decir que se iban a correr, y ella sin dudarlo les dijo que lo quería todo adentro, bien adentro, pasaron unos segundos y comenzaron a acabarle chorros de semen en su vagina y en su culito a la vez.

Ella logro tener un orgasmo increíble, pegando gritos de dolor y placer. Cayo totalmente desmayada sobre el chico que estaba acostado, pude observar bien de cerca como el que la penetraba por atrás sacaba su semejante polla muy despacio del culo de mi esposa que había perdido su virginidad anal. Era increíble ver lo que tardaba en salir, parecía que no terminaba nunca, no podía creer como semejante trozo podía entrar en su culito tan pequeño. Luego el muchacho se levantó, se vistió y se marcho, el otro muchacho la levanto y la recostó con mucha delicadeza sobre el sofá y también se marcho.

Yo no sabia que hacer, estaba super excitado pero ella estaba desmayada de éxtasis, me acerque y comencé a acariciarle su hermoso pelo hasta que despertó, me miro, sonrío y me dijo… Te quiero …



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Mi prima Vero estaba muy sola

Mi prima Vero estaba muy sola


Contaba en esa época con 22 años, mi prima tenía unos 32, estaba recién separada, y tenía tres hijos. Su marido la había engañado y ella no se lo perdonó y lo echó de casa.

Como al mes de esto, ella vino a mi casa y entre todo lo que conversamos me confió que se sentía muy sola, yo le dije que tratara de volver con su marido, lo cual descartó por completo, como teníamos bastante confianza nos contábamos bastantes cosas.

Me preguntaba por mis conquistas pero yo no le daba mayor detalle, en eso estábamos cuando de pronto noté que cruzaba demasiado las piernas, pensé que estaba nerviosa, en uno de esos cruces se me ocurrió mirar no sé por qué, vi un fondito blanco, apenas visible, sin lugar a dudas eran sus bragas, me incomodé y giré la vista rápidamente. Mi prima esbozó una sonrisa sutil, y yo me sentí muy mal.

Seguimos conversando y de repente se llevó el vaso de cerveza a los labios muy lentamente, al tiempo que descruzó las piernas dejándolas separadas, instintivamente mis ojos se posaron en la separación que dejaron sus piernas y mi sorpresa fue tal, al ver que sus bragas estaban metidas dentro de sus labios vaginales, se veía una mata negra mezclada con parte de sus bragas blancas.

Uff, mi excitación fue tan grande como mi incomodidad, me sentí mal por excitarme con mi prima y me molesté por haber mirado, me levanté rápido al baño y me olvidé por completo que iba en bañador, así que al ponerme de pie, parecía una tienda de campaña, me sonrojé y partí raudo al baño, me sentí humillado.

Al volver, muuuuy al rato, mi prima se reía de forma sarcástica, y miraba hacia mi polla de reojo, pensé en lo insólito de la situación y después me olvidé, al despedirse me dio un beso como si nada hubiese pasado y se fue.

Como siempre me invitaban a almorzar, un día mi primita Vero y yo conversamos de todos los temas., yo me había olvidado de lo que había pasado hacía poco, pero hablando me percaté de su escote y cómo se veían esos deliciosos par de senos, me vino a la mente lo de la cruzada de piernas y mi erección no se hizo esperar, mi mente ya no veía a esta mujer como mi prima, si no como una mujer.

Y qué mujer, mientras ella me hablaba de lo mal que se sentía sola y cuanta falta le hacía la compañía de su marido, yo no hacía más que mirar y soñar de reojo con ese par de tetitas, me imaginaba un par de pezones grandes y morenos, mi prima es color canela, pelo corto, una cintura envidiable para cualquier quinceañera y por supuesto un buen culito, que estaba sostenido por dos buenas piernas, con algo de piel naranja pero casi nada.

En este éxtasis estaba cuando ella me dijo fuerte…

— ¡¡¡ primo!!! , me incorpore y le pedí disculpas, en qué piensas primito?, me dijo. Ahí se me ocurrió mi venganza dulce por lo del otro día.

– La verdad es que pensaba en una amiga con la que salgo.
– Qué pasa con ella?.
– Tenemos un problema íntimo que no me atrevo a contarte.
– Vamos primo si tenemos confianza, no me decepciones
– Bueno, pero es íntimo, así que no te sonrojes eh (por lo que me contaba yo sabía que ella estaba muy caliente y ya no sabía qué hacer).
Mira tenemos relaciones íntimas, pero a ella no le gusta que le dé por detrás y yo quiero probar, el otro día estábamos haciendo el 69 y comencé a meterle el dedo en el ano, ella como estaba súper mojada, ni se dio cuenta cuando le pasaba la lengua, pero cuando metí el dedo se enfadó.
– Ay primito esto sí que es fuerte pensé que era algo más doméstico, uff no sé qué decir espera…
(antes de que siguiera, la corte para contarle más. Note como estaba transpirando), Sin más le dije, el otro día, mientras ella estaba sentada encima de mi, tú sabes que así la penetración es mejor y vosotras os movéis con libertad. El caso es que mientras ella subía y bajaba yo le metí el dedo anular despacio y no me dijo nada, cuando ella llegó al orgasmo, yo le di la vuelta, le puse las piernas a la altura del hombro y la penetré. Estábamos en eso cuando se me ocurrió metérsela por detrás, como yo mientras se la metía estaba mirando cómo entraba y salía, vi su ano, me calenté y la saqué de la vagina y se la puse en la entrada, quise presionar y ella se molestó, desde ahí no la he buscado, crees que es mi culpa, tal vez como eres mujer puedas ayudarme.

A todo esto ella estaba sudando mientras yo le contaba mi experiencia, al tiempo encendí un cigarro y ella movía las manos y piernas de un lado para otro, yo sabía que ya no daba más de lo caliente que estaba…

– Mira primito yo e… Este la ver… la verdad estoy un poco impresionada y sólo te puedo decir que yo nunca lo he hecho por ahí, pero creo que en el amor no deberían haber secretos, y tal vez si conversas bien con ella, particularmente a mí me han dado ganas de hacerlo por ahí pero de vergüenza nunca le dije al Pepe, qué hubiera pensado de mí. Así que tal vez conversando se arreglen las cosas.
– Voy a intentarlo Vero te cuento qué pasa luego, y tu dime qué vas a hacer.
– Primo yo te quería decir si…-

en eso llegaron sus hijas del colegio y se acabó la conversación así que pasado un tiempo me fui.
Como a la semana la llamé y le dije…

—prima tengo algo que contarte…
—Dime primo qué pasó y cuándo vienes, tengo ganas de hablar contigo hoy las niñas no vienen hasta la noche.
-– Esta semana imposible, pero escucha, hablé con Tana (mi pareja) y le dije que eso era algo normal en una pareja y bueno todo lo que se me ocurrió… comenzamos a hacerlo y como el otro día cuando la tenía con las piernas al hombro le puse el glande en la entrada del ano que previamente había lubricado y agrandado un poco y se la metí muy despacio hasta el tallo mismo y comencé un mete y saca salvaje primita no sabes cómo gozamos y todo te lo debo a ti, tengo que agradecértelo, ya te contaré con detalles. Hoy es casi imposible que vaya para allá porque he quedado con ella, pero si puedo voy… un beso y cuídate.
– Primo espera yo que…
– Te llamo luego tengo que colgar, bye primita.

Click y colgué, ya estaba lista para la foto, así que compré una botella de champagne y me encaminé a casa de mi prima.

Cuando toqué, se demoró en abrirme. Cuando lo hizo, vi que se había retocado un poco, sus ojos se iluminaron y se alegró mucho de verme…

– No pensé que vendrías primo qué pasó con tu enamorada.
– Acompañó al papá a una reunión y yo no quise ir, así que aproveché y le dije que compraría algo a mi dulce prima por el consejo que me dio y que tanto me sirvió (acto seguido le di un gran beso en los labios agarrando cada mejilla con mis manos como de cariño, pero con toda la lujuria y pasión que pude).
– Primo … pero.. qué … qué haces, me avergüenzas… guau, uffff de nada primo.
– Es que estoy contento, hace tiempo quería hacerlo por ahí y lo conseguí…, es tan apretado y caliente y sólo lo conseguí por ti, gracias a todos tus consejos.
– De nada primito pero mejor no me cuentes más por favor.
– Por qué, le dije, pensé que teníamos confianza
– Sí pero… no sé, es que no sé, mejor tomamos un café, te preparé algo. – Para qué si tenemos un rico champagne, es mi regalo, abrámoslo

al tiempo que lo abría, lo moví un poco y cuando salió el líquido la empapé a ella y a mí…

– Ay primo mi falda y blusa me las mojaste, esta rico mmmm
– Tranquila prima se secan en un momento, no hay problema, esta rica de verdad eh, lo compré para ti.
– Me siento halagada, gracias

Le ofrecí una copa, y ella se la llevó a los labios…
– prima la otra vez me asaltó una duda cuando hablamos en mi casa ( la tomé de las manos y la senté en el sofá).
– Que duda loquito?.
– Cuando te vi no recuerdo si eran negros o castaños

Al mismo tiempo le cogí las rodillas y se las levanté, apoyé sus pies a la altura del sofá y le abrí las piernas descaradamente
– Negro o casta… pero qué…esta…primo…

Mi dedo índice ya estaba metido hasta el fondo de su vagina y mi lengua lamía y succionaba sus labios vaginales con salvaje pasión…

– Primo noooo…por fa… ayyyyyyyyyyyyy

No hubo mas conversación, sus manos agarraron con fuerza mi cabeza y me dirigía a lo más profundo de su vagina, mi dedo ya no daba más así que lo cambié por el anular mientras seguía bebiendo los jugos que salían de su interior.

Le saque las braguitas que estaban empapadas, después me quite los pantalones, me incorporé y le saqué la blusa, me apoderé de sus senos y pezones, los chupe centímetro a centímetro, a continuación la penetré con toda mi energía, note como mi polla entró, resbaló hasta lo más profundo de su vagina, ayudada por sus fluidos.

Estaba cumpliendo mi sueño, mientras bombeaba una y otra vez su vagina, más chupaba sus tetas. Ella estaba extasiada, gemía una y otra vez. Sentí cómo temblaba entre mis brazos.

Entonces la levanté del sofá, sus piernas rodearon mi cintura y mi polla dentro de ella. Me di la vuelta y me senté en el sofá, quedando ella sobre mi, comenzó a moverse con rapidez, subía y bajaba, recorriendo mi tronco. Uff Mi glande estaba por estallar, de color rojo fuego, sus ojos estaban blancos, sus gemidos eran aullidos, cuando de pronto comencé a sentir la leche hirviendo, me paré y saqué mi polla.

La puse de rodillas sobre el sofá, con las manos apoyadas en el respaldo, La agarre por su cintura y la puse de forma que su culo quedó levantado, entonces le pasé la punta de mi polla por el ano, le pasé la lengua y metí un dedo y luego otro., ella se movía con la cabeza apoyada en el respaldo del sillón, esperaba nerviosa, saqué mis dedos, cogí mi polla y la dirigí hacia la entrada negra y oscura, metí la cabeza y ella se arqueó, miró para atrás como pidiendo piedad, eso bastó para frenar mi lujuria, y de un sopetón se la incrusté hasta el fondo…

Un gemido y un ayyyyyyyy prolongado sellaron la desfloración anal de mi prima Vero, se la metí y se la saqué con fuerza una y otra vez, bombeé hasta que no aguante más. Pero yo quería correrme en su vagina, así que antes que eyaculara la penetré por delante, la leche salió de inmediato, bañando su interior. Cuando derramé todo mi líquido dentro de ella la volteé y comenzamos a besarnos como enamorados, fue un polvo magnifico…

– Te gustó prima
– Lo anhelaba tanto, por qué no te decidiste antes.
– Quería que estuvieras bien caliente, además como somos primos tenía mis dudas.
– Yo también, pero con lo que me contaste me pusiste calentísima.
– Por eso lo hice, dime te gustó por el ano?.
– La verdad es que me encantó, pero has sido un poco bruto, me sentía llena, un poco incómoda al principio pero me gustó bastante.
– Tu mirada me cautivó y me impulso a meterte la de una vez por completo. Déjame que te recompense con cariñitos…

comenzamos a besarnos tiernamente por todos los lados, cuando le besé las manos sentí un sabor especial…

— Primita qué hacías antes que llegara yo – al tiempo que le chupaba el dedo anular.
— Bueno me dejaste tan caliente que me estaba masturbando pensando en ti ya que no aguantaba más, la otra tarde cuando te fuiste también me masturbé pensando en que me acariciabas
— Ven amor que te voy a dar de nuevo por el chiquitín

la tomé de nuevo por la cintura y la senté encima de mí, le dije… tú misma póntelo. Agarró mi polla con la mano y se la clavó en el ano, presioné y entró poco a poco, hasta entrar por completo, y mi polla desapareció dentro de su orificio. Sus ojos ya estaban blancos, se movía como desesperada, su culito subía y bajaba recorriendo mi tronco…

cuando el orgasmo le llegó se dobló de placer, me besó en los labios y me dio las gracias. Me la saqué de encima y la acosté, me acomodé y se la metí por la vagina, sus labios vaginales se abrieron, se tragó todo el nabo, agarre con las manos sus pantorrillas y la embestí una y otra vez. Cuando sentí que ella iba a explotar de nuevo, le metí la polla todo lo profundo que pude. Ella se movía de un lado a otro, en forma circular, cuando llegó yo estaba listo, se la saqué., me puse de pie delante del sofá, tomé su rostro tierno en mis manos, metí mis dedos en su boca, se la abrí y le metí la polla sin preguntar, bastó sólo un par de chupadas y me corri, me quedé inmóvil mientras seguía saliendo líquido hasta que sentí que se atragantaba.

Fue una tarde llena de sorpresas y orgasmos salvajes.

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Me gustan los viernes

Me gustan los viernes *

Los viernes me gustan, marcan el fin de semana, aunque los sábados trabajo, son más relajados. Llegué a mi apartamento y debía prepararme porque Mark venía a buscarme para ir a cenar. Así que sin entretenerme fui al dormitorio, me desnudé y pase al baño para darme una ducha.

Wow, cuando me vi en el espejo, los pelitos del coño empezaban a asomar, buff no podía acudir a mi cita así, esta noche acabaría la noche con un buen polvo con Mark y me gusta sentir las yemas de sus dedos cuando rozan mi pubis. Tenía que depilarme, no había otra.

Cogí la cuchilla rosa, especial para la mujer y apoye la pierna derecha él la taza del w.c. Y empecé con cuidado a quitar esos desagradables pelitos, pensaba… porque no inventaran alguna crema que te pongas y desaparezcan, porque no tengo tiempo para ir a hacerme un láser, bueno un día tendré que ir porque así no puedo seguir con estos contratiempos.

Y así inmersa en mis pensamientos, miraba en el espejo y veía mi coño abierto, con el roce de la cuchilla y mis dedos abriendo los labios, me di cuenta que mi clítoris había crecido. No podía ser, se estaba despertando y no tenía tiempo…. cambie de pierna y empecé con la depilación por el otro lado, notaba un cosquilleo que me estaba avisando de que tenía que hacer algo.

Termine la depilación y me toque el coño para notar la suavidad y para asegurarme de que no había quedado ningún pelo revoltoso. Que gustito, que suavidad, sin darme cuenta me estaba tocando más de la cuenta. Mis pezones se habían puesto alerta, instintivamente me los toque y me miraba en el espejo…..

No pude más y me dejé llevar, ummmmmm mi coño estaba mojado, goteaba ese líquido tan suave, metí un dedo y después otro, los sacaba al mismo tiempo que los pasaba por mi clítoris. Me llevé los dedos a la boca para sentir mi sabor…. no está salado, es suave y fino. Lo olí…. huele bien, huele a mi sensualidad….. estaba en otro mundo, de pronto se había parado el reloj y seguí metiendo los dedos y sacándolos.

Me agache de cuclillas y mi coño se abrió del todo, ahora cabían tres dedos, ummmmm que placer, que sensación, empecé a mover mi cadera y los dedos más deprisa. Uff estaba a punto, pero quería probar el grifo del agua tibia a presión sobre mi coño.

Me levanté y me metí en la ducha, abrí el grifo todo lo que daba y enfoque la presión a mi coño. Wow, que pasada, me erizo todo, abrí las piernas y metí dos dedos de mi mano derecha en la vagina y con la mano izquierda me apuntaba la presión, lo centré en el clítoris y no podía controlar el placer que sentía, quería tocarme los pechos pero me faltaban manos. Me apoye en la pared de la ducha y fui resbalando poco a poco, hasta quedarme sentada abierta de piernas.

Movía la presión de arriba y abajo sin parar de meter y sacar los dedos. Sin poder remediarlo me corri fuertemente, fui consciente al despertarme mis propios gemidos. Ufff, fue bestial, saqué los dedos y los tenía empapados de mis jugos.

Cuando me recupere un poco me di la ducha y salí corriendo a terminar de prepararme.


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En una fiesta jugamos a Verdad o Consecuencia

En una fiesta jugamos a Verdad o Consecuencia

Una amiga de mi mujer celebraba el cumpleaños de su marido y nos invitó junto con un grupo de amigos a su apartamento. La reunión que empezó a todo trapo, pero después decayó. Entonces alguien propuso hacer algo para que fuera más divertida. Se barajaron varias posibilidades hasta que una de las damas presentes dijo el nombre del juego erótico “Verdad/Consecuencia”.

Este consiste en hacerle una pregunta a uno de los participantes, luego optar por verdad o consecuencia. Si responde “verdad” quiere decir que lo que le diga a el que pregunta, es cierto y no tiene derecho a quejarse. Si dice “consecuencia” tiene que demostrar lo que afirma su interlocutor. Es como si se tratara de una prenda. Las preguntas pueden ser bastante delicadas por estar vinculadas a temas sexuales. El que pregunta tiene la sartén por el mango.

Así fue como la primera de las participantes que dijo “consecuencia” tuvo que exhibir sus tetas (por cierto las tenía muy bien proporcionadas) porque le habían dicho que sus pezones eran asimétricos.

Uno de los caballeros tuvo que mostrar su miembro para que el resto observara que no tenía ningún lunar en él. Los que optaron por decir “verdad” tuvieron que soportar, ante la sonrisa del resto, que les dijeran que eran eyaculadores precoces, impotentes, anorgásmicas, lesbianas, gays, etc.

El clima iba en aumento y cada vez se preguntaban cosas más gruesas. Una de las damas tuvo que masturbar a su marido, otra mostrar su culo y un hombre sus testículos.

Cuando le llegó el turno a Nora, mi mujer, que hasta ahora había disfrutado del juego viendo las afirmaciones que le hacían a los otros o las prendas que les tocaban a sus vecinos de ubicación, dijo “consecuencia” y fue su error fatal o no, según el cristal con qué se mire.

El tipo que preguntaba, que era un zafado le dijo que -con los ojos vendados- si era capaz de reconocer la polla de su marido en la boca, entre otras. Cuando escuché esto me negué rotundamente a que realizara la tarea y propuse suspender el jueguito porque me parecía que mi mujer no tenía por qué soportar esa humillación.

Sorprendido escuché… Nora dijo que como había aceptado las reglas previas, no tenía por qué retirarse y que realizaría la prenda. Me acerqué y le dije al oído si estaba loca y me contestó que no me preocupara que iba a saber cómo manejar la situación.

Yo sabía que a Nora le gustaba mucho chuparla y que era toda una experta, pero no pensé jamás que se atreviera a realizárselo a otros hombres y sobre todo en público.

Era lo que más frecuentemente hacíamos cuando teníamos sexo. A veces solo me la chupaba hasta hacerme acabar y gozaba con ello y al poco de comenzar ya se humedecía y llegaba al orgasmo.

Me acordé que cuando éramos novios en el viejo cine de Flores, luego de las consabidas caricias que nos propiciábamos habitualmente en esos lugares, me la empezó a chupar ante la atónita mirada de una pareja vecina y no paró hasta hacerme acabar.
Entonces recapacité y pensé que no estaría mal que lo hiciera con otros, porque a veces había fantaseado con ello y le dí mi consentimiento con la mirada.

Se prepararon entonces tres de los presentes -que fueron elegidos por la dueña de casa sin que ella, que había sido llevada a otra habitación supiera de quien se trataba. Uno era un tipo joven, de alrededor de 30 años, que tenía un miembro bastante bien proporcionado, que despertó la envidia del resto de los hombres que no podíamos creer lo que estábamos viendo. No era muy larga pero tenía un grosor increíble. Las mujeres no pudieron evitar un ¡oh! de sorpresa al verle semejante polla. Los otros dos, de aproximadamente 50 años, la tenían de medidas normales, al igual que yo.

Cuando mi mujer entró con los ojos vendados, la sentaron en el apoya brazos del sillón y los hombres, con las pollas en sus manos, masajeándolas para que adquirieran dimensiones, se colocaron alrededor. El sorteo que se hizo, determinó que yo ocupara el tercer lugar.

El primero era uno de los de cincuenta y Nora se la chupó por un instante sin que se le pusiera dura del todo y dijo que no era la mía. Con el segundo, el joven de 30, se entretuvo más tiempo (la muy pícara se dio cuenta lo que tenía entre manos, mejor dicho en la boca, y supongo que por las dimensiones se dio cuenta que yo no era, pero se la chupó por un buen rato ante la mirada molesta de su joven esposa y los celos que me estaban atacando por la situación).

También respondió negativamente. A mí me la chupó un poco menos que al anterior y expresó tener dudas. Pidió continuar con el otro, con el que tuvo dudas también. Así que le propusieron seguir chupándolas (a esas dos) para desempatar.

Le hicieron una seña al último para que se la volviera a poner y como a esta altura yo notaba que estaba excitada y suponía humedecida, le realizó un trabajo especial. Empezó de a poquito, sosteniéndole el miembro entre las manos y recorriéndolo íntegramente con su lengua húmeda. Siguió lamiéndolo un rato lentamente hacia arriba hasta llegar al glande, metiendo la lengua en el agujerito de la punta y luego volviendo nuevamente a la base hasta llegar a sus testículos velludos.

El resto de los presentes observaba los movimientos y estaban atónitos y excitándose con lo que acontecía. Nora siguió con su tarea como si nada, acentuando sus movimientos. Chupaba y bombeaba como si fuera la última vez en su vida. El pobre hombre (o afortunado) estaba tan fuera de sí que no pudo contenerse y se corrió, parte en la boca de ella y parte en la cara, cuando mi mujer se la sacó rápidamente al sentir los primeros chorros de semen en su interior.

Ahí terminó todo. La dueña de la casa paró el juego. Mi mujer se sacó la venda que le cubría los ojos ante un cerrado aplauso de todos y mi mirada complaciente.

Al verme junto a ella y al tipo que recién se había corrido dijo…

— Estuve cerca ¿no?, ante las sonrisas de los presentes, salvo de la esposa de este último que la miraba con odio.

La fiesta continuó. Bebieron y tomaron por un rato más sin hacer ninguna mención al juego realizado.
Esa noche cuando llegamos a casa follamos como los dioses, echándo un polvo sensacional.


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Llegué antes de tiempo

Llegué antes de tiempo


Llegué demasiado temprano por equivocación. Entre nosotros siempre había existido una atracción sexual muy fuerte, pero, ya fuera por su novia, o porque nunca habíamos tenido oportunidad, lo cierto es que nuestros escarceos esporádicos habían sido de lo más inocentes y no habían pasado de besuqueos y toqueteos subidos de tono en el ascensor.

Me abrió la puerta en calzoncillos, e instantáneamente una sonrisa socarrona asomó a sus labios…

-¿No llegas un poco pronto?

me preguntó mientras me miraba de arriba abajo con aprobación.
Supe que había adivinado la desnudez de mis pechos bajo la liviana camiseta veraniega. Se acercó y prácticamente me dio dos besos en la boca en lugar de los de cortesía en la mejilla.

La mera perspectiva de estar a solas en su casa empezó desde ese instante a hacer sus efectos entre mis piernas. Sin embargo, entré con una natural actitud de simple camaradería…

-Qué despiste el mío… pero, bueno, puedo ayudarte con la merienda- comenté mientras me dirigía a la cocina.
-No estaría mal…

Entré con aire resuelto y empecé a abrir los muebles, buscando algún ingrediente que me inspirara alguna receta repostera.

Él que no parecía dispuesto a perder mucho el tiempo, se me acercó por detrás mientras yo alcanzaba el azúcar, pegando su cuerpo contra el mío e intentando abarcar mis abundantes pechos con sus manazas. Al notar el calor y la dureza de su entrepierna, no puede evitar apretar mis nalgas contra su verga.

Sin embargo, y pese al deseo inmediato de que me levantara la falda y me bajara las bragas, me escabullí como si nada hubiera pasado y le pregunté por un molde para tartas, intentando obviar el prominente bulto de sus calzoncillos.

Me señaló un mueble situado a ras de suelo delante de él, por lo que encontré la excusa para arrodillarme de manera exagerada y exhibicionista, separando las piernas y empinando el trasero., con la intención de que contemplara la ridiculez de mi ya húmedo tanga blanco remetido entre mis nalgas e incapaz de tapar mi ojete y mi sexo.

Moví mi culo buscando provocarle y mostrarle cuan rasurado lo llevo y no tardé en sentir el calor de su respiración en mi sexo, sus hoscos dedos apartando la tirita del tanga y su lengua lamiendo mi raja, mientras me separaba las nalgas con las manos.

Me encanta que me chupen en esta posición, con mi ojete cerradito en primer término, no en vano, estoy siempre preparada para ello, pues siempre me lavo el culo metiéndome un dedo enjabonado.

Lamía mi sexo a todo lo largo, y me masturbaba ayudándose con los dedos que me introducía en el coño con brusquedad.

Estaba deseando una buena follada, pero también ansiosa por tener yo mi ración de polla. Parecía que a ese respecto debíamos de estar de acuerdo, porque, dándome una palmada en el culo me dijo…

-Levanta y sígueme.

Le seguí por el pasillo hasta su cama. Y me abalancé sobre su polla en cuanto se sentó. Estaba circuncidado y la polla, de buen grosor, estaba coronada por una cabezota que podría decirse incluso, desproporcionada de prominente que era.

Estaba toda reluciente de líquidos que habían empapado los calzoncillos, los lamí con fruición, encantada de tragar lo que parecía ser el anticipo de una buena y espesa corrida.

Al tumbarse él aproveché, sin sacarme su polla de la boca, para retomar posiciones sobre su cara. Me senté y apunté su boca con el ojo de mi culo, para que volviera a practicarme un beso negro bien a fondo, mientras chupeteaba sus huevos y ensalivaba su nabo enhiesto. Me movía acompasadamente, follándole el miembro con mis labios y mi boca, y resbalado toda mi raja, desde el clítoris inflamado hasta el culo, disfrutando de cómo se hundía su nariz en mi coño, y cómo me metía los dedos por los dos agujeros (sobre todo el dedo gordo por detrás)
Llevábamos un rato comiéndonos, cuando él se deshizo de mí y entró en el baño contiguo a su habitación.
Volvió con un tubo blanco…

-Mira lo que traigo.-

Imaginé que se trataba de vaselina para montarme por detrás, lo que me hizo temblar de gusto ante la perspectiva de que me sodomizara, cosa que yo no había previsto. Sabía demasiado de mí como para no querer probar la puerta pequeña.

Me volteó y me espetó que me pusiera a cuatro patas, levantando bien el culo.

Antes de alcanzar mi retaguardia, no obstante, me la metió de nuevo en la boca, cosa que yo aproveché para pringársela bien de saliva, aunque él sólo lubricaba sin cesar, y mucho más espeso, por la punta de su glande.

Me la pasó por los labios y me despedí de ella.
Casi instantáneamente, sentí su lengua en mi ojete y su dedo gordo entrando y saliendo alternándose con los lametones. Y extendiendo en la entrada de mi culo mis flujos vaginales. Me estaba relajando el esfínter, pero aún seguía muy apretado como para dar cabida a su cabezota. Supuse que me untaría de vaselina muy bien por dentro y fuera del ojal de mi culito.

Sin embargo, noté una presión resbaladiza y caliente en mi culo, que empujaba muy fuerte. Apreté las nalgas contra ella. Sabía que era su polla, y estaba deseando sentirla dentro, embutida en mi recto, percibiéndola latir, tan tensa, tan dura.

Empujó. Parecía que no cedía, y de repente, lo sentí abrirse y cómo su glande se alojaba dentro, como si se lo hubiera tragado mi culo. Pensé que se pararía, esperando a que me relajara con el culo abierto con la intrusa dentro. Pero empujo, no muy rápido, pero firme hasta el fondo. Disfrutando de cada centímetro ganado dentro de mi apretado conducto.

Abrí más las piernas y me empecé a masturbar, para distraer la atención nerviosa de mi culo y soportar mejor la invasión trasera. La metió hasta el fondo, (sus huevos tocaban mi sexo) y sin sacarla, empezó a moverla dentro. Entonces sentí una superficie fría y áspera en la entrada de mi coño empapado, seguida de la penetración de ese mismo instrumento de baja temperatura y grosor nada desdeñable.

Era el bote del baño, cuya función no había sido la que yo le había supuesto. Empezó a bombear con ambos instrumentos a la vez: su polla a todo lo largo de mi culo y el bote en mi coño, a mayor velocidad.

Estuvo jodiéndome un buen rato, deleitándose en sacármela del todo de detrás, esperar unos instantes a que se cerrara mi ojete y volverlo a joder a conciencia. Yo no podía dejar de jadear un solo instante con su pollón en mi culo y trabajándome mi sexo simultáneamente. Él parecía satisfecho de haber comprobado que se sentía perfectamente la inserción vaginal en su polla embutida en mi trasero.

Antes de correrse, me la sacó sin miramientos, de modo que no pude sentir su chorro de esperma caliente goteándome por el ano, mientras volvía a su tamaño. La corrida me la tenía reservada para las tetas, y la cara, tuvo el higiénico detalle, aunque su nabo no presentaba ningún resto escatológico, de no metérmela en la boca.

Nada más correrse siguió estimulándome a mí, que le pedí que me metiera con sus dedos, que sabían a mi sexo, la leche, que ya empezaba a clarear, de su corrida en la boca. Tragándomela y concentrada en mi culo abierto me corrí enseguida.

El apartamento olía tanto a sexo, que tuvimos que abrir las ventanas de par en par para ventilarlo. Después de usar su pila y su cepillo de dientes, estuvimos listos para recibir al resto de los invitados, que no tardaron en llegar.

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Mantuve relaciones con mi jefa

Mantuve relaciones con mi jefa

Hace unos 5 años trabajaba para una empresa privada. Tenía una jefa muy guapa, que digo guapa… buenísima, muy seria, 1.65 de estatura, morena clara, buenas nalgas, y pechos de muy buen ver.

Después de 7 meses de trabajar para ella, la relación se fue haciendo mas estrecha, realizábamos actividades juntos mas a menudo, incluso salidas a otros lugares para cuestiones de trabajo.

Cierto día, estando en una reunión de trabajo en otro estado, terminamos, pero teníamos que quedarnos al día siguiente para realizar otras actividades, así que decidimos salir a comer, nos recomendaron un buen restaurante, nada elegante, pero si muy bonito y acogedor, así que decidimos ir, ella ordeno primero e incluyo una copa, así que yo también lo hice.

Mientras comíamos y bebimos varias copas de vino, conversamos primero de trabajo, pero gradualmente conforme transcurría el tiempo, fuimos hablando de cosas mas personales, hasta llegar al punto de tocar temas sexuales.

Después cada uno se fue a su habitación. Me recosté un momento antes de darme una ducha y luego me volví a recostar para mirar la televisión, cuando sonó mi movil… era ella, diciéndome que estaba algo aburrida que no podía dormir, que si quería ir a su habitación a hablar un rato.

Sin pensarlo, di un salto y salí de mi habitación, y ya estaba tocando a su puerta. Me recibió, entre y cual fue mi sorpresa al verla recién duchada, su piel fresca y ese olor que me excito al sentirlo en mis sentidos, su perfume o loción no se que era pero olía a diosa.

Ella estaba con ropa muy cómoda, como para dormir, pero pude darme cuenta que no llevaba sostén, por lo que de repente se le marcaban esos ricos pezones, charlamos un rato y seguimos hablando de cosas personales, hasta que toco el tema de hablar de sexo, dentro de la charla ella me pregunto que si… que me parecía como mujer, por supuesto le dije que era una Reyna, ella me pregunto que si me gustaba y que si me gustaría tener relaciones con ella. Yo respondí que por supuesto, lo único que me pregunto antes, es que si estaba seguro, por que ella era muy exigente y le gustaba que la complacieran y le hicieran de todo, a lo que le respondí que no se preocupara que seguro estaba que la haría feliz.

Comenzamos por darnos unos besos muy cachondos, mordí sus labios, metí mi lengua en su boca, intentando llegar hasta el fondo de su garganta. Insinuando que así le metería mi polla en su vagina, creo que ella sentía lo mismo, ya que por momentos la notaba mas excitada.

Le quite la blusa y mire sus senos riquísimos, los cuales chupe, bese, lamí, mordí hasta dejarlos rojos, incluso con algunas marcas, le quite el pantalón de algodón que llevaba y mi sorpresa fue que no tenia ropa interior, a lo cual sonriendo le dije…

— así que ya sabias lo que querías, verdad? querías follar conmigo

Me respondió que si que estaba cachonda, ya que llevaba días sin tener sexo y quería sentir una buena polla que la hiciera gemir y que la llenara de leche.

Nuevamente me acerque a ella, la tome por la cintura y empece a besarla, luego la cogí suavemente del cabello e hice que se arrodillara para que me mamara la polla, la acerque a mi verga bien dura para que me la chupara y cuando estaba ya casi por metérsela en la boca, la sujete de los cabellos para que no la pudiera alcanzar, y así estuvimos jugando hasta que dejé que me la chupara.

Dejé que me chupara solo la cabeza, luego el cuerpo de mi polla, y después se la metí toda, hasta la base de mis huevos sin dejar nada afuera y fuertemente la tome de los cabellos para que no se la pudiera sacar. Mire sus ojos llorosos pues le llego hasta la garganta y eso me excitaba mas, así que la saque de su boca y luego se la pase por los labios, le daba unos golpecitos con la cabeza de mi verga en las mejillas en la boca, se la restregué por toda la cara y eso la excitaba.

Así que deje que ella se sirviera sola y que la chupara como quisiera…, la chupo de mil maneras, me chupo hasta los huevos… era excitante, luego la recosté sobre la cama y nuevamente le pase la verga por toda la cara, continué por sus pechos, y fui bajando hasta llegar a su coño, que estaba empapado en sus propios jugos, empecé a besar su coño, a jugar con mi lengua, besando, chupando y mordiendo su clitoris… sentía como se retorcía y gemía de placer.

Continue chupando toda su vagina sus labios y metiendo mi lengua una y otra vez dentro de su vagina, notaba como cada vez mas y mas escurrían esos deliciosos jugos, ella gimiendo me decía…

— ya… dámelo todo…

Yo continue chupando su coño un rato más, hasta que sentí la necesidad de penetrarla, primero me subí sobre ella y se la metí, solo para que sintiera mi tronco en su interior, pero luego me tire sobre la cama y ella me monto.

Estábamos super excitados, primero se subió encima de mi de frente, luego se dio la vuelta y me dio la espalda, mientras cabalgaba sobre mi polla sin parar, como una buena jinete, se inclinaba hacia adelante, y mi polla entraba y salía de su vagina.

Entonces empece a jugar con mi dedo alrededor de su culito, pues eran tanto los líquidos que derramábamos, que hasta su culito estaba mojado, por lo que con un dedo seguí jugando con el borde de su culito, de repente empezó a cabalgar mas y mas rápido y a gemir con mas fuerza, era la señal inequívoca de que estaba a punto de correrse, así que me salí de esa posición y la puse a cuatro, en la postura del perrito.

Aquello era excitante ver sus ricas nalgas, totalmente abiertas para que le entrara toda mi polla, estaba tan cachondo que la levante lo mas que pude y empece a penetrarla, a bombearla fuertísimo.

Mientras embestía con mi verga su vagina, seguí jugando el borde de su culito hasta que se mojo también y pude introducir mi dedo, sonaba fuertemente el sonido del plaff, plaff, plaff al chocar sus nalgas con mis huevos, era realmente excitante. Poco después ella exploto de placer derramando aun mas líquidos deliciosos y gritándome…

— vamossss, termina, dame tu lechita, anda dame tu lechita…

le di unas 4 o 5 embestidas mas y pare, así como estaba en la posición del perrito, acerqué mi lengua a su culito, esta vez quería romperle ese rico culito que tenia. Empecé a jugar con mi lengua su culito, luego le metí un dedo, luego dos, sentí como estaba excitaba…, le acerqué mi polla a su culito restregándosela, luego se la metí, pero solo hasta la cabeza, luego la saque nuevamente, pues estaba tan cachondo que sabia que si se la dejaba dentro me vendría en segundos.

Por lo que decidí sacar mi polla de su vagina, y continué chupándole el culito, le metí uno y dos dedos en el ano, y después de un rato le puse la cabeza de mi verga en la puerta de su culito y sin mas ni mas se la metí de una vez hasta el fondo… sin miramientos, por lo que ella soltó un grito entre dolor y excitación, pero la sujete por los hombros, sin opción de salirse.

Continue bombeándole el culito, y a los pocos minutos empezó a gemir…

— me voy , me voy a correr, sigue, sigueee, inúndame, lléname con tu semen…

Oír esas palabras, me motivaron a bombear su culo con más fuerza, y en unos segundos estallamos casi al mismo tiempo los dos, le llene todo su culito de leche y caímos rendidos.

Después de unos minutos, nos dimos una buena ducha tibia juntos, esta vez ya solo con besitos y caricias tiernas, saliendo de la ducha nos abrazamos y nos quedamos dormidos en su habitación, y al día siguiente no se hablo mas del tema, como si nada hubiera pasado.

Pero esa fue la primera de muchas experiencias con mi jefa.

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Morbo casual

Morbo casual

Hace un mes más o menos, acudí junto con una amiga de trabajo a ver a otra compañera nuestra que había sido madre y estaba de baja de maternidad. Habían pasado dos meses desde que diera a luz, y fuimos hacerle la visita de cortesía.

Cuando llegamos, era un viernes por la tarde, estaba sola, pues su marido trabajaba. Nos recibió muy contenta, y tras darle unos obsequios que le llevamos como ropita para el bebé, nos sentamos a charlar en el sofá del comedor.

– Cómo va la nueva vida de mami? – preguntaba Paqui, una mujer de unos 45 años, rubia con el pelo rizada y muy alegre, siempre optimista que era muy amigable y el alma de la fiesta. La verdad es que me llevaba muy bien con ella.
– Pues adaptándome… – comenzaba a explicar Sofía, la risueña madre. Debía tener unos 36 años, era morena con el pelo largo, que llevaba recogido en una cola, y estaba espléndida. Me llamó especialmente la atención su pecho, que había aumentado considerablemente de tamaño, y rápidamente deduje que sería debido a que le habría subido la leche para amamantar a su hijo.
– Y eso? – replicó Paqui señalando un artefacto que Sofía tenía en la mano
– Es un saca leche, procuro ir sacándome porque produzco bastante y así le puede dar mi marido si yo tengo que salir o si estoy muy cansada por la noche. Pero no sé qué pasa que no funciona, creo que se rompió ayer.
– A ver, déjame si yo puedo – dijo Paqui levantándose del sofá y sentándose la lado de Sofía. Comenzó a manipular el aparato saca-leche, intentando ver cómo funcionaba primero y dónde podía estar el fallo, hasta que lo acercó al pecho de Sofía y lo acopló por encima de la camisa – Vamos a probarlo – le dijo.

Entonces reparó en que yo estaba delante, y girándose hacia mí espetó:
– Será mejor que tú salgas un momento al balcón, que necesitamos algo de intimidad aquí – dijo medio riendo

– No hace falta – contestó Sofía, queriendo quitar importancia al asunto – llevo ya tantas semanas dando de mamar a mi hijo en todas partes, que ya me he acostumbrado a llevar los pechos al aire.

Y dicho eso, Sofía de desabrochó dos botones de la camisa, de la cuál brotó un precioso pecho, hinchado y con un pezón bien grande y rosado. Por un lado me supo mal que se pudieran sentir incómodas, pero al mismo tiempo un ligero sentimiento de excitación recorrió mi piel.

Entre las dos acoplaron el saca-leche al pecho de Sofía e intentaron manipularlo para que hiciera su trabajo y comenzara a salir la leche, pero tras varios intentos infructuosos no consiguieron nada. Al retirar el aparato, un pequeño rio de leche salió del pezón de Sofía y se escurrió hacia abajo.
– Cuidado que te manchas – dijo Paqui, mientras llevaba rápidamente un dedo horizontalmente al pecho de Sofía para detener la gota que resbalaba antes de que llegara a la falda y la manchase.

Sofía sacó un pequeño pañuelo y se secó el pecho, mientras que Paqui retiraba el dedo húmedo de su leche y lo miraba curiosa. Para sorpresa de todos, sacó la lengua y relamió su dedo llevándose a la boca los restos de leche de su amiga y saboreando la después.

– Hmmm, pues no sabe mal – se limitó a decir. Sofía y yo, tras un instante de perplejidad comenzamos a reír, conociendo el carácter desenfadado de Paqui. – Qué pasa? Una es curiosa jaja – se unió a nuestras risas.
Con los movimientos de la risa, a Sofía le brotó otro hilo de leche de su pecho.
– Fíjate, te vuelve a chorrear, si es que los tienes llenos – dijo Paqui mirando el hinchado pecho de su amiga – No te duelen?
– Un poco – dijo Sofía que se sorprendió al ver como Paqui tomaba su pecho y en su mano y lo apretaba ligeramente. Más leche brotó de su pecho, está vez con un chorro mucho más abundante. Inconscientemente, ante ese chorro de leche, Paqui se agachó y metió el pecho de su amiga en su boca, como queriendo detener toda la leche que había hecho salir al tocar y apretar el pecho de su amiga. Sofía se quedó inmóvil sin saber qué decir, al igual que yo.
Paqui dio un par de succiones y se separó.
– Hmmmm, quieres que te vaciemos nosotros los pechos un poco? – preguntó con voz traviesa
– Jajaja, estás loca – dijo Sofía
– Dar de mamar es algo natural, no me vengas con remilgos ahora – le contestó Paqui
– Como queráis, pero solo un poco, eh? – aceptó finalmente Sofía
– Ven, ayúdame – me indicó Paqui, mientras me hacia un gesto para que me acercara, al tiempo que Sofía se desabrochaba un poca más la camisa y descubría el otro pecho.

Mientras ella estaba sentada, nosotros nos pusimos de rodillas, uno a cada lado, uno en cada pecho. Lo primero que hice fue introducir aquel gran pezón en mi boca. Aunque había chupado muchos pechos a lo largo de mi vida, nunca había mamado uno, siendo adulto me refiero, con lo que no sabía muy bien qué tenía que hacer, aunque pensé que mi instinto me ayudaría, al fin y al cabo somos mamíferos por naturaleza.

Pero no tuve que esforzarme mucho, al chupar aquel pecho, un reguero de leche comenzó a invadir mi boca. Era una leche líquida, tibia, algo dulzona y no dudé en comenzar a tragármela toda. Empecé a mamar. Cada vez introducía más de aquel pecho en mi boca, mientras oía los chupeteos de Paqui a mi lado. En un momento dado, tomé su pecho con mi mano para apretarlo un poco y para tener algo más de apoyo en la postura que estaba. No sé exactamente cuantos minutos llevábamos, pero yo empezaba a perder el control por instantes y chupaba con bastante lascivia. En algunos momentos que mi boca se llenaba un hilo de leche se escurría por mis labios.
Paré un instante para recobrar el aliento y pude ver como Paqui también se detenía…

– Esta rica, eh? – dijo sonriendo

Miré a Sofía que tenía una cara de vicio impresionante, con los ojos medio cerrados y las mejillas sonrojadas. Al devolver la vista a Paqui, vi que ella también estaba mamando con vicio, relamiendo su pezón, retorciéndolo con la lengua, succionando fuerte el pecho e introduciéndose todo lo que le cabía en su boca. Restos de leche resbalaban por su barbilla. Sin pensármelo, volví al trabajo, y comencé de nuevo a mamar aquel regalo del cielo en forma de pecho.

Finalmente Sofía nos hizo salir de nuestro trance mamador, con unas convulsiones y gemidos que nos pillaron por sorpresa…

– Nena, te has corrido? – preguntó Paqui entre carcajadas y muy sorprendida
– Uf, es que aún no me he recuperado del parto, y no puedo tener relaciones todavía, por lo que estoy muy sensible. Así que si, me habéis hecho llegar – explicó entre sofocos.
– No te creas, yo también me he excitado, es la primera vez que hago esto, estoy mojada y todo – confeso Paqui – y tú, cómo estás? – me preguntó, y posando una mano en mi rodilla para abrirme de piernas
– Pues ya lo ves – dije agachando la mirada para comprobar como de abultado tenía el paquete, pues llevaba empalmado desde hacía rato
– Uf madre mía – dijo Paqui, mirando como se marcaba mi pene tieso en el pantalón – eso tiene que dolerte. Sácatela que vamos a probar ahora otro tipo de leche

Hipnotizado por su comentario, me puse de pie, pero fue la propia Paqui la que apresuradamente comenzó a desabrochar mi cinturón, luego pantalón, bajó la cremallera y bajó con un movimiento algo brusco mi pantalón y bóxer a la vez, haciendo que mi polla saliese disparada y botase delante de sus caras. Paqui estaba todavía de rodillas delante de mi, y Sofía seguía sentada en el sofá. Mi polla entiesa quedaba a un par de palmos de sus caras, y ambas tenían su vista fijada en mi pene, examinando su forma y tamaño…

—Vaya, menuda polla gastas, no? Desde luego engañas, con lo pasmadito que pareces en la oficina y me sales con este trozo de carne – dijo Paqui con un descaro que hizo reír a Sofía.

Paqui, alzó su mano y cogió mi pene, y lo sacudió unas cuantas veces, notando su dureza y apretándolo un poco.

Dicho eso, acercó su boca a mi empalme y recorrió con su lengua toda su largura, acto seguido, al llegar a la punta, la lamió un poco, a continuación se introdujo todo mi pene en su boca. Noté la humedad de su boca empapando mi sexo y como quedaba prisionera entre su lengua y músculos bucales, fue una sensación muy agradable. Entonces comenzó una mamada muy placentera, introduciéndose más de la mitad en su boca. Tras unos instantes paró y se la sacó de la boca…

– Tienes una buena polla, durita y gordita, como a mí me gusta. Si hay algo que me fascina de una buena polla es que llene la boca. Ten prueba esto – dijo dirigiendo mi polla hacia Sofía
– No, no puedo, que estoy casada ya lo sabes – replicó
– Que casada, ni que tonterías, dale una chupadita, que esto de aquí no sale, y una oportunidad así no se tiene cada día – dijo muy convencida Paqui, de tal forma que Sofía, simplemente se inclinó un poco hacia mí, y haciendo caso de su amiga, con una mano agarró mi polla y se la introdujo en la boca.

Sofía chupaba con más dificultad. Debía tener la boca más pequeña porque no llegaba introducirse la mitad de mi polla en su boca. Succionaba con más ansiedad o nerviosismo, supongo que porque sabía que lo que hacía no estaba bien, chupársela a un compañero de trabajo en el salón de su casa. Pero al mismo tiempo era tan morbosa y excitante la situación que en el fondo le apetecía y no había podido negarse más.

Mientras Sofía me la chupaba, Paqui manoseaba mis huevos con una sonrisa en la boca y alternaba su mirada viendo como su amiga me la mamaba. Tras unos instantes, Sofía se la sacó y le cedió de nuevo el turno a Paqui, que cogiéndome fuertemente por las caderas trató de metérsela entera, y casi lo consigue. Luego siguió chupando más suave y sacándosela ocasionalmente para relamerla con la lengua a lo largo.

Se alternaron un par de veces más, chupando cada una a su estilo hasta que comencé a gemir, pues mi orgasmo estaba próximo…

– Te voy a vaciar los huevos, pero luego me toca a mí que estoy mojadísima, ok? – Dijo preguntándome
– Claro que si – atiné a decir con los ojos en blanco a punto de venirme

Paqui se introdujo de nuevo mi polla en su boca y mamó con fuerza, ritmo e intensidad, estaba claro que iba a por todas, a por el premio de mi orgasmo. Y vaya si lo consiguió. A ese ritmo no tardé en comenzar a eyacular. La avisé, pero ella no paró, y mi leche comenzó a llenar su boca. Chupó hasta que mi orgasmo hubo terminado, y entonces se separó…

– Se ha corrido en tu boca? – preguntó sorprendida Sofía.
Paqui abrió la boca como contestación, mostrándole que toda mi corrida estaba sobre su lengua y en general llenando su boca.
– Qué loca estas – dijo Sofía riendo, pero Paqui volvió a cerrar su boca y con un sonoro chasquido se tragó todo mi semen de una vez
– Hmmm… – dijo Paqui relamiéndose – ya puedo decir que me he tomando la leche de los dos en una sola merienda jajaja
– Te lo has tragado? Serás viciosa! – dijo Sofía entre exclamaciones
– Toda la leche es calcio, y a mí me hace falta reforzar los huesos! – contestó

Paqui con sorna y aún tuvo tiempo de volver a relamerme la polla para dejarla limpia…

– Me toca! – dijo poniéndose de pie, subiendo su falda y deslizando sus bragas para finalizar sentándose en el sofá de nuevo. Abriéndome las piernas, me miró y me invitó a lamerle el sexo con un tentador: enséñame que sabe hacer tu lengua!

Me situé entre sus piernas, y rodeándolas con mis brazos por debajo, comencé a besar la cara interna de sus muslos. Paqui ya jadeaba y se retorcía en el sofá, cuando mi lengua encontró su sexo. Primero lo recorrí de abajo hacia arriba, abriendo los labios exteriores con mi lengua. En una nueva pasada, mi lengua ya rozó los labios interiores y se mojó con su humedad, la cual saboreé. En la tercera pasada, saqué más la lengua y lo relamí completamente, llegando a su clítoris y empapando su sexo con mi saliva.

Tenía el sexo con el vello bastante recortado y arreglado. Era realmente apetitoso y jugoso. Mientras le comía su coño con voracidad, ella jugaba con mi pelo, ya que sus manos acariciaban nerviosas mi cabeza.

En un momento dado, Sofía que nos miraba desde hacia un rato, debió calentarse bastante. Si realmente llevaba varios meses sin sexo, ver como yo lamía de aquella forma el coño de Paqui y como ella se retorcía de placer debió ponerla bastante caliente. El caso es que en un momento determinado se deslizó desde el sofá y se agachó buscando mi polla que comenzó a manosear. Como no hacia mucho que me había corrido estaba medio morcillón, pero no erecto.

Así estuvimos un rato. Paqui gemía muy excitada, contorsionándose en el sofá, mientras yo estaba disfrutando de aquel suculento sexo femenino cuyo sabor y aroma embriagaba mis sentidos. Trataba de sacar al máximo mi lengua para lograr introducirla en su vagina, como si quisiera penetrarla y luego movía allí dentro mi lengua de forma muy golosa. Alternaba esos movimientos con otros lamiendo todo su sexo y con succiones a su clitoris. Paqui no tardó mucho más en correrse, y con un gran gemido final, se quedó traspuesta en el sofá con una gran sonrisa de placer…

– Dios, que bien lo has hecho, me ha encantado! – me felicitó Paqui, al tiempo que me incorporaba. Realmente me había excitado hacerle sexo oral a Paqui, y entre eso y la paja que me había estado haciendo Sofía mi pene estaba medio erecto de nuevo.

Sofía, que seguía de rodillas a mi lado, miraba mi pene fijamente. De pronto me preguntó…

– Crees que podrías correrte de nuevo?
– Supongo que si, vuelvo a estar algo excitado – respondí
– Es que con mi marido no hacemos mucho sexo oral, porque a él no le gusta demasiado, y ahora que he visto a Paqui como se bebía tu leche me ha dado curiosidad la verdad.
– Pues adelante – le dije

Así fue como Sofía se entregó a una dulce mamada. Sujeto con sus manitas el grueso pene y comenzó a chuparlo y lamerlo, lo cuál era muy placentero. En un momento determinado, me masturbé unos instantes para acelerar el orgasmo, y cuando ya estaba por venir, le devolví el testigo de mi pene para que siguiera la mamada. No tardé en descargarme en su boca, y aunque con dificultades, algo de tos y un poco atragantada por que no esperaba recibir tanto semen en su boca, pudo tragar la mayoría…

– Uf, que raro es el sabor, pero me ha gustado, menudo morbo – comentaba Sofía bastante animada al haber descubierto algo nuevo en su vida sexual
– Claro niña – le decía Paqui – lo que no mata, engorda, y la leche es muy sana y tiene muchas vitaminas! – con lo que todos estallamos de risa ante el desparpajo de Paqui.

Lo bueno fue que Paqui y yo estuvimos tonteando en la oficina durante un tiempo. Especialmente los viernes en el descanso para comer, nos solíamos esconder en algún despacho y los primeros escarceos de sexo oral dieron paso a encuentros sexuales desenfrenados entre carpetas y grapadoras, con el siempre presente morbo de que nos pillara alguien. Y es que ya lo dicen, que los niños siempre traen un pan bajo el brazo. En este caso para mí el pan, fue puro sexo.

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Una noche tonta

Una noche tonta

Nunca he sido de esos que les ponen las bragas de su hermana. O que la espían, o se la cascan pensando en ella. Por eso, lo que a otros puede parecerles una situación súper excitante, como encontrar ropa usada en el suelo y olerla, a mí me repugna.

Cuando aquel día estaba llegando a casa no hacía más que pensar en la comida. Subía las escaleras imaginándome el guiso que nuestra madre nos había dado en un taper. Pero al abrir la puerta, lo primero que vi fueron sus bragas en el suelo. No es que se me cortara el hambre, pero sentí una punzada de rabia en la boca del estómago.
Las cogí con resignación, y las eché al cesto. Una vez más, me juré que era la última que hacía ese gesto, sabedor de que incumpliría la promesa.

Por el estado de la cocina, ella ya había comido y se había ido rápidamente a trabajar: la mesa a medio recoger y los platos por supuesto sin fregar.

Me tocó a mí limpiar y ordenar todo después de comer. Bueno, la verdad que siempre me toca. Ella es algo mayor que yo (veintinueve, yo veinticuatro), y trabaja, mientras que yo estoy terminando la carrera. Pero que ella trabaje no es motivo para que pase de hacer las cosas de casa; aunque cuando se lo digo es como predicar en el desierto.

Cuando ella empezó a estudiar, nuestros padres le cogieron un piso de alquiler en la ciudad donde estaba la universidad. Al iniciar yo la carrera, fui a vivir con ella, a pesar de algunas quejas por su parte al principio. No entiendo muy bien aquellas protestas; le viene bien que esté allí ya que casi siempre me he ocupado de las labores del hogar.

Por la noche escuché que llegaba y salí de mi cuarto a recibirla. No me gusta discutir, pero le tenía que llamar la atención (sabía que sería en vano)…

– Marta, te has dejado otra vez las bragas por ahí –le reñí.
– Joder enano haberlas dejado que ya las recogía yo ahora –sus defensas siempre eran en esa línea-. Además, si te dejas tú los gayumbos los recojo y no te digo nada. ¡Pero nunca los dejas porque eres taaaan ordenado jajajaja! –soltaba una risotada o una chanza y así acababa las discusiones.

Mientras me hablaba colgó el bolso y se despojó de la chaqueta; se dirigía a su habitación evidenciando que le resbalaba lo que le dijera. Pero no estaba dispuesto a rendirme tan fácilmente y la seguí…

– ¿Y los platos qué, eh? –le recriminé.
– Joder tío siempre te lo digo, déjalos y ya los frego yo cuando llegue –replicaba mientras se descalzaba y se bajaba los pantalones.

Eso es otra cosa que me toca las narices: se desviste y se pasea medio en pelotas delante de mí como si nada.

– Sí hombre claro, y están las vajillas ahí hasta la semana que viene –repuse, al tiempo que ella seguía quitándose prendas.
– Hala maño no me des más el coñazo que me voy a duchar –dijo ya en ropa interior.

Entonces se desabrochó el sujetador y sus pechos quedaron al descubierto. Me di la vuelta contrariado para no verla, porque no me gusta que haga esas cosas, algo que ella sabe de sobra…

– ¡Hostia Marta…!
– ¡Jajaja toma ya! –se burló lanzándome el sostén a la cabeza-. ¡Como si no me las hubieras visto nunca! ¡Da gracias que no me quito las bragas y las dejo tiradas otra vez y te enseño el culo! –exclamó alejándose por el pasillo en dirección al cuarto de baño, entre risas.

Era verdad lo que decía, no era la primera vez que le veía las tetas, puesto que se cambiaba sin ningún pudor, sobre todo la parte de arriba. El coño también se lo tenía visto, aunque menos veces. Y no porque le diera vergüenza, sino porque sabía que me hacía sentir incómodo con sus costumbres poco recatadas. Era normal que estuviera por casa sólo con bragas y una camiseta, sin nada debajo; o que meara con la puerta abierta. Y le gustaba hacerme “calvos” a menudo.

Después de cenar me senté en el sofá a ver la tele. Ella estuvo un rato en su habitación, hablando por WhatsApp con sus amigas, y luego vino. Estaba en pijama, que constaba de un pequeño pantalón corto y una camisa abotonada. Se sentó con los pies en el sofá, y empezó a mirarse los dedos descalzos. Llevaba algo en la mano. Era un cortaúñas. Lo comenzó a usar: clic. Clic. Clic…

– ¡Marta no me jodas…! –le espeté.
– ¿Qué? –preguntó sin mirarme mientras seguía con su labor. Clic, clic, clic.
– Coño cómo que “qué”, pues que no te cortes aquí las uñas.
Pero siguió en silencio cortándose las uñas. Clic, clic, clic.
– Sabes que me las tengo que cortar después de ducharme porque están más blandas –dijo al fin con toda la parsimonia y tranquilidad del mundo.
– ¡Coño pero no aquí rediós!
De nada sirvieron mis protestas, porque continuó con lo que estaba haciendo. Sólo podía esperar a que acabara.
– ¡Toma, pal bocata jajajaja! –dijo mientras me lanzaba un trozo de uña del dedo gordo-. ¡Esa era grande, eh! ¡Jajajaja!
– ¡Qué cerda eres! –le insulté, cogiendo el trozo de uña y tirándoselo a ella, pero esta vez riéndome

Días después de aquello, llegaba a casa después de estudiar toda la tarde en la biblio. Entré y el piso estaba en silencio, por lo que pensé que mi hermana no estaba. Dejé la mochila y fui al wáter a mear. Justo al entrar me la encontré completamente desnuda, sentada en el bidé espatarrada. Llevaba algo blanco en el coño…

– ¡Hostia puta…! –proferí dándome la vuelta rápidamente y saliendo. Lo que hacía era afeitarse el pubis.
– ¡Joder qué susto me has dao enano! Me estoy afeitando el coño –dijo Marta.
– ¡No jodas! ¿En serio? ¡No me había dao cuenta! Pensaba que te estabas haciendo la permanente. No te jode –ironicé.
– ¡Jajajaja! Idiota. Anda entra. Va que me tapo –me pidió.
– Que no tía que no entro. ¿Qué quieres? Además, podrías cerrarte la puerta.
– Que esta cuchilla no corta y necesito una tuya poooorfiiiii –suplicó desde su frío trono.
– Pffff… ¡joder! –bufé, pero sabía lo que me tocaba-. Anda tápate un poco que te doy una.
– ¡Gracias enano!

Entré sin mirarla, interponiendo la mano entre mis ojos y ella. Abrí el mueble del lavabo con la mano libre, y cogí un par de cuchillas desechables nuevas. Efectivamente, se estaba tapando, pero sólo con las manos, y únicamente el coño. Pasaba de ocultarse los pechos. Yo seguía con una mano delante cubriendo en la medida de lo posible su visión. Inevitablemente, le veía las tetas, no muy grandes, pero bonitas de verdad. Simétricas, blanquecinas, y con pezón rosado de chica joven. Aparté de ahí la mirada; pero al cogerme las cuchillas que le ofrecía, se destapó parcialmente el sexo y vi pelos mezclados con crema de afeitar. Sin querer, o queriendo, moví imperceptiblemente la palma y le intenté ver más, ver la raja. Pero como ella aún tenía ahí una mano, apenas pude distinguir nada…

– Anda toma, jodida nudista enferma –dije al tiempo que me cogía las cuchillas.
– Que soy tu hermana tío, que no pasa nada porque me veas en pelotas.
– ¡Que te den! –grité saliendo ya del baño.
– ¡Reprimido! ¡Jajajaja! –escuché su carcajada mientras me iba.

Tal y como comentaba al principio, nuestra madre nos deja comida los findes para que tengamos durante la semana. Normalmente, los viernes, volvemos al pueblo a pasar allí el fin de semana. Yo más veces que ella, porque mi hermana se suele quedar y sale por las noches en la ciudad.

No es que yo no salga, pero prefiero hacerlo por el pueblo, con los amigos de siempre.

El día siguiente de verla en el bidé, con espuma de afeitar en sus bajos, era viernes. Pero no fui al pueblo; tenía que estudiar y me pasé toda la tarde en la biblioteca. Mi hermana debía de haber salido como siempre, con los compañeros del trabajo al acabar la jornada, o con alguna amiga.
El caso es que después de estudiar, fui a cenar y tomar algo con unos colegas para despejarme. Se me hizo un poco tarde, sería la una o las dos de la noche cuando volví a casa. Al girar la llave, y abrir la puerta, me encontré a Marta a cuatro patas en el sofá; un tío jadeante se la follaba desde atrás…

– Es que no me jodas… -murmuré cabreado, enfilando el camino a mi habitación.
– ¡Hostia! –exclamó Marta., aún llegué a ver que se separaba del tío.

Desde mi cuarto escuché algunas voces en tono bajo; luego pasos, y por último nada. Debían haberse ido a terminar a su dormitorio. Estaba enfadado, y no porque se follara a un tío –podía hacer lo que le diera la real gana, sólo faltaba-, sino porque lo hiciera en el sofá. Y con la poca precaución de que llegara yo y me encontrara el espectáculo porno. Así que me desvestí y me dormí.

Por la mañana, hacia las once, sentí golpes en la puerta. Toc toc. Abrió Marta sin esperar respuesta. Iba en bragas y camiseta…

– Enano… se puede?

Al igual que cuando golpeó la puerta, se metió en mi cama sin esperar a que contestara. No lo hizo con ánimo libidinoso ni provocativo; desde pequeños hemos dormido muchas veces juntos o nos hemos metido en la cama del otro si está cabreado, triste, preocupado, etc…

– Me perdonas…? – me rogó tumbada a mi lado, bajo las sábanas-. Que pensaba que te habías ido al pueblo con los papas… -mientras hablaba, me rozaba constantemente con los pies en las piernas, desde la rodilla hasta el empeine, y vuelta a empezar.
– Hmmm… -vacilé, girándome hacia el otro lado. El motivo no era “hacerme el duro”, sino que físicamente estaba duro: tenía una erección matutina casi dolorosa, y no quería que la notara.
– Hala, veeengaaa… -imploraba.
– Así que por eso te afeitabas el otro día el chocho, ¿no? ¡Jajaja! –bromeé al fin.
– ¡Jajajaja claro querido Watson!
– Bueno, pero no folles con tíos en el sofá por favor. ¡Que no quiero sentarme encima de la corrida de alguno! –le pedí.
– Vaaaale jajajaja –aceptó al tiempo que me daba un empujón. Al devolvérselo, le di sin querer con la polla dura en la tripa, y se dio cuenta-. Uy. ¡Uy! ¡Si estás empalmao! ¡Jajajaja! ¡Esto sí que no me lo esperaba!
– ¡Quita imbécil! –dije algo nervioso.
– Jajajaja vale vaaaale, te dejo tranquilo –y salió de la cama-. ¡…Para que te la casques a gusto pensando en lo que viste anoche jajajaja! –y me agarró durante un par de segundos el miembro por encima del calzoncillo, simulando hacer una paja-.

Mientras se iba, se bajó la braga un palmo, enseñándome el culo mil veces visto, pálido, redondo y perfecto, y de esa guisa se alejó andando…

– Capulla…

Esa misma noche había quedado con unos amigos de la facultad. Tenía ganas de juerga después de tanto estudio. Le dije a mi hermana que saldría, más que nada para que tuviera cuidado si traía a alguien a casa…

– Vale enano, yo también he quedao con estas –me informó.
– Pues si eso te doy toque por la noche a ver donde estáis, pero vamos que creo que estaremos por el Casco así que no creo que te vea.
– Vale vale, nosotras iremos a la Zona como siempre –apuntó Marta.

Salí con mis amigos, como habíamos previsto, por los bares del Casco. Nos echamos unos cuantos cubatas, y ya íbamos con el puntillo. Estando en un garito no muy grande, pero lleno de tías, vi un grupo de féminas con el que pensé que tendría posibilidades, y me quise acercar. Pero en ese momento me pegaron un tirón de la camisa. Me giré y era Marta…

– ¡¡Eeehhhh ese enanoooo!! –yo estaba cascao, pero era evidente que ella iba peor.
– ¡Hombre! ¡Al final no habéis ido a la Zona…! –tenía que hablar a gritos, para que me oyera con la música alta del bar.
– ¡Nooo, al final aquí! –exclamó mi hermana.

Me cogió de las caderas y se puso a bailar sensual. Yo la acompañé, agarrándola por la cintura. Pero ella cada vez se refrotaba más; apretaba su cuerpo con el mío y podía sentir sus tetas que se chafaban contra mi pecho. Le seguí el juego y acaricié sus hombros y brazos, tal y como lo haría con una chica a la que me quiero ligar. Entonces me puso ambas manos en el culo y apretó, y me atrajo contra sí. Ahí ya me pareció que se estaba pasando un poco…

– Marta… qué haces tía… -le susurré al oído.
– Calla –me ordenó, y continuó con su cadencia.

Dejó el culo y se puso a manosearme el pecho y la espalda. Me parecía mal lo que hacía, pero me estaba excitando bastante. Era como cuando le intenté mirar el coño cuando se afeitaba: no quería y la conciencia me decía que no, pero no lo podía evitar…

– Ven, que te voy a presentar –dijo entonces.

Sentí alivio porque pensé que así acababa esa situación tan públicamente erótica, a la vez que incómoda.
Pero me equivocaba.
Me cogió de la mano y me guió hasta su grupo. Eran cuatro chicas, todas guapas y pretas, de unos veintiocho o treinta años…

– Esta es Susi, Carolina, Elena, y Sandra –dijo, mientras yo iba una a una dándome dos besos-. Y este es… ¿oye cómo te llamabas?
– Marta pero qué dices… -inquirí extrañado.
– ¡Jajaja que cómo te llamas! –repitió mi hermana.
Estaba flipando, así que me acerqué para hablarle al oído.
– ¿Marta qué coño haces? ¿No les has dicho que soy tu hermano? –le pregunté de cerca.
– Jajaja noooo… Así es más divertido, ¿no? –contestó riendo.

Me volvió a coger de las manos y desistió de seguir con las presentaciones a sus amigas, que observaban sonrientes como pensando “esta ya ha ligado”. Bailó mirándome a los ojos, y continuó con su sobeteo por mi cuerpo. Me puso las manos en el culo otra vez, y apretó. Yo, que ya daba por imposible el recriminárselo y que me hiciera caso, opté por hacer lo mismo. Le cogí fuertemente el culo, y se lo sobé bien, desde la pierna hasta la rabadilla, estrujándolo. A ver si así se quedaba pillada y dejaba de calentarme. Pero ante mi sorpresa, no hizo nada; parecía disfrutar.

Recostó su cabeza contra mi pecho, bailando despacio. Me besó por encima de la ropa, subió hacia arriba… buscaba mi boca. Ella tenía los ojos cerrados, y se acercaba. Volví a hacer algo en contra de mi voluntad; bueno, realmente mi voluntad era besarla. Le correspondí con mis labios, que se juntaron con los suyos y juguetearon, húmedos ambos.

Ella estaba ardiente y me besaba con pasión, cogiéndome la cara tiernamente con las manos. Yo atraía su cuerpo contra el mío, mordiéndole el labio inferior. Entonces ella abrió más la boca, ofreciéndome su lengua. Eso no quería hacerlo, creía que ya habíamos tenido bastante; pero nuevamente, sucumbí. La lengua de mi hermana se entrelazó con la mía y perdí la noción del tiempo. Ya no sabía si mis colegas aún estaban allí o se habían ido, ni me importaba.
Fuimos a la barra a por dos cubalibres. Nos los bebimos mientras bailábamos; pero ya sin morrearnos…

– Marta, estás pirada, yo no sé qué coño… -empecé a decir.
– ¡Calla atontao! –me exhortó con su habitual autoritarismo.

Bebió lo que quedaba de su ron-cola.
Se puso a bailar otra vez, pero se tropezó y tuve que agarrarla por las axilas para que no diera con sus huesos en el piso…

– Venga Marta, se acabó, te llevo a casa. Vas borracha –esta vez fui yo el del tono imperativo.
– Halaaaa nooooo… no me quiero ir aún… -suplicaba, pero no opuso resistencia.

Se despidió de sus amigas, que parecían recelosas de que se viniera conmigo, como si pensaran que me iba a aprovechar de ella o algo así…

– ¿Estás segura, Marta? –escuché que le decía una de ellas.
– Sí sí, no os preocupéis, tranquilas –le respondió mi hermana.

Otra se dirigió a mí, con semblante serio…

– Ten cuidao eh chaval, no te pases –me advirtió.
– Tranquila, conozco a su hermano de sobra –le contesté.
– Bueno, pues cuídala –sentenció.
“No lo sabes bien”, pensé.

Nos fuimos andando, para que con el paseo se le pasara (se nos pasara, que yo también llevaba lo mío) el ciego.
Ya en casa, la acompañé a su cuarto y le llevé agua; no hizo falta que le ayudara a desvestirse porque en el intervalo en el que fui a la cocina a por una botella, ya estaba en bragas y camiseta, y medio dormida…

– Quédate a dormir conmigo, enano… – murmuró con los ojos cerrados.
– Que no coño, mira lo que ha pasao antes en el bar –me negué, con más cabeza que otra cosa.
– Brrbmpf vengaaaa… -balbuceó, pero yo ya me iba a mi habitación.

Me acosté pensando en lo que había pasado, y me costaba creerlo; era como si una cortina de irrealidad se cerniera ante mis ojos. Pero no me costó nada dormirme, por el estado etílico que tenía.

Por la mañana desperté con la boca algo pastosa, y tras unos segundos de desconcierto, me vino el recuerdo como una bofetada de realidad. “Madre mía la que se lió anoche; espero que no nos viera nadie conocido…”. Me incorporé para coger mi vaso de agua de la mesilla, pero topé con algo…

– ¡Coño! ¡Qué haces aquí! –dije sobresaltado; era Marta con lo que había chocado.

Emitió unos sonidos aún dormida, “ggrrrrmppfff”.
La zarandeé levemente del hombro, para que se despertara. Entonces abrió los ojos y sonrió…

– Buenos días, enano… -dijo con un hilo de voz, aún casi en sueños.
– ¿Has venido a mi cama? –pregunté tontamente.
– Jijiji siii… -respondió risueña.

Unos rayos de luz entraban por la ventana, y pude ver una expresión de felicidad en su bello rostro. No sé si se debía a que el alcohol aún corría por sus venas…

– Bueeeeno vaaaale, pero déjame dormir que aún tengo sueño –dije, girándome hacia el otro lado.
– ¡Jijijiji vale! –accedió mi hermana.

Se apretó a mí y me abrazó, rodeándome por la espalda. La notaba muy cerca; sus pechos se oprimían detrás de mí. Tan próximos los sentía, que me pareció que estaba sin ropa. Lo comprobé, pasando la mano desde sus piernas hasta los hombros, para llevar si llevaba algo puesto aunque fuera abajo. Todo lo que toqué fue su piel; estaba desnuda por completo…

– Marta… -empecé a decir.
– ¿Siii…? –contestó somnolienta.
– Que estás en pelotas.
– Sí… -respondió a media voz.

Me puse nervioso y el sueño se me pasó de golpe. Entrelazó sus piernas con las mías, y se puso a juguetear con los pies. Me empezó a besar la espalda sobre la ropa, y sus manos se metieron dentro de la camiseta. Me acariciaba los pezones mientras seguía con los besos, y no pude controlar la polla, que se me puso dura muy rápido…

– Martaaa… -protesté a modo de reprimenda, pero era inútil.
– Quiero acabar lo que empezamos ayer… No te creas que no me acuerdo por ir borracha… -en ese momento su mano pasó a mi paquete, húmedo de lubricación; primero por fuera, y en seguida la metió dentro y me agarró el miembro.

Se puso de rodillas, me quitó la camiseta, y nos besamos apasionadamente. Creía que lo de la noche anterior había sido un error tonto de borrachera, y que no se repetiría, pero ya veía que no.
Me bajó los calzoncillos y quedé desnudo. Me besó en la boca, y fue bajando lamiendo mi cuello, mi pecho, mi ombligo…

– Te voy a hacer la mejor mamada de tu vida –amenazó.
– No… Eso sí que no… -dije sin convicción.

Se la metió en la boca, y empezó a chupar con fruición. Disfrutaba tanto o más que yo, y lo hacía a la perfección. Cada vez me excitaba más, y tenía que contenerme para no correrme. La sacaba y la lamía por los lados; le daba besos; succionaba los testículos. Combinaba con movimientos de mano, momentos en que se acercaba y nos besábamos con lengua. Entonces, colocándose arriba, procedió a introducirla en el coño; y yo, aunque una vez más no quería, no podía evitarlo…

– ¡Espera! –le pedí.
– ¿Qué…? –dijo mi hermana con los ojos cerrados, con el pene ya en su interior.
– Un condón… espera que cojo uno… de la mesilla… -sugerí entre jadeos.
– No hace falta enano… tomo píldora… hmmmm… -dijo mientras resoplaba.

Me incorporé para estar aún más de cerca de ella, y la abracé. Ella me correspondió y nos besamos salvajemente, chupando el cuello y pasando la lengua por la cara, mientras cabalgaba encima de mí.

Estábamos extasiados; mi goce era doble: por una parte, por disfrutar de un sexo fantástico; por otra, que fuera con mi hermana y darle placer a ella. Por sus gestos y gemidos, y la manera de besarme, intuí que ella sentía lo mismo…

– Madre mía… qué diferencia con el de ayer… -resollaba mi hermana. Con eso tuve la seguridad de que ella estaba sintiendo lo mismo que yo.
– Sí sí, pero… yo casi no puedo más Marta…
– A mí me queda muy poco… uffff… si te corres tú seguro que me corro contigo… -dijo.

Al decir ella eso, marqué el paso, hasta que comencé a sentir el delicioso cosquilleo previo a los espasmos, y me corrí en su interior con un fuerte grito al que se unió el de mi hermana. Me arañó la espalda con las uñas mientras tenía su orgasmo, lo que aumentó mi placer que todavía palpitaba.

Nos quedamos así, sentados y unidos en un abrazo, no sé cuánto rato. No hablamos, ni siquiera nos besamos. Sólo nos quedamos muy juntos, sintiendo el calor del otro.
Por fin, nos tumbamos; ella me acariciaba el pelo…

– Vaya marrón, ¿no? –reflexioné.
– Hombre marrón marrón… yo más bien lo veo blanco –bromeó una vez más Marta, señalando el hilillo de semen que le salía de la vagina.
– Jajaja, qué idiota eres… Te quiero mucho Marta.
– Y yo a ti, enano.



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Reunión de amigos

Reunión de amigos


Hace años, cuando yo era pequeño, mis padres tenían la costumbre de quedar los sábados por la tarde con los amigos para jugar a las cartas.
Quedaban todos los sábados y cada sábado las partidas se celebraban en casas distintas, y, aunque eran los hombres los que realmente jugaban, les acompañaban siempre las mujeres y frecuentemente los hijos pequeños, de forma que lo normal es que hubiera unos cinco o seis matrimonios cada sábado.

Los anfitriones preparaban unos aperitivos que se complementaban con lo que cada uno traía, de forma que siempre había bastante comida y bebida, normalmente refrescos para los más pequeños y cervezas para los adultos, reservándose siempre las bebidas alcohólicas para los hombres cuando echaban sus partidas de cartas.

Recuerdo especialmente aquél sábado de verano que tocaba jugar en nuestra casa donde nos reunimos al menos unas diez personas, menos que en otras ocasiones, ya que uno de los varones, asiduo a estas reuniones, no había venido acompañado de su pareja, sino de otro hombre, indicando que su mujer y sus hijos estaban en la casa del pueblo con sus padres, por lo que le acompañaba un amigo.

La velada transcurrió más o menos como siempre. Los hombres hablando de política o de futbol, las mujeres de chismorreos o de vestiditos, y los niños jugando y corriendo por la casa, aunque en más de una ocasión pillé a los dos amigos mirando descaradamente el culo y las tetas de mi madre, así como cuchicheando entre ellos. Sabía que hablaban de ella y me fijé sorprendido como los bultos bajo sus braguetas se hinchaban.

Como siempre, las cartas se dejaban para el final, cuando ya se habían agotado casi todas las viandas y refrescos, y fue entonces, cuando la cosa poco a poco fue cambiando.

Según avanzaba la noche las familias se iban marchando, dejando cada vez menos hombres jugando a las cartas, y, los que quedaban, estaban cada vez más ebrios de consumir tanto alcohol y fumar tanto tabaco, lo que se traducía en más voces, carcajadas y ruidos.

Cuando mi madre despidió en la puerta al último matrimonio, yo subí a mi cuarto para dormir, y, deteniéndome en las escaleras, contemplé desde arriba cómo mi madre entraba en el salón donde todavía mi padre con un par de amigos jugaba a las cartas. Estos eran los dos hombres que habían venido a la fiesta, sin mujer ni hijos, ni prisas por volver a casa.

Mi madre se despidió de todos ellos, indicando que ya estaba cansada y que también se iba a la cama.

Se acercó a los dos amigos para despedirse y les dio un par de castos besos en las mejillas a cada uno, aprovechando éstos para, sonriendo bobaliconamente, mirar descaradamente las tetas de mi madre que se asomaban por el escote de su vestido, así como tocarla disimuladamente el culo y la cintura.

Al girarse hacia mi padre y darles la espalda, las miradas de los dos amigos se clavaron lujuriosamente en las piernas y en el culo de mi madre. Miradas que debieron pasar desapercibidas a mi madre, pero no a mí, eliminando de un plumazo todo vestigio de cansancio o sueño.

Un ligero beso de mi madre a mi padre en la boca fue respondido por este, metiendo su cabeza por el escote del vestido de ella, y besuqueándola y lamiéndola las tetas, mientras la sujetaba con las dos manos las nalgas por debajo de la falda para que no escapara.

Cuando ella, forcejeando durante casi medio minuto, logró soltarse, tenía la cara colorada de vergüenza, no como mi padre que miraba triunfante a los dos hombres, como retándoles, pero sin decir ni una sola palabra…

—¡Esta hembra es mía y gozo con ella cuando quiero, donde quiero y cómo quiero! ¡Jodeos, gilipollas!

Mi madre le recriminó en voz baja…

— No bebas más, por favor. Estás borracho.

Pero mi padre la respondió gritando, levantándola la falda por detrás, y enseñando a los dos hombres el culo macizo y respingón de ella, apenas cubierto por unas braguitas blancas que se metían entre los dos cachetes…

— ¡Enséñanos el culo, culo gordo! ¡Que vean lo que me follo todas las noches!

Tirando de su falda hacia abajo, se la logró bajar y se alejó deprisa de mi padre, saliendo casi a la carrera del salón, mostrando el rostro aún más encarnado.
Carcajeándose, siguieron su culo con la mirada, mientras mi padre, borracho, la gritaba, balbuceando…

— ¡Corre, culo gordo, corre! ¡Que ya te daré yo cuando suba una buena ración de rabo en ese culazo que tienes!

Al borde del llanto, mi madre, subiendo rápido por las escaleras, me alcanzó en el rellano y, poniendo su mano en mi hombro, me empujó suavemente y me dijo con dulzura…

— ¡Venga, hijo, a la cama, que ya es tarde!

Subí delante de ella, sin olvidar las miradas que la echaron y cómo mi padre la humilló en público.

¡Odiaba a mi padre cuando bebía y cómo se portaba con mi madre!
Entró mi madre conmigo en mi dormitorio y me ayudó a quitarme la ropa que llevaba y ponerme el pijama, luego metiéndome en la cama, me tapó con dulzura y me dio en la frente un suave beso de buenas noches.
Cerró lentamente la puerta a sus espaldas y la escuché encaminarse a su dormitorio, cerrando la puerta una vez hubo entrado.

Todavía recordaba las miradas que le echaron los dos hombres, impidiéndome conciliar el sueño, así que, después de llevar casi media hora en la cama sin poder dormirme, me levanté y, descalzo, salí en silencio de mi dormitorio, cerrando con cuidado la puerta. El único ruido que se escuchaba venía de abajo, de las voces que daba mi padre y los dos hombres.

Descendí sigilosamente por las escaleras hasta que pude ver a mi padre jugando todavía con los dos hombres a las cartas. Aunque dado el estado de embriaguez que tenían, más que jugar, bebían y balbuceaban, más que hablaban, en voz alta.

En cuclillas, amparado en la oscuridad, los observé con detenimiento. Poco a poco se fueron apagando hasta que mi padre, de pronto, se quedó dormido en el mismo asiento donde estaba sentado. Le escuché roncar ruidosamente, y, sorprendentemente, los dos amigos parecía que, en ese momento, estaban totalmente sobrios, ya que se dirigieron uno a otro miradas cómplices, sin intercambiar ni una sola palabra, y, al asentir con la cabeza uno de ellos, el otro se quitó en un momento los zapatos y se levantó de su asiento sin hacer el más mínimo ruido.

Pasó frente a mi padre, mirándole fijamente, pero éste ni se inmutó, continuó durmiendo profundamente. A continuación el hombre salió del salón y se dirigió hacia las escaleras, motivando que yo, sorprendido y sin querer que me viera, me moviera de donde estaba, deprisa pero en silencio, y subiera por las escaleras, camino de mi dormitorio.

Cuando iba a abrir la puerta para entrar, atisbe la frente del hombre, subiendo las escaleras y llegando al piso donde yo estaba. Temiendo que pudiera hacer algún ruido que delatara mi presencia, abandoné la idea de entrar en mi dormitorio y caminé deprisa, dejando a un lado la puerta del dormitorio de mis padres.

Me precipité a la terraza, donde, agazapado, esperé que desapareciera el hombre. No sabía qué hacía allí arriba, en el piso superior de nuestra vivienda, ya que, si lo que buscaba era el baño, había uno en el piso de abajo, próximo a donde jugaban a las cartas. Quizá deseaba tomar el aire fresco, ya que dentro de la casa hacía demasiado calor, y saldría a la terraza, pillándome allí mismo.

Pero no entro ni en el baño ni salió a la terraza, sino que ¡le escuché abrir la puerta del dormitorio de mis padres! Sorprendido, miré por la ventana al interior del dormitorio, y allí, iluminado por la potente luz de la luna llena que entraba por la ventana, observé al hombre, dentro del dormitorio, cerrando sin hacer ruido la puerta.

Seguí su mirada hasta la cama de mis padres, y sobre ella, mi madre, tumbada dando de espaldas a la puerta, sobre la cama, con las piernas dobladas hacia delante y cubierta solamente por unas finas braguitas. Parecía que dormía profundamente.

Mi mirada se dirigió nuevamente al intruso y vi como acababa de quitarse el pantalón, quedándose completamente desnudo. Dejando tiradas todas sus ropas en el suelo, se acercó sin hacer ruido a la cama. Entonces fue cuando observé su gigantesco cipote, tieso y erguido, que, violando las leyes de la gravedad, apuntaba al techo.

¡No me lo podía creer! ¡Estaba impresionado, impresionado y muy excitado sexualmente! Pero ¿qué iba a hacer? Por un instante pensé inocentemente que se había equivocado, que estaba muy cansado y borracho, que solamente quería dormir, no sabiendo que allí dormía mi madre, o quizá solamente quería dormir en la primera cama que encontrase, pero sin molestarla, sin molestar a nadie, solo descansar, pero enseguida salí de mi error.

Lentamente se tumbó en la cama, deslizándose hacia donde reposaba mi madre. Colocó su mano derecha abierta sobre una de las nalgas de ella, y, al no causar ninguna reacción en mi madre, la empezó suavemente a sobar, dirigiendo su mano a las braguitas de ella, que agarró y movió hacia un lado hasta que descansaron sobre uno de los cachetes.

Se acercó más a ella y tanteó con sus dedos entre las piernas de mi madre, y, al encontrar su objetivo, hacia allí dirigió su rígido cipote, intentando metérselo entre las piernas, pero, al estar tan juntas, no lo consiguió, por lo que la empujó suavemente por las nalgas, a pesar de que mi madre, sumida en un profundo sueño, emitió algo parecido a una leve queja, hasta que poco a poco consiguió tumbarla bocabajo sobre una abultada almohada que colocó previamente en la cama a la altura de la pelvis de ella.

Tumbada bocabajo sobre la cama, con el culo en pompa, el hombre agarró con sus manos los laterales de las braguitas de ella y tiró despacio, hasta que, deslizándolas por sus redondas nalgas y por sus torneadas piernas, poco a poco se las quitó del todo.
Dejando caer las braguitas al suelo, la separó lo suficiente las piernas, para colocarse de rodillas entre ellas y, tanteando con su miembro erecto, encontró, ahora sí, el acceso deseado, y la fue metiendo poco a poco su cipote hasta el fondo, hasta que sus cojones chocaron con la vulva de ella, y, una vez dentro, se lo fue sacando poco a poco, deteniéndose poco antes de sacárselo del todo, y empujando, fue, otra vez metiéndoselo hasta el fondo, y así una y otra vez, lentamente al principio pero cada vez más rápido, hasta que mi madre fue poco a poco despertándose, y, sorprendida, empezó a gemir, a jadear y gemir de placer.

Sujeta por las nalgas y sin voltear la cabeza, mi madre se dejó hacer, dejó que se la follara a placer, disfrutando y dejando disfrutar, aumentando cada vez más el volumen de sus gemidos, de sus jadeos y de sus ahora chillidos, al ritmo de las embestidas a las que el hombre la sometía, acompañando siempre el tam-tam de los cojones del tipo al chocar con la vulva de mi madre.
Dándose cuenta que podía despertar a su hijo que, en teoría dormía en la habitación contigua, intentó aminorar sus sonidos, sin conseguirlo la mayoría de las veces, hasta que de pronto, las arremetidas cesaron, y el hombre, gruñendo, descargó dentro de ella todo su esperma.

Permanecieron varios segundos sin moverse, disfrutando del polvo que habían echado, hasta que el hombre la desmontó y se levantó tranquilamente de la cama y recogiendo del suelo las braguitas de ella y su propia ropa, salió del dormitorio, cerrando la puerta a sus espaldas y dejando a mi madre, satisfecha e inmóvil, tumbada bocabajo sobre la cama y con el culo en pompa.

Observé cómo el hombre, después de vestirse y guardarse las braguitas en el bolsillo, bajaba ufano por las escaleras, y volví mi atención al dormitorio donde había echado un buen polvo a mi madre.

Ella, después de estar unos minutos tumbada bocabajo sobre la cama, se volteó perezosamente, quedándose completamente desnuda y despatarrada, tumbada bocarriba sobre la cama, y con los brazos extendidos hacia la cabecera del lecho.

No había pasado ni un minuto cuando la puerta del dormitorio se abrió nuevamente y el otro hombre entró en la habitación, pero ahora venía totalmente desnudo y con un impresionante empalme de caballo. Se acercó a la cama donde estaba mi madre, y ella, inmóvil, giró levemente la cabeza para mirar quién se acercaba, pero antes de que pudiera verlo con nitidez, éste se tumbó entre las piernas abiertas de ella, y, sujetando con su mano derecha su verga inhiesta, se la metió poco a poco hasta que entró en su totalidad.

Escuché jadear nuevamente a mi madre al ser otra vez penetrada, pero no hizo absolutamente nada por impedirlo, sino todo lo contrario, levantó sus piernas y las enroscó en la cintura del hombre, haciendo que la penetración fuera todavía más profunda si cabe.

Apoyándose en sus fuertes brazos, el hombre contempló como las tetas de mi madre se bamboleaban descontroladas en cada una de sus embestidas.

Les escuché, tanto a ella como él, resoplar, jadear y gemir, mientras follaban, así como el repiqueteo de los genitales del hombre al colisionar una y otra vez con el perineo de mi progenitora.

Dudé en ese momento que mi madre no se diera cuenta que no era precisamente su marido el que se la estaba nuevamente follando, pero posiblemente el rostro del hombre permaneciera en la sombra, impidiendo ser reconocido.

Como no lograba finalizar, se tumbó sobre ella, lamiéndola y sobándola las tetas, hasta que, tras varios movimientos enérgicos, el hombre alcanzó su clímax, y disfrutó, sobre mi madre, de su bestial orgasmo.

Tras poco más de un minuto, se incorporó y´, sin decir ni una sola palabra, salió de la habitación, dejando a mi madre recién follada.
Escuché dos o tres minutos después un portazo en la puerta de la calle y supuse bien que los dos hombres se habían marchado.

Fue entonces cuando mi madre, se levantó de la cama y se metió en el baño, cerrando la puerta tras sí.

Escuchando cómo salía el agua de la ducha, bajé al piso de abajo, y encontré a mi padre, que acababa de despertarse por el portazo y, levantándose a duras penas de su asiento, se dirigió bamboleante, sin advertir en ningún momento mi existencia, por las escaleras al piso de arriba.

Logró llegar con riesgo de precipitarse escaleras abajo, y, entrando en su dormitorio, se tiró encima de la cama donde hacía unos minutos se habían tirado dos tíos a su mujer, quedándose al momento profundamente dormido.

Mi madre, saliendo del baño, apenas cubierta con una toalla, se la quitó al aproximarse a la cama, descubriendo su hermoso cuerpo desnudo, reluciente por la luz de la luna, y allí mismo, ante el cornudo de su marido, cogió del armario unas bragas y una camiseta, poniéndoselas, para tumbarse, a continuación, también en la cama, pero tan lejos como pudo de su ebrio esposo.

Aguanté varios minutos sin moverme, solo observando hasta que escuché la respiración profunda también de mi madre y, con la seguridad de que dormía, salí despacio y sin hacer ruido de la terraza y me fui a mi cama a dormir.

Dudé siempre si mi madre se dejó follar por alguien que no era su esposo o si pensaba que era mi padre el que se la estaba tirando.
Eso fue todo lo que recuerdo que sucediera esa noche, pero fueron más, muchas más, las reuniones que tuvieron mis padres las noches de los sábados con sus amigos

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Recién divorciada

Recién divorciada

Cuando empece a trabajar en esa oficina yo contaba con 30 años y estaba divorciada después de 10 años de matrimonio, se podría decir que fue un matrimonio bonito, pero se torno muy monótono y ambos decidimos separar nuestras vidas por el bien común.


En fin, yo estaba recién divorciada y a los hombres en mi país les llama mucho la atención las mujeres divorciadas, porque según ellos son mas “fáciles de usar”, pero se llevaron muchas desilusiones conmigo, porque aunque este mal que yo lo diga, no soy una mujer de fácil convencimiento, soy mas bien dada a la cosa de conquistarme primero y después de varias salidas veremos que hacemos.


En varias oportunidades estuve tentada de salir aunque fuera para divertirme un rato, pero me aterraba la idea de salir con casados porque lamentablemente el mejor material masculino estaba casado.


Paso un año de trabajar en esa oficina entre flirteos y coqueteos, hasta que un día me di cuenta que uno de los que allí trabajaba, que era casado y que parecía bastante fiel a su mujer y fiel padre de familia me llamo poderosamente la atención, por su forma de ser, de tratarme; cada vez que estaba a su lado sentía un terrible cosquilleo en todo el cuerpo y me di cuenta que a él le pasaba lo mismo.


Un día nos fuimos de juerga entre cuatro… mi jefe, una amiga mía que por cierto estaba bastante enamorada de él, mi amor imposible y yo, fuimos a cenar a un restaurante alemán porque mi jefe era alemán y le gustaba mucho recordar su juventud y después terminamos en una disco, estuvimos un tiempo prudencial divirtiéndonos sanamente y luego yo dije…

— «bueno tengo que retirarme»

a lo que mi amor imposible al que voy a llamar William contesto muy gentilmente…

— «te llevo»

el solo pensar en subirme a su coche fue para mi como si me estuviera diciendo móntate aquí que te cojo, y sentí un calor en el cuerpo que hasta el momento no puedo describir, obediente me subí al coche y partió para mi casa; al subir una cuesta que había casi al llegar a mi casa, paro en seco el coche y me dijo…

— «lo siento, pero las ganas que tengo de hacer esto son mas grandes»,


De pronto sentí su boca rozar mi boca y no pude resistirme, me colgué de su cuello y respondí con un beso apasionadisimo, no se si producto del gusto que sentía por ese hombre o por la abstinencia sexual a la que estuve sometida por mucho tiempo, creo que había ambos sentimientos, pero con ese beso estuve a punto de hacer lo que ninguna mujer que se decía decente como yo hubiera hecho, por lo que un poco bruscamente le dije que no debía hacerlo, que su situación, que era casado y bla bla, lo único que el dijo fue…

— «Tu lo quieres tanto como yo», ambos estamos descontrolados y no tienes que cohibirte, siento como tiemblas en mis manos, siento como te estremeces cuando me acerco a ti en la oficina…

tuve que admitirlo y romper con todos los escrúpulos que yo misma me había puesto encima…


— Bueno, dijo… tengo que dejarte, me esperan, puedo invitarte a salir el domingo.

el domingo…, los domingos ningún hombre bien casado o feliz sale de su casa, pero supongo que cuando se trata de tener una aventura inventan cualquier cosa. En realidad no me importo, lo único que yo quería es tener un momento a solas con ese hombre que me estrujaba los sentidos mas íntimos.


Llego el domingo, esperar ese día para mi fue como esperar un regalo en mi cumpleaños, me encontraba en casa de una amiga, hasta que escuche la bocina de su coche, salí corriendo como si me estuvieran liberando de un encierro, me subí a su coche como elevada por un pedestal, ni siquiera le pregunte donde íbamos, cuando me di cuenta estábamos en la puerta de un motel, mi corazón latía tan apresuradamente que no tenia ni fuerzas para decirle porque, mi razón luchaba con mis deseos, hasta que nos vimos dentro de una habitación bonita, cómoda con un enorme jacuzzi y todas las comodidades que te puede dar un hombre apasionado.


De pronto sus manos rodearon mi no tan esbelto cuerpo, tengo que reconocer que no tengo un cuerpo como todas las heroínas de los cuentos eroticos, mas bien un cuerpo rellenito, pero eso si mis méritos son tener dos hermosos, grandes y redondos pechos, acompañados de dos larguísimas y sexys piernas…

me rodeaban sus manos y sus brazos, que rica sensación, que calor, ¡¡¡que gusto!!!, estaba al borde del éxtasis, como un experto iba desabrochando mi blusa, sin dejar de acariciar mi culito que se estremecía de placer al sentir manos tan varoniles, mi blusa cayo al suelo y sus ojos se agrandaron al ver el espectáculo que le mostraron mis bien dotados pechos.


Se puso de rodillas en el suelo, y empezó con su lengua a acariciar mi vientre y agarró con sus dientes mi falda, que ya estaba casi del todo abierta, el placer hacia que mi corazón latiera cada vez con mas fuerza y le pedí casi a gritos que hiciera conmigo lo que quisiera, me veía despojada de casi toda la ropa, solo quedaba para salvar la poca decencia que quedaba en mi, una braguita pequeña que dejaba ver mi tímida y bien guarda dita rajita, pero el estaba tan ansioso de mi que sus manos no dejaban de acariciar y estrujar mis pechos, mis pezones estaban tan duros que no sentía ningún dolor cuando el los mascaba como si se tratara de un suculento bocado.

Su lengua los recorría una y otra vez, yo ya me había encargado de sacarle toda su ropa, estábamos tendidos sobre la cama, sus dedos dejaron un momento mis ansiosos pechos para bajar hasta mi vientre y siguió bajando hasta llegar a mi coño, acariciaba dulcemente mi rajita, ufff yo a estas alturas estaba empapada y deseosa de sentir su polla grande y dura dentro de mí .


Sus dedos me regalaban un mar de sensaciones, sus dedos ágiles acariciaban mi clitoris, no podía razonar… le gritaba que me penetrara, que acabara con esa agonía de amor a la que me tenia sometida, pero el continuo inspeccionando cada centímetro de mi cuerpo. Empezó a bajar poco a poco desde mi vientre a mis pies, sentí como su boca chupaba uno a uno los dedos de mis pies… lo hacia con tantas ganas, que a mi me volvía loca.


De pronto sentí el calor de su lengua lamiendo mis piernas, sentí su cabeza entre mis muslos, separo mis piernas y con su lengua empezó a comer mi coñito, el estaba tan sediento como yo, su respiración era agitada, caliente y me transmitía ese calor hasta el interior de mi vientre… sentí como su lengua entraba y salía de mi rajita, chupando, mordiendo e invadiéndome de todo ese placer que solo un amante sediento sabe dar, de pronto se sentó frente a mi y separando mi piernas puso su gran polla erecta, caliente y dura en la entrada de mi vagina, que estaba toda mojada y chorreando mis jugos como si hubiera tenido diez orgasmos con todo ese chupeteo.


No pude contenerme, sentir ese miembro todo hinchado y caliente frente a mi, que levanté las caderas, y me introduje todo ese portento dentro mi, lo sentí gritar de placer, arremetió contra mi una y otra vez, no dejaba ningún lugar dentro de mi sin tocar, nuestros movimientos eran como si un terremoto nos estuviera guiando, sus manos no dejaban de estrujar mis pechos y yo no dejaba que ningún movimiento de sus caderas se escaparan del compas de las mías.

De pronto sentí como toda su leche caliente invadía mi vientre, mi coñito se estremeció de tanto calor y empecé a sentir unos hermosos espasmos incontrolables.


Todo mi cuerpo se estremeció por el éxtasis y el orgasmo que estaba sintiendo, después de un momento para tomar aliento nos dejamos caer en la cama y el con todo el cariño que puede sentir un amante por su pareja me abrazo y acaricio la cara, indicando que todavía no había sido suficiente y estuvimos así repitiendo esa misma hazaña casi 4 horas, porque no podía dedicarme mas tiempo… ya sabe estaba casado.

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No se si me aproveche de la situación, pero el sentimiento de culpa me persigue

No se si me aproveche de la situación, pero el sentimiento de culpa me persigue


No se si me aproveché de la situación, pero nada fue a la fuerza, no era la primera vez que mantenía relaciones sexuales con mujeres comprometidas, pero Liz tenía algo diferente.

Tenia 32 años, un día me encontré en la calle a mi amiga Liz, era una chica sin ningún atributo exuberante, pero tenía algo que la hacía deseable, su niña de apenas 6 meses le había acomodado todo, estaba buenísima, en fin, hablamos un rato para ponernos al día ya que hacia mucho que no la veía, aunque éramos excelentes amigos, pero nuestras rutinas y compromisos nos apartaban y no coincidíamos.

Nos sentamos en un banco bajo un árbol a hablar, en un momento dado, ella sin avisar se sacó un pecho para alimentar a su nena, dios mío que delicioso se le veía, me hubiera pegado al otro pecho para que ambos desayunáramos, eso fantaseaba mientras de reojo miraba envidiando a la bebé tomar del pecho de Liz.

Yo ya llevaba quizás un año que había bebido del pecho de una mujer lactante, así que algo en mi estaba muy inquieto, pero no podía mostrarlo, así que seguímos hablando, le pregunté por su esposo y ella me contó todas las tristezas que pasaban…, su salario se iba en alcohol, ella poco antes de quedar embarazada estaba desempleada y ya con el embarazo, no la aceptaban en ningún lado…

— y, ¿a dónde vas?
Liz: Voy al banco a tramitar un préstamo por $5000, ya traigo todo el papeleo.
— ¡No fastidies! Los intereses en los préstamos son carísimos, vas a terminar pagando como $8500, ¿Qué quieres hacer con el dinero?
Liz: Comprar cosas para la nena, mi esposo Julio no me apoya tanto, sus vicios lo tienen bien mal.
— Mira, no quiero que te empeñes con el banco, yo te presto los $5000 y me los pagas cuando puedas.
Liz: ¿En serio?, gracias, Josué, puede que tarde algunos meses.
— No te preocupes Liz.

Fuimos al cajero y le di el dinero, confiaba mucho en ella, la invité a comer y la subí a un taxi ya pagado hasta su casa.

Pasaron como 3 meses, ahora intercambiábamos mas mensajes por WhatsApp, ante ella yo no tenia pareja desde hacía mucho, aunque la verdad es que tenia mas de un par de amigas que con algunos mensajes ya tenía asegurada la fiesta para un fin de semana.

Ella me tocó el tema del préstamo, yo le comenté que no se preocupara, que no necesitaba el dinero por ahora, pero también me contó que las cosas con su esposo iban mal, ya habían hablado de divorcio.

Le expresé mi pena ante el tema, y me hizo saber que desde hacia un mes, el ya no estaba en su casa, solo iba de vez en cuando a ver a la bebé y a dejar miserables $300 a la semana, y me hizo un comentario que yo aproveché al máximo…

— “No tengo ni quien me abrace por la noche”
— “Tu dime y yo voy a abrazarte”
— pues venga…

en eso me llamó mi mamá…

— “Te debo colgar Liz, me llama mi mamá,… espérame voy para allá con la cena”
— estupendo jajaja…

pensó que no lo haría, pero como a la hora llegué con una cubeta de KFC de 10 piezas de pollo con puré y ensalada grandes, además de papas a la francesa y una Pepsi bien fría.

Yo ya sabia donde vivía, por que una vez celebró su cumpleaños y me invitó. La llamé para que tuviera la puerta abierta y así no tocar para que los vecinos no vieran que llegaba, ella no podía ocultar su cara de asombro al verme llegar.

Llevaba una blusa un poco pegada que dejaba ver lo exquisito y grande de sus pechos lactantes,… soltó una carcajada …

— “¡no fastidies, has venido!!”
— “claro tú me invitaste”.

Su casa estaba bien limpia, perfectamente ordenada y olía muy bien, la bebé estaba en la cuna y nos pusimos a comer, le pedí un momento para salir y regrese, traje varias bolsas del super, le había comprado despensa como para un mes, ella me dio mil veces las gracias y yo le dije…

— “Bueno y ¿a que hora nos vamos a dormir para que te abrace?”
— “ Josué no pierdes el tiempo,
— ¿quieres que vayamos a la cama?”
— “Haaaaa, yo vine a abrazarte, no sabia que era en la cama, pero vamos”

ella cogió la cuna de la bebé y la llevó a su dormitorio.

—ven, acércate…

Le empecé a dar besitos, cosa que ya deseaba desde hacía mucho, era una de mis cosas pendientes,… la estaba manoseando y en eso la bebé empezó a llorar, ella la cogió en sus brazos y le dio el pecho…

— “Liz no manches, invita”

ella se sacó la otra teta invitándome, sin tardar ahí estábamos su nena y yo bebiendo de Liz, su leche estaba deliciosa, eso me puso cardiaco, rápidamente se me puso la polla bien dura, ella estaba sentada en la cama y yo de rodillas bebiendo de su pecho, después se acostó en la cama y su nena a su izquierda y yo a la derecha, mamando su leche.

Le metí la mano en su short hasta tocar su coño, ella me apartó de su pecho y comenzó a besarme, yo le dedeaba la vagina, ella se levantó con la nena y la dejó en la cuna, 2 o 3 minutos después la nena estaba dormida.

Entonces le quité por completo la blusa y seguí deleitándome con su lechita materna, cosa que me encanta, soy un adicto a eso, ella se desnudó completamente y me mostró una marca en su brazo, era el dispositivo anticonceptivo que tenía, y me dijo…

— “Para que no nos preocupemos”, sabía que esto estaría genial.

Le metí la polla de todas las maneras posibles, a diferencia de mis otras parejas lactantes, a ella no le salía leche por los pechos mientras follaba por la vagina, peroooo cuando la puse de ladito y le empecé a meter la polla en el culito, ahí todo cambió, sus pechos se volvieron un manantial de leche, ella estaba gozando la metida de polla en el culo y le salía abundante leche, tuvo que coger su blusa y ponerla sobre la cama para que no quedara empapada de leche materna.

Me corri en el culo de Liz, ella estaba como loca, me fui al baño a lavarme la polla y regresé, ella me la comenzó a mamar y volvió a tomar fuerza, ahora la hice que me montara… se movía como una fiera, queriéndose tragar mi polla, ya no podía aguantar sus sacudidas y me vine dentro de su vagina, ella cayó rendida sobre mi, sentí unas fuertes pulsaciones en mi polla de sus contracciones, luego cogió mi mano y la llevó a su corazón para que yo sintiera como estaba, a punto de reventar de latidos.
Bebí un poco mas de sus pechos, era mi postre, nos besamos un rato más y después me fui.

Yo iba cada 2 o 3 días a dejarle un poco de dinero y despensa, algunas veces fui con ella a comprarla, obviamente cada ida era para follarmela y beber de sus pechos, así estuvimos como 5 meses.

Cierto día ella hablo conmigo, me dijo que su esposo había ido a rehabilitación y que iban a intentar arreglar su relación y que ya había vuelto a casa, yo le dije que no pasaba nada, que le echaran ganas y fueran felices, que yo siempre estaría para ella como quisiera (como amigo o amante) y quedamos en buen plan, lastima que no hubo una ultima oportunidad de beber de sus pechos.

Tiempo después, por WhatsApp recordábamos nuestros encuentros, le dije que ahora el que bebía sus pechos era su esposo y que afortunado era el, ella me dijo…

— “El ni siquiera toca mis pechos, nunca les hace caso y ni hablar de chuparlos o de que se beba mi leche como tu lo hacías. ”….. que hombre tan imbécil.

A veces me los encuentro en la calle, nos saludamos y seguimos nuestro camino, su niña ya camina y es muy bonita, y no puedo evitar pensar que esa niña y yo bebimos de los mismos pechos en muchas ocasiones al mismo tiempo.

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Ella me volvió loco

Ella me volvió loco

Llevaba cerca de medio año trabajando en aquellas oficinas, me gustaba mi trabajo, a Gabi casi no la conocía, ya que ella pertenecía a otro departamento, recuerdo que el mayor contacto lo teníamos cuando coincidíamos en el comedor, pero nada mas, jamas imagine que tiempo después se volvería un tormento para mi y sobre todo que pasara lo que paso.


Todo empezó a raíz de que nuestros gerentes tuvieron la magnifica idea de hacer una reunión con la finalidad de conocernos y socializar, así que aquel viernes fuimos reunidos en un salón de fiestas donde los compañeros llevaron a sus parejas e hijos, los que éramos solteros hicimos un grupito, nos la pasamos hablando de todas las compañeras y compañeros, de ciertos rumores… de quienes habían intimado y con quien y cosas por el estilo. Ahí fue cuando Gabi intervino en la conversación, se rumoreaba que era de las mujeres mas acechadas -Y COMO NO IBA A SERLO, SI ERA SUMAMENTE HERMOSA- se comentaba que en los tres años que llevaba, solo se le conoció una pareja, el cual resulto ser un infiel, ya que estaba casado.


A raíz de eso se volvió muy reservada con su vida, prácticamente inalcanzable, pero que dentro de su aparente inocencia, existía una mujer que manipulaba con el fin de exprimir económicamente a quien tratara de conquistarla, prácticamente una de las tan conocidas calienta pollas, yo lo dude, sus palabras sonaban mas a acomplejados que no supieron llegar a ella.


Así que no lo dude y trate de buscar el momento para invitarla a una bebida y estuvimos hablando cerca de dos horas, resultó ser una mujer con una conversación que te envolvía, muy directa al hablar, pues me dejo claro que si me había acercado a ella en plan de ligue estaba perdiendo mi tiempo, yo algo intimidado atine solo a responderle que para empezar quería hablar con ella en plan de amigos, ya después veríamos, pero que por el momento solo deseaba invitarla a tomar una bebida y conocerla, todo resulto bien, incluso antes de irse me dio su numero telefónico y así empezó todo.


Salíamos una vez a la semana, pero nada se comparaba con nuestras interminables conversaciones por chat o por teléfono, en dos meses apenas hubieron algunos besos y en alguna ocasión pude acariciar su cuerpo, para ese tiempo ya me sentía unido a ella, yo quería dar un paso más, pero jamas le dije nada, después de mas de dos meses de salir juntos llego un viernes. Ella me invito a salir y yo, feliz de la vida.


Esa noche pase a recogerla a su casa, en el trabajo solo éramos dos compañeros que se saludaban de vez en cuando, esa fue una de sus condiciones cuando empezamos a salir, pero bueno como decía… al verla salir enfundada en una falda azul, una blusa transparente cubierta por un bra, una chamarra, medias y zapatilla negras, no cabía duda de que era una mujer sumamente hermosa, fue justo en ese momento cuando me di cuenta que me había enamorado…


Ella se dio cuenta de lo que había provocado en mi y en franca coquetería me puso muy nervioso todo el tiempo, empezando cuando le abrí la puerta para que subiera al coche, lo que provoco que su falda se subiera mas arriba de medio muslo, sin poder evitarlo vi que llevaba ligueros, -QUE HERMOSAS PIERNAS SE LE VEÍAN-


Ella no dejo de bromear, al salir del restaurante me pidió que camináramos un rato, al llegar a la otra manzana del restaurante nos encontramos con un parque que a juzgar por lo que vi, estaba hecho para que lo cruzaran las parejas de enamorados.


Al entrar nos dirigimos por el costado izquierdo, hasta donde llegamos a un lugar sumamente íntimo, ahí podíamos escondernos y así lo hicimos, inmediatamente iniciamos nuestro juego erótico, la empece a acariciar, a besar, y poco a poco mis manos fueron perdiéndose entre sus piernas, ella se dejaba hacer, de vez en cuando me dirigía una mirada como aprobando lo que hacia.


De pronto y sin esperarlo me desabrocho el pantalón, saco mi polla que ya estaba a punto de reventar y se la llevo a su boca, ufff, yo estaba tan excitado que no dure mucho y estallé, parte de mi semen cayo en su falda, sus labios, y su blusa, pero ella no dijo nada, solo se arreglo un poco y regresamos al coche, durante el trayecto no hubo ningún contratiempo, todo parecía normal.


Al llegar a su casa me moría de ganas por que me dejara entrar y regalarle yo un rico orgasmo, pero no fue así, me pidió que me fuera a casa, lo cual tuve que hacer sin reparos me despedí de ella.


Ese fin de semana continuamos de lo mas normal posible con nuestras conversaciones por teléfono y por chat, pero empezando la semana empezaron a suceder cosas que por mi estado emocional hacia ella yo no veía, empezó a decirme que estaba pasando por problemas financieros a lo que yo sin demora me ofrecí a ayudarla.


Todo empezó a cambiar, pero yo no lo quería ver, nuestras salidas de ser de tres a cinco al mes, se redujeron, si acaso a una, las llamadas y mensajes siguieron casi igual pero con menos duración, pero eso si, cuando era momento de pedirme dinero, llegaba a mi de forma tan tierna que no existía poder humano que me hiciera negarme.


Pronto también empece a tener problemas económicos y peor aun laborales, al punto de que mi jefe estaba pensando en rescindir de mi servicio y el día llego, solo trabajaría hasta el ultimo día del mes, haríamos el corte de cada fin y al día siguiente ya me esperaban en RH, en todo ese tiempo supe que ella había conocido a alguien mas, se dice que era un nuevo cliente de la empresa y que ella manejaba su cuenta -VAYA, ENTONCES ENTENDÍ QUE LOS RUMORES ERAN CIERTOS, LE ENCANTABA SEDUCIR Y TENERNOS A SU MERCED, SE DEDICABA A SACARNOS TODO EL DINERO POSIBLE Y YO CAÍ-


Como dije era cierre de mes y muy pocos nos quedábamos hasta tarde, eran mas de las once de la noche y aun no terminaba., ganas no me faltaban para dar por terminado el trabajo y largarme, pero el trato era ese, cumplir con ese ultimo cierre y me liquidarían al 100 %, me levante y me dirigir al comedor para sacar de la maquina algo para beber y alguna golosina y la vi, aun no se había ido a su casa, pensé en acercarme y hablarle, pero a mi mente llego una idea mas descabellada, tratando de no hacer ruido di vuelta por todo el departamento en busca de alguien mas, para mi sorpresa de los tres pisos solo estábamos Gabriela y yo en el tercer piso y otra empleada en la planta baja.


Regrese al lugar de Gabi, no se dio cuenta de mi presencia hasta que ya me tenia de frente, creyendo que le reclamaría, abrió la conversación diciéndome que en cuanto tuviera algo de liquidez comenzaría a pagarme, en plan de reproche solo atine a decirle que no tardara mucho que eran casi cien mil $. Entonces me pidió que la dejara sola porque tenia que terminar su informe, di media vuelta, di cuatro pasos y me giré a mirarla, LA IDEA FUE TAN CLARA QUE SIN RODEOS REGRESE DECIDIDO…


— Tengo una propuesta para lo que me debes
— GABI, ¿de que trata?
— Solo déjame una vez hacerte mía, total es mi ultimo día de trabajo aquí y ya no tienes que preocuparte por verme la cara nuevamente.
— GABI ¡¡¡ESTAS LOCO!!!
— Mira ya había oído rumores de ti y de como eres
— GABI ¿perdón?
— No te hagas la que no entiendes, te gusta volver loco a tu pareja de turno, y cuando ya lo tienes en tus manos le sacas todo el dinero posible, en pocas palabras LO QUE HICISTE CONMIGO.
— GABI ¡¡¡JAMAS!!! ahora por favor déjame sola que necesito terminar mi informe, ya te dije que en cuanto tenga dinero empezare a pagarte.


Di media vuelta dispuesto a no insistir, pero ese fuego que ella había encendido en mi, no había forma de apagarlo., decidido regrese y ella debió intuir mis intenciones y se levanto rápidamente pero no le di tiempo de nada, la tome del brazo y le aseste una bofetada, la hice sentarse a la orilla de su escritorio y le ordene se mantuviera callada o la golpearía, acto seguido la puse de pie y sin mas palabras la giré de cara al escritorio y la recosté para subirle el vestido y después le baje el panty me saque la polla.


Me lubriqué con saliva, y me enfile a su vagina, la penetre con rabia, quería demostrarme a mi mismo mi poder… pocos minutos después eyacule dentro de ella, en ese transcurso ella se mostró sumisa, solo la escuche gemir unas cuantas veces por mis embistes, no hizo ningún comentario, solo tomo lugar en su silla y ahí se quedo, una vez repuesto y con la polla con ganas de volver a entrar en esa vagina, la volví a poner de pie, la empece a desnudar.


Acto seguido la recosté sobre el escritorio nuevamente y comencé a disfrutar de sus hermosos pechos, oliendo su piel, mordisqueando y al mismo tiempo succionando sus pezones, así me fui hasta llegar a su vagina totalmente depilada, en la cual me tome mi tiempo… pase mis dedos por su delicada entrada y con suavidad abrí sus labios vaginales mostrando un interior rosadito, mi boca se hizo presa de su clítoris recorriéndola con mi lengua, se que ella de cierta forma también lo disfruto porque la escuche gemir y por momentos sus manos tomaban mi cabeza.


Sobre todo su vagina estaba totalmente empapada, ya no resistí mas y sorprendiéndola la jale a la orilla y la penetre cuantas veces pude, hasta que volví a eyacular dentro de ella, así estuve con ella cerca de dos horas disfrutando de todas las maneras posibles y de estar dentro de su vagina.


Cerca de la una de la mañana me arregle, ella hizo lo propio y me dirigí a mi lugar a terminar lo que me hacia falta y antes de irme pase nuevamente a su lugar pero ya no estaba, entro en mi un escalofrío y cierto miedo, al entender que lo que había hecho era un delito, pero ya no podía hacer nada por cambiar, lo hecho hecho estaba, salí y me dirigí al estacionamiento y emprendí la marcha esperando que los guardias en la puerta no me detuvieran…


Pero no fue así, me retire y al llegar a mi casa pase la noche en vela, pensando lo que pasaría donde andaba sobre todo si me denunciaría, no había nada que hacer mas que esperar, al llegar el nuevo día me bañe y me dirigí a la empresa para realizar mi tramite de liquidación, todo sucedió de lo mas simple y rápido. A los ocho días tenia que regresar por mi cheque, y ya no supe nada de ella, mis conocidos me comentaban que extendió un permiso para ausentarse unos días, ya hace mas de medio año que salí de esa empresa para mi fortuna, ella jamas me denuncio pero tampoco regreso a trabajar, con el tiempo supe que vendió sus cosas y también su casa para volver a casa de sus padres.

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Aquel día sucedió algo tremendamente excitante

Aquel día sucedió algo brutalmente excitante *

Tengo 49 años y hace 21 que me casé. Mi marido tiene la misma edad y no tenemos hijos, aunque él lo desea, pero yo me he estado resistiendo y ahora ya no sé lo que pasará. Nuestro matrimonio se ha deslizado por un tobogán de felicidades esperadas y todo lo que me imaginé cuando me casé referido a placeres íntimos, me ha llenado de satisfacciones porque ambos hemos dado rienda suelta a toda esa energía, que al menos yo, había guardado para el matrimonio, porque antes de casarme prácticamente no tenía experiencia sexual. Esto me había mantenido en una hermosa placidez espiritual hasta el día que nos cambiamos de casa.

Justamente estaba arreglando las cortinas nuevas, cuando a través del amplio ventanal vi a mi vecino que regaba el césped de su jardín. Era un hombre maduro, robusto, moreno y cuando nuestras miradas se encontraron me saludó con una respetuosa inclinación de cabeza. Yo respondí agitando mi mano y de alguna manera me turbé, porque quise desaparecer de la ventana y así lo hice. Siempre he tenido pudor ante las miradas directas de los hombres.

Al día siguiente era lunes, y mi marido se marchó temprano a su empresa. Yo me había olvidado del vecino hasta el momento en que lo vi trabajando de nuevo en su jardín. Ahora él no me había visto de modo que pude mirarlo con calma.

De pronto, al aparecer detrás de un árbol, nuestras miradas se encontraron y él me saludó con su mano en alto, yo le respondí de la misma manera y no sé por que, seguí haciéndolo durante un rato y luego me retiré perturbada de la ventana y me fui al cuarto de baño.

Sentía mi cuerpo terriblemente despierto y comencé a tocarme como nunca lo había hecho, porque jamás me había masturbado ni auto satisfecho de manera alguna. Pero en ese momento parecía necesitarlo para calmarme y comencé a tocarme con la esperanza de aliviar esa inquietud que se me hacía placentera pero molesta.

Entonces comencé a desear ardientemente que por alguna transmisión de pensamiento que él viniera a mi casa con cualquier pretexto, y mi deseo aumentaba ante la sola idea. mi coño estaba tremendamente mojado y sonaba eróticamente cuando mis dedos entraban en él… Los minutos transcurrían y él no aparecía en el jardín, ni venía a mi casa y mi desesperación aumentaba…..

de pronto, casi sin saber como, con la mente enfebrecida y mi cuerpo sin control, me vi atravesando la calle sin mirar a lado alguno y al instante estaba tocando a su puerta, que no se abría, pero cuando estaba a punto de desistir la puerta se abrió y él estaba sonriendo frente a mi.

Lo que sucedió enseguida ha sido lo más brutalmente excitante que me ha pasado en mi vida.

Él cerró la puerta tras mi entrada y yo totalmente descontrolada, apoyada contra la puerta, levanté mi falda para que me viera, pero él no lo hizo sino que me agarró por las nalgas y en ese momento sentí su polla ardiente entre mis muslos. Pero fue solamente un segundo, porque con una experiencia a todas vistas me penetró sin contemplaciones mi encharcado coño y tuve mi primer orgasmo de una serie de orgasmos, silenciosos al comienzo, que llenarían esos treinta minutos de peligro y de deseo desenfrenado.

Mi chocho latía llenándole su miembro de mordidas rítmicas y él no dejaba de apretarme las nalgas, levantándome, apoyada en la puerta, impulsándome hacia arriba con sus embistes, mientras mordía mis pechos llenándome de descargas placenteras. Yo rogaba porque sus energías no disminuyeran, porque estaba en el paraíso y trataba de acomodarme atenta a todos sus deseos, pero sobre todo estaba concentrada en satisfacer mis ansias desmedidas y en apaciguar ese desenfreno que había nacido en mí desde que lo había visto por vez primera.

El no cambiaba de posición y yo no quería que lo hiciera porque deseaba que me dejara estampada en su puerta, que mis nalgas húmedas se esculpieran allí como muestra de nuestro encuentro y quería que me marcara y me atormentara para guardar conmigo mis dolores como un recuerdo maravilloso de esa tarde plena de deseo maldito y embriagador.

Mi coño se adaptaba cada vez más a sus deseos como si ese fuera mi destino y cuando el final de una de sus clavadas noté que se corría abundantemente y apreté mis muslos para guardar el líquido y viscoso tesoro, y solo en ese momento él me besó. Era un beso de agradecimiento y despedida, mientras abría lentamente la puerta y sudoroso, sin dejar de sonreír, me invitaba suavemente a salir.

No sé por qué, cuando entré en mi casa, lo primero que hice fue correr hacia un espejo a mirarme. Yo nunca había visto en una mujer esa expresión que casi desfiguraba mi rostro. Entonces murmuré en silencio para mi misma…

– Soy una gran puta.

De alguna manera me sentía satisfecha y en ese momento escuché el zumbido del coche de su mujer. Respiré aliviada, cinco minutos más y nos habría sorprendido. No sé porque esa sensación aumentó mi excitación.

Esa tarde, cuando llegó mi marido, lo recibí con esa típica actitud de las mujeres infieles. Me había embellecido casi en forma exagerada, para que él lo notara, quería que apreciara a su hembra en todo su esplendor. Me comporté de una manera descaradamente excitante con él, mientras mi coño aun no se tranquilizaba y ya mi mente comenzaba a hacerse perversa. Pensé que total él no sabría cual era el real agente desencadenante de esos latidos. Me di cuenta que uno de los mayores placeres de la infidelidad era justamente el sadismo.

Después de la cena, puse una música adecuada y me abracé lascivamente a él restregando mi coño con su polla desmesuradamente erecta. Lo besé con descaro y fui paulatinamente desnudándome como él siempre me lo había pedido y yo no lo había hecho y ahora sí quería hacerlo.
Logré excitarlo más allá de la cuenta. Él me agarró, me tumbó en el sofá y me penetró violentamente, para lo cual yo estaba adecuadamente preparada desde la tarde, le dije que quería que me hiciera el amor contra la puerta de entrada. Sin esperar se adueñó de la idea y de mi cuerpo y me llevó a la misma posición con la que me entregué a mi vecino y volví a sentir esos orgasmos diabólicos mientras él me penetraba haciéndome gritar de placer.

Cuando acabó, me deslicé como una serpiente entre sus piernas y lo besé con pasión para que no le quedara duda alguna que era solamente suya.

Luego, abrazados nos pusimos de pie y solo en ese momento me di cuenta que el perfil de nuestros cuerpos desnudos se proyectaba nítidamente sobre la cortina de la ventana que daba frente a la casa de mi amante. Mi marido, rendido por el placer, se había retirado a la cama con la promesa que yo iría enseguida. Con todas las luces de mi casa apagadas, aun desnuda, me atreví a deslizar un poco la cortina para mirar hacia la casa de enfrente que también estaba oscura.

Era pasada la medianoche. Me quedé un momento anhelante, sin saber que estaba esperando y en un momento me pareció apreciar que la luz del comedor de su casa se encendía y luego se apagaba. Mi mente ya enfebrecida, creyó ver en eso una señal y nerviosa hice lo mismo con la luz de mi casa. Esperé en silencio, encendida, anhelante, latiendo y me pareció que los minutos eran más lentos, cuando vi repetirse la señal.

Desde ese momento me invadió una maravillosa ansiedad. Me dirigí al dormitorio y me percaté que mi marido dormía profundamente, volví a mi observatorio y lo vi atravesando la calle. Mi cuerpo entero se encendió y me dirigí a la puerta, la abrí con cuidado y esperé. Mi coño aun chorreaba pero no había tiempo de hacer nada, total pensaría que era deseo por él.

Entró y de inmediato lo arrastré sobre la alfombra del salón. Allí había una sombra amplia donde podría ocultarse si mi marido despertaba y ahí yo lo monté. Me acomodé a su grosor y a su longitud, lo sentía como un potro loco que había asaltado mis campos y quería hacerle sentir que era yo la dueña, así me movía sobre él con la seguridad de que ahora sí estábamos rompiendo todos los moldes. El sonido de la pesada respiración de mi marido se percibía claramente y eso nos daba la seguridad como para acometer el sexo con más violencia mientras ambos nos apretábamos la boca el uno al otro para no gritar.

Era algo rotundamente caliente prohibido y peligroso en medio de la noche y ambos lo estábamos disfrutando como se disfruta un pecado ya inevitable. Fuimos perdiendo el sentido en medio del placer y de pronto allí estaba yo ofreciéndole el mejor ángulo de mis nalgas y un deseo perverso me fue invadiendo que él en medio del silencio supo entender deslizando su miembro encendido entre mis nalgas y manteniendo sus manos sobre mi boca, pudo encerrar en ellas mi grito de espanto y placer al sentir como su hierro candente rompía la barrera de mi culo y se apoderaba, por vez primera para mí, de mi más secreta y promiscua intimidad.

Me vino un placer inaudito sintiendo la maestría con que me penetraba y los giros de sus movimientos que me arrancaban orgasmos desconocidos. Lo sentí entero, completo, salvaje y repetido hasta el infinito, hasta caer tumbada en el suelo en medio de un orgasmo novedoso intenso y profundo. Él acariciaba tiernamente mis nalgas mientras me lo sacaba y yo sentía como un hueco deliciosamente dilatado permanecía en mi después del abrazo y ese hueco que él me había construido, seguiría latiendo rítmica y amorosamente durante largos minutos en la noche recordándome muy íntimamente mi deliciosa infidelidad.

Solo como un placer adicional lo miré desde la ventana atravesar la calle en medio de la noche. Una luz tenue tornaba todo el ambiente exterior extrañamente hermoso. En mi casa la rítmica respiración de mi marido me daba a entender que todo había transcurrido en paz.

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Oí ruidos en la habitación continúa de mi hotel

Oí ruidos en la habitación continua de mi hotel

Le contare una historia verídica y que me ocurrió hace 2 semanas, en primer lugar le diré que soy un hombre de 37 años felizmente casado y con 2 hijos y con una relación sexual con mi mujer de lo mas normal, limitándonos a 2 o 3 polvos semanales sin grandes complicaciones ya que mi mujer en este terreno a pesar de ser ardiente es muy reacia a según que cosas, por lo que muy de vez en cuando me chupa un poco la polla y nada mas.

volviendo al relato que nos ocupa hará como unas 2 semanas tuve que ir de viaje por cuestiones de trabajo a Madrid (yo vivo en Barcelona), allí estuve trabajando todo el día hasta las 8 de la tarde, cuando termine estaba bastante cansado por lo que me fui directamente al hotel que tenía reservado, para pasar esa noche allí.

Después de rellenar los papeles y que me dieran la llave de mi habitación subí hasta ella y entré. Me di una ducha y me puse un pijama para tumbarme a dormir cuando de pronto de la habitación de al lado empece a oír ruidos, los cuales eran mas que claros que eran de una pareja follando.

Me levanté y puse mi oreja en la pared pero no lograba oír con claridad, entonces vi que al lado de la puerta del lavabo había otra puerta, cuando me acerqué comprobé que en esa puerta se escuchaban mejor los sonidos, por lo que acerque mi oido a ella, al apoyar mi cara sobre esa puerta se entreabrió un poco (era de esas puertas que normalmente están cerradas y que comunican habitaciones), me quede paralizado porque supuse que la pareja que estaba follando me vería, pero no fue así.

Entonces vi que en la cama había un hombre de espaldas a mi que estaba metiendo su polla por detrás a la mujer, y se movía hacia delante y hacía atrás jadeando de placer, en un momento dado el hombre se la saco y le dijo …

— !Chupamela!,

lo que vi después me dejo sorprendido, no era una mujer a la que estaban enculando … era un hombre… el hombre de unos 50 años algo canoso, le cogió la polla al otro y comenzó a chuparsela, mientras el otro hombre que tendría sobre los 40 mas o menos le cogía la cabeza y le follaba la boca.

Uff, la verdad, mirando por la rendija de la puerta la visión que tenía me estaba poniendo cachondo, (yo hasta la fecha me había considerado heterosexual e incluso cuando en alguna película había visto alguna escena homosexual, no me gustaba nada), como iba diciendo me estaba poniendo cachondo y vi que en mi pijama se me había hecho una manchita de líquido.

Realmente estaba con la polla durísima, por lo que comencé a sobármela mientras miraba la escena que me brindaban esos desconocidos, de pronto el hombre que estaba siendo mamado por el otro le dijo que se iba a correr y empezó a soltar su semen en la boca del otro, el otro se lo trago todo y cuando hubo terminado de tragárselo sin decir nada, hizo que el que se acababa de correr se pusiera a 4 patas y se la metió por el culo no tardando nada en correrse.

Yo por mi parte me estaba pajeando furiosamente y acabé corriéndome casi al mismo tiempo que él, cayendo todo el semen en la puerta que tenía entreabierta, la cual acto seguido cerré antes de que se dieran cuenta.

Limpie la puerta de semen y me dispuse a dormir, lo cual no pude lograr ya que a mi cabeza solo me venían las imágenes que acababa de contemplar, tuve que masturbarme de nuevo pero esta vez lo hice metiéndome un dedo en el culo, lo que si bien al principio me picaba bastante, al cabo de un rato de tenerlo dentro me empezó a agradar, corriéndome casi tan bestialmente como cuando estaba viendo la escena.

Al día siguiente acabe el trabajo que tenía y regresé a Barcelona, pero durante todo el día tenía en mi mente la escena que había visto y una erección considerable, han pasado 2 semanas y sigo imaginándome que yo era uno de esos hombres y me excita bastante, no se si es que se ha despertado en mi una bisexualidad que tenía escondida o que es lo que me pasa.

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Sabía que mi marido me era infiel

Sabía que mi marido me era infiel *

Mi marido era un hombre de éxito, con diferentes negocios que funcionaban por inercia. Era un hombre muy conocido por tener muchas amantes, yo hacía como que no sabía nada, pero un día fui donde comía en un Restaurante, su secretaria fue mi cómplice.

Estaba comiendo con una niña, no debía tener más de veinticinco años. Cuando me vio, puso todo tipo de excusas y se hizo el simpático para no llamar la atención.

Me marché a casa y quedamos que cuando llegara hablaríamos, y así fue, estuvimos hablando y hablando cerca de dos horas y final me decía que faltaba sexo más profundo en su vida, por lo que buscaba otras cosas fuera de nuestra relación.

Le dije que estaba dispuesta hacer realidad sus sueños, quería que fuera feliz conmigo, que no quería perderlo. Llegamos a un acuerdo y me propuso tener sexo a tres, con otra mujer.

Acepté y Luis lo organizo todo. Quedamos en nuestra casa, con una amiga que tenía Luis de una noche de sexo. Yo estaba nerviosa porque no sabía cual iba a ser mi reacción, pero estaba dispuesta a llegar hasta el final…

Sonó el timbre de la puerta y Luis se apresuró a ir abrir, era una niña de 23 años, muy mona de cara y con un cuerpo 10.
Fuimos directos al dormitorio y nos desnudamos cada uno muy fríamente, nos mirábamos y yo miraba el cuerpo de la niña y pensaba que era perfecto, como podía competir con esa juventud, yo ya pasaba de los cuarenta.

Luis me dijo que nos tumbáramos en la cama, asentí sin soltar palabra esperando saber que iba a pasar, rápidamente la niña empezó a chupar la polla a Luis y con las manos le tocaba, los huevos, la polla….

Yo estaba como tonta y no sabía que hacer, cuando Luis estuvo muy cachondo, se veía como goteaba su polla. La chica se puso encima de él, metiendosela toda dentro de su coño, moviéndose como una loca, se movía sin parar, disfrutando de la polla de mi marido.

Entonces Luis me cogió de la cabeza y me la acercó para que le chupara los pechos a la niña. Así lo hice. Ella disfrutaba, gemía cada vez más deprisa y yo no. Así estuvieron durante unos minutos, después la puso de rodillas sobre la cama y él me ordenó que le chupara el culo y el coño a aquella chica.

Le dije que no, me negué y él me dio una bofetada, cogiéndome la cabeza y llevándome de nuevo a la vagina de ella, empecé a comerle el coño, mientras él la follaba por detrás.

Luis empujaba con fuerza y gemía, se unían los sonidos de excitación de los dos, yo seguía chupando el coño a la chica, notaba su liquido en mi boca y de pronto sentí como la niña explotaba en mi boca, salpicándome la cara.

Me aparte rápidamente y ella como si tuviera un guion estudiado y supiera cual era el siguiente acto, se tumbó en la cama y se abrió de piernas, todo lo que pudo. Luis me volvió a coger la cabeza y me obligó a ponerla entre medias de los muslos de la chica, yo empujaba la cabeza hacia atrás, diciéndole que no…

Entonces me volvió a abofetear la cara, me dio la vuelta y no contento, me cogió de la cadera, me empujó la espalda apoyándome con las manos sobre la cama y la chica, me metió por el culo la polla, follandome con fuerza, como castigándome hasta que empezó a gemir y se corrió, echando todo su líquido dentro del culo. Menos mal que su polla no era grande y no me hizo daño.

Después sin lavarse la niña empezó a tocarle la polla hasta ponérsela dura de nuevo a Luis, él se la volvió a meter por el culo, mientras ella se tocaba el coño, estimulando su clítoris, gimieron a la par, ella diciéndole…

— dame todo tu líquido, sigue, sigue, más…..

Él por su cara se notaba que estaba a punto de explotar y la chica dio un grito de haber terminado y unos empujones más y Luis explotó también, echándolo todo dentro del culo de ella.

Después los dos me cogieron la cabeza y la llevaron a la polla de él para que me la metiera en la boca, no pude negarme y nada más metérmela, vomite, ellos empezaron a reírse y tuve un ataque ansiedad, mientras estaba en el suelo tumbada, creía que me moría del mal estar y ellos orinaron encima de mí.

Después de aquello, contraté un detective para conseguir pruebas y que me diera el divorcio. Lo cierto es que no se negó y llegamos a un acuerdo.

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Un viaje en tren con Claudia

1. Un viaje en tren con Claudia *


Mi hermana comenzó a balancear su cuerpo a escasos metros de mi, la verdad es que el bikini blanco que se acababa de comprar le quedaba muy bien, aunque ella no se diera cuenta lo mejor era ver como sus enormes y perfectas tetas estaban a punto de desbordarse.

Las palabras tardaron en salir de mi boca

— Sí, sí, claro…te queda muy bien

— Que sosos sois los tíos con la ropa, ¿eso es lo único que se te ocurre decir? Date la vuelta que me voy a poner el otro que he comprado.

No, por favor, deseé salir de la habitación lo antes posible. No se que me pasaba, pero desde hace un tiempo no podía evitar mirar a mi hermana menor como si fuera algo más que mi hermana, se estaba convirtiendo en una obsesión…

Giré la cabeza escuché como Claudia (así se llama ella) se quitaba la parte de arriba del bikini y poco después como la braga se deslizaba por sus piernas. Mi hermana, desnuda, abrió el cajón para buscar el otro bikini. Yo no la podía mirar directamente, pero la situación era muy excitante ya que mi mente no paraba de imaginarse como sería el cuerpo de Claudia sin ropa.

— Ya puedes mirar

Estaba tremenda, no sabía que era mejor, si sus tetas o su culo duro y respingón, además hace poco se había hecho un tatuaje en la espalda que le quedaba de maravilla.

Saqué fuerzas para hablar…

— Venga ya Claudia sabes que a los hombres no se nos da bien eso de hablar de ropa, te queda perfecto y ya está, ¿qué más quieres que te diga?

— Venga vaaaale te dejo en paz, te libero que voy a hacer las maletas

Esperé a que se diera la vuelta para salir de la habitación, pues tenía una erección tremenda y estaba seguro de que se iba a dar cuenta si me veía el pantalón.

Cuando llegué a mi cuarto me tumbé en la cama y me puse a pensar. Esa misma noche salíamos rumbo a la casa de verano de mis padres en el sur de España, nosotros vivimos en el norte, por lo que el viaje en tren se presentaba largo y tedioso, pero lo peor era que mi hermana y yo íbamos a viajar juntos en un coche cama, en el mismo compartimento.

Desde hacia varios meses no me quitaba a Claudia de la cabeza. Era tan…perfecta, no solo por su cuerpo, también por su forma de ser, simpática, agradable, lo tenía todo. Todavía me acuerdo cuando hace tres meses me confesó que estaba saliendo con un chico del colegio y me pidió consejo sobre como decírselo a mis conservadores padres.

No puedo ocultar que me dio un ataque de celos tremendo, casi como el que me dio cuando hace dos semanas volvió a casa a las 10 de la mañana. Después me dijo que había pasado la noche en casa de su novio y había perdido la virginidad. Casi pierdo los papeles.

Mi polla seguía durísima, me llevé la mano hacia ella y empecé a acariciarla pero no…Era mi hermana.

Subimos al tren al anochecer, el viaje nos llevaría hasta las 9 de la mañana del día siguiente, íbamos en clase turista y cuando entramos al compartimento vimos que había dos literas y un minúsculo cuarto de baño. Justo antes de partir entró una tercera persona al cuarto, era un hombre de negocios que debería rondar los 50 o 55 años, nos saludamos rápidamente, mi hermana me miró con cara de chasco al ver que tendríamos que compartir compartimento pero la verdad es que yo me alivié bastante, así por lo menos no pasaría la noche a solas con mi hermana.

Fuimos a cenar al vagón restaurante, a pesar de que conocía el efecto que producía el alcohol en mi hermana ella se empeñó en pedir un vino que acabó siendo bastante «peleón» y le provocó un ligero achispamiento, yo por mi parte no paraba de mirar el top blanco que se había puesto esa noche, como le sentaba dios…ante el resto del tren podríamos pasar por una pareja de novios más, pero éramos hermanos….

Pagamos la cuenta y entramos en el compartimento riéndonos y bastante bebidos, ni nos acordamos de que compartíamos el vagón con otra persona, por suerte estaba dormido y roncaba bastante. Me subí a la litera de arriba y me quedé en calzoncillos para dormir.

— No hagas ruido o le despertaremos- le dije a mi hermana señalando al hombre

— Pues todavía tengo que cambiarme

Estuve a punto de decirla que lo podía hacer en el baño, pero como vi que se desabrochaba el botón del pantalón preferí callármelo. No me lo podía creer, ¿estaría tan bebida que no se daba cuenta que estaba yo delante?

Se bajó los pantalones y dejó ver sus largas piernas y unas braguitas de esas de «hello kitty» que me provocaron una tremenda excitación, a continuación se quitó el top y lo mejor de todo, el sujetador. Aunque estaba de espaldas pude apreciar el contorno de sus blancos y perfectos pechos. Cuando menos lo esperaba se dio la vuelta y quedó de frente a mí.

— ¿Qué pasa, que no has visto nunca a una chica desnuda?- dijo mientras miraba mi entrepierna

Fue entonces cuando me di cuenta que tenía una erección inmensa, había levantado una auténtica tienda de campaña en las sábanas de la cama.

Con una sonrisa irónica Claudia se puso una camiseta, apagó la luz y se metió en la litera.


Fue luego por la noche cuando me di cuenta del error que había cometido, ¿qué pensaría Claudia de mí? ¿En que cabeza cabía que alguien pueda tener una erección con su propia hermana?

Entre los ronquidos del otro pasajero y la excitación (mi erección todavía duraba) no lograba conciliar el sueño. Miré el reloj y vi que ya era la una. Supongo que tendría que resignarme a pasar la noche en vela, entre el calor, el traqueteo del tren y mi hermana durmiendo medio desnuda en la litera de abajo.

Con cuidado para no despertar a Claudia ni al otro pasajero bajé de la litera y fui al baño. Antes de mear tuve que echar una buena cantidad de agua fría sobre mi rabo para bajar la erección.

Cuando me disponía a subir a la litera mi hermana, a la que creía dormida, habló:

— ¿Todavía estás despierto?

— Sí, debe ser por el traqueteo de las vías o por los ronquidos del viejo ese, pero no consigo conciliar el sueño

— Yo tampoco

Oí como su cama crujía y como bajaba de la litera para sentarse en mi cama

— ¿Puedo tumbarme un rato contigo?

— Sí, claro

La hice un sitio y se acostó a mi lado, de espaldas a mi, su culo rozó durante un segundo mi polla, permanecimos unos minutos así, yo veía su cuerpo moviéndose por su respiración, la tenía a escasos centímetros de mi, olía maravillosamente bien. De repente su culo se puso directamente en mi entrepierna.

Empecé a sudar, se me secó la boca, sabía que iba a pasar, mi polla no atendía a razones y empezó a crecer ante el tacto de ese redondo y durísimo culo, mi rabo llegó a colarse por la raja de su trasero. Pasaron unos segundos en los que recé porque se hubiera quedado dormida, pero de pronto noté que empezaba a mover su culo acariciando con él la punta de mi polla…

— ¿Parece que los dos estamos algo excitados hoy, no?- dijo Claudia

Mi corazón se desbocó, no solo estaba despierta sino que estaba masajeando mi polla con su culo. Yo estaba en la gloria y había perdido todo prejuicio, ni me importaba que fuera mi hermana ni que pudiera cometer un incesto, ni que nos pudiera oír la otra persona del compartimento, simplemente me dejé llevar. Cuando estaba a punto de bajarle las bragas se dio la vuelta y quedamos frente a frente.

— ¿Tu también quieres hacer lo que vamos a hacer verdad?

No hizo falta contestarla, los dos nos desnudamos y tiramos la ropa al suelo del vagón, estábamos a oscuras pero pude apreciar el cuerpo más bello que había visto nunca, unos pechos ni muy grandes ni muy pequeños, simplemente perfectos, se había hecho un piercing en cada uno de los pezones, que estaban durísimos, tenía el chochito arreglado, solo se había dejado una estrecha franja de vello. La situación estaba al rojo vivo, cuando nuestros labios se rozaron nos dimos enseguida un beso con lengua salvaje, los dos habíamos deseado este momento durante mucho tiempo…

— Quiero que me folles, que me folles duro, ¿me has oído hermanito?

Me puse encima de ella a pesar de que mi espalda rozaba con la litera de arriba, me sumergí en sus tetas y comencé a mordisquear sus pezones lo que arrancó sus primeros gemidos, por suerte el otro pasajero roncaba y el traqueteo del tren tapaba nuestros ruidos. Llevé mis dedos a su coñito y me quedé asombrado de lo húmedo y caliente que estaba, sus flujos ya se desparramaban por sus muslos y por las sábanas, aproveché para meter un par de dedos que hicieron que mi hermana arqueara la espalda de placer

— Quiero que la metas ya- susurró en mi oído

Guié mi polla hasta la entrada de su cueva y de un golpe se la metí, provocando sus quejidos, empecé a follarla sin pausa, nunca la había metido en una vagina tan estrecha, se notaba que mi hermana todavía no había follado muchas veces, las paredes de su coño aprisionaban mi polla en cada penetración. Los gemidos, bajos al principio, fueron subiendo de volumen a medida que mis embestidas se hacían más duras y rápidas, noté como sus uñas me arañaban la espalda, estaba a punto…un manantial de flujo salió de su coño y se corrió, tuvo que morderme en el hombro para no gritar de placer y despertar a todo el tren. Le quité el pelo de la cara y nos miramos fijamente mientras ella se corría apurando la máximo el orgasmo que le acababa de brindar y susurrándome que se la siguiera metiendo con más fuerza.

Cuando se hubo recuperado la volví a follar, los muelles de la cama rechinaban pero me daba igual que se despertara nadie, estaba disfrutando de algo por lo que había esperado muchísimo tiempo.


Mordí el lóbulo de su oreja derecha y susurre al oído lo mucho que quería tirármela, las veces que la había observado desnuda, las erecciones que me había provocado y que ahora era mía y no iba a parar de follarla siempre que quisiera. Mientras se corría por segunda vez y yo la continuaba penetrando ella me dijo que también lo había pensado, que no era tan inocente como pensaba y que se había dado cuenta desde hacía mucho tiempo de las miradas que le echaba.

Yo estaba a punto, había resistido bastante no podría aguantar más y a los pocos segundos me corrí lanzando tres, cuatro hasta cinco chorros, una cantidad absurda de esperma en lo más profundo del coño de mi hermana que alcanzó un último orgasmo al sentirse repleta de mi leche.

Mantuve mi pene dentro del coño de Claudia hasta que mi polla se quedó flácida y la saqué, provocando que el coño de mi hermana chorrease el semen sobre las sábanas. No me podía creer lo que acabábamos de hacer, estábamos los dos sudando y agotados después de haber follado tan duramente y en una posición tan incómoda, ella se abrazó a mi cuello y no me dejó quitarme de encima suyo.

Miramos al pasajero que iba con nosotros en el compartimento, estaba oscuro y no podíamos ver si seguía dormido, lo cierto es que había dejado de roncar cuando comenzamos a follar.

— ¿Crees que le hemos despertado?- susurré a Claudia

Mi hermana agarró mi polla y la fue guiando hacia lo más profundo de su coño mientras el tren avanzaba en la noche


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El deseo domina el pensamiento racional

El deseo domina el pensamiento racional


En toda persona y familia hay secretos, también hay veces que esas personas quiere compartir cosas de su vida que lo llenaron de felicidad, experiencia y lo marcaron para siempre quedando como un lindo secreto.


Yo soy uno de ellos que no se atreven contarlo de frente, por temor a los comentarios, pero ahora me atrevo a compartir mis secretos.


Todo comenzó, cuando tenía 14 años, era un chico muy estudioso, dedicado a mis estudios, pero siempre está el amigo o compañero de curso que le abre los ojos en otras cosas.


Mi único y gran amigo, Eduardo, 2 años mayor que yo, un día, recién habían comenzado a darse a conocer los móviles, ya había DVD, trajo una película pirateada, un día que mis padres y mi hermana mayor no estaban en casa.


Comenzó la función, era una película porno, era la primera vez que yo veía una, eso fue tan excitante que terminamos pajeandonos.
Eduardo me preguntó…

— ¿Carlos, has visto alguna vez a una mujer desnuda? ¿te diste cuenta que tienen un lindo culo y las tetas espectaculares?
Todavía excitado y a la vez sorprendido por la pregunta, respondí…


— ¡noo…, jamás he visto una mujer desnuda…es la primera vez…yyy…me gustó mucho…me imaginó que verla en vivo será más excitante.


— ¡Me extraña amigo, como tú, una persona que vive donde hay dos mujeres mayores jamás has visto una! … ¡me extraña! Me dijo sonriendo a la vez que se acariciaba su pene.

Yo lo miraba, sin comprender…o no querer darme cuenta lo que me quería decir Eduardo.
De inmediato continuó …


— ! Te contaré un secreto, que solo yo lo sé y ahora, tu mi mejor y único amigo se enterará… ¿prométeme que será nuestro secreto hasta la muerte?… me dijo mientras me miraba fijamente a los ojos.
Luego de un instante, respondí…


— ¡prometido amigo…prometido!


— Cada vez que mamá, se ducha, o tiene sexo con papá, yo estoy espiando, sin mentir tiene un hermoso culo y esas grandes tetas, cuando se mueve sobre papá, me quedo hipnotizado mientras mi cuerpo se revienta de caliente. Luego me voy al baño a pajearme…es de locos la sensación que se siente.


— ¿Y.… tu …no lo has hecho? ¡tienes donde recrear la vista, en 2 mujeres hermosas, tu hermana y tu mamá! Me dijo sin pudor.


Desde ese día seguimos viendo películas de ese tipo, pero cada vez más atrevidas, él siempre me decía lo mismo de mamá y mi hermana.


Un día viernes por la noche, en la primavera, estábamos todos en casa, mi madre con papá en su dormitorio, mi hermana estudiaba en su dormitorio, ella tenía 19 años ya universitaria…mientras yo en mi habitación, viendo unas revistas porno con ilustraciones a todo color, con calientes historias, me comenzaba a pajear, eran aproximadamente las 3 de la mañana, cuando sentí unos deseos inmensos de orinar, me levanté rápidamente y salí de mi dormitorio, cuando vi en la puerta del dormitorio de papá una silueta, apagué la luz de mi habitación y me dirigí silenciosamente, cuando me di cuenta de que era mi hermana espiando a mis padres con la puerta entreabierta, dentro se escuchaba a mamá diciendo,…


— eso mi amor, dámelo todooooo. Me gusta tanto tener eso dentro, dámelo todooooo…aaaaayyyy…aaaaayyyy. Aaaaaayyyy.


Mientras mi hermana tenía sus manos en su entrepierna con la cabeza apoyada en la pared, decía en silencio…papaaaaa papaaaa…te deseoooooo…aaaaaaa…aaaaaaaayyyy. te deseooooo.


Cuando ella abrió los ojos, me vio, quiso gritar y tapé su boca, la hice callar…quiso darme explicaciones, pero solo le dije…


— déjame ver…

ella se retiró, fue cuando vi a mamá, y su lindo y gran culo moviéndose como una loca, diciendo muchas cosas a papá, y él le preguntaba si le gustaba el sexo, mamá respondía que era lo que más deseaba siempre.

Después de un rato, mi hermana me preguntó…

— ¿te gusta el culo de mamá? ¿Verdad que es rico? ¿te gustaría hacerle lo que papá le está haciendo ahora? ¿verdad que sí hermanito?
Luego añadió…

— ¡sabes hermano…en este momento me gustaría estar sobre papá. Quiero tener esa lindura de cosa dentro de mí…me calienta esa cosa …¿ a ti no te calienta ver a mamá?

— ¡siii hermanita! …Respondí… ¡siii hermanita!¡ pero yo no lo he hecho nunca!
Ella me preguntó  …

—¿pero te gustaría hacerlo?

— ¡siii me gustaría hacerlo debe ser rico. Respondí rápidamente
Mi hermana cogió mi mano y me dijo…

—ven vamos.

Nos fuimos a su habitación, le puso el cerrojo a la puerta y me tiró sobre la cama, luego sacó mi pijama y ella se desnudó…mientras se puso sobre mí y me dijo…

— ¡ahora aprenderás hermano! … ¡ahora aprenderás!, 


cogió mi polla y la metió dentro de su cosa…Ella se movía con la rapidez que lo hacía mamá con papá y me explicaba como lo tenía que hacer.

Era salvaje…, cuando después de largo rato sobre mí, yo abajo con mi polla dentro de ella y muy tiesa, me pidió que chupara sus tetas, cuando lo hice, parecía que más se desesperaba, lo que hizo que lanzara un gemido fuerte…

— ¡ahoraaa. Ahoraaa…ahoraaa! 


Luego se quedó quieta, desplomándose sobre mí, pero sus caderas se movían suavemente, mientras mi polla expulsaba chorros dentro de ella.


Ese fue el comienzo, cada fin de semana, que nuestros padres tenían sexo, los espiábamos, ella siempre decía que quería hacerlo con papá, luego nos marchábamos a su habitación y nos dábamos la feroz follada, así estuvimos cerca de 2 años, ella como mayor tomaba anticonceptivos para evitar problemas. 


Aprendí hacerlo de todas las formas que a ella se le ocurría, era una feroz fiera en la cama.

Cierto día yo, ya tenía 16 años, llegaron a casa los abuelos…papás de ambos, más sus hermanos y hermanas, resumiendo. Se llenó, no había donde dormir, se hizo una fiesta. Había mucho alcohol que hacían mis familiares que eran del campo, y mucha carne.


Esa noche mamá y papá dijeron donde dormiríamos todos, mi hermana y yo prestamos nuestras habitaciones, otros dormirían en el living, y mi papá no quiso que yo durmiera con mi hermana, ya que yo era ya un grande, me dijo que dormiría con ellos.


Noche de asados risas y mucho licor, papá no estaba acostumbrado a beber mucho, pero estaba tan feliz, que no tuvo control, así que, con el licor fuerte y dulce de los abuelos, tomó y tomó hasta quedar dormido en una mesa, mi madre y una abuela, lo llevaron a la cama, luego mamá le sacó la ropa y puso su pijama, papá dormía profundamente como un tronco.

Luego me fui a acostar, casi todos estaban ya ebrios …con los ronquidos de papá no podía quedarme dormido, pasó un largo rato cuando de pronto se abrió la puerta.

Era mamá que estaba un poco borracha, se apoyó en la puerta, luego entró, me miro, se dio cuenta que yo estaba despierto, y me dijo…


— ¿no te puedes dormir todavía mi amor?

Mientras se desabrochaba su vestido…

— ¿el ronquido de tu padre no te deja dormir verdad?


Preguntó nuevamente mientras su vestido caía en el suelo, quedando con solo sus bragas y sostén, mis ojos se abrieron más y más, mientras en mi mente pasaban cantidades de cosas, lo que me puso excitado, mi madre a pesar de su borrachera se dio cuenta, lo que exclamó mientras hacía un gesto moviendo la cabeza…


— ¡hombres…son todos iguales !¡ hijo, soy tu madre. ¡Porque me miras con tanta insistencia! Mientras se dibujaba una sonrisa y mirada coqueta.
Luego continuó…

… ¡total, eres mi hijo…las miradas no hacen daño!
En ese momento saco su sostén, mostrado sus linda tetas, luego tomó su camisa de dormir, se dirigió con dificultad a la cama, se la puso y se acostó en medio de papá y de mí.


Papá estaba de espaldas a ella, lo que mamá se aferró a él, luego puso una pierna sobre las caderas de papá y se propuso a dormir.

Yo me levanté, y fui al baño… con el pretexto de hacerlo, para ver que hacía mi hermana, ya que con ella calmábamos toda nuestra calentura.

Fui al living. Allá estaba ella todavía despierta, entre las demás mujeres jóvenes, las que dormían profundamente.
Mi hermana me vio y preguntó solo moviendo los labios…


— ¿qué haces?
Respondí de la misma forma …

— ¡te buscaba a ti hermanita?
Seguimos hablando así …

— ¿para qué me buscas hermanito?

Sacando mi mano que tenía cubriendo mi polla, para que no se dieran cuenta de mi situación le dije…

— ¡te necesito, hermanita…estoy caliente. ¡Té deseo!

Ella se puso de pie, silenciosamente fue donde yo estaba y me dijo muy bajito…

— ¡yo también estoy caliente y te deseo hermano, pero no podemos ahora, dejémoslo para cuando se vayan, nos pueden ver y ahí se acabaría todo.


Pasado el tiempo, yo ya había ingresado a la universidad, con mi amigo Eduardo, el que sabía todo mi secreto y yo el suyo …él se había hecho novio de una hermosa hembra.
Yo me había fijado en su culo y sus tetas, me tenía muy caliente, mi amigo Eduardo se había dado cuenta. Cierto día me preguntó…


— Amigo dime la verdad… ¿te calienta mi novia, ¿verdad?

Me sonreí, y respondí…

— ¿dime, Eduardo, con ese culo, y esas tetas, alguno de los chicos de la universidad ya habrá soñado con estar con ella? ¿somos amigos…te digo la verdad. siiii…me tiene caliente ¡pero la suerte no es para quién la desea! En ese instante Eduardo se puso a reír y me abrazó.
En eso vimos a su novia que venía…


— Hola, hola besos en la cara y todo, de pronto me dice…

— sabes Carlos llego una niña muy hermosa, parece una princesa de cuentos, es alta, con hermoso cuerpo, rubia, con su pelo rizado y, es más. De ojitos azules…los chicos andan como moscas tras ella.


No había acabado de decir eso, cuando apareció en el pasillo, rodeada de varios chicos, una mujer como la había descrito Carola, la novia de mi amigo, la miramos cuando iba pasando frente a nosotros, fijó su mirada en la mía como un imán, nos miramos, ella pasó y sentí que me corría algo desde la cabeza a los pies, luego se volvió a mirar.
Fue cuando Eduardo me golpeó la espalda y me dijo…


— ¿te fijaste amigo, te ha visto y no te quitó la mirada de ti? Quedando un instante en silencio, luego agregó…

— ¡pero viste, como estaban las pirañas. Yo creo que esa chica, sabe que esta rica, y debe ser de esas que les gusta tener a todos los hombres a sus pies.


La opinión de la novia de Eduardo fue la misma, así que no me hice ilusiones ni siquiera de ser su amigo.
Lo raro de todo, es que siempre que nos topamos ella me miraba fijamente, pero siempre estaba rodeada de chicas y chicos.

Así pasaron seis meses, de mirarnos, pero su mirada me decía algo solo que su actitud era diferente.

Cierto día me retrasé, llegué corriendo, cuando doble por el pasillo que estaba mi sala, choqué con una persona que llevaba el mismo apuro que yo …nuestros libros cayeron por todos lados, no había nadie más que nosotros en los pasillos.
Cuando me di cuenta, era esa rubia chica…nos mirando un instante fijamente, pero ocurrió algo que con el tiempo me di cuenta que era.


Nos cogimos las manos, luego nos besamos una y otra vez, como si fuéramos novios, luego la puse contra la pared y comencé a puntearla tomando su culito con mis manos…ella me respondió, luego cogimos nuestros libros, los dejamos en el casillero, y sin decir nada salimos de la universidad, tomamos un taxi y nos dirigimos a un motel.


Cuando llegamos, mientras yo pague seis horas, ella se sacó toda su ropa, lo que rápidamente hice lo mismo, nos enfrascamos en un mete y saca feroz, como si el mundo se fuera a acabar, lo hicimos por todos lados, de todas formas, … cuando ya nos calmamos, ella me dijo…


— Hola, tú te llamas Carlos…yo Sofía…no sé qué pasó, pero tú eres como un imán, si me pides explicaciones ¡no lo sé!
Me dijo mientras me miraba con sus lindos ojos azules, y sus labios sensuales…


— Ya sabía tu nombre, es hermoso como tu…respondí
Ella continuó…


— ¡no se si tienes novia, no sé si esto llegará hasta aquí, solo quiero que sepas que yo no tengo compromiso con nadie y nadie está conmigo.


Hecho que así comenzó la relación con la hermosura de mujer que después de dos años de novios decidimos casarnos


Cuando se lo comenté a mi amigo Eduardo, él dijo que también lo haría con su novia…, me propuso…


— ¿qué tal amigo si lo hacemos juntos y celebramos juntos y nos vamos de luna de miel juntos?
Yo terminé su propuesta …


— ¿y dormiremos juntos también?


Me respondió como siempre, con su sonrisa ¡no sería mala la idea! Ya que a ti te pone cachondo mí novia y yo con la tuya hermano. Jajajajaja.


Comenté en casa nuestra decisión de casarnos y hacer todo juntos y más con Eduardo que era más que un hermano para mí.


Cada vez que tenía sexo con Sofía, más me calentaba, lo que me hacía tener fantasías con ella, miraba su culo y recordaba cómo le entraba la polla de papá a mi madre, lo que me excitaba mucho, era pensar en tanto sexo como tendríamos una vez que nos casáramos, iríamos a la luna de miel más por conocer que por tener sexo, es lo que yo creía


Un día nos juntamos con Eduardo y su novia, salió el tema del matrimonio, ellos nos insistieron, si queríamos que fuera juntos y todo juntos, es más nos habían elegido como padrinos.
Nos pusimos de acuerdo en hacer la locura, nos casaríamos juntos, seríamos sus padrinos y ellos los nuestros e iríamos de luna de miel juntos y todo…


Llegó así el momento de los casamientos, todo resultó perfectamente, cuando ya nos íbamos a ir a la luna de miel, hablamos por micrófono, primero yo y luego mi amigo como siempre está con sus chistes. Dijo cuando iba a terminar…


— Gracias a todos por ser nuestros amigos, como ya saben mí ya esposa y yo somos los padrinos de Carlos y Sofía, que a la vez ellos son los nuestros.
Y como ya saben que hay una tradición antigua, que la primera noche lo pasan los padrinos con los recién casados ¿adivinen qué pasará? …tomando a mi esposa en sus brazos y yo a la de él nos fuimos.


Afuera nos esperaba otro amigo con las maletas y mi coche, nos fuimos al sur del país.

Llegamos donde teníamos reservada una cabaña con dos dormitorios, con camas de matrimonio, todos felices, la cabaña muy hermosa y acogedora… pedimos alcohol y cosas para comer.


Esa noche probamos la carne y el alcohol sureño, estábamos ya pasados de copas, Sofía y Carolina se pusieron ropa más suelta y cómoda, la cabaña tenía una buena calefacción y se estaba muy a gusto. Al cabo de un rato Sofía se sentó en mis piernas y Carolina en las de Eduardo
Mientras nos besamos mi esposa y yo, acariciaba sus piernas, y miraba a Carolina y Eduardo. Mientras el hacia lo mismo, sin dejar de mirar disimuladamente a Sofía.
Eduardo me miraba y se mordía los labios como diciendo ¡quiero comerme a tu mujer! Lo que me causaba excitación y le respondía de la misma forma.


Mi mujer estaba más rica que Carolina, pero ya llevábamos dos años de puro sexo, no estaba mal comerle la mujer a mi amigo, yo estaba dispuesto a prestarle la mía, el me hizo un gesto como preguntando si aceptaría, lo que con un guiño de mi ojo le respondí que sí.


En ese instante ocurrió lo que siempre me pasa con Sofía, ella pensaba algo, y en ese momento yo le decía lo mismo, y viceversa.
Ella excitada me susurró al oído…


— ¿amor …estas seguro que quieres que hagamos eso…no te arrepentirás después?¡ pero si tú lo deseas, yo también lo deseo. ¡Tú sabes que mis deseos son los tuyos y los tuyos son míos!
Respondí convencido…


— ¡lo deseo amor, quiero verte con Eduardo, él te desea y somos más que hermanos.
Ella me replicó…


— ¡yo también quiero verte con Carolina, ya que tú también la deseas mi amor!


Preparamos copas más cargadas y cada vez que nos servíamos nos besábamos y tratamos de mostrar al otro lo más posible de nuestras mujeres.

Cuando ya estaban bastante ebrias, comenzamos a calentarnos y sacarles poco a poco sus ropas, en principio apartaron nuestras manos, pero después se dejaron, luego nos sentamos los cuatro en el sofá dejando a las dos juntas.

Mientras las calentamos tomamos sus manos y las hicimos que se acariciaran sus piernas, de primera eran esquivas, pero después se dejaron, luego se besaron, luego otro y otro beso, nos cambiamos de lugar. Eduardo quedó tras mi mujer, y yo detrás de Carolina, comenzamos a acariciarlas mientras ellas seguían besándose, cuando Eduardo comenzó a meter sus manos entre las piernas de Sofía, y su boca en su cuello, lo hice igual de inmediato, Carolina también abrió sus piernas.


Ellas se dejaron llevar, luego se giraron y ya nadie nos pudo detener, todos nos desnudamos. Eduardo abrió las piernas de mi mujer y comenzamos a darnos, Sofía era una bestia en la cama y Carolina no lo hacía mal, Sofía como de costumbre se agarró de las nalgas de Eduardo y se dieron esa feroz follada, igual yo con Carolina.

Esa luna de miel yo tuve dos mujeres en mi cama y Eduardo igual, lo pasamos lo más inolvidable que jamás hayan pasado en una luna de miel.

Cuando nos despedimos nos comprometimos a juntarnos cada seis meses, así lo hicimos.

Solo que esto sería el comienzo de algo grande. Así pasaron cinco años, cada vez que iba a visitar a mis padres ella no me acompañaba, argumentando que papá no la dejaba de mirar y eso la ponía nerviosa.


En el lapso de todo ese tiempo que estuvimos de novios, me había hecho muy amigo de sus primos que ella quería como sus hermanos, el mayor que se llama Víctor y el menor Ramón, el cual era el más regalón y a la vez, el que no sé porque motivo, el más preferido por mí …con el cual más relación teníamos

Pero me causaba una duda a pesar de ser Sofía mayor que él, porque siempre la abrazaba por la espalda y se apegaba mucho a su levantadito culo.

Poco a poco me fui ganando toda su confianza, cuando un día que nos visitó, era normal que hiciéramos asado y alcohol, mi mujer se fue a dormir, yo me quedé bebiendo con Ramón.
Ya un poco ebrio le hice una pregunta …


— ¿Ramón…amigo…veo que tú quieres mucho a Sofía? ¿Estuvo mucho tiempo con vosotros?

— ¡Si! Sí.! respondió…ella llegó teniendo 16 años, yo tenía 10 y Víctor 14. Me acuerdo que mamá dijo que ella dormiría conmigo ya que no había más camas, mi papá es hermano de su mamá, Víctor quería dormir con ella, pero papá dijo que no.


— Me puedes contar cómo fue la estancia de mi mujer con vosotros… ¡la verdad es que Sofía y yo no tenemos secretos, ella me contó todo …absolutamente todo de lo que pasó con vosotros, solo quiero saber tu opinión, con ella no existe ningún secreto. Le comenté esa mentira para que me dijera todo lo que yo presentía.

Me miró fijamente y me preguntó ¿tate dijo, tttooodoo…todo…detalle por detalle?
Esa pregunta, de ese modo me causó dudas y respondí…


— ¡así es… todo!


— ¿y no te enfadas por todo eso? ¡Eres su esposo! Exclamó nuevamente
Más dudas me causó y respondí con otra mentira…


— ¡lo que pasa es que juramos que lo que pasó antes de nuestro casamiento jamás importará, solo desde cuando fuimos marido y mujer, importa!


— Que bien. Me dijo Ramón. ¡bueno si es así te contaré, sólo porque tú ya lo sabes, así es que Víctor, tu Sofía y yo sabremos! respondió, comenzando con su relato, mientras yo deseoso de saber todo.


— Resulta que cuando llegó Sofía y dormía conmigo, ella me miró siempre como un bebé, no tenía temor de sacarse su ropa frente a mi quedando solo con sus braguitas y se colocaba el pijama, decía que yo no tuviera temor de que ella me viera ya que dormíamos juntos… así es que debido a eso la abrazaba por detrás al dormir…, de primera no quería, pero después se acostumbró, Víctor me pedía siempre que lo dejara dormir con ella una noche… nunca quise.

Así es que el cuando llegaba del colegio se ponía tras de Sofía la abrazaba rodeándola con sus brazos por la cintura y le decía… ¿hola primita como estas? La tomaba y luego la apretaba contra su cuerpo, yo veía que la polla de Víctor cuando hacía eso, se le ponía dura y hacía que ella la sintiera en su culo. Pero Sofía lo retaba y lo amenazaba con decir a papá, solo que no lo hacía

Así Víctor lo hacía siempre, un día el como de costumbre la abrazó, pero ella no peleó solo lo dejó, él estuvo un rato tras ella con sus manos en la cintura de Sofía, ella cerró los ojos y se mordía sus labios.

Al Día siguiente Sofía estaba vestida todavía con su falda corta, cuando llegó Víctor y se puso en la misma posición, Sofía nuevamente no luchó, dejó que Víctor se apretara a ella y le punteara su culo, luego vi que Sofía se apretó a él con los ojos cerrados, comenzó a mover su cuerpo contra mi hermano, el subió sus manos a sus tetas mientras ella puso su cabeza hacia atrás con los ojos cerrados y se mordía los labios mientras respondía a Víctor sus movimientos apretando su culo a la polla de Víctor…en ese instante llegó papá.

Yo tenía casi 13 años en esa fecha que sucedió.
Esa noche como de costumbre ella se sacó su ropa, era cada día más hermosa y hacía que cuando la miraba en mi bragueta sentía cosas ricas, la miraba detenidamente, y me excitaba.

Se acostó sin decir nada, me dio la espalda como siempre, la abracé, pero no quería aferrarme a ella para que no se diera cuenta que estaba caliente. Fue cuando me dijo ¡ramoncito apriétame más fuerte por favor, estoy triste!

Se acerco hacia mí un poco más, mi polla estaba entré sus nalgas, pero no se daba cuenta porque nada decía.

Luego ella se apretó nuevamente a mí y moviendo su culo suavemente mi polla se fue metiendo entre sus nalgas. Yo estaba tieso como un fierro no quería ni moverme.
Luego de nuevo se apretó a mi moviendo su culito suavemente, ahí fue cuando en mi polla sentí algo tibio y húmedo, a pesar que estaba con mi pijama puesto sentí eso.

Pronto ella puso sus manos sobre las mías y comenzó a acariciarla, luego tomó mis manos y las pasaba por su vientre, a pesar que yo estaba como una estatua, sentí su respiración muy agitada, y unos leves suspiros, mientras con mis manos recorría su barriga y bajando.

Su culo seguía moviéndose suavemente y de vez en cuando se apretaba bien a mí y salía, luego seguía moviéndose, no pasó mucho rato cuando nuestras manos llegaron más abajo, ella abrió sus piernas y metió nuestras manos en su coño, que estaba completamente mojado.

Sofía puso mi mano en su coño y me pidió que jugara con una cosa como una pelotita que tenía en su coño porque le gustaba mucho,» en ese tiempo yo no sabía que ese era su clítoris» lo que sin vacilar hice de inmediato, mientras mi polla me llegaba a doler de tan tiesa que estaba.

Después Sofía se giró suavemente quedando boca arriba, se abrió de piernas y me ordenó que no dejara de hacer eso, que ella metería su mano en mi pijama.
Fue lo que hizo, cogió mi polla, cuando la apretó dijo… ¡guau…guau…y eso es tuyo ramoncito? ¿estás seguro que tienes 13 años? Con voz cansada.
¡la verdad en 5 meses cumplo 14 Sofía! Le respondí con voz temerosa y un poco de vergüenza.


Ella comenzó a masturbarme, luego me dijo con voz ansiosa ¡quítate el pantalón rápido y ponte de rodillas aquí en medio.
estaba como hipnotizado, lo que ella decía yo de inmediato lo hacía, al momento me puse entre sus piernas de rodillas, Sofía cogió mi polla y comenzó a pasarla por su coño de arriba abajo, mientras me preguntaba si estaba bien para seguir, o quería que se detuviera.

Respondí que continuara, entonces me ordenó que lo metiera todo y lo sacara cada vez más rápido, que me agarrara de su cuerpo para hacerlo mejor.

Ella se movía como un remolino, y luego me apretaba agarrada a mis nalgas, luego se movía cada vez más y más rápido, que llegué a pensar que de tanto que se movía se me había cortado la polla, porque no la sentía, solo cuando ella me apretó con fuerza y comenzó a decirme ¡primitoooo…primitooo. Tienes buena herramienta, mi amoooor, no dejes de moverte, sigue, sigueee…

La miraba como se retorcía, sus tetas se elevaban con sus puntas muy duras, fue cuando ella me dijo al oído te deseooooo. uuuuuffffff uuuuuuffffff. Oooooo, en ese instante de mi polla se comenzó a escapar chorros de jugo, como cuando me había hecho una paja. Ahora estaba echándolo en el coño de una mujer mucho mayor que yo.


Quedamos en silencio un instante, mientras yo continuaba sobre ella todavía con mi polla erguida, y orgulloso de haber tenido esa experiencia a mis 13 años.
Sofía me habló suavemente al oído, ¿Ramoncito, te gustaría seguir, o ya estás cansado? …mientras sus caderas se movían suavemente de nuevo.


Mi respuesta fue ¡todo fue muy rápido, me gustaría seguir hasta que tu digas Sofía! Ella de inmediato me tomó comenzando de nuevo a moverse más rápido cada vez, bueno ya sabía que debía hacer, esa vez Sofía solo se escuchaba su respiración y sus jadeos, cuando me preguntó ¿Ramón te gustaría hacerlo todas las noches? ¡Me gusta mucho sentir eso dentro! ¿te atreves?¡ pero debe ser nuestro secreto!
De inmediato respondí ¡siii prima trato hecho, será nuestro secreto… Así lo continuamos haciendo, era nuestro secreto.


Eso es lo que pasó., Carlos, ahora que es tu esposa, que bueno que no tengáis secretos, y ahora que soy mayor, espero que no te enfades, te digo que no existe mujer mejor en la cama que Sofía.


— ¿Qué te puedo decir Ramón? Respondí ¡a pesar de que ese detalle ya lo sabía, no deja de excitar ¿verdad? … ¿pero cuéntame tú…como se metieron los demás? Pregunte arriesgando que pillara mi mentira, bebimos otro vaso y luego …


— Bueno primito Carlos, ya había pasado varios meses entre Sofía y yo haciéndolo de todas las formas que a ella se le ocurría, cierto día mientras desayunamos, papá dijo… ¡chicos. Mamá y yo tenemos una reunión con unos amigos, y llegaremos muy tarde, yo creo casi amaneciendo, así es que tu Sofía te puedes preocupar de los chicos que se sirvan todo, y si quieres tú le haces lo que quieran comer…
¡Okay …no hay problema. ¡Yo les daré algo rico, para saborear! Respondió Sofía

Como de costumbre estábamos con Sofía en casa después del colegio, y llegó Víctor, como siempre abrazó a Sofía por la espalda, él sabía que nuestros padres no llegarían temprano.
Víctor la apretó hacia él de nuevo, Sofía se dejó llevar apretándose a su polla y moviendo su cintura suavemente.

Víctor se comenzó a calentar, cogió sus tetas y besando su cuello, le dijo ¿qué me darás de comer Sofía?
¿serás capaz de comer lo que estás pidiendo, o es solo especulación…porque yo sé que todo perro que ladra no muerde? Respondió Sofía
Víctor siguió manoseando a Sofía, ella se apoyó en la mesa abriendo sus piernas Víctor levantó su falda, sacó su polla delante de mí y comenzó a meterla y sacarla, eso le gusto a Sofía comenzó a hacer lo que sabía…» moverse como un remolino»


Mi hermano la tenía de la cintura, y Sofía ya quería más fuerte y rápido, se sacó la blusa quedando con sus tetas al aire, le dijo a Víctor ¡agárrate de mis hombros y apriétame, a ver si puedes darme lo que tienes.
La lucha fue larga y feroz, hasta que los dos sucumbieron, pero yo sabía que Sofía no era de una sola pelea, y me dice, ¡te toca Ramón. Demuéstrale a tu hermano como se hace


Ya lo habíamos hecho tantas veces, la agarre y comencé a darle, no tardó Sofía en acabar y luego yo dejando todo mi jugo dentro de ella, luego Sofía dijo a mi hermano, hace tanto tiempo que me estas provocando, veamos hasta dónde eres capaz, y si no pasas no me molestes más, ya que tu hermano que es más pequeño que tú y jamás me ha provocado, es más macho que tú, sabe dejar a una mujer satisfecha.


Luego nos fuimos a la cama, nos desnudamos y lo hicimos, con doble penetración, Víctor había pasado la prueba, nos juntábamos los fines de semana en una bodega que hay en casa mientras nuestros padres en su dormitorio, nosotros en el cuarto haciendo de todo.


— Vaya…vaya…Ramón, que memoria la tuya, es tal cual lo que me contó Sofía…pero te falta un detalle ¿qué pasó con tu papá? Le comenté haciendo una pregunta…


— ¿sabes Carlos ?¡la verdad me pillaste con esa pregunta, yo jamás vi a papá con Sofía…seria mentir si dijera algo! ¡pero si Sofía te dijo que si estuvo papá con ella…es porque así fue! Respondió mientras tomamos otra copa de licor, pero de pronto me dijo…

— ¡espera…espera. Carlos algo se viene a mi mente!
Resulta que en varias ocasiones vi a papá espiando a Sofía cuando se bañaba…yyyyy…mmm. En otra ocasión, una noche que mamá decidió ir a ver a sus padres, papá dijo que tenía mucho trabajo y no fue.

Esa noche vi a Sofía entrar en la habitación de papá, yo me dormí esperando su regreso, ella llego en la mañana, bañada. Yo creo que ahí puede ser que lo hicieran, pero hubieron varias veces que Sofía acompañaba a papá al trabajo… ¿creo?


En ese momento recordé lo que la tía de Sofía me dijo cuando le dimos la noticia de que nos casábamos ¡¡ chicos, sabéis. Os envidio. Sofía me comento como comenzó vuestra relación y muchas otras cosas de vosotros que coincidís. Creo firmemente que vosotros estáis conectados con vuestras almas, sois almas gemelas…uno de vosotros piensa algo y solo con una mirada el otro sabe lo que es y se acepta, hay veces que estáis distanciados y uno está pensando algo y el otro lo mismo.


— ¡Si Ramón! …respondí… ¡ya sabía todo esto ¿sabes porque quería que me lo dijeras tú? ¡porque se que todavía lo seguís haciendo, mi mujer se va a tu casa mientras yo voy a la de mis padres, mientras Víctor y tú le dais duro a Sofía en la bodega ¿verdad? …comenté. Mientras Ramón me confirmaba con su cabeza que sí
Pero sabes Ramón, cuando me casé mi abuelo me dio un ejemplo, me dijo…

¿sabes hijo, en el matrimonio, tanto en la mujer como en el hombre…es como tener un restaurante…cuando tienes buena comida todos te la quieren comer.

También este otro ejemplo es para los casados, porque todo hombre y toda mujer somos iguales, unos más verdaderos y otros no…cuando tienes la mejor comida, tu plato favorito, lo comes con deseos, con pasión, no quieres compartirlo con nadie, pero pasas mucho tiempo comiendo ese rico plato y sientes que ya no te apetece, lo comes porque hay que hacerlo. Pero si ese plato lo mezclamos con otra cosa cambia el sabor y seguimos comiendo, luego por tu mente pasa otro ingrediente, ese plato es más y más exquisito.


Ese ejemplo me ha servido mucho Ramón ¡yo tengo la mejor comida que todos quieren comer y pocos lo han hecho, también tengo el mejor plato que solo los ricos degustan, a pesar que ese plato tiene diferentes especies le voy agregando otra para poder tener cada vez el sabor que deseo.

Ramón ya que has comido de mi plato, y para mí es excitante el sabor que ha tomado ¿te gustaría acompañarme esta noche a degustar nuevamente de mi comida?


— ¿de verdad Carlos, o me estás probando? Preguntó temeroso.

— ¡vamos. Vamos, Sofía te espera deseosa en mi cama, ¡solo está permitido entrar desnudo a mi dormitorio! Le dije, él se puso de pie y me abrazó,


Nos fuimos a mi habitación, ahí estaba mi hermosa y caliente esposa, esperando tener sexo, que yo ya sabía dentro de mí lo que pasaría.
Le di la preferencia a Ramón, ella dormía profundamente, este abrió sus piernas, metió su polla, como tantas veces lo había hecho, comenzó a moverse, de a poco tomando velocidad, cuando de pronto despertó Sofía, y vio a Ramón… ¡ramoncito, ramoncito…por fin estas aquí, te deseo tanto, y deseaba que Carlos te invitara a nuestra cama, luego me miró y me dijo mientras Ramón no dejaba de moverse.


— Carlos, ya sé que sabes todo…te diré que Ramón es el primer hombre que metió su cuerpo dentro de esta luna.


— ¡lo sé mi amor! Respondí mientras Ramón le daba más rápido… ¡Ramón es el primer hombre que metió su cuerpo dentro de tu luna y luego los otros dos!
Ella sonrió y me miró nuevamente, me dijo…


— ¡tienes que contarme tu verdad ahora!
Luego me guiñó el ojo y tomó de las nalgas a Ramón comenzando así una lucha cuerpo a cuerpo que luego entraría yo.

Esa noche Sofía, como siempre fue una fiera indomable en la cama, ella es la vencedora siempre. Hay que tener muy buena arma para vencer a esa guerrera.


Al día siguiente Ramón se fue muy satisfecho por el placer que le había brindado mi plato.

A la noche siguiente en el living estábamos abrazados viendo una película de acción cuando me dijo…

— ¡ya mi amor…te escucho, dime con todo tipo de lujos y detalles. Que nada quede en el tintero.


Y Comencé a relatar mi historia.




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Experiencia virtual

Experiencia virtual


Tengo 25 años, y soy adicta al sexo. Un día que me encontraba sola en casa. Estaba frente al PC leyendo algunos mails que me mandan mis amigos de la Red, los cuales vienen con fotos y videos porno, ya que con ellos tengo sexo virtual… pongo mi cámara y les muestro lo que hago.

Resulta que ese día no se conecto ningún amigo y me quede con ganas de hablar y disfrutar por ese medio, así que apague el PC y me acosté. Pero estaba cachonda con los mails que había leído, y no lograba conciliar el sueño.

Pasaba por mi cabeza todas las cosas guarras que me contaban mis amigos y sin darme cuenta me estaba tocando las tetas por encima de la blusa, sentí un cosquilleo en mi vagina y me saque el corpiño, empecé a acariciarme los pezones y con el dedo dibujaba círculos alrededor de los pezones.

La otra mano ya viajaba dirección a mi coño y empecé a rozarme con los dedos suavemente sobre el tanga. La tela empujaba mi clítoris, algo que me excito inmediatamente, el flujo mojo las braguitas. Tire de ellas hacia arriba, forzando que se metiera la tela entre mis labios vaginales. Ufff que cachonda me puse, hasta me llegaba el olor de mis fluidos a la nariz, así que me las quite y me las llevé a la boca para chupar y oler mis jugos.

Después me separé con los dedos los labios vaginales para observar cómo mi clitoris había crecido, mmm empecé a frotarlo con suavidad, lo presioné con la yema de los dedos y mi excitación fue a más, así que me metí dos dedos en la vagina todo lo profundo que pude, los metía y sacaba una y otra vez.

Mi calentura crecía por momentos, y sin pensar me metí otro dedo y continué con el juego de mete saca, mis dedos resbalaban a toda velocidad, probé con un cuarto dedo y esto me gustó mucho, así empujaba las paredes de mi vagina que estaban hinchadas y resbaladizas, con la otra mano, estrujaba mis pechos y los levantaba, llevándomelos a la boca y así podía lamer mis pezones duros.

Estaba empapada en sudor, sentí como mis fluidos recorrían mis nalgas hasta llegar al orificio del ano, por impulso saque los dedos de la vagina y los llevé hacia atrás y me acaricie, embadurnándome el orificio. Me metí un dedo, y poco a poco lo fui metiendo más adentro, después metí otro, sentir mi culo abierto me puso muy cachonda, sentí la presión en mis dedos, eso me llevo a meterme otro más.

Empecé a darme fuerte y con la otra mano me acariciaba el clítoris que estaba durísimo y no resistí más y me metí tres dedos en la vagina de una vez hasta los nudillos… ufff Que sensación, mis dos agujeritos llenos, no podía mas con el calentón, me penetre con movimientos continuados tanto por la vagina como por el recto… wow… no puedo explicar con palabras la sensación de placer que sentí, fue como un subidón de adrenalina, que me llevó al precipicio. De pronto sentí una explosión intensa dentro de mi, que me hizo volar y perder la noción del tiempo.

Al sacar los dedos de mi culo, note como quedo abierto y latía. Saqué los dedos de mi vagina muy despacio, fue increíble ver lo mojados que estaban, tenia hasta los dedos arrugados de la humedad, así que los limpie con la boca, los lamí uno a uno, saboreando ese líquido con sabor intenso a mar.

Ya me quedé tranquila y sin saber cómo, me dormí.



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Jennifer, siempre tuve atracción por las mujeres

Jennifer, siempre tuve atracción por las mujeres

Tengo 19 años y mi nombre es Jennifer, siempre me habían atraído un poco las mujeres, pero jamás había hecho nada con otra mujer, simplemente admiraba su belleza.

Me describiré un poco, no soy muy alta mido 1.50 cm., de tez blanca y ojos verdes, mi cabello es negro, lacio, no lo llevo muy largo, apenas me llega a los hombros. Tengo grandes pechos, al menos es lo que muchos de mis novios me han dicho, soy copa C; de complexión no soy muy delgada pero tampoco estoy llenita, digamos que estoy normal.

Todo ocurrió un día que estaban haciendo reformas en casa, el cuarto de mi hermana estaba en obra así que la habían mandado a dormir a mi cuarto, le dije que podía dormir en el suelo, si no quería dormir conmigo. Mi cama era grande y no habría problema por el espacio.

Ella es muy parecida físicamente a mí, solo que ella es más delgada y el cuerpo un poco más fino, con pechos algo más pequeños que yo, pero con una cintura envidiable, su pelo es ondulado y largo, es decir muy mona mi hermana, se llama Ivette y tiene 23 años.

La primera noche todo pasó muy normal, ella durmió en su lado y yo el mío, por razones que aun no comprendía, yo estaba nerviosa pero hice caso omiso de eso. Por la mañana noté como mi hermana despertaba, yo ya estaba despierta y la miraba con un ojo abierto sin que ella lo notase, se levantó y acto seguido se quitó el camisón, dejando que resbalara por sus pequeños pechos, me fijé que llevaba un pequeño tanga bastante ajustado y sexy. Cogió una toalla y salió de mi habitación.

Como si ella siguiera allí (aunque ya no lo estaba, solo me quede con esa sensación de que me vigilaban) deslicé lentamente mi mano metiéndola en mi tanga para tocar mi vagina y noté que estaba muy mojada. No lo podía creer, me había excitado mi propia hermana, me sentía en shock y mareada, no sabía que pensar…

Tal vez me atraían algunas mujeres, pero jamás me había excitado ninguna y mucho menos mi hermana, estaba empezando a dudar de mi orientación.

Mis dudas y confusiones pronto se transformaron en sueño y me volví a quedar dormida, cuando desperté mi hermana se había ido a trabajar al igual que mi padre y mi madre, como yo estaba de vacaciones en la escuela podía quedarme ahí todo el día, así que comencé a hacer mis quehaceres pero por más que me distraía mi mente regresaba a la delgada figura de Ivette en tanga frente a mi…

Mi tortura fue a peor cuando recordé que esa noche dormiríamos juntas de nuevo.
Como pude pasé el resto del día distrayéndome con lo que pude y llegó la noche, mientras mis padres veían la televisión en su cuarto., yo leía en la sala, frente a mí en el comedor mi hermana, vestida con un short y una pequeña blusa sin mangas, estaba cenando un plato de cereales.

Yo estaba que me volvía loca, mi mirada se desviaba cada momento hacia ella, y automáticamente mi mente la desnudaba con la mirada, incluso perdí el hilo a mi lectura varias veces y tuve que retroceder incluso algunas hojas, ella lo notó y comentó…

—Estas bastante distraída ¿verdad? – dijo sonriendo dulcemente.
—Pues….pues no mucho – balbuceé – En realidad creo que solo tengo sueño.
—En ese caso vámonos a dormir – dijo terminando su cena, guardó todo rápidamente y se fue a las escaleras
– Te veo en el cuarto.

No supe si era yo o su voz parecía provocadora, como incitándome o en realidad no sé, mi mente estaba muy confusa. Por un momento no supe que hacer, incluso pensé quedarme ahí en el sillón a dormir, pero recordé que, por la obra, había un agujero en la pared y entraba una gran corriente de aire, me daría frio por la madrugada, así que me arme de valor y me levanté para dirigirme a las escaleras y luego a mi cuarto.

Al abrir la puerta estaba todo a oscuras, creí que mi hermana ya estaba dormida, así que no encendí la luz, me senté en la cama, ella estaba del lado de la pared, me quité mis tenis y me dispuse a acostarme, pero la voz de mi hermana me hizo detenerme en seco.

— ¿No te cambiaras? – me dijo,

yo aun estaba vestida, con la mente perdida, había olvidado ponerme mi pijama.

— Ah, es que no quería molestarte con la luz – me excusé
— Creí que ya te habías dormido.
— No, sigo despierta – me dijo
— Vamos cámbiate, espero que no te moleste que esté yo aquí.
— No no, para nada me molestas – dije,

pero ya no supe que decir, así que me levanté y cogí el pantalón de pijama de uno de los cajones y me dispuse a salir, cuando ella me detuvo de nuevo con su voz

— Cámbiate aquí – me dijo casi casi como una orden
— Somos hermanas, no pasa nada.
— Ok,

fue todo lo que pude decir, me quité el pantalón que llevaba y me puse el del pijama, ella me miraba con un ojo abierto (justo como yo la había espiado a ella) Y eso fue todo, no me atreví a quitarme la camiseta frente a ella, el pantalón no fue tanto porque me cubría con la misma camiseta, que me quedaba algo larga.

Apagué la luz y me acosté guardando la distancia lo más que pude, creía que pronto mi mente empezaría a dar vueltas y me obligaría a tocarla y a hacerle quien sabe que cosas, pero no fue así el sueño me invadió de repente y me quedé dormida casi de inmediato.

En contraste, toda mi energía sexual se descargó en el sueño que tuve, soñé, como era de esperarse, con Ivette, soñé que la despojaba de sus ropas salvajemente y comenzaba a lamer sus pequeños senos, chupando sus pezones lentamente y mordisqueándolos, luego me sentaba en su cara y ella lamía toda mi vagina y jugueteaba con mi clítoris mientras yo tenía un orgasmo tremendo….

Desperté… miré por la ventana y ya había luz, eran las 10 de la mañana, antes de poder reaccionar sentí mi tanga súper empapada en jugos vaginales, me levanté y corrí a uno de mis cajones buscando otro tanga, me quite el que llevaba puesto y me iba a poner el limpio cuándo mi hermana apareció frente a mí, en la puerta. Me miró de la cabeza a los pies y me sonrió…

— Así que tuviste sueños locos – me dijo
— ¡No parabas de gemir!
— Egemmm, yo?…

no sabía que decir, instintivamente me vestí, sentí claramente que su mirada se desviaba hacia abajo….

— No digas nada, hermanita – me dijo mientras se acercaba a mí, yo no sabía qué hacer ¿Acaso seguía soñando?
— ¿No fuiste a trabajar? – pregunté reaccionando y retrocediendo un poco
— Es sábado – dijo ella un poco mas indiferente. Entro más tarde y salgo temprano

Yo solo asentí, cogí una toalla y corrí al baño, cerré la puerta con seguro y me metí en la ducha, no me pude contener mas y comencé a masturbarme, con una mano masajeaba mi vagina y con la otra mis pechos y mis pezones que estaban ya muy duros, mientras que mi mente estaba en el sueño que había tenido, en Ivette viéndome mientras me ponía mi tanga, mientras se acercaba y trataba de tocarme…
Y tuve un pequeño orgasmo mientras el agua caliente de la ducha recorría mi cuerpo.

Cuando salí, mi hermana ya se había ido, me vestí y fui a desayunar con mis papas, me comentaron que en unas horas se irían a un evento y no llegarían hasta tarde.

Así que unas horas después estaba sola en la casa, me distraje como pude pero esta vez me fue casi imposible, mi mente regresaba a mi sueño que tuve que cada vez le agregaba mas detalles y mas poses…
Acostada en mi cama me desnudé y comencé a masturbarme de nuevo pensando en lo maravilloso que sería tener la lengua de mi hermanita entre mis piernas, seguía tocándome con mis manos mis grandes pechos y deseaba que los mordisqueara mi hermosa hermana y los lamiera…

No podía aguantar más, me levanté por un impulso, no iba a ir al baño, en realidad no sabía porque, pero cuando me levanté ahí estaba, como si mi deseo se hubiera cumplido… mi hermana con una falda sexy y un top, me miraba desde el marco de la puerta, una de sus manos tocaba su pecho, por encima de su top.

Yo no pude contener mis deseos, y me acerqué y comencé a besarla salvajemente, como en mi sueño comencé a quitarle la ropa, primero el top y luego dejando su sexy sujetador negro a un lado., ella me tocaba con euforia mi espalda, luego bajo sus manos a mi trasero, me separé un poco y baje mis manos a su falda, quitándosela de un tirón, dejándola con su diminuto tanga, ella bajó su rostro hacia mis pechos y comenzó a lamerlos salvajemente, justo como lo había deseado hacía algunos minutos, me sentí en el cielo.

Ivette mordisqueaba y lamia mis pechos y mis pezones, jugaba con ellos mientras lentamente nos dirigíamos a mi cama, me sentó empujándome levemente y se agachó mientras me abría las piernas, enseguida metió su lengua en mi vagina y yo empecé a gemir como una loca, ella jugaba con mi clítoris con su lengua y luego lo chupaba todo, tenía una sensación indescriptible, electrizantes olas de placer recorrieron mi cuerpo mientras ella metía y sacaba su lengua…

— Me encantan tus gemidos – me dijo. Es justo como gemías anoche y yo me masturbaba a tu lado. ¿acaso soñabas conmigo?
— ¡SI! –grité entre mis gemidos, que por momentos eran más intensos. SOÑE ESTO, TODO ESTO Y MUCHO MAS….
— Ahora ves como tus sueños se quedan cortos, hermanita,

dicho esto subió de nuevo a mi cara empujándome hacia atrás recostándome, comenzó a besarme con más pasión que nunca mientras entre su saliva probaba mis propios jugos vaginales, era un sabor delicioso, limpie su lengua y su boca completamente de mis jugos, mientras ella con su mano me masturbaba y con la otra jugueteaba con mis pechos.

Yo estaba que no aguantaba, su mano apretaba cada vez mas fuerte mis pechos y su otra mano entraba cada vez más en el interior de mi coño. Cuando estuve segura que ya no había rastro de mis jugos en su boca, me separé un poco y me di la vuelta, poniéndome en cuatro patas, colocando mi trasero en la cara de ella.

— Tu boca ya no sabe a mis jugos ¿No quieres más?
— Me encantaría – me dijo,

mientras comenzó de nuevo a lamerme el clítoris y a jugar con su lengua dentro de mi vagina, yo con mi mano derecha me tocaba mis pechos y pezones, que no podían estar más duros, estaba cada vez más agitada y gemía más fuerte y más fuerte, pero cuando sentí dos de sus dedos (empapados en lo que serian mis jugos o los de ella, no lo sé) en mi ano…..

— puaffffff,

un terrible orgasmo liberó más jugos vaginales sobre la boca de Ivette, inundándola, ella los tragó con placer mientras lamiendo todo mi cuerpo llegó de nuevo a mi rostro y me besó de nuevo.

La besé un poco más calmada, pero ella seguía agitada y con una actitud un tanto salvaje, así que decidí calmarla un poco, comencé lamiendo su cuello, chupándolo salvajemente, succionando, creándole varios moretones, y con cada uno ella soltaba un leve gemido. Mientras tanto mis manos se entretenían en sus pechos, que pronto atrajeron mi lengua y comencé a lamer, sentí entre mis dientes como sus pezones se endurecían más y más, hasta que llegaron a un punto que no podían hacerse más duros fue cuando empecé a mordisquearlos y mientras mi mano bajó a su tanga (empapada en jugos) y comencé a frotar su coño por fuera, mis dedos se mojaron también y los llevé a mi boca para sentir su sabor…

— Rico

dije mientras ella soltaba otro gemido un poco más fuerte… seguí comiéndome sus senos mientras mi manó volvía abajo a llenarse de sus jugos, luego volvía a mi boca a limpiar mi mano, no pude contenerme más a su sabor y decidí probarlos directamente.

Así que fui bajando por su vientre mientras ella se recostaba y cuando llegué a su ombligo ella arqueó todo su cuerpo en una oleada de placer, una de mis manos seguía aferrada a sus pechos y la otra a los míos, me di cuenta que mi vagina quería de nuevo una lengua ahí metida, pero debía esperar, mi hermanita tenía que gozar primero.

Bajé lamiendo todo su cuerpecito hasta llegar a su tanga, que mas mojada no podía estar (¿o tal vez si?) la lamí por afuera y ella gimió terriblemente, sus gemidos eran menos escandalosos que los míos pero aun así se oía que gozaba, la lamí con mas fuerza y cada vez mas rápido, sus jugos eran deliciosos mucho mejores que los míos, así que le quité el tanga para probarlos aún más directamente y ella gimió más fuerte, y aun mas fuerte cuando encontré su clítoris y comencé a devorarlo mientras su gemidos iban en aumento, más jugo salía de esa hermosa cavidad.

Cuando me di cuenta yo ya tenía una mano en mi coño y me masturbaba mientras le comía su sexo a mi hermanita. Sentí curiosidad y saqué mi mano para metérsela a ella, mientras seguía lamiendo pude probar mis jugos combinados con los de ella, fue algo delicioso que me puso a cien otra vez, aunque sin darme cuenta mi manó la penetró demasiado y ella gritó dejando fluir un orgasmo en mi boca, lo que me prendió aun más, yo estaba excitadisima otra vez, pero pensaba que mi hermana no quería continuar. Obviamente me equivocaba…

— Bésame – dijo y yo obedecí como una autómata

La besé salvajemente de nuevo mientras ella tocaba mi trasero y yo el de ella, nos fundimos las dos acostadas una sobre la otra (yo arriba) en un largo beso apasionado, cuando terminó me levanté un poco para poder verla, ella me miró a los ojos y me sonrió pícaramente, su sonrisa daba un claro mensaje…

— «quiero más»

Acerqué mis senos a su boca para que los lamiera, una vez que jugó con ellos y los empapó en su saliva hice yo lo mismo con sus pequeños pero muy firmes pechos, al estar llenos de saliva los juntamos y los frotamos, mis pechos y los de ella, mis pezones y los de ella, se tocaban, se movían arriba abajo era una sensación que me invadió de placer, era algo que no se como describir con palabras.

Luego nuestros movimientos se hicieron más bruscos y sentí como sus piernas se abrían para atraparme con ellas, pronto sentí su cálido sexo pegado al mío y como empezaba a frotarlo contra el mío, era otra sensación indescriptible…. delicioso.


Nos seguimos besando mientras frotábamos nuestros exquisitos cuerpos uno contra el otro, provocando mas gemidos en mi hermana sofocados por mis besos, pero pronto mi lujuria me exigía más, mi sexo demandaba una lengua ahí dentro y no había ninguna, así que me levante y justo como en mi sueño me senté en su cara y ella sin pensarlo comenzó a lamerme, mientras vi como sus manos iban a su sexo para masturbarse, como pude la detuve y me lancé hacia su coño y comencé a devorarlo, quedamos en posición de 69, las dos lamíamos nuestros coños mutuamente, probando nuestro sabor, gimiendo cada vez mas constantemente hasta que las dos estallamos en un fuerte orgasmo, justo al mismo tiempo.

Fue relajador y al mismo tiempo pude descargar toda mi lujuria y mi energía sexual, me sentí aliviada. Bueno casi toda…ella comenzó a lamerme de nuevo pero solo para limpiar mis jugos, así que hice lo mismo, luego nos acostamos y nos fundimos en un gran beso.

— Te amo, hermanita, me dijo entre besos.

Le respondí que yo también y nos seguimos besando desnudas con nuestros cuerpos entrelazados, nuestros besos fueron interrumpidos por el teléfono, mi hermana se apresuró a ir a contestar y yo me quedé tendida en la cama, maravillada todavía.

Regreso unos minutos después, aun desnuda se quedó mirándome y sonriéndome desde la puerta.

— ¿Qué? – le dije
— Nada, es que eres tan guapa – me dijo
— Jajajaja – me reí – Ya, dime quién era.
— Era papá – dijo acercándose, dándome otro largo beso en los labios, al término agregó
— No podrán llegar hoy… así que tendremos toda la noche….

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Enganche. No veía el momento de que me llamara

Enganche. No veía el momento de que me llamara *

Mantuve relaciones con Marc durante más de ocho años, era morbo, juegos, dejar volar la imaginación. Cosas que había soñado y se convirtieron en realidad, me enganché a él de una forma, como si de una droga se tratara.

Estaba en el trabajo, en casa, a todas horas mirando el teléfono esperando recibir un mensaje de él citándome en cualquier lugar.

No es que fuera especialmente atractivo, su polla era de una tamaño estándar, unos 16-17cm. pero había algo en él, o quizás eran las formas de dirigir el juego lo que me enganchó, nuestros encuentros, nunca fueron iguales, en cada experiencia había algo que me hacía desear otro encuentro.

Una tarde me citó en su casa, estaba eufórica y no veía el momento que llegara la hora prevista, me prepare a conciencia, me duché con tiempo, me perfume hasta el coño. Me puse un vestido blanco por encima de la rodilla, tipo años 60 con vuelo y sin ropa interior, unos zapatos de tacón de color rojo.

Llegó la hora y llamé a un taxi para que me llevara a su domicilio. Cuando llegué a su casa como habíamos quedado, toque al timbre y me recibió dándome un beso con una sonrisa y pasamos al salón.

Había otra pareja con la que otras veces habíamos compartido sexo, cada uno el suyo, nunca intercambiamos. Nos saludamos, ellos ya estaban desnudos viendo una película porno, el chico tenía la polla erecta y con líquido en la punta.

Marc me invito a desnudarme y me pidió que me hiciera una paja mirando a la otra pareja, ellos me miraban y seguían con sus juegos, ella le tocaba la polla a él, él la manoseaba el coño, metiéndole dos dedos dentro. Yo obedecí a Marc y me tumbé en la mesa y empece a masturbarme, mientras Marc tenía su polla en mi boca y pellizcaba mis pezones.

Con tres dedos recorría mi coño de arriba abajo, después en círculos estimulaba mi clítoris, notaba la polla de Marc como goteaba dentro de mi boca, el calor iba aumentando dentro de mi y introducía dos dedos dentro de mi vagina, moviéndolos deprisa hacia adentro y hacía afuera.

Miraba a esa pareja como jugaban, la expresión de sus caras, lo calientes que estaban, notaba sus miradas penetrantes sobre mí, me puse a cien, el calor aumentaba, me quemaba mi interior y no tarde mucho, explote enseguida, en ese momento sin dejarme recuperarme Marc me dio la vuelta tumbada como estaba sobre la mesa, con los pies en el suelo.

Me cogió de la cabeza dirigiendo mis ojos, obligándome a mirar como terminaba la otra pareja, mientras me metía su polla por el culo, empujando con fuerza, y sin poder remediarlo, empecé nuevamente a tocarme como una loca, era una escena que superaba todo.

De repente vi como el chico explotaba y vi su líquido como empapaba el culo de la chica y ella moviendo su mano como una posesa en su coño, exploto entre gemidos y ver eso, que Marc llegaba al final, volví a terminar con una explosión increíble, sin poder describir lo que sentí, me tumbe boca abajo sobre la mesa para poder recuperarme.

Fue explosivo y sin poder después de los años tener una respuesta. No apartaba aquella escena de mi cabeza, pasaba por mi memoria a cámara lenta , como una película y me ponía cachonda recordando.

Así descubrí, cuando me di cuenta que conseguía mis mejores orgasmos cuando miraba o veía que me miraban.
Es algo indescriptible lo que me motiva ver a alguien follar en directo.

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Me veía como niño, aunque yo deseaba ser niña

Me veía como niño, aunque yo deseaba ser niña

Mis inicios sexuales, cuando aún me veía como niño, aunque yo sabía que deseaba ser niña. En esos días aun no era una chica trans como ahora, pero fue el momento de la revolución y mis primeros pasos.

Único hijo, papá trabajaba como empleado en un aserradero de la zona y mamá siendo psicóloga daba terapia en algunos geriátricos de la zona, ella se había especializado en las personas de la tercera edad.

Ya de pequeño, desde mis primeros recuerdos, supe cuál sería mi destino, mi homosexualidad se hacía evidente en todo mi ser, en mis pensamientos, en mis gustos, en mi forma de hablar, en mis ademanes, en todo.

Mi infancia fue muy dura, muy cruel, no es grato que te señalen como ‘la mariquita’ en forma despectiva, no tenía amigos y más de una vez recibía palizas desmedidas de mis compañeros de estudios, solo por ser diferente.

Papá no me decía nada, nunca me juzgaba ni me recriminaba, pero era evidente que, en lo profundo de su corazón, siempre le había dolido tener un hijo marica, le daba vergüenza con sus compañeros de trabajo, o en reuniones familiares, no lo juzgo, él siempre fue muy bueno conmigo y hasta lo entiendo al ponerme en sus zapatos.

Mamá, siempre fue mi apoyo, mi bastón, tal vez por ser psicóloga podía ver las cosas con otros ojos, ella siempre era mi cable a tierra, mi libro de consulta, la voz de la experiencia. Ella solo me guiaba en mi camino, en mis decisiones, en mi formación, sin objetar, sin discutir, solo regalándome sonrisas.

Mi adolescencia fue diferente, cuando los chicos de mi edad empezaban a ir al gimnasio a modelar sus pectorales y sus bíceps, a mirarse al espejo rogando por ver esos primeros e incipientes bellos en el rostro, cuando empezaban a disputarse las chicas como trofeos de ostentación masculina, yo solo estaba en otra onda.

A mí me gustaba estar en soledad, me gustaba verme desnudo frente al espejo, me podía pasar mucho tiempo viendo lo que era mientras imaginaba lo que me hubiera gustado ver, imaginaba que me crecían las tetitas, odiaba mi pene, aunque era pequeño ciertamente no me gustaba lo que veía y cada tanto miraba las formas de mi culo, no sé, era muy delgado pero mi culo duro me excitaba.

Y en secreto empecé a hacer muchos ejercicios, pero siempre para engrosar mis muslos, para sacar y tonificar glúteos y conforme fue pasando el tiempo empecé a depilarme por completo, me excitaba tocar con las yemas de mis dedos la suavidad femenina de no tener bellos en ninguna parte de mi cuerpo, ni en el pecho, ni en las axilas, ni en mis piernas, ni en mi sexo, ni en mi culo.
Y empecé a interiorizarme como podía hacer para llegar a ser lo que quería ser… una mujer.

Solía hurgar a escondidas entre las prendas de mamá, me gustaba probarme su ropa interior, sentir una tanga rozando mi esfínter, probar un sostén, aunque no tuviera nada por sostener, verme con medias de encaje, caminar sobre tacones altos y hasta probarme alguna de sus faldas.

También aprendí poco a poco el arte de maquillarme, el rostro, los ojos, los labios, me excitaba mucho viendo mi rostro de mujer, empecé a usar el cabello un poco más largo de lo convencional y me encantaba pintarme las uñas de las manos y de los pies, aunque solo fuera por unos instantes.

Con los ahorros de acá y de allá, me compré mi primer consolador, era de mediano tamaño y fue mi primer amor, lo escondía con mucho recelo, me hubiera muerto de vergüenza si papá o mamá lo hubieran encontrado, pero por las noches daba rienda suelta a mis fantasías, a veces solo lo chupaba como goloso y me masturbaba imaginando, otras veces me lo metía todo por el culo y me daba muy duro con él.

Poco tiempo después me pudo el vicio y lo que tenía me sabía a poco, así que fui por uno más grande, y después por un tercero de aun mayores dimensiones, me hice un adicto a esas vergas de juguete y saciaba con ellas toda mi sexualidad reprimida.

Pasados los dieciocho mi aspecto era demasiado controversial, no era hombre, no era mujer, había tomado hormonas femeninas y unos diminutos pechos se insinuaban en mi cuerpo, los ejercicios habían hecho efecto y mi culo se había vuelto al menos llamativo, mi rostro aniñado y mis largos cabellos daban más dudas que certezas, caminaba como mujer, hablaba como mujer, sentía como mujer, pero aún no estaba lista, aun vestía como hombre e intentaba ser un hombre.

Había terminado mis estudios secundarios y quise seguir mi carrera en artes y letras, carrera que no existía en el pequeño pueblo donde vivía, y como muchos adolescentes de mi edad, nos trasladamos a la gran ciudad, a algún apartamento de medio pelo según nuestros padres pudieran afrontar.

Y creo que ese fue mi verdadero destape, lejos del ojo custodio de papá y mamá di rienda suelta a mis locuras, no salí del closet, pero empecé a comprar todo lo que una niña podía comprar, pinturas, tinturas, ropa interior de mujer, medias de encaje, lencería erótica, faldas, cortas, largas, mini, cremas, y me perdición, zapatos de tacón altos, creo que en un año había comprado no menos de veinte pares.

Estaba llegando a los veinte, era una mujer prisionera en el cuerpo de un hombre, y eso era un calvario, aún era virgen puesto que todos mis amores solo habían sido juguetes comprados en algún sex-shop, y fue cuando en esos días conocí a Aníbal.

Aníbal era un muchacho de cursos superiores, ya lo había cruzado en los pasillos de la facultad alguna que otra vez, él llamaba la atención sobre el resto, es que era de descendencia africana, de piel negra como la noche, esos hombres de nariz pegada al rostro y ancha como ninguna, con unos labios super gruesos y saltones, esas bocas que parecen inflamadas, con pelo motoso que casi se cortaba al ras.

Solo fue casualidad, nos cruzamos en uno de los baños del complejo universitario, el destino nos llevó a orinar lado a lado, y no pude evitar con desesperación observar su miembro, y mi estúpida calentura me llevó a ser demasiado obvio, entonces él con una sonrisa me dijo…

— Que pasa amigo? te gusta?

Fue un golpe duro, me puse todo colorado, sentí incendiarme, pero volvió a reírse con más fuerza y me dijo que todo estaba bien, que no me preocupara, fue entonces que se presentó y se dio un diálogo de improviso donde era evidente quien era la mariquita de los dos.

De ese primer encuentro casual se darían varios más y lo que puedo decir es que las cosas siempre estuvieron claras entre nosotros, yo era un chico afeminado y él sabía quién era, pero no pareció importarle.

Entre idas y vueltas, entre amagos y jugarretas, me decidí y lo invité a cenar a casa, él se sonrió y al abrir sus labios afloraron sus grandes dientes blancos contrastando con lo negro de su piel, aceptó, para el fin de semana.

Siempre recordaré esos días por la excitación con los que los viví, sería mi primera vez con un hombre y sería la primera vez que me mostraría como mujer y realmente quería que esa vez fuera única, al menos para mí.

Ese sábado preparé una rica cena, pero en verdad me concentré en el postre, yo, yo misma sería ese postre.

Me había arreglado con sumo cuidado, me había pintado las uñas de las manos y de los pies en celeste, me miré al espejo asegurándome de estar sin un bello en mi cuerpo, recuerdo que me puse una jaula de castidad en mi pene, es que odiaba mi pene, y también un plug anal con base de corazón en símil diamantes rojos, muy sexi, lucía un conjuntito calado, colaless, y medias de red arriba de las rodillas, con moño rosa, me puse un corsé ajustado, que afinaba mi cintura y simulaba dar forma a mis pechos, y una minifalda tableada muy cortita, que invitaba a pecar.

Me acomodé el cabello a un lado para poder lucir unos largos pendientes, me había pintado mi rostro, y di mil vueltas ante el espejo, en medio de nervios contenidos, me veía tan mujer como nunca me había visto, pero solo necesitaba tener la opinión de Aníbal, le gustaría? le excitaría? me haría el amor? o solo creería ver en mi un pobre puto reprimido?

Aníbal llegó puntual, abrí la puerta y en esos segundos de incertidumbre sentí mi corazón galopar como nunca, el me miró de arriba a abajo, sus ojos se hicieron enormes y sin mediar palabra me dio un terrible beso en la boca, muy caliente, comiéndome los labios mientras sus manos inquietas buscaron mis nalgas bajo la falda, entonces lo separé para jugar mi juego…

— Despacio… no empieces por el postre, primero la cena…

Y esa cena solo sería el preámbulo de la lujuria, donde el moreno me atacaba a cada paso y yo solo lo evadía, me gustaba sentirme seducida, deseada, mujer…

Comimos con deseo, incluso sintiendo como mi verga prisionera por la jaula trataba sin éxito lograr una erección.
Todo era demasiado, todo era inevitable, todo conducía a mi primera vez.


Aníbal se cansó de juegos, y como si fuera una novia me levantó en sus brazos para llevarme al dormitorio, y dejarme caer sobre la cama.

Seguimos besándonos e inconscientemente mi mano fue sobre su polla, pude notar que era enorme, tan grande como mis juguetes y eso me llenó de deseo, pero Aníbal era un hombre, fornido, musculoso, viril, me tomó a la fuerza y me hizo ponerme en cuatro patas sobre el colchón, levantó mis faldas y empezó a lamerme las nalgas en una forma muy rica, y yo lo deseaba, entonces tomó la tanga y la hizo a un lado, y se encontró con las dos sorpresas, mi diminuto pene encerrado en la jaulita de castidad y el plug anal enterrado en mi esfínter.

Volvió a reírse puesto que no lo esperaba, y me dio una nalgada, y otra, y otra más, me excitaba en demasía, lo deseaba.

Volví a besarlo, comí sus enormes labios, bajé por su pecho y al final llegué a su polla…, era enorme, circuncisa, curvada hacia arriba, sin dudas estaba el otro extremo de lo que yo tenía, lo masturbé con la mano, se me hacía agüita en el culito de deseo, él me tomó por la nuca y me invitó a hacerlo, llevé mis labios a su glande y apenas pasé la lengua por su puntita, estaba empapado en un líquido viscoso, espeso, trasparente, de muy rico sabor, probé un poco más y morí en placer.

Era mi primera vez, la primera que no lo hacía con mis juguetes, una enorme polla de carne, para atragantarme, para morirme, se la chupé con esmero aplicando toda la práctica que había tenido con las pijas artificiales.

El me la metía más y más profundo, y yo lo limitaba envolviendo con mi mano su tronco, era tan enorme!
Pasé mi lengua por su glande, en redondo, lo acomodé entre las muelas y el cachete, le besé las bolas e intenté comérmelas por completo, y ya, no podía más, le pedí que me lo hiciera.

Me puso nuevamente en cuatro, me sacó entonces la tanga, y también el plug anal, me tomó por las caderas y guau! centímetro a centímetro me la metió por el culo, hasta el fondo, arrancándome un grito de placer. Su polla era demasiado gruesa, pero yo ya tenía mi esfínter preparado con años de consoladores.

Aníbal estaba excitado con lo que hacía, sentía la presión de sus manos en mi cintura, la forma en que se movía y como su enorme, larga y gorda polla me rompía toda arrancándome los gemidos de placer más locos que pudiera obtener…

— Putita… – me decía en medio del sexo – te estoy haciendo una coño en el culo…

Y eso me excitaba, me imaginaba todo el esfínter dilatado y no podía con tanto placer.

Aníbal entonces me giró y me levantó en el aire, como si fuera un papel, él parado a un lado de la cama, sosteniéndome por los muslos, yo lo rodeé con las piernas y lo abracé por el cuello, me dejó caer un poco y nuevamente su sexo entró en mi trasero.

Empezó a mecerme hacia arriba y hacia abajo, miré a un lado, el espejo de la pared me devolvió la imagen de una hembra, con medias de red y tacones, que era follada en el aire como lo que era, toda una puta.

Eso me excitó demasiado y el roce de mi pene enjaulado en el pubis de mi negro amante me llevó a la locura.
Le dije que lo hiciera, que se moviera con ganas, le rogué para que me llenara el culo de leche.

Así lo hizo, lo sentí venir, sus brazos se pusieron firmes como roca y se frunció su entrecejo, apreté con fuerza mi adolorido esfínter y al fin llegó en lo profundo de mí.

Solo me dejó sobre la cama y se tiró abatido a mi lado, lo besé nuevamente, profundo, muy profundo, mis dedos inquietos fueron por detrás, mi culito estaba todo dilatado y el semen caliente chorreaba por el interior de mis nalgas.

Aníbal no decía nada, solo trataba de recuperar el aliento mirando al techo de la habitación, pero yo quería más.

Me estiré hacia atrás, a mi mesa de luz y busqué entre mis cosas, el más grande de los juguetes, que por cierto era de la misma medida que la verga que terminaba de comerme y empecé a metérmela por el culo, bien profundo a follarme a mí mismo como tantas veces lo había hecho, solo que el objetivo real ahora era volver a provocar a mi amante, cosa que no tardó en suceder.

En minutos, al ver lo que hacía, la polla de Aníbal se hizo enorme y me la dio para que volviera a chupársela. Era todo muy rico, el me acariciaba la jaulita donde estaba mi pene, yo masturbaba con un juguete enorme mi trasero y al mismo tiempo tenía una rica polla gorda y sabrosa en la boca.

Y todo era demasiado, incluso para mí, que vivía prisionera de una noche ideal, recibiendo estímulos de muchos lados.
Fue raro, pero mi polla diminuta, comprimida en la jaulita de pronto empezó a expulsar semen, empecé a ensuciar todo y Aníbal, lejos de inmutarse acarició con más énfasis mi propio pene.

Yo no daba crédito a mi suerte y seguí por lo que me quedaba pendiente, mi más secreta fantasía, que un hombre me acabara en la boca.

Lo masturbé con todo mi esmero, con todas mis ganas, con mi boca, con mi mano, quería que me sorprendiera, y él jugó mi juego, seguí y seguí, hasta que al final un sabor en mi lengua me hizo saber que sí, que ya estaba y viví esos segundos gloriosos en los que el orgasmo de un hombre parece congelarse en el glande, cuando sabes que solo un lengüetazo más será suficiente para desatar la explosión, y así fue, de repente, mi boca se llenó de semen, espeso, caliente, perfecto, disfruté su hombría en entre mis muelas y me aseguré de tragar hasta la última gota.

Le dije a Aníbal que se quedara a dormir, y así lo hizo, a la mañana siguiente volvimos a enredarnos entre las sábanas en medio de pecados.

Al día siguiente fui por un jean y una remera, y fue cuando Aníbal me dijo que en verdad era más bonita como mujer. Había llegado la hora de afrontar quien era en verdad, en forma pública, y si bien no fue de un día para el otro, al cabo de seis meses ya no tenía en mi armario una sola prenda de hombre.

Y fui con todo el empuje hacia mi lado femenino, todos me llamaban Priscila, como mi mamá, y aposté fuerte a ser lo que quería ser.

Con Aníbal tuvimos varios encuentros más, pero lo nuestro era solo sexo, y una noche fue demasiado, nos habíamos reunido con algunos amigos, eran ocho muchachos, Aníbal y yo, era solo disfrutar una noche, pero entre bebidas y cigarros terminamos en un gangbang improvisado donde tuve que satisfacer nueve pollas al mismo tiempo.

La experiencia no fue del todo buena para mí, era imposible imaginarlo, pero no lo fue tanto ejecutarlo, más de uno con copas encima dejaron notar su homofobia, y que en verdad más que disfrutar una libre sexualidad parecían estar follandose a un puto asqueroso, se dieron todos los gustos, me hicieron doble y hasta triple penetración anal, fue demasiado y con un dejo de vergüenza confieso que terminé en el hospital con el culo roto.

Pero lo que más me había dolido fue la humillación a la que me sometió Aníbal, esperaba que el estuviera de mi parte, pero entre hombres solo fue uno más de la manada.

Ya pasaron doce años, no queda nada de Carlitos, el chico acomplejado de una vida pasada, hoy en mi vive Priscila, una hermosa morena de largos de cabellos enrulados, que viste bien, que luce bien, que huele bien, los hombres se giran al verme en la calle, al mover mis amplias caderas, a llenarse con mi cinturita de avispa, coqueta, a desear mis enormes pechos siliconados, me gusta provocar con vestidos super ajustados, con infartantes colaless de lujuria, siempre repiqueteando sobre mis tacones altos, llevando conmigo solo un par de secretas sorpresa, mi diminuto pene encerrado de por vida en alguna jaulita de castidad y un coqueto plug anal con forma de corazón, para regalarlo a quien se de la ocasión.

Los transexuales son hombres y mujeres atrapados en cuerpos que no se corresponden a como sienten. Tienen conflictos emocionales, sin libertad para ser ellos mismos. Viven una vida que se les escapa, falta de tiempo para ser personas plenas. Rodeados de una sociedad que los esconde.

Lee… Transexuales
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Amo a mi esposo, pero no me da lo que necesito

Amo a mi esposo, pero no me da lo que necesito



Mi nombre es Ana, y les contaré mi secreto. Soy una mujer de 45 años, casada con un hombre de mi misma edad, si me preguntan si amo a mi marido, yo diría que si, lo amo, es el padre de mi hijo y es el hombre que ha estado a mi lado todos estos años, lo amo, pero ya no lo deseo, debo confesar que por desgracia tiene diabetes y debido a su enfermedad, la mayoría de veces sufre impotencia, eso lo ha llenado de inseguridades.

Yo como buena esposa he tratado de levantarle la autoestima diciéndole que el sexo no tiene mucha importancia, que me interesa mas su amor y su compañía, aunque hoy me doy cuenta de que me mentía a mi misma, ya que en esta edad, me siento mas femenina, mas mujer, mas sexual, es algo que me llenaba de frustración, cuando me quedaba sola, muchas veces me masturbaba, imaginando teniendo sexo con diferentes hombres, era placentero, pero al final terminaba frustrada de regreso a mi vida sexual gris…

Empecé a darme cuenta que a esta edad, los hombres que me llaman mas la atención son los jóvenes, en mis fantasías, casi siempre imaginaba un amante joven poseyéndome salvajemente.

Siempre he sido de cuerpo frondoso y curvilíneo, estoy acostumbrada a las miradas masculinas desde jovencita, y aunque mi cuerpo ya no es el mismo, trato de mantenerme en forma. Voy al gimnasio y a correr cuando el tiempo me lo permite, tengo un trasero grande y firme aun, y un par de senos que todavía conservan su firmeza, a veces cuando mi marido se ausenta, que es por varios días, ya que es camionero, me pongo ropa algo ajustada, y me excita ver que todavía se dan la vuelta para mirarme, sobre todo, son los hombres jóvenes los que mas he notado que me miran y piropean, esas cosas hacen que mi autoestima mejore, ya que también debo confesar que a veces me siento fea y gorda, creo que eso nos pasa a todas las mujeres de mi edad.

Nunca se me había pasado por la cabeza estar con otro hombre, claro en mi mente si, muchas veces, pero no llevarlo a la realidad, pero ahora comprendo que era porque aun no había encontrado al hombre que me hiciera perder la cabeza, y despertara en mi ese instinto sexual que permanecía oculto.

Una mañana fui a la carnicería de mi barrio, como de costumbre, y ahí estaba Don Camilo, era un buen hombre, ya mayor y amable, hacia tiempo que lo conocía, pues era su clienta, me comentó que estaba muy contento, pues su hijo que había estado estudiando en la universidad en otra ciudad, ya había regresado, y que los fines de semana le ayudaría a atender el negocio, yo le dije que me alegraba.

Y en ese momento apareció, un hombre joven, de unos 24 años, alto, moreno, guapo, de barba algo tupida, cabello negro, a leguas se veía que practicaba algún deporte porque llevaba una camiseta que dejaba ver un pecho fuerte, velludo y unos brazos firmes…..debo confesar que al instante me sentí atraída por ese muchacho. Don Camilo me lo presento, y tuve que disimular y hasta nerviosa me puse frente aquel bombón.

De ahí mis visitas a la carnicería los sábados eran mas frecuentes, poco a poco empezamos a conocernos entre compra y compra, el muchacho era agradable y coqueto, me gustaba mucho su personalidad, un día mi mejor amiga me acompaño a la carnicería, como buena amiga, ya le había confesado que había un muchacho que me gustaba mucho, así que fue conmigo, y cuando salimos de ahí me confirmo que el chico era muy atractivo, y que se veía que entre los dos había mucha química… palabras de ella…

— «Ana, ese chico no dejaba de mirarte mientras comprabas, y tu hacías lo mismo, os sonreías, os guiñabais el ojo, tal vez vosotros no os dais cuenta, pero yo si lo note.

y si, podía darme cuenta que no le era indiferente a Mario, así se llama él.
De ahí en adelante, Mario era el protagonista de mis fantasías, me gustaba tocarme pensando en que eran sus manos las que me tocaban y exploraban, imaginaba su fuerte cuerpo poseyéndome una y otra vez, imaginaba como tendría su miembro, su tamaño, su sabor, incluso algunas veces que mi esposo medio podía tener relaciones, yo cerraba los ojos imaginando que era el, solo así llegaba al orgasmo.

Cierto día regresaba de dejar a mi hijo de 8 años de la escuela, y mi coche al pasar por un bache, se rompió la llanta, yo lo revise un poco preocupada, pues no sabia exactamente como cambiar una llanta, y para mi suerte, llego mi angel salvador, Mario pasaba por ahí en su camioneta y me vio en el auto, y de inmediato se bajó a ayudarme.

La cambio ágilmente y le dije que le estaba eternamente agradecida, entre broma y broma me dijo que luego podía devolverle el favor, el chico me pregunto si había algún inconveniente en que le diera mi núm. de movil, antes de que pudiera pensarlo ya se lo había dado, solo le dije que con precaución, ya que no era soltera, el guiño el ojo, sabía perfectamente bien lo que le estaba queriendo decir.

El teléfono fue el medio para desencadenar la pasión que sentíamos el uno al otro, entre mensajes empezamos a confesarnos que ambos nos gustábamos, el empezó a mandarme fotos de su torso desnudo, hasta que no pude mas y le pedí que me mandara una foto de su polla… el chico lo hizo y no me equivoque, era una verga grande, morena y cabezona, llena de pequeñas y pronunciadas venas, con un par grande y redondos testículos, mi vagina empezó a ponerse húmeda, ya no podía mas… la verdad quería estar con ese hombre…

Él me pedía fotos mías desnuda, solo le envié dos, pues me daba mucha vergüenza, el no paraba de elogiar mi cuerpo, diciendo que era hermoso y que lo volvía loco, ya era demasiado deseo y me decidí a consumarlo, nos pusimos de acuerdo para vernos en un Motel. Ese día por la mañana me estaba poniendo guapa, acababa de bañarme, decidí ponerme unos ligueros que hacía años no usaba, y compre una tanga exclusivamente para esa ocasión, estaba muy nerviosa, pero también me sucumbía el deseo, mientras me ponía las bragas mire la foto de mi esposo, en la cual estamos abrazados, y me dije… estoy a tiempo de parar todo esto, y si, lo pude haber hecho, pero mi cuerpo necesitaba un buen revolcón para sentirme viva, y no, no quise detenerme.

Dejé mi coche en un estacionamiento y el paso por mi en su camioneta, se veía más guapo que de costumbre, me pregunto si estaba nerviosa y le dije que mucho… el me dijo que no me preocupara, que todo saldría bien.

Llegamos al motel, empezamos una conversación superficial, él se fue acercando cada vez más a mi hasta que me besó, fue un beso apasionado, toda esa atracción retenida al fin estaba fluyendo, al sentir su lengua rozando la mía, fue como un disparo, un interruptor directo a mi vagina, empecé a lubricar, ahora sus labios estaban en mi cuello, mi respiración era profunda, el también se estaba excitando.

Nos comimos a besos durante un buen rato, sus manos recorrían mis nalgas por encima de mi falda, y de mi blusa, yo le tocaba los muslos y la polla por encima del pantalón, que ya se sentía durísima!!

Estábamos cumpliendo mi fantasía…, por sus caricias y besos deduje que Mario no era ningún novato, sabia como besar, donde acariciar para volver loca a una mujer, y su seguridad era lo que me encantaba de el……yo empecé a gemir, estaba loca de deseo, deseaba ya estar desnuda para él, le quite la camisa a cuadros que llevaba y empece a besar su hermoso torso fuerte y varonil, otra cosa que me encanto de el era su olor, ese olor que desprendía me volvía loca, era un olor a hombre, a macho, tal vez eran sus feromonas que estaban a todo lo que daban, rápidamente le baje el pantalón y el bóxer y ahí estaba frente a mí, en todo su esplendor esa verga morena y potente, dura como un mástil apuntando hacia el techo, era hermosa……la admire por un segundo y mi boca empezó a salivar.

Me llevé ese manjar a la boca, fue una verdadera delicia sentirla en mi boca, el olor que desprendía su polla y vellos púbicos me excitaban aún más, mi lengua no paraba de lamer su tronco, su cabeza, sus huevos, llevaba años que no tenía una potente verga en mi boca, así que no iba a desaprovechar el momento. La cabeza de su polla llegaba hasta mi garganta, yo quería tragarla aún más. El empezaba a jadear, totalmente excitado, con su mano empezó a dirigir el ritmo de mi cabeza, empecé a sentir su liquido preyaculatorio, el chico me tomo en sus brazos, me tumbo en la cama y empezó a desnudarme entre besos y caricias, en menos de un minuto estábamos como lo había imaginado, ambos desnudos y calientes, dando rienda suelta a nuestra pasión.

Ahora era su turno, sus labios recorrieron mi garganta, mis senos, mis pezones, mi abdomen, mis muslos, mis nalgas, yo estaba loca de placer, y apenas estaba empezando. Mario me abrió los muslos de par en par, dejando al descubierto mi depilada vagina, chorreante, vibrante, ansiosa por carne joven y vigorosa, con experiencia dejo al descubierto mi clítoris y ataco con su lengua sin piedad, hoooo Diooossss!!!! estaba en el paraíso……su lengua me hizo estremecer, sabía bien cómo usarla, no pasó mucho tiempo cuando descargue en su boca mis jugos vaginales…

Todavía no me había repuesto cuando hábilmente me puso en 4, me separo las nalgas y su lengua fue directa a mi ano……hoooo siiiiiiii!!!!! mientras me comía el culo, con su dedo tocaba mi clitoris…..fue mi segunda explosión vaginal, aun más intensa que la primera……yo ya temblaba, estaba extasiada, así que le dije…

— «follame….te necesito dentro de mi»

el chico puso mis muslos en sus hombros y mi vagina recibió aquella delicia……haaaaaaaa por Diossssssss!!!!!! los dos nos fundimos en uno, yo me aferraba a el abrazándolo por su fuerte espalda, mientras mi joven amante me embestía con una fuerza y vigorosidad que hacia mucho no sentía… ambos jadeábamos de placer, el me decía que era hermosa, y que lo volvía loco, mi tercera explosión vaginal se hizo presente….

En ese momento ya era suya, necesitaba ser follada así… siempre. Mario saco su miembro, me acomodo nuevamente en 4, levanté mi culo aún más, y el me dio una fuerte nalgada, y una mordida dejando sus dientes marcados en mi trasero, eso no me preocupo en lo más mínimo, lo que quería era que me follara, que lo hiciera como quisiera….me tenía comiendo de la palma de su mano…

El chico empezó a follarme en esa posición, me cogió del pelo y me atrajo hacia el diciéndome…

— ahora eres mi mujer……y quien es tu hombre??

yo entre gemidos le respondí…

— tu mi amor, tu eres mi macho, mi hombre, no dejes de follarme nunca por favor!!!

Ambos estábamos bañados en sudor, mi joven amante empezaba a cansarse….me separe, ahora yo lo puse en el sofá, y le dije…

— »es hora de montarte»

el agarrando su potente polla me dijo…

— »ven mami….móntame y acaba conmigo….»


empecé a montar esa verga, solo se oían nuestros gemidos y el chasquido de sus huevos golpeando mis frondosas nalgas, yo le cogí del pelo, y le daba besos salvajes, mi joven amante agarró mis nalgas abriéndolas de par en par metiendo aún más adentro su polla……el chico empezó a gemir más, diciéndome…

— «ya no puedo mas amor…..voy a explotar, acaba conmigo».

Empecé a moverme salvajemente, mis senos bañados en sudor bamboleaban sobre su rostro, mis nalgas estaban ansiosas de exprimir los testículos de mi hombre, ansiaba sentir su corrida, solo bastaron unos segundos para que mis caderas lo llevaran al borde del orgasmo, mi chico empezó a gemir como un loco, su cuerpo fuerte empezó a temblar, mi vagina empezó a recibir los potentes chorros de semen, su miembro viril no paraba de disparar leche, bastaron unos cuantos segundos para que mi vagina quedara inundada con el semen de mi hombre.

Yo al sentir tremenda sensación no pude mas y entre fuertes gemidos tuve mi cuarta corrida, explotando ambos al mismo tiempo dentro de mi, Dios… lo que me he estado perdiendo!!!

Ahora me siento viva, viva y muy sexual……!!! todavía temblando por el orgasmo empezamos a besarnos ya mas tranquilos, Mario me rodeó entre sus fuertes brazos y me acomodo en la cama, yo me acurruque en su cuerpo, exhausta y totalmente satisfecha, con toda su leche dentro de mi vagina, y así nos quedamos dormidos……

A partir de ese momento, Mario y yo somos amantes, nos vemos cada dos semanas para follarnos como locos, ya llevamos dos años así, el me hace sentir mujer, deseada, sensual. Tengo a mi esposo, si lo amo, es mi proveedor y el padre de mi hijo, pero Mario es mi hombre, y yo soy su mujer.

Reflexión
La mujer se agarra al ultimo rayo de juventud, quiere continuar siendo joven, sentirse viva. A partir de los cincuenta años, de pronto despierta y se da cuenta de que la vida se le escapa y tiene muchas cosas por descubrir y quiere recuperar el tiempo, disfrutar de un sexo desconocido hasta el momento… sensaciones nuevas y olvidarse de tabues.

Lee sexo en la madurez… jóvenes o maduros.
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Me fascina exhibirme

Me fascina exhibirme

Al escuchar las voces acercarse me estimulé lo más posible la polla, para que cuando se acercarán y me vieran pudieran ver a un adolescente fornido tratando de cambiarse de ropa, con una polla grande colgando..


En este momento soy un hombre de 34 años, pero desde joven siempre fui muy caliente y me fascinaba exhibirme.

Hablaba con chicas por WhatsApp y mandaba fotos de mi polla, pero nunca me había atrevido a hacerlo en persona. Pero a los 19 lo hice por primera vez y resultó ser una experiencia fascinante y estimulante.

La primera vez que lo hice fue en uno de mis viajes como mochilero por México, estaba viajando por Chiapas, un lugar fascinante, lleno de turistas de todo el mundo y muchos lugares que visitar.

En una ocasión me hospedé en un hostal donde las habitaciones eran cabañas muy austeras rodeadas por árboles. Era como estar en medio de la selva, pero con una que otra cabaña entre caminos angostos cubiertos por árboles.

La verdad era muy bonito y bastante privado porque había una privacidad disimulada entre cada cabaña debido a los altos árboles. Yo al ser aún estudiante no tenía mucho dinero, así que decidí alquilar una de las más baratas por 4 noches.

La desventaja era que no tenía baño, así que tenía que ir a unos compartidos por otras 4 cabañas, habían 4 duchas juntas y un par de cagaderos. La verdad el primer día fue súper incómodo porque siempre había gente, familias enteras o uno que otro señor que se tiraba horas cagando.

Así que decidí levantarme más temprano para ducharme, sobre las 6 de la mañana aproximadamente para tener privacidad, porque las duchas solo tenían una cortina en lugar de puerta y para cambiarme, opté por salir a donde estaban los lava manos, porque había donde colocar la ropa sin que se mojara.

Era una zona casi descubierta solo había un muro como de 1.30 de altura, suficiente para cubrir de la cintura para abajo sin que se te viera la polla, pero si las personas estaban lo suficientemente cerca te podían ver todo.

La verdad, la gente viajera de otros países suelen ser más liberales y eso lo noté desde mis primero viajes, ellos no ven las cosas con tanto morbo, sobre todo los europeos, pero los latinos solemos tener más tabúes.

La primer mañana tuve la privacidad que tanto deseaba, lo único que no me gustaba era levantarme temprano y el frío de las mañanas. Era un frío muy notorio, acompañado de lluvias ligeras, muy común de las zonas selvática. Pero todo cambio la segunda mañana… me levante temprano y el clima parecía más nublado de lo normal pero no me importó, fui a las duchas con mi mochila y mi toalla y lo primero fui a orinar, y después a darme una ducha rápida con agua fría, aunque había agua caliente pero tenías que esperar como 15min a que se calentará.

Justo me estaba terminando de duchar cuando la llovizna se transformó en tormenta. No sabía que hacer, así que me apresuré y salí a cambiarme, justo cuando me estaba secando escuché una voces gritando a lo lejos, sabía que se acercaban a los baños. Era una voz de mujer y de una niña…

— «¡corre niña que va a empeorar la lluvia!»

Intuí que era una señora y su hija viniendo al baño, así que saqué la toalla y la puse sobre la cortina, sabía que no me iba a dar tiempo de cambiarme así que me metí en la ducha de nuevo, abrí la llave y fingí que me seguía lavando.

Las voces por fin llegaron al área de los baños, era una mamá como de 35 -36 años y sus dos hijas pequeñas, una de 6-7 y la otra como de 11-12. Por el acento sabía que no eran de México, eran como de Argentina.

Ellas notaron que había alguien duchándose, pasaron frente a las duchas corriendo y la señora metió a sus dos hijas al w.c., parece ser que todas tenían urgencia de orinar, pero las dos niñas también cagaron, porque tardaron más de lo normal.

La mamá estaba estresada gritándoles que se apuraran porque ella necesitaba entrar. Pero la cosa empeoró para ella cuando las niñas gritaron que no había papel para limpiarse… la señora enloqueció por las ganas de hacer del baño y corrió a las duchas.

Supe inmediatamente lo que iba a pasar al escuchar sus pasos aproximándose. Entró a una de las duchas rápidamente y orinó. Yo me quedé ahí con el agua abierta sin saber que hacer pero en ese momento pasó por mi mente lograr que la señora me viera desnudo.

A pesar del frío me propuse a poner dura mi polla, lo más posible, pero lo único que logré fue medio ponerla dura, ósea creció, pero seguía colgando. Creo que tengo una polla bastante normal, de larga 16cm pero si soy consciente de que la tengo muy gruesa y gorda como del tamaño de mi muñeca…

cuando la señora salió de la ducha se dirigió hacia mi, se paró justo frente a mi ducha y preguntó en inglés…

— «Is hot water?»

— «No está fría por? Pero hay calentador solo que tarda como 15 minutos en calentar el agua», respondí en español.

— «¿ahora cuando salgas me ayudas a encenderlo?», preguntó con su acento claramente argentino.

— «ahora salgo y la ayudo.»

— «Gracias eres un amor.»

En cuanto dije eso se fue a paso veloz hacia las niñas que seguían atrapadas en el baño sin papel y con el culo cagado. Y al parecer lo único que se le ocurrió a la mujer fue traerlas a las duchas para que se enjuagaran con el agua.

Al escuchar las voces acercándose procedí a estimular lo más posible mi polla para que cuando se acercarán y me vieran pudieran ver a un adolescente fornido tratando de cambiarse, con una polla grande colgando.

Salí de la ducha sin la toalla, justo cuando venían las tres corriendo de prisa por la lluvia y cuando pasaron detras del muro de 1.30 para dirigirse a la puerta, estoy seguro de que la mamá y la chica de 12 años pudieron verme completamente desnudo porque venían mirando hacia adentro.

Fingí que no me daba cuenta de que me vieron y me puse la toalla en la cintura rápidamente, pero dejé la apertura de la toalla justo en el frente. Por mera suerte la apertura quedó perfecta, me cubría la verga perfectamente pero cuando me ponía de lado me podían ver toda la polla medio flácida.

Disimule que no me daba cuenta de la situación y actué de forma natural. La mamá metió a las dos niñas juntas a una ducha y les dijo que esperarán porque iba a poner el agua caliente.

Yo fui a ayudarla a encender el calentador, le dije…

— venga le enseño por si se le ofrece otro día.

El calentador estaba ahí mismo junto a los lavamanos, yo podía notar como la señora estaba nerviosa y cada vez que me ponía de lado veía como su mirada bajaba hacia mi verga.

Toda esa situación me puso súper cachondo y mi verga se puso dura de inmediato… cuando la señora se dio cuenta de mi erección se puso aún más nerviosa, justo cuando logré prender el calentador. Me giré a ver y la pillé justo en una de sus miradas despistadas. Ella se dio cuenta de que yo la había descubierto mirándome y lo único que se me ocurrió fue decir…

— «lo siento».

Me disculpé por mi erección y me acomodé la toalla un poco mejor. Ella me dijo tranquilo con una mirada sería, después dijo gracias y se dirigió a donde las niñas para decirles que se desnudaran dentro de la ducha y que le pasarán la ropa limpia menos las braguitas.

Yo no sabía que hacer, la mamá estaba junto a mi y yo ahí parado, envuelto en una toalla, con una erección, cogí mi camisa y me la puse, después me senté en la banca y me puse el bóxer por debajo de la toalla, según yo para disimular la erección y que no me viera tan descarado al quitarme la toalla frente a ella.

La verdad estaba batallando para ponérmelo mientras cubría mis partes sentado. Pero de pronto escuche a la señora decir…

— «no te preocupes he visto muchas antes, mejor párate y vístete bien».

No me lo dijo dos veces, y me puse de pie con el bóxer a medio poner y le di la espalda para colocarme bien el bóxer y el short. No dije ni una palabra me quedé mudo.

Una vez vestido esperé a que pasara la lluvia junto a la señora mientras las niñas se bañaban con agua caliente. Pero yo aún tenía una erección claramente notoria aunque estuviera sentado. Estuve hablando con la mamá de las niñas un rato y en una de esas me dijo…

— «será mejor que te deshagas de ESO antes de que salgan mis hijas».

La señora parecía controlar la situación, me hizo una seña con la mano hacia arriba y abajo y me señaló las duchas. Como diciéndome que me fuera a masturbar a las duchas para bajar mi erección. Me levanté del asiento y me metí en la ducha, justo enfrente de ella, deje la cortina un poco abierta para que pudiera verme, pero ella no se dio la vuelta para verme, eso me decepcionó un poco.

La verdad es que me corri en 3 minutos porque estaba súper caliente y con la polla que me explotaba, pero fingí tardar mucho para que la mamá pensara que duraba mucho… incluso salieron la niñas de la ducha de al lado y yo seguí estimulándome ya con la verga flácida.

Las niñas se cambiaron y esperaron unos 5min a que pasara la lluvia y se pudieron ir, y yo seguí ahí adentro fingiendo masturbarme, la verdad era patético pero el pensar que la señora sabía que me la estaba tocando me excitaba aun más.

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Le conocí por internet y acepté ser su juguete sexual

Le conocí por internet y acepte ser su juguete sexual


Un día por un chat de internet conocí un hombre guapo e inteligente, me encantó desde el principio.

Pasamos días hablando hasta que decidimos conocernos, él escogió todo, me envió el vestido que debía usar, la ropa interior, los tacones, me vistió elegante pero sexy, me sentía muy bien, nos encontramos en el restaurante que a él le gustaba, yo sabía que el era dominante, me lo había dicho y yo prometí obedecerlo.

Comimos y nos fuimos a un hotel, estaba nerviosa, era mi primera vez con alguien mucho mayor que yo y tan fuerte.

Al entrar en la habitación me agarró fuerte del cabello, me beso de forma brusca pero maravillosa, me encantó y me dejé llevar por su juego.

Me hizo ponerme de rodillas con la espalda pegada a la puerta, se sacó la polla y me la metió en la boca, se movía con brusquedad, metiendo y sacando la polla de mi boca, tanto que mi cabeza golpeaba en la puerta una y otra vez, estuve a punto de vomitar varias veces de lo profundo que me penetraba la garganta, el sonreía y me miraba hasta que eyaculo dentro de mi boca y lo único que me dijo en ese momento fue…

— «trágatelo»

por su puesto, eso hice. Luego me levanto me acaricio la cara y me dijo…

— «creo que vas a ser una buena chica»

yo aún estaba en shock, asentí con la cabeza y los ojos llenos de lágrimas.
Me dijo que era hora de comenzar, que si le quería tener a mi lado debía obedecerlo y aunque suene raro si lo quería a mi lado.

Me acomodó sobre sus piernas y subió mi vestido dejando ver mi muy bien formado trasero, comenzó a sobarlo y a darme cachetes, me moje como nunca, estaba sorprendida de cómo chorreaba mi coño…, metía sus dedos en mi vagina con maestría, en mi ano, jugo conmigo hasta que decidió metérmela.

Tiene una enorme polla, y yo con apenas 1.45, parecía un juguete entre sus manos, me la metió toda, de un embiste, hasta el fondo de mi vagina, sentí como me rompía un poco pero me encantaba, me sentía presa entre sus manos. Así comenzó, me rompió la vagina, luego el trasero, bombeaba y bombeaba, hasta me hizo llorar de dolor, pero aún así, yo estaba en una nube y caliente como una perra, y explote en un maravilloso orgasmo.

Cuando había usado cada parte de mi me dijo que lo había hecho muy bien y que seguiríamos juntos… así me convertí en su juguete.

Introducía en mis partes todo lo quería desde su cerveza hasta el control remoto de la tv, me vendía de vez en cuando, si eran hombres más feos que el, les cobraba caro, pero si tenían una polla más grande que la de el, les cobraba barato, no era el dinero solo le gustaba venderme.

En fin ese fue solo el comienzo de muchas de las cosas que me hizo y que yo acepte por amor
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En el cine con mi mejor amiga

En el cine con mi mejor amiga*

Mi nombre es Anthony, tengo de 23 años mido 1.74 mts de piel morena, rollizo con barba. en lo personal no me considero atractivo pero tengo un miembro que mide 27 cm y está grueso.

Esta historia pasó hace casi 2 años con mi mejor amiga Rosi. Ella es una persona muy muy agradable, es muy guapa de cara, mide aproximadamente 1.55 mts, un tanto rolliza, piel blanca, no tiene mucho pecho, ni mucho trasero pero para mí era muy atractiva.

Ella antes vivía en la misma ciudad que yo, por cuestiones de trabajo se tuvo que mudar, pero siempre que ella viene nos vemos. Siempre me había parecido atractiva aunque jamás se lo dije pero un día jugando le dije que sinceramente ella me parecía muy atractiva al igual que ella me confesó lo mismo pero ya no hablamos más de eso, no mencionamos nada.

Pasó el tiempo y llegó la fecha en que nos veríamos, llegó un tanto tarde, nos saludamos, venía con sus primos y entramos al cine, en una plaza que se encuentra muy sola, solamente hay unos negocios al entrar y el cine que está casi al final de la plaza muy excluido, todo bien no hablamos sobre el tema.

Al entrar a la sala empezamos a hablar de que ella tenía una cita por la tarde con un chico con el que posiblemente pudiera tener sexo porque ya le urgía y yo le conté que hacía unos días yo lo había hecho con una chica.

Le conté toda la historia con detalles y después de eso, las cosas se empezaron a calentar, empezó la película y yo empecé a ver que tenía mensajes de su cita. Después puse mi mano en su pierna, la acariciaba a veces subía más pero no pasaba a más y ella hacía lo propio con mi pierna.

Posteriormente salimos de la sala y nos quedamos atrás de sus primos y nos pudimos besarnos, yo toqué su trasero con mis manos apretando sus nalgas y salimos de la sala.

Ella me comentó que querían ver otra película, le dije que por mí estaba bien, pero al empezar la película ella salió, dijo que iba al baño. Salió y al rato me mandó un mensaje, en el que me decía que saliera, que teníamos mejores cosas que hacer.

No lo dudé y enseguida salí de la sala dejando a sus primos dentro de la misma, ella me volvió a besar y le dije que ¿dónde nos íbamos?.
Dijo que ese lugar (la plaza que había comentado) está muy sola, que si nos escondíamos bien podíamos hacer todo lo que quisiéramos y así fue…

Buscamos un buen lugar donde nadie nos pudiera encontrar, bajamos las escaleras, había un pasillo oscuro con cosas caídas de los anteriores locales, no estaba tan limpio pero era perfecto nadie iba para allá y nosotros necesitábamos estar solos.

Entramos a un local donde había unos escritorios, en algunas paredes se podía apreciar humedad y que la pintura se empezaba a caer por el tiempo de abandono, pero el lugar es lo de menos cuando de verdad tienes ganas de comerse uno al otro.

Y así fue que empezamos a besarnos, dijo que llevaba mucho tiempo que quería hacerlo, eso me subió los ánimos (como si fuera necesario), y enseguida empecé a tener una erección, no podía ocultarlo dentro de mi pantalón y ella con ese short corto que llevaba donde se podía apreciar desde fuera como tenía su tanga metido en el coño, pero yo sólo quería quitárselo y empezar a comernos.

Nos seguimos besando, me quitó el polo y yo a ella la blusa y el sujetador que llevaba, enseguida chupe sus pechos rosa mate, pequeños muy hermosos y deliciosos, no podía parar, ella gemía y bajo su mano y me tocó…

— ¿Esa es tu polla?
— Si es esa ¿te gusta?
— E… es enorme ¿puedo verla?
— No preguntes, sólo hazlo.

Ella me quitó el cinturón y desabrochó el pantalón y lo bajo del todo para tener campo libre a ver lo que ella tanto deseaba. Al sacarla estaba tan dura que quería que me la chupara enseguida.

La miraba asombrada, recorriendo cada parte desde la cabeza hasta llegar a mis testículos, no la dejaba de mirar, ella la acariciaba lentamente con su mano, llegaba hasta el final y volvía a empezar tenía esa necesidad de hacerlo, al ver como estaba le dije…

— ¿Porqué no la ves más de cerca?

Ella empezó a descender suavemente hasta llegar a estar frente a frente con mi polla, parecía hipnotizada y sin pensarlo se acercó (cabe destacar que lo hacía perfecto).

Empezó a jugar con mi polla y su lengua recorría con suavidad la cabeza, después empezó con la yema de sus dedos tocando los testículos y en ocasiones hasta sujetarlos por completo con sus manos, llevó su boca los testículos primero con la lengua los lamía y después se los metía a la boca uno por uno.

Después empezó por el tronco desde lo más cercano a mí hasta lo más alejado, siempre con su lengua como si ese fuese su dulce favorito y no sólo por un lugar o recorría todo mientras con sus manos lo apresaba.
Llegando a la punta empezó por chuparla suavemente y con su lengua no dejaba de chupar la punta, me hacía gozar con la suavidad de sus lamidos y de un momento a otro empezó con sus manos una seguida de la otra y metió la punta entera en su boca y empezó a hacerlo rápido junto con las manos subía y bajaba, hacía el mayor esfuerzo para meterlo todo pero sus intentos no eran lo suficiente para el tamaño de mi miembro.

Lamia y movía con sus manos más rápido y más rápido, ella quería que le llenara la boca de leche pero eso no lo había conseguido a pesar de que todo lo que hacía me ponía muy cachondo, yo no podía, yo quería pasar a otra parte y aunque hacía su mejor intento le dije…

— Párate, tenemos que pasar a otras cosas que tengo muchas ganas de follarte.
— Está bien, pero me tienes que dar mucha leche porque me he quedado con ganas.
— No te preocupes, que lo haré.

Le dije…

— ahora es mi turno

le quité el short, hice a un lado su tanga negro y vi lo que tenía, una vagina que en cuanto la vi la quise chupar de inmediato y lo hice con tanta locura y al mismo tiempo la masturbaba con un dedo primero y después el otro, mientras ingería todos los flujos tan deliciosos que tenía ella.

Jugué con mi lengua y su clítoris, ella gemía sin poder parar. Después empecé a lamer todo y hasta a meter mi lengua en su vagina, tanto ella como yo sabíamos que no aguantaría mucho y se iba a correr directo en mi boca, después de un rato que jugaba y jugaba con su vagina se comenzó a venir y empezó a gritar…

— aaaahhhhh ¡¡Me corro, másssss, chúpamela toda, másssss, que me corro!!

Yo seguí con tantas ganas como al principio al sentir el sabor inigualable del orgasmo, chupé y chupé hasta no dejar ni un poco de orgasmo en ella porque venía lo mejor.

Me puse de rodillas, ella acostada, escupí un poco en su vagina y empecé a penetrarla poco a poco (por el tamaño que tengo), ella gemía y conforme iba avanzando más también aumentaba el volumen.

— Ay que rico, métela despacio que tienes una polla tremenda y de una no la aguanto
— ¿Te gusta cómo te la meto? ¿Quieres más polla?
— Si quiero más papi, pero despacio que me vas a partir la vagina, aaaaaayyyyyy

Cuando la metí toda ella gimió tanto de placer (y eso que apenas empezaba), entonces llevé sus piernas a mis hombros y la empecé a sacar y a meter más entre más avanzaba más rápido iba

— Dame duro papi, dame que me quiero correr ¡dame más! Ay más, más, más.

El suelo era algo incomodo pero no importaba ambos estábamos muy cachondos, yo obedecía con gusto y placer a lo que ella decía y a los pocos minutos se corrió, sentí toda mi polla tan mojada…

Ella dijo que quería cambiar de posición que quería montarse en mí, entonces me acosté y ella se subió sobre mí lentamente hasta llegar a estar bien sentada y empezó a moverse de atrás hacia adelante y también daba brincos encima de mí y por igual se movía en círculos que bien se sentía yo le daba cachetes en sus nalgas, ella se inclinó hacia mí para besarme, entonces aproveché para moverme y ella vaya que lo disfrutaba enterraba sus uñas en mi, me mordía, yo seguía dándole duro sin parar, ella estaba tan excitada que no tardó en correrse nuevamente…

— Así te gusta ¿así de duro?
— Si, así me encantas sólo tú has durado tanto follandome, aaaayyyy, vaya, necesitaba que me follaran, que bien como me he corrido, sólo tú, aaaayyyyy porque has tardado tanto en follarme.

Ella se puso de pie después de otros dos orgasmos bien trabajados, yo me paré y nuevamente nos besamos sin pensarlo la cargué, ella se empezó a meter mi polla poco a poco mientras la sostenía de las nalgas cuando entró por completo, le di lo más duro que podía y no conforme con ello la puse encima de un escritorio, sentada mientras nos abrazábamos, ella me clavaba las uñas en la espalda, ella sólo gemía y gritaba no podía decir nada más pero sentí como escurría ese orgasmo a lo largo y grueso de mi polla.

Después me dijo que la dejara bajar así fue.

Entonces ella se puso en 4 aproveché para poder chupar una vez más ese manjar que tiene entre las piernas y después ella hizo lo propio con mi polla, se percató de ese sabor peculiar a su rica vagina, ya que estaba tan mojada, que me pareció buena idea follarla de nuevo, entonces la empecé a penetrar pero se la metí de una y ella gritó con un tanto de dolor, pero con mucho placer al mismo tiempo y la cogí de la cadera y empecé a darle duro muy duro ya que teníamos que acabar pronto con el trabajo., sus primos no eran inocentes y tampoco la película era eterna, después la cogí de los hombros y también del cabello, mientras yo seguía dándole duro, ella gritando y le daba cachetes a esas nalgas que con cada una se le ponían más rojas y ella dijo…

— Hazme correr sólo una vez más por favor
— Te hago correr, pero después yo me corro
— Si, lo que tú quieras, pero hazme correr, me voy a portar bien contigo

Entonces la embestí lo más duro que pude y en menos de un minuto ya estaba chorreando y eso me excitó aún más, pero yo aún no estaba listo, quería más, yo quería follarla más., ella no se iba a negar, pero pregunté para despistar…

— ¿Dónde quieres que me corra?
— Dame toda tu leche en mi cara
— Tranquila, todo a su tiempo tengo mucha leche para ti, yo quiero seguir.

Yo seguí pero entonces sonó el teléfono de Rosa, era su primo, ella contesto pero yo seguía metiéndosela pero no tan duro, no quería que nos delatara, ella sólo decía que estábamos bien que estábamos en la plaza que se quedaran en el cine que nada malo pasaba pero creo que ellos no la creyeron, porque nosotros seguimos haciendo lo nuestro y después de un rato empezamos a escuchar pasos y gritos de nuestros nombres… eran ellos.

Juro que cada vez estaban más cerca junto a sus pasos yo escuchaba cada uno de los movimientos que ellos daban. Le tapé la boca a Rosa, para que no se escuchara que estábamos en el lugar ellos se escuchaban cada vez más y más cerca. Mi polla estaba apunto de explotar, estaba tan gruesa, más de lo normal no podía parar, estaba apunto a casi nada de correrme, pero no quería parar, no podía parar y seguí sin parar, estaban tan cerca de encontrarnos…

Yo saqué mi polla y expulsé todo lo que tenía dentro, me vacié en su cara y en su boca, ella después estaba chupando para poder sacar todo lo que tenía dentro, y justo cuando pensé que nos encontrarían se escuchó una voz distinta que le decía a sus primos que debían salir de ahí, ellos se fueron y pudimos descansar ella se limpió la cara y pudimos vestirnos y salir…

— Follas muy bien Antho, sé que puedes durar más y pronto lo haremos.
— Claro que puedo, tú dime cuando y créeme que lo haré realidad.
— Pronto, tú nunca me vas a decepcionar con tu grande polla, pero ya tengo ganas de probar de nuevo.

Nos fuimos al baño del cine, ella se limpió bien y yo estaba tranquilo, llamamos a sus primos, ella se encargó de explicar todo yo sólo la apoyaba además noté en ella que le temblaban las piernas sólo nosotros sabíamos porque.


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Un trío que surgió sin planearlo

Un trío que surgió sin planearlo


Nos conocimos en unas vacaciones de invierno, a kilómetros de nuestra ciudad natal, disfrutando de la nieve en los picos nevados. Cosas del destino, porque no había muchas probabilidades de cruzarte con alguien de tu misma ciudad.

Nora estaba con un grupo de amigas, yo había viajado por una oferta laboral y de paso, disfrutaba del tiempo libre de todo el entorno turístico.

Yo estaba merendando unas tortas regionales en una confitería muy conocida del lugar y ella llegó con sus amigas, fue amor a primera vista, me enamoré de su sonrisa profunda, de sus facciones de mujer, de sus largos cabellos enrulados y de su andar despreocupado.

En algún momento ella miró de casualidad donde yo estaba sentado, y me mantuvo la mirada con sus bonitos ojos color miel.

No entraré en los detalles del momento, solo se dieron las cosas y al regresar a nuestra ciudad nos seguimos viendo. Nuestra relación fue floreciendo a gran velocidad.

Ella tenía veinticinco, yo veintisiete cuando nos encontramos en el altar, ella de blanco, yo de negro, y decidimos ir de luna de miel al mismo sitio en el que nos habíamos conocido, a esos picos nevados de la Cordillera de los Andes.

Descubrí con el paso del tiempo que Norita era una terrible mujer, una gran persona y compañera de vida.

Llegó Melany, nuestra hermosa bebe, rosadita, con los ojitos inquietos de la madre, quien ocupó el segundo dormitorio de la casa y que nos puso en la tarea de no solo ser pareja, también tuvimos que aprender a ser padres.

Todo iba viento en popa, a Nora la ascendieron en el empleo, lo que significaba más dinero, por mi parte seguía ampliando mi cartera de clientes, por cierto, soy abogado, nuestra niña crecía a pasos agigantados y todo iba a las mil maravillas.

Decidimos que era hora de traer otro bebe al mundo, era un tanto cómico, Melany estaba crecidita y cuando jugaba con sus bebotes de juguete, siempre pedía ‘que le compremos uno de verdad’, ella quería un ‘bebé como el de la tía Marta’, – mi hermana –

Nora dejó sus pastillas anticonceptivas a un lado, y yo me olvidé de comprar preservativos, dejamos de cuidarnos, imaginamos como sería la nueva situación en un corto futuro, tiramos ideas para remodelar el cuarto de Melany, necesitaríamos espacio para una nueva camita para cuando llegara Rocío, si, ya le habíamos elegido nombre antes de procrearla.

También evaluamos otra posibilidad, una remodelación más amplia para generar espacio para un nuevo ambiente, un tercer dormitorio por si llegara Sandro, el nombre para nuestro varoncito si eso eligiera el destino y era lo que íntimamente deseaba.

Llegaba un nuevo aniversario de la fecha de nuestro matrimonio, una ocasión especial para celebrar en una cena íntima de pareja, ella calculaba que estaba justo es sus días más fértiles del ciclo, así que habló con su madre y con gusto la abuela se hizo cargo de Melany esa noche, y bueno, a mi hijita le encantaba ir a dormir a casa de la ‘Abu María’.

La dejamos temprano, con su mochila, con sus ropitas y sus bebotes preferidos, me abrazó fuerte con sus débiles bracitos y me largó un ‘chau pa’, le besé la punta de la nariz y le dije que se portara bien con la Abu, que no la hiciera renegar.

Ya en la soledad de pareja nos cambiamos con tiempo, teníamos reserva en un coqueto restaurante al pie de las montañas, muy de moda en mi ciudad.

Nora estaba muy bonita, lucía una prenda liviana símil pullover, en un gris claro con nevados en tono chocolate, de mangas largas y un gran cuello volcado, con unos pantalones tipo babuchas en un marrón satinado, esos holgados en las piernas pero que logran marcar sugerentemente esos culitos bien formaditos, como el que carga mi amor.

Apenas se había maquillado, y había acomodado sus cabellos de lado, dejando una de sus orejas y el cuello descubierto, para lucir unos lindos pendientes que le había regalado en alguna ocasión.

Así es ella, una mujer que prefiere pasar por elegante a provocativa, cosa que se me hace muy seductora.

Yo también busque un tono de ropas informales, me había rasurado al ras y me había perfumado con una loción muy masculina que también ella me había regalado alguna vez, y ahí partimos a nuestra velada romántica

Ya en el sitio, había música muy romántica, en bajo tono, y todo estaba a media luz, estábamos sobre un lateral donde los amplios vidriados nos dejaban ver parte de las montañas que se fundían con parte de la ciudad.

Ella pidió un risotto con calamares, por mi parte bondiola de cerdo con puré de patatas, un buen vino y la magia estaba intacta.

Comimos, bebimos, nos seducimos, reímos, brindamos, nos excitamos en complicidad, le decía cuanto la amaba y ella me respondía que la tenía toda mojada y que solo me deseaba dentro.

Daban las dos de la mañana cuando decidimos volver a casa, Nora estaba desinhibida en demasía, había bebido demasiado y estaba al límite de la ebriedad. Yo tenía un mejor control de la situación, aunque ciertamente no debería haber conducido, pero no había otra opción.

Cuando salimos el viento había cambiado, un viento del este que siempre traía lluvia consigo, el cielo estaba grisáceo, con nubes que viajaban a baja altura y se notaban con nitidez unos amenazantes relámpagos en el lejano horizonte, nos besamos, y emprendimos el regreso.

Todo iba perfecto, conducía muy despacio, con ella recostada a mi lado, mirándome profundamente como solo mira una mujer enamorada, escuchando los temas con los cuales nos habíamos conocido, no había mucha gente en la calle a esa hora de la madrugada, llegamos a una esquina como tantas y la luz roja del semáforo detuvo nuestro paso.

Algo llamó nuestra atención, a un lado, algunos metros, una chica que por su vestir evidentemente era prostituta, discutía acaloradamente con tres tipos, fue obvio que la estaban molestando y las cosas no se veían bien para ella, Nora y yo solo observamos hasta que sucedió lo impensado

Ella, notando que estaba en desventaja, optó por salir corriendo del entuerto, y ellos salieron por detrás, fuimos su única salida, y en un acto desesperado se metió en la parte trasera de nuestro coche y entre gritos nerviosos me pidió que arrancara.


Fueron esos segundos donde uno actúa por instinto, donde no se puede pensar y solo se toma una decisión, los tipos ya estaban llegando al coche, apreté el acelerador a fondo, cruzamos en rojo y zafamos de la situación.

Miré por el retrovisor, noté rápidamente que la chica que terminaba de subirse al coche en verdad era un chico, estaba muy nerviosa, le temblaban tanto las manos que no podía coordinar para encender un cigarro

Dijo llamarse Morena, y se produjo un diálogo improvisado, era raro, en nuestra noche de amor se había colado un travesti en nuestro asiento trasero. Su casa estaba de paso de la nuestra, ella esquivó los detalles del problema, pero entendí que eran esas discusiones típicas de prostitución a altas horas de la madrugada, travestis, dinero, engaños, homofobia, un poco de todo.

Nora, perdida en su borrachera era la que más hablaba, la que más le preguntaba al punto de sonar entrometida, mi mujer es bastante inocente para estas cosas y en ese punto asumía que ella no se había dado cuenta que ella en verdad era él. Yo solo miraba cada tanto por el espejo retrovisor, Morena tenía unas tetas muy generosas y como buena puta estaba casi desnuda, y, además, había que admitirlo, su rostro se veía demasiado femenino, tan solo en su voz, se notaban matices de su parte masculina.

Cuando llegamos, Morena nos invitó a pasar a su apartamento en muestra de agradecimiento, a tomar unas copas dijo, Nora ya le había comentado de nuestra noche de festejo de enamorados, me excusé y le agradecí, pero mi mujer, un tanto perdida solo quería seguir el juego, estaba confundido y fueron las dos que insistieron en contra de mi respuesta, y ahí fuimos.

El apartamento en verdad era demasiado pequeño y modesto, estaba destartalado y había de todo por todos lados al punto de ser caótico para un tipo tan estructurado como soy yo.

Nos ofreció unas copas y nos pidió unos momentos para ponerse cómoda, Nora y yo nos quedamos a solas unos instantes en el escueto comedor, le dije aprovechando el momento…

— Nora, que estamos haciendo aquí? te diste cuenta que esta ‘mujer’ tiene verga, verdad?

Pero ella solamente se rio y me besó profundamente, con sus labios impregnados en amor y en alcohol, era una locura.

Morena volvió a nuestro lado, se había recogido el cabello, lucía un baby doll azul transparente, donde se marcaban en demasía su cuerpo de mujer, sus pechos eran realmente preciosos, tenía cintura de avispa, un culo llamativo y unas piernas modeladas cubiertas por medias de red en el mismo tono azul, y unas botas largas negras que incluso pasaban por encima de sus rodillas, con altos tacos, era demasiado bonita, pero claro, también se dibujaba una generosa polla depilada que se movía libre.

Tomó una copa y bebió un trago, puso una canción en inglés muy triste, muy lenta, de esas que invitan a llorar, Nora y yo solo mirábamos, ella, copa en mano cerró sus ojos y comenzó a moverse lentamente, con cadencia, en forma sexi y provocativa en una versión de striptease que evidentemente lo tenía muy ensayado, porque todo parecía perfecto.

Nora de pronto se paró y fue a su lado a acompañarla en los movimientos, me sorprendió, mi esposa, me quedé sentado solo como un tonto espectador, había una diferencia considerable de alturas y proporciones, Morena comenzó a acariciarla sensualmente mientras clavaba sus ojos en los míos.

Nora le apretó las tetas, la besó en la boca y luego empezó a morderle los pezones en una forma suave y rica, como respuesta, mi mujer recibió las manos indiscretas de la travesti en su culo, y volvieron a besarse apasionadamente, yo seguía confundido en extremo, siempre había asumido que las fantasías de pareja siempre quedarían en eso, en fantasías, pero mi esposa parecía fuera de control, incluso olvidándose de mí.

Y claro, todo este juego trajo consecuencias, por debajo del baby doll la polla de Morena se puso rígida y enorme como barra de acero, y mi esposa empezó a sobársela con sus manos.

El siguiente movimiento fue obvio, mi mujer se dejó caer de rodillas, levantó la tela transparente, observó ese miembro unos segundos y empezó a chupárselo, lo degustaba con ganas.

Fue raro, yo solo miraba y no hubiera soportado ver que mi esposa le chupara la polla a otro hombre, pero no sé, en este caso no me incomodaba, si, ya se, de todas maneras, estaba chupando otra polla, pero Morena se veía tan mujer, y sabía que, entre mi esposa y yo, ella se hubiera quedado conmigo.

La chica trans se dejaba mamar mientras me miraba con regodeo, se sacó el baby doll y su torso quedó desnudo, sus pechos sugerentes sonaban intimidantes, me miraba sonriendo sabiendo que mi mujer estaba prendida a su tronco, me dijo…

— Ven tonto, no tengas miedo, no muerdo…

Me acerqué al dúo, a su lado, ella intentó besarme en la boca, pero la esquivé, no era lo mío, solo se rio nuevamente comprendiendo la situación, tomó mi mano y la puso en sus pechos artificiales, se sentían ricos y sentí una erección punzante en mis pantalones, volvió a hablarme…

— Eres un hombre afortunado, Norita la chupa muy bien, doy fe!

Era todo muy loco, más cuando noté que mi mujer se había agarrado a mi pantalón, buscando mi polla y empezó a chupármela, me quedé mirando a la perra de mi esposa, su mano izquierda aferrada a mi verga peluda, curva y blanca, la derecha en otra, perfectamente depilada, prolija, esbelta y con un generoso glande circunciso, ella me la chupaba a mí, y a ella, abstraída del entorno, olvidándose de la situación, sin ningún prejuicio, muy puta…

Yo empecé a lamerle las tetas a la chica trans, por cierto, muy sabrosas, estaban muy bien logradas.

Estábamos en ese bonito juego cuando Morena se dejó caer de rodillas, lado a lado con mi mujer, yo quedé de pie, se besaron en un beso muy porno, me dejaban ver adrede sus lenguas retorciéndose entre sí, hasta que Morena se metió de golpe mi polla en su boca, ella empezó a manejar los tiempos, me la chupaba, luego dejaba que Nora lo hiciera, o tal vez volvían a besarse, o solo me la comían ambas al mismo tiempo, una por acá, otra por allá, era demasiado.

Acá es correcto mencionar un punto, mi mujer lo hacía muy bien, por cierto, pero lo de Morena era increíble, tal vez por su lado masculino tuviera muy en claro por donde ir, con unas penetraciones orales completas que me llevaban a la locura, jamás una mujer, ni Nora, ni ninguna me la había chupado tan rico.

No pude resistirlo, la excitación era demasiada, estaba profundo en la boca de Morena y me dejé ir, sentí eyacular con mucha fuerza… wow, ella seguía chupando y chupando sin dejar derramar una gota. Cuando no hubo más, se retiró un tanto, abrió la boca de mi esposa y desde una posición superior dejó caer parte del semen que tenía en su boca.

luego volvieron a besarse en un enorme beso blanco cargado de erotismo para volver a chuparme la polla entra ambas con sus labios embebidos en semen. Esa chica trans era dueña de mil batallas y sabía muy bien como jugar las cartas

Ya con mi verga flácida me retiré a un lado con una nueva copa de vino, nuevamente en un rol de espectador. Nora tomó la iniciativa llevando a la trans a sentarse a mi lado, en un sillón contiguo, se acomodó sobre ella, le agarró el miembro y se lo enterró entre sus piernas, mi mujer empezó a cabalgarla moviendo las caderas en una forma muy sensual, acariciaba sus pechos contra los de ella, a veces se los lamía, a veces dejaba que Morena hiciera lo mismo con los suyos, masturbaba su clítoris, jadeaba, gemía.

Era curioso, tampoco hubiera soportado esa situación con otro hombre, pero en el fondo, sabía que Morena era hombre, aunque se viera como mujer, pero no me molestaba, me parecía hasta seductor, como una escena lésbica, era todo muy confuso en mi cabeza.

Mi esposa me miraba cada tanto, me preguntaba si me gustaba y esa era otra incógnita para mí en ese momento, que pasaba por la cabeza de mi esposa, que sentía, que pensaba.

Morena tomó la iniciativa, ahora mi mujer estaba recostada a mi lado, me tomó fuerte de la mano, fui a besarla, la travesti le levantó las piernas hacia atrás, abriéndola toda para volver a clavársela, volvieron los gemidos, fui a besarla, sus besos sabían excitados, me insuflaba aire inconscientemente y la sentí llegar en ese momento, en esos espasmos tan ricos, tan femeninos.

Cuando volví a mirar hacia el otro lado, Morena se había retirado y el coño de Nora no dejaba de chorrear ese pegajoso líquido blanco que supo muy caliente

Después de unas nuevas copas volvimos al juego, bueno, para ser correcto ellas volvieron a los besos, yo quería ya volver a casa, pero Nora estaba desconocida, volvió a chuparle la polla a ella y en segundos estaba lista para seguir adelante, Morena se arrodilló en cuatro sobre el sillón y mi mujer por debajo mamándosela como una loca, el culo de esa travesti se veía demasiado rico en esa posición, me noté excitado con lo que veía y pronto tuve una nueva erección. Fui a unirme al juego, y empecé a lamerle el esfínter todo depilado y dilatado que se abría a mi lengua. No sé cómo explicar el momento, porque no me olvidaba que era hombre y sus testículos brillosos estaban a un par de centímetros de mi boca, y un poco más abajo, los ojos de mi mujer se cruzaban con los míos mientras ella le engullía la polla, peligroso? excitante? raro?

Fui por todo, me acomodé y se la metí sin contemplaciones, le llené el culo con mi polla y empecé con el juego de meter y sacar. Creo que para Morena fue lo mejor de la noche, gemía y apretaba sus uñas rojas en el respaldo del sillón, estaba siendo sodomizada por un macho y tenía una hembra comiéndola la polla al mismo tiempo.

Le acabé todo adentro, fue muy excitante, era suficiente…

Cuando me retiré, ella aún seguía mamando y el esfínter de Morena empezó a escupir hilos de semen, fue demasiado perfecto y solo se dejó venir en la boca de mí mujer.

Nora se incorporó, fue evidente que disfrutaba de los jugos que tenía en su boca, lo movía de lado a lado, incluso separó sus labios para que yo lo viera – solía hacerlo con mi semen porque sabía que me gustaba – se pasaba la lengua blanquecina por sus labios, entonces inclinó la cabeza hacia atrás y lo dejó pasar por su garganta en un trago.

Ya con la boca vacía, no pudo contener una carcajada por lo puta que se mostraba conmigo.

Los primeros rayos del amanecer nos advirtieron que era hora de despedirnos, nos lavamos un poco, nos cambiamos y saludamos a Morena, ella nos dijo que lo había pasado genial y esperaba volver a vernos pronto, cosa que nunca sucedió.

Llegamos a casa, no hablamos mucho en el camino, tampoco lo hicimos en ese momento, solo nos abrazamos.

Tampoco hablaríamos mucho a futuro, una noche de borrachera, algo distinto que no volvería a repetirse, ninguno juzgó a ninguno, sin reproches, éramos adultos, estábamos enamorados y podíamos permitirnos una locura.

Pero Morena volvió a colarse poco después como un fantasma, cuando Nora confirmó su embarazo y calculó las fechas según su última falta, bueno, el embarazo podría haber ocurrido justo esa noche.

Y así llegamos al presente, Sandro no tiene mucho de su madre, tampoco mío, curiosamente, cuando lo miro veo mucho de Morena en él, su tono de piel, sus ojos, la sonrisa, no se. No conocimos mucho a Morena, apenas una noche de sexo y borrachera, pero fue suficiente para saber quién es el padre de Sandro.

No importa, padre no es quien lo engendra, sino quien lo cría.
Seguimos felices por la vida, Nora, Melany, Sandro y yo.

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Martha era mayor que yo, pero no desaproveché la oportunidad cuando me invitó a tomar unas cervezas

Martha era mayor que yo, pero no desaproveche la oportunidad cuando me invitó a tomar unas cervezas


Su nombre es Martha, la conocí hace años, cuando yo tenía 22 años, ella mide 1.60 cm, piel blanca, ojos oscuros, una gran sonrisa, piernas bonitas, un culo bien puesto y unas, pero unas enormes tetas, en ese momento las más grandes que había visto en mi vida.

Ella era muy amable y muy vivaracha como dicen en mi país, desde que la conocí me llevé muy bien con ella, tomábamos café por las mañanas y contábamos el día a día de cada uno.

Yo no podía ocultar las ganas que le tenía, más cuando llevaba sus tremendos escotes, muchas veces me masturbaba imaginándome una gran puñeta rusa con sus ricos pechos, pero de fantasía no pasaba.

Decidí llamar a mi perfil “SuerteO” porque si algo he tenido en esta vida es eso y el claro ejemplo es aquella tarde de noviembre.

Martha en aquel entonces tenía 33 años y pareja, su novio era un ejecutivo de una agencia automovilística, pero últimamente no les estaba yendo bien en su relación, tenían problemas por todo.

Cuando me disponía a salir del trabajo e incluso le estaba por llamar a mi novia, ella me habló por teléfono…
M: ¿Qué haces?
O: Ya me voy.
M: Me acompañas a tomar unas cervezas?
O: Claro, ¡voy encantado!

Cuando una mujer te invita a salir es porque algo tienes que te elige a ti, así que no desaproveche la oportunidad y avise a mi novia que trabajaría hasta tarde y fui a ver a Martha, al lugar que solíamos ir.

Ese día ella vestía una falda negra, sus zapatos de tacón abierto y una blusa rosa escotadisima, ¡se veía fantástica!…

M: ¡Cariño! ¡Que bien que viniste!
O: ¡¡Claro!! ¡Sabes que a tus pies!
M: ¡¡Corazón!! ¡Eres una ternurita!
O: Bueno, que pedimos, ¿que te apetece?
M: ¡Ya pedí unas cervezas!

Nos sentamos y comenzamos a hablar y beber, al principio hablamos del día a día, de los nuevos clientes, de cosas de familia, sobre todo ella me hablaba de sus hijos y eso por alguna razón la volvió aun mas interesante, ya que a pesar de estar como me la recetaron, era mayor y madre, quien no quisiera comérsela.

Tras algunas cervezas más, ella comenzó a hablarme de su novio, me decía que ya estaba cansada de la indecisión que él tenía, ya que una mujer de su edad y con responsabilidad no quería jugar a los novios, buscaba una pareja estable.

Yo estaba atento a lo que me decía, aunque de vez en cuando mi vista se dirigía a su enormes tetas, también mi mano acariciaba sus piernas, mientras una ligera erección se formaba en mi…

M: ¡Vamos a bailar!
O: ¡Claro! ¡Vamos!

Sonaba una buena cumbia y ella se movía bien tanto que no se notaba que yo estaba niveles abajo que ella, de la cumbia pasamos a la salsa y ahí ella meneando su cadera me volvía todavía más y más loco…

O: ¡Eres una buena bailarina!
M: Jaja, así soy en todo.
O: ¡¡Me imagino!! Jaja
M: ¡¡Ay!! ¡Ya te entendí!

Continuamos bailando, esta vez me pegaba más, me gustaba sentir sus tetas en mi pecho y a veces en cada vuelta trataba de sentirlas con mis manos.

Después de un merengue y unas guarachas nos fuimos a sentar, ella estaba contenta y aunque deprimida por lo de su novio, nos pusimos a hablar nuevamente…

O: Te noto triste.
M: ¡La verdad si corazón! ¡Es que ando en una situación complicada con aquel!
O: ¡Pues ya deberías hacer algo!
M: Sabes, le dije que viniéramos y me dijo que sí y después me dejó plantada.
O: Disculpa mis palabras pero ¡que hijo de puta! Atreverse a dejar semejante monumento, que coraje.
M: ¡Gracias por tus palabras!
O: Hay Martha, no sabes como me gustaría tener a alguien así como tu y quien lo tiene ¡no aprovecha!

Ella me miró seria, entonces con la adrenalina en el corazón puse mi mano en su pierna y me acerqué a darle un beso, ella me miró y se hizo para atrás, pero luego se acercó y nos fundimos en un sabroso beso francés…

M: ¡Guau! ¡Qué bien besas!
O: ¡Por dios, no lo vi venir!
M: ¡Creo que ya es hora de irnos!
O: Martha, perdón por lo que te dije, ¡te deseo, quiero hacerlo contigo, espero no te molestes!
M: ¡Pero eres casi un niño, podría ser tu mamá!
O: Si, pero no lo eres, además que prefieres a alguien que se muere por ti o a quien le das lo mismo.

Eso último la convenció y sin decir más pagamos la cuenta y nos metimos en el primer hotel que encontramos, yo estaba nervioso y es que a pesar de que ya había estado con mujeres mayores, Martha era un volcán en todo su esplendor.

Una vez ya acomodados ella se quitó la ropa de forma sensual, yo estaba acostado mirando como su ropa caía y su hermoso cuerpo quedaba al descubierto, sus ricas tetas sin brasier se veían aun más grandes y un coño depilado sin nada de pelo me la endurecía más…

O: ¡Estás buenísima !

Ella me desnudo por completo y beso mi boca, cuello, pezones, abdomen y mis piernas, era muy buena, su lengua sabia donde probar, poco a poco fue llegando a mi polla, la cual ya estaba más dura que el acero…

M: ¡Qué dura esta! ¿Así te puse?
O: ¡Siempre me has puesto así!

Ella sonrió y lentamente llevo mi miembro a su boca, saboreo la puntita, me miro a los ojos y lo metió como víbora a su boca, yo lancé unos gemidos fuertes y me retorcí, Martha lo chupaba fantástico, yo le acariciaba la cabeza y la guiaba para que probara cada uno de mis 18 cm…

O: ¡¡Oh!! ¡¡Que rico, uhm!!

Ella sabía lo que hacía y siguió mamándomela con todo, me cumplió mi fantasía que tenia desde que la conocí, coloco mi polla en medio de sus ricas tetas y comenzó a masturbarme rico, sus apretones eran fantásticos, me daban ganas de grabar el momento pero el placer me tenía fundido, sacaba su lengua y saboreaba los fluidos que de mi verga salían, que rico, era la primera vez en mi vida que me hacían algo así…

M: ¿Te gusta amor?
O: Me encanta uhm, ¡no pares!
M: ¡Saca tu leche, dámela toda!
O: Si, uhm, sácamela toda, uhm!!

No aguante más y expulse una gran cantidad de leche espesa y caliente en sus tetas y un poco en su cara, ella sonrío y disfruto al ver sus tetas llenas de mi semen e incluso el semen que le cayó en la cara lo probó frente a mí haciendo más erótica la escena…

M: ¡Qué lechero eres!
O: ¡Me toca a mi nena!

La acosté y le abrí las piernas y sin dudar me dirigí a su depilado coño, comencé lamiendo su entrepierna y después besaba sus labios vaginales, con mis dedos sobaba y abría lentamente para comenzar a meter mi lengua…

M: ¡¡¡Ah!!! ¡¡que rico!!
O: ¡¡Que rico coño tienes!!

Mi lengua saboreaba todo ese manjar, con dos dedos estimulaba su rico clítoris que se inflaba como globo, mi lengua entraba y salía de su vagina saboreando el sabor salado que salía de ella.

Apreté sus muslos con mis brazos y como si fuese una sanguijuela comencé a mamar sin desenfreno, ¡eso la tenía gimiendo sin parar!…

M: Que rico, ah, uhm, mi vida, no pares, ¡agh, uhm!

Levante sus piernas y ahora tenía su coño y culo a mi disposición, lentamente llevé mi lengua a su rico ano mientras mis dedos entraban despacio en su húmeda vagina.

Ella me apretaba la cara mientras la dedeaba y me estrenaba en el beso negro, Martha gozaba lo que le hacia con mi boca, la verdad ese día andaba inspirado.

Me basto con tres dedos dentro de ella y unos lengüetazos fuertes para que alcanzara el clímax, ella se retorcía y comenzó a correrse, sin dudar probé cada gota de su salada pero deliciosa corrida…

M: ¡¡Ah!! ¡¡Que rico, uhm, ah!!
O: ¡¡Sabes a gloria!! ¡¡Uhm!!

Nuevamente estaba duro como el hierro, sin pensarlo le abrí las piernas y me metí en medio de ellas dejando la ir hasta el fondo, nos besamos como locos mientras me empujaba con fuerza dentro de ella…

M: Que rico, uhm, ¡ah!
O: Me encantas, uhm, que rico, ¡¡aprietas riquísimo!!

Levante sus piernas en mis hombros y así se la metí fuerte, le besaba sus muslos, rodillas y tetas, me dejaba ahogarme en medio de ellas, no me importaba que aún tuvieran mi semen ahí.

Me acosté y ella subió a cabalgarme, se movía como una buena jinete, yo apretaba sus tetas, mordía sus pezones, le apretaba sus nalgas, me estaba dando de una forma fantástica…

O: ¡¡Martha!! ¡¡Uhm, que rico, agh!!, muevete, así, ¡¡uhm!!
M: ¿Estás disfrutando?
O: ¡¡Como no!! eres fenomenal, tienes unas tetas riquisimas, unas piernas hermosas, te mueves fantástico, ¡eres la mejor!

Sus ricos pechos me tenían hipnotizado, ella se acercaba para besarme mientras disfrutaba solo de mi puntita y yo me deleitaba con sus duras nalgas.

Se puso en cuatro y sin dudar la tome de la cintura y se la metí sin prisa, quería disfrutar el paisaje, ella empinada y sus tetas pegando en la cama, poco a poco subí la intensidad de mis embestidas, le apretaba sus tetas y ella se movía generando un placer indescriptible…

M: Así, dame, uhm, que duró, uhm, ¡¡ah!!
O: Que rico, uhm, ah, ¡¡uhm!!
M: Lléname de ti, ¡¡dame lechita!!
O: Sácala, ¡¡muévete y saca tu leche nena!!

Ambos nos movíamos en una coreografía espectacular, yo le daba de nalgadas y me movía como loco y ella no se quedaba atrás, lanzamos un quejido enorme y finalmente ambos llegamos al clímax!…

M:¡¡Así!! Ah, dámela, así, no pares, ¡¡sácala toda!!
O: Toma tu lechita, ah, uhm, ¡¡mmm!!

¡Que orgasmo! Quede encima de ella pegado como perro, besaba su espalda mientras aún teníamos espasmos por el rico orgasmo conseguido.

Nos quedamos acostados besándonos, Martha era insaciable y una vez descansados volvimos a follar, finalmente me había hecho con ella y yo lo disfruté como nunca.

Salimos al día siguiente, me fui así con la misma ropa a trabajar, ella sonriendo me dejó en la entrada y guiñándome el ojo me prometió que repetiríamos.
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En un principio me definí como bisexual, pero con el tiempo la balanza cambió

Soy infiel

Soy infiel

Me llamo Claudia, tengo 41 años, estoy casada desde hace 15 años, este es mi segundo matrimonio y le llevo siendo infiel a mi marido desde hace 5 años con mi cuñado.

Todo empezó hace 8 años cuando mi cuñado se vino a vivir con nosotros. La relación con el era normal, a decir verdad casi no hablábamos ya que él vivía en otra parte sin embargo pasó por un momento que se refugio en la bebida y el juego, hasta el punto que perdió a su esposa, su casa y empleo y mi marido lo acogió en nuestra casa.

Inicialmente la idea no me agradó para nada, es decir quien quiere tener a alguien que lleva una mala vida en casa, aun así mi marido me convenció y lo acepte de mala gana, él se quedó en la habitación extra que tenemos, que queda al lado de nuestro cuarto, y como el no tenía empleo, se la pasaba en casa viendo tv o acostado.

No me atrevía a decirle nada porque yo tampoco tengo un empleo como tal, me encargo de la casa y conforme pasaba el tiempo al estar los 2 solos en casa apenas se iba mi marido nos fuimos conociendo.

La verdad si era alguien agradable a pesar de que echo a perder su vida, si era alguien carismático. En contraste la relaciones sexuales con mi marido se iban deteriorando, nuestra relación sexual ya venia en decadencia mucho antes que mi cuñado llegara pero se fue agravando.

Un día que mi marido iba a llegar tarde del trabajo, mi cuñado y yo estábamos viendo una película, me dieron ganas de tomar un poco de vino, me serví una copa y le pregunte a mi cuñado si le apetecía, el dijo que si, entonces nos pusimos a beber y hablar de distintos temas como la vida, si él ya había buscado empleo, chistes de otras amistades, etc.

En eso tocamos el tema del sexo, creo que por tomar varias copas no sentí ninguna incomodidad de hablar de mi sexualidad, el me contó acerca de las experiencias que el había tenido y yo igual, es decir antes de mi marido hasta que me pregunto sobre como era mi marido en la cama, si me sentía satisfecha y cosas así.

Fui honesta en todo momento, hablamos entre risas y se fue formando algo, en eso escuché que llegaba mi marido y rápidamente mi cuñado se fue a su cuarto y me dijo que ya seguiríamos con la charla.

Tuve un sentimiento como de culpa, por hablar así de mi marido y me preguntaba que hubiera pasado si mi marido no hubiera llegado, deje de pensar en eso y pasaron unos 4 días…

Ese día estaba en mi cama acostada cuando vi que mi móvil se estaba quedando sin batería, al buscar mi cargador recordé que mi cuñado me lo había tomado prestado por la tarde, entonces me levante y como su cuarto esta al lado nuestro vi que la puerta estaba entre abierta, miré y el estaba desnudo con el pelo mojado porque se había duchado.

Él se estaba masturbando y vi su polla, era mas grande que la de mi marido, mas oscura y gruesa, lo vi por unos segundos y regresé a mi cuarto, pero la imagen se quedó en mi cabeza, luego le escribí para que me pasara mi cargador, el me dijo que fuera a su cuarto a por el, le dije que no y el dijo que bueno y escuché abrir su puerta y vino hacia a mi sin camisa y con la toalla envuelta en la cintura, reviví nuevamente en mi cabeza la imagen de él masturbando se.

Me dio el cargador y volvió a su cuarto, solo lo imagine a el masturbando su gran polla, cuando llego mi marido tuvimos sexo, fue la primera vez que pensé en mi cuñado, imaginaba que me la metía y se la chupaba, eso me puso muy caliente, cuando mi marido acabo yo aun estaba muy caliente y cuando se quedó dormido fui al baño y me masturbe pensando en mi cuñado, toque mi coño pensando que el era quien me tocaba…

Aquí fue el momento donde empezaron mis insinuaciones hacia a él, en el sentido de que me puse blusas y shorts ajustados con el objetivo de que el se fijara en mi, lo cual funcionaba, me daba cuenta de como se me quedaba mirando y eso me ponía caliente y el tampoco paraba de dejar su puerta entre abierta para que lo mirara.

Entonces decidí hacer lo mismo, cuando me cambiaba de ropa, dejaba la puerta entre abierta y así estuvimos como lanzándonos indirectas hasta que el día llego, un día cuando mi marido se fue a otra provincia por trabajo.

Eran casi las 8 de la noche, salí de la ducha envuelta en una toalla, iba a cambiarme cuando entró mi cuñado, también envuelto en una toalla, me preguntó si tenía jabón, le dije que podía coger el que tenia en la ducha, el lo tomo pero en vez de irse se quedó y me pregunto qué tal mi día, ya que el no había estado en casa, no nos habíamos visto en todo el día, le dije que todo bien y nos pusimos a conversar así como estábamos…

Volvimos a retomar la conversación que habíamos dejado pendiente y el empezó a decirme que era bonita y sexy, acepte cada alago que me decía y también se los devolvía mencionaba que el también tenía su atractivo, el ambiente se hizo agradable, para nada incómodo. Poco a poco la conversación fue avanzando hasta que el me convenció y nos quedarnos desnudos.

En un principio me hice la remolona, necesitaba saber si iba en serio o solo bromeaba, me levante diciendo que no y él se puso detrás de mí y me empezó a tocar los hombros tratando de convencerme, cuando me di la vuelta el ya no tenía su toalla y su polla estaba al aire y dura mientras el seguía intentando convencerme. Mi mirada se clavó en su polla, entonces me quitó la toalla y me quedé completamente desnuda ante el.

Empezó a tocar mis tetas, mientras mi mano fue directa a acariciar su polla, me acariciaba el cabello, besaba mi cuello, chupaba mis tetas y me dejé llevar por el momento. Me puse de rodillas frente a él y empecé a chuparle la polla, el cada vez me la metía más adentro de mi garganta, cuando termino de jugar con mi boca me puse en 4 sobre la cama, el empezó a chupar mi coño y ano, escupió en mi ano y metió su polla, empujaba su verga contra mi culo, me daba cachetes en las nalgas y me tiraba del pelo mientras me preguntaba quien lo hacía mejor…

Era evidente la respuesta, aun así él quería escucharla y entre gemidos le decía que el, que lo hacia mejor que mi marido, parecía no parar, me tenía como su puta y debido a que mi marido andaba de viaje seguimos y seguimos follando, no solo en la cama también en la ducha, en su habitación, en la sala, en la cocina, en cada rincón de la casa.

Ha pasado el tiempo, pero el sexo con mi cuñado sigue tan intenso como la primera vez, en la actualidad mi cuñado ya está trabajando y mi marido es el primero en irse, así que cada vez que mi marido se va a trabajar mi cuñado y yo follamos y los días que el tiene libre nos la pasamos en mi cuarto todo el día hasta que llega mi marido.

La verdad, ya no siento ninguna clase de culpa, abiertamente digo que me encanta follar con mi cuñado porque es mucho mejor.

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Ama & esclavo

Ama & esclavo (s)

Como buena ama dominatrix que soy, os voy a relatar el polvo que eché el otro día con un esclavo de lo más servicial y obediente. Me encanta que los tíos se rindan ante mí, haciéndome caso en todo lo que les diga. Y es que no hay nada mejor que la sensación de sentirme poderosa durante una relación sexual, dando órdenes mientras la otra persona hace todo lo que yo quiero.

Puedo disponer de él o de ella, porque soy bisexual y disfruto tanto del sexo con hombre como con mujeres, a mi verdadero antojo, creando así una situación morbosa a más no poder.

Aquella noche conocí a un sumiso de primer nivel. Era un hombre bastante normal, pero estaba dispuesto a humillarse por mí todo lo que hiciera falta. Tras establecer un poco las bases de lo que queríamos el uno y el otro, nos dimos cuenta que juntos podíamos pasarlo muy pero que muy bien.

Así que en menos de una hora, aquel esclavo se presentó en mi casa preparado para cualquier cosa. Yo estaba cachonda como una puta perra, pensando en todas las cosas que le iba a hacer y a ordenar a aquel desgraciado….

En primer lugar, le dije que se desnudara y que saliera tal cual a mi balcón. Quería que todo el mundo viera a aquel tío desnudo en mi propia casa mientras yo me masturbaba observando la situación. Él, como es lógico, aceptó sin ni tan siquiera rechistar.

Así que ahí estábamos los dos: él completamente en pelotas y a la vista de todo el mundo, y yo dentro de casa y haciéndome un dedo por el morbo de la escena que estaba viendo. Oí algunos comentarios desde la calle, imagino que de gente sorprendida por ver a un tío desnudo saliendo al balcón. Aquello ya sí que me puso como una moto, y cuando me cansé de masturbarme yo sola, obligué a aquel muchacho a entrar de nuevo y a comerme el coño de lleno.

Yo no hacía más que insultarle y ridiculizarle, forzándole al mismo tiempo a que me satisficiera ahí abajo con toda la dedicación posible. De vez en cuando me daba por escupirle, mientras él se tragaba mi saliva y seguía comiéndome el coño sin parar. No había nada más placentero en este mundo que sentirme poderosa, pudiendo así manejar a aquel juguete sexual llamado hombre como me viniera en gana.

Después de una buena sesión de sexo oral,le dije a mi esclavo que tenía guardada una sorpresita para él. No contenta con ser dos personas en aquella escena sexual, le dije que dentro de unos minutos llegaría otro de mis esclavos para que, juntos los dos, pudieran dedicarse por entero a mí. Su cara era como un libro abierto, notándose que se había puesto a cien con lo que le acababa de decir.

Yo estaba en una nube, ya que no siempre era fácil encontrar una pareja sexual a mi nivel. Pero en esta ocasión, la cosa pintaba mejor que nunca.

En cuanto le dije a mi esclavo que le tenía preparada una sorpresita, su cara de satisfacción se hizo evidente al momento. Se le veía ansioso y expectante por la novedad que estaba a punto de experimentar. En ese mismo momento, sonó el timbre de mi piso, por lo que até a mi esclavo número uno a la pata de mi cama y me acerqué a abrir a mi esclavo número dos.

En efecto, tenía preparado un encuentro con dos esclavos para que ambos me obedecieran en todas mis órdenes. Estaba extasiada con solo pensar en la idea. Rápidamente, mi esclavo número dos llegó hasta mi casa y, tras cerrar la puerta, nos entregamos a un juego de roles y sumisión tremendamente apasionante…

Nada más llegar, obligué a que el esclavo número uno le comiera la polla al esclavo número dos. Ellos no eran gays, pero me moría de ganas de verles en acción y haciendo algo que no les terminaba de agradar. Yo no paraba de insultarles y de azotarles con mi látigo, exigiéndoles más velocidad en la mamada.

Cada vez que me miraban, les obligaba con un grito que apartasen la mirada y se fijaran el uno en el otro. Yo, por mi parte, no podía parar de tocarme el coño y masturbarme sin control alguno. Mi coñito estaba totalmente húmedo ante tal excitación, por lo que me fue tremendamente sencillo meterme un dedo y excitar mi clítoris hasta sentir más de un orgasmo repentino.

Ahora que ya había tenido suficiente espectáculo para la vista, decidí que era el momento de saltar a la acción y formar parte yo misma de la situación sexual. De modo que obligué al esclavo número uno a que me follara el coño mientras el esclavo número dos me follaba la boca. Podía sentir a aquellos dos hombres penetrándome sin parar, ofreciéndome placer por partida doble y de un modo morboso a más no poder.

Una auténtica delicia sólo apta para aquellas personas que disfruten de este tipo de juegos sexuales.
Yo no podía disimular mis gemidos de placer mientras daba instrucciones muy precisas a aquellos dos esclavos para que me follaran como es debido. Cuando quería que prestaran un poco de atención a mis tetas y juguetearan con mis pezones, una simple orden directa y seca era suficiente para que me satisficieran por completo.

Tanto es así que encadené un orgasmo detrás de otro. Yo siempre había sido una mujer multiorgásmica, pero lo de aquel día estaba suponiendo todo un récord en mi vida sexual. Les ordené que se corrieran dentro de mí para sentirme inundada por toda su leche espesa y caliente. Sólo con mis palabras, ambos explotaron al mismo tiempo, haciendo realidad mi fantasía erótica más secreta y excitante. Yo también les acompañé con un último orgasmo que me hizo estremecer de la cabeza a los pies.

Sin duda, aquellos dos esclavos se habían comportado muy bien y me habían obedecido en todo lo que les decía, por lo que la recompensa había sido tremendamente placentera para los tres.


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El transporte público no está tan mal

El transporte público no está tan mal

Cuando acepté el trabajo en la otra punta de Paris, pensé que sería cómodo ir con la moto, pues las combinaciones del metro eran imposibles. No entraba en mis planes que se me estropease en la primera semana y que tuviese que coger el autobús.
Esta mañana, he esperado en la parada junto a otros tantos pobres que tenemos que madrugar mientras el resto duerme.

Odio las esperas y la aglomeración de gente que supone el transporte público.
El autobús llega con retraso, otro punto negativo más a la lista de cosas molestas que añadir al día, y apenas había empezado. Para seguir, está tan lleno que apenas cabemos de pie. Pronto me veo pegado a una de las ventanas, intentando mantener el equilibrio, agarrado a la barra que casi se me clava en el pecho. No llegaré a la oficina con la camisa sin arrugar.

Fuera, en la calle, hacía frío. En el bus, el abrigo empezaba a sobrarme.

—Disculpa —dice el chico que se pegó a mi espalda cuando el autobús trastabilla, al pasar por un bache en la carretera.
—No te preocupes —le respondí, mirándolo por encima del hombro.

Llevaba la gabardina abierta y trataba en vano de abrirse un poco la bufanda para poder respirar, aunque el calor ya había coloreado sus mejillas. Le sonreí y él me devolvió la sonrisa, achinando sus bonitos ojos azules. Después, volví a dirigir mi mirada a la calle.

Espero no llegar tarde, no controlo los horarios.

El autobús volvió a temblar y el desconocido se pegó un poco más a mí. Podía sentir su cuerpo en mi espalda y cómo su abdomen se hinchaba levemente con cada respiración. Sus manos se movían detrás, mientras intentaba hacer un hueco en su gabardina. Supongo que para alcanzar el móvil, pero en lugar de ello noté que la dejó a la altura de mi cadera, rozando levemente mi culo cuando mi cuerpo se movió con el vaivén del bus.

La temperatura dentro parecía haber subido un par de grados de repente.
Miré por encima del hombro y nuestras miradas volvieron a cruzarse en silencio. Con disimulo, cogí la cartera del bolsillo delantero y la guardé en el trasero, rozando mi mano con la suya, con su cuerpo. Y después, la dejé ahí colgada del bolsillo posterior, agarrada solo por el pulgar.

Él pegó su cuerpo al mío y sentí cómo se re colocaba
levemente hasta que su entrepierna coincidió con la o quedad de mi mano. Con la vista puesta en la carretera, la moví y palpé su cremallera, el calor que emanaba su piel bajo la ropa. Su gabardina nos cubría cuando apreté su paquete con suavidad, sintiendo el perfil de una incipiente erección y la suavidad de sus testículos.

Su mano izquierda, que tenía pegada a la pared y que nadie podía ver en el atestado autobús, ahora se deslizaba por mi culo y mi cintura hasta llegar al borde de mis caderas. Con un leve movimiento, me atrajo ligeramente hacia él y yo obedecí.

Retiré mi mano y dejé que pegara mi culo a su cuerpo. Su erección palpitaba contra mi cuerpo, pero él no se detuvo y aventuró su mano entre mis piernas y me acariciaba por encima del pantalón.

Alguien tosió en la distancia, totalmente ajeno a nuestros juegos, a nuestros roces furtivos. Me moría de ganas de girarme, de atraerlo hacia mí y tenerlo entre mis piernas, con sus labios entre los míos. Aquí mismo, delante de todos, sin que nadie se diera cuenta.

Intentando que no se me notara en absoluto las ganas de sexo, moví mi culo pegado a su cuerpo y casi pude escucharle contener un gemido.

El autobús se detuvo en la siguiente parada y el contacto con su cuerpo desapareció. Me giré con disimulo y nuestras miradas se cruzaron una vez más; él más colorado que antes, con la misma sonrisa y sus ojos azules que me lanzaron un guiño de despedida.

Ya no echo en falta la moto. El transporte público no está tan mal, después de todo.

Era bipolar, pero ella fue el amor de mi vida

Era bipolar, pero ella fue el amor de mi vida

Tenía veinte años cuando conocí a Daniela, en esos días estaba intentando saber que haría con mi vida y nos cruzamos en una carrera universitaria que ninguna de las dos terminaría, fue un año, apenas un año.

Daniela venía de una familia muy acaudalada, tenía mucho dinero y era un bicho raro en ese ámbito, todos los que estábamos en esa universidad pública éramos personas de clase media, media baja, quienes no podíamos pagar una cuota para poder estudiar, por eso su presencia era rara, siempre las chicas como Daniela iban a universidades privadas.

Pero ella era una chica simple, normal, sin presumir por su posición económica y se hizo normal que la juzgaran por eso de forma injusta, ya que ella jamás había hecho alarde de su situación.

Primero fuimos compañeras, luego amigas y en esos días nos hicimos confidentes e inseparables.

Era muy bonita a mis ojos, de estatura media, largos cabellos castaños que ella aclaraba en peluquería, ojos negros, de esos que miran profundo, con unas cejas muy marcadas, de rostro alargado y una boca amplia que lucía siempre sonriente por la cual escapaban sus blancos y relucientes dientes, tenía una nariz perfecta y preciosa, aunque nunca me negó que se hubiera hecho una cirugía estética sobre la misma.

Un cuerpecito muy armónico, tirando a delgada, con pechos pequeños y una culo bastante llamativo, pero lo que más me llamaba la atención era el diámetro de su cintura, envidiablemente pequeña, entallada, y los huesos delanteros de sus caderas marcándose llamativamente, resaltando el plano de su vientre.

Claro, ella me miraba con ojos de amiga, pero yo la miraba con ojos de mujer. Si, nunca lo había ocultado, a mí me gustaban las chicas, siempre había sido así y eso no cambiaría, a pesar de que yo fuera muy femenina, muy señorita, pero definitivamente los hombres no eran lo mío.

Y en esos días yo la amé en silencio, tenía un profundo sentimiento hacia ella, y si bien nunca se lo había dicho en la cara, ella lo adivinaba, porque era muy obvio la forma en que yo la miraba.

Pero Daniela miraba a los chicos de la misma manera en la que yo la miraba a ella, y muchas veces naufragaba en mis propios fracasos, en mis propias decepciones.

Una noche de primavera habíamos ido a bailar, fuimos varias chicas, ocho en total, amigas, y si bien todas iban a buscar chicos, yo solo iba a divertirme, a escuchar música y a pasar el rato.

Ella estaba preciosa, con una falda negra muy cortita, casi casi enseñando el culo y un top también negro que le quedaba pintado, con su cinturita de avispa desnuda, muy típico de veinteañeras, ella calentaba la noche con su presencia.

Yo en cambio tenía unos pantalones rosa chicle, y una remerita negra de hombros caídos, cortita a la cintura, porque como dije, era muy femenina y tenía un lindo culo del que presumir, me gustaba sentirme observada, es la verdad.

A media noche, Daniela estaba aburrida, y honestamente yo también, la atmósfera se mostraba densa y la música que ponían en el local era horrible, decidimos volvernos antes de terminar, nos despedimos de las otras chicas.

Caminamos juntas por la acera, eran cerca de las cuatro de la mañana, hacía calor en la calle y no había casi nadie a esa hora, hablamos, reímos, recordamos tonterías y me sentí muy bien a su lado, tal vez un poco por las copas que había tomado me envalentonaban, llegamos a una enorme plaza que nos quedaba de paso, le propuse cruzarla en diagonal para acortar camino y así nos perdimos entre el verde follaje florecido de primavera, las luces amarillentas y gastadas de lugar y el silencio profundo de la noche que parecía cortarse con un cuchillo.

Para mi fortuna, al pasar bajo un enorme árbol de grueso tronco ella pareció pisar en falso con sus finos tacones y doblarse un pie, por lo que instintivamente, maldiciendo se recostó sobre ese árbol

Fue instinto, me abalancé sobre ella y la besé muy profundo en la boca, ella, me apartó sorprendida y me dijo…

— Laura, para… que haces? te has vuelto loca?

Pero yo volví a hacerlo una vez más, arrinconándola contra el árbol, la besé, la besé, y sentí como se deshacía en mi boca, me separó nuevamente ahora con menos fuerza, y volvió a increparme, ahora con tono de súplica…

— Por favor Laura… esto no está bien…

Lo vi en sus ojos, estaba perdida, volví a besarla nuevamente, y esta vez la abracé con fuerza, esta vez no pudo resistir mis besos y solo la hice mía como tantas veces había fantaseado hacerla, le besé el cuello, sentí su respiración agitada, y en la penumbra del lugar levanté su top para lamerle las tetas, entre los pliegues de su sostén, buscando sus pezones en forma de pecado, ella jadeaba con sus ojos entrecerrados, sus brazos descansaban en mis hombros y sus manos acariciaban mis cabellos.

Sentí que tenía el control, no me costó nada colar mi mano bajo su corta falda y hacer a un lado su tanga para llegar a su coño empapado, empecé a refregársela suavemente, enterrándole dos dedos en su vagina, sin dejar de besar sus pezones, su cuello… sus labios.

La sentí venir, ella no podía retener los jadeos a pesar de tener sus labios apretados y parecía deshacerse en mis brazos, aceleré el ritmo, la besé profundo y acallé sus gritos y explotó en el orgasmo más hermoso que pudiera regalarme.

Con la respiración entrecortada y esquivándome la mirada por la vergüenza de lo que había sucedido, empezó a acomodarse sus prendas, mientras yo comprobaba que el frente de mi pantalón estaba empapado por la excitación que tenía, me sentí fatal, porque la mancha era demasiado grande y notoria, incluso mis fosas nasales se llenaban con el aroma de mi propio olor a mujer.

Solo caminamos en silencio el resto del camino, se había terminado la jarana, las risas y las charlas.

Al día siguiente ella fue clara conmigo, me dijo todo lo que sabía que me diría…, que le había encantado, que lo había disfrutado, pero que era un error, a ella le gustaban los chicos y solo podía ofrecerme su amistad.

Sonreí, ya sabía de esas palabras y le dije que estaba bien, que solo me dejara ser su amiga, y que me permitiera amarla en silencio. Daniela me contestó que estaba todo bien entre nosotras, pero que no quería darme ilusiones a algo que no sería posible, algo que nunca sería correspondido.

Nuestros caminos se separaron en poco tiempo, cuando nos dimos cuenta que estábamos en carreras equivocadas, ella se fue por el lado del arte, y yo por la medicina, nos escribimos algún tiempo hasta que perdimos el contacto entre nosotras, y seguí adelante.

Seguí mi vida, mi camino, Daniela se transformó en un bonito recuerdo, conocí otras chicas, formé alguna que otra pareja, con alguna me fue bien, con otras no tanto. Estudié, me recibí de médica clínica primero y en obstetra después, abracé mi profesión con mucho amor y traer nueva vida al mundo me pareció el mejor empleo que pudiera tener, el mas maravilloso.

Me cansé de cortar cordones umbilicales, de ver padres felices, y mi consultorio poco a poco se fue llenando de fotografías con rostros, porque cada rostro era único y el ambiente era muy confortable.

Pasaban los días sin sobresaltos, uno tras otro, hasta que esa tarde, al repasar la lista de pacientes que tendría, como siempre hacía, el nombre de Daniela llamó mi atención… sería ella? no se cuantas ‘Daniela…habría en mi ciudad, pero la situación me causó mucha ansiedad, le pregunté a mi secretaria pero ella no tenía mas información.

Esperé con sigila y cada vez que abría la puerta para llamar al siguiente paciente, trataba de reconocerla en la sala, falló a la primera, y a la segunda, pero la tercera vez no tuve inconvenientes en verla, estaba tan bonita como la recordaba, con un conjunto de falda y trajecito en gris oscuro, con el cabello un tanto mas corto y mas rubio, ella ojeaba una revista pero miró de repente al oír abrirse la puerta, nuestras miradas se cruzaron y la magia se hizo, lo sentí en esa sonrisa que nos regalamos.

No es bueno lo que hice, solo me despache tan pronto como pude a los pacientes que estaban antes que ella, casi sin escucharlos, faltando a mi juramento hipocrático, pero el reencuentro valía la pena

Cuando llegó su turno nos sentamos frente a frente, como doctora y paciente, y hablamos de todo un poco, estaba más hermosa de lo que la recordaba, le dije de mis desventuras con las chicas, a ella no le iba mejor con los hombres, es más, estaba desencantada, primero un idiota la había dejado cinco días antes de casarse, con todo organizado, solo se fue con otra, y después, el cobarde que la había embarazado, estaba de dos meses y cuando vio mi nombre en la larga lista de obstetras no dudó en contactarme, aunque tampoco estaba segura de que yo era su vieja amiga de años atrás.

En poco tiempo me resumió un poco de su vida, sería madre soltera, se había licenciado en Bellas Artes y hacia exposiciones donde vendía sus cuadros. Vivía en un lujoso country, de esos para gente de dinero, donde yo no hubiera podido vivir.

La revise como toda una profesional, olvidándome del pasado, vi su sexo desnudo y me mantuve imperturbable.

Me visitó poco después con los resultados, y otra vez, y una vez mas, teníamos mucho de que hablar y el consultorio no era el mejor lugar, me invitó a cenar, como amigas, y fuimos a un restaurante en la zona céntrica de la ciudad.

Cenamos bien y bebimos varias copas, ella ya lucía una hermosa pancita que evidenciaba su embarazo, pero estaba sexi, como siempre, y en esa conversación tan íntima se hicieron evidentes muchas cosas, su rechazo consumado al sexo masculino, y que me sentía muy bien con ella, y ella conmigo.

Solo se dio, terminamos en mi casa para seguir charlando, pero volví a besarla como esa noche contra el árbol, solo que ella esta vez no se resistió, besé su cuello, besé sus pechos, besé su pancita, la fui desnudando, se fue entregando, me perdí entre sus piernas… no podía creerlo, al fin le estaba dando sexo oral a la persona que siempre había querido, su coño estaba hermoso, y era loco, ahora no la veía como paciente, ahora la veía como amante

Le comí todo el clítoris, los labios, su hueco, su pubis y hasta su esfínter, le besé las piernas, el vientre, los pechos y solo me detuve cuando sentí que le había arrancado un enorme orgasmo, lo había conseguido, al fin lo había conseguido.

Me recosté a su lado, la besé en la boca, entonces me dijo…

— Laura, sácate la ropa, es mi turno…
— No, no, no tienes porque hacerlo – respondí asumiendo que lo haría solo por devolver gentilezas –
— De veras, necesito saber que se siente…

Sus ojos me hablaron de deseo, me paré a su lado, deje caer una a una mis prendas, me vio completamente desnuda por primera vez, me dio una nalgada y dijo…

— Pero que obstetra mas hermosa que tengo!

La besé en la boca acariciando mis pechos con los suyos, sus tibios pezones rozaban los míos y se sentía muy bien, muy caliente, su lengua sabía a pecado y fui yo misma quien llevó las tetas a su boca, me las chupo muy rico, dulcemente, mordisqueando los pezones, ella estaba sentada y yo casi sobre ella, llevó una mano por mi frente y empezó a masturbarme metiendo un par de dedos en mi vagina, su otra mano la llevó por detrás, y al mismo tiempo me encajaba un dedito en el culito y fue todo muy perfecto, me dejé ir, solo fue mi turno de llegar.

Volví a besarla, estaba agitada y mi respiración no cabía en su boca, bajé un poco, para que nuestros pechos volvieran a acariciarse entre si, con cuidado por su pancita cruce mis piernas con la suyas para refregar nuestros sexos, muy caliente, donde nuestras lenguas se entrelazaban, donde nuestros pezones se fundían en uno, donde nuestros jugos hacían una laguna única, donde nuestros bellos púbicos es entrelazaban entre si como caprichosas enredaderas, donde nuestros botoncitos eróticos explotaron al unísono mientras nos sosteníamos por las manos con nuestros dedos entrecruzados, como un pacto de amor que no estaba escrito

Nos transformamos en amigas, paciente, doctora, y de esa primera vez siguieron varias, alguna de las dos dijo ‘te amo’, y alguna vez me propuso que fuera a vivir con ella, al country, bajo el mismo techo

Fuimos pareja, me enamoré de ella, y todo fue perfecto acompañándola en el crecimiento de su pancita, en una tarea de pareja, de amor, de compartir momentos, de hacernos el amor.

A veces me esperaba de mi trabajo con una rica cena, a veces ella estaba pintando una de sus obras y era mi turno de cocinar, cuando podía la acompañaba a sus exposiciones y nuestras familias en este mundo moderno no se opusieron a un amor de mujer a mujer.

Para mi era todo muy confuso, había traído a muchos bebes al mundo, pero la llegada de Amparo, ese sería su nombre, suponía un compromiso especial, no se, yo sería yo la primera en recibirla, en tocarla, y como Daniela decía, yo también sería su mamá, y verdaderamente jamás me había imaginado estar en esa situación, y si, me hice a la idea, estaba esperando a mi propia hija

Daniela tuvo uno de los partos más rápidos y simples de los que yo recuerde, y puse a Amparo a mi cuidado personal hasta que pude reposarla en su pecho, la mocosita lloraba con mucha fuerza, tenía unos buenos pulmones.

Pero sin imaginarlo, pronto comenzarían los cambios…

Empecé a conocer a otra Daniela, y un poco entender el motivo por el cual había fracasado con varios hombres, la llegada de Amparo significó para ella un botín de lucha, propio de una persona insegura, como que necesitaba reafirmar en cada momento que ella era la madre y yo solo su pareja, con algún temor velado y oculto de que en un futuro cercano la pequeña me prefiriera a mi sobre ella.

Empezaron las discusiones por tonterías, cualquier tema era motivo para iniciar una batalla campal y mi convivencia con ella se transformó en una auténtica montaña rusa, era estar abajo, o estar arriba

A veces Daniela era el paraíso, a veces era el infierno, me echaba de su country para que volviera a mi apartamento, y al mismo tiempo me llamaba para que volviera a su lado, no podíamos estar juntas, nos odiábamos en esos momentos, pero tampoco podíamos estar separadas, nos amábamos demasiado.

Y así estábamos, pasaba algunas semanas sola, y otras con ella, y eran mis días mas felices, porque la amaba y veía a mi dulce Amparo crecer y dar sus primeros pasos, pero a veces, la convivencia con ella era solo insoportable y solo el amor tan grande que tenía por ella hacía posible que estuviera a su lado.

Daniela vivía con una alta carga emocional, un estrés galopante por fantasmas e inseguridades que ella misma creaba.

Empezaron a evidenciarse algunos problemas de salud, sufría de algunos calambres nocturnos en su pierna y en su brazo derecho, alguna vez se encorvaba acusando un fuerte dolor pasajero en el vientre.

Ella lo tomaba a broma, y yo también en un punto sabía que era mas loca que una cabra, y supuse juegos de manipulación para tenerme a su lado, porque generalmente sus síntomas aparecían en los días en los cuales estábamos distanciadas.

Visitó a algunos doctores, con diagnósticos dispares, agotamiento, tensión, stress, le recomendaron ejercicios, terapias alternativas, medicación, y fueron momentos de tratar de re acomodar las piezas sobre el tablero, si ella no arreglaba su cabeza, el cuerpo le seguiría cobrando intereses.

Me preocupé en serio una tarde de otoño, estábamos en una plaza las tres, Amparo jugaba a la distancia en un pequeño arenero, Daniela empezó a toser suavemente, luego con mas insistencia, se llevó su pañuelo a la boca y fue la primera vez que la vi escupir sangre.

Le dije que viera urgente a un médico, que estaba preocupada, y me dijo que no era nada, aunque hacía un tiempo que me venía ocultando también algunas molestas líneas de temperatura, lo que parecía ser un proceso gripal de los primeros fríos que estaban llegando.

La obligué a consultar a un médico, me dijo que no, volvimos a discutir, muy fuerte, y le dije que ya no quería volver a verla

Nos separamos, odiaba su terquedad, y no entendía porque me discutía, yo era médica y algo mas que ella sabía, era como si yo le discutiera a ella por una obra de Rembrandt

Pasaron dos meses sin saber de ella, y ya estaba en la cama por ir a dormir una siesta después del almuerzo cuando volvió a llamarme, atendí de mala gana cuando vi su número, y en verdad solo lo hice para tener noticias de Amparo, la extrañaba demasiado.
Ella tenia la voz apagada, se mostraba angustiada, dijo…

— Fui a ver algunos doctores, por darte el gusto más que nada, me mandaron a hacer mas estudios, y otros, y otros, no quise molestarte porque sabes como soy…

Hizo una pausa prolongada…

—Tengo cáncer

Fue un golpe durísimo a la mandíbula, una no está preparada para recibir estas noticias, y en mi carrera de doctora había visto muchas cosas tristes y dolorosas, pero esto me tocaba directamente al corazón.

Me levanté de la cama, me cambié y fui a su casa, necesitaba hablar con ella, que me contara.

Nos sentamos lado a lado en un par de sillas, al lado de la piscina, mientras la pequeña Amparo correteaba de un lado a otro, desentendida de la realidad, con risas inocentes y cara de ángel

Daniela estaba extrañamente tranquila mientras yo me había comido todas las uñas, meneaba en su mano una copa de vino que había servido, me contó una parte de la historia, y la otra la averigüe luego por mis medios, tenía muchos médicos conocidos y hable con los mejores oncólogos que podía conseguir

Ella tenía una extraña afección, un tipo de cáncer raro, muy peculiar, muy agresivo, estaba alojado en el duodeno y había que operar en forma urgente, respiré resignada cuando me enteré que tenía dos años de vida, y el mejor de los pronósticos decía que podía llegar a cinco.

Daniela se tomó la situación de la forma más valiente que podría tomarla, de una forma que yo no hubiera tenido el valor para hacerlo, le plantó cara a la enfermedad y aseguró que pelearía con todas sus fuerzas, y que ningún maldito cáncer le arrebataría el anhelo de ver crecer a sus hija

La operación se hizo tan pronto como fue posible, Amparo se quedó a cuidado de los abuelos y yo prácticamente me interné con ella. Las noticias no fueron del todo buenas, el tumor era mucho mas grande de lo que habían podido observar, se pudo extirpar en su totalidad, pero las biopsias posteriores demostrarían su malignidad.

Ella empezó a recuperarse, yo no me moví de su lado y mis propios colegas me aconsejaron tomar un descanso, no podía vivir postrada junto a su cama en el sanatorio, incluso temieron por mi salud mental. Pero si había un momento para demostrarle mi amor, justo ese era el momento
Y me animo a decir, que a partir de esa situación nos amamos como nunca nos habíamos amado.

No tardaron en llegar malas nuevas, después de varios estudios descubrieron células malignas ya avanzadas en los pulmones, también en los riñones, la metástasis hacía su trabajo y pronto varios órganos más estuvieron comprometidos, llegó la hora de la quimioterapia y y los rayos.

La acompañé a cada sesión, a cada maldita sesión, y toda esa mierda que la iba consumiendo en vida, a pesar que ella seguía con su fuerza inquebrantable y proyectaba nuevas exhibiciones de sus obras, pero la realidad se palpaba con solo mirarla, estaba delgada en extremo, pálida, y había perdido todos los cabellos, recuerdo que le compré una peluca rubia, larga, como a ella le gustaba, y si no la mataba la enfermedad lo haría el remedio

Y en algún momento habló de algo que yo no quería hablar, Amparo, necesitaría una madre, y yo sería la mejor madre que ella pudiera tener, fue un momento horrible, porque así no debían ser las cosas, pero ella insistió en firmar papeles de adopción en vida, para cuando ella no estuviera, una situación complicada, pero que se solucionaba con contactos y dinero. Me sentí bendita por su decisión, pero firmé los papeles con la vista nublada en lágrimas

Hubo un alto el fuego, en esos continuos estudios, el cáncer pareció entrar en remisión, todos sus indicadores empezaron a mejorar, recuperó el color y un viento nuevo pareció pasar por su rostro, Daniela se mostraba contenta, perceptiva de la evolución, con ánimo, con alegría y la anime a mas.

Pero yo hablaba a sus espaldas con los médicos, todo era un espejismo, que este tipo de cáncer entrara en remisión no era buena señal, por el contrario, se estaba preparando para el asalto final, también me confiaron que habían encontrado más células malignas, ahora en su cerebro.

Como fuera, creo que vivimos en esos últimos días lo mejor de nuestro amor, sincero, puro, a corazón abierto, y yo solo hice todo lo que ella quiso hacer, a veces eran solo besos, caricias, compañías, a veces sacaba lo mejor de ella y un buen sexo oral era como un buen vino, se saboreaba, se disfrutaba, se bebía sorbo a sorbo

Esa mañana de mayo, había salido a hacer unos trámites, hacía muchos papeleos de autorizaciones de estudios y todas esas cosas que las obras sociales ponen peros, a pesar de que su familia era acaudalada y a pesar que yo misma tenía muchos contactos e influencias…

Su llamada a las diez de la mañana me tomó por sorpresa, me dijo que no sabía cuanto tiempo le quedaba, que últimamente se estaba sintiendo mal nuevamente y cuando quise interrumpirla me dijo que callara y escuchara lo que tenía por preguntarme…

— Quieres casarte conmigo?

Me quedé muda, no esperaba ese pedido, y el si enorme se me atragantó en mi propia emoción, no pude llegar a responderle, puesto que ella me dijo de hablar a mi regreso

Fue la mejor propuesta de mi vida, y en las siguientes dos horas que me pasé haciendo trámites, solo tenía una loca idea, llegar a casa, besarla, decirle que si y hacerle el amor

Pero otra llamada me traería a la realidad, ahora era su madre, estaba preocupada porque había recibido un llamado de su hija, con un molesto dolor de cabeza y solo había cortado la comunicación, estaba preocupada, y quería saber si yo acaso sabía algo

Cuando llegué al sanatorio Daniela se debatía entre la vida y la muerte, estaba en cirugía, una hemorragia cerebral la alejaba de este mundo, no me permitieron pasar, aunque yo fuera doctora, aunque fuera mi amor, tuve que aguardar afuera.

Los médicos no daban crédito a su resistencia, la gravedad de la lesión la había dejado completamente postrada, casi un vegetal, su cabeza estaba vendada por completo, apenas movía los ojos y solo eso hacía, me seguía con la mirada donde quiera que yo fuera.

Me partía el alma verla así, me pasaba horas haciéndole masajes en sus pies, no sabía si ella los sentía, pero podía verme, y eso era suficiente, cada tanto, las lágrimas rodaban por sus ojos, ella estaba lúcida, conciente, atrapada en ese cuerpo moribundo y si bien nunca fui creyente rece por un poco de piedad para que esa agonía se terminara.

Los médicos seguían haciendo mas estudios, con un poco de suerte apostaban a unos cinco meses de rehabilitación para que ella pudiera volver a hablar… era demasiado

Poco después Daniela tuvo un segundo ataque cerebral, empezó a convulsionar y ya, todo terminó…

A veces, entre paciente y paciente tomo un receso, lo necesito, me preparo un te caliente y me paro frente a la ventana del consultorio, la que da al exterior, veo las siluetas de las personas enfrascadas en sus actividades diarias, lejos de toda mi historia y es cierto que cada persona es un mundo

Luego me siento, en mi silla de doctora, de obstetra, miro la fotografía sobre el escritorio, Amparo, mi hija, crece muy rápido, demasiado, ella me llama ‘mamá’ y mientras yo trabajo ella se queda al cuidado de sus abuelos, los padres de Daniela, a veces les hago una llamada para saber que todo está bien y nos llevamos como una gran familia, ella se lo merecía.

Después miro la otra foto, la suya, se la ve feliz, fue una de las últimas que le tomé, cuando tenía peluca, la extraño demasiado, apenas pude disfrutarla ocho meses desde ese día que me confesó su agonía.

Como fuera, con altos y bajos, con idas y vueltas, en mi corazón vive el amor de mi vida

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Mis deseos se cumplieron en aquel Almacen

Mis deseos se cumplieron en aquel Almacen

Era un día más, uno de tantos de esos que a las 9:30h. acudía a tomar algo a aquel bar…

Guapo como siempre allí estaba el, detrás de aquella barra llena de gente, rubio, con su pelo recortado, ojos azules y una sonrisa angelical dedicada a mi después de que yo, como todos los días, le brindara un BUENOS DIAS CIELO.

Me senté en la mesa de costumbre, se me acercó y antes de que llegara a servirme lo de siempre, percibí su fragancia suave y cálida, mmmmm que bien olía, me llenaba de sensaciones y ganas de cogerlo y agarrarme a el…..

Le regalé algunos de esos piropos que tanto le gustaban y que tanto le hacían reír, sin llegar nunca a más, pero ese día era diferente…, lo note en el ambiente, su mirada había cambiado, llena de deseo y de morbo hacia mi.

No lo podía resistir, lo había soñado mucho tiempo, tenía que hacer algo, me dirigí al servicio y entre la puerta de los hombres y de las mujeres estaba el almacén, había visto que él había ido hacia allí, y con un guiño y esa mirada picarona me llevo a el…

Entre y cerré la puerta, él estaba de espaldas a mi y giro la cabeza, le pase la mano por su espalda musculada rodeándole por su abdomen fibroso para después bajar la mano hasta el inicio de su polla, la cual estaba bien grande y gorda ya…él se giró y me empezó a besar de manera muy apasionada, agarrándome del culo y besándome el cuello con gran intensidad.

Yo estaba muy muy mojada y el metió la mano y noto lo excitada que estaba y me empezó a desnudarme lentamente. Sus besos sabían dulces y cuanto más me besaba y me tocaba más me excitaba y más ganas tenía de que me metiera su polla en mi coño.

Cuanto me tocaba y notaba lo mojada que estaba, más se excitaba el hasta que ya no puedo aguantar más y me sentó sobre unas cajas de cerveza, le quite suavemente los pantalones, la camisa blanca, y un fino bóxer negro.


Deslice mi mano por su polla y él enseguida se agachó y empezó a comerme el coño, mmmm con una maestría de su lengua, como gemía diosssssss que sensación aquella, ….

Se dejó llevar un buen rato en mi caliente y húmedo coño, delicioso y bien lubricado, cachondo y caliente, se fundía en gemidos constantes de placer, le agarre la cabeza fuertemente y eso me excitaba mas todavía uffffffff

Me levante, me puse de espaldas semi agachada, y me metió su gran polla larga y gorda, me rozaba el clítoris en cada sacudida, y yo envuelta en aquel Morbo, lo que tanto había soñado, sin poder contenerme estallé en un fuerte orgasmo. Pero el continuaba, no paraba de penetrarme a un ritmo frenético. Mi calentón no había calmado y con ese mete saca, mi vagina era un río, no pude soportarlo más y estallé de nuevo, conteniendo el sonido de mis jadeos, el al oírme, se corrió a la vez que yo, me llenó de leche. Wow… QUE CALIENTE POR DIOS!!! PUFFFFFF. Fue tremendo.

A día de hoy no se si alguien me oiría gritar tanto como lo hice aquel día, tan fuerte como las perras. Allí quedó lo que mas deseábamos, se hizo realidad, y además supero a lo que siempre había soñado…
MMMM ME ALEGRO TANTO EL DIA………


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Un calentón en el bus

Un calentón en el bus

Me llamo Azul, y tengo veinte años. Un día venía de hacer unos mandados bastante lejos de mi casa, así que tuve que coger un bus que iba en dirección a mi casa, este tarda mínimo una hora y media en llegar.


Cuando me subí, me senté en la parte de atrás en un asiento doble, justo donde subí habiendo asientos vacíos, un hombre como de unos 35 años se sentó junto a mi. Yo llevaba una mochila en mis piernas que cubría muy bien. Noté algo raro a decir verdad porque el se puso la mochila entre las piernas y la cubrió con una chaqueta muy grande pero no le di importancia, yo iba muy cansada así que me dormí un momento., cuando de repente comencé a sentir como si me tocaran la pierna…

Entonces abrí un ojo un poco y vi que tenía su mano sobre mi muslo y lo sobaba suave y lento, como con miedo, decidí ignorarlo porque me estaba gustando…

Con sus caricias empecé a mojarme un poquito, así que decidí dar el siguiente pasó, aún con los ojos cerrados comencé a acercar mi pierna más hacia su mano para invitarle a que me tocará con confianza.

Y vaya que el deseaba que así fuera porque en cuanto le di entrada comenzó a tocar más y más mi pierna con su mano… Tenía una mano muy tosca pero deliciosa…

Ya estaba un poco mas excitada y me acerque más aprovechando que tapaba con su chaqueta, así que el puso su mano en mi coño… Ese día yo llevaba jeans así que se complicaba un poco el asunto, pero el fue a sobar mi coño fuertemente, y yo lo estaba disfrutando de verdad, así que de manera un poco disimulada metí ambas manos abajo de mi mochila y desabotoné mis jeans y baje un poco mis braguitas…

El al ver eso, inmediatamente como un animal atacó mi vagina, primero tocó mi clítoris con un solo dedo, era muy grueso y comencé a mojarme mucho, después tocó con dos… Uffff yo me sentía en el cielo! Así que lo dejé que disfrutará moviendo mi clítoris muy duro…

Me di cuenta que estaba dándome mucho calor y contracciones, pero no me quería correr porque sabía que iba a mojar el asiento, así que me contuve, baje mi mano sobre la suya y la toque suave, como pidiéndole que bajara el ritmo…

El accedió y poco a poco comenzó a tocarme más suave, a decir verdad eso me estaba prendiendo mucho más y entonces empuje su mano hacia afuera para que dejara de tocarme…


El accedió sin ningún problema y yo ya super excitada metí mi mano debajo de la chaqueta… Rumbo a su polla que me podía imaginar y WOW con la sorpresa que me lleve, la tenía durísima! Muy muy dura! Y caliente, le estaba reventando la polla literal!

Comencé a frotar sobre su pantalón suave, muy suave y luego apreté un poco su pene… El se abrió el cierre y desabotono el pantalón, así que metí mi mano seguí apretando y aparentando y yo veía que a él le encantaba eso, jajaja así que seguí y seguí porque no encontraba el hueco de su bóxer para tocarle la polla, mmm… cuándo deseaba poder tocar esa carne, me enoje porque no le pude quitar el bóxer y averiguar si estaba peludo! Que por cierto eso me super super excita, entonces pues me conforme con eso y lo solté ya que estaba a unos ocho minutos de llegar a mi parada, pero el volvió a tomar mi mano y la puso en su polla de nuevo y que ricoooo!

Seguía super super super caliente … Me encantaba sentir eso… Llegó el momento de bajarme del bus y solo le dije…

— «hasta luego, gracias»

obvio le agradecí por el rico calentón que me dio el señor, pero me hubiera encantado seguido en el bus e invitarlo a bajar en una calle que yo sé que siempre siempre está vacía… Para que me pudiera mostrar su polla que seguramente estaba deliciosa y así podérsela chupar un rato, o quizá si se hubiera podido lo hubiera dejado meterme los dedos dentro de la vagina… O quizá algo más, como una penetración deliciosa…

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Trace un plan para hacer realidad la fantasía de mi mujer

Tracé un plan para hacer realidad la fantasía de mi mujer

Tengo casi cuarenta. Me dedico a hacer los armados interiores de nuevos complejos habitacionales, techos, paredes, tabiques divisorios, trabajos en yeso, placas, y todas esas cosas de interiorismo.

En general, tengo contratos con algunas empresas constructoras y después de levantadas todas las estructuras de hormigón, me llaman para armar cada habitación.
El trabajo es bueno, y la paga también.

En ocasiones suelo agarrar trabajos de refacción por mi cuenta, de clientes, de conocidos, o por recomendados, no puedo quejarme, no muchos pueden ganarse el sustento haciendo lo que le apasiona.

Mi vida amorosa va sobre rieles, me había levantado después de tropezar dos veces, dos divorcios de ex que me resultaron tóxicas, hasta que el destino me cruzó con Gabriela, una chica que trabajaba en una heladería y todo empezó cuando fui a comprar una tarta helada.

Ella es de mi edad, cuando nos conocimos tenía dos hijos pequeños, un niño y una niña, también era divorciada y su ex había desaparecido olvidándose no solo de ella sino de sus propios hijos.

Por suerte o por desgracia yo no había sido padre en mis anteriores experiencias, así que todo se acomodó para que sintiera a esos pequeños como propios, incluso ellos hoy en día me llaman papá.

Gabriela es simpática, de bonito rostro y marcadas cejas oscuras, de cabellos lacios teñidos de rubio, es una petisa muy rica, de proporciones justas y sexis, es excelente esposa, mejor madre, fiel compañera de viaje. La amo con locura y su amor me es correspondido.

Puedo decir comparando con mis ex y con algunas otras experiencias, que mi esposa es muy buena en la cama, desinhibida y dispuesta a probar todas las locuras que se nos crucen por la cabeza, le gusta prácticamente todo y rara vez se niega a un juego de pareja, el ‘no’ no existe a la hora del sexo y puedo decir que me siento a su lado un hombre pleno, tengo en la cama la mujer que muchos desearían tener.
Vivimos llenos de fantasías, y la espina que siempre me quedaba clavada es que ella era perfecta puertas adentro del dormitorio, pero en su vida diaria, Gabriela es una chica cualquiera, que no llama la atención, no es una provocadora, ni una come hombres, no le interesa, a pesar de que condiciones le sobran.

Ella es una chica tímida y vergonzosa, y todo ese volcán que tiene en su interior en la cama, se congela con solo salir del cuarto.
Siempre le dejé saber que me hubiera gustado que sea por así decirlo, un poquito más puta, pero ese era un rol en que nunca se situaría. Yo lo sabía, las insinuaciones de hacer realidad alguna que otra fantasía la paralizaban, eran donde los ‘no’ afloraban una y otra vez, le salía la chica recatada y poco a poco me di por vencido, Gabriela no sería la mujer para realizar locuras fuera de nuestra cama matrimonial, para ella no había otros hombres, y menos le interesaban las mujeres.

Por otro lado, soy de esos tipos de muchas amistades, odio la soledad, me deprime, así que soy festivo, un tanto payaso en las reuniones, tenemos muchas parejas amigas, del colegio de los pequeños, mías personales, de ella, vecinos, siempre estamos divirtiéndonos.

Los fines de semana tenemos rutina fija, siempre al club, juego al futbol en un torneo interno, los domingos tenemos fecha por la mañana, después una ducha, y a preparar un rico asado para almorzar en familia, las mujeres tienen sus cosas, los chicos se divierten y pasamos tardes de largas charlas, en verano aprovechamos el natatorio y alguna que otra vez nos quedamos hasta altas horas de la madrugada acompañados por alguna guitarra.
Y siempre la pasábamos bien, aunque alguno se divorciara, o discutiera, o se enemistara, siempre había un poco más para dar.

Es cierto, con los muchachos teníamos algunos secretos que no podían llegar a oídos de las chicas, cada tanto, con alguna excusa nos escapábamos e íbamos a hacer locuras, en mi caso, a buscar en prostitutas esa parte que a Gabriela le faltaba y me hubiera encantado que tuviera. Y podría contar tantas cosas, las apuestas que solíamos hacer, parecían locuras de adolescentes.

Y en algún punto de la historia, por dentro comencé a enfadarme con Gabriela, es que no podía ser tan puritana, odiaba eso, y hubiera pagado para que otros se la follaran y la sacaran una poco de esa enfermiza fidelidad que me crispaba los nervios, pero claro, yo no podía hablar con ella de estas cosas a no ser que solo fueran fantasías, y yo sabía cuál era su más perverso y retorcido deseo pero ella nunca lo hubiera llevado a cabo, no podría afrontar verse desnuda ante otro que no fuera yo, ni ver su rostro, ni hacer el amor, la sola idea de que algo fuera real simplemente la paralizaba.

Una noche cenábamos en familia, había una película en la tv pero yo no le daba importancia, distendido en una inocente discusión con los chicos, sin embargo, preste atención al notar como Gabriela se perdía en la historia ajena a lo que pasaba en la mesa, era una película tonta, sin mucho sentido, pero con un erotismo un tanto raro, relaciones de parejas desconocidas, citas a ciegas y cosas por el estilo, esa noche, se me ocurriría la idea, y me reproché a mí mismo que no se me ocurriera antes.

Mi plan era osado, tenía miles de aristas y era muy factible de fallar, tuve que pensar en todos los contras y solucionar uno a uno, y si en definitiva fallaba, bueno, la vida se vive solo una vez…

Esperé la oportunidad, había tomado en esos días la remodelación de una casa que estaba deshabitada, era de un amigo de un amigo de un amigo, un tipo potentado que tenía varias propiedades para ofrecer en alquiler, así que estaba totalmente a mi disposición y sabía que nadie interrumpiría mis planes.

Volví a maldecirme, como no se me había ocurrido antes, estaba todo al alcance de mi mano y no había podido verlo antes, hacer realidad la fantasía de mi mujer, pero claro, todo debía salir perfecto.

Elegí el baño, por ningún motivo en especial, tal vez por sonarme lo mar sucio en esta situación.
Construí unos tabiques divisorios de poco espesor en Durlock, dejando un lugar muy pequeño al frente, ese sería el lugar para mi mujer. Calculé la posición usando mi propio cuerpo como modelo, y entonces hice a prudente distancia varios agujeros de unos cinco centímetros de diámetro.

Armé también una falsa pared donde iría el lavabo, un soporte y un gran espejo de pared, claro, solo yo sabía que ese espejo podía verse desde el otro lado, y ahí estaría mi puesto de observador, yo la vería a ella, pero ella jamás podría verme a mí.

Lo siguiente fue convencer a los muchachos del club, no fue fácil, no fue difícil, solo les conté parte de la verdad, ellos no verían quien estaba al otro lado y lógicamente sintieron desconfianza, pensaron que era una broma, ¿un travesti? un gay? una vieja? un animal? pero yo solo les aseguré que no se arrepentirían.

Todo mi perverso plan se cerraba poco a poco, la única duda era cómo reaccionaría mi mujer, en teoría todo podía fracasar, pero yo tenía el convencimiento que estando en soledad, lejos de ojos indiscretos, Gabriela sería diferente.

Llegamos primero, lo tenía calculado, Gabriela tenía los ojos vendados, era una sorpresa y cayo presa de su confianza hacia mí, le dije que tuviera paciencia, que no tuviera miedo, que todo estaría bien, solo me aseguré que tuviera su móvil consigo, yo lo haría sonar para avisarle cuando podía quitarse la venda, la dejé sentada sobre el inodoro y a pesar de que me bombardeaba a preguntas yo nada dije.

Cerré la puerta con llave y fui a mi ubicación, detrás del espejo, donde podía verla con nitidez, ella parecía paralizada, sentada, con sus manos sobre las faldas, puse música, a alto volumen, sabía que las paredes de Durlock eran demasiado delgadas y tenía que evitar que se oyese de un lado a otro, estarían mis amigos, estaría mi mujer, pero el más leve error terminaría en un desastre.

La llamé y le dije que podía quitarse la venda de sus ojos, que solo esperara, que ya tendría noticias.
Gabriela lo hizo, tomó conciencia de donde estaba y al notar los agujeros en la pared solo empezó a reírse meneando la cabeza, la idea del ‘glory hole’ la calentaba demasiado, era su fantasía, la veía hermosa, pero claro, ella solo veía un espejo, jamás imaginó que yo la observaba y se sintió íntimamente sola.

Ella volvió a llamarme y me dijo que estaba loco, solo le dije que disfrutara lo que había preparado para ella y me di cuenta que mi esposa había asumido que ahí terminaba todo, puesto que empezó a desnudarse y solo comenzó a tocar sus partes íntimas, sin imaginar lo que tendría por delante.

Al fin llegaron los muchachos, que decir, me hervía la sangre, se mostraban jocosos y aun indecisos, pero así eran nuestras apuestas, nuestras locuras, llegaba el momento en el que atravesarían el muro con sus pollas.

Presté atención a mi mujer, la petisa se había desnudado desde la cintura hacia abajo, pero aún estaba perdida en su mundo.

Aspiré profundo, de repente, el pequeño baño se llenó de pollas desconocidas, los ojos de Gabriela se hicieron enormes, y como reacción instintiva se tapó el rostro con ambas manos, con su repentina vergüenza, pero pasados unos minutos bajó la guardia y observó con discreción, y volvió a taparse, pero volvió a mirar, fueros los segundos más tensos donde noté que mi esposa luchaba con sus demonios, como una mujer de su clase debía comportare versus cumplir sus más perversos y oscuros deseos.

Intentó llamarme, pero en ese momento, ‘casualmente’ mi móvil estaba apagado, sonreí por dentro y solo imploré en secreto para que lo hiciera, para que diera el paso, ‘vamos, vamos – rogaba en silencio – muéstrame que no eres una santa, muéstrame que eres tan puta como todas’

Mi petisa al fin se rindió, estaba sola, nadie la veía, o al menos ella pensaba eso, y se sintió liberada de cualquier cuestionamiento social, miraba los penes colgando con deseo, la vi morderse su labio inferior, siempre hacía eso cuando estaba al borde del descontrol y al fin se rindió, fue hacia una de las paredes, acarició con dulzura uno, y otro y pronto comenzaron a ponerse duras, lo vi con nitidez, ella se acercó más aun, su rostro, y acarició sus mejillas con una de las pollas, entonces empezó a chuparla, acariciando otra con cada mano libre.

Lo que había empezado con cierta timidez en pocos minutos se había transformado en un infierno, Gabriela parecía poseída, chupando una, otra, otra, tenía todo para ella y me había asegurado que tuviera tantas pollas disponibles para llevarla al borde de la locura.

Yo me masturbaba en secreto, en mi guarida, donde nadie podía verme, pero yo tenía la mejor vista, mi mujer chupándole la verga a todos mis amigos, uno a uno, y ellos como machos calientes se peleaban y turnaban por los agujeros disponibles, puesto que no había huecos para todos.

Ella estaba en el paraíso, o en el infierno, había levantado su camisa de mangas largas, había bajado su corpiño y se acariciaba los pezones con los glandes desnudos, le encantaba hacer eso, había llevado sus dedos entre sus piernas y se masturbaba con locura, con frenesí, volvió a prenderse de uno y ya no lo soltó, lo masturbó con fuerza, con ritmo, sabía lo que buscaba, la conocía demasiado bien, el flaco Anselmo, al otro lado estaba al límite, y solo se dio, empezó a eyacular, mi mujer, con el ceño fruncido cerró sus labios envolviéndole el glande para degustar hasta la última gota, y no lo largó hasta que ya no quedara nada, y con eso, fue también mi primer orgasmo de los muchos que tendría ese día.

Gabriela ya estaba desesperada, la excitación no la dejaba pensar con coherencia, sus movimientos fueron torpes y buscó entonces su móvil, pensé que volvería a llamarme, pero no, siguió chupando vergas, solo que ahora se filmaba, como lo hacía con una, con otra, y con otra, se tomaba fotos y me di cuenta que estaba sobrepasando mis expectativas, me reí por dentro, me encantó y quise ver hasta donde llegaría.

¿Es complicado para mi transmitir las sensaciones de ese momento solo con palabras, Gabriela era ‘mi’ esposa, me explico?, fiel, pura, transparente, santa, y estar viendo lo que estaba viendo me hacía hervir el cerebro, ver esos labios que eran solo míos, esos labios que solo besaban los míos, posarse en otras pollas, chupar desesperada como si el mundo estuviera por colapsar, verla hacer con su cuerpo las cosas que sus palabras una y otra vez negaron hacer.

Había perdido la noción del tiempo, mi esposa seguramente estaría acalambrada, sus rodillas, su boca, iba a hastiarse de carne y de semen caliente, tres de mis amigos ya habían sucumbido a sus labios, a su lengua.

Fue entonces cuando ella se incorporó para volver a sorprenderme, tomó una de las pollas al azar, calculo la altura colocándose de espaldas y se puso en puntas de pies, me di cuenta que había realizado los agujeros pensando en mi altura y en la de mis amigos, pero no en la de ella, sin embargo, se las ingenió para recular y comerse un lindo pollazo, la situación provocó en mí una nueva erección y fue mi turno de tomar fotografías con mi móvil, ella empezó a recular una y otra vez con gemidos profundos disimulados por el volumen de la música, sus nalgas seductoras rebotaban con fuerza contra el Durlock haciendo doblar las mismas y en algún momento tuve miedo que terminaran cediendo y todo se fuera al demonio, pero por suerte soy un buen constructor.

Volví a masturbarme mientras Gabriela se dejaba follar por quien quisiera hacerlo, las paredes que separaban su rostro de los de mis amigos rompían sus bloqueos mentales y ella solo veía vergas y más vergas, solo para ella, pecando en la intimidad, seguridad y refugio que le daba la situación, porque estaba seguro de que de intentar hacerlo a cara limpia jamás hubiera funcionado y ella hubiera estado negada y a la defensiva.
Para mí fue hacer realidad muchas fantasías, y mi petisa solo devoraba vergas sin parar, una tras otra, llenando su vagina, sus manos, su boca, y hasta se la arreglaba para dejarse follar por un lado y chupar por el otro.

Habían pasado unas seis horas, casi no podía creerlo, nos habíamos excedido con creces del tiempo pactado con los muchachos, pero es que mi mujer parecía una ninfómana, parecía batir récords, polla que se ponía dura, era una polla que ella hacía acabar, se había dado todos los gustos posibles, hasta su culito tragón se llevó de regalo varios anales.
Yo ya no tenía semen en mis testículos, estaban secos de tanto tocarme y era hora de terminar.

Mis amigos se dieron por satisfechos y terminaron con el juego.
Solo cuando me aseguré de que ya no quedara ninguno, apagué la música y me quedé observando tras el espejo, ella estaba hecha un desastre de mujer, tenía semen chorreando por donde fuera, por su rostro, por sus tetas, por su vientre, por sus nalgas, por sus piernas, incluso de su coño, no parecía mi petisa, mi santa, solo era una mujerzuela de burdel, de película porno.

Le di tiempo, hubiera sido perturbador para ella si la hubiera asaltado en ese momento, pero me causó gracia el modo frenético en el que ella trataba de limpiar y acomodar todo, como si nada hubiera ocurrido, claro, jamás imaginó que yo le estaba haciendo trampas en el juego.

A su momento abrí la puerta, la misma mujer que había dejado tiempo atrás me recibió, contenida, discreta, vergonzosa.

No hablamos mucho al respecto, solo lo necesario para no incomodarla, porque ella solo narraba lo que quería narrar, le había gustado, sí, pero solo contó la décima parte de lo que yo había visto, estaba con ‘freno de mano’, solo inquirió como se me había ocurrido y lo que más la intrigaba, quienes habían sido todos esos muchachos, de donde los había sacado, como los había convencido, solo respondí con sonrisas.

Pasó el tiempo, desarmé lo que había armado y seguí adelante con mis trabajos rutinarios, entregué la casa y las llaves.
Los domingos nos seguimos encontrando en el club, todos juntos, como una gran familia, ellos aún recuerdan esa locura y todavía suelen preguntarme por la puta que jamás conocieron, y yo soy el dueño de mantener mis labios cerrados, los veo charlar de la vida, mi esposa, mis amigos, sus mujeres, tanta inocencia, tanto desconocimiento, me pregunto qué pasaría si abriera la boca, si ellos se enteraran que se habían follado a mi mujer, todos, uno a uno, y Gabriela, se moriría mirando a los ojos a esos hombres a los que uno a uno les había chupado la polla, miraba tantas mujeres felices, sin imaginar que mi inocente petisa las había hecho cornudas, a todas, una por una. Mi secreto me excita tanto que me lleva a pronunciadas erecciones y a veces solo deseo compartirlo con alguien.

Tal vez alguna vez lo realice nuevamente, pero ya no con mis amigos, deberé buscar machos en otros sitios, y tampoco quiero convertir a mi esposa en una puta cualquiera. Como sea, final de la historia, creo que en definitiva mis amigos, Gabriela y yo, cada a su manera, quedamos todos contentos.


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Descubrí imágenes de mi mujer con personas muy cercanas

Descubrí imágenes de mi mujer con personas muy cercanas


Mi nombre es Israel, tengo 25 años, y mi esposa Jennifer tiene 24 años, somos novios desde hace muchos años atrás y nos casamos en el 2019 por impulso más que nada, llevábamos mucho tiempo juntos y pensamos en casarnos.
Mis padres nos apoyaron, la familia de mi mujer no tanto, digamos que a ellos les pareció demasiado impulsivo, vivimos con mis padres, tienen una casa grande, así que el espacio no es problema, además de que ellos nos dijeron que podíamos vivir con ellos.
Cabe decir que ya mi esposa en el tiempo que éramos novios venía a casa, y hasta solía quedarse a dormir.
Mis padres son muy buenas personas de mente abierta siempre abierto a propuestas de todo tipo, mi padre un hombre de carácter amable también fuerte, tiene 54 años, es un hombre con panza pero gran fuerza ya que el suele levantar pesas, mi madre tiene 47, una mujer calmada sencilla, una milf como muchos dirían.
Cuando conocieron a mi novia se llevaron muy bien y eso me dio un alivio y alegría, se llevaban tan bien que cuando nos íbamos de vacaciones a algún lado ellos la invitaban antes de que yo lo hiciera desde mi punto de vista no es nada malo verdad?
Cuando se hacía muy de noche la dejaban dormir en casa, cosa que yo agradecía. Mi esposa tuvo la oportunidad de estudiar en la universidad, por otro lado yo escogí trabajar, a mis padres les pareció bien y he estado trabajando desde entonces en horarios rotativos así que a veces solía llegar a casa y no estaban, llegaban después, por mi parte no veía eso raro ni sospechoso en parte porque me acostumbre a ver que se llevaban tan bien.
También solía encontrarlos en la terraza bebiendo o en la piscina, es una de esas desmontables, en la época de pandemia me quedé sin trabajo, no fue un problema dentro de la casa pero al no tener empleo me hizo darme cuenta de que mis padres y mi novia tenían bastantes cosas en común, o que antes a ella no le gustaba como géneros de música, el beber, o que veían series o películas que ellos veían justamente cuando yo me iba a dormir, que por cierto soy el primero en irme a dormir.
Una de esas tantas noches recuerdo que me había despertado para ir al baño, el cual estaba en la planta principal, ya que los otros estaban dañados a excepción del de mis padres, al salir del baño pude escuchar la puerta del cuarto de mis padres abrirse y cerrarse de manera rápida, al regresar mi mujer ya estaba en la cama acostada, cuando le pregunte donde estaba me dijo que había ido al baño de mis padres, se me hizo extraño pero no dude de sus palabras.
Cuando se volvieron a reactivar los trabajos, naturalmente volví a trabajar en la misma empresa con los horarios rotativos, así que volvió el llegar a casa y no encontrarlos, cuando preguntaba dónde estaban me decían que fueron a comer o ver cómo están las cosas en la ciudad etc.
Esa rutina se ha mantenido hasta hace unas semanas atrás que fue las fiestas del pueblo, así que fuimos a la playa por unos días. Ellos se adelantaron antes, ya que ese día tenía que trabajar pero hasta un poco mas del medio día, al llegar eran alrededor de las 7 de la noche cuando llegue estaban los 3 sentados, pero sentí un ambiente extraño, como de que algo había pasado, pero mi mujer dijo que tal vez era por lo cansado que estaba. Los días que nos quedamos fueron normales, no note nada extraño.
Ahora se estarán preguntando cómo sé que mis padres y mi esposa tienen relaciones a mis espaldas, lo descubrí la noche antes de irnos ya que esa noche no podía dormir, hacía mucho calor, decidí salir afuera para refrescarme cuando vi que en la pared estaba cargando el móvil de mis padres.
Me ganó la curiosidad y primero revise el móvil de mi madre, ya me sabía sus contraseñas, ya que lo había visto con anterioridad, en el móvil de mi madre no encontré nada alarmante, muchas fotos de los 3, si, incluso en lugares donde yo no estaba, es decir, restaurantes parques etc.
Se los veía bien unidos a los 3, pero al pasar al móvil de mi padre la historia casi fue la misma , inusualmente esa galería tenía alrededor de 400 imágenes y la imagen principal era una factura, pero al abrirla fue la sorpresa más grande, fotos y videos de ellos teniendo sexo, mi madre besándose con mi esposa, mi padre besándose con mi esposa, los 3 besándose, videos de ellos teniendo sexo sin condón, o bueno los videos no se veía condón…
Al ver y revisar sentí odio y coraje, con ganas de destruir el móvil e ir a la habitación de mi padre a golpearlo, pero tenia una erección y seguí mirando y viendo las imágenes se me ponía mas dura, dejé el móvil y me fui a mi cuarto.
Mi esposa estaba dormida, sentía que tenia que decirle algo pero no podía, después de unos días me di cuenta que me gusto saberlo, primero siento coraje, pero al recordar todas esas imágenes siento excitación. Al momento que escribo esto, ellos están en la planta de abajo viendo una película de seguro extraña, haciendo algo mas, y de pensar se me vuelve a poner dura.

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En un principio la diferencia de edad no nos importó, pero con el tiempo…

En un principio la diferencia de edad no nos importó, pero con el tiempo…

Aún recuerdo la primera vez que vi a Jennifer, una joven de figura exquisita e inocencia angelical, con una voz sumisa y pausada, era apenas una adolescente que comenzaba a defenderse sola en la vida, creo que me enamoré a primera vista y mi instinto hizo que la contratara inmediatamente como secretaria.

Yo era un abogado en pleno ascenso y necesitaba una compañera de ruta donde sostenerme, que se encargara de todas esas cosas secundarias en las cuales yo no podía perder tiempo.

Los días fueron pasando, me acostumbré a su rostro, a esos ojos cafés, a esa piel blanca y pecosa, a esos Brackets que tanto la incomodaban, a esos pechos turgentes, a esas piernas de ensueño y a ese culo que a diario llenaba mi vista.

Pero Jennifer no era solo un cuerpo bonito, no señor, era sumamente inteligente, decidida, alguien en quien podía confiar, dueña de hermosos sentimientos y un corazón generoso.

Y pasó lo que tenía que pasar, nos enamoramos perdidamente uno del otro, no pudimos evitarlo, formamos una familia, solo había un pequeño detalle que nos distanciaba, era que le llevaba unos quince años de edad, un dato no menor, que ignoramos en ese momento, pero que sería fundamental en el futuro.

Y así es que actualmente, tengo más de cincuenta y ella apenas treinta y cinco, el amor sigue latente, pero estamos en diferentes sintonías, su sexualidad requiere un trabajo que yo no puedo seguir, no podría seguirle el ritmo, y a pesar de que ella jamás me hizo algún planteo hay cosas que son obvias y no podría dejar pasar por alto

Un mes atrás estábamos en el patio de casa, en una gran hamaca en el verde césped, ella se adormeció en mi regazo a la tibia luz del sol de primavera, mientras yo acariciaba su cabello y observaba su rostro, una obra perfecta del creador

Jennifer dormitaba relajada, con respiración pausada, en la inconsciencia del sueño sus labios dejaron escapar…

• – Mmmmm… Lázaro… Lázaro… te deseo…




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No mucho más, pero con la claridad suficiente para no tener dudas, el problema era que yo me llamo Rafael, y Lázaro no es ni nada más ni nada menos que un viejo conocido con el que nos frecuentábamos de vez en cuando, un colega que había sido discípulo mío en mis años de docente universitario y con el cual compartíamos ahora algunos trabajos.

Nunca dije nada de lo que había escuchado, tal vez por mí profesión medité bien que hacer antes de tomar una decisión apresurada que pudiera arrepentirme en el futuro, no siempre se pueden ganar todos los litigios, y si uno sabe que tiene muchas chances de perder, siempre es mejor hacer un mal acuerdo a perder todo por orgullo

Así que invité a cenar a nuestro amigo, como hacía de costumbre, solo que esta vez yo sabía algo que ellos no sabían.

Esa noche compré comida hecha, si Jennifer cocinaba el olor a comida se iba a pegar en su piel, cosa que no quería. La hice vestir sugerentemente atractiva, con el cabello recogido y solo unos bucles colgando por delante de sus orejas, en las cuales lucía unos largos pendientes, un vestido ajustado, de un gris platinado, de espalda descubierta de manera que sus gruesos pezones desnudos resaltaban como grandes botones contra la tela, ajustado en la cintura, ajustado en las caderas, dejaban notar los elásticos de su discreta tanga, a media pierna, en corte en diagonal, con delicados zapatos de finos y altos tacones…, diablos que bonita era!

Aún estaba pintando sus ojos cuando Lázaro tocó a la puerta.
La cena fue amena, era evidente el esfuerzo que hacía nuestro amigo para que sus ojos no fueran derecho a los pechos de mi esposa, esto me causaba un tanto de triste gracia, porque yo la había preparado para él, como un obsequio, como el mejor obsequio

Me aseguré de que Jennifer bebiera más de la cuenta, porque yo sabía cómo se desinhibía con unas copas de más
Estábamos comiendo un postre helado que Lázaro había traído cuando comenzó a sonar una llamada en mi móvil, en realidad era la alarma que había ajustado previamente, incluso cambiando el ring toné, poniendo la melodía de llamada como la de alarma, así mi esposa pensaría que realmente era una llamada.







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Les puse una excusa que no sonara muy inusual, traté de parecer convincente, pedí unos minutos, a mi amor no le extrañó

Así me despedí de ambos con la promesa de regresar pronto, tomé una campera liviana, las llaves del garaje que está a una calle de casa y las llaves del coche, cerré la puerta del frente y luego la del patio, pero nunca salí, me quedé al acecho en la oscuridad, asomado a la ventana

Ellos se sentaron muy cerca y Lázaro no tardó en apretar con fuerza los pechos de mi esposa, ella respondió como una leona abrazándolo por el cuello y besándolo profundamente, con locura, Jennifer se montó sobre mi amigo, en la misma silla, frente a frente, el levantó su vestido exponiendo esas nalgas grandes y perfectas para acariciarlas y refregarlas, al tiempo, ella bajando sutilmente el frente de la prenda liberando sus preciosas tetas para luego enterrárselas a él en la boca, sin darle opción

Lázaro se perdía entre las tetas de mi amada, desde la ventana podía ver sus pezones duros como piedras, podía oler su inconfundible perfume y escuchar sus gemidos felinos por el placer que él le regalaba

Lo vi apretar la tanga calada en su puño y tirar para arriba una y otra vez, haciendo que se entierre más y más en el sexo femenino, hasta hacerla bramar de locura.
A todo esto, seguían intercambiando besos y más besos, levantando la temperatura del lugar y yo sufría una terrible erección al verla tan entregada y excitada, todo iba como suponía que iba a suceder, pero de repente ella se incorporó trastabillando y tartamudeando entre excitación y desconsuelo reprochó…

• – Basta, basta Lázaro… no puedo… no puedo hacerle esto a mi esposo…

• – Dale tonta, no te reprimas, terminemos lo que hemos empezado…

• – No, no puedo, sabes que lo amo, a pesar de que…

• – ¿A pesar de que? ¿de que no puede follarte como yo?

• – Sabes que no me gusta que te compares con el… no seas injusto…


Entonces, mi amigo, al ver que la conversación se desviaba por un camino que no estaba dispuesto a transitar y que la situación parecía perder temperatura, optó por callarse y cambiar de táctica.






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Fue donde estaba ella obligándola a recular hasta la pared, para agacharse luego a sus pies, levantar su pierna izquierda haciéndola quedar en equilibrio sobre la otra, correr el frente del tanga y perderse en una interminable chupada de coño, ella aún parecía negarse, como una lucha entre lo correcto y lo prohibido, pero en cuestión de minutos volvió a ceder a la tentación, cerró los ojos para ya no abrirlos, jugando con sus manos en sus hermosas tetas, sus gemidos se hacían cada vez más fuertes y constantes, ahí comprendí que estaba irremediablemente perdida y entregada.

Ver al amor de tu vida teniendo un orgasmo increíble en brazos de otro hombre, no es una situación común de experimentar, sentía la adrenalina y la pasión en mi sangre, la sentía hervir.

Solo la dejó cuando ella lo obligó a apartarse nuevamente, lo hizo sentar y Lázaro quedó de espaldas a la ventana tapándome todo el cuadro, solo vi las piernas de Jennifer sobre sus rodillas, perdida entre las piernas de mi amigo, apenas alcanzaba a ver algunos bucles de su cabellera subiendo y bajando, subiendo y bajando, una y otra vez, él estaba relajado y la dejaba hacer, y si bien casi no podía ver, sentía mi polla cada vez más dura, me la imaginaba haciéndolo, y la imaginación muchas veces es peor que la realidad.

Los gemidos de mi amigo empezaron a llenar el cuarto, y Jennifer parecía no querer detenerse, de hecho, él quiso detenerla un par de veces, pero ella apartaba sus manos y el volvía a caer rendido a sus encantos, y yo sabía que era muy buena en eso, y si te agarraba no pararía hasta el final.

El volvió a tomar la iniciativa llevándola nuevamente contra la pared, ayudándose con ella la levantó en el aire y la dejó apoyada, con las piernas abiertas y colgadas entre sus brazos, ella se preparó a recibirlo abrazándolo con firmeza, y fue penetrada como con una daga, filosa y brillante, arrancando un grito de placer, se besaron y el la bombeaba una y otra vez, más y más, con locura, con firmeza, él le recriminaba al besarla…

• – ¡Puta! Que gusto a polla que tienes en esa boca…

• – ¿Si?… ayyy! … te parece— ayyy!

• – ¿Si… mira si llega tu marido… que va a decir?

• – No importa… ayyy! … que sepa cuanto… ayyy!… me gusta chup… ayyy!… chuparte la polla… ayyy!…








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Me causaba cierta gracia, no puedo negarlo, pero lo dejé llegar al final, aún agazapado vi como Lázaro le llenó la vagina de leche mientras ella gritaba como pocas veces la había escuchado gritar, luego la bajó lentamente y era evidente que pensaban seguir, pero ya era demasiado…, tomé mi móvil y le mandé un WhatsApp… ‘llego en cinco minutos’.

Fue suficiente para generar un caos entre ambos, se chocaban como tontos, trataban de acomodarse la ropa, el cabello, borrar huellas, olores, era cómico

Al fin me presenté nuevamente ante una tensa calma, les conté un verso improvisado, pero era evidente que por los nervios que tenían no me escuchaban, no podía contener la risa.

Pero lo mejor estaba por venir, con la suficiente diplomacia despedí a Lázaro, quedamos a solas mi esposa y yo, y un café de por medio charlamos un poco, yo con una inocencia total la escuchaba atentamente, ella balbuceaba tratando de hilvanar frases coherentes.

Al fin fuimos a la cama, me dio un beso de buenas noches, luego la espalda y se dispuso a dormir, solo que yo no pensaba dormir…

Saqué de golpe las sábanas que nos cubrían, la tomé por la fuerza arrastrándola al borde de la cama, de manera que quedara arrodillada en el suelo, con su cuerpo sobre el colchón, creo que casi todo lo que hice fue con un dejo de inconsciencia, casi sin pensar demasiado, le bajé con fuerza el tanga, aún podía percibir en mi imaginación los jugos de Lázaro, le di una fuertísima bofetada en esas nalgas blancas y carnosas, Jennifer no entendía nada, pero me dejaba hacer, le dije con firmeza…

• – ¡Puta! Quieres un hombre? Ahora vas a tener un hombre…


Escupí mi mano y unté mi polla que estaba dura, luego repetí la operación, solo que ahora mojé con saliva el esfínter de mi amada, ella solo seguía en una posición defensiva y sumisa, apoyé mi polla en él y forcé lentamente hasta metérsela por completo en el culo, hasta el fondo, sentí su anillo apretar mi tronco, comencé a moverme, implacable, imparable.

Ella estaba entregada y percibí que mientras le hacía el culo gemía como una perra en celo, acariciaba su clítoris con sus dedos, incluso metía alguno en su vagina acariciando el miembro que la sometía por el otro agujero.





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Estaba poseído, apretaba con fuerza sus grandes cachetes clavando mis uñas en ellos…

• – ¿Te gusta? ¿te gusta perra ramera? sucia, bastarda…


Pero ella no respondía a mis insultos, solo gemía más y más, creo que gozaba con un enorme cargo de conciencia, empezó a contraerse involuntariamente, era la primera vez que se acababa cuando le hacía el culo, y yo me vine detrás de ella, no sé cuánto fue, pero me sentía acabarme en su interior como hacía mucho tiempo que no me corría.

No hubo más palabras, solo nos abrazamos para quedarnos dormidos.

Al día siguiente, mientras desayunábamos no había mucho que decir, parecíamos interrogarnos con la mirada, ella como que presentía que yo sabía, yo sabía que no debía preguntar nada que me delatara, y quedamos presos de un juego perverso, solo me preguntó que me había pasado que la había tratado de esa manera, como nunca la había tratado, solo sonreí como respuesta, le dije que la amaba.


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Descubrí que había perdido treinta años de mi vida

Descubrí que había perdido treinta años de mi vida

Abrí los ojos, el sol de la mañana entraba por la ventana y acariciaba mi rostro, el perfume de las sábanas cosquilleaba en mi naricita, bostecé, y me desperecé. El ambiente estaba tibio, abracé mi almohada, estaba contenta, no estaba sola, había alguien a mi lado, podía sentir su presencia a mis espaldas, cerré los ojos con fuerza y traté de revivir cada segundo de la noche que acaba de irse. Me sentí tan feliz, tan llena, descubrí que había desperdiciado más de treinta años de mi vida…

Me llamo Georgina, vivo en una de las principales ciudades de Argentina, soy ingeniera industrial y ocupo un importante puesto en una multinacional, hace más de diez años que trabajo en ese lugar.

Con poco más de veinte años contraje matrimonio con Leandro, un compañero de trabajo con el que llevaba un tiempo de novios. No fue una buena experiencia, no coincidíamos mucho con nuestros horarios, nuestro sexo no era bueno, la verdad era yo la que fallaba y el me lo hacía notar haciéndome sentir muy mal, me resigné a no conseguir orgasmos y en un tiempo descubrí que mi mayor placer estaba en mi soledad, masturbándome como una adolescente.

Más tiempo pasaba y nuestras diferencias se hacían más evidentes, las grietas se agrandaban y en poco tiempo nos convertimos en dos extraños, el empezó a frecuentar a mujerzuelas y a mí no me importaba.

Un día Leandro me dijo que lo iban a ascender y debería trasladarse a Brasil, fue la excusa perfecta para poner fin a nuestra relación, separamos nuestras cosas, lo tuyo es tuyo y lo mío es mío, nos despedimos como amigos y cada uno siguió su camino.

Tiempo después el destino me unió a Sebastián, mi novio de la infancia, el también venía de fracasar con su esposa y nos dimos una segunda oportunidad. Pero como en las películas las segundas partes generalmente no son buenas.

En la cama las cosas no mejoraron para mí, no estaba a gusto, Seba tenía una polla descomunal, y la verdad que no me agradaba para nada, me dolía la vagina en cada penetración y ni siquiera pensar en sexo anal.
Pero el problema en este caso pasó por algo peor, su ex esposa, lo llamaba a diario, con problemas, siempre un problema, que necesitaba dinero, que algo se había roto en la casa, o un problema con su coche, siempre había un motivo.

Me sentía molesta y celosa, Seba no parecía ser lo suficientemente valiente para cortar esos lazos y en algún punto sospeché que las cosas seguían vivas entre ellos, así que un día le pedí terminar con la relación, hasta que el tuviera claro que es lo que realmente quería.

Julieta estaba al tanto de todos estos detalles, raramente mezclaba mi vida personal con mi vida laboral, pero Julieta era diferente, y terminamos siendo grandes amigas y mi confidente. Ella era mi profesora particular de inglés, mi puesto en la empresa requiere que domine el idioma por lo que venía día por medio, solo un par de horas.

Con el tiempo, nos fuimos haciendo amigas, y nuestro encuentro laboral se transformó en encuentros fuera de la empresa, a tomar un café, a pasear, a cenar y a charlar cosas de mujeres.

Ella es mucho más joven que yo, delgada, bastante delgada, de tez cobriza y ojos miel, un poco más alta que yo, de voz suave y pausada, con un cabello envidiablemente enrulado y largo hasta la cintura, parece una leona, lo mueve de lado a lado dejando impregnado en el lugar su rico perfume.

Es coqueta, siempre con aros, gargantillas, sus dedos llenos de anillos, uñas esculpidas, sus labios pintados y sus ojos delineados.
Tiene un lunar muy sexi sobre su labio superior y una sonrisa compradora, sus palabras carecen de estridencia y su mirada es tan dulce y tranquila que reflejan una serena noche despejada, llena de estrellas.

Suele vestir con ropas holgadas y bastantes formales, pantalones rectos, camisas y trajecitos que por un lado tapan su trasero y por otro disimulan un tanto sus pequeños pechos.

Ayer salimos del trabajo y fuimos a su casa, me había invitado a compartir un té, eran cerca de las siete de la tarde, y palabra va, palabra viene, no nos dimos cuenta de cómo pasaba el tiempo y lo que sucedía afuera, ya había anochecido cuando nos sorprendió un estridente aguacero, de golpe, viento, truenos, relámpagos, abrí la puerta para irme lo antes posible y el viento me la arrancó de la mano haciendo que se cerrara con estridencia, ella me tomo del hombro y me dijo…

• Georgi, quédate a dormir, no te vas a volver con este tiempo…

Lo cierto es que tenía casi una hora de viaje y estaba realmente asustada, quedé pensativa, ella volvió a insistir…

• Dale, nos damos una ducha calentita y preparo algo rico para cenar, te presto algo de ropa, no te preocupes.

Asentí con una mueca de mis labios, de alguna manera ella me intrigaba demasiado. Yuli, como yo la llamaba fue a llenar la bañera, me dijo que ella se bañaba primero, luego yo así mientras tanto ella preparaba la cena, puso música suave y me indicó un cajón en su dormitorio donde había ropa interior, que eligiera como si fuera mía, se marchó al baño y la oí meterse en el agua.

Me senté al borde de la cama y abrí el cajón que me había indicado, a un lado había mezcladas varias bragas y corpiños, pero para mi sorpresa, al lado, había varios juguetes sexuales, de distintos tamaños, preservativos, lubricantes, y revistas de contenido sexual explícito.

Tomé algunas, empecé a hojearlas, eran todas lésbicas, solo mujeres con mujeres, caí en la cuenta que no sabía nada sobre la sexualidad de Yuli, y no solo eso, jamás le había conocido un novio. Las imágenes invadían una tras otra mi cerebro y se pegaban en mis neuronas, me sentí sobresaltada, excitada, confundida, acomodé las cosas como las había encontrado, para que ella no sospechara mi intromisión.

Tiempo después apreció en el cuarto, con un toallón envolviendo su cuerpo y una toalla en sus cabellos, me miró y me dijo…

• Listo amigucha, ya cambié el agua para ti, está calentita y esperándote…

Solo llevé una tanga puesto que sus diminutos sostenes no hubieran podido contener mis generosos senos, además confieso que no me sentía cómoda usando ropa interior que no fuera mía, por más limpia que estuviera siempre me pareció algo demasiado íntimo y personal para compartirlo, pero dadas las circunstancias no encontré mejor opción.

Me sumergí en el agua, y mi mente estaba perdida, reflexionando, pensando, buscando respuestas que no tenía, bajé mi vista y mis pezones duros emergían como dos islas en el mar, me avergoncé y me sumergí casi por completo tratando de borrar mis pensamientos, pero no podía, tenía deseos de tocarme, me sentía hervir, pensamientos insanos poblaban mi mente.

Evidentemente mi amiga había visto algo en mí que le hacía albergar posibilidades, ella me había dejado una trampa tendida y estaba probando mi reacción, al mandarme a ese cajón me estaba mandando a descubrir sus secretos y yo había pisado el palito.

Dejé asomar mis pechos nuevamente fuera del agua, no podía detenerme, mis manos jabonosas comenzaron a acariciarlos, mis dedos índices llevaban mis pezones de lado a lado, en mi mente ella me hacía el amor, cerré mis ojos, relajé mi respiración, me estaba masturbando…

Los nudillos de Yuli golpeando la puerta y me sacaron del letargo, me dijo que me traía una bata, que me incorporara, sobresaltada, le pedí unos minutos para sobreponerme, lo hice tímidamente dando la espalda a la puerta, quedé desnuda mirando a la pared y le permití entrar.

La sentí a mis espaldas cubriéndome con una suave tela esponjosa, comenzó a secar mis cabellos, se sentía tan bien, mis pezones seguían duros…

Pronto las cosas cambiaron, ella bajó la bata descubriendo mi espalda nuevamente, empezó a pasar sus dedos por mi piel y luego sus labios siguieron el juego, me ericé al sentir sus delicados besos, entonces me dijo…

• Es esto lo que viniste a buscar?

No respondí, pronto pego su cuerpo al mío, sentí la tibieza de sus pechos en mi espalda, cerré los ojos, entendí que estaba desnuda, una mano pasó bajo mi brazo y con dulzura llegó a mi pecho derecho, comenzó a jugar con él, a acariciarlo, a deleitarse con mi pezón, volvió a susurrarme al oído…

• Qué grande y hermoso que es!

Su otra mano me rodeó por el otro lado, pasó por mi vientre, por mi ombligo y bajó lentamente para acariciar los ralos bellos de mi pubis, me sentía encender, me estaba entregando, respiré con cadencia, sus besos llegaron a mi nuca, a los lóbulos de mis orejas, giré mi cabeza en silencio, su aliento me comía, sus besos llegaron a la comisura de mis labios, me abrí en su búsqueda, mi lengua buscó con desesperación la suya, encontré su humedad, giré sobre mí misma, frente a frente, nos besamos con pasión, nuestras lenguas se encontraron, sentí su respiración sobre la mía, sus manos recorrieron mi cuerpo, las mías el suyo, sentí su temperatura, sus diminutos pechos parecieron rendirse ante el gran tamaño de los míos, acariciamos mutuamente nuestros pezones, se sentía sabroso, sentía la electricidad correr por mi cuerpo…

Me secó con premura las piernas y casi corriendo fuimos al dormitorio para enroscarnos sobre el colchón, nunca había estado con otra mujer, la dejé tomar la iniciativa, bajó un poco, se detuvo varios minutos para comer mis pezones, para jugar con mis pechos, para comerme lentamente, ufff me estaba derritiendo…

Bajó un poco más, sabía dónde iba, me acomodé y abrí mis piernas para ella, ofreciéndole todo mi sexo, quería que me lo comiera, recliné mi cabeza para observarla, Yuli mojó un pulgar con su saliva para empezar a jugar con mi clítoris, luego el de la otra mano, sentí la yema de su dedo acariciar mi esfínter, el universo pareció detenerse en ese instante, un dedo rodeaba una y otra vez mi botoncito, con paciencia, con cadencia, el otro bordeaba en círculos el orificio de mi trasero, por todo su contorno, pronto deseaba que me penetrara, pero no lo hacía, supliqué…

• Diablos mujer! haz algo, ya no puedo soportarlo…

Yuli estiró su mano hasta el cajón y tomó un vibrador doble, un pene pequeño y otro de mayor tamaño, el grande comenzó a meterse en mi húmeda vagina, poco después, el menor llenó lentamente mi hueco trasero, me sentí invadida por ambos lados, la vibración empezaba a sacudirme, a baja velocidad, llevé mi mano a mi clítoris, no lo soportaba más, mis gemidos tapaban el ruido del vibrador, ella solo me miraba y disfrutaba con mi placer, me retorcí, mordí la almohada, exploté como nunca había explotado en mi vida.

Me sentí rara, una lágrima mitad placer, mitad confusión escapó de mi ojo, ella sacó el juguete de mis agujeros, levantó mi pierna derecha y coló las suyas entre las mías.

Con la fiereza de un tifón comenzó a refregar su coño contra el mío, tenía la voracidad de una bestia en celo, ella gritaba, yo gritaba, parecíamos estar en trance…

Mi clítoris siguió explotando el suyo también, estaba exhausta…
Pero Yuli no estaba conforme, tomó un arnés con un pene enorme y me lo puso, me causó gracia, nunca me había sentido con una polla colgando, lo moví de un lado a otro, curioso…

Me pidió que le hiciera el amor, fui sobre ella y le llené la vagina, tuve que aprender a moverme como hombre, me rodeó con sus piernas y me hizo empujar más profundo, gritaba, entre gemidos me suplicó…

• Bésame, por favor bésame…

Acallé sus gritos con mis labios, cerré y comí su boca, acaricié su cuerpo transpirado, recorrí sus femeninas curvas, dejé sus labios, fui a sus pezones…

Después de un buen rato Yuli me dijo al oído…

• Quiero que me sodomices…

Estaba dispuesta a todo, se puso en cuatro patas, su delgado trasero apuntó a mi lado, tomé lubricante y unté su esfínter, un dedo, dos, tres, su anillo amarronado cedía con suma facilidad, apoyé el juguete en él, era peligrosamente grueso, pero se hizo evidente que ella no tenía reparos…

Pronto pasó la cabeza y luego más de la mitad del tronco, la tomé por las caderas y me moví con fiereza, era raro, me sentía dueña del juego, Yuli gritaba más todavía, me estaba volviendo loca…

Después de cinco minutos sin parar no tenía más fuerzas, me retiré, el juguete había dejado un cráter en su trasero, su esfínter parecía latir tratando de cerrarse, pero era solo un reflejo, ella me obligó a metérselo nuevamente, pero ahora solo me quedé quieta dejando que ella se moviera, adelante y atrás, una y otra vez, me tiré hacia atrás rendida, llena de placer, llena de amor.

Pero ella parecía una ninfómana, volvió sobre mí, pasó una pierna a cada lado sentándose sobre mi vientre, su sexo húmedo se refregaba sobre mi ombligo, apreté sus pequeños pechos, avanzó un poco, juntó su sexo con mis pechos, luego se decidió a avanzar un poco más, sus rodillas ya estaban a los lados de mi cabeza, su aroma a mujer invadió mis fosas nasales, su vagina llegó a mis labios, sabía la teoría pero desconocía la práctica, con la ventaja de ser mujer y saber lo que le gusta a una mujer besé su intimidad, enterré la lengua en su túnel de amor, probé su jugo, me sentí hervir, quería darle todo el placer que necesitara, comí su clítoris, pasé por detrás mis manos, dos dedos fueron a su vagina y otros dos a su culo, mis ojos me dejaban ver desde abajo su rostro, sus facciones de placer, sus manos acariciando sus pechos, mis oídos recibían sus gemidos, su respiración agitada, percibí los espasmos involuntarios de los últimos orgasmos que me entregaría esa mujer…

Eran las dos de la mañana, no había tiempo ni deseos de cenar, ambas estábamos ‘llenas y satisfechas’, fuimos al baño, ella apagó la música y las luces.

No acostamos juntas, desnudas, abrazadas, no dijimos palabras, solo recuerdo que nos acariciamos dulcemente y nos besamos hasta quedarnos dormidas.

Tengo los pezones duros, sigo desnuda, mi vagina está mojada, caliente, acabo de pasar la noche más loca de mi vida, no sé cómo llegué a este punto, lo cierto es que ya no quiero volver atrás. Miro el reloj, son casi las nueve de la mañana, por primera vez en años estoy faltando a mi trabajo, no me importa.

Giro sobre mí misma, el sol acaricia ahora mi espalda, Yuli está de costado, mirando a mi lado, frente a frente, profundamente dormida, la miro, acaricio sus largos cabellos, su rostro refleja tranquilidad, como siempre, es tan hermosa.

Medito… perdí muchos años de mi vida, ahora empiezo a vivir mi vida…

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Una historia que nunca contaré

Una historia que nunca contaré


Mi Doctor Lopez tenía una frase sabia que nunca olvidaré: ‘los hombres cuentan historias que nunca vivieron, las mujeres viven historias que nunca contarán’ y que cierto que es, pero como duele el silencio…

No estaba en mi mejor momento, a pesar de pasarme la vida en el gimnasio, vivir a base de hacer dietas y tener una perversa obsesión por mi cuerpo, la realidad marcaba que cincuenta y seis años era una edad considerable para cualquier mujer.

A pesar de tratar de verme joven, a pesar de mi elegancia, a pesar de mis pechos prominentes, a pesar de que mi cintura era envidiable, a pesar de mis anchas caderas, a pesar de mi culo saltón, a pesar de mis piernas esculpidas, a pesar de todo, no podía competir con las jóvenes…

Estaba muy susceptible, con las defensas bajas, dolida, abatida, tratando de recomponer mi vida junto a mi esposo, no fue fácil para mi asumir su infidelidad, haberme enterado de que me engañaba con su secretaria, treinta años más joven que yo, fue devastador.

La puñalada por la espalda duele demasiado y aunque el hacía muchos esfuerzos para recuperarme, no podía evitar revivir lo pasado, aunque amaba demasiado a ese hombre, no quería perderlo, pero tampoco podía perdonarlo.

Hacía ya dos meses que él vivía en otro barrio, fue una separación temporal, porque ambos sabíamos que tarde o temprano volveríamos a estar juntos.
En casa solo quedábamos las mujeres, mis hijas de veinte y diecisiete años respectivamente.

El curso de la historia comenzaría a cambiar esa tarde mientras merendábamos, María Cecilia y María Trinidad, estaban visiblemente excitadas, eran como dos cables de electricidad chisporroteando por todos lados, risas, complicidad, con toda la adrenalina a flor de piel, por suerte tuvimos siempre mucha intimidad femenina, por lo que pregunté…

• Chicas, chicas, que pasa que hay tanta alegría?

Ambas me ignoraron puesto que estaban concentradas con sus móviles, por lo que reclamé como interrogando…

• Qué pasa? nadie escucha a mamá?

María Trinidad, la menor me miró a los ojos y dijo…

• Mamá! mamá! siempre la misma descolgada! No viste nuestro nuevo vecino? (suspiro) es un bombón!!!

La verdad es que no sabía nada, solo seguí divirtiéndome al observar como las chicas se peleaban por ese supuesto galán, de la misma forma que peleaban de pequeñas por un caramelo.

Dos días después tendría mi primer cruce casual con él, yo salía con las llaves del coche en la mano y él al mismo tiempo con su bicicleta, me tendió la mano y dijo…

• Buen día señora…. soy Kevin, su nuevo vecino.
• Buen día, soy Robles, Sara Robles, pero puedes llamarme Sara…
• Que tal Sara? Ahora comprendo de dónde sacan sus hijas tanta belleza…

Hablamos unas palabras más, pero sentí algo increíble, mis ojos lo veían como hombre, sentí una atracción irrefrenable, hacía años que no sentía una vibración de este tipo, y también presentí que él me estaba observando como mujer, la atracción se hizo evidente, un frío helado corrió por mi espinazo, nos quedamos mirándonos sin hablar, hasta que recobrando mi conciencia aparté la mirada y dije…

• Bien Kevin, nos vemos luego
• Si… sí, claro… hasta luego Sara.

Los días pasaron Kevin y las chicas se hicieron muy amigos, el venía seguido a casa, siempre me trataba de usted, con sumo respeto, pero todos ocultaban las verdaderas intenciones, mientras mis hijas se sacaban los ojos para ver quien se quedaba con el postre, para él, ellas solo eran el puente para acercarse a mí, y yo? yo no hacía nada para evitarlo, todo estaba demasiado claro, sus miradas, sus palabras, sus gestos, todo era una indirecta seducción.

A todo esto, mi esposo seguía merodeando cada tanto y yo seguía intentando perdonar sin éxito, pero desde mi dolor necesitaba cada vez con más fuerza estar con mi hombre…

Si solo fuera que Kevin me buscaba no me hubiera preocupado demasiado, el problema era sorprenderme a mí misma pensando en él, era una locura, podría haber sido mi hijo…

Las cosas fueron empeorando, las chicas ajenas a todo lo traían a menudo a casa, esa tarde estábamos los cuatro charlando en el comedor, y como nuestras miradas eran imposibles de evitar dije…

• Voy a la cocina a preparar unos refrescos!

Pero no tardé en escuchar…

• Sara, yo la ayudo!

Se coló a mis espaldas, y por primera vez me cogió de los hombros apoyando su cuerpo contra el mío…

• Basta Sara, estoy loco por ti! te necesito, no te das cuenta? No podemos evitarlo…

Era la primera vez que me tocaba así, que me hablaba así, la primera vez que me tuteaba, sentí otra vez ese escalofrío, mis pezones se endurecieron, mi coño latió con fuerza, a tal punto que de los nervios la jarra escapó de mis manos, yendo a parar al suelo para romperse en mil pedazos…

• Por favor! no ves lo que pasa? no ves lo que me haces hacer?

Mis hijas estaban al otro lado y la situación me ponía incómoda, ellas se presentaron al escuchar el ruido de los vidrios partiéndose contra el suelo, debimos disimular la situación…

El sábado cinco de mayo, mi esposo había pasado temprano en busca de las chicas, estaría sola todo el día, golpearon la puerta, Kevin estaba al otro lado…

• Hola Sara… están las chicas?

Mientras trataba de ponerlo al tanto de la situación él ya había flanqueado la puerta y miraba de reojo el lugar, parecía como que no me escuchaba, como adivinando la geografía de la casa subió las escaleras, fui tras el tratando de detenerlo y preguntando que estaba buscando, al fin encontró mi dormitorio, se quedó observando mi cama matrimonial y noté que la pared espejada que había diseñado mi marido captaba su atención…

• Basta Sara, basta de juegos…

Ante mis negativas me empujó suavemente hasta la pared, me sentí acorralada, besó mis labios, sus manos rodearon mi cintura…

• No Kevin, no! para…para… esto está mal…

Todo mi ser trataba de luchar contra el deseo pero no podía evitarlo, mis manos estaban en su cuello, respondía sus besos aun negándome y suplicándole que desistiera, su mano se pegó a mi muslo y fue subiendo colándose bajo la falda, quería detenerlo pero no podía, sabía que estaba mal pero la pasión era más fuerte, su otra mano apretó de repente uno de mis pechos, sobre mi camisa, sobre mi sostén, nuestros besos se hacían más y más calientes, su mano seguía subiendo por mi piel, estaba tan cerca de mi vagina que no pude evitar abrir mis piernas para facilitar su acceso, respondí sacando su camisa, desnudando su torso joven y musculoso, era hermoso, perfecto, se veía tan viril…

Pronto mi camisa cayó al suelo, mi sostén también y mis senos desnudos se pegaron a su musculoso pecho, seguía tratando de frenar lo que no tenía freno, su mano ya estaba acariciando el elástico de mi tanga, colándose bajo ella, acariciando los bellos de mi pubis, estaba mojada, inundada en deseo…

Mi vista fue hacia la pared espejada, la imagen me devolvió solo dos amantes semidesnudos que daban rienda suelta a sus más bajos instintos, Kevin me llevó sobra la cama que hasta ese momento solo había compartido con un hombre, con mi esposo…

Quedé recostada, entregada, el joven estaba entre mis piernas, besando mi ombligo, con sus manos sosteniendo fuertemente mis tetas, lo deseaba, ufff como lo deseaba…

Mi figura de mujer adulta y esposa fiel aún estaban en mi por lo que inconscientemente balbuceaba rogando para que se detuviera, pero él ya había bajado otro tanto sacando mi tanga, mi sexo desnudo estaba a merced de su boca…

Él cogió mis manos y las puso sobre mis pechos induciéndome a que yo misma me acariciase, apreté mis pezones duros al tiempo que su lengua filosa recorría mis labios y mi clítoris, me sentí extraña, hacía como diez años que mi esposo ya no me practicaba sexo oral, me sentí húmeda como hacía tiempo no me sentía, me sentía joven, me sentía viva…

Comencé a contraerme involuntariamente, a gemir, a jadear, me iba a venir en su boca, estaba rendida a su voluntad, en el momento justo penetró mi vagina con dos dedos haciéndome explotar, grité hasta las lágrimas…

Kevin con una sonrisa en los labios vino sobre mí, tomó mis brazos llevándolos hacia atrás a ambos lados de mi cabeza, me tenía prisionera, entonces me penetró, su polla se sentía enorme y deliciosa en mi interior, deslizándose en mis jugos, me la hacía comer toda hasta el fondo arrancándome gritos de placer, lo rodee con mis piernas para que no escapara, mis orgasmos caían uno tras otro como gotas de lluvia, mis pechos se movían al compás de sus impulsos, el me besaba la boca, el cuello y bajaba un poco más para lamer mis dulces pezones, lo sentí venir, lo vi en su rostro, lo sentí en su sexo, poniéndose aún más dura en mi interior, su esperma caliente inundó mi interior, como las olas invaden la playa, fue perfecto…

El joven se recostó a mi lado acariciando mi cabello sin dejar de mirarme directamente a los ojos, mi mano derecha acariciaba su hermosa polla que seguía tan dura como antes, como si nada hubiera ocurrido, él me dijo entonces…

• Sabes Sara, voy a confesarte algo…
• Si? qué pasa?
• No se cómo decírtelo… pero sabes… no estuve con muchas jóvenes, y nunca me consintieron practicar sexo anal… y pensé que tal vez… una mujer como tu…

Sonreí y tapé su boca para que ya no hablara, me subí sobre él, arrodillada con una pierna a cada lado, escupí mi mano un par de veces y la pasé por mi esfínter, tomé su preciosa polla entre mis dedos y la apoyé en el otro lado, suavemente me deje caer, poco a poco, mordí mis labios por el dulce dolor, me adapté al grosor de su polla, en minutos me estaba penetrando, era hermoso.

Esta vez yo tenía el poder y tomé los brazos de Kevin llevándolos a ambos lados de su cabeza, como antes él había hecho conmigo.
Veía su hermoso pecho hincharse con el aire, el placer se dibujaba en su rostro y eso me llenaba de placer a mí.

Giré mi cabeza y observé la postal que me regalaba el espejo, solo movía mis grandes nalgas arqueando mi cintura, arriba y abajo, enormes y majestuosas, la preciosa polla de mi amante erecta, su largo tronco desnudo, como una tortura solamente dejaba que su glande penetrara mi esfínter, lentamente, dulcemente, volví a su rostro, adivinaba su intención de enterrármela toda, pero era yo quien tenía el poder…

Lo sentí venir nuevamente, mientras me movía aprisionaba mi músculo amarronado contra su cabeza hinchada, refregando rítmicamente mi clítoris contra su pubis, su rostro me indicaba el final, nuevos orgasmos embriagaban mi cuerpo, llegábamos al mismo tiempo, sus manos se cerraron con fuerza e impotencia, su respiración se cortaba, lo provoqué…

• Si bebé, si… lléname el culito de leche… dale, dale! te gusta mi bebé?

Ahora su semen inundaba mi trasero, solo en ese momento bajé con fuerza haciendo desaparecer todo su miembro en el interior, hasta el fondo…

Estábamos satisfechos, el pecado se había consumado, me relajé, busqué el reloj sobre la mesa de luz para ver la hora, pero me encontré de casualidad en segundo plano con un pequeño porta retratos con la foto de mi esposo y de las chicas, estiré mi mano para bajarlo como intentando que no vieran al tiempo que las lágrimas de la vergüenza y del remordimiento empezaban a llenar mi rostro como una tormenta de primavera…

Y ahora debo seguir escribiendo esta historia, una historia con páginas en blanco que no sé qué palabras contendrá… qué le diré a Kevin, un joven que bien podría ser mi hijo, al que no amaba pero me había seducido en momentos de debilidad, que le diré a María Cecilia y María Trinidad, si supieran que el objeto de sus peleas había sido el mismo de mi caída, que le diría a mi esposo, si la situación por la cual lo acusaba y nos había separado ahora se había vuelto en mi contra, como dice mi amiga…

… soy una mujer que ha vivido una historia que nunca contaré…


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Ser travesti es lo que me gusta

Ser travesti es lo que me gusta

Si bien nací como varón, no me considero como tal, sé que tampoco soy mujer, no me interesa serlo, ser travesti es lo que me gusta, físicamente una hermosa niña, pero con polla entre las piernas, es mi esencia, mi vida.

Por suerte la naturaleza estuvo de mi lado, como varón apenas llegaba al metro setenta, de contextura delgada, así que esto me vino de maravillas para ser mujer.

Pasé por muchas cirugías, pechos incluidos, honestamente soy muy pasiva y no me va eso de andar penetrando a tipos, yo estoy hecha para que me den placer por mi colita, solo eso, además tengo un pene pequeño, nada fuera de lo común.

Me gano la vida como prostituta, vendiendo mi cuerpo online, en sitios web de mi país, no es una actividad que me enorgullezca, pero es la que paga mi comida.

Es un tanto incómodo a veces, hasta injusto diría, yo me veo como mujer, pero los hombres en general que requieren servicios de chicas como yo, la verdad solo buscan pollas enormes para ser penetrados, y es esa la forma ocultar su lado homosexual, más cuando esa enorme verga es acompañada por un contorno femenino.

Pero como dije… yo prefiero entregarte mi colita sí es que puedes pagarla…

Pero no siempre hago el amor por dinero, por trabajo, porque en esos casos… te toca lo que te toca.

En algunas ocasiones lo hago porque me gusta, con quien me gusta, por afinidad, como una persona normal, por atracción, por seducción, y esto que leerán a continuación sucedió en el pasado verano…

Tatiana es una amiga trans, como yo, planificamos diez días de vacaciones, destino? Uruguay, lugar? las playas de Chihuahua, un lugar donde se puede hacer nudismo, hombres, mujeres… y travestis…

Y la verdad ahí se siente libertad, nadie discrimina, nadie se fija, aunque bueno… he notado que, si nos miraban, es que bueno… si somos como bichos raros… el tercer sexo.

Pero había muchas chicas trans, así que valió la pena, disfrutar la desnudez de mi cuerpo en la arena, en el mar…

Esa noche decidimos ir a un local muy de onda en el vecino país, así que me bañé y me depilé por completo, como de costumbre, me sequé y me puse una crema hidratante en todo mi cuerpo, para cuidar mi piel y para refrescar cada poro que había estado bajo el sol a lo largo del día.

Me puse un sensual conjunto de ropa interior en tonos blancos y violetas, con transparencias y bordados, ajusté mis grandes pechos de manera de dejarlos levantados, que se mostraran exuberantes, acomodé mi pene bajo la tanga, una braguitas de infarto que resaltaba mis nalgas, me miré al espejo…, buenas tetas, buen culo…
Sin dudas y sin falsa modestia tengo mejores curvas que la mayoría de las mujeres…

Me puse un vestido brillante, color arena, muy sexi, con un tirante a un lado, nada al otro, con un escote muy pronunciado que marcaba el nacimiento de mis pechos, de esa forma que tanto enloquece a los hombres, me hacía una culo terrible, corto apenas pasando mi sexo, dejando desnudas mis piernas, elegí unas botas de altos tacones finos, tipo gamuza, en tono marrón oscuras, altas, pasando las rodillas.

Acomodé mi largos y enrulados cabellos pelirrojos a un lado de mi cuello, pinté en azul mis ojos, para mantener vivo el color de los mismos, y mis labios en un rosa pálido para jugar con el bronceado de mi piel, alhajas, perfumes… y ya… a la jungla…

Era la primera vez que iba por esos lugares, pero mi amiga Tatiana ya había estado de vacaciones ahí otras veces, así que la dejé elegir.

Fuimos a un pub que ella conocía, me impresionó el sitio, puesto que noté que las personas heterosexuales y las homosexuales se llevaban bien, es decir, cada cual hacía la suya sin mirar al de al lado, esto me sonó un tanto lejano a lo que sucedía en Argentina, así que bueno, me sentí como pez en el agua.

Le dije a mi amiga, que, si bien estábamos juntas, cada cual haría su vida por esas horas.

Así fue que bailamos un poco, a veces juntas, a veces cada una por su lado y en una de esas veces… apareció Ramiro.

Estábamos tomando unos copas en la barra, sentadas en unos altos taburetes, fue cuando el apareció a mis espaldas, discretamente, sagaz, se pegó a mi cuerpo, con moderado respeto y me susurró al oído unas palabras subidas de tono.

Me reí por su desfachatez, mientras mi amiga solo observaba la situación con un rostro pícaro, jugueteando con el sorbete entre sus labios.
Giré un poco, solo para ver quién era el portador de esa ronca voz, un muchacho joven, alto, de pelo crespo y moreno, de ojos marrones y barba rala, se veía muy sexi con una camisa turquesa, holgada y por cierto transpirada por el calor del lugar, desabrochada casi hasta el ombligo, exhibiendo un pecho atlético plagado de bellos enrulados.

Cruzamos pocas palabras, nuestros nombres, no mucho más, moviendo nuestros cuerpos al compás de la música, me dio un tanto de risa porque con los tacones era más alta que Ramiro, pero a él eso no parecía molestarle, el solo tenía sus ojos clavados en mi cuerpo y en mis curvas dibujadas por ese vestido color arena, yo lo notaba, así que meneaba de lado a lado las caderas, y giraba sobre mí misma solo para darle la espalda cada tanto, para que también deseara mi culo…

Apenas habían pasado un par de temas, fue cuando me dijo de ir a un lugar más cómodo, más tranquilo…

Fuimos a un costado del lugar, un sitio un poco retirado con grandes sillones en azul oscuro, separados por mesas ratonas dispuestas para dejar lo vasos de las copas.

Nos sentamos en uno, lado a lado, no hablamos, solo nos besamos, y otro beso y otro más, acarició mis cabellos, besó mis párpados, mis mejillas, mis labios, sentí su lengua en lo profundo de mi boca, mordisqueando mis labios, me sentí excitada, respondí a cada gesto de su parte, pasé una de mis manos bajo la camisa para acariciar esa jungla que tenía en el pecho, estaba un tanto transpirado y sentí una evidente erección entre mis piernas, solo la tanga que tenía impedía que mi bebe saltara desbocado…
Ramiro acarició uno de mis muslos e intentó subir a mi sexo, por obvias razones lo impedí poniendo un freno a su avance, discretamente tomé esa mano con la mía y cambié el juego, la llevé a uno de mis pechos, el empezó a apretarlo, a masajearlo, fue cuando me susurró…

• Son operados… verdad?

Me confundió, obvio que eran operados, que esperaba? a no ser que Ramiro pensara que yo en verdad era mujer…

Pero estaba tan caliente que no me interesaba contestar en ese momento, deje su mano acariciando mis tetas y llevé la mía a su sexo, apreté sobre el jean… su hermosa polla se notaba dura como una piedra, me morí en deseo, le besé profundamente, sin separar mis labios de los suyos, me las arregle para desabrochar su jean y acomodar las prendas hasta asegurarme de tener su polla entre mis dedos, empecé a masturbarlo, dulcemente, arriba, abajo, arriba, abajo, lentamente, sin dejar de besar sus labios, arriba, abajo, arriba, abajo, todo muy erótico, muy sexi…

Ramiro empezaba a contraerse por mi culpa, fue cuando me tomó por la nuca y empujó mi cabeza hacia abajo, bien abajo, había gente cerca, no sé si captaban lo que sucedía o no… tampoco me importó… solo me acerque a su polla y la metí en mi boca, que rica estaba, empecé a lamerla como un caramelo, sin dejar de masturbarlo, tan lentamente como en el principio. Su polla se puso más dura y de repente su líquido pegajoso saltó en mi boca, lentamente, tan lentamente como yo movía mi mano, saboree todo, y seguí hasta que empezó a perder erección…

Me senté nuevamente contenta, con el objetivo cumplido, con su sabor en mi boca, mezcla de pegatina y amargor, a todo esto, él ya había colado una mano bajo el vestido y el sostén, acariciando directamente una de mis tetas, intentó avanzar nuevamente entre mis piernas, pero otra vez lo evité, es que tenía una erección tan fuerte que había escapado por el costado de la tanga, así que solo necesitaba tranquilizarme, fue cuando le dije…

• Oye, por qué no vamos a un lugar más íntimo, así me rompes bien el culo, no sabes las ganas que tengo…

Entonces él me dijo…

• Mira … estoy aquí con unos amigos, y lejos de mi residencia, pero tenemos una enorme camioneta, si no te molesta, les aviso así no molestan … que te parece?

No tuve inconveniente, el habló por teléfono y yo hice lo mismo con mi amiga, las cartas estaban echadas, pasamos por el baño antes de salir, él fue al de caballeros, yo al de damas, necesitaba orinar, tranquilizarme y poner mi pene en su lugar…

Salimos, una densa humedad cubría el asfalto, diminutos faroles dejaban en penumbras la calle por la que estábamos, al final del camino el vehículo, enorme, blanco, mucho no entiendo de coches, pero decía Renault Master…

Y ahí adiviné que había algo raro en todo esto… me hizo subir por el portón trasero, pero me encontré con tres tipos más en su interior, era evidente, la intención era hacer una fiestecita, yo había mordido el anzuelo, seguramente hacían esto a menudo, uno de ellos dijo…

• Hermosa putita te trajiste Ramiro, mira que tetitas, mira que culito…

Y al decirlo apretó uno de mis pechos, fue cuando percibí que había una terrible confusión, tal vez por la oscuridad del pub, o la media luz de la calle, pero… Ramiro pensaba realmente que yo era mujer? y ellos pensaban follarse a una mujer?, sentí en minutos una terrible ansiedad, tarde o temprano se darían cuenta, sola con cuatro hombres estaba en una complicada posición, podría estar a punto de recibir una de las mejores folladas, o tal vez una de las peores palizas de mi vida…
Aspiré fuerte y lancé la moneda al aire, cara o cruz…

• Chicos, chicos… un momento… creo que hay una confusión… si no me equivoco vosotros creéis que estáis con una chica… pero la verdad es que soy un chico…

Ellos se miraron, las sonrisas se dibujaron en su rostro, como pensando la respuesta, un tanto incrédulos por mi cuerpo, uno dijo…

• Noooo…. No puede ser… tienes pito…. Por dios!!! con esas tetas… ese culo…

El otro empezó a reírse y dijo señalando a Ramiro…

• Ja! ja! ja! Ramiro, Ramiro… ahora te gustan los putos?

Y fue el tercero quien me tranquilizó al hablar para inclinar la balanza a mi lado…

• Muchachos… yo le entro, al menos no me va a negar el culo como mi esposa…

Todos se rieron, incluso yo, solo les dije…

• Os prometo que no os arrepentiréis, podéis hacerme lo que queráis y yo voy a hacer lo que me digáis …

Empezamos a desnudarnos rápidamente, el lugar era grande, pero para cinco personas no lo era tanto, cuando estuve ya sin ropa noté los ojos de Ramiro fijos en mi polla depilada, que estaba dura como un palo y dijo…

• Aun me cuesta creer que tengas pito… en fin… por cierto… la chupas excelente…

Me reí por el halago, y me entregué a esos hombres, me rodearon mientras me arrodillé, cuatro vergas, cuatro vergas duras y hermosas, todas para mí, a chupar una, otra, lamer, degustar, olor a macho, no daba abasto, me moría de placer, tenía una terrible erección y moría en deseo, ellos se disputaban mi boca, a veces me metían dos al mismo tiempo, me agarraban de los pelos y me golpeaban en el rostro, como a una verdadera puta, una y otra vez me decían que bien que la chupaba, me colmaban…

La saliva había chorreado por mi pera, por mi cuello, me apretaban las tetas, los pezones, demasiado excitante, pero yo necesitaba algo más…

• Por favor… es que ninguno me la va a meter por el culo?

Es que ya mi culito latía con fuerza, necesitaba ser penetrado…
Fue Ramiro quien tuvo el honor de ser el primero, me puso en cuatro y mientras los otros seguían jugando en mi boca, lo sentí jugar con sus dedos húmedos en mi esfínter, mmmm que rico!, pero más rico fue sentir su carne penetrar las mías…

Me empezó a dar fuerte por el culo, completa, entera, su polla no era muy grande, pero se sentía rica, pronto otro pidió jugar, solo abrió mis nalgas y dijo…

• Pero que puta… como te gusta la polla… mira como tienes ese culo todo abierto…
• Si! – respondí caliente – dale… métemela toda … y vosotros también…

Sin dificultades el segundo me penetraba, el resto se esforzaba por meterla en mi boca, aunque yo en esos momentos disfrutaba lo que pasaba a mis espaldas. Cada uno tuvo su turno, llevé una de mis manos a mi trasero, y mientras uno me follaba, metí un dedo entre su polla y mi culito, luego dos, y tres, haciendo más lugar todavía, fue cuando jugué mis cartas, siempre había tenido la loca fantasía…

• Os animáis a meterme dos al mismo tiempo?

Diablos… no tuve que repetirlo… en unos segundos me metían dos vergas juntas, entrando y saliendo, entrando y saliendo…

Tenía mi polla dura, a punto de estallar, pero solo deseaba que me la dieran por el culo, y si uno era bueno, dos eran mejor…

Y solo imaginen que me hicieron de todo, todo lo que quisieron, me sentí la más afortunada de las putas, y hasta tuve un final no imaginado…

Me pusieron en cuatro, reclinada, con mi culito para arriba, receptiva, se masturbaban al rededor, yo solo esperaba, uno se acercó metió su polla en mi colita y me llenó de leche, fue glorioso, dejó hasta la última gota en mi interior, Ramiro fue el segundo, haciendo exactamente lo mismo, cuando el salió noté mis intestinos llenos de esperma, naturalmente empezó a rebosar y sentí como un delgado hilo bajaba lentamente por mis testículos depilados, eso me encantó…

El tipo que me había acabado en primer lugar dijo mientras buscaba rápidamente un recipiente…

• Dijiste qué harías cualquier cosa… veremos si es cierto…

Y mientras el tercero también llegaba en mi culito, sentí el frío del vaso en mis bolas y como comenzaba a juntar todo lo que sobraba en mi interior.
Así fue, luego que los cuatro ya me habían llenado de semen, me hicieron expulsar el contenido, juntando en ese vaso un exquisito brebaje que ya había imaginado donde terminaría…

Me senté, me lo dieron como un cáliz de redención, tenía el culito exquisitamente abierto, ellos me miraban expectantes, lo llevé a mis labios mientras me masturbaba con fuerzas… fue delicioso, esa mezcla de hombres, todas en uno, sentirla en mi boca, mientras tragaba sorbo a sorbo y notaba el placer en esos hombres, explote en grandes chorros de leche sobre mi vientre…

Todo había terminado, y, como broche de oro, también tragué mi propio semen, me sentí tan puta…

Y no queda mucho por contar, por decir, me habían tratado como a una reina, estaba amaneciendo, me cambié y me dejaron gentilmente en el lugar que compartía con Tatiana.
Me sentí feliz, no lo había hecho por dinero, lo había hecho por placer…

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Nunca supe porque mis relaciones no duraban

Nunca supe porqué mis relaciones no duraban

Me conocí a mí misma casi por casualidad, porque hasta mi cuarto de siglo pensé que era una mujer normal, como la mayoría.

Siempre fui de clase media, unida a la familia, respetuosa con mis sentimientos, y con los de aquellos que le tocaron compartir mi intimidad.
No soy de esas de andar haciendo cosas a escondidas, siempre había creído en el respeto, la fidelidad y mis objetivos de vida no iban mucho más lejos a conseguir un buen hombre y tener varios hijos.

Si bien mi nombre es Romina, todos me dicen Rumi, así me llamaba mi hermana menor cuando era pequeña y no podía pronunciar mi nombre, y con ese nombre me identifico en las redes sociales.

Recuerdo que con mucha soltura, y tal vez pecado de mujer que se sabe demasiado bonita disfrutaba subiendo fotos osadas y sexis a mi perfil de Facebook, explotando mis atributos con ropa provocativa, o en traje de baño y hasta en lencería, hoy me avergüenzo con solo recordar esa foto artística totalmente desnuda, ocultando discretamente mis partes pudorosas.

Esto me valió innumerables amigos, de esos que revolotean alrededor de chicas como yo, pero lo cierto es que mi vida era diferente, era tímida y bastante introvertida, solo vendía un personaje para quien quisiera comprarlo.

La naturaleza había sido bondadosa conmigo, de pequeña estatura, no llego al metro sesenta, tirando a delgada, pechos normales y culo grande, que resalta por el tema de mi poca altura, cabello castaño que tiño a pelirrojo, corto, no llega a mis hombros, ojos rasgados negros, cara ovalada y labios carnosos.
Nicanor era mi quinta pareja formal, si bien había tenido algunos novios de no mucha importancia, a los veinticinco empezaba con este caballero un nuevo intento por formar esa familia que tanto anhelaba.

Mis relaciones estables no duraban mucho, nunca sabía que era lo que no funcionaba, pero algo había. Yo creo que solo me acostumbraba a los hombres, a su compañía, era grato, disfrutaba y me encariñaba con ellos, pero amor, lo que se dice amor, creo que nunca me había enamorado realmente.
Tal vez por ello los únicos orgasmos que experimentaba eran aquellos que obtenía por autosatisfacción, el sexo era bueno, sí, no lo niego, pero siempre faltaba algo…

Nicanor era un buen tipo, creo que el sí estaba enamorado de mí, pero a pesar de eso mi instinto femenino descubriría en él un oculto mujeriego, él lo sabía, yo lo sabía, solo jugábamos a que él no lo era y yo pecaba de ingenua.

En realidad, tampoco me importaba mucho, como dije, no lo amaba realmente, por lo tanto, su comportamiento no llegaba a herirme. El trabajaba en la embajada, tenía muchos contactos, más con el tema que se encargaba de intercambios culturales.

Siempre me hablaba de una tal Guadalupe, una morena que según contaba era de Panamá, que la describía como muy bonita y siempre bromeaba acerca de invitarla a nuestra cama, yo sabía que en realidad sus bromas buscaban ver mi reacción, y además pensaba que esa mujer era una de sus aventuras y que el tema de la embajada era la forma que había encontrado para tapar sus engaños.

Como sea, y para no andar con vueltas, Nicanor se las arregló para que Guadalupe y yo nos conociéramos, realmente me impactó esa joven, a primera vista me recordó a la famosa tenista Serena Williams, era un tractor!, esa contextura maciza, culo, piernas, pechos, su piel morena y su abundante cabellera de largos bucles, y ese acento encantador que tienen los centros americanos al hablar.

Después de cenar, mi pareja se mostraba ansiosa por saber si terminaríamos los tres en la cama, y lo cierto es que la morena me había caído demasiado bien, habíamos establecido contacto, y no me importaba que fuera una chica de intercambio cultural, una amante de Nicanor o una prostituta, lo cierto era que estaba dispuesta a aprovechar la oportunidad que se me presentaba…

Me levanté para ir a buscar unos licores, cuando volví al comedor principal Guadalupe estaba demasiado cerca de Nicanor, con una mano sobre su pierna, mientras el acariciaba los bucles y le hablaba en voz baja, casi susurrando en medio de risas cómplices.

Dejé las dos botellas y los pequeños vasos que traía sobre la mesa para ir a sentarme a las espaldas de Guadalupe y susurrarle al oído…

— Quieres besarlo? Tienes mi permiso

Y mientras decía esto empujaba sutilmente su espalda contra la de Nicanor, ella fue a su encuentro mientras yo observaba la escena, mi mano casi inconscientemente se había apoyado sobre la parte del muslo que no cubría su falda.

Pasaron unos minutos, y Guadalupe giró entonces hacia mi, y sin mediar palabra me cogió con fuerza para juntar sus labios con los míos y enterrar su lengua en mi boca.

Recuerdo que me puse roja de vergüenza ante lo imprevisto de la situación, una parte de mi quería apartarla, pero otra parte disfrutaba de sus gruesos labios, de sus manos sosteniendo mi piel, me dejé llevar, jugué con mi propia lengua sobre la suya, sentía la tibieza de su saliva en mi boca.

Mis pezones se habían erizado, mi sangre aumentaba de temperatura, no podía entender que sucedía en mi interior. Abrí los ojos y el ver el rostro de la morena pegado al mío me hizo volver a la realidad y separarla casi de golpe…

— Wow

Fue todo lo que pude exclamar mientras mi mano se apoyaba en mi pecho sintiendo como respiraba agitada por lo inesperado de la situación.
Nicanor nos cogió a ambas, una con cada mano y nos dirigió al dormitorio, comenzamos a desnudarnos…, yo no podía quitar los ojos de esa mujer, atraída por su oscura piel, que lucía maciza como una piedra, sus enormes pechos, su culo gigante y por cierto su coño totalmente rasurado.

Mi pareja vino a mi encuentro a besarme, me perdí entre sus brazos, en su pecho, en su altura, en su cabello, en su ser, pero sentir la piel de Guadalupe que se pegaba a mi espalda, sus pechos rozándome, sus labios besar mi cuello, sus manos recorrer mis nalgas, me paralizaron, helaron mi sangre.

Me repuse y fui a por todo, me di la vuelta hacia ella tomando la iniciativa, y la besé profundamente, apasionadamente, recorriendo su cuerpo con mis manos, sus tetas eran enormes, nos acariciamos dulcemente unas contra otras, pezones contra pezones, agarré sus caderas, que eran más anchas de lo que puedan imaginar, tenía unas nalgas preciosas, como pidiendo permiso deslicé mi mano cerca de su coño, pero no me animé a más, aunque ella suspiró deseándolo.

La morena y yo nos fundíamos en una, nos matábamos a besos, como dos gatas, mientras adivinaba la presencia de Nicanor a nuestro costado, enloquecido e incrédulo por lo que estaba viendo.

Pronto me había olvidado de él y comenzaba a disfrutar cosas nuevas, cosas que nunca había sacado de mi interior, la empujé haciéndola recular sin separar nuestros labios hasta hacerla caer sobre el colchón. Mi piel se erizaba ante sensaciones que nunca antes había experimentado…

La polla dura y caliente se interpuso de repente entre nuestros labios, ella comenzó a besársela por abajo desde sus bolas, yo por arriba, era muy excitante, ya que nosotras tratábamos de besarnos mientras él se interponía en el camino.

Nicanor estaba visiblemente caliente sintiendo como dos mujeres le comíamos la polla al mismo tiempo, yo me las ingeniaba para lamer su rosado glande y también para saborear los gruesos labios de la morena.

Entre las dos le pegábamos una terrible chupada, excitante, caliente, su cabeza lucía hermosa, brillante, ardiente, nuestras lenguas recorrían al unísono toda esa carne masculina, de arriba hacia abajo, de abajo hacia arriba.

Guadalupe se tomó un descanso, mirando como yo sola le chupaba el miembro, pasados unos minutos fui yo quien le metí la polla en la boca y disfruté observando como ella lo hacía, cambiamos así unas cuantas veces, hasta que al final la dejé solo a ella lamiéndole la polla a mi hombre, yo quería explorar otras cosas…

De pronto me encontré besando su cuello, su pecho, para perderme entre sus tetas,… mmm.. que grandes eran! Necesitaba ambas manos para contener una sola, empecé por tomar una dejando un hueco entre mis dedos pulgares e índices, por donde escapaba su sugerente pezón, dejé mi aliento en él, luego mi saliva, luego mi beso, luego mi mordida tenue, luego lo comí como desesperada, como un caníbal, fui a por su otra teta, repetí la operación, enterré mi cabeza al medio, eran suaves pero duras a la vez.

Ella seguía chupándole la verga, pero se empezaba a excitar por mi estimulación, no lo dudé, llevé dos dedos entre sus piernas, para enterrarlos en su vagina, estaba húmeda y calentita, acaricié su delicada piel interior, la masturbé como yo me masturbaba, apoyando la palma de la mano sobre el clítoris, respondió gimiendo como una chiquilla, abriendo sus piernas, entregándose a mi…

Dejé sus pechos para ir más abajo, me puse en cuatro patas, con mi cabeza entre sus piernas, contemplé su coño afeitado, lo tenía rojo como una sandía, resaltaba con su piel negra, acaricié la suave piel de sus abultados labios, sentí un irrefrenable deseo de besarlos, de probar su sabor a mujer, cerré los ojos y me dejé llevar, como el agua del río se deja llevar por la corriente, era mi primer contacto, me sentí rara, confundida, el calor de su clítoris entre mis labios, su sabor a hembra caliente, me descubrí excitada lamiendo su coño, llevé mi mano a mi propia entrepierna y me masturbé al mismo tiempo.

Fueron unos minutos gloriosos, cada tanto abría los ojos para ver como ella seguía chupándole la polla a Nicanor para volver a lo mío, a seguir con mi lamida y con mí propio placer, la situación era que sentía que su temperatura aumentaba, que se correría en mi boca y eso hacía que yo también me calentara y que sintiera que yo también estaba llegando…

La locura llegó a tal punto que sus gemidos y contracciones hicieron que enloqueciera, lamentablemente para ella fui yo que empecé a correrme de tal manera que perdí el control y no pude mantener el ritmo de la chupada que le estaba dando…, wow… por Dios!… Jamás había tenido un orgasmo semejante, esto encendería una lámpara en mi mente…

Lo que siguió solo fue relleno para mí…

Avancé nuevamente sobre el cuerpo de Guadalupe, ella dejó la polla de Nicanor para abrazarnos y besarnos, el, fue tras nosotras para sorprendernos por detrás, sentí meterse su polla en lo profundo de mi ser, empezó a follarme mientras ella acariciaba mi rostro y disfrutaba de mis gemidos, luego fue el turno de la morena, no imaginan mis sentimientos al ver su boca entreabierta, sus ojos cerrados, sentir sus quejidos, su pecho inflamarse bajo el mío, me mojaba con el cuadro, disfrutando cuando mi pareja la follaba, otra vez volvía a mí, y otra vez a ella…

Hicimos demasiadas cosas, demasiadas piruetas, demasiadas locuras…
Recuerdo haberle insinuado a Guadalupe que me comiera el coño, pero me respondió que ella no hacía esas cosas…

Fue entonces cuando Nicanor se enterró entre mis piernas para comerme y la morena literalmente se sentó sobre mi cara para que terminara lo que había empezado, metiendo su raja en mi boca, presionaba tanto que parecía asfixiarme, mis manos apretaban sus fuertes muslos, mi lengua recorría sus labios, su argolla y hasta su esfínter, a propósito, parecía tan suave y delicado que no pude evitar la tentación de acariciarlo, ella solo me dejaba hacer, ensalivé mi dedo e introduje una falange en él, me parecía raro y delicioso.
A todo esto, mi pareja estaba penetrandome nuevamente y ellos se besaban, formando un triángulo perfecto.

Por último, Nicanor vino a mi lado para empezar a follar a la negra, ante mis ojos tenía el primer plano de su polla entrando y saliendo, y yo me daba el gusto de lamer ambos genitales al mismo tiempo, arrancando por la vagina jugosa, por su clítoris, pasando mi lengua hasta recorrer la polla que entraba y salía para terminar en sus testículos.

Mi pareja, cada tanto sacaba la polla de la vagina y la enterraba en mi boca, era exquisito poder lamerla sintiéndola impregnada en los flujos de nuestra amiga.

Todo terminó cuando entre gritos y jadeos Nicanor le llenó la raja de leche y después metió en mi boca su pene un tanto flácido, para que le limpiara los restos de semen. Guadalupe me dejó que metiera mi lengua en su hueco y disfrutara del sabor de la mezcla de sexos…

Los días pasaron, nunca más volví a ver a Guadalupe, como dije al principio, por más que indagué a Nicanor jamás me confesó si era una chica de intercambio cultural, una amante o una prostituta, pero ella había sido la chispa que encendería mi llama.

Conocí a otras mujeres a espaldas de mi pareja, al tiempo él se había transformado en una carga para mí, por lo que decidimos seguir nuestros caminos por separado, ahora yo tenía otros intereses por delante…

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Nadie me dio nunca, lo que el me hizo sentir

Nadie me dio nunca, lo que él me hizo sentir


Mauricio no fue el primer hombre en mi vida, tampoco el último. No fue un amor más, él fue sin dudas mi Gran Amor, fue perfecto mientras duró, no importan los motivos, por los que ya no estamos juntos. Mi actual pareja es un buen hombre, pero está lejos de hacerme sentir lo que él me hacía sentir…, la locura, el placer, el sexo, la fascinación, la lujuria, todo en mi mente tiene impregnado su aroma.

Sin dudas era diferente, se animaba a traspasar los límites, más allá de lo permitido, era capaz de llevarme del cielo, o al infierno en un chasquear de dedos.

Miles de recuerdos se anidan en mi loca cabecita, rebobino en el tiempo, y recuerdo…

Soy la menor de tres hermanas. Mi padre era futbolista, sobresalía en la liga de nuestro país natal.

Él tenía varios contactos, amigos e intermediarios, que al ver su estilo no dudaron en aconsejarle que buscara nuevos horizontes, un lugar donde se cotizara mejor, donde económicamente se manejaban otros números.

Así que siendo una niña nos trasladamos y solo tengo vagos recuerdos de mi país natal.

Mi niñez no fue muy fácil que digamos, era una niña de piel negra, ojos negros, de esos que resaltan el blanco de los mismos, de gruesos y prominentes labios, cabello endiabladamente arremolinado. En mi país de origen hubiera sido normal, pero aquí era diferente, predomina la raza blanca y los niños pueden ser muy crueles, me miraban como ‘sapo de otro pozo’ y a menudo eran hostiles conmigo, incluso noté algunos padres que se molestaban si sus hijas pretendían hacerse amigas “de la negra”

Mis padres me comprendían y me consolaban diciéndome que todo cambiaría más adelante, que tuviera paciencia…

En mi adolescencia las cosas comenzaron a cambiar, cuando comencé a desarrollarme como mujer, el patito feo pronto se convirtió en el cisne negro, mi cintura se fue afinando, mis piernas ganaron longitud y volumen, mis caderas se desarrollaron, y mis pechos crecieron mucho más que la media de las chicas, pronto comencé a sentirme un extraño objeto de deseo, rubias había a montones, morenas sobraban, hasta pelirrojas se encontraban, pero negra, negra como yo no había, yo era la única, todos querían follarse a la negra. Así que pretendientes me sobraban, era cómico ver que aquellas que ayer me despreciaban hoy me envidiaban.

Llegó mi primer chico, mi primera vez, y luego otro y con el tercero mi primer amor, y mi primera pareja formal, los primeros desengaños, y vuelta a enamorarme.

Mauricio llegó a mi vida en un lugar de baile, mis raíces me llevaban a la bachata, al mambo, a la cumbia centroamericana. Él era barman, servía la bebida en el lugar y como a muchos mi piel negra lo sedujo, me estuvo observando toda la noche mientras yo movía mi cuerpo al compás de la música, nos conocimos, nos dimos una oportunidad, nos enamoramos…

Tengo sus recuerdos a flor de piel, él fue único, fue especial…

Al fin llegó el Sábado, nuestro día, el que esperamos con anhelo, terminamos de cenar. Mauricio y yo cruzamos miradas pecaminosas, era el momento, fuimos a nuestro dormitorio, dejamos la ropa de estar en casa para ponernos coquetos.

El había dejado preparado ese jean desteñido que tan bien lucia, con una remera negra con inscripciones en gris, me encantaba como le quedaba, porque le marcaba todos sus varoniles músculos, por mi lado me miré al espejo, me acomode la ropa, y me fijé que la corta y ancha falda blanca resaltaba con la negrura de mis piernas, no uso medias, no me hacen falta, la escotada remera dejaba escapar sugerente mente el nacimiento de mis grandes pechos.

Estaba contenta, la excitación corría por mis venas, los ojos de Mauricio estaban fijos en mi figura, me halagó, su mirada iba directa a mis pechos y mi trasero. No pude evitar sonreír tímidamente.

Salimos y subimos al coche, puso música romántica, viajamos en silencio, no nos hacía falta hablar, acaricié los rulos de su pelo, él cogió mi mano y la besó, concentrado se en el tráfico.

Llegamos, y entramos rápidamente, tenía demasiados amigos en el negocio que nos obsequiaban entradas, una vez fue el barman de ese lugar, ahora era un invitado de la casa.

Fuimos a la barra, y pedimos unos combinados para beber, me sentía observada, por hombres y mujeres, como un bicho raro, era la única negra en el lugar.

Las canciones iban sonando, una tras otra, Mauricio besó mis labios carnosos y se despidió con un ‘hasta pronto’, era hora de bailar…
Me aparto un poco, un poco más hasta perderlo de visa, me sentía vulnerable, sola… los muchachos intentaban seducirme, pero yo era quien elegía.

Por mi lado pasaron dos jóvenes, uno atrajo mi atención, un rubio con su cabello cortado casi al ras, grandes patillas que mantenían la línea del corte de su cabellera, no era muy alto, de hecho, con los zapatos de tacón lo superaba por poco, su cabeza era redonda, casi no tenía cuello, ancho de espaldas, parecía un bulldog, cruzamos las miradas, y me regaló una sonrisa, parecía seguir su camino, lo detuve cogiéndolo por un brazo, sus bíceps parecían de piedra, se detuvo y, pregunto…

¿Quieres bailar?

Y acepte. Volvió a sonreír, y algo le dijo a su amigo al oído…

Me gusta bailar, lo llevo en la sangre, mientras nos movíamos empecé a mirarlo sugerentemente, llevaba la camisa blanca desabrochada casi desde el ombligo, su pecho trabajado en el gimnasio se marcaba con perfección, la transpiración hacía que la tela de su camisa se le pegara al cuerpo, hasta marcar sus varoniles tetillas, él miraba mis grandes pechos que se sacudían de un lado a otro, y yo me movía en consecuencia.

José María, que así se llamaba, tenía unos bellos ojos celestes y cristalinos, bailamos muy pegados, el uno del otro, su mirada parecía creer que tendría algo más, no sabía que yo solo estaba jugando, porque sabía que Mauricio me estaba observando. Me excitaba al pensar cómo me miraba, me sentía húmeda, y mis pezones se endurecieron marcando mi ajustada remera, el ritmo de la música me llevó a girar sobre mí misma a un lado y a otro, sabía que la velocidad y el vértigo provoca que se eleve discretamente mi falda tableada, sé que estaba mostrando más de lo debido, sabía que quien me observara podría ver parte de mis glúteos y mi diminuta ropa interior, pero era el juego para que mi esposo lo disfrutara…

De pronto sonó una canción un poco más lenta, me acerqué un poco más a mi compañero de baile, su pecho fue un imán para mi mano, discretamente la colé bajo su camisa, su piel estaba húmeda de sudor, sentí su corazón latir en la yema de mis dedos, el me rodeó por la cintura y me susurró al oído…

Ojo por ojo, diente por diente…

Sin más puso su mano libre sobre mis pechos, en el escote, sus dedos indiscretos buscaban más allá de lo aconsejable, y sin darme cuenta, pegó su boca sobre la mía, me metió su lengua casi hasta la garganta, uff sin poderlo remediar note como mi vagina lubricaba a mares, no por lo que él me hacía, sino porque sabía que mi hombre me estaba mirando por alguna parte, en algún lugar…

No sé de dónde salió, lo cierto es que su amigo estaba a mis espaldas, tal vez José María le hiciera alguna seña que no alcancé a ver., me apretaban uno por detrás, y el otro por delante, sentía sus pollas duras y calientes restregarse contra mi coño y mi culo.

El tipo que se agregó a la fiesta… no era de mi agrado, pero lo besé como una ramera, y volví para besar al rubio, sabía que querían compartirme, pero solo mi hombre me follaría esa noche…

Pasaron los minutos, y llegó el momento más duro, debía inventarme un pretexto para quitármelos de encima, me costó, pero al final lo conseguí …

Mauricio vino a mi encuentro, nos abrazamos, y nos besamos apasionadamente, era hora de marcharnos, salimos a la calle. Recuerdo que había una bruma pegajosa y húmeda que no llegaba a lloviznar, sentí como mi clítoris latía con fuerza, mientras caminamos hacia el coche. El con avidez pasó una mano bajo la falda, acariciando mi entrepierna., la sensación fue de vergüenza y de excitación al mismo tiempo, estábamos en la calle!, pero el avanzaba, sus dedos se colaron en mi argolla, me sonrío y me dijo…

¡Zorra! Estás empapada…

Con una sonrisa cómplice, le rogué que no me tocara más, que si continuaba me correría allí mismo, la calentura me había desbordado, y estaba a punto de estallar al mínimo roce…

Regresamos a casa de la misma forma en que vinimos, acompañados por una suave música, acariciando su cabello, mirando la perfección de su rostro.

Con rapidez llegamos a nuestro dormitorio, un delgado hilo de luz del incipiente amanecer se colaba por la ventana, no había tiempo de quitarse la ropa, entonces me dice…

Te has portado muy mal… mereces que te castigue…

Me empujó sobre la cama, cogió una soga, y me ato las manos con fuerza al cabezal de la cama, estaba indefensa, entonces me abrió las piernas, y sentí como se colaban sus manos por debajo del vestido para casi arrancarme el tanga, buscaba la parte húmeda y se la metió en la boca, chupo el flujo que dejé impregnado en ella, no podía soportar más la excitación, y me abrí todo lo que pude para el…

Mi amor cogió la pequeña vara que tenemos para castigos, con la punta chata y flexible, se acercó, y golpeo sutilmente mi clítoris hinchado, eso era algo que me encantaba… insistió una y otra vez… ufff… ¡Dios!… mis gemidos se convirtieron en gritos, era suya, estaba presa de sus juegos. El siguió golpeándome rítmicamente… aaaahhh, mmmm ya, yaaa, ya está…

Me corrí de una forma descontrolada, estaba agitada, la sangre bullía bajo mi negra piel, le advertí que estaba al borde del precipicio… El en silencio bajo la cremallera de su pantalón, metió su mano y saco su hermosa polla, dura como un mástil, perfecta como pocas, justo a mi medida, toda para mí, se acomodó cerca de mi cuerpo, cogió mis piernas, las doblo y subió bien hacia atrás, cerca de mis orejas.

Empezó a jugar con su polla, acariciando rítmicamente mi clítoris, esto me puso a mil de nuevo, tenía el coño tan sensible que no pude evitar gritar…, vi la lujuria y el poder en sus ojos, ahora sí, se acomodó y me enterró su polla hasta lo más profundo de mi vagina…, uff que placer, la sentía moverse dentro de mí, la dureza de su miembro se abría paso en mi interior… mis jugos brotaban incontrolados, me sujeto con fuerza, como castigándome por lo puta que soy, golpeaba con furia, bombeaba mi vagina y la envistió con fuerza. Noté como su polla endureció aún más, sentí que se corría y de pronto como su semen me inundaba.


Mauricio descanso en mi interior, apenas unos segundos, su polla no perdió rigidez, empezó a moverse otra vez, con movimientos pausados pero continuos, yo gemía y gemía y empecé a sentir un orgasmo tras otro. Mi piel estaba erizada de tanta electricidad como la recorría, quería abrazarlo y besarlo, pero estaba atada y no podía, intente estirar y alcanzarlo con las manos, pero no lo conseguí, así que me quede observándolo.

El continuaba moviéndose lentamente dentro de mí, terminando de soltar su semen, noté como se mezclaba con mis jugos, sentí humedecerse mi esfínter con ellos, cerré los ojos, no podía resistir tanta locura, nuevamente sentí contraerse su polla en mi interior, ¡lo iba a hacer otra vez… si!, si!, ¡sí! … su leche caliente volvió a llenarme, algo que me enloquece…

Después se puso a mi lado y me desato, nuestras miradas desprendían pasión, sonreímos. Cuando estuve libre, mi mirada fue a su adictivo falo, ¡el bastardo seguía tan dura como antes!, así que no pude evitar lanzarme a tocarlo, en eso estaba cuando se acercó a mi oído y me susurro…

Sabes… te has portado muy puta, creo que aún mereces más castigo mi negra preciosa…

Pero mi coño ya estaba dolorido y satisfecho, entonces me puso en cuatro patas apuntando al ventanal, (le encantaba ver mis anchas caderas reflejadas por la luz del amanecer) …, enterró dos dedos en mi vagina, saco los jugos y jugó en los límites de mi culito, y poco a poco mi esfínter fue cediendo a los invasores, sabia como continuaba el juego, pero no podía negárselo, no quería negárselo…

Mauricio se aseguró de que mi colita estuviera tan abierta y receptiva como mi coño, en ese momento se acomodó y presionó suavemente, yo me deje llevar por su voluntad, rápidamente mi culo se comió toda esa polla hermosa, se sentía tan rica…

Lo sentía moverse, abrir mis nalgas, sabía que le gustaba observar cuando me follaba por el culo, eso me excitaba mucho, saber que me miraba… entonces lo provoque, tome una postura activa y empecé a moverme empujando su polla y sacándola de mi culo. Me trague su polla todo lo que podía y después la sacaba de mi ano… estaba a punto de correrse cuando me dio a elegir donde quería que descargara su semen…, o sobre mi espalda, o lo quieres todo adentro…

¡Todo adentro! llénamelo de leche!

No tardo mucho más, su polla se inflamó, acelero el ritmo, y exploto, llenándome por detrás, mmm que rico…

Después la sacó y cayó abatido a mi lado, satisfecho., a mí me dolía todo, toque mis agujeros… estaba tan abierta y llena de semen, de su semen…

Se acostó mirando al techo y yo me acurruque a su lado, lo abrace, sentía que era mi protector. Me acariciaba suavemente mi negra piel y mis cabellos, nos besamos y debí dormirme en un sueño profundo…

Así eran nuestros juegos, nadie fue capaz de darme lo que él me dio, y a pesar de ser de muchos hombres, realmente solo era de él, mi amado Mauricio.

No me queda mucho por contar, solo que aun lamento el momento de su partida…


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A solas con mi fantasía

A solas con mi fantasía


Esto sucedió hace ya cuatro años, estaba empezando la secundaria. Mis amigas y yo considerábamos un gran logro el conseguir que un chico de un grado mayor se fijara en alguna de nosotras.

La primera en conseguirlo fue mi mejor amiga Melissa, nos contaba diariamente cómo iban las cosas con su novio. En su mayoría no había muchos cambios, pero nos divertía escuchar sobre las peleas y reconciliaciones, pero Melissa no contaba todos los detalles al grupo.

Pero después de medio año de su relación. Melissa decidió revelarme sobre sus «reconciliaciones». Un día me invitó para ir a su casa después de las clases, porque necesitaba ayuda y alguien que la escuchara.

Así que eso hicimos, al llegar saludé y le pedí a la mamá de Melissa que, si podía avisar a mi mamá que estaba en su casa, ya que en ese momento no tenía teléfono móvil. Tras eso fuimos a su cuarto y comenzamos a charlar.

D: ¿Bueno y por qué habéis peleado esta vez?

M: La verdad que siento que las cosas ya no son como al principio, antes charlábamos durante horas, pero ahora ya ni sabemos sobre qué hablar.

Honestamente me parecían problemas sin importancia y hasta ridículos, pero para nuestra edad e inexperiencia era un tema muy delicado.

D: Pero tranquila amiga, seguro que pronto solucionaréis vuestros problemas..
era tan inocente en esas fechas, que creía que el poder del amor lo solucionaba todo.

M: No estoy segura de que esta vez se pueda.

D: ¿Por qué lo dices?

M: Porque siento que «eso» también es parte del problema.

D: No te entiendo?.

Melissa estaba nerviosa, como si la hubieran pillado y sin tener más opción que confesar.
D: Hay algo que no me has contado, verdad?

M: Prométeme que si te lo cuento no se lo dirás a nadie, júramelo por favor.

D: Está bien, sabes que puedes contarme lo que sea.

M: Es que esto es algo que me da vergüenza y no quiero que te lleves una idea equivocada de mí.

D: Te prometo que no dejaré de quererte, ni te juzgaré, amiga.

Melissa parecía estar ahora más tranquila, respiro profundo y empezó a contarme su historia… Cuando cumplieron dos meses de pareja tuvieron una leve discusión la cual habían solucionado hablando, lo que no sabíamos era que después de las palabras vinieron los besos, y tras eso las caricias.

D: ¿Tuvieron relaciones esa vez? – estaba realmente sorprendida.

M: No, no… Esa vez solo me masturbó.

D: ¿Esa vez? ¿Quiere decir que habéis llegado más lejos?

M: No te molestes por favor.

D: No es eso, solo que me sorprendió.
-Estaba muy asombrada, pero a la vez curiosa sobre la experiencia que había vivido mi amiga.

D: Y… ¿Como te sentiste?

M: ¿Qué cosa?

D: hayy pues con lo que te hizo.

M: Ahhhh, hmmm era como si mi cuerpo botara electricidad, eran sensaciones mucho mayores a las que yo tengo cuando lo hago sola.

D: ¿Ya habías hecho eso antes?

M: Pues claro Dani, me sorprende que tú no hayas hecho nada aún.

Me quedé roja de vergüenza, había descubierto una faceta de mi amiga que nadie sabía más que ella, su novio, y ahora yo.
Tras eso cambiamos de tema y poco después me fui para mi casa. Al llegar no dejaba de pensar en lo que había descubierto.
Después de cenar me dirigí a mi cuarto con la excusa de que tenía que terminar mis tareas, pero simplemente no podía concentrarme. Decidí que lo mejor era dormir así que me cambié de ropa y me puse mi pijama; un pantalón de pijama y un polo, dormía sin sujetador porque me molestaba y de esa forma me sentía mejor.

Cuando cerré los ojos, las palabras de mi amiga empezaron a sonar en mi cabeza y con ellas empezaba a imaginar la escena sin querer, no podía dormir, la curiosidad empezó a llamarme cada vez más fuerte.

Sabía cómo funcionaba, no es ninguna ciencia y creo que lo aprendemos por instinto, pero yo estaba temerosa. Qué pasaría si lo hacía mal, o si no me gusta. Mi cabeza cada vez se llenaba más y más, pero sin darme cuenta mi mano ya estaba bajando.

Decidí intentarlo, me bajé el pantalón y probé primero a tocarme por encima de las bragas. Al principio no sentía nada, solo deslizaba mis dedos sobre la tela, pero poco a poco fui sintiendo algo diferente.

Cerré los ojos, me puse a recrear la escena otra vez en mi cabeza, mientras mis manos subían y bajaban lentamente desde mi clitoris hasta la entrada de mi vagina, aumentando el placer poco a poco. Comencé a imaginarme a mí siendo tocada por el chico que me gustaba en esos momentos, cómo besaba mis labios y me desnudaba…

la ropa me incomodaba, así que me quité el polo primero y al hacerlo sentí mis pechos duros, empecé a acariciarme uno suavemente, imaginando que el chico era quien me tocaba … uff… por momentos me sentía más sensible, el calor me invadía, baje la otra mano, casi arrancándome las bragas, toqué mi coño, abrí las piernas y sentí la humedad de mis flujos brotando de mi vagina…

Ahh, gemí y en voz alta sin darme cuenta, pero tapé mi boca a tiempo, no podía dejar que me escucharan mis padres, y continúe acariciándome, sintiendo un cosquilleo que me incitaba a aligerar mis movimientos… uhmm

Mi imaginación volaba en torno a aquel chico que tanto me gustaba, hasta sentí como me penetraba lentamente, por momentos aumentaba mi calentura… más… quiero máss… mmm

Me puse boca abajo para ahogar mis suspiros con la almohada, mientras con la mano acelere los movimientos, y empecé a follarme mis propios dedos… resbalaban entre mis fluidos. El cosquilleo aumentaba, y la necesidad de moverme más deprisa, adentro afuera, hasta rozar mi clitoris, que había crecido, estaba hinchado y el placer que me daba casi me hacía gritar. Mordí la sábana para evitar que alguien me pudiera oír.

En mi fantasía, recuerdo que si en ese mismo instante hubiera entrado alguien en mi habitación, me hubiera entregado sin pensar, estaba fuera de si, con un deseo incontrolable de sentir más placer y llegar al momento cumbre, pero de pronto me di cuenta, que en mi cabeza era otro chico el que aparecía, era el novio de Melissa. ¿Por qué estaba en mi fantasía?,

estaba mal, debía detenerme, pero mi cuerpo parecía tener voluntad propia, ganándole a los deseos de mi mente, seguía disfrutando, imaginando que me hacía lo mismo que a mi amiga.

D: Hmmmm no… Ahhhh…. No está bien… uffff- Quería detenerme, pero el placer que sentía era mayor, cada vez más fuerte, sentía que me encantaba, que ya no tenía control.

D: Uffff síí, asíí – Ya no me importaba, era solo una fantasía, algo que solo existiría en mi cabeza

D: Que rico lo hacess ufff, házmelo, házmelo como a Melissa, Ahhhh ahhhhh hmmmm síííí.

Mi cuerpo se movía más fuerte, mis manos se iban mojando, sentía mi cuerpo temblar del calor, Era como una corriente que recorría todo mi cuerpo, mientras que en mi mente era follada.

D: Mássss asíííí ahhhh ahhhh AHhhhhhhmmmm

Mordí con fuerza la almohada, sentí que había descargado toda esa electricidad, mi cuerpo se quedó quieto, mientras yo respiraba agitada, sin saber muy bien qué era lo que acababa de suceder.

Traté de pararme, pero mis piernas estaban temblando, mi cuerpo se sentía extraño, pero relajado; con mucho esfuerzo me coloqué de nuevo la ropa y rápidamente caí en un sueño profundo hasta el día siguiente.

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Me encontré con la novia de mi hijo en un App

Me encontré con la novia de mi hijo en un App


Mi nombre es Mateo tengo 50 años de edad, me gusta ir al gym, aunque no tengo six pack. Tengo un hijo de 25 años un poco más alto que yo y su novia, ella tiene su misma edad una jovencita sexy, buenas tetas y un culo para morirse.

Desde el día que me la presentó no pude evitar ver a esa mujer de piel color de la canela, sus labios gruesos, sus tetas, su figura en general… ella se volvió rápidamente mi fantasía.

Soy un hombre viudo pero que gracias a la mujer de mi compadre, aún tengo vida sexual, pero eso es otra cosa, cada vez que la chica venía a casa, siempre me la quedaba mirando, pero trataba de no ser muy obvio. Durante un par de años solo me dediqué a mirarla y masturbarme pensando en ella, pensando cómo la cogía en cuatro y la follaba por el culo, saboreaba su coño…

Así eran mis días, le conté a un amigo mío, no exactamente todo, pero le dije que me gustaría follarme a una joven, el me recomendó cierta app que me ayudaría en mi búsqueda.

Ingresé y los primeros días no encontraba ninguna chica interesada, pero después de casi una semana, una chica me respondió, nunca mostró su cara en las fotos pero si su cuerpo el cual era exquisito… en ese momento no me daba cuenta del parecido…

Esa chica y yo empezamos a mensajearnos por esa app, ella me mostraba fotos de ella y yo hacia ella, constantemente ella me decía que le gustaba, al preguntarle si tenía pareja ella me dijo que sí, pero que el no sabia nada, bueno no le di importancia pasamos varios meses hablando hasta que finalmente quedamos para vernos y poder follar.

Ella me envió la ubicación y me dijo como iría vestida, solo me dio la descripción de la ropa. El día acordado me dirigí al lugar, dejé mi coche estacionado en otro lado por cualquier cosa, entonces me puse a buscarla y de pronto la vi de espaldas.

En ese momento sentí algo extraño y al analizar su vestimenta me di cuenta de que ya la había visto, aunque estaba peinada de otra forma, ese color me resultaba tan familiar y al llamarla por el nombre de usuario que ella tenía, se dio la vuelta, y efectivamente era ella…, la novia de mi hijo, tanto yo, como ella nos sorprendimos y antes de que yo pudiera decir algo, ella se asustó y se fue.

Después de ese incidente ella dejó de venir a casa y en uno de esos días mi hijo se me acercó a preguntarme que si yo le hice algo a su novia, honestamente me asusté, pensé que ella le había dicho algo, pero al preguntarle por qué me decía eso, me dijo que solo preguntaba, ya que ella no quería venir.

A pesar de que ella no quería venir de todas formas me masturbaba pensando en ella, volví a meterme en la app y vi que estaba conectada, lo pensé varios minutos, al final me decidí y le escribí un texto enorme, preguntando por lo que había pasado, al cabo de una hora, ella me respondió, nos estuvimos escribiendo textos sumamente largos, los cuales no entraré en detalles.

El punto fue que ella volvería a venir por casa, para que mi hijo se tranquilizara, pero aun así sería super incomodo, no podíamos ni vernos… y sé que se estarán preguntando cuando llega lo erótico aquí…

Un día llegué a casa, no era muy tarde, pero si más tarde de lo habitual, al llegar vi que estaba mi hijo y su novia. Salude y me fui directo a mi habitación, en eso escuché que la puerta se abría, pensé que mi nuera ya se iba, entonces salí a ver pero me di cuenta que era mi hijo, el que salía… en si, no recuerdo por que salió, pero el caso es que se fue, y se quedó ella en casa.

Fui por unas cervezas y le pregunté si quería beber alguna, ella aceptó, hablamos de temas diversos pero mientras más alcohol consumía, agarre el valor y le dije que habláramos de lo que paso, fui muy insistente, hasta que ella me respondió super enojada… dijo que lo hacia por que mi hijo no la satisfacía, no por el tamaño de su polla, pero si porque era eyaculador precoz. Al oír su confesión decidí tomármelo como una ventaja, así que me senté a su lado, ella no se movió.

Lo tomé como un punto a favor, le empecé hablar como si fuera el chat del app, no note ningún desagrado, ella se resistía solo con palabras, pero el deseo sexual supera a la conciencia, empecé a tocar su pierna, me acerqué a su cuello y lo besé, ella se dio la vuelta, me miro, y dijo…

— “a la mierda”

y nos besamos, todo se fue calentando, ella con su mano izquierda empezó a tocarme la polla por encima de mis pantalones, se me puso tan dura, que me desabroche los pantalones y saque mi polla, ella la cogió y empezó a masturbarme mientras nos besábamos, enroscando nuestras lenguas.

Probar sus labios gruesos mmm…, sabían tan dulces, que no sabría cómo explicar esa sensación, sus pezones ya se notaba que estaban duros, le quite el top, entonces ella se puso encima de mi y empecé a chupar y morder sus pezones como si fuera un bebé… ufff, estábamos sumergidos en un sofocante calentón, pero de pronto escuchamos que se habría la puerta, era mi hijo que regresaba, así que ella dio un salto, rápidamente me abroché los pantalones, ella se puso su top, en eso entró mi hijo, y ella dijo que ya se marchaba a su casa.

Mi hijo la fue a acompañar, y cuando ella se despidió de mí, me abrazó y me dijo…

— ¨chao suegrito¨ y me pellizco la nalgas.

Apenas se fueron le dejé un mensaje en el app y le envié una foto de mi polla que estaba toda dura, ella me respondió casi unos 30 minutos después, me envió una foto de su coño mojado, obviamente ese calentón no podía quedarse así, así que quedamos para vernos en otro lado, un poco alejado de la ciudad…

Dos días después fuimos a un motel y finalmente pudimos follar, probé todo su cuerpo desde sus labios carnosos hasta su pequeño coño depilado. Ella se acostó en la cama y abrió sus piernas y empecé a lamerlo a saborearlo, a meter mis dedos dentro de su vagina, ella gemía cuando le metía y sacaba los dedos…

Cuando ya estaba totalmente mojada ella me dijo…

— “méteme esa polla”

sin pensarlo dos veces, se la metí, la tenía tan dura como una roca, su coño estaba un poco apretado, empecé suave pero ella me decía …

— ¨vamos más duro¨

aumenté la intensidad, incluso aplique fuerza, ella jadeaba…escuchar sus gemidos mientras mi polla golpeaba su coño me ponía más y más cachondo …

Y otra cosa que quería probar fue su ano, y ese si que estaba apretado, ella me dijo que ni a mi hijo le había dejado que se la metiera, el anal lo hicimos poco, ya que se notaba en su expresión que le dolió, así que lo dejamos para otro día, pero lo hicimos en todas las posiciones, en cada parte de esa habitación toda mi leche o se la tragaba o caía en sus tetas o cara.

Desde ese momento, hasta el día de hoy nos volvimos amantes y cada momento, cada descuido de mi hijo le chupo las tetas o ella me chupa la polla, ambos le mentimos a mi hijo para que no se de cuenta y como él confía mucho en ella se cree todo, como ahora, mi hijo cree que ella está con unas amigas, pero está conmigo.

Cuando estamos muy, pero muy calientes hablamos mal de mi hijo en el sentido de humillación, no me enorgullece hacerlo pero es algo que ambos hacemos cuando estamos muy calientes…

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Parecíamos una pareja más

Parecíamos una pareja más *

Mi hermana comenzó a balancear su cuerpo a escasos metros de mi, la verdad es que el bikini blanco que se acababa de comprar le quedaba muy bien, aunque ella no se diera cuenta lo mejor era ver como sus enormes y perfectas tetas estaban a punto de desbordarse.

Las palabras tardaron en salir de mi boca

— Sí, sí, claro…te queda muy bien

— Que sosos sois los tíos con la ropa, ¿eso es lo único que se te ocurre decir? Date la vuelta que me voy a poner el otro que he comprado.

No, por favor, deseé salir de la habitación lo antes posible. No se que me pasaba, pero desde hace un tiempo no podía evitar mirar a mi hermana menor como si fuera algo más que mi hermana, se estaba convirtiendo en una obsesión…

Giré la cabeza escuché como Claudia (así se llama ella) se quitaba la parte de arriba del bikini y poco después como la braga se deslizaba por sus piernas. Mi hermana, desnuda, abrió el cajón para buscar el otro bikini. Yo no la podía mirar directamente, pero la situación era muy excitante ya que mi mente no paraba de imaginarse como sería el cuerpo de Claudia sin ropa.

— Ya puedes mirar

Estaba tremenda, no sabía que era mejor, si sus tetas o su culo duro y respingón, además hace poco se había hecho un tatuaje en la espalda que le quedaba de maravilla.

Saqué fuerzas para hablar…

— Venga ya Claudia sabes que a los hombres no se nos da bien eso de hablar de ropa, te queda perfecto y ya está, ¿qué más quieres que te diga?

— Venga vaaaale te dejo en paz, te libero que voy a hacer las maletas

Esperé a que se diera la vuelta para salir de la habitación, pues tenía una erección tremenda y estaba seguro de que se iba a dar cuenta si me veía el pantalón.

Cuando llegué a mi cuarto me tumbé en la cama y me puse a pensar. Esa misma noche salíamos rumbo a la casa de verano de mis padres en el sur de España, nosotros vivimos en el norte, por lo que el viaje en tren se presentaba largo y tedioso, pero lo peor era que mi hermana y yo íbamos a viajar juntos en un coche cama, en el mismo compartimento.

Desde hacia varios meses no me quitaba a Claudia de la cabeza. Era tan…perfecta, no solo por su cuerpo, también por su forma de ser, simpática, agradable, lo tenía todo. Todavía me acuerdo cuando hace tres meses me confesó que estaba saliendo con un chico del colegio y me pidió consejo sobre como decírselo a mis conservadores padres.

No puedo ocultar que me dio un ataque de celos tremendo, casi como el que me dio cuando hace dos semanas volvió a casa a las 10 de la mañana. Después me dijo que había pasado la noche en casa de su novio y había perdido la virginidad. Casi pierdo los papeles.

Mi polla seguía durísima, me llevé la mano hacia ella y empecé a acariciarla pero no…Era mi hermana.

Subimos al tren al anochecer, el viaje nos llevaría hasta las 9 de la mañana del día siguiente, íbamos en clase turista y cuando entramos al compartimento vimos que había dos literas y un minúsculo cuarto de baño. Justo antes de partir entró una tercera persona al cuarto, era un hombre de negocios que debería rondar los 50 o 55 años, nos saludamos rápidamente, mi hermana me miró con cara de chasco al ver que tendríamos que compartir compartimento pero la verdad es que yo me alivié bastante, así por lo menos no pasaría la noche a solas con mi hermana.

Fuimos a cenar al vagón restaurante, a pesar de que conocía el efecto que producía el alcohol en mi hermana ella se empeñó en pedir un vino que acabó siendo bastante «peleón» y le provocó un ligero achispamiento, yo por mi parte no paraba de mirar el top blanco que se había puesto esa noche, como le sentaba dios…ante el resto del tren podríamos pasar por una pareja de novios más, pero éramos hermanos….

Pagamos la cuenta y entramos en el compartimento riéndonos y bastante bebidos, ni nos acordamos de que compartíamos el vagón con otra persona, por suerte estaba dormido y roncaba bastante. Me subí a la litera de arriba y me quedé en calzoncillos para dormir.

— No hagas ruido o le despertaremos- le dije a mi hermana señalando al hombre

— Pues todavía tengo que cambiarme

Estuve a punto de decirla que lo podía hacer en el baño, pero como vi que se desabrochaba el botón del pantalón preferí callármelo. No me lo podía creer, ¿estaría tan bebida que no se daba cuenta que estaba yo delante?

Se bajó los pantalones y dejó ver sus largas piernas y unas braguitas de esas de «hello kitty» que me provocaron una tremenda excitación, a continuación se quitó el top y lo mejor de todo, el sujetador. Aunque estaba de espaldas pude apreciar el contorno de sus blancos y perfectos pechos. Cuando menos lo esperaba se dio la vuelta y quedó de frente a mí.

— ¿Qué pasa, que no has visto nunca a una chica desnuda?- dijo mientras miraba mi entrepierna

Fue entonces cuando me di cuenta que tenía una erección inmensa, había levantado una auténtica tienda de campaña en las sábanas de la cama.

Con una sonrisa irónica Claudia se puso una camiseta, apagó la luz y se metió en la litera.


Fue luego por la noche cuando me di cuenta del error que había cometido, ¿qué pensaría Claudia de mí? ¿En que cabeza cabía que alguien pueda tener una erección con su propia hermana?

Entre los ronquidos del otro pasajero y la excitación (mi erección todavía duraba) no lograba conciliar el sueño. Miré el reloj y vi que ya era la una. Supongo que tendría que resignarme a pasar la noche en vela, entre el calor, el traqueteo del tren y mi hermana durmiendo medio desnuda en la litera de abajo.

Con cuidado para no despertar a Claudia ni al otro pasajero bajé de la litera y fui al baño. Antes de mear tuve que echar una buena cantidad de agua fría sobre mi rabo para bajar la erección.

Cuando me disponía a subir a la litera mi hermana, a la que creía dormida, habló:

— ¿Todavía estás despierto?

— Sí, debe ser por el traqueteo de las vías o por los ronquidos del viejo ese, pero no consigo conciliar el sueño

— Yo tampoco

Oí como su cama crujía y como bajaba de la litera para sentarse en mi cama

— ¿Puedo tumbarme un rato contigo?

— Sí, claro

La hice un sitio y se acostó a mi lado, de espaldas a mi, su culo rozó durante un segundo mi polla, permanecimos unos minutos así, yo veía su cuerpo moviéndose por su respiración, la tenía a escasos centímetros de mi, olía maravillosamente bien. De repente su culo se puso directamente en mi entrepierna.

Empecé a sudar, se me secó la boca, sabía que iba a pasar, mi polla no atendía a razones y empezó a crecer ante el tacto de ese redondo y durísimo culo, mi rabo llegó a colarse por la raja de su trasero. Pasaron unos segundos en los que recé porque se hubiera quedado dormida, pero de pronto noté que empezaba a mover su culo acariciando con él la punta de mi polla…

— ¿Parece que los dos estamos algo excitados hoy, no?- dijo Claudia

Mi corazón se desbocó, no solo estaba despierta sino que estaba masajeando mi polla con su culo. Yo estaba en la gloria y había perdido todo prejuicio, ni me importaba que fuera mi hermana ni que pudiera cometer un incesto, ni que nos pudiera oír la otra persona del compartimento, simplemente me dejé llevar. Cuando estaba a punto de bajarle las bragas se dio la vuelta y quedamos frente a frente.

— ¿Tu también quieres hacer lo que vamos a hacer verdad?

No hizo falta contestarla, los dos nos desnudamos y tiramos la ropa al suelo del vagón, estábamos a oscuras pero pude apreciar el cuerpo más bello que había visto nunca, unos pechos ni muy grandes ni muy pequeños, simplemente perfectos, se había hecho un piercing en cada uno de los pezones, que estaban durísimos, tenía el chochito arreglado, solo se había dejado una estrecha franja de vello. La situación estaba al rojo vivo, cuando nuestros labios se rozaron nos dimos enseguida un beso con lengua salvaje, los dos habíamos deseado este momento durante mucho tiempo…

— Quiero que me folles, que me folles duro, ¿me has oído hermanito?

Me puse encima de ella a pesar de que mi espalda rozaba con la litera de arriba, me sumergí en sus tetas y comencé a mordisquear sus pezones lo que arrancó sus primeros gemidos, por suerte el otro pasajero roncaba y el traqueteo del tren tapaba nuestros ruidos. Llevé mis dedos a su coñito y me quedé asombrado de lo húmedo y caliente que estaba, sus flujos ya se desparramaban por sus muslos y por las sábanas, aproveché para meter un par de dedos que hicieron que mi hermana arqueara la espalda de p