Violacion

Una empresa inglesa aprobó un proyecto muy atractivo para nuestra oficina.

Para celebrarlo nos invitaron a una cena en un restaurante de la capital, continuo la fiesta en el bar del hotel donde nos hospedábamos.

Entre copa y copa de champán, una y otra botella, estábamos felices alargándose la fiesta.

Yo hablaba con uno de los ejecutivos de la empresa inglesa y cuando mire a mi alrededor, vi que mis compañeros habían desaparecido. Mire la hora, eran cerca de las dos de la madrugada.

Rápidamente me despedí y me dispuse a coger el ascensor que me llevaría a la planta donde estaba mi habitación.

Mi sorpresa fue cuando llegué a la puerta estaba esperándome el ejecutivo al que acababa de dejar en el bar del hotel.

Me pregunté … “cómo ha llegado hasta aquí antes que yo?”, mi cabeza no estaba para pensar.

Abrí la puerta y no se como el ejecutivo estaba dentro de la habitación desnudándome a la vez que me besaba por todo el cuerpo.

Mi cabeza aturdida, aún no sé que pasó pero el caso es que debí cerrar los ojos y me deje llevar.

Cuando reaccione abrí los ojos y vi que el estaba desnudo, yo tumbada en la cama y el queriendo meter la polla en la boca.

Le aparte diciéndole que no, y él seguía insistiendo.

Intenté levantarme y me daba vueltas la cabeza. 

Por unos momentos fui consciente y me fijé en él, estaba desnudó junto a mi, su polla era gorda y no muy larga, pero quería metérmela .

Yo continuaba negándome y apartándole.

De pronto bajo su cabeza hasta mi coño, metiendose entre mis muslos y empezó a chuparme con fuerza, me empezó a gustar y me rendí ante su lengua, abrí piernas y siguió comiéndome, se movía con rapidez, metía y sacaba la lengua de mi vagina a una rapidez que no podía negarme.

Empecé a gotear y ya me entregue.

Le cogí y le tumbe sobre la cama, me puse encima y metí su polla entera de una vez. Me movía como una loca, cabalgando al galope. Me gustaba y después de 5 meses de abstinencia no podía parar. 

En un momento dado él se movió y sacó la polla y me note tan mojada como no recordaba. Entonces me dio la vuelta, me agarro de las caderas y levantó mi culo para meter su polla, yo me negué y empezó a darme golpes en las nalgas con su mano.

Nunca antes me habían dado cachetes en el culo y me gusto, me gusto y mucho, quería que pegara más, y explote, me corri de forma brutal sin poder controlarlo.

El no paro y según estaba agachada con el culo hacia arriba, me metió la polla por la vagina moviéndose sin parar.

No se que me pasaba pero no quería que acabara y le pedía más. La metía con fuerza, muy fuerte y me empujaba de tal forma que movía todo mi cuerpo, mis pechos iban de un lado a otro y notaba como volvía a estar húmeda y crecía mi deseo. 

Me levanto y me sentó encima de el tocador, coloco mis piernas sobre sus hombros y volvió a meter aquella polla gruesa. Me temblaba todo. El seguía moviéndose con fuerza y notaba sus huevos como me golpeaban las nalgas, y volví a explotar, al oír mis gritos se corrió él también. 

Saco la polla y me hizo chupar todo su semen. Me obligo y no me dejaba, sujetaba mi cabeza con fuerza sin poder hacer nada, teniendo que tragarme todo su líquido hasta la última gota y entonces me soltó.

Fui al baño para darme una ducha, me sentía sucia. Me vestí y mire reloj, solo había pasado 20 minutos desde que había subido a la habitación, me parecía habían pasado horas entonces fue cuando tuve algo de lucidez.

Al salir del baño le di una bofetada todo lo fuerte que pude y le grite que saliera de mi habitación .

Me tumbé en la cama y estuve recordando todo. Había cosas que recordaba que me gustaron y otras que me enfadaban.

A la mañana siguiente me desperté vestida, me había quedado dormida sin darme cuenta.

Baje a desayunar al restaurante del hotel donde estaban mis colegas, teníamos que darnos prisa o llegaríamos tarde al aeropuerto.

Nunca mas volví a ver aquel hombre.

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Fui Infiel

Fui Infiel

Hace años cuando me enteré que mi mujer tuvo una aventura, mi sueño se cayó por los suelos, me pillo en momentos bajos. Por trabajo tuve que estar fuera de casa, cinco meses.

Y por fin llegó el día….

Llegue a Londres después de un trabajo para mi Empresa y no quería ir a casa, fui a mi empresa y me quede trabajando en el despacho solo, después de irse todos, seguí trabajando.

Estaba concentrado en los papeles y no oí que entraba alguien. Era la mujer de un colega que trabajaba en la misma empresa, me preguntó que si necesitaba algo.

Le dije que no y bromeé con ella diciéndole que si era nueva y ella se echó a reír y se sentó en el sillón frente a mi mesa.

Pude ver sus muslos fuertes, cruzó las piernas y dejaba ver sus bragas blancas. Ella se dio cuenta que la miraba… sonrió y abrió las piernas un poco más.

Me dijo que llevaba mucho tiempo sin sexo con una mujer. Que si podía hacer ella algo para que mi polla estuviera tranquila.
Yo reí y así empezamos hablar de sexo. Y ella me contó que su marido no funcionaba en la cama por un problema de salud, que ella buscaba hombres de verdad que la utilizaran con fuerza y que la mandaran, era lo que la gustaba.

Yo estaba caliente con la conversación y no podía disimular con esa mujer y al mismo tiempo recordaba que mi mujer me había sido infiel.

Le propuse comer algo y rápidamente dijo que sí, que ella iba a comprar algo para cenar y regresaba. Que mientras tanto continuara trabajando.

Yo pensaba que se marchaba y quedaba todo en risas. Pero al rato largo apareció con una bolsa, con montaditos variados y una botella de vino.

Nos sentamos en el sofá y apoyamos la comida en la mesa, comimos y seguimos hablando de sexo. Pasó el tiempo y cuando miré el reloj ya eran 2:10am, muy tarde, no había nadie en las oficinas, solo los vigilantes en la entrada del edificio.

Después de comer me dijo que el postre era ella. Me cogió de la mano y me levantó y se sentó en el sillón grande, después se puso de rodillas y me bajo la cremallera del pantalón, saco la polla y empezó a chuparmela con fuerza y muy deprisa, me puse rápidamente en marcha, entonces ella levantó y dijo que ya la tenía bien para otra cosa

Me hizo sentarme en el sofá y se dio la vuelta, se levantó la falda y con los dedos se apartó el tanga a un lado y se sentó sobre mi polla, yo notaba el tanga rozando mis huevos y eso me ponía más cachondo aún, estuvo moviéndose sin parar.

Metiéndose y sacando mi polla de su coño, mientras se tocaba el clitoris, con sus dedos iba rozándome la polla. De pronto empezó a gemir, a gritar, a decir que ya, que ya venía y el escuchar su voz, sus gemidos y saber que se corria, yo explote y eyacule dentro de ella.

Fue un sexo increíble, era una mujer que estaba muy buena y sabía follar, hacer lo que aún hombre le gusta.

Fue la primera y la única vez que he sido infiel a mi mujer. Ella no lo sabe y nunca se lo diré. Porque luego supe que era amiga suya y sabía todo lo que había pasado entre nosotros.

Ahora pienso que ella sabía lo de mi mujer y quiso ayudarme a superar esa circunstancia. No volvimos hablar nunca de eso y dejamos de vernos en trabajo.

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Rompí con muchos mitos

Rompí con muchos mitos

Con 28 años, era un joven deportista, me gustaba machacarme horas en el gimnasio.

Era un noche fría de invierno, pero decidí salir, ya me tocaba, cogí mi moto y fui a un local que frecuentaban chicas, pero no tuve suerte de encontrar a ninguna que se adaptara a mis gustos.

Decidí ir a otro lugar donde estaba seguro que conseguiría a la chica que calmara mi sed. Cuando entre en el local me llamo la atención una chica que estaba sentada en un taburete de la barra. Estaba de espaldas a mi… era rubia, con el pelo corto asimétrico, un lado corto a ras de la oreja y el otro lado le llegaba al hombro.

Llevaba un vestido corto, color chocolate, con la espalda desnuda, el corte le llegaba al nacimiento de sus nalgas.

Me acerqué a ella y al verla de frente, su mirada color miel y sus labios carnosos, me quedé prendado de ella, le dije…

— hola, te invito a una copa

— hola, ya estoy tomando una copa. Pensé que me invitarías a otra cosa…

Su respuesta me sorprendió, no me lo esperaba…

— tienes razón, ya veo que estás bebiendo y ya que lo mencionas, si te apetece?…

Ella sonrió, y yo pedí una cerveza al Barman. Nos presentamos, se llamaba Yesica y hablamos de cosas sin mayor importancia.

La miraba sin poder disimular sus pechos desnudos debajo de su vestido, como sus pezones lo empujaban…

Al rato le dije…

— Que te parece si nos vamos a un sitio más tranquilo?

— me encantaría, pero he venido con mi amiga. Hemos venido con mi coche y no la puedo dejar sola… déjame que la llame y vemos cómo hacemos.

Cuando vi llegar a su amiga Clara, fue una sorpresa, era una chica con el pelo largo, pelirrojo y rizado. Ojos azules y boca grande, vestida con pantalón y camiseta ajustada con un buen escote, donde sobresalían sus grandes pechos.

Yesica le dijo algo al oído, mientras me miraba de reojo y entonces Clara dijo…

— vaya, que suerte… mi amiga siempre tiene suerte.

Nos quedamos hablando un rato los tres, Clara no paraba de sobarme el pelo, los brazos… y en un momento determinado Yesica se acercó para darme un beso en los labios, algo que yo aproveché para rodearla por la cintura y acariciar su espalda, intentando alargar la mano y rozar uno de sus pechos.

Me propusieron ir los tres juntos a un sitio tranquilo, a lo que yo accedí sin pensarlo.

Salimos del local y subí en mi moto y ellas dos en su coche, arranco y las seguí… por el camino iba pensando en que dos chicas me había encontrado… estaban buenas, eran guapas y encima simpáticas…

llegamos a un Edificio a las afueras de la ciudad y subimos a la planta 21. Cuando entramos en el apartamento, una de ellas encendió la calefacción y la otra apartó las cortinas del ventanal del salón. Entraba una luz tenue del amanecer…

Impaciente bese a una y después a la otra, entonces Yesica me dijo…

— tranquilo, no tengas prisa, observa un poco, quieres?

Y me senté en uno de los sillones… Empezaron a besarse, se abrazaban, tocaban mientras reían. Yesica lamia los dedos de Clara, como si se estuviera comiendo una polla, se los metía hasta la garganta. Note como mi polla reaccionaba al estímulo…

Clara empezó a bajarle el vestido a Yesica, hasta dejar sus pechos desnudos y volvieron a besarse dejándome ver sus lenguas… Clara se quitó la camiseta y comenzaron a restregarse los pechos… yo miraba boquiabierto esos pezones como se rozaban unos con los otros…

Después de varios minutos se acercaron a mi, Clara se sentó a mi derecha y comenzó a besarme, a acariciar mi pecho, brazos… sentía su respiración agitada y mis manos se dirigieron a sus pechos.

Yesica se arrodilló entre mis piernas, desabrochó mi pantalón y sacó mi polla, que estaba dura como nunca. Empezó a meneármela, la agitaba de arriba abajo, como para arrancarme la… ufff que bien lo hacia. Al momento paró y dijo que iba al baño.

Clara continuaba mordisqueando mi oreja y me susurró…

— sabes que mi amiga y yo somos muy putitas? Nos vamos a comer tu polla, la vamos a exprimir hasta bebernos todo tu líquido, nos lo pasaremos de una boca a la otra…

Lo dijo de tal forma que me puso cardiaco, era puro Morbo. De pronto algo llamo mi atención… la puerta del w.c. estaba entre abierta y me pareció ver a Yesica haciendo pis de pie. Me levante de un salto y Clara me quiso frenar, pero me deshice de ella y en un forcejeo conseguí llegar…

— pero… no eres una mujer

Ella se acercó a mi queriéndome besar…

— que importa, vamos, tócame como antes… no seas antiguo, hombre, mujer, que importa…, no te gustan mis tetas, no te ha gustado que te chupara la polla? …

Se acercó de nuevo y volvió a besarme, sentí su calor, sus jadeos y entonces Clara dijo…

— no os acordáis de mi?…

Clara se había desnudado completamente y estaba tumbada sobre el sillón… con sus pechos exultantes y su buena polla, no me sorprendió que también fuera hombre y en ese momento me dejé llevar, dispuesto a tener sexo con dos travestís…

Fuimos a un dormitorio. Ellas se pusieron rápidamente a cuatro patas sobre la cama, una junto a la otra. Tenían unos culos perfectamente femeninos bien depilados, me acerqué, mojé dos de mis dedos y con la mano derecha le metí dos de mis dedos en el culo de Yesica y dos dedos de mi mano izquierda a Clara, ambas empezaron a gemir y a pedir polla.

Yo estaba tremendamente caliente, así que fui detrás de Yesica y de un empujón enterré mi polla en su culo, ella se arqueó gimiendo de placer. Al rato fue el turno de Clara, se la metí hasta el fondo, moviéndome sin parar y así fui alternándolas a la dos.

Después Yesica me recostó en la cama boca arriba, se sentó sobre mi polla, con una pierna y otra a los lados de mi cadera, la empujo hasta tenerla toda dentro de su culo y empezó a cabalgar, moviendo sus caderas… fue una sensación rara, sentir sus bolas y su polla sobre mi pubis, pero no me incomodo…

Me besaba gimiendo con mi polla en su culo, Clara se acercó interrumpiéndola, le acercó su polla y Yesica abrió la boca y está se la metió y empezó a mamarla, mientras seguía cabalgando mi polla.

Yo miraba las dos pollas que tenía cerca de mi, y Clara me acercó su polla y empecé a hacerle una paja mientras Yesica la chupaba. La acercó a mi y sentí la necesidad de probarla, acerqué mi cabeza y lamí el glande, me la metí poco a poco en la boca y la chupe. Fue tan excitante, que de pronto sentí un estallido en mi interior y inundé el culo de Yesica con mi semen, empecé a moverme como si me hubieran dado electricidad, entonces Clara se corrió sobre los pechos de Yesica y Yesica explotó sobre mi abdomen.

Esa madrugada comprobé que podía disfrutar del sexo de una manera más amplia de la que siempre había disfrutado, sin pensarlo derribe muchos prejuicios.

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Cada día quería más

Cada día quería más

Descubrí que mi pareja mantenía relaciones sexuales con una amiga común, en un principio no podía creer como podía traicionarme…

Marga de había separado y la invité una temporada a vivir con nosotros, hasta que encontrara una vivienda que le encajara y que estuviera tranquila con nosotros. Éramos amigos desde hacía años.

Paul hablo conmigo en varias ocasiones explicándome que no había sentimientos, eran juegos y que le gustaría que participara en ellos. Mi respuesta inmediata fue…

— NO, ni hablar…

Pero después de hablar mucho, participando Marga y haciéndome entender que estos juegos nos unirían más a Paul y a mi como pareja, acepte…

Me enseñaron Marga y Paul a mantener relaciones sexuales con ellos, y llegó un momento en que lo necesitaba y lo buscaba, nunca antes me había fijado en el coño de otra mujer…

cuando estábamos sentados en el salón, viendo la televisión, Marga se abría de piernas y yo no podía dejar de mirarla, como era, como se excitaba, como goteaba líquido, como se le hinchaban los los labios y crecía su coño…

Cuando Paul le metía la polla, veía como se abría su vagina, como le salían sus flujos y mojaba los testiculos de él y también cuando la veía como se masturbaba y como lo hacia… uff me fascinaba verla y en mi cabeza solo tenía esa imagen.

Si una semana no había sexo entre los tres, yo lo buscaba… recuerdo una semana que no había pasado nada…

Estábamos sentados en el sofá grande y Marga en el pequeño, hacia calor y estábamos todos desnudos, y sin saber porque cogí la polla de Paul y empece a tocarla, ellos me miraban sin decir nada, y cuando empezaba a crecer, bajé la cabeza y empecé a chuparla, con suavidad, lamiéndola con intensidad, entonces Marga se acerco y quería chupar también la polla de Paul.

Entonces me aparté, y ella levanto mi culo y se puso de rodillas tras de mí y empezó a chuparme el coño… tan cachonda estaba, el notar su lengua rozar mi vagina, me volví un volcán y exploté tremendamente fuerte y me olvidé de la polla de Paul…

Marga tuvo que seguir chupando a Paul, este tenía la polla durísima, se había puesto muy cachondo mirando cómo Marga me hacía disfrutar. Ella empezó a meterse la polla muy deprisa, la devoraba hambrienta, con sed… Paul empezó a gemir más deprisa y yo empecé a tocarle sus testiculos y al momento terminó con una buena corrida, Marga tragó todo su semen, le dejo la polla bien limpia.

Luego Marga se tumbó en el sofá y hizo que Paul y yo la chuparamos bien los pechos y vagina. Hubo un momento que yo necesitaba comerle el coño y Paul no se apartaba y empezamos un juego de lenguas comiendo un dulce.

Marga no dejaba de gemir, decía…

— me volvéis loca de placer, estoy a punto, si seguís así me voy a correr…

Continuamos chupando los dos con nuestras lenguas y su vagina y al momento oímos un gemido desgarrador que anunció su gran corrida.

Marga y Paul me metieron en ese mundo y me volvía loca, me gustaba y disfrutaba mucho, todo era felicidad, buscaba momentos para pillarlos cuando se masturbaban cada uno, y mientras les miraba yo también me hacía una paja, y cuando estábamos juntos quería jugar con ellos y si me decían que no, yo empezaba con Marga o con Paul o con los dos.

Estaba obsesionada y necesitaba sexo a diario. Ahora lo pienso y no lo entiendo, pero en ese momento era como droga que me empujaba a querer más…

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Invite a Luis a cenar

Invite a Luis a cenar

Una noche invite a Luis a mi apartamento, prepare la cena mientras esperaba que llegara, puse la mesa de gala y encendí una vela que coloque en el centro.

Cuando llegó Luis ya tenía todo listo, había preparado una fuente de verduras a la plancha y otra fuente de diferentes quesos. El trajo una botella de vino tinto, un reserva de Rioja, me dio un beso y la abrió, sirvió dos copas y brindamos. Nos sentamos en la mesa y empezamos a degustar la comida mientras hablábamos de cómo había ido el día.

Me vestí con una camisola ancha, por encima rodilla, sin nada debajo. El llevaba jeans, con una camiseta blanca.

Después de cenar continuamos hablando tranquilamente, mientras bebimos hasta acabar con la botella de vino, en un momento dado, Luis se levantó y se acercó a mí, dándome un beso largo y excitante, jugando con mi lengua.

Al momento mis pezones se pusieron rectos y activos y el lo notó. Me levante y le cogí de la mano y le lleve a mi dormitorio, me levantó la camisola y yo levanté los brazos y me la quito.

Empezó a lamerme los pechos, mordisqueando los pezones duros y su mano bajó hasta mi coño húmedo, metió un dedo…mmmm para ese momento yo notaba como mis flujos empapaban su mano.


Con la otra mano, se desabrocho los botones del pantalón y saco su polla, y mi mano fue directa a acariciarla… estaba totalmente dura, notaba sus venas hinchadas. Empecé a moverla de arriba abajo con celeridad.

Al momento, me tumbó en la cama, se agachó y metió su cabeza entre mis piernas y empezó a Chupar mi vagina, tenía una lengua colosal, como me puso de cachonda. Yo gemía, y le decía…

— me estás poniendo muy cachonda, sigue, sigue…

No pude contenerme y explote dando saltitos, estremeciéndome de placer.

Después, me levante y le tumbe a él sobre la cama, empecé a acariciar su polla, con suavidad, le fui masturbando, al mismo tiempo, con la otra mano, le tocaba los testiculos y pasaba la yema de un dedo por su ano… sentí como se estremecía y su polla se movía al tacto de mi dedo, endureciéndose aún más.

Sentí la necesidad de llevarme la polla a la boca, necesitaba sentir su dureza y me la metí con hambre, no me cabía en la boca, pero yo intentaba tragármela y saborearla. Estaba algo salada de las gotitas que brotaban de su punta.

Le folle con mi boca, succionando y lamiendo desde los huevos hasta la punta, recreándome en ella. El me cogió la cabeza y dijo…

— nena, sigue… no pares… me voy a correr…

yo empece a mover mi cabeza mas deprisa, acariciándole el perineo y a los pocos segundos, explotó dentro de mi boca, fue tanto lo que expulsó que trague todo su líquido. Al apartarme, cayo semen por mi barbilla. El me miraba con cara de satisfacción, con una mueca dibujando una sonrisa. Fue una corrida especial.

Después nos dimos una ducha juntos, frotándonos el uno al otro.

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No se preocupó por mí

No se preocupó por mí

Era mi cumpleaños, por fin ya era mayor, estaba harta de masturbarme todos los días, quería probar algo nuevo, diferente.

Una tarde iba paseando por la calle después de hacer unas compras y entre a comer algo a un local, coincidí con un amigo del Instituto, que se llamaba Ricardo, estuvimos hablando un buen rato, cuando acabe mi consumición le dije que me marchaba a casa y el rápidamente dijo que si quería el me acercaba en su coche.

Por el camino comento que podíamos ir a un sitio que conocía, que era tranquilo y así estar un rato a solas. Supe enseguida que iba a pasar pero era mi oportunidad para probar algo nuevo…

Cuando llegamos al mirador apagó las luces del coche y pasamos al asiento de atrás, y a los tres minutos ya estaba besándome, me tocaba los pechos y como veía que yo no le tocaba se llevó la mano a los jeans y se sacó su polla tiesa.

Al verla, pensé que no estaba mal, era grande, pero no de las grandes que había visto en las películas porno de internet, la podía ver bien con la luz que reflejaba una farola y le dije que quería verle como se la tocaba y empezó a masturbarse… su mano subía y bajaba a lo largo de su miembro y apretaba un poco cuando llegaba a la punta.

Empecé a ver cómo brotaban unas gotas transparentes con las que se empapaba la mano y continuaba con su subida y bajada de mano acariciando su polla.

Estaba atenta mirando la escena y de pronto empecé a tener un calor tremendo y note como salía líquido de mi vagina., con un gesto inconsciente me llevé la mano al coño y note como tenía el tanga mojadísimo.

Estaba absorta viendo como él seguía tocándose y de momento empezó a gemir y sin darme cuenta, me tumbó en el asiento y me apartó el tanga, me abrió las piernas y metió de un empujón su polla al fondo de mi vagina.

Note la dureza y el calor que desprendía dentro de mi, y antes de un minuto terminó y se corrió dentro de mi. Yo estaba cachonda y él salió del coche, se limpio, se subió los jeans y arrancó el coche.

Me quede sin palabras y llegamos a mi casa en silencio y cuando paro el coche para que bajara dijo que si quería podíamos ir al cine al día siguiente y pensé…

— porque no

Así que quedamos en que me recogería por la tarde

Al recogerme al día siguiente, fuimos directos al cine, saco las entradas y compro unos refrescos y entramos. Nos sentamos por la parte de atrás donde no había mucha gente.

Apagaron las luces y empezó la película. Al momento empezó a meterme mano, tocándome los muslos, iba subiendo despacio hasta mi coño, me acariciaba por encima de las braguitas y yo notaba como estaban empapadas, por un lado metió un dedo y rozaba mi labio y metió otro dedo…

Yo estaba cachonda perdida, notaba como mis pezones estaban de punta y el calor se apoderaba de mi. Abrí las piernas y el metió uno de sus dedos dentro de mi vagina, con el otro dedo empujaba mi clitoris… mmmm me empecé a estrujar los pechos sintiendo sus dedos dentro de mi. Saque mi culo hacia adelante y le expuse mi coño abierto para que siguiera tocándome con más facilidad.

Entonces saco su polla, cogió mi mano y la llevo hasta ella, la cogí y el con su mano sobre la mía, me guiaba para masturbarle, notaba su dureza en la mano y las gotitas que brotaban de la punta como iban mojándome la mano, cuando me quise dar cuenta se corrió y ahí acabo la historia, guardo su polla y siguió viendo la película.

Yo estaba con tal calentón que subía el calor hasta mis orejas. Cuando acabo la película le dije que me llevara a casa. Quiso que quedáramos otro día, pero le dije que no podía, pero insistió y entonces le dije que no era el chico que yo esperaba.

Cuando llegue a mi habitación, me masturbe con desesperación.


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Mi sueño convertido en realidad

Mi sueño convertido en realidad

Tenía que probarlo y un día me arme de valor y quede con una amiga bisexual. Cité a Sofia en una cafetería y le hable de mi inquietud y deseo de tener una experiencia con una mujer, ella aceptó sonriendo y me dijo que seguro que me gustaría y que lo íbamos a pasar muy bien… y acordamos llevarlo a cabo en esa misma semana…

Quedamos el viernes en un hotel en el centro de la ciudad, nada más entrar en la habitación después de dejar las cosas sobre una mesa, fuimos a asearnos al baño, nos mirábamos con sonrisas de complicidad mientras nos duchamos cada una.

Sofia me iba tranquilizando, diciendo que ella me guiaría y que lo iba a disfrutar… tenía unos pechos redondos con pezones rosados de una tamaño 95, su pubis depilado y labios vaginales delgados, parecía el coño de una niña.

Después nos envolvimos con unas toallas y fuimos a la habitación, me tumbo sobre la cama y sin mediar palabra, empezó a chupar todo mi cuerpo, estaba algo nerviosa pero rápidamente me relaje, era maravilloso con que dulzura recorría mi piel con sus labios y lengua, yo ya en ese momento quería correrme ya, no quería esperar, me puse tan cachonda… pero ella iba despacio y saboreándome con delicadeza y alargaba el momento, hasta que llegó a mi coño y se entretuvo en chupar, morder y jugar con el.

Yo estaba al máximo de excitación, estaba extasiada y necesitaba correrme, se lo pedí y ella me dio un cachete en el culo, y continuó a su ritmo, recorriendo con su lengua cada centímetro de mi coño, recreándose en los labios y metiendo la punta de su lengua en mi vagina, succionando me el clitoris… mmm era una gozada.

De repente se puso en la postura del perrito sobre mi, dándose la vuelta, mirando a mis pies y me puso todo su coño en mi boca, mientras seguía comiendo mi coño, yo instintivamente empecé a saborear mi primer coño… algo ácido y sensible a mis labios, sentí como ella estaba cachonda, notaba sus jugos en mi boca y me gustaba cada vez más esa sensación de placer desconocido para mi hasta ese momento.

Notaba que nos íbamos a correr, entonces ella se levanto y puso su coño junto con el mío, con las piernas abiertas, rodeando mi cadera y empezó a moverse como una posesa, me asusto y todo, y se me corto un poco la excitación, pero al instante mi coño empezó a despertar de nuevo.

El sonido de sus jugos junto con los míos, el calorcito que desprendía esa unión vaginal, como estaban goteando, la fricción de sus movimientos… eso me puso mucho más cachonda y al poco tiempo explotamos, nos corrimos de una manera salvaje. Fue explosivo y muy satisfactorio, notando palpitaciones en mi coño y también sentí los de ella.

Desde ese día quedábamos de vez en cuando para repetir y siempre era lo mismo, el placer que sentí con ella siempre lo he recordado, fue una experiencia tremendamente placentera.

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Durmió como un niño

Durmió como un niño

Una noche mientras esperaba a Lucas a que llegara de viaje, que regresaba después de unos días de trabajo fuera del país, prepare todo para ponerme dura con el y obligarle a que hiciera cosas que me gustaran y estaba segura de que a el también le gustarían.

Me vestí de chica mala, sin ropa interior y me coloqué unas bolas chinas grandes dentro de la vagina, huecas y con bolas golpeando las bolas, eso hizo que con cada paso que daba, las bolas se movían golpeando mis paredes vaginales y me puse caliente solo con pensar la reacción de Lucas cuando me viera y estuve constantemente goteando de los repetidos golpes de las bolas.

Con una falda de cuero corta, que a cada paso se me veía el culo, y con una camiseta de tirantes blanca que marcaba mis pezones negros, muy escotada, que cuando me agachaba se salían mis pechos y pezones.

Me hice un recogido con el pelo y me puse unos guantes de color negro para agarrar mejor su polla.

Cuando llegó Lucas, apague la luz del salón y el entró, empezó a llamarme y le dije que entrara en el salón sin encender la luz.
Cuando vi que entraba, no le di tiempo para que reaccionara y de un empujón le tiré sobre el sofá, me puse de rodillas frente a él y saqué su polla y empecé a chuparsela, hasta que se puso muy dura, entonces, con un plumero de juegos, empecé a golpear despacio sus testiculos, el apenas dijo nada, empezó a moverse y soltaba unos gemidos.

Yo seguía chupando su polla y acariciando sus huevos, note como salía líquido por la punta de su polla, y me senté encima, metiéndome la polla muy despacio, para que notara dentro de mi vagina las bolas.

En ese momento intentó levantarse, y le volví a empujar al sofá, callada, sin decir nada, y el tampoco dijo palabra, estaba sorprendido. Cogí el hilo y tiré y saqué las bolas y se las puse en su boca para que chupara mis fluidos, después me puse de rodillas apoyando los brazos en el respaldo del sofá, acercando mi coño a su boca y hice que me chupara sin darle un respiro, y empezó a chuparme con desesperación.

Succionaba mi clitoris y yo me movía para que metiera su lengua dentro de mi, estaba cardiaca de excitación, empecé a jadear y el chupaba con más fuerza hasta que explote con convulsiones, apenas podía moverme, cuando lo conseguí y me aparté, vi mis jugos como corrían por su barbilla.

Después tal como estaba, me senté de nuevo encima de su polla y me empecé a mover como una loca, no dejé que el hiciera nada, cabalgaba sobre su polla con fuerza, entre gemidos le gritaba…

— como me gusta tu polla, que dura la tienes… me encanta comérmela…

Cuanto mas alto le decía lo mucho que disfrutaba de su polla, mas se excitaba, moviéndose al mismo ritmo que yo, hasta que note por sus gemidos constantes que se iba a correr, seguí cabalgando su polla más deprisa y al momento note como me inundaba con su líquido y dejo de moverse, me aparté y le chupe la polla metiéndomela toda como nunca, hasta garganta.

El no creía lo que pasaba, estaba en otro mundo, como en un sueño. Después le levanté del sofá y le llevé al baño, le lavé la polla y la seque y le acosté para que durmiera y descansara.

Y durmió como niño.

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Me costó superar ese episodio

Me costó superar ese episodio

Estaba grabando una serie, compartía camerino con Franck, eran muchas las horas de grabación, países que visitamos, escenarios, horas intempestivas… era agotador y cuando disponíamos de un descanso, Franck y yo nos escapábamos a tomar una copa, un café o comer algo.

Cuando finalizo la serie, organizaron una fiesta todo el equipo como siempre. Fuimos a cenar, luego a tomar un copa a un local privado, y después de una copa de mas, estaba cansada y tenía ganas de irme a descansar, ademas había quedado con mi pareja para ir a su casa. Julius había preparado todo a mi gusto, había cogido mis sabanas favoritas, mi almohadón, y tenia todo organizado para que pudiera descansar unos días con él.

Al despedirme Franck, se ofreció a llevarme a casa, dijo que también estaba cansado y así tenía la excusa perfecta para marcharse de la fiesta…

Bajamos al parking y fuimos hacia su coche y entramos. Al salir del aparcamiento me empezó a hablar de un papel que le habían ofrecido para otra serie y que le encantaría que yo aceptara el papel de protagonista, decía que me iba perfecto y no se cuantas cosas mas.

Fue muy insistente y parecía que estaba muy emocionado hablándome del que podría ser mi papel, que me invitó para que subiera a su casa y así me daría una copia para que lo estudiara.

Tenia tantas ganas de acostarme, de descansar y estaba tan agotada, que por no escucharle, le dije que subía a su casa un momento y el me contestó que después me llevaba a casa.

Cuando entramos a su apartamento, me ofreció tomar una copa, que rechace y acepté un poco de agua. Al regresar con el agua, trajo una copia de ensayo de mi supuesto papel, y dijo que iba a darse una ducha rápida porque estaba agotado, mientras yo le echaba un vistazo al trabajo.

Sin sentarme mire por encima la copia, y apareció al momento vestido con un albornoz. Hablaba del papel y no me dejaba hablar. Al ver que no tenía prisa, recogí mis cosas y le dije que iba a llamar a un taxi para marcharme, y cuando vio que me iba, me agarró con sus brazos y me llevo a su dormitorio…

Empezó a querer quitarme la ropa, y le dije…

— estas loco, estas mal…

y empece a insultarle gritando, y de repente me dio dos bofetones en la cara que me tumbo sobre la cama, se tiro encima de mi y me arranco las bragas con sus manos, y sin darme cuenta me metió la polla.

Empece a gritar y arañarle la cara y me dio un puñetazo, que me hizo sangre en la nariz y en el labio. Fue tal su fuerza que me dejo mareada y medio inconsciente, y siguió follandome. Yo sin poder hacer nada, me dio la vuelta y metió su polla por mi culo virgen…

Fue tal el dolor que sentí, que empece a gritar, y fueron tan fuertes mis gritos e insultos, que volvió a meterme otro puñetazo, dejándome medio adormilada pero consciente. No se el tiempo que paso y me volvió a dar la vuelta y metió nuevamente su polla en mi vagina moviéndose como una fiera atacando, era un salvaje brutal, y no se corria, seguía empujando con fuerza, la saliva le caía por la boca, salpicando mi cara… era asqueroso, babeando como un cerdo, salía un olor nauseabundo de su boca, y llego el momento y se corrió.

Cayo a un lado de la cama, y en ese momento medio mareada y sin fuerzas y con la sangre llegando a mi barbilla escapé de allí, solo pude coger mi bolso que estaba en la banqueta, al lado de la puerta de la calle, y con su semen goteando por mis rodillas hui.

Oi como me llamaba, pero no mire atrás, baje por las escaleras corriendo, porque el ascensor era mas lento, y cuando llegué a la calle, lo primero… olí el aire, y después fui por el jardín buscando un grifo, y lo encontré. Me lavé como pude, me quite la sangre y intenté arreglarme un poco.

Me escondí y llamé a Julius para decirle que me habían robado y que viniera a buscarme, le di la dirección y le pedí que por favor no tardara.

No se como lo hizo, pero en veinte minutos estaba allí con un taxi, abrió la puerta y empezó a llamarme y salí de detrás de unos setos. Entre corriendo al taxi, y dije que fuera lo más deprisa que pudiera…

Durante el trayecto de camino a casa no dije ni una sola palabra, estaba como en shock, sin poder pensar, no podía entender lo que había pasado., solo deseaba darme un baño y dormir. Al día siguiente le contaría todo a Julius.

Al llegar al apartamento de Julius, fui corriendo quitándome la ropa y dejándola por el suelo, entre en el baño y cerré la puerta, abrí el grifo de la bañera y me metí dentro. No se cuanto paso, pero me encontré a Julius llamándome y diciendo que llevaba mucho tiempo dentro. Me enteré al día siguiente que pase mas de dos horas en la bañera.

Me ayudo a meterme en la cama, me puso la sabana y una colcha por encima, me trajo un vaso de leche caliente, y ya solo recuerdo que me dio un beso en la frente y me dijo…

— duerme tranquila, descansa que yo estaré a tu lado. Y ya no recuerdo más de esa noche.

Al despertar, Julius me dijo que había dormido 41 horas seguidas. Me ayudo a darme una ducha, me puso un albornoz y me llevo a una mesa llena de comida. No quería comer nada, pero me obligo y comí algo…

Decidí contárselo mas tarde, y mas tarde y nunca se lo conté. Julius me dijo que me acompañaría a ir a la policia para denunciar el robo, pero nunca fui.

Tampoco recogí mis cosas de casa de Franck, ni el me las entrego. Debí haber denunciado, pero no lo hice. Y me costó mucho superar ese episodio de mi vida.

No volví a coincidir con Franck, ni el hizo nada para coincidir. Desapareció.

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Ahora puedo decir que soy Voyeur

Ahora puedo decir que soy Voyeur

Descubrí que era un voyeur sin proponérmelo. Lo curioso es que la persona a la que miraba era mi novia en ese momento. Estaba follando con otro tío en un coche y me puse cachondo…

Tengo que reconocerlo, por fin puedo decir gritando…

— soy un voyeur convencido.

Siempre me ha gustado mucho mirar, pero el capítulo de mi vida que hoy puedo escribir me convenció lo mirón que soy y de lo que puedo soportar…

Hace ya años con mi novia Raquel… Era un año mayor que yo, simpática, alegre, extrovertida aunque quizá demasiado, y físicamente muy guapa, alta, ni delgada ni gorda, en su punto, y con un buen culo y unas bonitas tetas.

La verdad es que era el centro de atención allí donde fuéramos, siempre llevaba unos vestidos bonitos y unas minifaldas cortitas. A ella le gustaba que la mirasen y la verdad, a mi también.

Nos conocíamos de toda la vida, por lo cual, aunque llevábamos saliendo 8 meses, teníamos mucha confianza y desde el principio tuvimos relaciones sexuales. No hacíamos nada fuera de lo normal, los típicos polvos, alguna mamada pero nunca completa…

Aunque tengo que reconocer que era bastante fogosa. Yo, por aquellos entonces, trabajaba de repartidor en una pizzería de mi ciudad y los fines de semana acababa muy tarde, por lo que los sábados ella salía de copas con sus amigas.

Un sábado de verano, por la noche, iba con la moto cuando pasé por una zona de bares. Me gustaba pasar por allí porque aunque todo estaba abarrotado de gente de fiesta, había muchas chicas guapas y en esa época del año todas van ligeras de ropa, minifaldas, tops y poca cosa más.

Al parar en el semáforo algo me llamó la atención en el coche de delante, dentro iba una pareja que aprovechaban todos los semáforos para comerse a besos y meterse mano. La silueta de la chica me resultó conocida y al acercarme pude comprobar que…

¡Era Raquel, mi novia! Al principio me entró un ataque de rabia, por mi cabeza pasaban muchas cosas, estaba realmente cabreado, decepcionado y, como instintivamente, me dedicaba a seguirlos por la ciudad, con la suficiente distancia para no ser descubierto, pero sin perderles de vista. A los cinco minutos de persecución me imaginé donde se dirigían. Iban dirección al parque, hacia el pinar. Allí suelen ir muchas parejas de mi ciudad a follar dentro de los coches.

Efectivamente, el coche se desvió hacia un camino de tierra, adentrándose en el pinar y pararon, apagando las luces. Yo estaba aturdido y rabioso, pero a la vez sentía mucho morbo por la situación.

Quería ver lo guarra que era mi novia, así que apagué yo también las luces, me adentré por los pinos y dejando la moto en el suelo, me dirigí sigilosamente hacia el coche. Pude acercarme sin ser visto, pues estaba bastante oscuro, y me metí dentro de un arbusto, justo al lado del vehículo.

El arbusto era muy frondoso y grande, sus ramas incluso rozaban las ventanillas del coche por el lado donde estaba Raquel por lo que yo quedaba a un metro escaso de ellos, pero sin dejarme ver.

Rápidamente pasaron a la parte de atrás sin salir del coche, pues este era bastante grande, y comenzaron a besarse y a magrearse con pasión. Yo estaba bastante nervioso y a la vez excitado.

Entonces bajaron las ventanillas del coche, lo cual me asustó por miedo a ser visto, pero me alegré a continuación pues les veía con todo detalle e incluso podía oír perfectamente sus palabras y sus jadeos…

El tío le había quitado a Raquel el sostén y con la minifalda subida le magreaba el culo mientras le chupaba las tetas y jugaba con sus pezones. Raquel jadeaba excitada, mientras se peleaba con los vaqueros del tío intentando quitárselos.

Yo sentía que me iba a explotar la polla y me la tocaba intentando no hacer ruido. Cuando, por fin, pudo quitarle los jeans, de un tirón le bajó los calzoncillos dejando a la vista una enorme y hermosa polla. La verdad que sentí celos pues mi polla es delgadita y no mide más de 14 cm. Esta debía tener, por lo menos, 16 y gorda.

No sé porque, supongo que por la admiración del tamaño, me sentí atraído hacia esa polla, la veía hermosa, apetecible, me la hubiese comido allí mismo aunque os prometo que nunca he tenido ninguna experiencia homosexual, así que no me sorprendí cuando Raquel se tiró como una loca a chupar esa hermosura de verga. Chupaba como si en ello le fuese la vida, recorría con su lengua toda la longitud, jugaba con el capullo, le chupaba los huevos, y se la metía a la boca succionando, mientras con las dos manos se la pajeaba de arriba a abajo rápidamente.

El tío gemía de placer mientras Raquel hacía ruidos de succión con su boca. El del coche no pudo aguantar más y comenzó a escupir chorros de semen como yo nunca había visto. Raquel se empeñaba en tragar pero a la muy guarra se le escurría el semen por la boca y le caía a las tetas. Yo tampoco aguanté y me corrí, manchando la puerta del cabronazo ese.

Estaba flipando, a mí jamás me había dejado correr encima de ella y mucho menos en su boca, y allí estaba la zorrona limpiándole los restos de corrida con su preciosa boca. Después que le dejase la polla bien limpia, él le quitó la minifalda y bajándole las bragas, enterró su cara entre las piernas de mi chica.

Así estuvo unos minutos hasta que se levantó y sacó de la guantera del coche algo alargado, creo que era un estuche cilíndrico metálico, de esos donde van los buenos puros. Raquel le miró primero con mala cara, pero el tío sin ningún miramiento, hundió el cilindro en el culo de mi novia mientras esta chillaba y se intentaba levantar, cosa que el guaperas impedía de un empujón.
Entonces, rápidamente, siguió comiéndole la rajita a Raquel hasta que mi chica fue cambiando los juramentos por gemidos y entonces le empezó a decir…

— ¡Métemela ya… penétrame…siiiií métemela toda!.

Parecía una ninfómana sin follar desde hacía años. El tío se tumbó en el asiento con la polla otra vez dura y hermosa hacía arriba y Raquel, sin quitarse el tubo de su ano, saltó encima metiéndose por el chocho aquella polla. Se quedó un momento parada con los ojos cerrados mirando hacia arriba y de repente empezó a botar encima de él.

Ella le cogía las manos y las llevaba hacia sus tetas que se movían frenéticamente al ritmo de la follada. En cuanto Raquel tuvo su orgasmo, anunciado por unos gritos de placer, el del coche se puso de rodillas, a la vez que ponía a mi novia de espaldas con las manos apoyando en el suelo del coche y las rodillas encima del asiento.

Yo estaba alucinando. Raquel era ya como una muñeca a la que manejaba a su antojo. En esa posición yo no le veía la cabeza pues quedaba debajo del asiento, solo veía su espalda arqueada y su bonito culo respingón apuntando al techo. Entonces el tío, de rodillas en el asiento y después de haberle sacado del ano el puro metálico, apuntó con su polla erecta hacia el culo de mi chica y de varios empujones se la fue clavando hasta adentro.

Yo creía que Raquel chillaría y que no le dejaría pues conmigo nunca lo había hecho, pero ella empezó a mover sus caderas y su culo de atrás a delante mientras gemía de placer. El tío le agarró fuerte de las caderas y aumentó la fuerza de la enculada, hasta que descargó toda su leche dentro del culo de mi novia, mientras esta volvía a gritar como una loca.

Por mi parte, entre excitado, cabreado y avergonzado, me escabullí entre los pinos, después de correrme dos veces. Esta no fue la última vez que Raquel me puso los cuernos y yo lo disfruté a escondidas y aunque sigue la relación como matrimonio, ella ahora es feliz y yo he encontrado con lo que me gusta y excito.

Ella me ayuda dejando que mire. Son muchos años disfrutando los dos, y si, me gusta mirar las pollas, comparar y ponerme cachondo, soy narcisista con una homosexualidad light que quizás algún día, tenga una experiencia con otro hombre. Ahora lo reconozco.

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Ocultar la verdad

4.- Ocultar la verdad

Quiero dar las gracias por su ayuda… conseguir reconocer mi problema… en todo momento no quería ver la verdad y quería seguir mintiéndome a mi misma de todos mis problemas, pero es difícil dar este paso, en todo momento quería esconder al mundo entero mi problema, mis errores y mentiras…

Mi vida ha dado muchas vueltas, me casé y reafirmé mi sexualidad, pero reconozco, que nunca he olvidado aquella situación e incluso, cuando la recuerdo, me pongo cachonda…

Ha sido obra suya, el haber conseguido que pudiera escribir, hablar y reconocer mis experiencias, y no creía en nada en sus terapias, pero mis conocidos le adoraban. Y entiendo sus formas porque entiendo que sexo y cerebro va unido a los miedos, inseguridades y confianza en una misma.

¿Por qué negarlo? ¿Por qué no contarlo? ¿Por qué esconderme en la mojigatería de “lo normal”? A fin de cuentas ¿qué es lo normal? Ser mujer, hacerte mayor, casarte, tener hijos, una vida sexual más o menos complacida…

Crecí en un pueblo pequeño, de esos en el que hay ventanas que se entreabren y dejan ver en la penumbra ojos curiosos y quizás mal intencionados, o quizás solo carentes de más diversión que cotillear el ir y venir de algún vecino o vecina.

Llegó mi adolescencia en ese sofoco continuado del pecado y la tentación, del mirar de con disimulo al niño que te gustaba y mostrarte pudorosa y recatada si alguno traspasaba la cintura al bailar… Lo normal de un pueblo pequeño.

Por mi mente pasaban furtivamente en mis noches de soledad imágenes no permitidas de cuerpos sudorosos y brazos aterciopelados, de manos calientes resbalando por mi pecho joven y bailes de lenguas en bocas ajenas.

Me calentaba con solo pensarlo pero, educada como lo estaba en aquel ambiente, rápidamente las trataba de borrar y negarme a mí misma el placer que se me hacia asfixiante en mi entrepierna. Nada, o apenas nada, sabía yo del hombre y su cuerpo, aunque tratara de imaginarlo en mi soledad. Solo rumores, comentarios de amigas pero nada más.

La primera vez que un chico me besó, casi ni me sostenían las piernas, mi pulso se acelero hasta los límites del infarto… y eso que solo fue un beso. Por eso, aquella tarde en que mi amiga vino a probarse ropa a mi casa, todo me dio vueltas.

Todo fue como una quimera de mi mente, pero sin embargo, fue tan real…

Casi había cumplido los 18 y mi cuerpo seguía tan “intacto” como cuando nací. Diana, mi amiga que se desnudaba frente a mí impúdicamente, quedándose apenas en bragas y sujetador, me sonreía mientras miraba extasiada mi ropa nueva tendida sobre la cama. Su mirada pasaba rápidamente de una falda a una blusa o una camiseta, sin percatarse de que mis ojos permanecían clavados en las redondeces de su cuerpo casi desnudo.

Nunca había dudado de mi heterosexualidad pero aquel cuerpo joven y apetecible, me estaba provocando reacciones en mi desconocidas hasta ese momento…

Se volvió hacia mí colocándose una blusa sobre los hombros, mostrando la parte baja de su abdomen en la que resaltaban unas braguitas casi transparentes que no dejaban mucho a la imaginación…

— ¿Me quedará bien?

pregunto mirándose al espejo de frente y perfil, dejando su maravilloso culo a apenas unos centímetros de mis ojos.

Tragué saliva y traté de aclararme la garganta con un carraspeo que me sacó de mi admiración.

— Sí, creo que sí. Póntela a ver -contesté con una media voz que casi tuve que forzar a salir.

Uno a uno desabrochó los botones y se la colocó. Abrochó de nuevo los ojales vacíos y se dio media vuelta hacia mí…

— ¿Cómo me ves?

preguntó de nuevo mostrándose coqueta y creída frente al espejo.

— Quizás me aprieta un poco en el pecho ¿no?- dijo mientras se ponía de perfil.

Me levanté de la cama y me acerqué a ella. Ciertamente su pecho casi no cabía en aquella blusa. Tiré un poco de los lados para hacérselo notar y sin querer, rocé uno de aquellos redondos pechos, tan diferentes a los míos.

Ni se alteró, cosa que no pasó con mi pulso que se aceleró aun más si podía hacerlo. Me sorprendí a mi misma nerviosa frente a semejante despliegue de sensualidad contenida. Bajé la mirada tratando de ocultar mis pensamientos y su voz retumbó en mi cerebro…

— A ver, póntela tú para ver cómo te queda.

Y diciendo esto se apresuró a tirar de mi camiseta hacia arriba, sin apenas darme tiempo a reaccionar, allí estaba yo, en sujetador frente a ella, que mostraba una sonrisa encantadora. Se quedó mirando mi pecho y, como quien no quiere la cosa, alcanzó uno de ellos con su mano…

—Tienes menos pecho que yo, te quedará genial. Tiene gracia, marcas más pezón que yo pese a su tamaño

dijo esto mientras pasaba un dedo justo por la punta de aquel pecho que se moría porque lo tocasen más.

Mi pecho reaccionó frente a la caricia y el pezón se alzó sin que pudiese evitarlo. Miré sus ojos por un momento y un rayo de maldad vi que cruzaba los suyos mientras apretaba entre sus dedos mi pezón, que se hacía más grande por momentos…

—Tienes unos pezones preciosos, grandes y apetecibles, no como los míos que apenas si se alzan. Mira, toca tú misma y verás.

Como si fuese lo más normal del mundo, cogió mi mano derecha y la dirigió a su pecho para que lo comprobase por mi misma. Casi sin querer acaricié aquel pecho duro y joven, grande y nacarado.

Una punzada pasó por mi bajo vientre mientras lo hacía. Como llevada por una mente ajena a la mía, hice el sujetador a un lado para poder palpar aquel pezón que se empeñaba en no sobresalir de la piel. Lo tomé entre mis dedos y lo noté endurecerse poco a poco.

De sus labios escapó un suspiro. La miraba como embelesada, como si aquello no estuviese ocurriendo, como si no fuese yo la que acariciaba aquella suave piel. Miré su cara y la vi sonrojarse por momentos mientas se mordía un labio.

Mis dedos no cesaban en su empeño de masajear aquel botón marrón. Nunca se me había pasado por la cabeza, ni en mis sueños más húmedos, pero allí estaba, sintiendo el latir de un pecho, que no era el mío, en mi mano desnuda.

Bajé la cabeza poco a poco y puse mis labios sobre él. Los entreabrí y mi lengua probó el dulce néctar que destilaba. Una mano se apoyó en mi nuca y me empujó hacia aquel cuerpo que, poco a poco, comenzaba a temblar bajo mis caricias.

Escuché su respiración alterada a cada pasada de mi lengua, noté como se erizaba su piel al resbalar de mi saliva. Mis manos hacía un rato que ya vagaban por su cintura o subían hasta la cumbre de su otro pecho, como si me estuviese emborrachando de ella. Cerré los ojos al notar el tirante de mi propio sujetador resbalar empujado por sus dedos por mi hombros, el “clic” del cierre y la libertad de su ausencia sobre mi cuerpo.

Levanté la cara solo para enfrentarme a la calidez de sus labios que se entreabrieron para enlazarse con mi lengua en una pelea que nunca soñé.

Sus manos resbalaron por mi espalda hasta más debajo de la cinturilla de mi falda, hasta tomar posesión de mi culo que masajearon a su antojo. Para entonces ya sobraban las palabras, solo los quejidos mudos de nuestras bocas en la habitación y la impresión de aquello era un sueño, como irreal, como si no fuese yo la que apretaba, uno después de otro, aquellos pechos grandes y blanquecinos o dejaba una huella de saliva en su cuello hasta su boca para volver de nuevo al satén de su lengua.

Mi falda resbaló sobre mis muslos empujada por sus ávidas manos. Retomó con ansia mis pechos hasta arrancarme gemidos de lujuria que su lengua provocaba. Una mano bajó por mi vientre y se acercó al filo de mis braguitas. Casi inconscientemente apreté mis piernas, como queriendo impedir la invasión que ansiaba.

Dulcemente paseó la palma de su mano sobre mi monte de Venus. Como sin prisa, como sin querer, introdujo un dedo entre mis muslos apretados y hurgó despacio sobre mis bragas, ya húmedas.

Yo flotaba y me dejé hacer, mis piernas se relajaron poco a poco y su mano ahondó aun más entre ellas. Pequeños temblores hacían palpitar mi cuerpo mientras un dedo jugaba en la comisura de mis labios vaginales. Un escalofrío parecido a una pequeña descarga eléctrica, me recorrió la columna vertebral cuando acarició por encima de la tela mi ya erguido clítoris.

Me tenía entregada y lo sabía. Paso su mano bajo la suave tela de la braguita y se posó un momento entre mi rizado vello púbico. Bajó un poco más y encontró mi vagina palpitante y ansiosa de caricias, húmeda, expectante.

Mientras su boca sobre mi pezón a punto de reventar y mi cabeza daba vueltas y se agitaba de un lado a otro, sus dedos encontraron mi botón del placer y, tras mojarlos en su propia saliva, comenzaron a atormentarme entre quejidos de placer y estertores incontrolados. Mis piernas se abrían y cerraban sobre aquella mano intrusa que se empeñaba en sacar de mí el animal que llevaba dentro. Mis manos apretaban su cara contra mi pecho o pellizcaban sus hombros.

Lentamente, bajó su cara sobre mi vientre, introdujo su lengua húmeda y tierna en mi ombligo, y alcanzó mi pubis entre mis lamentos de placer. Noté su saliva resbalar sobre mi coño, ya abierto e hinchado, el calor de su lengua y la calidez de su boca cuando sus labios besaron profundamente mi clítoris atormentándolo.

Mi cabeza estallaba en un sinfín de destellos mientras me retorcía bajo aquella boca que me levantaba literalmente de la cama, con convulsiones arrítmicas que me llevaban al paraíso.

Sus manos habían viajado hasta mi culo y tiraban de mí hacia ella con fuerza, amasándolo. De repente mi cuerpo dejó de ser mío, solo era la muñeca que rebotaba en las sábanas al compás que ella me marcaba. Sus caricias fueron poco a poco pasando de ser suaves a casi dolorosas, arrancándome una y otra vez quejidos profundos y sentidos, hasta que noté en lo más profundo de mí ser que el fin estaba cercano.

Un flash me cegó por un momento, mis manos se aferraron a su nuca mientras mis piernas temblaban como poseídas, ajenas a mí. Mi cerebro estallaba y un grito de placer nacía en lo más hondo de mi ser.

La fuente del placer se abrió y su boca estaba preparada para ello. Hundió mi clítoris en su boca mientras lo succionaba casi con saña. Se sabía dueña del momento y lo quiso vivir plenamente.

Después la paz, el dejarse ir, la somnolencia y pequeños temblores que aun recorrían mi cuerpo de parte a parte. Se separó de mí lo justo como para que no dejase de sentir el calor de su piel. Me besó en la frente mientras pasaba delicadamente su mano sobre mi pecho. Me dejó recuperarme a mi ritmo.

Entreabrí los ojos y me enfrenté a los suyos, acaramelados, dulces, sonrientes. Me besó en la boca delicadamente, sin hablar, solo sentir. Su pecho reposaba sobre mi brazo y podía notar su suavidad. Acerqué mi mano para notar su tacto de nuevo. Estaba allí, dulce, goloso, tentador.

Resbalé de su hombro hasta ellos y lo tomé dulcemente entre mis labios. Un gemido y continúe con mi conquista. Su pezón apenas si se levantaba de su piel pero podía notarlo en la punta de mi lengua. Lo saboreé a conciencia, arrancando gemidos placenteros a cada succión de mi boca. Dejé mis manos volar sobre su vientre hasta alcanzar sus braguitas húmedas.

Nunca había antes tocado ningún sexo que no fuese el mío. Lo sentí palpitar bajo mi palma, sus pequeños pelitos me hicieron cosquillas en ella, su olor a mujer en celo me embriagó por momentos.

No pude contenerme, tenía que saborearlo. Me puse de rodillas y lo contemplé a través de la transparencia de su braguita, oscuro, húmedo, tentador. Aparté la tenue tela a un lado y su aroma me golpeó de frente, me estaba retando, se mostraba caliente y desafiante.

Bajé mi cara lo justo como para que su vello hiciese cosquillas en mi nariz, su perfume me emborrachaba. Puse mis labios sobre aquella piel perlada y mi lengua notó el sabor salado y dulce de su coño. Lo saboreé lentamente, deleitándome a cada sorbo de su piel de mujer, sus gemidos me llegaban como lejanos cuando me apropié de un clítoris retador, lo noté duro frente a mi lengua. Dos dedos míos se habían colado entre sus labios y rozaban el interior de su vagina. Aspiré aire antes de hundirme en aquellas profundidades y mi lengua descubrió sabores desconocidos.

Sus muslos se cerraron sobre mi cara mientras su mano se posaba en mi nuca pidiéndome más, y se lo di. Hundí aun más mis dedos en ella y mi lengua jugó con su clítoris, atormentándolo, presionándolo, haciéndolo mío. Sus caderas se balanceaban adelante y atrás en un baile de sexo y lujuria, sus piernas se anudaron a mi espalda y gemidos continuos se atropellaban en su garganta.

Noté como sus crispados dedos se aferraban a mi cabello mientras una convulsión casi eterna me hacía cabalgar sobre su coño. Estalló en un grito final, abrumada de estertores y convulsiones, mordiendo la almohada para acallar sus gritos de placer. La noté poco a poco dejarse ir mientras sus jugos inundaban mi boca.

Lentamente se deshizo el nudo de sus piernas y aire fresco llegó a mis pulmones al separarme de aquel pozo de deseo. Nunca más volví a él. Nunca más ocurrió. Pero ocurrió.

Yacimos desnudas y relajadas un rato, prometimos no decírselo a nadie y hacer como si aquello no hubiese pasado nunca. No sabemos qué paso realmente, supongo que serían las ganas de sexo acumuladas o la curiosidad, pero el caso es que paso.

De aquello han pasado muchos años, años en los que me case, conocí profundamente el sexo opuesto y me reafirmé en mi condición bisexual, aunque viva ahora en ser heterosexual,
algunas veces me acuerdo aquella experiencia y alguna vez hasta mojo mis braguitas al recordarlo. Incluso alguna vez me masturbo pensando en aquella tarde…


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Matrimonio de tres

Matrimonio de tres

Mi marido ha sido mi primer hombre. Llevamos muchos años de casados y el sexo es muy bueno y follamos como locos dejando nuestra imaginación volar, y siempre propongo yo.

Un día me llamo una buena amiga y me dijo que se había peleado con su novio, y le dije que si quería, podía venir a vivir con nosotros una pequeña temporada.

Soy una mujer de 44 años, casada, con un cuerpo frondoso y con unos pechos que superan los 105 centímetros.

Contraje matrimonio con 24 años sin conocer macho alguno, pero con una larga y amplia experiencia sexual con mi amiga Romana.

Llegué virgen al matrimonio pero había tragado algunos litros de leche ordeñando a mi novio. En la noche de bodas follamos tanto que terminamos escocidos, tanto por las cópulas como por el gran tamaño de su polla, 15 cm. En el viaje de novios gastamos varios tubos de lubricante con tal de no dejar de follar.

Eramos tan ardientes que follábamos con vicio, probando todas las posturas, fuera y dentro de la cama, tanto por el coño como por el ano, que también me da mucho placer. La potencia de mi hombre era tal que con arrimarle el culo me la clavaba.

Al principio me follaba como los conejos pero luego se volvió un berraco y cada monta que me realizaba me resultaba multiorgásmica hasta que conseguía extraerle la crema.

Cada vez que nos acoplábamos, sabía que tres corridas me tocaban pero al echarme dos casquetes ya perdí la cuenta.
La costumbre era que yo fuera a pelo, sin bragas ni sujetador, faldas cortitas y amplias, mostrando la frondosidad de mi aparato sexual y el muslamen, arriba camisetas de tirantes amplias o súper ceñidas para marcar pechos y pezones.

Pero, a pesar de todo, después de estar tres años follando a destajo, mi marido no lograba preñarme.

Así estábamos hasta que, después de romper con su novio mi amiga Romana, le propuse si quería vivir con nosotros una temporada. A pesar de que entendí que ella nos limitaba la libertad matrimonial, también deseaba yo, por otra parte, reanudar mis relaciones sexuales con ella, a la vez que ella, necesitaba desfogarse con un hombre y mi marido tenía la suficiente potencia para saciarnos a las dos, así que tomé la determinación de plantearles el tema y de mutuo acuerdo consensuamos un matrimonio a tres o lo que es lo mismo, compartir a Romana entre los dos.

Todo aclarado, en ese mismo momento nos fuimos a la cama y la poseímos, él como macho y yo como hembra. Luego lo primero que hicimos fue comprar el colchón más grande del mercado para acostarnos los tres.

En la actualidad tenemos 43 y 44 años y el triángulo lo llevamos haciendo cuatro años, pero mi marido no nos preña a ninguna de las dos, aún que no es por falta de monta ya que nos folla a diario y nos deja bien satisfechas.

Nos consideramos tan esposa la una como la otra y él nos trata a las dos por igual. No existen los celos entre nosotras ni he notado mengua en la actividad sexual de mi marido de cuando yo lo tenía en exclusiva.

Siempre participamos los tres, sin problemas de que en un determinado momento se folle a una de las dos, sin la presencia de la otra, al igual que nosotras podemos tener relaciones sin estar él.

Gracias a mi amiga Paula, nos pusimos en manos de un profesional y a través de las terapias y consejos que nos reporto, hicimos la primera cama redonda con un matrimonio de nuestra edad que elegimos con experiencia en intercambios.

La terapia que impartía a parejas con problemas de autoestima e inseguridades, nos sirvió para mucho y pasamos un fin de semana muy grato con la otra pareja.

Ella quedó prendada del berraco de nuestro marido y él nos folló de categoría. Luego nos facilitaron las direcciones de clubs de intercambio y nos animaron a conocerlos y allí fuimos un fin de semana.

Conocimos uno muy elegante y tomamos una copa en el salón viendo como llegaban parejas hasta que decidimos entrar, dejamos las ropas en las taquillas y desnudos nos integramos en la habitación que más gente había haciendo cama redonda.

A los cinco minutos cada cual estaba acoplada con alguien. Yo me lié con una pareja, nos morreamos los tres, ella me comió el coño y me lo preparó para que me follara el marido.

Estábamos follando mientras otro tío, a mi derecha, se meneaba la polla mirándonos y en cuanto el primero terminó de follarme le faltó tiempo para subirse encima de mí y metérmela en mi chorreante coño.

Nos presentamos entre beso y caricias en mis pechos y diciéndome que tenía un cuerpo muy excitante, me la fue clavando haciéndome disfrutar de dos buenas corridas.

Al irme a lavar vi a mi marido cabalgado por una morena y a Romana acoplada con una pareja.
Por el pasillo me crucé con uno que le colgaba un badajo de por lo menos 4 cms y echándome una sonrisa, sabia que algo tan pequeño se haría grande y dura y apuntille con mi mirada, me siguió y nos duchamos juntos.

Luego nos fuimos los dos solos a una habitación y allí se la mamé hasta que se empalmó, y entonces lo monté. Era tan gracioso como buen amante y lo pasé tan de maravilla que incluso le dejé que me diera por el culo. Era la polla perfecta, dura, calidad y no hacia daño.

A la noche siguiente fuimos a otro club diferente, no tan elegante pero con dos pisos y con más lugares para elegir. Nosotras lo pasamos muy bien, pero la anécdota de la noche fue que, al entrar, vimos a una mujer aún más alta que mi marido, la típica alemana jaquetona, totalmente depilada, con un coño que no le cabía entre los muslos y unos pechos como sandías…

—Esa necesita cuatro o seis tíos – fue el comentario de Romana.

—Es la industria pesada alemana – añadió mi marido.

La anécdota es que nuestro marido se lió con ella y no pararon de follar en toda la noche, pero como la mujer era muy escandalosa se convirtieron en la atracción y todos hacían corro para verles joder mientras su hombre y otras dos parejas de alemanes les aplaudían. Fue apoteósico.

En la actualidad, cuando nos apetece, hacemos una excursión por la ruta del sexo para disfrutar lo más posible y en fin, este es, a grandes rasgos, nuestra preferencia actual, porque nos ha unido mucho mas de lo que estábamos, somos mas felices y la complicidad es grande, solo puedo dar las gracias por su paciencia en las terapias, sus consejos y sabiduría, porque nos habían dicho que era el mejor, pero quedaron cortos para lo que es usted .

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Dominación

Dominación

Había conocido a una mujer muy viciosa y sumisa mediante un amigo que había estado con ella, aquello me animó a intentar verla y tomar algo. Al final conseguí que accediera a una noche tomar en discos algunas copas, el éxito fue total.

Hacía tiempo que me rondaba por la cabeza la idea de poner en marcha la idea que un amigo comento una noche bebido de su chica que habían roto y que conocía bien.

En ese momento estaba con Laura, una chica tímida, como ella misma se definía y con tan solo 17 añitos, pero que yo descubrí que su timidez no era otra cosa que un deseo de sumisión total que la ponía a cien en su cuenta kilómetros sexual.

Se fue dejando hacer todo conforme yo se lo mandaba o exigía, y lo que más le gustaba era que yo me la follara por la boca, con las manos atadas a la espalda y ella sentada sobre un gran consolador adhesivo, pegado a la silla y que le penetraba el coño por completo.

Como digo, animado por repetir un encuentro similar, me puse en contacto con la chica de mi amigo. Al cabo de poco tiempo y de escribir continuamente, recibí una única respuesta de esta chica con la que, tras unas pocas conversaciones por teléfono, quedamos citados en un bar.

Llegó a la hora en punto. Estaba buenorra, maciza, como a mi me gustan. Tomando algo quedamos con las limitaciones de la hora se hacia tarde, pero al notar que había bebido, se lo hice ver y le anuncié que debía venir a mi casa y una ducha para despejarse, estuvo de acuerdo y sin más preámbulos, nos fuimos a mi casa.

Nada más salir a la autopista, me saqué la polla del pantalón y cogiéndola de la nuca con una mano, la obligué a chupármela. Lo hizo sin protestar y me dio tanto gusto que no pude por menos que exclamar…

— ¡Que bien lo haces, putón, me parece que lo vamos a pasar fenómeno!

Ella no decía esta boca es mía, entre otras cosas porque no podía ya que mi verga se lo impedía, pero no se la sacó hasta que llegamos a casa y bastante trabajo me dio metérmela de nuevo en el pantalón por lo tiesa y dura que se me había quedado.

Una vez dentro de la casa, empecé el ataque en la misma entrada. Allí mismo la desnudé, entre morreos y mordisquitos en el cuello y cuando tuve sus tetas a la vista, las magreé y lamí un buen rato.


Eran unas mamas grandes, redondas y duras, con pezones sonrosados y que ya tenía en punta, endurecidos.
Tras estas buenas mamadas en sus tetas y magreados a fondo sus pezones, le di la vuelta y con dos azotes, con la palma de mi mano, en el culo, la mandé para el dormitorio…

— Me estás poniendo fina – me susurró.

— Pues sigamos, que no se enfríe – contesté.

Yo continuaba vestido cosa que, al estar ella completamente desnuda, aumentaba el morbo de mi posesión sobre ella. Yo era el Amo, ella la esclava.

La tumbé en la cama, até sus muñecas a la cabecera, con correas y abriéndole todo lo que pude las piernas, admiré uno de los coños más apetitosos que nunca me haya comido.

Estuve como un cuarto de hora trabajándolo con la lengua, ella ronroneaba de gusto y me pedía polla, pero yo quería ponerla al límite por lo que cogí un gran y gordo vibrador y mientras se lo metía en el coño hasta el fondo, le dije…

— ¡Saca la lengua, zorra!

Cuando ella intentó chupármela yo le daba con ella en los labios y mofletes, pero ella, sin protestar, no paraba de buscar mi polla con más ganas y cuando se la dejaba, suspiraba relamiéndola.

El tratamiento estaba dando resultado por momentos. Ella intentaba correrse pero cuando yo notaba sus primeros estertores o suspiros, dejaba de mover el consolador en su ya chorreante coño y tras unos instantes de reposo, volvía a empezar hasta que, en un momento determinado y con un placer increíble, le saqué la polla de la boca y empecé a rociarle toda la cara y los hermosos pechos con mi leche calentita y espesa.

Ella, al sentirse regada de esta forma, se corrió de forma bestial, con chillidos y gruñidos de placer, cosa que era música celestial para mis oídos.

La temperatura del dormitorio había subido como la espuma, así que le ordené que fuera al baño y lo preparara para los dos.

Ya desnudo por completo y una vez juntos en la bañera, me estuvo acariciando y enjabonando todo el cuerpo…

— ¡Que bueno estás, como me gustan tus tetitas! – me decía mientras se rozaba conmigo.

Entonces la cogí por las muñecas y la hice agachar. Ella pensaría que la iba a obligar a mamármela pero se encontró con la sorpresa de el chorro dorado de mi orina, lanzado directamente a su cara y tetas. Aunque al principio la cosa le sobresaltó, poco después disfrutaba como una loca por ese caliente baño de la llamada lluvia dorada.
Ya una vez fuera del baño, tomándome un trago en el sofá, le dije…

—Túmbate, como la perrita que eres, aquí en la alfombra, a mis pies.

Ella, sin dudarlo un momento, lo hizo y estuve un buen rato acariciando todo su cuerpo con mis pies hasta que llegué a su cara, instante en que ella aprovechó para lamerlos y besarlos. Disfruté como nunca y jamás me supo tan bien un whisky…

— Por lo bien que lo has hecho – le dije – te voy a dar un premio, pero no pienses en una galletita.

Me la llevé de nuevo a la cama donde la até, pero ahora a cuatro patas y a mordisquitos fui bajando por su espalda hasta su culo y coño, el cual ella se esforzaba en ofrecerme. Paraba en su esfínter anal, que follaba con mi lengua y de ahí a su clítoris. Cuando la tuve caliente como un horno, apliqué lubricante en el agujerito de su culo y situándome detrás de ella, agarrándome la polla, empujé en este lugar tan íntimo.

A cada envite mío, ella suspiraba culeando y al poco rato me pedía más rapidez, por lo que yo, cogiendo el consolador, se lo metí en el coño y le di caña por sus dos agujeros.

Empezó a ponerse súper cachonda y yo le exigía, a cambio de dejar que se moviera, que suplicara que yo continuase con la follada doble…

— ¡Amo, mueve esa polla más rápido, por favor, así, así… no te pares! sigue, sigue! – decía, fuera de sí.

— Dime el gusto que te doy, putona -le decía yo-

— ¡Aaahh… mucho… que polla más hermosa y que bien la mueves… así, así!.

Cuando la vi al límite, con la mano libre le azoté con energía el trasero. Ella gritó de dolor y placer mezclados e incluso yo perdí los papeles del pedazo de corrida que nos estábamos pegando, de esas que no acaban nunca…

— Macho – me dijo a los pocos minutos y ya repuesta de su intensísimo placer – esto que hemos hecho se ha pasado de los límites por haber bebido y mas parece una encerrona.

— Ya te dije que eso podría suceder – contesté.

— Sí, pero yo no te lo he pedido – insistió ella.

— Precisamente por eso me gusta, sumisa mía, que te entregues por completo sin que tengas que pedírmelo – afirmé.

Le di un apretujón, con un beso de tornillo y noté como se estremecía de gusto, así acabó nuestro primer encuentro y ya tenía a mi putita para siempre comiendo de mi mano.

Mientras tanto buscare a una mujer seria que pueda ser mi pareja, porque esta es para follar…

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Organizando una exposición de Arte

Organizando una exposición de Arte

Una amiga me presento a un ruso que quería que le organizara una exposición de arte,. Hablamos durante un día entero del tema y al día siguiente acordamos volver a vernos en el almuerzo.

Para la ocasión me vestí con un traje con falda de color gris oscuro, una blusa blanca y zapatos de tacón, y el llevaba un traje oscuro con camisa blanca.

Quedamos en un Club Social de Golf en Florida donde uno de mis ex era socio y aproveche para llevarle allí y hablar tranquilamente de todo.

Me recogió en su Limusina y al llegar nos sentarnos en una mesa que había reservado, conversamos mucho durante horas sobre la exposición, y al final sobre mis honorarios y cuando llegamos acuerdo, decidimos sellarlo con una botella de champan, la disfrutamos mientras nos relajábamos hablando de cosas sin importancia.

Cuando nos dimos cuenta de la hora, eran mas de las 7pm, entonces se ofreció para que cenara con el en su hotel, y pensé… porque no… ya sabia que iba a follar y hasta me apetecía hacerlo con él, tenía una mirada penetrante y la verdad es que me atraía mucho.

Así que llame por teléfono a casa y dije que iba a cenar con el ruso y que seguramente dormiría allí, y mi pareja me dijo que le contara a la mañana siguiente como había ido todo.

Al llegar a su hotel, me propuso cenar en el restaurante o en su habitación, y decidí que no llevaba la ropa adecuada para cenar en el salón. Aplaudió mi decisión y subimos a su suite.

Al llegar me dijo que si deseaba asearme y ponerme cómoda o pasábamos directamente a la carta de habitación para solicitar la cena. Decidí asearme, y entre en un aseo de los dos que había, y el entro en el principal.

Estuve casi una hora debajo del agua templada y al salir, me puse un albornoz del hotel, y salí de esa manera, el estaba esperándome de igual manera. Elegimos la cena y la pedimos al servicio de habitaciones y nos dijeron que en 40 minutos la traerían, así que tomamos una copa de vino mientras charlábamos en un sofá grande, el en una punta y yo en la otra.

Yo tenía cruzada una pierna encima de la otra y el también, pero la diferencia es que no se veía nada mío y a el se le veía la polla… parecía larga, muy larga y de vez en cuando miraba con disimulo, intentando adivinar como era, porque me habían operado y me reconstruyeron todo, y no podía abusar de pollas grandes porque estropearía todo.

Al verme al menos dos veces mirar el trozo de polla que se le veía, el sonrío y adivinando mi pensamiento, se desabrocho el albornoz y apareció la polla mas grande que he visto jamas, como sería que ni en films he vuelto a ver una igual. Era larguísima, algo gorda, pero larguísima, al escribir he buscado un metro en centímetros y debía ser de unos 25 a 28 centímetros, era algo impresionante.

Al ponerse en pie para que viera mejor esa polla, toda ella colgaba. Me contó en confianza que no tenía fuerza para que subiera y se pusiera tiesa, cuando la ocasión requería, se inyectaba una mezcla que hacia que le creciera la polla durante tres o cuatro horas. Pero que podía follar, aunque a veces le costaba eyacular.

Y al mismo tiempo que me contaba todo eso, se iba tocando la polla como si se hiciera una paja y ver todo el recorrido de su mano desde los huevos hasta la punta, me puso muy cachonda, demasiado cachonda y me levante, me quité el albornoz, dejando mi cuerpo desnudo…, me acerqué y le agarré esa polla y empecé a chuparla…

En mi boca entraba una tercera parte solamente, por más que intentaba tragarla más, no podía… desde abajo empecé a tocarla, haciéndole una paja al mismo tiempo que la chupaba, noté como que quería ponerse dura pero no lo conseguía y durante al menos cuatro o cinco minutos estuve chupando y haciéndole la paja y de pronto dijo…

.- me voy a correr… con voz entrecortada de sus jadeos

Instintivamente acelere el ritmo y al momento se corrió de una forma brutal, con espasmos impresionantes. Luego me enteré que llevaba entre cuatro o cinco meses sin poder correrse.

Al cabo de unos minutos, cuando se recupero, me tumbó sobre el sofá, donde sin miramientos empezó a chupar mi coño de una manera muy tierna… despacio, con suavidad, como si mi coño fuera un dulce y empece a gemir, a cada lametón mis jadeos eran más fuertes, sin poderlos contener…

Cuando vio que estaba muy cachonda, se aparto y me metió su polla despacio aun con semen en mi coño…, y que maravilla, era especial, sentir esa polla que tocaba mi fondo, aunque tenía un trozo mas grande fuera…, me ponía y mucho, y según me la metía, metía yo también un dedo y entre meter mi dedo y sacarlo, me estaba haciendo una paja y no pude aguantar y me corri tan salvajemente que me metí mas la polla y me hizo daño.

Después llego la cena, y le dije que no se pusiera nada encima, necesitaba ver esa polla aunque estuviera dormida, pero era una sensación excitante y quería disfrutarlo.

No follamos mas en toda la noche, para el era difícil y no quería que se sintiera mal.

Y al final no hicimos la exposición porque no nos dieron los permisos. Pero mereció la pena ese polvo…

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Me es imposible ser fiel

Me es imposible ser fiel


Siempre he sido una mujer caliente y fantasiosa. Perdí la virginidad con mi novio y después de algunos novietes más, me casé. Soy un caso perdido, me es imposible ser fiel.

Para empezar quiero decirle, que siempre he sido una mujer muy caliente. Desde muy joven me encantaba, al bañarme, fantasear con hombres que me tocaban y entraban en la ducha. Deseaba el roce de manos varoniles por mi piel y me tocaba todo el cuerpo, aunque en esa época no aprendí a masturbarme.

Mi comportamiento siempre fue tan sensual que cuando fue mi primera vez, mi novio de ese entonces quedó sorprendido de que yo aún fuera virgen. Sin embargo creo que perdí algo tarde mi virginidad pues solo hasta los 20 años fui penetrada. Pero esa primera vez ocurrió después de estar en una fiesta de unos amigos…

Después de toquetearnos, salimos y nos fuimos a una fábrica que él tenía y estábamos tan calientes que lo hicimos en el suelo. Recuerdo que después de llegar a casa yo no podía de la emoción de pensar que al fin había sido desvirgada.

Después de esto no pude detenerme y tuve muchos amantes e incluso le fui infiel a ese primer novio. Fue con un amigo que conocí en una fiesta. Estuve hablando con ese chico, al que solo acababa de conocer y él, de inmediato, me llevó a un motel. Allí me tocó de la cabeza a los pies y me penetró casi de inmediato. Pasamos casi todo el día allí hasta que fue hora de que regresase a casa.

Después conocí a un hombre mayor que me llevó con facilidad a la cama. Con el disfruté mucho pues era mucho más experimentado… me hacía gozar mucho. Lo hacíamos con mucha más frecuencia cada vez y me pidió por ultimo que dejase a mi novio, cosa que hice.

Pero como ese señor resultó ser un caradura, empecé a salir con otros. Esto no le gustó y quedamos solo como amantes, pues iba siendo una relación seria.

Después de muchos amantes ocasionales y “noviecitos”, conocí al hombre con el cual estoy actualmente casada al cabo de muchos años de noviazgo, en los cuales obviamente que le fui miles de veces infiel…

Un día de navidad siendo su novia lo hice con tres amigos míos
a diferentes horas del día y por la noche lo hice con mi novio.

Al casarme me prometí a mi misma no ser más infiel, de ahí en adelante sería una esposa modelo. Quería ser una buena esposa y tener hijos, en fin, dedicarme a mi familia. Pero mi sangre caliente pudo más y a los 20 días de casada me tocó viajar y en una noche de reunión de trabajo, al calor de unas copas, me líe con uno de mis jefes. ¡Fue realmente morboso!

Lo tenía loco pues coqueteaba con él discretamente al darme cuenta que no paraba de mirarme.
El siempre andaba pegado a mi, pero disimulando a la vez delante de todos los compañeros que estaban con nosotros. Sin embargo bailábamos y en la mesa nos sentábamos tan juntos que pasábamos rozándonos la piel a cada momento.

Yo estaba a mil y cuando me fue a dejar en el hotel donde me hospedaba, me invitó a tomar algo en otro lugar, y yo que estaba que ardía ya en ganas, accedí, pero para disimular fuimos con otros dos compañeros. Allí seguimos bebiendo y no tardamos en abrazarnos y besarnos en plena pista de baile.

Yo sentía que la sangre se agolpaba en la cabeza y un cosquilleo me recorría en todo el cuerpo. Cuando ya no pude más yo misma le pedí que nos escabulléramos de la otra pareja que nos había acompañado y nos fuimos a un motel.

En el coche no pude evitar bajarle la cremallera y empecé a chupársela con ansiedad mientras él con una mano me metía los dedos en mi coño y así logré correrme al instante. Ya estando en el motel empezó a desnudarme y a besarme toda. La verdad es que mi marido no es muy activo sexualmente y tampoco le gusta mucho besarme el coño, por ello me sentía en éxtasis y disfrutaba ese instante tanto que me provocó seguirle dando placer también a él, chupándole la polla tan ávidamente como nunca le había hecho a nadie antes.


Él me tocaba y besaba mis tetas, mi vientre hasta llegar a mi coño, que ya bien empapado estaba. Sentir como era tan paciente y deseando de que me corriera primero en su boca, me éxito aún más, así que me corrí en forma abundante. Luego, al penetrarme también sentí un orgasmo maravilloso.

Seguidamente y como yo siempre había tenido la fantasía de hacerlo por el culo, pero nunca podía llevarlo a cabo pues no soportaba el dolor, le pedí en medio de mi calentura, que me la metiera por detrás. Fue muy complaciente y así lo hizo. Así que en la misma posición subí un poco más las piernas y logró penetrarme por el culo, logrando lo que nunca antes había podido hacer. Al principio hubo algo de resistencia, pero el licor y mi calentura pudieron más y esa enculada la disfruté muchísimo.

El fue muy tierno y salvaje a la vez y me complació en todo lo que nadie había hecho hasta el momento.
Realizamos varia poses y me besaba siempre con mucha ternura, aún sabiendo que todo era tan solo pasión, hasta que me dijo que no aguantaba más y quería correrse…

Yo le pedí que lo hiciera en mi boca como recompensa por todo lo que me había hecho gozar, ya que antes nunca me gustaba o me daba algo de asco probar el semen. Pero ese día disfrute muchísimo al tragarme su leche.

Hicimos el amor tres veces más a lo largo de la noche y cuando me di cuenta ya era de mañana. Él está casado también y debía llegar a su casa pero ante de irnos no pudimos evitar la tentación de hacerlo nuevamente.

Yo sentía mi coño destrozado, pero el supo como calentarme de nuevo tocándome con delicadeza y chupándome, con lo cual estuve casi lista de inmediato para ser penetrada y lo hizo nuevamente con mucha ternura y dedicación, sin ninguna prisa, a pesar de que si la tenía y ¡que delicioso fue aquello! Nos separamos con mucha dificultad pues queríamos seguir disfrutando juntos pero yo era consciente de que debía llegar a su casa. No quería ni era mi intención desbaratar su matrimonio ya que nunca se me vino a la cabeza ningún pensamiento que no fuese sexual.

Después de ese día venía todas las noches a mi hotel, nos tomábamos unas copas y luego hacíamos el amor de la misma deliciosa forma. Siempre me enculaba y a la vez me tocaba el coño de tal manera que tenia muchos orgasmos en una sola sesión.

Mientras duró mi estancia en esa ciudad no pude tener otro amante más que ese. Cuando terminé el curso que realizaba regresé a mi ciudad y no tuve empacho en seguir haciéndolo con otros compañeros de trabajo que me gustaron también en el transcurso de los meses y además en otras de las muchas reuniones que se efectúan en mi empresa con otros jefes.

Todo ello siempre de manera disimulada ya que no se permiten relaciones entre empleados…

Hoy en día soy tan caliente que hasta busco amantes por Internet para satisfacer mis instintos pero nunca he podido encontrar la manera de hacerlo con dos hombres al tiempo. Es algo que a ninguno de mis amantes parece agradarle esa idea o tal vez no los concreto por el temor de que descubran lo puta que soy.

Sobra decir que mi marido jamás se ha enterado de mis andanzas pues siempre he tratado de ser lo más discreta posible y tampoco ninguno de mis amantes saben que tengo a otro. ¡Soy una gran puta solapada! Pero no puedo contenerme.

Ahora hasta tengo uno que siempre fue mi amigo y un día le dije que quería que fuese mi amante y ahora lo hacemos hasta en mi propia casa cuando mi marido no está, ya que es el único al que mi marido no le importaría encontrar aquí.

Una de mis fantasías es hacerlo sabiendo que mi marido está al llegar y sentir sus pasos por el pasillo mientras mi amante me entierra su polla haciéndome gozar tanto que no puedo separarme de él, pero logramos terminar con el tiempo justo para que mi marido no nos pille en la faena.

También fantaseo con hacerlo en lugares públicos. Quisiera poder llevar a la realidad mis fantasías pero no sé como…

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Una noche de cine

Una noche en el cine

Tenía ganas de ir al cine y al final su marido le dijo que podían ir aquella misma noche. No sabía qué película irían a ver, pero le hacía ilusión…


Desde hacía meses le insistía a mi marido… tenía muchas ganas de ir al cine a ver una película y él se hacía el desentendido. Hasta que una tarde me sorprendió, me invitaba al cine. Ni siquiera pregunté por la película, de hecho no me importaba, mi deseo era salir de las cuatro paredes de casa.

Me alegré y rápidamente me arreglé. Llegamos al cine, ni siquiera me enteré del programa. Entramos. Mi vista no es nada buena, sufro de miopía, por esto siempre nos sentamos en las filas más alejadas de la pantalla. La sesión ya había empezado, estaban pasando los anuncios y trailers.

Medio encandilados todavía, nos sentamos en la segunda fila, casi en el centro. Después de los anuncios hubo un breve encendido de la luz; pude ver a la mujer de mi lado, estaba acompañada por un hombre; me dieron la impresión de ser otro matrimonio como…

Tan solo al inicio de los primeros créditos de la cinta fue evidente, se trataba de una película erótica, no sabía hasta donde de pornográfica, pero de que tendría escenas de sexo explícito no había duda.

Entonces entendí… mi marido me invitó no tanto por complacerme, sino para complacerse él mismo; me encogí de hombros dispuesta a disfrutar del filme. Con solo ver las primeras escenas deduje que sería una de esas películas en las que lo menos importante era la trama. Me inquieté; luego me dije, la verdad no tengo porqué no gozar de esto, así tendré buenas fantasías para mis ricas masturbadas.

Masturbarme ha sido el maravilloso sucedáneo para las insuficiencias de mi marido, y no solo por los problemas de erección, sino por lo insulso de su forma de acariciar, si decidía hacerme algunas caricias, claro. No obstante mis dulces, ricas, prologadas y frecuentes masturbadas, mi insatisfacción sexual era apabullante. Si a esto se agrega mi libido exaltada, se pueden imaginar mi estado de ánimo y también mi disposición a gozar de la película.

En la pantalla una hermosa jovencita hacía una presentación de algo en la cabecera de una larga mesa ocupada por hombres y mujeres, ellas hermosas, ellos galanes seleccionados. La presentación terminaba y uno de los hombres se acercaba a la ponente para invitarla a cenar. Ella, sonriendo coqueta, le decía que ya tenía cita.

Pantalla negra para dar paso a la bella jovencita del brazo de una de las mujeres apenas entrevista sentada a la larga mesa, tomada de su brazo; ambas cruzaban una calle aparentemente para dirigirse a un edificio donde se podía leer: Restaurante. Y sentí…

Las butacas de ese cine son amplias, los mismo los reposabrazos; yo tenía mi brazo plácidamente aposentado allí, en el brazo de la butaca y otro brazo se situó sobre el mío, me alarmé.

Y lo hice porque la extremidad ajena bien pudo situarse en el amplio espacio de la butaca sobrante. Me giré y la vi mirándome…su sonrisa y su mirada fueron sumamente inquietantes; retiré mi brazo aún viéndola, ella continuó con la sonrisa y el brazo en la butaca.

Volví a la película más inquieta y desconcertada. Si fuera un hombre el atrevido, seguramente no me hubiera desconcertado, hubiera retirado el brazo y ya. Para colmo, la porno se iniciaba; las jovencitas estaban en el restaurante, en una mesa; la mesa estaba aislada. Las manos de las mujeres se entrelazaban, las sonrisas de una para la otra eran amplias, significativas, eróticas. Luego una de ellas miraba en todas direcciones, para seguidamente acercar su rostro a la otra para depositar un beso largo y sostenido en la boca de la jovencita ejecutiva.

Mis estremecimientos iniciales se multiplicaron; no tenía explicación válida para ello y sin embargo, algo me decía, te estremece el recuerdo del brazo ajeno. Hasta apreté los muslos, sin duda un reflejo de auto Proteccion, pero pensé, ¿de qué me protejo?, para contestarme: ¡caramba, me protejo de la vecina!

La secuencia en la pantalla donde las jovencitas continuaban a los besos, y sus manos vagaban ya por los muslos desnudos de ambas; las minifaldas de las dos eran escandalosas, ya lo había observado cuando cruzaban la calle, las minifaldas apenas bajaban un poco de la raíz de las nalgas, no sé, tal vez ese apretón de muslos, aunado a la secuencia vista, motivaban a mi chocho a pegar de saltitos y sentía los pezones erectos, mi intranquilidad se fue al infinito.

Mis manos sobre el regazo eludiendo descansar mi brazo en la butaca, no fuera a ser el regreso del ajeno, este pensamiento me turbaba y lo hacía en el sentido de continuar con mi protección y al mismo tiempo acariciar mis muslos. Mi faldita era igual de escandalosa a las de la película. Y ese lento caminar de mis manos en los muslos me hacían tiritar de emoción… ¿excitación? Me pregunté y sentí sonrojos abrumadores.

La vecina me observaba, no la veía pero sentía el peso de su mirada clavada en mí…

La jovencita ejecutiva, cínica, tocaba los senos de la otra, joven también, aunque se apreciaba de mayor edad, para volverme loca, dentro de mí deseé tener una mano precisamente en mis senos, y para colmo, bajé la mirada y vi los muslos de la vecina desnudos, la faldita casi en la cintura.

Con más estremecimientos aparté rápido la vista para llevarla a la pantalla donde las jóvenes estaban entrando a una residencia cogidas de la cintura y besándose prolongadamente.

Mi coño se encargó de decirme… estás excitada, y lo dijo mojándose de manera ostensible. Bueno, estuve a punto de pedir a mi marido que nos fuéramos, o yo retirarme sola, dejándolo a él a continuar excitándose con la pantalla. En lugar de eso, quizá desquiciada, coloqué de nuevo mi brazo en el reposabrazos de la butaca, pretextando “cansancio” del mismo. Claro, el otro brazo concurrió a la cita de inmediato. Ahí lo dejé, aunque mi mano del otro lado ascendió a mi rostro para enjugarlo sin razón.

Entonces fue la mano, sí, la ajena, inició una levísima caricia en mi brazo entumecido de emoción; eso no lo admití en ese momento, ahora lo digo así, aquella tarde continué pretextando cansancio y era natural, en la estrechez del reposabrazos, los brazos se tocaban, nada para alarmarse, decía mi conciencia erotizada ya. Y luego, el soponcio.

No lo sabía, en la oscuridad de ese cine me enteré: los reposabrazos de esas butacas se pueden retraer como en los aviones; ella dejó mi brazo, luego inició el movimiento para elevar el reposabrazos, yo, en las nubes del desconcierto y la excitación en aumento. Los movimientos de la otra fueron una excelencia de discreción, nadie, excepto yo, se percató.

Ahora se sumaba a mi desconcierto, la incertidumbre de a dónde deseaba ir la “intrusa”, así continuaba calificándola. No tardé en saberlo, la mano audaz se posó en mi muslo desnudo e inició una suave ¡y cachonda! caricia en mi muslo desnudo…

Mis estremecimientos eran ya temblores importantes, y mi coño ya estaba escandalosamente mojado, era sin lugar a dudas, una hermosa catarata de jugos.
La mano ascendía con suavidad, sin prisas, la sentí llegar al límite mismo de la ropa, para luego descender al mismo paso. La miré, me sonreía de una forma deliciosa, así sentí esa preciosa sonrisa.

Luego, la mano apretó… Las jovencitas estaban entrando a una lujosa habitación, se situaban frente a frente, los besos eran a lenguas paradas y fuera de las bocas; las manos de ambas en las nalgas de la otra; enseguida una, la más ansiosa, bajaba las manos hasta tomar la falda de la otra, la elevaba, la de la falda levantaba los brazos para permitir la salida del minivestido sensacional, y sorpresa… estaba desnuda bajo el vestido, por eso la belleza del cuerpo deslumbró en la pantalla y…

En mis emociones erotizadas, vi los senos maravillosos y los pezones endurecidos, nada les pedían los propios, y la mano ajena sobre mis muslos andaba ya en las meras alturas. De pronto y para otra sorpresa mía, la mano se fue, pero no era así, solo fue por mi mano, la cogió y la llevó a sus muslos, ahí la dejó, mi mano sentía la suavidad de esa piel extraña. Esa tersura de mujer solo conocida en mis propios muslos, me fascinó.

Su mano regresó a mi muslo y así se inició una inédita competencia de manos para ver cuál de ellas acariciaba más y mejor…

Yo, haciendo esfuerzos, apenas si podía acallar mis ya evidentes jadeos, ella hacía lo mismo, me pareció. Mi coño se contraía cuando la vecina recorrió las nalgas al borde de la butaca, por eso sucedieron dos cosas, la primera y más alarmante, los muslos se separaron ampliamente y mi mano quedó en íntimo contacto con los pelos de su coño…

¡No llevaba bragas! Aún con los esfuerzos de ella, pude escuchar un sonido claramente suspirante.

Después, la mano ajena apretó mi muslo y me hizo separar la pierna y bajar un poco el cuerpo al borde de la butaca, era claro, deseaba sentir con su mano lo mismo que sentía la mía…

En la pantalla las cuatro manos andaban por los hermosos cuerpos desnudos de las protagonistas, y una metía los dedos en el coño de la otra, acercando la cámara a primer plano y con esta toma se veía perfectamente los dedos metiéndole en el coño. Me estremecí aún más y ya me era necesario algo en mi chochito encharcado.

Quizá esto me “obligó” a bajar mi culo hasta el borde mismo de la butaca, sin importar mi marido. La miré, me vio, sonrió y ya su mano estaba entrando por mis braguitas y acariciando mis pelos, entonces decidí quitarme las braguitas para no estar en desventaja…

Sorprendida, fui por la mano ajena para colocarla en mis adorables pelitos, en mi jugoso coño que ya clamaba por caricias, y claro, mi mano se fue hacia su coño. Ella tiró todavía más adelante las nalgas, con los muslos abiertos de par en par. Y, sin el estorbo del reposabrazos, mi mano pudo agilizar sus dedos, y los dedos ajenos, atendiendo a mis deseos, se metieron en mi vagina empapada y deseosa de placer…

En la pantalla la más jovencita chupaba el coño de la otra, y se despertó en mí el deseo de chupárselo a mi vecinita. Dejamos de ver la pantalla para concentrarnos en las miradas mutuas, en el continuo fruncir de los labios enviando besos a la otra y los dedos acariciando suave, tiernamente los coños respectivos, con lentitud estudiada, las dos igual, reprimiendo los jadeos y los gemidos, y más, mucho más, los movimientos de las nalgas desatadas por la enorme excitación…

De mi marido ni me acordaba.

Mi vecina era guapa, en una secuencia luminosa la vi, jovencita. En la pantalla una acercaba la lengua a la vagina depilada de la otra y se acercaba al clítoris mientras le metía los dedos en la vagina, esto hizo que culminara un orgasmo en mí tras tener sus dedos jugando en mi duro clítoris con mucha experiencia, la explosión de placer fue maravillosa, de una potencia nunca imaginada.

Mis dedos apresuraron la marcha, deseé, loca de deseo, provocar esa misma explosión en la vagina tan deliciosamente acariciada por mis deditos… Y sí, ella detonó su orgasmo, lo sentí por cómo apretó los muslos deteniendo mis dedos y echó la cabeza hacia atrás…

Mi orgasmo no se detenía, continuaba incansable, lo mismo los deditos sabios se movían sin descanso y en la pantalla las chicas hermosas caían en el fabuloso 69 y las cámaras hacían tomas de las lenguas penetrando a uno y otro coño y en la banda sonora estallaban los gritos orgásmicos de las dos en la pantalla, casi en simultáneo con los nuestros.

Al retraer mis nalgas, mis desnudos muslos detectaron el asiento empapado de mis jugos y sonreí enviándole un sentido besito a la vecina, suspirando sin ruido, francamente agradecida.

Volví a la pantalla, ahí las muchachitas se besaban amorosas mientras sus manos hacían recorridos por nalgas, senos y coños; las sonrisas eran maravillosas, reflejaban fielmente la satisfacción de ambas… Pantalla negra para volver a una mansión donde dos agraciadas jovencitas, más jóvenes que las otras, desnudas, se acariciaban mutuamente los pechos. Las secuencias posteriores no diferían de las ya vistas, sin embargo sí propiciaron el regreso…

Ahora fueron mis manos las del regreso a los muslos increíbles de mi vecina, ella sonrió, abrió los muslos, empujó las nalgas al borde del asiento y al mismo tiempo, con sus manos levantaba discretamente la faldita, ya con mis dedos enrolados con los pelos mojadísimos, abrí los labios verticales y ella hizo un ligero movimiento a sus nalgas dando su aprobación, y la mano ajena no se hizo esperar, regresó calmada y tierna a mis muslos aún juntos.

La hice esperar, no bajé las nalgas, tampoco abrí los muslos, ella me veía sonriendo y su mano acariciaba deliciosamente la piel de mis muslos, ya mis dedos nadaban en esa inapreciable piscina, mi coño reclamaba acción, mis muslos se abrieron de par en par y las nalgas se fueron al borde del asiento, no se apresuró a entrar a la cueva de las delicias, se entretuvo acariciando mis pelos, disfrutando de la excitante humedad…

yo deseaba intensamente la penetración de los deditos, por eso, instintos en acción, elevé las nalgas con cuidado pero con efectividad, para que los dedos entendieran la necesidad inmensa de su deseada penetración… eso hicieron, acariciaron más leve, más tierna, más cariñosamente mis labios llenos de pelos, y luego, para mi enorme satisfacción y mi candente admiración, los dedos se metieron en el chochito.

En la pantalla gran acercamiento a las lamidas sensacionales de coños que se estaban dando, y ni cortos ni perezosos, nuestros orgasmos se detonaron sin que los dedos dejaran de acariciar los respectivos clítoris, fuente del inmenso placer de las dos…

En la pantalla se escucharon los gritos de los orgasmos de las protagonistas, segundos después de los nuestros. Tal vez emití un gritito irreprimible y mi marido me miró, pero por fortuna en ese momento yo estaba con los ojos en la pantalla y había bajado mi faldita, lo cual hizo que volviera a mirar la pantalla donde las jovencitas se metían los dedos en sus respectivos coños sin dejar de mamar. No obstante permaneció un tanto inquieto, lo sentí y lo comprobé al percibir sus casi constantes abandonos de la pantalla para verme con el ceño fruncido. Miré a mi vecina, ella sonreía y se encogía de hombros indicándome estar al tanto de nuestra desdicha.

En fin, ya no fue posible volver las manos a donde tanto había disfrutado, gozado del placer de acariciar otro coño, otros pelos, otras ninfas, otro clítoris, pero los ojos continuaron solazándose con la celestial visión de los hermosos muslos que continuaron desnudos hasta poco antes del fin de la cinta.

Ambas, puestas de acuerdo con los ojos, hicimos castos movimientos para colocar las faldas en el lugar adecuado. Ella, más presurosa, hurgó en su bolsa, luego sacó algo, yo intrigada, no dejaba de verla. Ahora fue claro su suspiro; vio a su acompañante, luego al mío, estiró la mano y depositó en la mía una tarjeta, yo me apresuré a ocultarla en la palma de mi mano.

Encendiéndose las luces, ella tocó por última vez mis muslos con el grave riesgo de ser vista por cualquiera. Nos enfrentamos al ponernos de pie, la sonrisa de ambas fue maravillosa, hasta muy afectuosa la sentí, eso quiso expresar la mía. Siguiendo en su onda audaz, frunció los labios en el beso final.

El acompañante le tocó un hombro para señalarle la salida, luego se dio la vuelta y pude ver sus caderas y sus nalgas, ambas preciosas.

Yo permanecí de pie viéndola irse, me atreví a una discreta despedida con mi mano cuando ella caminaba por el pasillo camino de la salida. La tarjeta punzando en mi mano.

Mi marido me instó para salir, lo seguí con los muslos resbalosos y al caminar las sensaciones orgásmicas se dejaron venir, aunque no fueron suficientes para llevarme a un nuevo orgasmo. Por esto me metí en el baño y me encerré para masturbarme. Entonces me di cuenta que mis braguitas se quedaron dentro de la sala. Eso me calentó más y mi masturbada fue sensacional.

Esa noche no pude dormir recordando el inmenso placer con los dedos de una mujer. Por la mañana, temblando de emoción, marqué el número de la tarjeta y ¡me contestó ella!…

Fue el comienzo de una larga amistad y un placer desconocido hasta ese día e inmejorable hasta hoy.


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Enamorada de otro

Enamorada de otro

Cualquier persona que me conoce da por supuesto que mi matrimonio es feliz. Quiero a mi marido pero hay un hombre en mi vida, desde mi adolescencia al que no he podido olvidar y al que todavía veo…

Estoy casada mi matrimonio sería perfecto sino estuviera enamorada de mi cuñado. Tengo un marido que me quiere unos hijos preciosos, la vida solucionada económicamente pero… amo a otro.

Todo empezó cuando mi hermana Silvia se hizo novio. Ella tenía 16 años y yo 17…, me sentí atraída por aquel chico alto, elegante, simpático y muy guapo. A mis padres les cayó muy bien y pronto parecía que había formado parte de la familia desde siempre.

Entre Ricardo, este chico y yo nació también un buen entendimiento fruto de una atracción especial que me producía. Una atracción que por aquel entonces yo no sabía que era sexual. Pasaron los meses, también algunos años y mi hermana y su novio se casaron. La noche de la boda, sin dejar de alegrarme por mi hermana que tenía atado al hombre que quería, yo lloré por haberlo perdido para siempre.

A pesar de intentar olvidarlo, su presencia casi semanal en la casa, mantenía abierta mi herida y así llegamos al día en que cumplí los 31 años.

Yo me había convertido en una mujer muy atractiva según los chicos. Así como mi hermana era alta, esbelta, con muy poco pecho y un culo pequeño aunque respingón, yo me parecía mucho a nuestra madre. Era más baja que Silvia, más rellena, con grandes tetas y un culo bastante gordo.

La familia me hizo los regalos correspondientes pero la mayor alegría la recibí de Silvia y Ricardo al invitarme a ir una semana con ellos a Marruecos. A mis 31 años, Ricardo ya tenía 42 y mi hermana 30. Acepté la invitación loca de contenta y, con poco tacto, lo reconozco, salté al cuello de Ricardo y le llené la cara de besos mientras le daba las gracias…

— ¡Oye, jovencita, que yo también he contribuido al regalo! -dijo mi hermana haciéndose la enfadada.

También la besé a ella pero aquella noche, en la cama, me masturbé por primera vez pensando en el cuerpo de Ricardo, donde yo había estado pegada como una lapa, en los besos que le di y en algo duro que me pareció notar en su entrepierna.

Yo aún era virgen pero ya sabía perfectamente que era una polla y cómo funcionaba… Llegamos en avión a Rabat y luego, en taxi, nos dirigimos a una población de la costa, muy turística, en uno de cuyos hoteles nos alojaríamos durante aquella semana. Nos dieron dos habitaciones, una para mi hermana y su marido y otra para mí sola pero las dos habitaciones se comunicaban por una puerta interior.

El tiempo era magnífico y como aún era temprano para ir a comer decidimos echarnos un rato en la fresca agua de la piscina del mismo hotel. Nos pusimos el bañador pero yo, con toda malicia, me puse únicamente la braga dejando el sujetador del bikini sobre la cama.

Llamé a la puerta de comunicación y al decirme mi hermana que podía pasar, pasé. La cara que pusieron los dos al ver mis tetas al aire, tetas grandes, redondas e increíblemente duras, con pezones marrones y aureolas abultadas, era todo un problema…

—¿Se permitirá aquí ir en top-less? pregunté con cara de inocencia.

— Si se permite o no me importa muy poco – casi gritó mi hermana cuando pudo recuperar el habla
— te prohíbo terminantemente ir de esta forma. ¡Vete a tu habitación y ponte el sujetador, fresca, más que fresca!

Miré a mi cuñado, que tenía los ojos fijos en mis pechos, sonreí y alzándome de hombros regresé a mi cuarto cerrando la puerta. Cuando salí al pasillo con mi bikini, las sandalias y una toalla, ellos ya me estaban esperando. Mi hermana también llevaba bikini y reconozco que tenía un hermoso cuerpo pero me fijé más en el de mi cuñado, contemplando sin demasiado disimulo sus músculos, su culo pequeño y duro, sus muslos fuertes y el bulto de su entrepierna.

En la piscina, mientras mi hermana se lanzaba al agua Ricardo sonriendo, me dijo…

—¿Sabes que estás muy buena cuñadita? Parece mentira… ayer eras una niñata y hoy ya eres toda una mujer.

Sin contestar, también me eché al agua. Mi objetivo estaba logrado. Ricardo me veía ya como una mujer. Lo sentía por mi hermana pero no iba a parar hasta follármelo. Ricardo tenía que ser mi primer hombre.

Todo el rato que estuvimos en la piscina, tomando el sol o bañándonos, no hubo un solo instante que no sintiera la mirada de mi cuñado sobre mi cuerpo. Incluso en algún momento, estando dentro del agua, noté como sus manos, “sin querer”, me tocaban más o menos ligeramente, el culo o las tetas.

Al volver a las habitaciones, nos vestimos para comer y después fuimos a echarnos una siesta. Me masturbé por segunda vez oyendo los entrecortados gemidos que lanzaba mi hermana mientras Ricardo se la follaba. Imaginé que era yo la que tenía su polla en mis entrañas y me corrí mordiéndome los labios para que ahora no me oyeran ellos.

Me quedé dormida hasta que mi hermana me despertó sobre las seis de la tarde. Dimos una vuelta por el pueblo, luego a cenar y acabamos entrando en la discoteca del hotel. Nos sentamos alrededor de una mesa, pedimos la consumición y Ricardo sacó a su mujer a bailar. A la tercera pieza me sacó a mí.

A mí no me gustan las piezas lentas pero agradecí que en aquel momento fuera una de ellas la que sonaba. Me pegué a Ricardo todo lo que pude para que notara la dureza de mis tetas en su pecho y el calor de mi carne contra la suya. Ricardo no se apartó, al contrario, me dio la sensación de que él también se apretaba a mí ya que, casi al instante, noté aquello tan duro contra mi bajo vientre…

Le miré a los ojos y le sonreí mientras removía mi sexo contra su polla. La pista ya estaba llena de gente así que Ricardo bajó las manos de mi cintura a mis nalgas y me sobó el culo lo que quiso, haciendo que mi coño empezara a mojarse.

En este momento acabó la música lenta, empezando los movidos. La gente salió de la pista y tuvimos que dejar de apretarnos, volviendo a la mesa con Silvia. Hablamos un rato hasta que Ricardo dijo que iba al lavabo. A los dos segundos me levantaba yo y decía a Silvia que también tenía necesidades.

Alcancé a Ricardo justo en la puerta del lavabo de caballeros…

—Mira si hay alguien dentro – le dije muy nerviosa.

—Hay un tipo -me contestó después de mirar -¿No pretenderás…? añadió adivinando mis intenciones.

— Siempre vamos a tener a mi hermana en medio – dije – así que hay que aprovechar todas las ocasiones.

No me daba cuenta de que estaba actuando como una golfa consumada y eso debió pensar Ricardo pues nada más salir el tipo que estaba dentro, me cogió de un brazo y nos metimos en uno de los reservados, cerró la puerta y abrazándome, me besó como un loco mientras sus manos me recorrían todo el cuerpo, sobaba mis pechos y mis nalgas hasta que, levantándome la falda, dejó mi culo al aire. Me dio la vuelta, me inclinó hacia adelante y de un golpe me bajó las bragas hasta las rodillas. Cuando noté una cosa muy dura apretarme la raja del coño, tuve miedo…

— Con cuidado, por favor, es la primera vez… – le dije en voz muy baja.

—¿La primera vez? – repitió soltándome de las caderas – ¿No lo has hecho nunca… eres virgen…?.

— Sí, soy virgen pero por favor, házmelo, quiero que seas tú, no sabes lo que te quiero, lo que te deseo…

— ¡Estás loca! – exclamó entonces, escondiéndose la polla. Tú también me gustas y me excitas pero… me miró y esbozando una sonrisa, continuó diciéndome…
— No vengo preparado y no, no es aquí donde debemos hacerlo… Venga, arréglate la ropa y ya encontraré un lugar más cómodo que este.

—¿Me lo prometes? – le dije subiéndome las bragas y llena de ilusión – ¿De verdad que me vas a follar?

— Sí, me apetece pero no así, como un ligue cualquiera – contestó, besándome en la boca – Vete a la mesa con Silvia que yo tardaré un poco más.

Miró fuera y cuando no había nadie en los lavabos, salí corriendo. Al llegar él volvió a bailar con las dos pero ahora, cuando la gente nos protegía de las miradas de Silvia, él me metía mano y me besaba poniéndome caliente como un horno. Nunca en mi vida había tenido las bragas tan mojadas. La raja no paraba de chorrearme líquidos que empapaban la tela e incluso la parte superior de mis muslos.

Cuando ya nos encontrábamos cada uno en su habitación pude oír los gemidos que lanzaba mi hermana al ser follada por su marido. Me molestó un poco pensar que Ricardo se había puesto cachondo conmigo y ahora la beneficiaria de su calentura era mi hermana y no yo. Para resarcirme acabé masturbándome, imaginando que las manos que me acariciaban los pechos y masajeaban mi coño eran las de Ricardo y así me corrí murmurando su nombre.

A la mañana siguiente, ya en la playa y aprovechando que mi hermana estaba en el agua, Ricardo me dijo…

— Le he dicho a Silvia que he de poner una conferencia por un asunto de trabajo así que cuando venga del agua me voy a ir. Aprovecha tú para buscarte también una excusa y nos vemos en tu habitación. ¿De acuerdo?…

Al llegar Silvia y tenderse a nuestro lado, Ricardo se marchó y yo, a los pocos minutos le dije a mi hermana que quizá había sido una equivocación que me invitaran a irme con ellos, que yo les cortaba la libertad, era una carga y encima me aburría. Mi propia hermana me dio la solución al decirme…

— No digas tonterías, estamos encantados de tenerte aquí pero quizá tengas razón en lo de que te aburres – y sonriendo, añadió —Anda vete a dar una vuelta por la playa y el hotel para ver si ligas a algún chico guapo pero, sobre todo, rico.

Salí pitando, pero hacia mi habitación. A los dos minutos Ricardo llamaba a mi puerta…

Nos abrazamos y con manos febriles empezó a desnudarme hasta dejarme a pelo. Era la primera vez que alguien me veía así y la verdad es que mi calentura estaba a tope. Todo me ardía, la piel, los pechos, el coño. Todo era como si tuviera fuego. Ricardo me besaba entera. Chupaba mis tiesos pezones y bajaba por mi vientre hasta que tumbándome de espaldas en la cama, colocó la cabeza entre mis muslos y se comió mi coño por primera vez… uff creí volverme loca.

Aquello nada tenía que ver con las masturbaciones que yo me regalaba. El placer era muchísimo más grande así. Así me corrí por primera vez con sus dulces lametazos en mi clitoris. Mientras me recuperaba de este primer placer, contemplé como Ricardo se desnudaba. También por primera vez tenía al alcance de mi mano una polla real, de carne dura y tiesa. Me la puso en la mano y se la acaricié. También ardía, como mi piel…

— Pásale la lengua, cariño – me dijo entonces – Chúpamela un poco.

Lo hice, no sé si bien o mal, pero lo hice con ganas notando como aquella barra aún se endurecía más entre mis labios. Entonces me la sacó de la boca, me abrió aún más los muslos y se colocó entre ellos. Agarró su polla con una mano y con la otra contemplé como se colocaba un condón…

Gemí cuando el gordo capullo acarició mi mojada raja y volví a gemir cuando noté el empujón que me abría los labios. No eran gemidos de dolor pero sí lo fue el que lancé cuando Ricardo de una fuerte atacada, me la metió entera. Algo se rompió en mis entrañas… Mi cuñado acababa de hacerme mujer.

Ya dentro de mí, dueño de mi cuerpo, empezó a follarme, se movía con ligeros movimientos, metiendo y sacando su polla de mi vagina recién estrenada. El suave dolor fue, poco a poco, substituido por un no menos suave placer hasta que de pronto, el orgasmo irrumpió en mi vientre… ahhh, Grité, vencida. Aquello era increíble. Me moría de gusto. Lástima que el condón no me dejó sentir la descarga de leche de mi amante llenarme el recién desflorado coño.

Quedamos los dos abrazados, gozando de aquellos instantes maravillosos. Luego, por separado, bajamos a la playa con Silvia.
Contrariamente a lo que había creído al encontrarme al lado de mi hermana no sentí el menor remordimiento. Ella tenía a mi amante todos los días y podía gozar de él.

Desde este día Ricardo buscó todos los instantes precisos para volver a follarme. Al volver a nuestra ciudad aún lo tuvimos mejor por lo que nos convertimos en amantes pero como ni él ni yo queríamos hacer daño a mi hermana, ninguno de los dos habló jamás de que se divorciara de Silvia para unir nuestras vidas pero lo que sí hice fue buscarme novio y casarme, pensando que así olvidaría a Ricardo.

Fue en vano. Mi auténtico amor es para mi cuñado el cual, cuando él quiere, me entrego sin limitaciones para gozar de todos los placeres del sexo…


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La ruptura con mi novio marco mi vida

La ruptura con mi novio marco mi vida

Me traslade de ciudad y mantenía mi noviazgo a distancia… Hablaba por teléfono, fantaseaba… pero era muy duro para los 2. Mi novio vino a verme a primeros de año y cuando nos despedíamos me enteré de que él me había sido infiel, solo una vez, pero me destrozó…

Hola mi nombre es Rebeca, soy rubia, de estatura media, piernas largas, culo bien redondo, tetas de mediano tamaño pero firmes, es decir una figura muy proporcionada.

Amaba con todo mi corazón a Eduardo, llevábamos una relación maravillosa, no era muy atractivo pero tenía una personalidad excelente; fue mi primer hombre, mantuvimos relaciones sexuales frecuentemente y lo disfrutaba mucho, pensaba que era lo mejor que podía experimentar.

Cuando nos separamos sufrimos mucho pues la distancia era importante y no podíamos vernos. Hablábamos por teléfono y fantaseaba con él, hasta me masturbaba escuchando su voz e imaginaba su lengua metida entre mi húmeda vagina. A pesar de los enormes deseos sexuales que mantenía, ni se me pasó por la cabeza serle infiel, y la verdad que tenía muchos admiradores que me invitaban a salir, pero yo no accedía.

Durante el primer año conocí mucha gente y sobre todo hombres que me comían con su mirada, pero yo seguía pensando en Eduardo, a pesar de que algunos me parecían atractivos. Para un comienzo de año me llamó y me dijo que vendría a visitarme… me puse muy contenta de pensar que lo podría tener entre mis brazos y piernas otra vez.

Cuando lo vi me paso de todo por la mente, el corazón se me quería salir, así que lo besé y abracé desesperadamente, quería que ese momento no terminara.
Durante su estancia no pudimos hacer mucho, pues mi madre vivía pendiente de nosotros, aunque a veces nos acariciábamos mientras nos besábamos. Así pasaron los días hasta que llego la hora de volver.

Esa noche lo llevé hasta la terminal de autobuses y mientras esperábamos, conversábamos cosas triviales, hasta que él interrumpió el momento y me pregunto si había tenido relaciones sexuales con alguien en ese tiempo, de inmediato le respondí que no.

En ese momento me invadió una duda; no sabía si devolverle la pregunta, pues no me imaginaba lo que podía causar en mí una respuesta afirmativa, pero no me podía quedar con la duda así que le pregunte y él algo nervioso me respondió que sí, algunas semanas atrás había tenido sexo con una de mis amigas, con la que también hablaba mucho por teléfono.

Esa respuesta me partió el corazón, me fui para mi casa y toda la noche estuve encerrada en mi cuarto llorando y lamentándome de todo lo que había perdido por pensar solamente en él, así que decidí darle una vuelta total a mí vida y disfrutar de todo aquello que había perdido, necesitaba desesperadamente follarme a otro hombre.

Me convertí en una mujer extrovertida, todo lo que hablaba le ponía sentido sexual, mis gestos eran muy insinuantes. Los vecinos y amigos estaban sorprendidos por ese cambio radical de niña tierna a una zorra en potencia.

Fue así como Roberto, un atlético joven que siempre me molestaba se interesara más en mí, comenzó a perseguirme y yo le daba motivos para que se ilusionara. Una mañana mientras me bañaba sonó el timbre de la puerta, me rodeé una toalla muy corta que solo tapaba la mitad de mis tetas y escasamente cubría mi rasurado coño. Salí a abrirla cuando me di cuenta que era él, que buscaba a mi madre para entregarle unos papeles sobre algo que le había solucionado, pero ella no se encontraba en cambio estaba yo, lo cual fue una sorpresa para ambos.

Abrí la puerta y le hice pasar, él me quito la toalla con la mirada, le pregunté si quería un café y él sin despegar la mirada de mi coño afirmó con la cabeza. En ese momento pensé que era la ocasión perfecta, pues el chico no estaba nada mal, incluso mejor que mi novio. Estaba sentado y me acerqué mirándolo a los ojos, dejé caer la toalla frente a él y le puse mis tetas en la cara, él se estremeció y me dijo…

— Rebeca, estás muy buena, por fin se cumplirá mi deseo. Si supieras todas las pajas que me hice pensando en ti…

Comenzó a chupar mis pezones erectos y con la mano tocaba mí coño. Yo me estremecía de placer pues él no cesaba de morder, chupar y besar mis tetas de arriba abajo, mientras me introducía los dedos en la vagina, entonces me levantó y me llevó hacia la habitación, me tendió en la cama y separó mis piernas, paso lentamente su lengua por mi clítoris y con sus manos amasaba mis tetas, me chupo el coño durante bastante tiempo, yo estaba en la gloria, entonces reaccioné, le bajé el pantalón y el slip dejando a la vista una buena polla muy dura…, me la metí en la boca y empecé a mamarla sin parar mientras él me metía los dedos en el coño.

Hacía mucho tiempo que no tenía mi ración de sexo y eso fue genial, alcancé tres orgasmos. Nos separamos, me hizo poner a cuatro patas y me la empezó a meter desde atrás. De solo sentir el primer mete y saca dentro de mi vagina, me corrí, empezó a bombearme violentamente y eso me encantaba.

Tenía algo de aguante para correrse, a lo contrario de mi novio. Aflojó la marcha y comenzó a meterme un dedo húmedo por su saliva en el culo, de inmediato le dije que no, que mi culo era virgen, entonces se acercó a él y metió su lengua por mi culo, lo cual me encantó, pues nunca me lo habían hecho.

Me di la vuelta y me metí su polla en la boca, le pasaba la lengua de arriba abajo y le chupaba los huevos. Me hizo parar y me tendió de nuevo en la cama metiéndome toda su polla en el coño, ¡era genial! Hizo unos cuantos movimientos bruscos y cuando me di cuenta que estaba gimiendo demasiado, lo aparté y sentí algo caliente en mi barriga y piernas, era su leche derramada, era una cantidad importante. En ese momento pensé en Eduardo y sentí una satisfacción enorme de haber follado con otro hombre.

Decidimos irnos juntos a la ducha, donde echamos otro polvo increíble. Después de esa experiencia maravillosa, los vecinos me miraban con una cara de malicia, creo que el idiota de Roberto les contó lo sucedido, cosa que a mí no me importó para nada.

Al cabo de unos días fui para una fiesta de unos amigos. Llevaba un vestido negro corto muy pegado al cuerpo, el cual me quedaba fabuloso. Cuando entre en la fiesta fui el centro de las miradas, pues resplandecía entre todas las mujeres de la fiesta por mis hermosas piernas largas y ese escote tan sensual.

La fiesta estuvo muy bien, yo consumí bastante alcohol hasta al punto de sentirme mareada pero muy alegre. Salí a bailar y me movía muy sensualmente, cuando sentí alguien detrás de mí, me di la vuelta y era un hombre negro de casi dos metros de estatura. La verdad, nunca me gustaron los negros pero este fue diferente, tenía un cuerpo fantástico, un culo bien puesto y un bulto que resaltaba en su pantalón, aparte de que el alcohol ayudo un poco.

Estuve bailando el resto de la noche con él. Se llamaba Juan, jugaba a fútbol en un equipo importante de la ciudad. Mientras bailábamos no se cansaba de elogiar mi belleza y decía que era el hombre más afortunado de la fiesta. Fuimos a tomar algo para refrescarnos y nos sentamos, al rato de estar charlando me puso la mano sobre la rodilla y comenzó lentamente a subirla hasta casi tocar mí coño, yo estaba turbada pero comencé a sentir cosquillas en mí vientre y mi coño comenzó a mojarse. Cuando terminó la fiesta me propuso de ir a su casa, pensé que era muy tarde pero me pudo más el calentón, así que decidí acompañarlo a su casa.

En el taxi él me abrazaba y me besaba el cuello y al bajarnos nos dimos un beso apasionado, movía su lengua dentro de mí boca como nunca lo había sentido. Cuando entramos en la casa me llevó directamente a la habitación, me acostó en su cama y comenzó a pasarme sus manos por todo mi cuerpo. Me quito los zapatos y lamió mis pies. Yo estaba que reventaba, subió mí vestido y me dio la vuelta, quedando mi culo al aire solo con unas bragas de hilo dental. Comenzó a besar mis nalgas mientras halagaba mi culo.

Se levanto y aproveché para darme la vuelta y observar como se quitaba la ropa y como quedaba descubierta aquella gran polla negra. Cuando la vi, mi coño comenzó a sentir espasmos, no podía esperar a que me la metiera. Entonces se acercó, me quito el vestido y quede en bragas. Comenzó a chuparme las tetas y entonces sentí unas risas, traté de cubrirme rápidamente cuando de repente Juan dijo…

— ¡Salid ya muchachos!

Me sorprendí al ver otros dos negros y le pregunté quienes eran contestando…

— ¡Te presento a mis amigos y compañeros de cuarto!

Sentía el rostro ardiendo, me incorporé y me tapé bien con la sabana.
Uno de ellos dijo comentó que siempre habían follado con mujeres de color pero nunca se habían beneficiado a una blanca, por eso se habían hecho una paja mientras me miraban con muchas ganas.

En ese momento sentí ganas de salir de ese lugar, pero algo me dijo…

— “¡Quédate que esto puede ser genial!”.

En ese momento pensé en Eduardo y lo racista que era y eso me hizo terminar de decidir en quedarme, el saber la cara que haría él cuando supiera que me entregaba a tres negros al mismo tiempo y que me convertiría en su esclava por unas horas.

Esa idea me puso muy cachonda, me relajé y volví a descubrirme. Ellos se acercaron, se desnudaron y Juan comenzó a chuparme las tetas, otro corría mí tanga a un lado e introducía sus dedos en mí coño y el otro puso su polla en mí boca, estaba tan excitada que tuve mi primer orgasmo inmediatamente. No podía creer lo que estaba haciendo, follando con tres tipos al mismo tiempo, nunca lo habría imaginado, ni en la mejor de las películas porno podía ocurrir esto.

Juan acercó su polla a la entrada de mi coño y comenzó a introducirla lentamente, no era muy gruesa pero si larga, los otros dos me ponían las pollas en mí cara para que las mamará, entonces Juan la metió toda y comenzó a moverse, yo gemía de placer, no podía creer que a mi chocho le entrara toda esa polla tan larga. Cambiaron de posición para que todos me la pudieran clavar, al tiempo que sentía orgasmos a cada momento.

Al rato uno de ellos me coloco a cuatro patas y comenzó a meterme el dedo en el culo, a lo cual del placer que sentía, no me opuse. De pronto miré al costado y vi un espejo que reflejaba la figura de tres negros poseyendo a una rubia, de verdad que era una imagen sugestiva. Uno de los amigos de Juan puso la polla en la entrada de mi culito virgen, mientras que el otro por debajo me lamía el coño y Juan solo nos admiraba. Entonces sentí un empujón en mí ano y trate de quitarme, pero me cogió por las caderas, acarició y dijo…

— Relájate, lo vas a disfrutar mucho.

Y así lo hice, trate de relajarme. Al comienzo fue horrible pero después fue maravilloso, los tres pasaron por el agujero de mí ano y me encantó. En un momento nos separamos, uno de los amigos de Juan se acostó y me dijo que me sentara en su verga, así lo hice, entonces llamó a Juan y le dijo que me la metiera en el culo. Esta posición solo lo había visto en las películas y nunca pensé que algún día la haría. Quedamos como un sándwich, con dos negros arriba y abajo y una rubia en la mitad.

Tuve por lo menos dos orgasmos mientras me atravesaban el coño y el culo, el tercero aprovechó y me puso su verga en la boca. El primero en correrse fue el que estaba debajo, después sentí como Juan también se había venido y por ultimo sentí leche caliente en mi boca.

Estaba tan excitada que me la trague toda, algo que nunca había hecho, pero la excitación de la situación me llevó a no tener limitación alguna.

Quedamos tendidos los cuatro en la enorme cama y nos dormimos inmediatamente. A la tarde siguiente nos duchamos, les mamé las pollas a los tres y recibí su leche al tiempo, quedando toda bañada. Me limpié, arreglé y me fui a casa muy satisfecha, deseando tener más y más…

Pienso que fue el momento que cambie y forme en mi mente otra manera de disfrutar de este cuerpo que tengo y que soy plena como mujer por lo que disfruto de el sexo, pero con la edad me veo perjudicada con daños y operaciones para corregir excesos. Estoy en sus manos.

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Descubrí una nueva faceta en mi, hasta ese momento desconocida…

En aquella empresa y con aquella mujer descubrí una faceta mía que desconocía y que desde aquel día, me proporciona un placer insospechado. No se como empezar pero ha indicado líneas a marcar en la redacción para analizar mi vicio oculto que esta pasando daños a terceras personas queridas…


Me llamo David, tengo el pelo rubio, guapo de cara y con un buen físico. Estudiaba en Europa con beca desde Miami…

Esto me ocurrió en mi primer puesto de trabajo serio, fue en unos famosos Grandes Almacenes con centros en toda Europa, era un trabajo que realizaba para poder pagarme los estudios, no es que me guste demasiado ir de traje, pero la verdad necesitaba el dinero, no tenía otro medio para costearme los estudios ni para pagarme el lugar donde residía.

Tuve un par de problemas con dos clientas que presentaron unas reclamaciones y mi jefa intervino, avergonzándome delante de ellas. Me sentí humillado y cuando me llamó a su despacho y entré me dijo que la próxima vez que volviera a ocurrir algo parecido me echaría a la calle, que no podía permitir mi actitud para con la clientela, tuvieran o no tuvieran razón en sus pretensiones, lo importante era el nombre de la empresa.

No tardó ni una semana en ocurrir algo parecido y cuando se enteró de ello me hizo llamar a última hora del trabajo, antes de cerrar, cuando entré en su despacho me dijo…

— Parece que tiene usted algún problema con las clientas de este centro, específicamente solo con mujeres por lo que compruebo, me parece que necesita usted que le eduquen de nuevo.

— Yo no tengo ningún problema con nadie, y menos con las mujeres, si son unas cretinas no querrá que les dé la razón, y menos cuando son unas analfabetas – repliqué.

— Me parece que no tiene muy claro cual es su misión aquí – dijo y luego gritó tuteándome

— ¡Desnúdate!

— ¿Cómo dice?, me parece que no he oído bien.

— Que te desnudes gilipollas, no tengo todo el día para atenderte. ¿Todavía no sabes quien manda aquí…? pues yo te lo voy a aclarar.

Yo me quedé parado, no sabiendo que hacer, y ella se acercó a mí y después de darme un fuerte bofetón me dijo que tenía dos opciones…

— O colaboras, o te vas a la calle nada mas salgas de aquí, niñato.

Lentamente empecé a desnudarme, pero me paré cuando llegue a los calzoncillos. Ella se acercó al ver que me quedaba quieto, me dijo que bajara la vista y que no la mirara de frente, y cuando estaba a mi lado vi que llevaba unas tijeras en la mano, las acercó a mis calzoncillos y los cortó por un lateral cayendo al suelo, luego llevó las tijeras a mi polla y me la tiró hacia abajó con las tijeras diciendo…

— Ahora no pareces tan gallito David ¿Crees que por llevar esta cosa entre tus piernas puedes hacer lo que te dé la gana con las clientas? Yo te voy a enseñar cómo se trata a las mujeres…

Después de esto empezó a cortarme el pelo de los huevos y yo, que miraba hacia abajo, le agarré la mano para que no siguiera, pero ella me pegó un bofetón con la otra mano en toda la cara y dijo…

— ¡Suelta la mano, bastardo o te corto la polla!

Yo solté la mano y me la llevé a la mejilla ya que estaba sangrando un poco debido a un corte que me había hecho con uno de sus anillos y que la cicatriz perdura en el tiempo. Yo no daba crédito a lo que me estaba pasando, una mujer me estaba dominando, y no era capaz de reaccionar.

Ella se separó de mí, y se volvió a apoyar en el borde de la mesa, bajó las luces de la oficina y descorrió las cortinas de su despacho desde donde se divisaban las luces de la ciudad que iluminaban en esos momentos la noche. Me dijo que me pusiera de rodillas y me tiró las tijeras delante de mí…

— ¡Cógelas y córtate el pelo de ahí, cerdo!

Yo las recogí y empecé a cortarme el vello y mientras lo hacía mi polla notaba como empezaba a reaccionar, aunque todavía no estaba empalmada, pero notaba un cosquilleo por la situación del momento, o eso creía yo. Cuando acabé y había cortado la mayoría del vello de mi zona, ella se acercó al lateral de la oficina donde tenía un pequeño aseo y después de sacar una cuchilla de afeitar, jabón, una toalla y un poco de agua en un recipiente, los dejó en el suelo sin decir una palabra.

Recogí el jabón, lo mojé y después la espuma la pasé por mi zona, luego recogí la cuchilla y rasuré todas mis partes, una vez acabado, lo dejé todo y esperé, no pensaba, solo esperaba a que ella hablara, y al rato dijo…

— Bien, ahora que parece que ya estás más decente y que ya no tienes ese pelo de machito, ponte a cuatro patas y ven aquí, y no se te ocurra levantar la cabeza, perro.

Me puse a cuatro patas sobre la moqueta y me acerqué a ella, parándome enfrente suyo y con la cabeza baja mirando al suelo, desde allí podía observar sus pies y sus zapatos negros de tacón alto, también pude apreciar que llevaba medias de color cristal, tenía los tobillos algo hinchados por llevar ese calzado desde por la mañana.

— Como buen perro que debes ser, después de limpiarte tú, que ya lo has hecho, ahora debes limpiar a tu Ama, empieza por limpiarme el sillón de cuero de mi escritorio.

Rodeé la mesa y cuando estaba al lado del sillón me paré, cogí un pañuelo de papel y empecé a limpiar el sillón

— No, no, así no perrito, así no se limpia, hazlo con la lengua, limpia bien el sillón donde pongo mi culo y donde me masturbo cuando me apetece, después de chuparlo, pues no quiero tus babas asquerosas en él, pásale el pañuelo.

Empecé a chupar el cuero negro del sillón de mi Jefa y ahora Ama, le pasé luego el pañuelo y cuando acabé me quedé muy quieto esperando sus órdenes. Se acercó y comprobó el sillón, después me dijo…

— Ahora te vas a quedar aquí muy quieto y sin decir nada de nada mientras yo reviso algunos documentos.

Se sentó en el sillón, y empezó a trabajar sobre papeles que tenía en la mesa, mientras tanto me quedé a su lado esperando. Desde mi posición dentro de la mesa y a sus pies, podía ver sus piernas con medias, hasta las rodillas nada más, a partir de ahí tenía la falda entallada no dejaba apreciar nada más, pero una de las veces en las que miró me vio mirando entre sus piernas y me lanzó una patada a mis partes dejándome dolorido y retorciéndome en el suelo…

— ¿Quién te ha dado permiso para levantar la cabeza perro, y menos a intentar mirar mis piernas? Tú lo has querido…

Se levantó y cogió un paño, seguidamente lo ató a mi nuca y me vendó totalmente los ojos. Yo no podía ver nada a través de él y se volvió a sentar. Ahora solo podía oír lo que ocurría a mi alrededor y en tal caso a oler, y eso es lo que estaba haciendo, oler su perfume.

Entre eso y el olor a sudor de sus zapatos, notaba que me estaba excitando, mi imaginación era más poderosa que la vista y tenía unas sensaciones muy raras.

Al rato de estar así, llamaron por teléfono, según la conversación, parecía ser su marido, le comentaba que tenía mucho trabajo y que igual llegaría más tarde, que no tenía más que ineptos a su alrededor y que tenía que reformarlos, riéndose por algo que había escuchado de él.

Mientras hablaba empezó a rozar sus piernas en mi cara, luego se quitó los zapatos y seguidamente cruzó las piernas, dejando sus pies con las medias puestas a la altura de mi boca.
Yo no veía nada, pero notaba la presencia de sus pies a mi altura, ella arrimó la puntera a mi boca y empujó, yo abrí la boca y con miedo empecé a besar y lamer con cuidado, pero al ver que no me agredía y que seguía hablando por teléfono con su marido empecé a besar su empeine de rodillas, lo besaba y lo lamía, cada vez un poquito más arriba, hasta que llegué al principio de su falda por encima de la rodilla, ella le dijo a su marido que esperara un momento, y noté que se levantaba y que rozaba algo, cuando se volvió a sentar y coger el teléfono, al acercar mi cara noté que se había quitado las medias.

Volví a besar sus piernas y ella me dejó seguir más arriba, y cuando subí más arriba noté que también se había quitado la falda, entonces empecé a chupar sus muslos mientras ella reía y ronroneaba en la conversación que mantenía con su marido.

Estaba chupando sus muslos y notaba que yo estaba excitadisimo , mi polla estaba totalmente erguida y vibraba de excitación. Cuando estaba chupando sus muslos notaba el olor a hembra que me venía de sus partes y me volvía loco, por lo que traté de llegar con la lengua hasta su coño, pero ella apoyó su mano en mi nuca y me la empujó violentamente hacia abajo, dándome un golpe con el sillón, pero seguí chupando sus muslos y piernas, hasta que, pasado un rato, oí como ponía sus piernas sobre el escritorio y me agarraba del pelo, llevando mi cara a su coño y restregándomela contra sus bragas diciendo…

— ¡Cómeme el coño, venera a tu Ama y veremos si te perdono por hoy, coge tu polla con la mano y mastúrbate, pero si te corres, te apaleo, perro!

Yo empecé como loco a chupar sus bragas, tenían un sabor ácido, pero me encantaba su olor, notaba que estaban húmedas y mi saliva inundaba su prenda.

Al rato ella misma separó un poco la parte delantera de la braga y chupé sus labios directamente… Que delicia, notaba que su coño estaba depilado y totalmente húmedo y chorreando. Mi lengua se entretuvo en su clítoris y no dejé de chuparle su garbanzo, que estaba durísimo, tan duro como mi polla. Tenia que parar de tocarme de vez en cuando porque sino me hubiese corrido, y no quería defraudar a mi dueña.

Ella seguía hablando por el teléfono, pero empezó a moverse rítmicamente en la silla, agarró bruscamente de nuevo mi pelo y restregó violentamente su coño contra mi boca, haciendo esto durante un buen rato, hasta que noté que se arqueaba considerablemente y que luego se dejaba caer en el sillón, apartándome de una patada y dejándome en el suelo con mi mano en la polla sin saber que hacer.

Ella acabó la conversación telefónica, se levantó y fue al aseo, se acicaló y seguidamente se vistió. Yo mientras tanto, seguía enrollado sobre mi mismo escuchando todo lo que ocurría a mi alrededor, esperando alguna indicación. Los huevos me dolían, estaba a punto de explotar por no poder llegar hasta el final, cuando oí…

— Bien, hoy has recibido tu primera lección de cómo tratar a las mujeres, todavía no te mereces ni mirarme, no a una mujer. Cuando yo salga te levantas y te vistes, no te quiero ver aquí cuando vuelva dentro de un rato, y a partir de ahora cuando te llame vendrás a mis pies y esperarás mis indicaciones, espero que te haya quedado claro de quien manda, y que no se te ocurra masturbarte aquí.

Seguidamente oí como se abría la puerta y salía del despacho, me quité la venda de los ojos y vi que estaba solo, me levanté con dolores y me vestí. Todavía me encontraba terriblemente excitado, y a cada roce de mi miembro sobre mis calzoncillos me producía un martirio, estaba como loco por llegar a casa y poder masturbarme.

Mi vida no iba a ser la misma a partir de ese momento…

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Me gustan las mujeres maduras…

Me gustan las mujeres maduras

Las mujeres maduras me gustaban, pero ella, era una fruta prohibida para mí…

Marisa es la más tremenda hembra que conocí en mi vida y el símbolo sexual de todos mis amigos, Martín su hijo es mi mejor amigo…
Marisa tiene cuarenta y cinco años y es secretaria de una importante empresa… Morena, alta y un cuerpo que hace que hasta las mujeres se den la vuelta para mirarla. Aparatosas tetas, cintura estrecha, largas piernas y un culo que parece obra de un escultor alucinado, pero lo que más llama la atención en ella es su rostro…

tiene cara de puta, que digo de puta, de putísima. Ojazos negros que ligan con su cabellera negra alborotada, nariz pequeña, pero enérgica y lo mejor… su boca. Labios gruesos siempre pintados de rojo intenso y entre abiertos como si estuviese a punto de jadear y una mirada que parece medirte antes de saltar para devorarte.

Pero Marisa no solo tiene cara de zorra…, lo es. El padre de Martín la abandonó harto de sus infidelidades, pero a ella no le importó demasiado porque nunca le faltó alguien en la cama, colegas, empresarios, funcionarios… y además, sabe sacar provecho de sus relaciones. Así compró la casa más lujosa del barrio en el que vivimos, con jardín y una piscina divina.

Los amigos compadecemos a Martín por la fama de su madre, pero también lo envidiamos porque tiene su propio coche, una moto, el más potente equipo de música, el mejor ordenador y es el primero siempre en tener cualquier novedad electrónica que aparezca y además de buen amigo y generoso, su casa siempre está abierta para todos y disfrutamos de la piscina y de sus atenciones y, sobre todo, de la visión de su madre en traje de baño.

El fin de semana pasado él se fue de vacaciones con su padre, entonces me di cuenta que me había olvidado la noche anterior mi tablet en su habitación, así que el sábado por la tarde fui a buscarla. Hacía muchísimo calor y yo llevaba un pantalón corto y una camiseta, y como vivo a pocos metros de su casa, me puse un par de zapatillas y allá fui.

Me abrió la puerta Marisa. Llevaba un bikini color verde y un pareo blanco que dejaba al descubierto su ombligo, tragué saliva y saludé…

— Buenas tardes señora. Discúlpeme, pero anoche me olvidé mi tablet y quería pedirle si…

— Pasa – me interrumpió – y sube a buscarla.

Subí las escaleras corriendo y un minuto después bajaba con mi tablet en la mano. Marisa estaba destapando una botella de refresco y me sirvió un vaso grande de bebida helada. Se estaba muy bien en la sala con el aire acondicionado, fuera el sol apretaba y se veía su reflejo en el agua de la piscina…

— Siéntate y hazme un poco de compañía que estoy terriblemente aburrida – me dijo.

Me senté, ella lo hizo frente a mí y en ese momento el pareo se abrió y descubrió sus maravillosos muslos hasta la entrepierna, pero las cruzó lentamente mientras sonreía ante mi cara de asombro y mi mirada hipnotizada con el vaso en la mano a mitad de camino de mi boca…

— ¿Tienes algo que hacer esta tarde? – me preguntó y al decirle yo que no, añadió –

— ¿Entonces por qué no te quedas y luego nos bañamos juntos?…

Mientras yo interpretaba el “bañarnos juntos” de la peor manera, la mano me temblaba y el vaso que estaba a punto de llevarme a la boca desde hacía ya rato se agitó y el líquido se derramó sobre mi camiseta y mi pantalón. Avergonzado pasé la mano por ella al tiempo que Marisa decía…

— Sácatela que te la lavo, con este sol en media hora estará seca

y mientras me la sacaba Marisa había tomado una servilleta de papel y se acercaba …

— Vaya, un hombre de pelo en pecho

comentó mientras yo tomaba conciencia de mi semi desnudez y ella se acuclillaba entre mis piernas…

— Que varonil te ves

agregó y comenzó a secarme el pecho con la servilleta en tanto yo paralizado y mudo no atinaba a hacer ni decir nada, entonces sucedió lo inesperado…

Veía las tetas de Marisa balancearse ante mis ojos junto con su entrepierna, que el pareo abierto descubría, y no pude detener la erección. Marisa se percató…

— ¿Yo provoco esto?

preguntó mirándome a los ojos con una sonrisa totalmente lasciva.
La miré sin atinar a responder y ella comenzó a pasarme la servilleta de papel por el pantalón, mejor dicho por mi polla erecta bajo el pantalón. Me estremecí y no pude ahogar un breve gemido haciéndola sonreír…

— ¿Qué pasa, me tienes miedo?

— No… no… – mentí.

Entonces Marisa me apretó el glande con las yemas de sus dedos y yo me sentí desfallecer, pero ya acercaba su boca a la mía y besarla era una manera de no mirarla a los ojos y que se diese cuenta de mi miedo. Marisa se tragó mi lengua, la succionó con tanta fuerza que la sentí hundirse en lo más profundo de su garganta y los ojos se me dieron vuelta, su perfume, el sabor de su lápiz labial, su boca caliente que mordisqueaba mi lengua, su mano izquierda que me aferraba de la nuca para inmovilizarme y su mano derecha que me masturbaba con dos dedos con una maestría inigualable, me hicieron perder la cabeza y me abandoné a su voluntad, un minuto después eyaculaba como no recordaba haberlo hecho antes, pero Marisa era implacable y me tuvo inmovilizado hasta el último latido de mi polla. Luego me miró sonriendo y dijo…

— Me parece que también voy a tener que lavarte el pantalón

bajé la vista y vi un tremendo lamparón en medio de mi entrepierna…

— Quítatelo, dijo, pero yo dudé…
— ¿Todavía tienes vergüenza? – preguntó sonriendo, pero antes que le contestase agregó…
— Para que no sientas vergüenza yo también me desnudaré. ¿Te parece mejor así?

asentí con la cabeza y un segundo después el pareo y el bikini caían al suelo, mi pantalón los siguió al instante, entonces nos miramos detenidamente.
Marisa, de pie ante mí, parecía aún más alta desde mi posición, apoyado en el respaldo del sillón y sus piernas más imponentes aún, su coño estaba perfectamente depilado excepto un breve penacho en la parte superior, sus labios eran gruesos y la raja brillaba humedecida por sus flujos.

Su ombligo era excitante, pero sus tetas quitaban el aliento y se me hizo agua la boca imaginando el sabor de esos maravillosos pezones. Entonces estiré las manos y la cogí de la cintura para atraerla hacia mí, Marisa se arrodilló entre mis piernas, me agarró la polla, que a pesar de la violenta eyaculación se mantenía dura y la miró detenidamente sonriendo…

— Tienes una hermosa polla

dijo halagándome, luego se incorporó y colocó sus rodillas a ambos lados de mi cuerpo y sus manos se apoyaron en mis hombros…

— Quédate quieto, déjame hacer a mí – ordenó.

Se situó para colocar mi polla en la entrada de su coño y se sentó sobre ella devorándola, luego comenzó a moverse lentamente subiendo y bajando mientras me miraba sonriendo, parecía disfrutar no solo por follarme sino también por el dominio que ejercía sobre mi inocencia. Me dominaba con su personalidad y me folló magistralmente hasta obtener un magnífico orgasmo, pero no pude evitar pensar que Marisa se había masturbado sobre mi polla así que yo también intenté tener mi propio orgasmo y comencé a moverme…

— ¡Quieto te dije, aún no he terminado! – me ordenó.

Entonces se paró, dejándome desolado con mi tremenda erección, pero Marisa no había terminado conmigo. Se puso de espaldas y se sentó nuevamente sobre mi miembro, solo que ésta vez se lo metió en el culo. Los ojos se me abrieron al verlo desaparecer entre esas fantásticas nalgas. Marisa comenzó a moverse nuevamente subiendo y bajando…

— ¡Las tetas! – ordenó de nuevo.

Comprendí que debía agarrarle las tetas, mis manos volaron y comencé a pellizcar los duros pezones mientras gemía y aceleraba los movimientos. Marisa se movía lentamente, subía casi hasta que el glande estaba a punto de salirse y volvía a descender culminando con una ligera rotación de caderas, jadeaba cada vez más fuerte y me di cuenta que se corría y comencé a empujar yo también con fuerza, pero ella me detuvo tajante…

— ¡Quieto!

La obedecí, de todos modos me estaba llevando al paraíso y valía la pena dejarle el mando. El primer chorro de semen coincidió exactamente con el grito de Marisa, su coordinación había sido perfecta, y eyaculé como un caballo mientras ella se echaba hacia atrás y yo le mordía el cuello y mis dedos pellizcaban con fuerza sus pezones. Sentía que estaba a punto de desmayarme de tanto placer. Marisa resoplaba y luego se abandonó en mis brazos aún penetrada.

Cuando nuestra respiración se normalizó se levantó lentamente mientras yo miraba asombrado como mi verga salía de ese maravilloso culo que me había pertenecido unos segundos antes, y cuando salió totalmente un borbotón de semen corrió por sus muslos, Marisa, entonces, me tomó de la mano y nos metimos en la piscina, yo estaba de pie frente a ella con el agua por la cintura y me miró sonriendo…

— Eso es lo que me gusta de los jovencitos, son insaciables y siempre quieren más.

Entonces me percaté que la cabeza de mi polla emergía del agua como el periscopio de un submarino y no lo dudé, me arrojé sobre ella dispuesto esta vez a tomar la iniciativa.

Rió mientras caía de espaldas y seguía riendo cuando la penetré y flotando a dos aguas comencé a sacudirla con todas mis fuerzas. A impulso de mis sacudidas recorrimos la piscina de punta a punta copulando como delfines hasta que Marisa enlazó las piernas alrededor de mi cintura y dio un giro mientras me clavaba las uñas en las nalgas y teníamos un nuevo e increíble orgasmo.
Tragué agua, lo confieso, pero tuve uno de los mejores orgasmos de toda mi vida, luego salimos del agua, Marisa me dio una toalla y me pidió que la secara, lo que hice aprovechando para manosearla a gusto, luego sugirió descansar y me llevó a su dormitorio.

La cama de Marisa era la más grande que había visto en mi vida, escenario propicio para las más arriesgadas acrobacias, y en ella recibí mis primeras lecciones del Kama Sutra y me convencí que era un hombre muy afortunado por estar viviendo tan increíble experiencia. A última hora de la tarde nos dimos un último baño en la piscina y nos despedimos, previo compromiso de volver a la tarde siguiente para continuar con mis lecciones.

Llegué a casa poco antes de la cena y al entrar encontré a mi padre leyendo el periódico en la sala.
Le saludé y le dije que iba a acostarme que me dolía la cabeza. Me dio las buenas noches y me acosté pensando en la tarde que había pasado y que esperaba que no fuese la última…

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Así fue cómo solucioné mi problema…

Mi vida sexual parecía haber decaído de una manera alarmante. No encontraba estímulo ni atractivo después de mi separación. Era joven, 43 años, pero comencé a preocuparme y alguna de mis amigas me convencieron para que consultase con un profesional, pero yo no estaba muy convencida y encontraba múltiples argumentos para desechar sus consejos.

Los meses se sucedían hasta que leyendo un anuncio en el periódico donde se promocionaba la atención para las disfunciones sexuales con discreción y profesionalismo, me decidí….

¿Qué me estaba pasando?

No lo comenté con nadie pues me daba vergüenza y fui sola a la cita. Llegué puntualmente al domicilio de la entrevista donde una secretaria me recibió y después de tomarme los datos, me anunció al doctor que sin demora, me hizo pasar al consultorio.

Era un hombre rubio de unos 40 años, con gafas, abundante cabellera y un bigote prolijamente recortado. De estatura mediana y buen porte, me pareció buen mozo y atractivo.

Durante el interrogatorio me fui serenando. Su manera de ser, preguntar y ahondar en mi problema, terminó por relajarme. Me sinceré como jamás lo hubiese imaginado previamente, comentando intimidades durante mi matrimonio anterior y la pérdida del interés por todo aquello relacionado con el sexo a partir de saber que me había sido infiel.

Sus preguntas se hicieron cada vez más precisas y escabrosas, pero la manera de inducirme a responder sin tapujos hizo que terminase contándole mis fantasías y mis expectativas con todo lo relacionado con el placer sexual. Después de escuchar mis palabras, me propuso realizar un tratamiento integral, pues consideraba que no tendría problema en recuperar mi libido y mis deseos.

La semana siguiente volví al consultorio, me presentó a un médico joven, su ayudante, encargado de colaborar para el tratamiento según me explicó, y me invitó a desnudarme. Pasé a una pequeña habitación y regresé solo cubierta por la blusa blanca, el liguero y las medias negras…

– No, por favor, debe desnudarse toda, por entero …me dijo el doctor.

Estaba avergonzada, pero obedecí y al salir completamente desnuda, mi vergüenza era enorme pero a la vez estaba excitada ante la mirada de los dos médicos que vestidos con la típica bata blanca, me ayudaron a subir a la camilla de ginecología y procedieron a fijar mis piernas abiertas a los soportes de la misma, con unas finas tiras de cuero.

Luego separaron todo lo que pudieron esos soportes dejando ante su vista mi coño que con esmero yo había depilado. Mis piernas estaban tan separadas y levantadas que estoy segura que incluso mi ano estaba a la vista de los dos doctores.

Al verme expuesta frente a la mirada de los dos facultativos, no pude evitar un sentimiento ambiguo, aunque superado por la vergüenza. De pronto y sin entender el por qué, sentí que se mojaba mi raja y en un susurro les pedí disculpas. El doctor y su ayudante me tranquilizaron, y con una sonrisa manifestaron que el tratamiento comenzaba a dar resultado.

Sentí los dedos del doctor que separaban con sabiduría los labios mayores de mi vulva y acariciaban mi clítoris. Sin querer, moví mi pelvis, y exhalé un suspiro que no pude contener. Empezaba a estar excitada. Entonces me preguntó…

– ¿Cuanto tiempo ha transcurrido desde tu última relación sexual y has sido penetrada por el ano alguna vez?

Sin dudar le confesé que hacía más de un año que no tenía relaciones y solo había tenido una experiencia anal desagradable con mi marido y no la quería repetir.

Decidido, me propuso relajarme y dejarlos hacer. Ensayé una tímida defensa, pero con la ayuda de Marcos comenzaron introduciendo un consolador en mi ano desoyendo mis gemidos de dolor. No podía defenderme, en realidad, al poco rato, comencé a jadear y gozar sin poderme contener…

– Por favor, me voy a correr – exclamé entre jadeos y gemidos…

– Ahora viene lo mejor, ya verás como desaparecerán tus temores y se cumplirán tus fantasías…

Ambos se bajaron los pantalones y, mientras Carlos me introducía su polla en el coño, dilatando las paredes de la vagina, jugaba con el consolador dentro de mi recto en un mete-saca frenético. Entonces Marcos acercó su polla a mi boca.


Era magnífica, gruesa y enorme, la atrapé con mi boca y comencé a mamarla con desesperación. Había vencido todos mis prejuicios. Sentía mi coño encharcado por los jugos de Carlos que eyaculó dentro de mi vagina.

Mi culo estaba abierto como una flor. Estaba gozando. Logré que Marcos liberara su semen dentro de mi boca y tragué hasta la última gota, pero faltaba lo mejor…

Liberaron mis piernas, entonces Marcos, se recostó sobre la camilla y yo lo monté a horcajadas…

¡Que polla tan hermosa, que gruesa!

Por el espejo lateral observé como Carlos separaba mis glúteos y contemplaba la penetración. Marcos se había apoderado de mis senos. Los acariciaba y mamaba con fruición. Finalmente gimiendo y jadeando tuve un orgasmo maravilloso.

El tratamiento fue magnífico y su resultado definitivo y genial.
Exclamaron al unísono cuando me ayudaron a levantar. Mis piernas temblaban por el esfuerzo y la follada, pero había gozado como nunca y recuperado la libido y el deseo.

Al despedirme me propusieron integrarme a su equipo terapéutico pues según ellos muchas veces necesitan de una mujer para resolver problemas sexuales y tener éxito como el logrado conmigo….

Lo voy a pensar seriamente, pues había disfrutado de una sesión maravillosa.

Por cierto, se me olvidaba algo muy importante. Cuando volví para consultarles un problemilla que me había surgido, me confesaron que realmente no eran médicos, y que si hubiera mirado bien el anuncio, estaba en la sección de relax.

Ser “médicos” en ciertas ocasiones, era de las fantasías más comunes de sus clientes femeninas, pero como me vio tan apurada y nerviosa, me siguió la corriente, al fin y al cabo el “tratamiento” había dado resultado.

Después de esta experiencia con “médicos”, una tarde acudí a verlos, pero en aquella ocasión eran dos ejecutivos agresivos que se follaban a la secretaria…

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Sincerarme o vivir con mi secreto…

Estaba dando un paseo y me pare para tomar un café. De pronto le vi, era el ex de mi hermana. Estaba guapo como siempre. Nos saludamos y recordamos cosas del pasado. Me saludó muy sorprendido y me dijo:

– Vaya como has crecido, te ves muy bien.

Enrojecí un poco, pero le agradecí el cumplido y le dije que a él también le había sentado bien el tiempo. Preguntó a donde iba, le dije que ya me iba a casa y me preguntó si iba en coche o a pie, a lo que contesté que venía a pie y entonces se ofreció a llevarme a casa. Lo pensé un poco pero luego le dije que sí.

Ya en el coche, hablamos sobre lo que había sido de nosotros y nuestras familias en el tiempo en el que no nos habíamos visto, aunque no nos llevábamos demasiado bien cuando era novio de mi hermana, él tenía cierto cariño por mi familia y a eso redujimos la conversación.

En un momento dado me preguntó si tenía hambre y yo le dije que no, pero en ese momento mi estómago anunció lo contrario, me rugían las tripas de hambre. Solté una carcajada nerviosa, me puse colorada y me llevó a cenar. Allí seguimos hablando, pero esta vez me preguntó que había sido de mi vida en los últimos cinco años.

Le hablé un poco sobre mis amigos, de mi vida en la escuela, mis aventurillas, hablando de todo y de nada, sin dar detalles ni entrar en un tema a fondo.
Terminamos de cenar y me llevó a casa, nos despedimos con un beso en la mejilla y me pidió el número de mi móvil para mantenernos en contacto ya que le había gustado mucho haberme encontrado y hablar así conmigo.

Pasaron, una, dos semanas y un miércoles me llamó por teléfono, invitándome a ir al cine. Yo no tenía ganas de estudiar letras, así que acepté su invitación y pasó a por mí. Llegamos al cine, discutimos un rato sobre lo que queríamos ver y cuando nos decidimos fuimos a taquilla y como insistió en pagarlo todo él, yo no me hice mucho de rogar. Mientras esperábamos a que empezara la sesión fuimos a dar una vuelta por la plaza, entrar a las tiendas a curiosear, comer un helado, etc. Se nos fue el tiempo y llegó la hora de entrar al cine. Nos sentamos atrás porque es donde se ve mejor.

Empezó la película y casi de principio a fin me tuvo con los ojos bien abiertos atenta a la pantalla. Era una película de terror, que son mis favoritas aunque me muera de miedo. De vez en cuando le apretaba la mano o la pierna o escondía la cara en su hombro para mirar de reojo. Él se reía de mí y me espantaba haciéndome gritar y brincar. Afortunadamente no había mucha gente en la sala porque ya era la última sesión.

Salimos de ahí comentando la película y él seguía haciéndome brincar y gritar de los sustos que me pegaba combinados con cosquillas.
Así se pasó todo el camino del cine a mi casa, riendo y haciéndonos bromas. Pasamos un rato bastante ameno. Cuando llegamos a mi casa, se bajó para despedirme. Lo hicimos con el habitual beso en la mejilla pero ya se iba y yo estaba a punto de cerrar la puerta cuando regresó y me dio un beso en la boca diciéndome:

– Gracias, hacía mucho que no me divertía tanto.

Me volvió a besar y allí en la puerta, prácticamente en la calle, nos besamos desesperadamente, se pegaba a mí y yo sentía su paquete en mi pierna, como iba creciendo. Pronto puso sus manos en mi cintura y después las bajó a mi trasero, levantándome un poco. Se nos dificultaba un poco besarnos porque él es bastante más alto que yo y se tenía que agachar y yo ponerme de puntitas.

Los vecinos de enfrente veían el espectáculo, hasta que después de meter su mano por mi blusa y desabrocharme el sujetador, me empujó suavemente hacia adentro de la casa y cerró la puerta, yo lo llevé hacia mi habitación y él me sentó en la cama, me quitó la chaqueta y me levantó, después me quité los zapatos y me arrodillé en la cama y así quedamos a la altura perfecta para besarnos a gusto.

Mi sujetador ya estaba desabrochado, así que metía las manos por debajo de la blusa mientras masajeaba mi pecho suavemente, pellizcando y tirando de mis pezones despacio, al mismo tiempo que mordía mi cuello y mis orejas empezando a sacarme gemidos de placer. Entonces me dijo al oído…

– Desde que te encontré tenía muchas ganas de hacer esto y me pasé toda la semana pensando en ti.

– Yo también tenía ganas, pero desde que te conocí – le contesté sonriendo.

Dicho esto me quitó la blusa y desabrochó mi pantalón al mismo tiempo que se metía mis pezones duros a la boca.

Lo abracé y le dije que no parara pero como no me parecía justo que yo estuviera en bragas y él siguiera vestido, le levanté la camisa y se la quité, y después de explorar con mis manos y mi boca su pecho, su espalda, sus hombros, le bajé al pantalón. Luego me bajé de la cama y lo empujé hacia la pared, lo besé, empecé a jugar con sus orejas, bajé a su cuello, sus hombros, llegando a su pecho, bajando poco a poco hasta toparme con el cierre de su pantalón y un bulto que se veía grande.

Le desabroché el pantalón y me tomé mi tiempo para bajárselo, mientras lo miraba y sonreía. El solo cerraba los ojos y me acariciaba el cabello. Ya sin pantalón, le asomaba por el calzoncillo una polla que parecía grande y dura, y que mi naturaleza curiosa me invitaba a probar.

Metí la mano para comprobar que era grande y ya chorreaba líquido. Pasé mis dedos por la punta despacio, mientras lo fui sacando poco a poco hasta que tuve su polla dura y no tan grande frente a mi cara. Jugaba con ella entre mis dedos, le di un besito en la punta y jugaba con su polla con una mano mientras con la otra acariciaba sus huevos.

Empecé a hacer círculos con la lengua en la punta, rodeándola toda con mi lengua, poco a poco metiéndome su polla a la boca seguí chupando mientras succionaba y jugaba con sus huevos y pasaba la lengua por todo, chupando bien la cabeza y metiéndola en mi boca una y otra vez.

Cundo me dijo que estaba a punto de correrse, me agarró de los brazos y me levantó mientras que yo seguí dándole placer con la mano en su polla y sus huevos, besaba y le mordía los hombros y el cuello… Se corrió en mi mano y me comí un poco de lo que había recibido, pues era mucho, y lo demás me lo quité con un pedazo de papel. Me agarró de la cintura y me empujó a la cama, se acostó sobre mí y me dijo al oído que le había encantado la mamada y empezó a jugar con mi oreja, metiéndome la lengua, mordiéndomela, pasando al cuello, mis hombros, llegando a mi pecho y mordiendo suavemente mis pezones.

Fue bajando y llegó a mi ombligo y después de jugar con él un momento bajó hasta llegar al monte de Venus. Lo lamía y con una mano abría mis labios y sentía lo húmedo de mi coño.

Pasaba los dedos cerca de mi clítoris, sin tocarlo, solo lo rodeaba, y empezó a hacer lo mismo con la lengua. Cada vez que pasaba cerca de mi clítoris gemía más fuerte para que entendiera que quería que llegara ahí. Pasaba la lengua una y otra vez, succionando mi clítoris y mordiéndolo suavemente hasta que no aguanté más y me corrí empapándole los dedos y la cara de mis jugos.

Sin desaprovechar lo mojada que estaba y todavía excitada y su propia excitación, se levantó y me tiró de los tobillos, me puso a la orilla de la cama y me levantó, me puso contra la pared, así como había hecho yo con él al principio, solo que él me levantó una pierna y empezó a meterme su polla poco a poco pero se salía, y después subí la otra pierna y me cogió contra la pared un momento.

Fue bastante cansado para los dos así que, sin sacarla, nos giramos, de manera que él quedó contra la pared de nuevo y nos sentamos. Así sentados empecé a marcar un ritmo buenísimo y él lo siguió, ayudándome a meterla más fuerte. Yo gritaba, gemía, lo abrazaba, lo besaba. Me encantaba como estábamos follando y sentía como mis jugos se me escurrían por los muslos de lo excitada que estaba mientras le gritaba que me encantaba hacerlo con él y él me decía…

– ¡Córrete bien chiquilla, así me gusta, que estés bien caliente, pídeme más!

Empecé a sentir mi orgasmo, cerré los ojos y grité mientras sentía los espasmos del placer en todo el cuerpo. El no se corrió y mientras yo seguía apretando su polla en mi coño. Seguimos moviéndonos cada vez más despacio hasta detenernos completamente, se quedó así adentro de mí y nos abrazamos.

Nuestros cuerpos sudados, llenos de saliva del otro, resbalaban al tocarse y decidimos que una buena ducha nos caería bien. Cuando me levanté, se me escurría la mezcla de sus jugos con los míos al caminar hasta el baño y allí, como pude, me limpié un poco y luego nos metimos en la bañera los dos juntos. Esa fue la ducha más agradable que me haya dado jamás…

Debo contarlo a mi hermana o callar?… Pero cuando la miro no puedo seguir su mirada, es como si ella supiera algo…

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Como me hice Trans

Como me hice Trans

Me llamo Juan Carlos, gemelo de Sandra, con quien compartía el dormitorio y también el armario de ropa. Vivíamos en un barrio obrero, yo era un poco anti social y me relacionaba poco.

Mi sexualidad despertó un día jugando con unos amigos(as) del barrio. Una de las chicas cayó y tuvimos que llevarla a su casa, recuerdo que mientras ella lloraba, yo la sujetaba el trasero y provocó en mi mi primera ereccion. A partir de ese momento me masturbaba, hasta que un día olvidé cerrar la puerta del dormitorio y Sandra me pilló…

.- tienes la polla de un bebé, jajaja deberías haber sido mujer…

Esas palabras despertaron en mi algo nuevo. Empecé a coger su ropa, me la ponía y me masturbaba mirándome en el espejo. A partir de entonces las pajas ya no eran las misma si no usaba la ropa de Sandra.

Un día mientras buscaba su ropa, encontré un dildo y me animé a usarlo con la ropa de Sandra puesta. Me fui al baño y lo unté con el aceite que usaba mi madre, sin apenas tocarme, empecé a meterme el dildo con cuidado y al momento instintivamente acelere el ritmo… ufff estaba muy excitado y me corri al poco tiempo.

Me quede parado y pensando en mi corrida y como había sido, no lo podía creer… me estaba volviendo gay? Desde ese momento no me excitaba ni con películas porno, solo con la ropa de Sandra.

Al cabo de un año, nos mudamos a otro barrio y yo empecé a ponerme las braguitas de Sandra para ir al instituto. Alguien debió vérmelas puestas y se extendió el rumor, algo que a mí no me importaba., pero un día tres chicos me cogieron por sorpresa y me arrastraron a un pequeño almacén del conserje, cerraron la puerta y comenzaron a querer besarme…

Querían comprobar si era cierto que usara braguitas, para mi desgracia llevaba unas negras con bordes rosa…

.- mirar, era cierto que usa bragas la puta esta…

.- quitárselas, vamos a ver que esconden…

Uno intentaba quitarme los pantalones, mientras yo me resistía y empezaron los golpes hasta que me vencieron y consiguieron desnudarme. En cuestión de segundos, estaba desnudo y ellos tres con sus pollas fuera de sus pantalones…

.- deberíamos dejar que la puta haga su trabajo…

Me obligaron a chuparles la polla, mientras uno de ellos me acariciaba el trasero… sentí una gran frustración pero poco a poco comencé a sentir algo extraño… el que me tocaba el trasero, me penetro, por momentos sus movimientos eran más rápidos y de pronto sentí unos espasmos y como mi interior se inundaba de su líquido.

Pasarían como unos 15 mts. pero para mi fueron eternos, me sentí distinto, pero no estaba enfadado, tampoco triste, estaba… excitado, mientras ellos se burlaban de mi. De pronto me levante con las fuerzas recuperadas y uno de los chicos dijo…

.- mirar, la puta aun camina. Parece que después de todo si que es una puta…

De mi boca salieron solas…

.- eso es todo lo que sabéis hacer?…

Y en ese momento, perdí el control de mi cuerpo… me abalancé a uno de ellos y le penetre… los otros dos se quedaron parados… sin habla y como mecánicos empezaron a hacerse una paja viendo como me follaba a su amigo, después fueron acercando sus pollas a mi y me incliné y empecé a chuparles la polla a cada uno, mientras seguía follando al otro… sentí una excitacion intensa, como no conocía y a continuación un orgasmo tremendo, que me dejó con las piernas temblando y uno de ellos dijo…

.- pensábamos que era una broma, pero la verdad es que eres un pedazo de puta…

Después de eso, metieron sus pollas dentro de sus pantalones y se marcharon, yo me vestí y salí de aquel cuarto siendo otra persona…

Llegó el verano y nos fuimos de vacaciones, me dejé crecer el pelo y al regresar al instituto decidí utilizar el uniforme de Sandra… una faldita corta y una camisa con el logo del instituto.

Sandra parecía haber sabido lo que hacía con su ropa, me vio buscando su uniforme y me dijo…

.- está en el tercer cajón de la derecha, también hay calcetines y una braguitas azules…

Me sorprendió mucho pero no dije nada… me vestí y salí dirección al instituto y el impacto que generé en todos fue inmenso y a partir de ese momento me hice trans para entregarme totalmente al placer…

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Amanda resultó ser una experta

Amanda resultó ser una experta

Mi nombre es Frank y en aquel momento tenía 18 años. Era mi primer día de trabajo y conocí a Amanda, de 19. Una joven que aparentaba más edad por su aspecto físico. Cabello largo y castaño, 169 cm, un delicioso cuerpo contorneado que escondía unos grandes senos debajo del uniforme. Al momento de presentármela noté cierta mirada cómplice y como me evaluó por unos segundos.

Los días transcurrieron con normalidad cuando un día el jefe no fue a la tienda y los empleados nos dimos un relajo tomando las cervezas del local. Entre copa y copa no pude dejar de notar como Amanda no dejaba de mirarme, así que sentí esa electricidad en el cuerpo que me impulsó a ponerme a su lado. Risas van y risas vienen… En un momento dado dije…

.- sabéis? hace mucho que no tengo pareja, hasta olvidé como besar, jajajaja .

A lo que Amanda contestó…
-no te preocupes que eso tiene solución.

Ruborizado y entre los gritos de mis compañeros solo atiné a reírme de los nervios mientras ella no dejaba de mirarme…
Llegó la hora de la salida y oí que me llamaron de la oficina… era Amanda…

.- bueno, ya que estás aquí, quiero ayudarte con ese problema que tienes.

.- bueno, que puedes hacer por mí?

.- puedo hacer esto.

De pronto se acercó a mi, me rodeó con sus brazos y me empezó a besar, metió su lengua en mi boca y presionaba sus labios con los míos, sin apenas dejarme respirar.

Sentí un fuego intenso en mi interior y como sus manos acariciaban mi pectoral, yo empecé a acariciar su cuello y fui bajando despacio hasta su cintura y caderas. Estaba a punto de agarrarle esos grandes pechos con los que había estado soñando desde el día que la vi por primera vez cuando escuchamos pasos cercanos y nos separamos ruborizados.

Después de este suceso dejé de verla al trasladarme a otra tienda , pero un día me invitaron a una fiesta de la empresa, donde volví a encontrarme a Amanda.

No pudimos evitar mirarnos, nos lanzábamos miradas de lujuria cada vez que teníamos ocasión. Una amiga nuestra se puso mal porque bebió más de la cuenta y Amanda pidió un taxi para llevarla a su casa y yo me ofrecí a ayudar…

Subimos al taxi Y nos sentamos a ambos lados de su amiga.

De pronto Amanda dijo…

.- avisa en tu casa que hoy no vas a llegar, ya es tarde para que tomes un taxi solo.

.- por mí no te preocupes, yo estaré bien si me dejas quedarme en tu casa, puedo dormir en el sofá?

.- claro, veremos si puedes dormir esta noche…

Estas palabras hicieron que el taxista me mirara con una sonrisa pícara a través de su espejo retrovisor.

Llegando a la casa de Amanda llevamos a su amiga al sofá para que descansara, mientras Amanda fue a su dormitorio un momento.
En este momento estaba nervioso por la posibilidad de quedarme a solas con Amanda, a oscuras, en su salón… cuando regreso Amanda, llevaba unos Shorts cortos y una blusa pegada negra, sin sujetador. Uff Esto me provocó una erección al ver sus pezones marcados y ver como ese short no alcanzaba a ocultar todo su trasero y solo lo dejaba a 3/4. Era obvio que algo iba a pasar esa noche…

Acomodamos a la amiga en el sillón, que ya dormía, y ambos nos sentamos juntos a su lado. Para romper el hielo hice un pequeño sonido de dolor…

.- estas bien? Te sucede algo?

.- si, es que tengo un dolor aquí en los hombros de cargar algunas cajas temprano en la tienda.

.- recuéstate en mí, te haré unos masajes.

Me sentía en la gloria al estar acostado y sentir sus pechos duros encima de mi cabeza, mientras Amanda me hacía un masaje en los hombros. Poco a poco fui poniendo mis manos en sus piernas desnudas e ir acariciándolas, primero empezando por las rodillas y subiendo por sus muslos.

Amanda por su parte había dejado de masajearme los hombros y estaba tocándome el pectoral por debajo de la camisa. Era tanta la excitación que empezamos a besarnos como la vez pasada. Cuando empecé a besar su cuello sentí como ella arañaba mi espalda, y no me importó sentir el dolor…

.- vamos a tu dormitorio y seguimos allí

.- no podemos, comparto el dormitorio con mi hermana… Sígueme cuando te diga…

Amanda se paró y se fue a otra habitación, que resultó ser la cochera. Desde allí me llamó.
Tomé un segundo para respirar y procesar que después de un tiempo por fin iba a follarme a alguien y quién mejor que está tetona que me traía loco desde hacía dos meses.

Al entrar a la cochera la vi apoyada en una pared, sonriéndome e invitándome a que fuera hacía ella. Me acerqué y salvajemente empecé a besarla y morderle los labios, el cuello. Metí mi mano por debajo de su blusa y rápidamente toque sus erectos pezones. Ella soltó un gemido y me apretó la polla por encima del pantalón. Con las dos manos le estrujaba las tetas, mientras le besaba el cuello…

Ella no paraba de sobarme la polla. Baje mi cabeza y empecé a mordisquear y retorcer sus pezones. Ella no podía hacer más que reprimir gemidos para no despertar a sus padres. Le bajé el short y para mi sorpresa no llevaba braguitas. Tenía el monte sagrado depilado al cero.

Me volví loco y salvaje, me agaché y le di la vuelta, le abrí las piernas y hundí mi cara en su muy húmedo coño. Empecé a meterle la lengua a su agujero mientras estimulaba su clítoris con la mano derecha. Tenía un olor rico y fresco. Esto me hizo perder más la cabeza y empecé a lamerle el ano. Primero poco a poco, a los lados, y luego enterré la lengua en su pequeño agujero.

En este punto ella no podía contenerse y lanzaba gemidos que podían despertar a su amiga . Se dio cuenta y cogió mi mano y me llevó al pequeño baño que había en la cochera.

Dentro seguimos besándonos mientras metí tres dedos en su vagina. Ella no podía dejar de gemir y suplicarme que se la metiera de una vez, a lo que finalmente accedí. Me senté en el wáter y ella se montó encima. En esa posición empezó a moverse de arriba a abajo, de izquierda a derecha, en círculos, a saltar. Era una maldita experta en esta posición. Me sentía en una nube ver cómo bailaba sobre mi polla esa estrecha vagina.

Poco a poco fue aumentando el ritmo entre ambos y sentí como me venía, a lo que ella empezó a moverse más rápido y terminé corriéndome dentro de ella, sin pensar que no usamos condón, pero en ese momento no importaba.
Exhaustos salimos del w.c. y fuimos al salón y nos sentamos al lado de su amiga… sentía un gran morbo al tener la polla al aire con Amanda y su amiga al lado.

Al cabo de un rato empezó a resurgir mi polla y Amanda se dio cuenta. Esta vez no pedí permiso e hice que se agachara y me cogiera la polla con la boca. La maldita era una experta en el arte del sexo oral. Se la tragaba entera y me lamía las bolas y con la mano libre me estimulaba el perineo…

No podía aguantar más, estaba cachondo perdido y le pedí que se sentará otra vez encima mío, pero está vez lo hizo de espaldas. Por fin pude tener ese culo glorioso en mi polla erecta. Ver cómo entraba y salía ese carnoso trasero hizo que perdiera el control y me corri en 8 minutos…

Al día siguiente me marché de su casa, con la promesa de que nos volveríamos a encontrar para seguir con la faena. Y VAYA que lo volvimos a repetir…


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Las zapatillas me vuelven loca

Las zapatillas me vuelven loca

Soy una chica travesti ya madura, mido 1.70, pelo castaño claro, de cuerpo normal, ni llenita, ni flaquita. Me gusta mucho usar tacones altísimos, son mi fetiche más grande, así como la ropa entallada y lencería.

En todos mis años de vestirme de mujer y tener experiencias agradables, la que más me gustó fue la primera, o mejor dicho con el primer hombre con el que estuve, y el que marco mi vida como pasiva y por el cual, quizás jamás me conforme con el amor de un hombre.

Resulta que con el primer hombre que estuve, era mayor que yo como por 10 años, se dio cuenta de mis gustos cierto día que me vio usando unas zapatillas de una tía. Al principio se burló de mí, y cada vez que me veía lo hacía, hasta que cierto día, se encontraba con sus amigos en una esquina, cerca de dónde yo vivía, y al pasar junto a ellos les susurró algo que no escuché, pero al unísono 3 de ellos exclamaron:

.- “¿en serio?”

Y comenzaron a reír, así que apresure mi paso para llegar a casa.
Pasaron como 2 horas y la noche llegó. Estaba a punto de dormir y en eso tocaron la puerta y al abrir era el, diciéndome que si quería salir un rato con ellos, le dije que no podía, pero termino por convencerme, pero me susurro al oído:

.- ¿puedes traer las zapatillas?

Y después de pensarlo un poco, las fui a buscar y salí con él, llegamos a un Almacen que usaban como bodega y pasamos algunos obstáculos y allí estaban sus amigos. Me presento a sus amigos y me ofrecieron algo para beber y fumar, cosa que hice por primera vez también.

Pasado algún tiempo me cansé de estar parada y al hacerlo notar me ofrecieron sus piernas algunos de ellos, cosa que acepte, quizás por el alcohol, pues hasta ese momento no sabía aún sus intenciones, y después de sentarme en las piernas del primero, este se movía de una forma muy sensual, cogió mi mano y la puso en su polla, mientras los otros reían y se burlaban, así me pasaron por las piernas de los que estaban sentados.

Ya después de un rato de burlas y risas, comenzaron a cuchichear y algunos se despidieron, mientras los otros los cuestionaban y les susurraban algo, el caso es que después que se fueron quise sentarme en un banco que estaba vacío, uno de ellos me agarró fuerte de la cintura y acercándome hacia él, me sentó ya descaradamente encima de él, mientras hacía movimientos circulares con su cadera, y movía la mía con fuerza sobre su polla, mientras el que me había llevado les recordó lo de las zapatillas, así que me hicieron ponérmelas.

De pronto, el que me tenía encima de él me pasó al que tenía junto en la misma posición y este continúo con el movimiento de cadera y me cogía de la cintura, haciendo círculos contrarios a la suya, 2 de ellos se bajaron el pantalón y se sentaron junto a este, y pusieron mis manos en sus pollas. A estas alturas mi cuerpo se sentía súper caliente, y entre risas, tocamientos y piropos, yo solo cerré mis ojos hasta que sentí algo en mi cara, y al abrirlos, vi la polla del que me llevo, ordenándome que se la besara, que sacará la lengua y que la lamiera y chupara como si fuera una piruleta, y así lo hice por un rato.

Después el que me tenía encima de él, me levanto la playera y comenzó a besarme, hasta que de pronto, bruscamente me empujó y se levantó, se bajó el pantalón, se paró junto al que estaba frente a mi y comenzó a soplar y a tocarse la verga efusivamente hasta que se corrió en mi cara, y antes de poder reaccionar, uno de los que tenía al lado, me cogió y me sentó en su verga, emulando una penetración… yo estaba extasiada, sintiendo calor por todo mi cuerpo, mientras oía el ruido de los tacones que traía puestos al golpear en el piso.

Mientras oía por primera vez, lo que marcaría mis gustos y preferencias a partir de ese momento, pues comenzaron a decirme entre insultos y halagos que estaba muy buena, que les chupara la polla. Me ordenaban exactamente que debía hacerles, como sacar la lengua, chupárselas, y mover mis manos más rápido, me decían que les hiciera una paja, ¿Que si me gustaba? Y yo solo movía la cabeza afirmando.

El siguiente en correrse fue el que me había llevado, mientras me agarraba de la cabeza y literalmente me cogía por la boca, comenzó a humillarme verbalmente, ordenando me que abriera más la boca, para meterme la polla hasta el fondo de mi garganta, y en ese momento, escuché la palabra más excitante para mí, y que hasta la fecha sigue provocándome morbo y una excitación desmedida, pues mientras me cogía por la boca me decía:

.- ya me voy a correr, así, así, sácame la leche y ¡trágatela!

En ese momento solo sentí como le crecía la polla dentro de mi boca, para después sentir espasmos que anunciaban su inminente corrida, la cual no pude retener en mis labios al sentirme ahogar, me hice hacia atrás alejándome de su polla, perdí el apoyo de uno de mis pies y le di una patada (sin querer claro) en una de sus espinillas, a lo cual los otros 2 rieron y se pauso la acción jijiji.

Ya después de un rato de estar bebiendo me quisieron penetrar, pero la verdad si me dolió y decidieron que no lo harían, pero me hicieron chuparles la polla e incluso llegaron otros 2 a la reunión y yo ya entrada en el juego los atendí como se merecían pero se corrieron rápido.

Al final solo se quedó el que me había llevado y los demás se fueron, dejándome toda llena de “semen” hoooo que rica palabra… tenía líquido por todo el cuerpo, en el cabello y ropa, mi pantalón a la altura de las rodillas y con las zapatillas aún puestas, y al verme así de indefensa y sumisa, se volvió a sacar la polla y me hizo chuparsela, mientras me preguntaba:”¿Si me había gustado?” Y yo asentía con la cabeza, se puso de pie y mientras me seguía humillando, diciéndome toda clase de groserías, me volvió a coger por la boca, diciéndome que era bien puta y que él sería quien me follaria primero, me agarro del cabello y me hizo gatear como metro y medio, se sentó y continuo con groserías, ordenándome que se la chupara hasta que se corriera.

Creo que se dio cuenta de mi fascinación por esa palabra y que a él también le gustaba usarla, porque después de eso me la repetía a cada rato, e incluso fue tanta su excitación por mi sumisión que cuando se corrió, me hizo lamer todo su líquido, e incluso algunas gotas que cayeron en el piso me hizo limpiarlas con la lengua.

Después de ese día me hice su puta personal, e incluso comenzó a cobrarles a sus amigos por qué les hiciera sexo oral solamente, pues como lo dijo y al final así fue, él fue quien me penetró por primera vez.

El caso es que he tenido algunos amantes que incluso me han propuesto vivir juntos, pero siento que no podría corresponderles como quisieran, ya que desean que solo sea de ellos y aunque lo he intentado, la verdad es que por temporadas me sale lo puta y deseo otras pollas. Cuando la calentura me domina no puedo evitarlo.

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Curiosidad por conocer algo nuevo

Curiosidad por conocer algo nuevo

Llevábamos tiempo hablando mi amiga Penelope y yo de cómo sería el sexo entre mujeres, era curiosidad o quizás nos sentíamos atraídas una a la otra pero no queríamos aceptarlo, pero una tarde nos propusimos hacerlo.

Lo planeamos para el viernes noche porque entrábamos en el último turno de ejercicios de relajación y motivación, estábamos nerviosas y nos mirábamos y no parábamos de reír.

Por fin acabamos y nos marchamos a nuestro dormitorio, ya que compartíamos habitación en el colegio mayor. no sabíamos bien que hacer o quien empezaba, así que al final nos metimos en una cama y dentro empezamos a desnudamos con la luz apagada.

Era una sensación rara el estar con otra mujer en la cama y desnudas, así que empezamos hablar de sexo y poco a poco empezamos a rozarnos y tocarnos cada una por separado, y poco a poco empezamos a hacernos una paja. El calor por momentos era más sofocante, estábamos cachondas y instintivamente mientras con una mano continuábamos acariciando nuestros coños, con la otra empezamos a tocar los pechos de la otra.

Nerviosas, con el calor sofocante, notaba mis dedos cada vez más ágiles, metiéndome los dedos en la vagina y el líquido que corría por mi mano. Penelope dijo que ella estaba muy mojada, que estaba súper cachonda y sin darnos cuenta, nos estábamos tocando una a la otra.

Las manos de penelope eran suaves y ligeras, hundió sus dedos en el interior de mi vagina y yo abrí las piernas todo lo que pude sin dejar de estrujar sus pechos y juguetear con sus pezones puntiagudos, después baje una de mis manos y metí dos dedos en su vagina que chorreaba como si de un río se tratara.

Al rato nos corrimos casi al unísono, con gemidos tímidos. Pero necesitábamos más y continuamos acariciándonos los coños, los pechos y nos dimos besos que sabían a dulce de leche, besos que nos transportaron a un deseo incontrolable, me volví loca y empezamos a chuparnos los pechos y al final cambiamos de postura y empezamos a chuparnos los coños a una velocidad que no sabia que pudiera llegar y volvimos a corrernos, esta vez explotamos al mismo tiempo, nos quedamos unos minutos sin poder movernos en esa posición.

Fue tremendo de ensueño…


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Se me fue de las manos

Se me fue de las manos

Siempre fui una chica muy tímida y cursi, el sexo me asustaba y había tenido muy pocas experiencias hasta que llegue a la universidad.

Aunque soy muy delgada y alta, tengo un buen trasero y de pecho más de 100 de talla.

Empecé a ir de fiesta en fiesta. En una de esas fiestas con mis compañeros de la uni. bebimos más de la cuenta y empezamos a jugar con preguntas y respuestas, cuando me di cuenta, era la única chica que quedaba pero eso no me importó.

Continuamos bebiendo, riendo y las preguntas subieron de tono, yo contestaba con naturalidad y sin ningún tabú, eso parece ser que les gusto…

Uno de ellos pregunto…

.- chupas pollas?

Respondí que si, que al principio me costó, pero encontré la forma de meterme una polla hasta la garganta sin que me entraran las ganas de vomitar…

Sus caras, sus ojos se abrieron y dijeron…

.- Osea, que has aprendido bien a chupar pollas

Y de la forma más natural dije…

.- si, pero he terminado con mi pareja y no tengo a quien chuparsela.

Cuando me di cuenta, mire a mi alrededor y vi a ocho chicos con sus pollas duras escondidas empujando las cremalleras de sus pantalones. Entonces dijeron…

.- porque no practicas con nosotros?

No se que paso por mi cabeza cuando dije…

.- vale, si ninguno se pasa y queda entre nosotros.

Así que poco a poco fueron sacando sus pollas y yo iba chupando cada una de sus pollas, iban pasando uno, otro hasta que se excitaron y de pronto uno de ellos bombeaba mi boca a velocidad que mi nariz tocaba su abdomen.

Uno de ellos había bebido más de la cuenta y se abrió paso entre los demás. Me cogió del pelo y dijo…

.- la mejor forma de aprender es tragándote una buena polla hasta la garganta.

Todos miraban asombrados y excitados de vernos… este tenía una polla grande, que llenaba toda mi boca y apenas podía respirar. Le quise apartar pero otro me sujetaba la cabeza y me faltaba el aire, en ese momento dijo…

.- Yoco te bautizó Lara como mi puta, por ser quien te convirtió en una traga pollas.

A continuación, me cogió del pelo y tiro mi cabeza hacia atrás sacando su polla, escupió en mi boca y me dio un bofetón diciendo…

.- verdad que si, putiza?

Yo estaba en trance y a pesar de que era una situación humillante, de mi boca salió…

.- claro que si, ahora soy tu puta traga pollas.

No termine de decir esa frase cuando se abalanzaron todos a manosearme por todas partes, me manoseaban los pechos, los estrujaban y notaba como entraban dedos en mi vagina y yo seguía hincada en el suelo comiendo pollas.

Hubo un vacío en mi mente y cuando cobré la conciencia, estaba a cuatro patas y uno de los chicos me estaba penetrando la vagina y otro me follaba la boca, el resto alrededor se masturbaban a toda velocidad viendo la escena.

No supe de mi amo hasta que note como un líquido corría por mi ano. Esto me superaba y no podía reaccionar, estaba paralizada pero de pronto di un salto y me levante, me negué a que me penetraran por detrás.

Entonces vi sus caras, parecían poseídos… me sujetaron y me obligaron a ponerme a cuatro patas, dejando mi culo expuesto… empecé a gritar y rápidamente uno de ellos me tapó la boca.

En ese momento volvió a poner líquido en mi ano, metió sus dedos y iba estimulando para que abriera un poco, de pronto colocó su gran polla y sin pensarlo me la metió de una vez hasta meterla toda dentro de mi recto…

Empecé a llorar desconsolada sin poder evitarlo y él se acercó a mi oído diciéndome…

.- ahora me perteneces y siempre serás mi puta.

Sentí odio y dolor. Fui suya y de todos toda la noche, se corrieron sobre mi cuerpo, corría semen por todas partes de mi interior… mis pechos estaban pegajosos de tanto semen y mis piernas escurrían todo el semen que salía de mi vagina y ano.

Cuando acabaron, ellos mismos me bañaron, me vistieron y me llevaron a casa.

Pase días tratando de asimilar aquella humillación y de seguir con mi vida, pero no pude.

Recurrir a un profesional que me ayudará a comprender, entender y aceptar aquella situación fue lo único que me ayudó a seguir con mi vida sin ningún pesar.

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Tome la Iniciativa



Con mi segundo marido, quise hacer cosas que no hice con el primero, y hablando con amigas y con una especialista en sexo, ella me aconsejo que hiciera cosas que no había hecho, cosas que me costaran mucho hacer, que así me superaría meta y me encontraría mejor conmigo misma.

Así que después de pensarlo mucho, un día busque a una chica que me dijo que si aceptaba tener sexo conmigo y con mi marido, así que quedé con ella para darle una sorpresa a mi marido.

Un día le llame a su oficina, y le dije que estaba en la habitación de un hotel y que le esperaba en la cama desnuda, y vino corriendo porque tardo poco en llegar, y allí en la habitación estábamos desnudas la otra mujer y yo.

La mujer tenía 48 años, era una chica normal, pechos normales y vagina normal, una chica corriente… le dije que cuando llamaran a la habitación se escondiera para que el fuera al baño a lavarse y las dos saldríamos y nos acostaríamos en la cama para darle una sorpresa.

Y así fue, cuando llegó mi marido, le mandé al baño, y cuando salió vio a la mujer y a mi desnudas sobre la cama, abiertas de piernas y hicimos que se pusiera en la cama tumbado, y después las dos empezamos a tocarle la polla hasta que se puso mucho, se le puso dura, dura y mientras la mujer le seguía tocando la polla, yo puse mi vagina en su boca para que me chupara.

Wow, me puse cachonda, estaba tan caliente que terminé enseguida, me corri tremendamente bien y después, hice que la mujer chupara mi vagina y mi marido se puso de rodillas y yo le fui masturbando y chupando la polla al mismo tiempo.

Yyyyy menuda explosión, volví a terminar otra vez mientras la mujer seguía chupando mi coño sin parar y de repente mi marido se corrió echando todo su líquido en mi boca.

Luego la mujer nos dio un masaje a los dos, y volvimos a tener sexo pero esta vez mi marido y yo, mientras ella nos tocaba y fue el mejor sexo que he tenido nunca.

A mi marido le encanto que tomara la iniciativa y siempre lo recuerda.

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Sexo en la madurez

Sexo en la madurez

En la madurez parece que la mujer deja de tener ganas de sexo, quizás sea un tabú y niegan que deseen follar, disfrutar del sexo y tener orgasmos, diciendo… eso es para los jóvenes, yo ya, a mi edad…

Pero no es cierto, la mujer en la madurez despierta, esta y sigue queriendo sentirse viva, en ella nace una necesidad de recuperar el tiempo. De aprovechar cada momento y investigar y descubrir cosas nuevas, quiere saber que se ha perdido.

En la madurez las cosas se tienen más claras… los gustos, las preferencias e el juego sexual. A partir de los 50 ya no quieren perder el tiempo, quieren jugar, mucho morbo, mandar y disfrutar al máximo de la expresión y tener muuuuchoooos orgasmos.

Explotan toda su experiencia aprendida a base de quedarse insatisfechas y hacerse muchas pajas y ahora quieren disfrutar de su sexo de la mejor manera y para ello indagarán viendo muchas películas que además de aprender también las pondrán cachondas durante sus juegos. Gravarán sus propias películas como protagonistas o en pareja para darle morbo a la relación.

Las mujeres que menos hayan disfrutado en su vida sexual, ahora serán más agresivas, no se andarán con rodeos, se desmelenarán y querrán probar todo… si no han chupado una polla, ufff ahora la succionarán y se la comerán, tragaran hasta dejarla seca. Provocarán y pondrán cachondo a su hombre sin miramientos, innovarán en posturas, renovarán su vestuario y se harán pajas como locas. Se harán unas cachondas profesionales.

Las mujeres que han llegado a la madurez con sus parejas, certifican que el sexo es más intenso y fuerte. Se olvidan de tabúes y quieren más intensidad en sus encuentros. Hablan mucho de sexo, aprenden viendo películas porno, se esfuerzan en descubrir cosas nuevas…. quieren jugar, ponerse cachondas, masturbarse delante de sus parejas, innovar en posturas…

Aunque os cueste creerlo, los tríos están a la orden del día. Ya no tienen ningún reparo y quieren vivir intensamente y disfrutar de su sexualidad.

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La sexualidad en la mujer



La mujer es observadora, inquieta, le intriga y investiga la sexualidad. Desde niña tiene curiosidad por ver a los padres, hermanos, a su entorno más cercano, las muestras de amor o sexo y empieza a tocarse a muy temprana edad, descubriendo sensaciones que le dan placer y la relajan.


Así, sin darse cuenta descubren lo que es hacerse una paja y nace un deseo incontrolable y aprenden hacerse pajas de todas formas y posturas, en la cama, en la cocina, en el baño, etc. y acostada, sentada, de pie…. con un dedo, con dos, en círculos, de arriba abajo, estimulando el clítoris, pellizcando, estirando los labios, dándose golpecitos, por encima de la ropa o sin ella, frente al espejo, mirando sus pechos, viendo cómo entran y salen sus dedos del coño, recordando las escenas que han visto, todo lo que pasa por su imaginación. Así se motivan y ponen cachondas.


La mujer en general se suele hacer de cuatro a cinco pajas semanales, se motivan soñando con vecinos, amigos, actores, películas porno, etc… no lo dirán, pues suelen buscar un momento de intimidad y soledad.


Llega un momento que necesitan conocer el sexo en pareja, esperan descubrir todo un mundo perfecto al rededor del hombre, entienden que este las enseñará todo lo que necesitan saber. Pero dejarán que el hombre marque el juego.
Esperan aprender sin preguntar, sin hablar de lo que les gusta y quieren, por vergüenza a lo que el otro piense de ellas.
Sin embargo la mujer tiene una necesidad imperiosa de controlar el juego pero calla, en ocasiones le gusta que el hombre la obligue a hacer cosas, que la mandé y diga lo que debe hacer.


Ellas se prestan y hacen lo que el hombre les pide y se olvidan del motivo principal por el que han llegado a este momento. El disfrute personal, se preocupan por complacer al otro y ellas acaban regresando a casa para hacerse la paja en la intimidad y quedarse satisfechas.


Algunas veces la mujer castiga y maltrata su vagina por problemas pasados vividos, vive una realidad que no existe, confundiendo el placer con el dolor, se meten pollas de gran tamaño pensando que verán las Estrellas y el golpe continuado de estos miembros, causan daños irreparables en la vagina con el tiempo.


Cuando la relación de pareja no funciona como debería, se inventarán películas en las que serán las protagonistas, que contarán a sus amigas como realidades vividas con su pareja. Alabarán a su pareja, diciendo que este las satisface plenamente.


La mujer tiene su sensibilidad en los primeros cuatro centímetros de la entrada de su vagina, la mayoría son clitorianas por lo que necesitan la estimulación de este para llegar a explotar, algunas consiguen tener orgasmos vaginales, pero es necesario estimular el clitoris.


La mujer es bisexual por naturaleza, tienen necesidad de mirarse entre ellas, con disimulo o no, la curiosidad les puede, necesitan comparar unos cuerpos con otros, algunas incluso hacen fotos a escondidas, en los w.c., en los gimnasios, probadores de un centro comercial, etc. para después poder comparar en la intimidad.


Son conscientes de la belleza del cuerpo de la mujer, todas son distintas…. pechos, pezones, coños, labios, culos. Todas tienen un encanto que las hace diferentes las unas de las otras. Las intriga y les parece excitante mirar el cuerpo de una mujer.


Con los años, es posible que cambie su inclinación hacía una mujer, por decisión propia o errores vividos la empujarán a este cambio. Si su vida ha estado llena de equivocaciones, las desavenencias, el maltrato…. la mujer tenderá a buscar la compañía, amistad y amor sexual en otra mujer, donde se sentirá comprendida y no amenazada por posibles reprimendas. En momentos puntuales tendrá una necesidad imperiosa de meterse una polla, será como una fijación o odio hacía el hombre.


La mujer de clase Baja, es la mayor consumidora de películas porno o clubs de parejas.

La mujer de clase Alta, dirigirá el juego , se hará pajas conjuntamente con su pareja, se motivan y prefieren los juegos antes que meterse la polla .


Consejos

La mujer debería expresar abiertamente lo que le gusta y necesita. Quererse más y valorar su inteligencia por encima del cuerpo. Tomar la iniciativa y dominar el juego.

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Maltrato

Maltrato


Entendemos a la mujer y sabemos porque continúa con su maltratador. El maltratador necesita manipular a su pareja… hijos…


Para hacer frente a tu maltratador, primero debes entender porque consientes esos menosprecios, esa falta de cariño en sus palabras. Debes conocerte a ti misma y las circunstancias que te rodean y comprenderlas. Saber cual es la relación que te une a él. Y analizar porque actúa de esa forma, cuál es el motivo de que la actitud de este sea diferente a los comienzos de la relación…

. Enganche sexual?
. Miedo?
. Falta de independencia económica

Realmente es la persona adecuada, la que nos hará feliz? Estas dispuesta a sacrificar tu vida? Tus hijos crecerán felices viendo a una madre triste?, en un entorno donde la discusión predomina, los gritos, insultos y falta de cariño?.


Cuando la mujer es joven…

Estas sobre una nube, todo es maravilloso, tu príncipe azul te colma de atenciones, hay deseo sexual. Las locuras de juventud, la impulsividad y el no querer reconocer que nos hemos equivocado cuando recibimos el primer insulto, el primer empujón…. pero pensamos que esto ha venido ocasionado en un momento determinado y ante su disculpa le creemos y caemos rendidas a sus pies.


La mujer va perdiendo seguridad y autoestima….

. Eres tonta…
. Estas gorda…
. Estas loca…
. No vales para nada…

Nuestro cerebro acepta esa relación porque hay momentos que disfrutamos y lo pasamos bien, aunque hayan momentos que el sexo sea malo, lo olvidamos y solo queremos ver lo bueno. Nuestro cerebro lo acepta relajándose y nos dejamos llevar.

Pero este suceso se llega a normalizar y durante la convivencia, el desgaste de la vida diaria, harán que las desavenencias vayan en aumento, empezarán los desacuerdos, las salidas individuales y las desconfianzas.

Nuestro cerebro es nuestro peor enemigo y en nuestra soledad veremos cosas que no existen, creándonos conflictos neuronales inconscientes. Llegando la mujer a sentirse culpable, a pensar que ha sido ella la que ha originado este cambio en la actitud de su pareja.

Poco a poco, sin darse cuenta será su esclava, su sirvienta, su vida ya no le pertenecerá. Siendo anulada como persona y como mujer. Callara y aceptara las decisiones de él.

….. yo sufría al ver los ojitos de mis hijos tristes, el miedo en sus caras cuando él llegaba a casa y yo me quedaba paralizada, sin poder reaccionar para salir de aquella situación.


Por lo general estos episodios suceden durante el fin de semana, vacaciones… cuando están mucho tiempo en casa, salen solos y beben más de la cuenta…


Ejemplos de las formas de un maltratador-violador…

. Cogen a la mujer y le arrancan las bragas y le meten la polla donde sea.
. La agarran del pelo y le bajan la cabeza para que le chupe la polla.
. Le sujetan la cabeza con fuerza Para correrse en la boca de ella
. La empuja sobre la cama, le arranca las bragas y la folla por el culo o vagina
. La obliga a hacerle una paja en el sofá, en la cocina o donde le apetezca.
. Cuando se hace una paja, obliga a la mujer a que le chupe el culo con la lengua.
. Cuando está en la ducha la obliga a que la mujer le chupe la polla.
. Obliga a la mujer para que se agache y le mete la polla por detrás, en la mayoría de los casos es por el culo.
. Siempre la obliga a que le chupe la polla mientras él ve la televisión.
. Obliga a la mujer que a que pase desnuda cuando sus amigos están en casa.
. Obliga a la mujer que pase sus pechos por su polla
. Obliga a la mujer a tener sexo con otra mujer y él se folla a las dos mujeres.
. La obliga ha hacer un vídeo que luego enseñará a sus amigos.

Estas formas son las más comunes que sigue un maltratador cuando abusa de su poder sobre la mujer, pero la preferencia es dejar el sello de propiedad, follándola por el culo, así demuestra que la mujer es de su propiedad, su esclava y sirvienta. Cuantas más veces la posea de este modo aumentará su poder y no tendrá piedad por ella, cada vez será más brusco y no pensará en la higiene, penetrándola por delante o por detrás.

Este acto a la mujer le causará daños en el futuro, tendrán problemas padeciendo daños en la vagina, ovarios… El riesgo es muy alto, en el ochenta por ciento de las mujeres maltratadas sexualmente sufren estas consecuencias, surgen problemas en los pezones, perdiendo la sensibilidad de estos por lo que deben acudir a un especialista para su exploración y análisis para prevenir daños mayores.


Como es el maltratador …

El maltratador en un principio se presenta como un adonis, pero cuando consigue entrar en la vida de la mujer empieza a mostrarse poco a poco como es realmente… es un ser inseguro, acomplejado, manipulador, en muchos casos es un gay reprimido… busca a mujeres que pueda moldear y someter para tener a alguien que esté por debajo de él.

Para evitar que nadie le abra los ojos y la aparte de él, este la aislara de forma sutil… de amigos, familia y elegirá donde puede o no trabajar. Así poco a poco conseguirá controlar su vida y apartarla de la sociedad y que no piense.


Ejemplo de manipulaciones…

. Ese vestido no te sienta bien…
. Tu amiga te envidia…
. Tu familia quiere separarnos…
. Ese trabajo no es para ti, tu te mereces más…

El maltratador no descansa y dedica cualquier momento que tenga ocasión para conseguir que la mujer esté a su merced.

Ella ante el terrible aislamiento en que se encuentra, se sentirá incomprendida, se culpará de lo que sucede en su vida, entrará en una depresión con la que aprenderá a vivir. Y su vida girará en torno a él, mirando con sus ojos y viviendo la vida que él quiere. Se convertirá en su sirvienta para todo.

La mujer se sentirá insegura y no tomará ninguna decisión sin consultar con el.


El maltratador no cambia porque él no se reconoce como un maltratador, no es consciente del sufrimiento de la mujer.

Por lo general estas mujeres que sufren en silencio, abren los ojos cuando aparecen inconscientes, están con heridas o con fracturas en un hospital y/o secuelas mentales.


Más de 22000 mujeres maltratadas consultadas…

En el 96% de casos la primera vez que reciben el primer insulto…. lo olvidan y perdonan rápido. Les duele, pero no lo suficiente para darse por vencidas. Confían en que no se repetirá y creen en sus palabras. Él acepta el perdón como un triunfo… no ha pasado nada, a partir de ese momento los insultos van subiendo de tono.

Para conseguir el perdón…

En todos los casos de abuso de cualquier término, después de una agresión. Llegan los regalos, piden perdón, si es necesario se arrodillan e incluso lloran y prometen que nunca mas volverá a pasar.


Excusas como….

. He discutido con mi jefe…
. La situación económica…
. El coche me ha dado problemas…

La mujer tiene que entender de que en ningún momento el piensa en ella. Solo piensa en el, en no perder los beneficios de tener a una mujer que controla.

En el 97% de casos ante el primer bofetón, la primera violacion. Sin excepción, todas las mujeres consultadas coinciden, piensan en que la culpa de este suceso es de ellas, por negarse a mantener sexo, por pensar que es su deber satisfacer al hombre cuando este lo reclama.

En un primer momento ante este hecho, se sienten humilladas al ser forzadas y obligadas a tener sexo de forma violenta, pero seguidamente buscan una explicación de lo sucedido, llegando a la conclusión de que si hubieran aceptado no hubiera pasado nada.

A partir de este momento para evitar la agresividad del hombre, se dejan follar cada vez que él quiera y de la forma que él decida. Calladas y en silencio, aunque algunas veces fingen disfrutar para que acabe y se corra cuanto antes y la deje en paz.

…. siempre tenía en mi cabeza como podría salir de esta situación, pero el miedo y no saber dónde ir me paralizaba.


Con el tiempo una mujer que ha sido maltratada…

Con ayuda, la mujer puede rehacer su vida y vivir feliz con una nueva pareja. Entenderá y aceptará de que los errores cometidos le han servido como aprendizaje, ha renacido como una mujer nueva y fuerte, ha sido una lección con la que ha madurado y ha aprendido que ante un pequeño detalle de falta de respeto, esté crece descontrolado.


Consejos

La comunicación libre y sinceridad en la pareja es fundamental. Ante los desacuerdos se debe dialogar y llegar a un consenso por ambas partes. Si esto se consigue habrá perduracion en el tiempo de la relación.

Cuando la relación está en punto muerto, no hay unión ni acuerdo. Sería recomendable hacer un paréntesis en la relación durante un mes. Vivir este tiempo en lugares distintos sin contacto. Tu cerebro te hablará y te dirá cuáles son tus sentimientos reales.


Desde este espacio…

Solicitamos ayudas reales que protejan a una mujer que se juega todos los días su vida en las manos de su maltratador…

. Viviendas donde poder rehacer su vida….
. Trabajo que las permita salir adelante….
. Profesionales que se pongan en su piel y puedan darles las terapias adecuadas que las fortalezca y superen sus errores.

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Juguetes eroticos

Con los juguetes sexuales, todo es posible, los sueños siempre se hacen realidad. Despierta la imaginación y creatividad. Puedes follar con tu actor favorito o se la protagonista de una película porno.


Existen todo tipo de artilugios, cremas, lencerías, vibradores de todos los tamaños y formas, un largo etc…..


Mi amiga Lidia y yo, vimos un anuncio en el periódico, donde buscaban colaboradoras para vender estos juguetes. La maleta roja, se llamaba. Llamamos y nos citaron para una clase practica en la que debíamos aprender para que se utilizaba cada objeto y a quien iba destinado ( hombre o mujer).


El caso es que nos entusiasmó el trabajo y aceptamos la oferta. Nos pusimos manos a la obra a estudiar cada juguete que nos mandaron. Teníamos que probar todos para saber que se sentía con cada uno y así poder exponer mejor a la hora de vender a nuestr@s clientes.


Yo elegí para empezar…. la crema estimulante, una esponja en forma de fresa con vibrador y una polla de silicona con orejitas de unos 15 cm. Era la polla estrella, el conejito rampante, con siete velocidades que prometía.


Estuve nerviosa todo el día pensando el momento en que probaría aquellos juguetes, llegó la hora y me fui a darme una ducha. Dejé caer el agua sobre mí y puse en marcha la fresa con jabón, uhmmm que gustito, la vibración era suave, la fui pasando por los pechos y rápidamente mis pezones se pusieron en alerta, así fui pasándola por mi cuerpo hasta llegar al coño.


Wow, genial, el cosquilleo, era tremendo, mi vagina reaccionó y empezó a gotear….. lo tuve que apartar porque no quería correrme tan rápido. Terminé de quitarme el jabón con el agua y salí de la ducha y me sequé, a continuación me puse la crema estimulante en el coño. Lo unté bien y mientras, me desenredé el pelo, esperando que sensación me producía.


Al minuto, el calor era sofocante, mi coño se puso de un color rosa intenso, lo toque y tenía los labios calientes, sensibles al roce de mis dedos. Mis jugos resbalaban por mis muslos, entonces cogí el vibrador y lo puse a velocidad lenta y empecé a pasarlo por el coño. Ufff que ansiedad, quería más, estaba cachonda perdida, el calor se concentraba en el interior de mi vagina.


Me senté en la taza del wc. levanté las piernas, apoyándolas a un lado y otro de mi cadera, dejando mi coño bien abierto, lo observaba en el espejo que había frente a mí. Cogí el vibrador de nuevo y cambié la velocidad a media, empecé a metérmelo en el coño, buaffff, entraba y salía sin problema, lo metí hasta el fondo y las orejitas se movían, estimulándome el clítoris, necesitaba más, quería más y no podía esperar y lo puse a máxima velocidad.


Ufff, tremendo el cosquilleo, lo metí hasta el fondo manteniéndolo, presionando con las orejitas, wow me iba a correr, empecé a moverlo en círculos dentro de mi, sin sacarlo y a los pocos segundos, me vino una explosión tremenda, que vi todas las estrellas del cosmos.

Sensacional, menudo invento, apenas me podía mover, sentía debilidad en las piernas, en menos de tres minutos conseguí tener un orgasmo explosivo. Fue el juguete que más vendimos, a pesar de su precio, que era de los más caros.

……………

Los juguetes sexuales son recomendables, te alivian en solitario y en pareja es un juego que entusiasma a las parejas y les hace romper con la monotonía. Sin embargo la clase Social baja prefiere jugar a solas, la mujer siente reparos a la hora de que su pareja le vea mientras se introduce el vibrador. La clase social Alta prefiere hacer participar en el juego en conjunto.

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Sexo entre mujeres


Que impulsa a una mujer estar con otra mujer …..



El morbo, lo prohibido, es el impulso inicial. Observar el cuerpo de otra mujer, aún siendo iguales, hay variantes.


Cuando la mujer reconoce que mira, que la excita contemplar el cuerpo de otra mujer, busca amigas o conocidas para hablar de sexo entre mujeres y llegan a un acuerdo y deciden tener la experiencia.


Es inquietante el saber que la otra parte tiene los mismo puntos sensibles que una misma, por lo que observándose los cuerpos, se crea un vínculo de complicidad y un deseo instintivo de tocarse. Desde un primer momento se dejan llevar, siguen sus impulsos y se entregan al deseo.


La delicadeza con que se tocan, sus suaves pieles cuando se rozan, las lleva a un mundo imaginario, donde todo es posible. Saber con total seguridad lo que está sintiendo la otra, es superior a la voluntad propia, donde la perfección existe.


Siempre hay un antes, en la niñez, la adolescencia, cuando despierta la sexualidad en ellas. Juegan con hermanas, primas, amigas…. observan como sus cuerpos van cambiando, comparan entre ellas, tetas, coños y empiezan a tocarse y sentir los primeros calentones de manos que no son las propias.


Yo descubrí ese placer con mi hermana y una amiga….. en verano, con los biquinis puestos durante todo el día, en la piscina, estando sentadas con las piernas cruzadas, asomaban los labios del coño. Hablábamos y comparábamos, los tamaños de los pechos de cada una y los pelitos que empezaban a salir a mi hermana.


Fue la más precoz en eso, yo no tenía ni por asomo y esto me hacía sentir que era muy infantil, porque ellas presumían de mujeres maduras y así fuimos notando un calor intenso en el interior de la vagina.


A una de ellas se le ocurrió subir al desván y allí nos sentamos en el suelo y empezamos a enseñarnos los coños, apartando la braguita del biquini aún lado. Ufff el calor era sofocante, notar cómo miraban mi coño, me notaba hasta mareada.


De pronto mi amiga toco los labios de mi coño, wow que cosquilleo tan rico y no se como, pero de pronto vi que estaba mi hermana encima de mi amiga, y se rozaban los coños con la braguita aún lado, al rato, mi hermana se apartó y mi amiga me tumbó en el suelo y me dijo que apartara mi braguita aún lado y así lo hice. Se puso sobre mí y empezó a moverse, apoyaba las manos en el suelo y erguía la espalda y rozaba su coño con el mío.


El cosquilleo era intenso, notaba la humedad de los dos coños rozándose. El tiempo se paró en aquel momento, cerré los ojos y me dejé hacer. Era una sensación dulce que me inquietaba y de pronto noté como un temblor y mi amiga se apartó, tumbándose junto a mi. Recuerdo que me quedé con ganas de más….




Hay diferencia entre las clases sociales…..

Las mujeres de clase Alta….

No dudan en contarle a sus parejas sus experiencias y incluso le propondrán compartir el juego con el. Podrán repetir la experiencia con el hombre, pero abra más encuentros entre ellas en solitario.

Las mujeres de clase baja ….

Estás no lo contarán, lo guardarán en secreto y se lo llevarán a la tumba.

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Para que las cosas cambien


Las mujeres somos guerreras, luchadoras, valientes, persistentes. Somos capaces de llevar adelante una casa, un trabajo fuera de casa, hijos. Pero no somos capaces de expresar lo que sentimos.

Llevamos vidas paralelas en cuanto a sentimientos. La mujer no sabe, no se siente segura a la hora de expresar libremente lo que siente a su pareja, porque ella sabe que este no la entenderá, porque él no aceptará lo que ella tiene que decir.

La mujer española es erotica, ardiente sexualmente pero se encierra en sí misma por miedos, falta de educación libre en el entorno familiar, en los colegios nos educan para encerrar y esconder nuestros sentimiento sexuales, nos enseñan a esconder y a ser hipócritas. Desde hace décadas hasta la actualidad, la mujer española está en los rankings de mujeres infieles, superamos al hombre con creces.

Nuestras madres nos enseñaron así, a satisfacernos en solitario o a escondernos y follar con hombres por un día, hombres que nunca volveremos a ver…. en esos momentos sacamos la furia que llevamos dentro, la represión y la libertad de expresión con hombres que no conocemos.

Vivimos en una sociedad machista, al hombre no le conviene que esto cambie y la mujer no hace nada para que esto sea diferente, ella tiene el mando para dar un vuelco a todo esto y es con dar una educación a los hijos diferente. Enseñar a los niños y niñas que la sexualidad forma parte de la humanidad, sin sexo no hay hijos y que el disfrute de la sexualidad nos hace libres y abre nuestras mentes.

Hay muchas mujeres que se revelan y que dicen… hasta aquí hemos llegado… hartas de vejaciones y malos tratos por parte del hombre… de sentirse objetos, pero no tienen el apoyo necesario, ni la información suficiente como para romper con una relación que las asfixia y las humilla constantemente.

Nos enfrentamos al miedo, a la soledad, a las críticas… al ser señaladas con el dedo…. siii sigue pasando esto, todavía somos pocos los que apoyamos sin condiciones a estas mujeres que un día se equivocaron al elegir.

Nuestras jóvenes quieren romper con esto, pero no tienen una educación que las enseñe que follar con quien quieran no es el camino para una libertad sexual y para ganarse el respeto del hombre.

El hombre no piensa como la mujer, este cuando consigue sexo fácil, automáticamente añade a esta mujer a su agenda para cuando no encuentre nada mejor, siempre la tendrá en reserva y presumirá y alardeará ante sus amigos de que se ha follado a esta chica, incluso pasara su teléfono a sus amigotes para que la prueben y luego hablaran de cómo ha sido el encuentro para comparar y divertirse del acto.

La mujer no puede dar todo al hombre y esperar que este se conforme cuando ella decida quitárselo. El hombre no lo entenderá y exigirá lo que ella le ha regalado hasta el momento, lo obtendrá por las buenas o por las malas.

Para que esta sociedad cambie, debe cambiar la mujer, debe cambiar las reglas dando una educación abierta y libre a sus hij@s.


Woman Penelope2021

La mujer en la actualidad

En estos tiempos de distanciamiento Social, que nos obliga a estas muchas horas en casa, a compartir espacios reducidos con nuestra pareja a todas horas. Ante esta situación han salido a la luz todo lo que no nos gusta de él o ella, cosas que ya sabíamos pero ahora no estamos dispuestos a continuar así. Esto nos ha llevado a plantearnos el cese de la convivencia.

Ha habido un 79% de rupturas, pero desgraciadamente debido a la situación económica tan solo han podido abandonar sus hogares hasta el momento, un 41%, y el resto están obligados a continuar con la convivencia hasta que mejore su economía., en la mayoría de los casos superan los 47 años.

Durante todo este periodo de tiempo la mujer ha mantenido conversaciones con hombres a través de apps de ligó teo con sus teléfonos móviles. Han jugado intercambiando imágenes propias sugerentes y provocadoras. Mientras que el hombre se ha aislado, refugiándose en plataformas de juegos.

La carencia sexual y de afecto en la mujer salta a la vista, está deseosa de encontrar a alguien que sacie su sed sexual y no está dispuesta a esperar. Sabe que el tiempo no se detiene.

En los últimos estudios realizados se ha comprobado la evolución en la mujer. Ellas sugieren y dan el primer paso para conocer a alguien, se han convertido en expertas a la hora de conquistar.

La nueva mujer es más agresiva y directa. La falta de atención a la que ha estado acostumbrada la ha empujado a renacer y lo ha hecho pensando en ella. Busca cosas diferentes a lo que ya conoce, exige y determina de qué manera tiene que ser la experiencia sexual. Se entrega al placer sin tapujos, llevando sus fantasías a la práctica, pero dominando la situación para asegurarse de que llegará a explotar de la forma que ella decida.

Juegan y disfrutan poniendo cachondo al hombre, cogiendo las riendas en el sexo. A la mujer la motiva dominar, controlando el deseo de este, ahora quiere vivir una sexualidad plena y se niega a que su disfrute dependa del hombre.

A descubierto su cuerpo y puntos nuevos gracias a tantas pajas que se ha hecho en todo este tiempo, formando parte de su día a día y los juguetes eroticos la han ayudado a conocer mejor sus puntos sensibles., ha analizado las experiencias vividas hasta el momento y se ha dado cuenta de que necesita un cambio en su disfrute y ya no necesita una pareja para vivir plenamente su sexualidad.

El hombre ante esta evolución en la mujer, cuando se de cuenta de que las reglas establecidas hasta ahora han cambiado, le hará retroceder. Se sentirá intimidado por la mujer, esta le dará un sexo que le enganchará a ella.

En este estudio han participado 12000 mujeres de diferentes países ( EE.UU, Europa, Rusia y Asia) los datos conseguidos coinciden en el 96% todos los países, a excepción de España y Suiza. El resto avanzan al mismo ritmo.

Suiza avanzó en un 90,1% y España alcanzó un 82%. La mujer española no termina de liberarse y de expresar libremente sus deseos sexuales, reprime sus impulsos… miedos, vergüenza, timidez ante su pareja. Esto la lleva a satisfacerse a escondidas, en solitario., pero en general ha habido un cambio en este último año. Ha pasado del 70% al 82% en su evolución.

En Rusia, la mujer ahora es más exigente, ha despertado y de ser dirigida por su pareja, ha pasado y ha ganado la partida al hombre en el 93% de los casos.

Asia marca la diferencia, para ell@s el sexo es como el comer a diario. Innovan y buscan nuevas experiencias, llevan sus fantasías al día a día.
El hombre dominaba el sexo hasta el 2018, pero desde entonces la mujer ha crecido hasta superar al hombre… como curiosidad podemos destacar que los locales de alterne de estar enfocados para el disfrute del hombre en un 90% y los dedicados a la mujer solo un 10%.
Según los datos recabados por nuestras Colaboraciones de Asociaciones Internaciones, el año 2020 finalizó con el 85% de locales de alterne dedicados a la mujer y descendió los locales dedicados al disfrute de hombres, quedando en un 15%, por lo que la tendencia está en alza.

Estudio realizado por Woman Penelope2021

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Queremos transmitir a todas las mujeres que colaboran con nosotros en nuestros trabajos y estudios…Que hacen una labor encomiable desinteresada y es de agradecer que formen parte activamente en este proyecto nuestro, de esta lucha tan importante para ayudar a la mujer a crecer como persona, para que aprendan a conocerse y a que se valoren por fin. Que entiendan la inteligencia natural con la que nacemos, que hemos nacido para ser felices y que esta solo depende de nosotras.Gracias y mil gracias a todas y cada una de vosotras, sin vuestra ayuda e implicacion no seria posible avanzar. Estamos en el buen camino, cada vez somos mas las que luchamos porque valoren nuestras capacidades, que conseguimos con esfuerzo y dedicacion.

WOMAN PENELOPE

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No fue un sueño, fue real

No fue un sueño, fue real

Llevo muchos años con mi pareja, de hecho es con la única persona que había tenido relaciones sexuales. Creía que mi vida sexual era satisfactoria. No soy una mojigata, creo que cuando una pareja está junta, todo lo que los dos quieran está permitido dentro del juego del sexo siempre que no incomode al otro.

Pero un día llego él, Ángel, mi amigo y compañero de trabajo. No tenía problemas en hablar de todo con Ángel, era fácil, nos conocíamos de bastante tiempo.

Pero un día después de unas copas… Aún no lo comprendo. Sería el morbo… Me apetecía besarle, ¡de locos! Si es mi amigo no podía entender que lo estaba mirando con otros ojos. Él me conoce también o mejor que yo misma.

Me preguntó….“¿qué te pasa por esa cabeza?

No callé y le dije que me apetecía besarle, a lo que él respondió que también le apetecía. De pronto estábamos jugando con nuestras lenguas. Fue maravilloso, mi cuerpo respondía como nunca a su boca, su mano por mi pierna hacía que me diera electricidad por todo el cuerpo.

En aquellos días tenía las llaves de la casa de Ana, otra compañera de trabajo que no estaba en la ciudad. No lo pensamos ni un momento. Salimos hacía la casa de Ana con la única condición de que llegaríamos solo hasta donde uno pusiera el tope, sin pensar que llegaríamos más lejos de esas caricias o besos.

Que equivocada estaba cuando llegamos a casa de Ana. Nos besamos sin darnos tiempo ni de soltar las llaves. Los besos eran cada vez más urgentes, las manos volaban por encima de nuestra ropa, me encantaba la sensación de que todo mi cuerpo lo deseara, notar que su cuerpo respondía con las mismas urgencias que el mío.

Me puso caliente, húmeda, no recordaba eso. Hace años que uso lubricantes en mis relaciones por lo dolorosas que suelen ser, pero en esos momentos no hacía falta nada. Estaba completamente rendida.

Cuando sus manos pasaron por encima de mi tanga estaba chorreando….
“¿Tienes ganas?”, me preguntó.

Era evidente que ¡muchas! Sus dedos entraron en mi húmedo sexo como si nada, provocó una subida de mi temperatura inimaginable. Con dificultad pude desabrochar su pantalón, estaba tan excitado como yo.

Me gustó sujetar su polla en mi mano, notar lo dura que estaba, empecé a moverla rápidamente pero Ángel me decía al oído….

“no corras tanto, no quiero que se acabe antes de empezar”.

Sus dedos eran maravillosos, cómo se movían dentro de mi, estaba a punto de correrme. Pero él seguía negándome que le tocara, quería que disfrutara antes de mi orgasmo.

Fue delicioso correrme entre sus dedos, nunca antes me había corrido de esa manera.
No lo entendía, yo disfrutaba del sexo con mi pareja, o eso creía.

Ángel quería que gozara más todavía, cuando por fin quedé exhausta del orgasmo. Pude tocarle, fue delicioso meter su polla en mi boca. Estaba caliente, dura, con ganas de seguir.

Disfrutaba de sentir cómo respondía a mis caricias. Sus manos empezaron de nuevo a tocarme los pechos, apretándome los pezones, me hacía arder más y más.

Con la polla en la boca, me dijo que no tuviera prisa:
….. “Ahora me toca divertirme con tu coño”.

Al principio no podía abrir las piernas, me daba vergüenza verle entre ellas mientras su lengua entraba, lamía y chupaba mi clítoris. Me puso de pie, besándome los pechos. Bajó hasta quedar de rodillas en el suelo, abrió mis piernas, volvió a meter su lengua y jugar con mi clítoris, beber de mis fluidos, sus dedos entraron también en mi vagina, estaba casi a punto cuando le empujé hasta llegar a la cama.

Me senté encima de él, moviéndome arriba, abajo… Me decía que no siguiera, que no aguantaría ,que quería seguir disfrutando de cómo lo estaba pasando, que para él es mucho más importante que correrse.

Pero yo estaba a punto de explotar de placer, necesitaba fusionarnos, que llegara conmigo y llegó. Fue maravilloso sentir cómo se corria al mismo tiempo que yo. Mis muslos estaban chorreando de su líquido y mis fluidos… no había tenido nunca un orgasmo como esa maratón a la que me estaba sometiendo Ángel.

Nos relajamos un poco, tomamos algo para hidratarnos. Estaba más que satisfecha, toda la vida usando lubricante para disfrutar del sexo y Ángel consigue que empape todo con mis fluidos.

Los orgasmos salían del interior de mis entrañas como nunca antes había sentido.

Sus manos son fuego en mi piel. Damos comienzo a una nueva tanda de besos, caricias, hace que arda en pasión, que me estremezca solo con rozarme. Su boca es un peligro, es experimentada en besar, su lengua en lamerme, conoce cada rincón de mi cuerpo.

No entiendo cómo lo ha conseguido. Está pendiente de todas mis reacciones para saber dónde tocarme, volverme loca. Sus manos están otra vez en mi vagina, sus dedos se mueven con mucha rapidez. Vuelvo chupársela, está de nuevo dura, con más ganas.
Me pone de espaldas, me penetra desde atrás, dándome pequeños azotes en las nalgas. Cada vez que me azota noto como si fuera a reventarme las entrañas. Empiezo a moverme al tiempo que embiste.

….“Si no paras, volveré a correrme de nuevo”, me suelta.

No quiero parar, quiero sentir esa explosión que mi cuerpo está a punto de experimentar. Noté salir líquidos de mi ser como si un grifo se abriera. Ángel llegó al orgasmo al mismo tiempo, asombrado por la forma en la que estallé.

….“Nunca había sentido mojarme con los fluidos de una mujer”.

¡¿Cómo pude pensar que mis relaciones sexuales eran normales si nunca había experimentando algo tan maravilloso?!

Regresamos a la vida normal del trabajo. Me enamoré de Ángel, de mi amigo, de mi confidente. Es detallista, atento, cariñoso, todo lo que una puede leer en un libro de amor que no existe nunca.

La empresa le ofreció un empleo fuera del país, mucho mejor pagado. Aceptó y se marchó. Desde entonces no sé nada de él, ni un mensaje ni una llamada. Sigo enamorada esperando que algún día se pase, creo para él fui otro polvo en su lista. No lo sé.

Pero lo que sí puedo agradecerle es esa maravillosa tarde que nunca podrá quitarme nadie. No fue un sueño, fue real. Por una tarde él fue tan solo mío, de ninguna otra mujer.

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Nueva tendencia en la mujer

Nueva tendencia en la mujer

El estar privados de libertad debido a las restricciones de la pandemia, la mujer ha experimentado un cambio radical. Las reglas del juego han cambiado definitivamente.

Los hombres y mujeres no tienen forma de interactuar y de ligar, por lo que ha habido un aumento significativo en utilizar aplicaciones de contactos en internet para conocer gente y aquí es donde se ha apreciado que la mujer ha tomado la iniciativa y se decida a hablar, a conocer gente a través de estas redes sociales. Dedicando tiempo a conocer al hombre elegido, con conversaciones largas.

Este cambio ha sorprendido, ya que la mujer era pasiva esperando a ser la elegida. La soledad, el miedo, la incertidumbre por no saber lo que nos espera, nos crea ansiedad y nos lleva a querer tener pareja y buscan compañía.

Con la distancia social, echamos de menos los abrazos, los besos. Son muestras de cariño que son muy importantes para una buena salud afectiva. El contacto físico es una parte fundamental en la interacción humana, de lo contrario, la carencia de contacto humano nos puede afectar a nuestra salud mental.

En todos estos meses hemos tenido mucho tiempo para pensar, para reflexionar en nuestra vida. Nos invaden muchas emociones y ansiamos cambios y echamos de menos los tiempos en los que hemos sido felices, por lo que no queremos esperar más y queremos disfrutar de las cosas que están a nuestro alcance.

El sexo nos ayuda a llevar mejor esta falta de libertad, nos ayuda a fortalecer nuestra auto estima y a tener equilibrio en nuestro día a día.

La mujer piensa mas en jugar, quiere sentir cosas diferentes, tener el control de su disfrute, quiere ser ella la que se corra sin necesidad de que intervenga una polla, esto pasa a un segundo plano, quiere juegos donde la imaginación vuela, con juegos que la pongan al máximo de excitación. Solo admite sexo oral como contacto físico, y que le metan la polla solo en ocasiones.

A la mujer la excita sentirse deseada, notar que la están desnudando con la mirada, ver cómo crece la polla del hombre solo con mostrarse de forma sugerente, con posturitas o con insinuaciones dejando ver partes de su cuerpo con disimulo. Esto es morbo al puro estilo clásico.

La nueva tendencia en el cambio de interactuar, será definitivo ya que la mujer ahora ha tomado las riendas de su sexualidad y en pareja. Ella decide y dice que es lo quiere en el sexo, cuando y como. No necesita ser follada, necesita emoción y morbo en su vida.

La otra tarde estábamos en el salón de casa, David y yo viendo una película en la televisión, durante este confinamiento hemos visto muchas, pero esta tenía una carga de erotismo que sin llegar a ser porno, las escenas te ponían caliente.

Note mis pezones como se erizaban y como mi vagina se iba humedeciendo. David estaba sentado en el sofá pequeño y yo en el de tres plazas, llevaba un blusón blanco que me había puesto después de darme una ducha, sin ropa interior para estar cómoda.

Me empecé a acariciar los labios del coño y vi como la mirada de David se posaba sobre mí y estaba atento a lo que hacía, me puse cachonda de inmediato y le dije…

— me estoy poniendo muy cachonda… saca tu polla…

Sin mediar palabra y con una mueca de picardía en su cara sacó su polla y empezó a moverla de arriba abajo sin parar.
Yo al ver aquello, la dureza de su polla, el goteo que brotaba de su punta y los movimientos de su mano…

Me di cuenta de que me había metido un dedo en mi vagina y mi mano se movía cada vez más de prisa, tenía la mano empapada de mis jugos y un calor intenso en mi interior, el cosquilleo era intenso, me retorcía de placer y gemía cada vez más alto. Abrí las piernas todo lo que pude para que David viera mi coño como estaba de excitado.

Su mirada se clavó en mi, sus ojos me devoraban, se humedecía los labios y yo no podía más y le dije…

— ponme la polla en la boca…

Se levantó y se acercó, agachándose y poniéndome su polla chorreante en la boca, el sabor y calor de su miembro en la boca hizo que explotara casi al momento. Fue un estallido tremendo, no podía dejar de chupar su polla y David continuó haciéndose la paja con mi boca pegada a su prepucio y al minuto le oí gemir y decir…

— ya viene, ya, yaaaa…

Explotó en mi boca y trague todo su líquido. Después nos dejamos caer en el sofá hasta recuperar el aliento.

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Todo empezó en el campo de Golf

Todo empezó en el campo de Golf

Todo empezó en el restaurante del campo de golf donde mi marido era socio, iba a jugar tres veces por semana, y en una ocasión, estaba sentada en la terraza de la cafetería y cerré los ojos, se cayo un libro que leía, y apareció un chico joven de unos 20 años menos que yo. Recogió el libro y con una sonrisa me ayudo a recoger los papeles que tenía dentro del libro. Le di las gracias y me dijo que si necesitaba algo que acudiera a él.

Y cosas del destino o infierno, al ir a las taquillas para ducharme y cambiarme de ropa, mi llave no funcionaba y no podía abrir la taquilla. Fui a recepción y acudió el sonrisas, me acompaño al vestuario y intentó abrir mi taquilla sin conseguirlo, así que fue a buscar herramientas y al final consiguió abrirla. Cogí mi ropa y fui a ducharme, él dijo que se quedaría para cambiar la cerradura.

Al salir de la ducha iba envuelta con una toalla, y al llegar a la taquilla, aun estaba el chico terminando, así que me di la vuelta para irme, pero él me agarró de un brazo y la toalla cayo al suelo. Entonces empezó a besarme en los labios, yo no era capaz de pensar con claridad, y de repente note su mano en mi pecho y en mi coño, y ya me deje llevar, entre la falta de follar durante meses, solo con pajas…

fuimos a la sauna y nos metimos dentro cerrando la puerta y exploté. Cuando se desnudo vi una polla gigantesca, no se si tenia 25 o 30 o 40 centímetros, era impresionante y encima estaba empalmado. Me tumbo y empezó a chupar mi coño, que empezó a chorrear al momento, después se puso medio agachado y me metió esa belleza de polla en la vagina. Ufff yo estaba loca de deseo, quería que me follara ya, y empezó a moverse despacio y me estremecí, en esa postura mi clitoris rozaba esa polla y sin poder controlarme me corri, pero no le dejé que sacara esa tremenda polla, y disfrute, y disfrute durante unos minutos más.

Luego me dio la vuelta y agachada completamente la cabeza y dejando mi culo arriba, volvió a meter su polla en mi vagina,… wow no podía dejar de moverme, quería mas y el disfrutaba, le oía jadear, y se movía sin parar, yo notaba su polla en el fondo de mi vagina, al momento dijo que si se corria dentro o fuera y le dije que lo hiciera dentro, que necesitaba sentir ese líquido caliente dentro de mi y se corrió con espasmos. Fue tremendo.
Cuando la sacó, le chupe esa polla que tanto placer me había dado, saboreando su semen…

Repetimos y mantuvimos una relación durante casi un año, todas las semanas nos veíamos dos veces y así estuvimos hasta que nos pillaron y se lo dijeron a mi marido y se acabo.

Pero ese chico, con esa sonrisa dulce, me quiso hacer la vida imposible con chantajes, amenazas y hasta perseguirme mientras conducía, se volvió obsesivo conmigo hasta que tuve que ir a la policía para denunciarle. Fue una pesadilla, mi marido se divorcio alegando infidelidad, me quede sin nada de dinero y mi imagen quedo por los suelos.

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Atrapada

Atrapada
Pasaba de media noche, de hecho, debían ser más de las tres, cuando de pronto los golpes en la puerta me hicieron levantarme con el corazón dándome un vuelco.
Un momento después, sin aún recuperarme del espanto, volvieron a tocar, más fuerte todavía.
Tomé el bate que tenía siempre a un lado de la cama, y con cuidado me acerqué a la puerta y… volví a pegar un brinco cuando tocaron otra vez.

—¡Ábreme, coño, soy yo!

escuché decir entonces a mi hermano, que seguramente ebrio no había encontrado otro lugar a dónde ir.

Me molesté, pensé en no hacerle caso e irme de nuevo a la cama, pero volvió entones a tocar, otra y otra vez, gritando, seguro que acabaría despertando a los vecinos y no se iría, así que, resignada, corrí los dos cerrojos y le abrí.

—¡Ey, hermanita!, ¿qué haces? –me dijo al verme parada en el umbral, todavía con el bate en la mano.
—¿Sabes qué hora es, borracho?
—Pues… temprano, muy temprano, creo –dijo, divertido y, sin mayor ceremonia entró, haciéndome a un lado—. ¿Ibas a pegarme con eso?
—A lo mejor debería.
—Ay, hermanita, no espantas ni a una ardilla. ¿Tienes algo de comer? –dijo burlón, mirándome de arriba abajo.
—¿De dónde vienes?
—Pfff… de por ahí… no sé, ¿estás muy ocupada?
—Estaba durmiendo, menso, son las tres de la mañana.
—Sí, ya… perdón, soy un imprudente desconsiderado, ‘mammuasel’ —se disculpó, haciéndome una tonta reverencia.
—¿Por qué no te fuiste con tu novia?
—Mmhh… ¿qué novia? –respondió él, haciendo un gesto de disgusto o impaciencia.
—¿Os habéis vuelto a pelear?
—No sé, ella se peleó, gritó, creo; la verdad no puse mucha atención, en cuanto empezó a decir disparates me fui y ya no supe en qué acabó la pelea –dijo, volviéndose a sonreír, desvergonzado, acabando por sentarse en uno de los bancos de la barra de la cocina.
—Esto no es un hotel, ¿sabes? No puedes venir cuando te de la gana.
—No me regañes, tengo hambre, anda, dame algo de comer –me replicó, engurruñándose, como hacía cuando éramos niños, así que yo, perdido ya el sueño de todos modos, suspiré y encendí la luz.
—¡Aauch!, avisa –se quejó, intentando proteger sus ojos de la repentina luz. Sólo entonces pude ver los golpes que tenía.
—Ay, Beto, ¿y ahora con quién te has peleado? –le pregunté, yéndome de inmediato a su lado y revisándole las heridas.
—Con nadie, ya te dije, yo nunca me peleo con nadie, son ellos los que se pelean conmigo –volvió a bromear, mirándome divertido.
—Mira nada más esto, a lo mejor necesitas unos puntos –le dije, mirando un feo corte en el pómulo.
—Naah, ¿para qué? Lo que necesito es comida, mujer, dame comida, cumple con tus deberes.
—Gracioso.
—Je, je. Anda, en serio, dame algo de comer.
—Vale, ¿una hamburguesa está bien?
—Mientras no sea de esas cosas vegetarianas que luego compras.
—No, es de ternera, pero es de las congeladas.
—Vale, ¿y una cervecita no tendrás? –me miró pícaro, divertido, rascándose inconsciente la herida.
—Estate quieto, menso, te la vas a infectar. Y no, no tengo cerveza.
—Mmh… ¿un vinito al menos?
—No, sabes que no hay nada de eso aquí, a menos que tú lo traigas.

Sólo entonces, al sentir el frío de la cocina a esa hora, me di cuenta de que iba sólo con bragas y mi top para dormir. Así que, dejando la hamburguesa calentándose, regresé al cuarto, me puse unos pantalones y un suéter, volviendo a tiempo para darle la vuelta a la carne y que no se quemara.

—¿Vas a salir a algún lado?
—No, menso, hace frío.
—Yo no tengo frío.
—Seguro que ahora no sientes nada, con todo el alcohol que llevas en la sangre.
—Mmhh… no me regañes, para eso mejor me voy con la loca ésa.
—Pues vete con ella, seguro que te trata mejor que yo.
—No la cocines tanto, va a quedar hecha un carbón.
—No exageres –dije, aunque igual la saqué del sartén, tomé un bollo y le coloqué mostaza, ketchup, mayonesa, unas cuántas guindillas en vinagre, tal como sabía que le gustaba y se la di.
—Gracias –dijo, devorándosela en dos bocados, ansioso, con mucha hambre de verdad.
—¿Cuanto hace que no comías?
—No sé, desde esta mañana, creo.
—¿Crees?
—Me fui con el Arturo y el Guille al partido esta mañana y ya no me dio tiempo.
—Pero sí que te dio tiempo de comprar cerveza.
—La cerveza la venden ahí en el estadio, hermanita, solo hay que pedirla –me replicó contento, chupándose los dedos.
—¿Quieres otra? –le pregunté sentándome frente a él, del otro lado de la barra.
—Pues… sí, je, je.
—Tonto, dímelo antes y ya estaría hecha –le reñí en broma, echando un par de hamburguesas más en la sartén aún caliente.
—Sólo quiero una.
—La otra es para mí, menso.
—Ah.

El sueño fue invadiéndome de nuevo, bostecé, y sin darme ninguna prisa preparé las hamburguesas, la mía sin mayonesa, sentándome luego a comer con él.

—Tengo colas, si quieres.
—Pues… mejor que agua.
Saqué del refri las dos latas y le di una.
—¿De dieta? –exclamó, haciendo gestos al mirar la lata rojo con negro.
—Sí, de dieta.
—¿Para qué de dieta? Estás bien flaca, por eso te da tanto frío.
—Te hace daño tomar tanta azúcar.
—Mmh… pues todo hace daño, mejor comer lo que te gusta.
—Ay, tómatela y calla.
—Vale, no he dicho nada.

Tras terminarme mi hamburguesa, entrada algo en calor, ya no pude dejar de bostezar…

—Anda, vete a dormir, yo ahora me pongo cómodo –me dijo entonces, bostezando él también, satisfecho el apetito.
—Sí, creo que sí. Deja te traigo unas sábanas del cuarto –le dije y, levantándome perezosa, me fui a la habitación.

Con cuidado puse el taburete y busqué en la parte alta del ropero, revolví un poco y cogí un par de sábanas y una colcha dejándolo caer sobre la cama, y con cuidado volví a poner los pies en el suelo.

—¡Aah! –grité de pronto, espantada, al sentirlo de repente tras de mí.
—Ja, ja, tranquila, qué mala conciencia tienes –me dijo riendo.
—Menso, me has asustado, ahí está la colcha –le indiqué, señalándosela con un dedo.
—Sí… ya la vi –me susurró y, haciéndome sentir su aliento alcohólico, se abrazó a mí.
—¿Qué haces?
—Nada, sólo te abrazo un poquito ¿no dijiste que tenías frío?
—Estoy cansada, anda, vete a dormir.
—Mmhh… ¿y si mejor me duermo aquí? –mencionó entonces, recargando su pelvis en mi trasero y olisqueando mi cuello.
—Ay, hueles horrible, quítate –le dije, apartándolo con una mano.
—Pues tú hueles muy bien… como siempre.
—Suéltame, en serio, mañana tengo que ir a trabajar.
—Pues no vayas.
—Beto –le dije más firme, apartándome de él.
—¿Qué?
—No puedes… es que no… —comencé a decir algo fastidiada, mirándolo, mirarme con esos ojitos de repente de cordero
— No puedes venir aquí cuando te dé la gana.
—Sí, ya sé, perdona… si quieres… me voy –susurró entonces, mirando al suelo y perdiendo la sonrisa.
—No, no digo que te vayas… es que… Dios, Beto, ¿y para qué tienes entonces a tu novia?
—¿Estás celosa? –volvió a sonreírse, olvidado de lo que acababa de decir.
—Puedes hacer lo que te dé la gana, siempre lo has hecho… pero no puedes… no puedes seguir viniendo aquí solo cuando te dé la gana.

Se quedó entonces en silencio, mirando distraído la alfombra, la pared, el techo, hasta que al fin, resignado, cogió la colcha y las sábanas de la cama y salió dando un resoplido.

Tuve un primer impulso de retenerlo, de no dejarlo irse así, pero era en serio tarde, estaba muy cansada y de todas formas eso no iba a cambiar nada; seguiría siendo siempre el mismo.

Volví a bostezar y apagué la luz, me acosté, quedándome al poco rato dormida.
Unas horas después, sin embargo, ganándole como de costumbre un par de minutos a la alarma del reloj, lo encontré acostado a mi lado, todavía vestido, dormido como lirón, y no pude más que taparlo con la colcha y meterme en la ducha.
Ni siquiera con todo el ruido que hice lo desperté, seguro que estaba cansadísimo también, así que, tras acabarme de maquillar fui a la cocina y desayuné sólo cereales con yogur, cogi mi bolso, mis llaves, e iba ya a salir cuando, mirando luego al cuarto, decidí llegar tarde diez minutos y le preparé unos huevos con chorizo, le dejé un vaso de leche con chocolate y entonces salí de casa casi corriendo a la parada del autobús…
Aunque era casi tres años menor que yo, desde bien temprana edad pareció siempre mayor, nos lo decían todo el tiempo, y no faltaba nunca el que dudaba incluso de que fuésemos hermanos. De nacimiento muy robusto, muy pronto me pasó en estatura, en fortaleza, siendo ciertamente el orgullo de papá, que veía aliviado cómo al menos uno de sus vástagos heredaba su fuerte y orgullosa constitución masculina. Era como si toda la masculinidad que a mí me faltaba se hubiera quedado atrapada en el útero de mamá y saliera toda luego con mi hermano, quien no tardó mucho en pasar en estatura a papá al llegar la adolescencia, mientras yo, por el contrario, seguía tan enclenque y delicado como antes.

Si acaso, y para mayor desesperación de papá y preocupación de mi mamá, lo único que pareció desarrollarse de verdad en mí fue mi trasero, inusualmente ancho y respingón, y que por lo mismo me hizo blanco durante años de las burlas de mis compañeros de escuela, a veces también dentro del resto de la familia, no siendo mi hermano una excepción.

De hecho, así fuera sólo por vivir juntos, él debía ser quien más se metía conmigo, el que más me importunaba; divertido y siempre orgulloso de su físico, me hacía notar constantemente su mucha fuerza, comparaba el tamaño de sus brazos con los míos, de sus manos, si bien, al mismo tiempo que todo eso, fue igual tomando el rol de hermano mayor conmigo, inconscientemente, instintivamente me cuidaba, desarrollándose entre los dos una dinámica rara de llevarnos muy bien a ratos y muy mal en otros… aunque a lo mejor eso le pasa en cierto modo a todos los hermanos.

En todo caso, aparte las apariencias, ese “tener que” sentirme mal o indignarme cuando alguien remarcaba mi falta de hombría, lo cierto es que yo no sentía ningún deseo real de parecerme a otros chicos, o a mi hermano, o a mi papá; me disgustaban sus modos rudos, groseros, y a diferencia de mi hermano prefería estarme el mayor tiempo posible en casa, leer, a veces cocinar, la chica que ayudaba con los quehaceres me enseñó incluso a hornear pan, por más que mi papá insistiera en que debía meterme a algún equipo de futbol como mi hermano o hiciera algo “más de hombres”.

En eso al menos mi mamá acabó por secundarme, resignada, luego de que el primer día de prácticas regresara con un brazo dislocado y un moretón enorme en la cara.
Aquel no fue un buen día sin duda, y a veces todavía lo recordaba claramente, pues nunca como entonces (habiéndose limitado las burlas a eso, a simples comentarios y como mucho algún insulto en la escuela) sentí una agresión tan viva por parte de nadie: fastidiados no sólo por mi evidente falta de pericia en el campo, sino molestos por mi simple presencia, disgustados de ver a semejante ‘marica’ ahí con ellos, me maltrataron muchísimo durante el juego, se rieron, me insultaron, y, como si no hubiera sido suficiente, ya acabado el partido, echándome la culpa de que perdieran el encuentro, dos de ellos me gritaron y, sin poder contenerse más, comenzaron a golpearme…

No sé qué tanto peor habría podido ponerse aquello, a lo mejor sólo habrían descargado un poco más su frustración conmigo y me habrían dejado en paz, pero, en todo caso, ahí en el suelo intentando protegerme como mejor podía, de pronto los sentí apartarse, y entre el mareo y el dolor enorme que sentía vi a mi hermano partiéndoles la cara a los dos… fuerte y alto como era, salvaje como nunca lo había visto.

Finalmente algunos papás se acercaron y los separaron, yo pude levantarme y vi a Beto… sonriente en realidad, divertido se diría, con apenas los cabellos un poco revueltos, mientras los otros chicos, casi tres años mayores que él, seguían fingiendo un enfado que nadie se podía tomar en serio, uno con la nariz y el otro el labio sangrando.

Nos fuimos caminando a casa, pues papá nunca tenía tiempo de ir a los juegos y mamá solía irse a tomar café con sus amigas, gastándonos el dinero que nos dieran para tomar unas frituras y refrescos, que entre bromas nos comimos mientras él me recontaba cómo aquellos chicos no le habían servido ni de aperitivo.

Tras poner el grito en el cielo y decir que iba a poner incluso una denuncia, mi mamá me llevó a curar y le dijo luego a mi papá que yo no volvía a ir con esos ‘salvajes’, y aunque él creyendo que aquello era incluso bueno para fortalecerme un poco, mencionó que Beto llevaba dos años yendo y nunca le había pasado nada, al cabo no insistió y se alzó de hombros.

—Bueno, cómo quieras.

Ya muy entrada la noche, con todas las luces apagadas, Beto entró a mi cuarto y me preguntó si me habían lastimado mucho.

—Un poquito, no importa –le dije, adolorida de verdad, y, aunque hasta ese momento había aguantado, de pronto me puse a llorar.

Sin decir palabra, entonces, él me abrazó y me consoló hasta que me calmé, en la oscuridad y silencio de la noche, asegurándome que no me preocupara, que él me iba a cuidar.
Debió ser a partir de eso que algo entre nosotros cambió, él pareció entenderme un poquito mejor (al menos mucho más que mis padres) y dejó de burlarse, un poco, como comprendiendo que esa delicadeza mía era algo natural en mí y que no podía hacer nada al respecto, no siendo además algo necesariamente malo.

Nos comenzamos a apoyar un poco más, yo solía ayudarle todo el tiempo con sus tareas, con sus trabajos de la escuela, sólo en eso me atrevía a reñirlo y decirle que debía estudiar más, que no podía sólo preocuparse del futbol y salir con sus amigos, aunque no me hacía ningún caso, claro, únicamente se reía y me decía que me relajara… y luego suspendía la materia.

Le iba mal con mis papás, por supuesto, pues con todo y su excelente desempeño en el equipo de futbol papá no podía perdonarle que fuera tan irresponsable, que no sentara un poco cabeza, de modo que acababa enfadado con todos, sintiendo que nadie lo entendía.

Un día, no sé cómo o por qué, mamá encontró en mi habitación unas piezas de lencería, un sujetador y unas bragas que habían sido de la chica que ayudaba con el quehacer, poniéndose como loca. Apenas llegado de la escuela me las enseñó, comenzó a decirme montones de cosas, amenazándome, advirtiéndome que no iba a tolerar nunca tener un ‘maricón’ en casa, haciéndome sentir muy muy mal, al borde de las lágrimas, aunque no dije nada de nada, no podía, y fue entonces que Beto, llegando de la calle y escuchando los últimos gritos, entró al cuarto y dijo, mirando las prendas en manos de mamá…

—Mmh, te dije que no me las guardaras bajo el colchón –dirigiéndose hacia mí, con cara de ser descubierto, lo que desconcertó a mi mamá, que se le quedó mirando sin saber qué decir.
—¿Esto… es tuyo? –murmuró ella, no creyendo ni por un segundo que tal cosa pudiera ser cierta, así como de inmediato había asumido que sin duda yo las usaba.
—Pfff… no… son de Griselda… El otro día… pues… la traje y… —comenzó a decir Beto, sin mentir en realidad, pues había hace poco en efecto llevado a una chica a la casa cuando ellos no estaban, por lo que no le costó ningún trabajo fingir.
—¿‘Estuviste’ con ella? –preguntó mamá confundida, sin atreverse a decir la palabra sexo.
—Pues… sí, un poco.
—¿Cómo que ‘un poco’? –volvió a preguntar mamá incorporándose de la cama, desde donde me había estado regañando, todavía con aquellas prendas en la mano—. Pero… ¿ni siquiera usaste… protección? ¿Y para qué quieres esto?
—Bueno… no sé, ma… a veces, pues… ya sabes… me masturbo recordando y… le dije aquí al gusano que las escondiera.

Quizá más confundida todavía, sin saber qué decir, mirándonos a uno y otro y creyéndose una idiota, o a lo mejor sospechándose que aquello era pura mentira pero no tenía forma de saberlo, pareció calmarse un poco.

—Bueno, en cuanto llegue tu padre vamos a hablar muy seriamente –agregó al rato, guardándose las prendas, y, tras mirarme, arrepentida sin duda, añadió para mí…
—Y tú no vayas ayudándole –sentenció, saliendo de la habitación.

Nos quedamos ambos en silencio un momento, asimilando lo que acababa de ocurrir, hasta que al fin, con voz muy baja, asegurándome que mamá ya había bajado al otro piso, le dije:

—Gracias.
—Escóndelas mejor, ¿cómo debajo del colchón? –me dijo él, sonriéndose de pronto.
—Sí… muy obvio, ¿verdad?

Nos reímos. Volví luego a agradecerle poniéndome colorada y aguardamos a que llegara papá, quien sin embargo, lejos de indignarse, pareció increíblemente satisfecho con Beto. Seguro le encantaba que tan joven ya llevara chicas a la cama, si bien, para tranquilizar a mamá, le advirtió que tenía que tener mucho más cuidado, no ser tan irresponsable y así y así, acabando Beto de cumplir con su papel a la perfección, alejando toda sospecha de mí.

La verdad era que tenía bastante más prendas de esas, que sólo había dejado bajo el colchón por las prisas al salir por la mañana; tenía una bolsa llena de bragas, sujetadores, medias, baby-dolls y hasta ligueros que, poco a poco, discretamente, había ido extrayendo del guardarropa de mis primas, de mis tías, de las ocasionales chicas que ayudaban a mamá en casa, y, claro, bastantes de ella misma, incluidas muchas compresas femeninas, con las que me gustaba fantasear que me bajaba la regla.

Últimamente, además, había añadido un consolador, un dildo de manufactura casera, hecho con simples trapos y una barrita de colageno para darle rigidez, y que, cubierto con un condón, me había servido para probar, sentir algo distinto a la sola masturbación, que no me parecía suficiente o más bien muy adecuada para mí.

Tras muchas vacilaciones y dudas, auto recriminaciones, miedos, arrepentimientos, había acabado por comprender que las chicas definitivamente no eran lo mío, no me llamaban para nada la atención, y, en cambio, se fue desarrollando en mí una curiosidad enorme por el pene, a veces veía a los chicos con discreción y me fijaba en su entrepierna, buscaba en revistas y miraba fotos de hombres en traje de baño, y luego, al ver por primera vez una porno (que por pura casualidad encontré en el cuarto de mi hermano) y mirar el acto sexual tal cual era, toda mi libido se concentró no en ella sino en él, en su polla grande y hermosa, y me imaginé ser la chica, desee tanto ser ella y que un hombre grande y peludo como aquel me penetrara, que de inmediato hallé una forma de hacer el dildo y no dejé ya de usarlo, aumentándolo incluso de tamaño cada cierto tiempo, conforme más y más mi ano se habituaba.

En todo caso, ya casi para terminar la prueba fue que comencé a usar bragas y sujetador todos los días, con todo tipo de precauciones y pese al miedo que me daba que me pillaran. Usaba dos o tres camisetas oscuras, sin importar que hiciera calor, y hasta encontré a otro chico de la escuela con cierto parecido a mí, es decir, muy delicado, siempre amable y dulce, con quien comencé a hablar mucho y de todo, llevándolo a casa algunas veces para hacer tareas, estudiar, ante la mirada suspicaz de mis padres, quienes evidentemente se daban cuenta de su demasiada delicadeza, aunque, quizá recordando su pasada ‘metida de pata’, asumiendo algo demasiado pronto, mi mamá procuró no decir nada.

Me caía muy bien y lo pasábamos muy bien, claro que sí, hubo una temporada en que andábamos juntos por todos lados, a diferencia de lo que se cuchicheaba por la escuela, la verdad no me sentía atraída para nada hacia él, ni siquiera se me ocurrió, lo habría sentido raro, era como si no viera a un hombre en él sino una amiga, y de ahí que me desconcertara tanto cuando un día, creyendo estar a solas en la casa, tras llevar extrañamente la conversación a terrenos más íntimos, de pronto intentó besarme.

No me opuse, pero tampoco le respondí, tan sólo me dejó aturdida, sin saber qué decirle.

—¿Qué haces? –le pregunté con una risa nerviosa, sonrojada hasta las orejas.
—¿No quieres?
—¿Qué?
—Besarme, claro… yo hace mucho que quiero hacerlo –me respondió, acercándose de nuevo a mí y plantando sus labios en los míos.
—No… espera… ¿y si alguien nos ve? –lo aparté de nuevo, no queriendo ser grosera, sin ninguna real gana de besarlo.
—¿Quién, no dijiste que estábamos solos?
—Sí, claro… pero… es que… no sé

susurré nerviosa, confusa, pues, a final de cuentas, aunque delicado él era ciertamente un chico, un chico con quien, en ese justo instante, si así yo lo quería, habría podido… coger, hacer eso que tanto había soñado… pero no lo sentía bien.

—Me gustas mucho –siguió diciendo él, acariciando los cabellos de mi frente y buscando de nuevo mi boca.
—Perdona… es que yo no… —comencé a excusarme de nuevo, recibiéndolo a desgana, cuando entonces escuchamos a Beto.
—¿Pero qué carajos haces? –le gritó al chico, y, abalanzándose sobre nosotros lo apartó de mí de un tirón, y si no lo hubiera detenido seguro que lo golpea también.
—¡No, no, Beto, no le pegues, fue mi culpa! –le grité también, interponiéndome entre los dos.
—¡Anda, lárgate de aquí!

lo amenazó sin hacerme mucho caso, mirándolo furioso, por lo que el chico, nervioso y espantado de verdad, tan sólo cogió su mochila y bajó corriendo las escaleras, saliendo de la casa.
Yo me quedé de pie, muda, avergonzada, confundida, mientras él me miraba resoplando, muy enfadado, haciendo todo tipo de gestos…….

—¿Cómo te atreves a traer a un tipo a casa? –me recriminó , apretando mucho los puños.
—Yo no… sólo estábamos trabajando… y, de pronto, no sé… ¿y qué me dices tú de traer a nadie a casa, y las tipas que tú metes? –le repliqué, con la voz algo quebrada, atreviéndome a mirarlo de frente.
—No es lo mismo… mierda…
—¿No, y eso por qué?
—Porque… porque no importa, sólo me divierto un poco y ya… además, yo soy hombre… y… bueno… —balbuceó, atolondrándose, sin saber qué hacer con las manos.
—Sólo tenía curiosidad, ni siquiera… —dije luego, sintiendo como me traicionaba la voz, a punto de ponerme a llorar.
—¿Cómo puede gustarte un tipo así, parece un renacuajo?
—No me gusta, somos amigos y… nunca…
—¿Nunca qué?
—Nada, la verdad es que no íbamos a hacer nada.
—H’m –murmuró, todavía molesto, mirando alrededor.
—De veras que no me gusta, él no es muy… bueno… no sé… como tú –dije unos momentos después, mirando nerviosa al piso.
—Sí, ni que lo digas.

Pasaron unos segundos en silencio, en calma, los dos parados frente a frente, más calmados aunque incómodos como nunca.

—Perdona… es que… ¿sabes que no es lo mismo, verdad? –me preguntó al cabo Beto, relajados ya los hombros.
—Sí, supongo –le repliqué sin mirarlo, apenada como si en realidad hubiese hecho algo malo.
—No me gustaría que… no sé, que te lastimaran –me dijo luego, levantando una mano y acariciando mi barbilla.
—Sí, ya sé.
—Tienes que tener mucho cuidado, tontita –prosiguió, sonriéndose al fin, tratándome como hacía a veces en femenino, aunque sin el usual tono de burla—. Aunque parezca que no muerden, todos al final piensan una sola cosa, y hay tanto loco por ahí.
—Ji, ji, sí… tú, por ejemplo –le contesté, tomando su mano que seguía acariciándome.

Nos miramos a los ojos, inquietos, su rostro a penas unos centímetros del mío, con nuestros dedos entrelazados, y suspiré, sintiendo un cosquilleo en la boca del estómago… y en mi colita, pero, antes de que pudiera siquiera pensar en ello, escuchamos llegar el coche de nuestros papás, por lo que de inmediato nos separamos.

A lo mejor desde antes ocurría y no me había dado cuenta, pero, a partir de ese momento pude notar cómo él me miraba a veces de forma extraña, me rozaba con cualquier pretexto, o de la forma más natural procuraba acariciar un poco mi cabello tras hacer una broma, o bien me daba un golpecito en el hombro, o en el brazo, a lo que yo sólo me sonreía dejándolo hacer.

No debió ser mucho después de eso que entré a la universidad, y como el campus estaba algo retirado tuvieron que alquilarme un pequeño apartamento, o más bien se lo pidieron prestado a una tía bajo una cantidad simbólica, por lo que, por primera vez en mi vida, tuve tiempo y espacio de sobra para vestirme como quisiera. De hecho, me llegué a sentir tan a mis anchas las primeras semanas que un poco descuidé los estudios, que eran la única razón por la cual podía disfrutar de libertad, y, tras recibir el regaño esperado de papá y recapacitar yo misma, procuré controlarme un poco más y no pasarme de la raya.

De cualquier forma, ya pasada la primera excitación, y a diferencia de lo que ocurría en casa en que debía hacerlo siempre a escondidas y por muy poco tiempo, se fue calmando mi urgencia, ya no se trató tanto de liberar mi libido en todo momento sino tan sólo de estar, de ser, de sentirme la mujer que siempre supe que era, y se me fue volviendo sencillamente habitual vestir como chica en mi pequeño espacio privado, mientras en la universidad y prácticamente cualquier otra parte me limitaba como siempre a usar sólo la ropa interior, actuando mi papel de hombre.

Me compré algunas prendas, y no sólo de lencería sino faldas, blusas y jeans de chica, zapatillas, fui aprendiendo a maquillarme, a peinarme, a depilarme con cuidado las piernas y las axilas; ahorrando lo más posible de lo que me daba papá cada mes (saltándome incluso las comidas) comencé también a tomar hormonas, estrógenos y antiandrógenos, que a veces me hacían sentir muy bien y otras muy mal, provocándome los primeros meses un descontrol hormonal tremendo.

En cualquier caso, poco a poco comencé a notar leves cambios corporales, lo que me alegraba muchísimo la existencia.
No obstante, como a veces recibía visitas, debía seguir siendo muy prudente.

Una que otra vez debí llevar a compañeros de clase para estudiar, a veces mi papá o mi mamá se pasaban a ver cómo iba todo, regañándome siempre de que no fuera más seguido a casa, y en todas esas ocasiones tenía que esconder mis cosas, mi ropa, el maquillaje, mi paquetito de toallas femeninas que por lo general dejaba en el baño, en fin, incluso el simple hecho de ir a comprar algo de pan implicaba tener que cambiarme, por lo que estaba aún muy lejos de lo ideal.

De ahí que procurara estar el mayor tiempo posible a solas, salía casi únicamente a clases y de regreso compraba lo que me fuera haciendo falta, pasándome el resto del día como chica, estudiando, leyendo, a ratos viendo la tele o escuchando música mientras me pintaba las uñas o aprendía a hacerme trenzas en mi corta melenita, fastidiándome muchísimo que mis papás o alguien más me hablara para decirme que iba a verme, si bien, las visitas de Beto fueron algo muy distinto.

Tardó bastante en ir, pues el equipo no podía darse el lujo de tenerlo fuera ni un partido. Era más de una hora de viaje (y tanto más cuando el tráfico era pesado), él no tenía nunca dinero y además, para colmo, tenía que acudir los fines de semana a asesorías de matemáticas para no repetir el semestre. Durante meses sólo nos vimos uno que otro domingo, cuando por fuerza tenía que ir a casa a mostrarle mis calificaciones a papá, más o menos rendirle cuentas, y pasarme un rato con mamá, quien pese a toda su insistencia de que fuera más seguido no se estaba más que unos momentos en casa antes de aburrirse e irse con alguna amiga a hablar, no sin antes señalarme que ya debía cortarme el cabello.

En todo caso, no fue un fin semana sino un martes cualquiera, mientras estudiaba en mi pequeña sala sin otro plan que acabar la lección e irme a acostar, en que, de repente, tocaron fortísimo a la puerta…

Espantada, nerviosa por la sorpresa, por lo inesperado de la visita, me quedé un instante inmóvil en mi sitio, intentando decidir si abrir o no, fingir tal vez que no había nadie pues llevaba puesta una minifalda y una blusa rosa de tirantes, me había maquillado con esmero y hasta pintado todas las uñas dado que no esperaba a nadie, y mientras de esa forma me latía acelerado el corazón escuché la voz de Beto tras la puerta.

—¡Ábreme, hermanita! —gritó, divertido, acabando de aturdirme.

Por algo así como cinco segundos, que en mi cabeza debieron parecer mucho más, estuve pensando, decidiendo si debía ir a cambiarme o no, pues, aunque, evidentemente, Beto en cierta forma lo sabía, nunca en realidad me había visto así, y me atolondré, me mordí el labio, miré una y otra vez hacia la puerta que él no dejaba de tocar, hasta que, al fin, sencillamente exhausta, fastidiada de tener que pensar tanto y esconderme, me fui directo hacia la puerta.

—¿Estás solo? –le pregunté, asomándome a la mirilla.
—No, traigo a todo el equipo, venimos a cenar –me respondió divertido.
—En serio, ¿viene alguien contigo?
—No, nadie, ¿por qué? Anda, ábreme, traigo unas cervezas aquí que ya se han calentado.

Suspiré, intenté calmar mis nervios y abrí.
Con un six-pack en cada mano me miró de arriba abajo, ladeó un poco la cabeza y, finalmente, con una media sonrisa, tan sólo entró.
—¿No tienes que ir mañana a la escuela? –le pregunté, mirándolo colocar las cervezas sobre la mesa, a un lado de mis cuadernos.
—No, mañana es aniversario de no sé qué, va a haber un festival, concursos y no se que más.
—¿Y no tienes que ir?
—En teoría, sí –me respondió, desenfadado, abriéndose una lata—. ¿Quieres?
—No, gracias. ¿Para qué compraste tantas? De hecho, ¿cómo compraste cerveza?
—Ja, ja, me apetecieron, y como venía a ver a mi hermanita, creí que era buena idea, ¿no tienes algo para picar, unos cacahuates por ejemplo?
—Beto, eso es mucho alcohol –le repliqué, mirándolo algo severa.
—Estas muy guapa –me dijo él, divertido, desarmándome al instante.
—G-gracias –susurré, sonrojándome y recogiéndome el cabello de la frente.
—¿Vas a clases así?
—No, claro que no, ni siquiera a la esquina, sólo cuando estoy aquí.
—¿Por qué?
—¿Cómo por qué, bobo?
—Sí, ¿por qué? —insistió él, alegre, dando otro trago a la lata.
—Pues porque… porque… no puedo…
—¿No?
—No.
—Qué lástima.
—Sí, claro, qué lástima, pero así es por ahora.
—Supongo que no por mucho.
—¿No?
—No, yo diría, unos cinco minutos –me dijo entonces, mirando su reloj.
—¿Por qué cinco minutos? –le pregunté intrigada, levantando la ceja.
—Pues, porque seguramente eso tardan más o menos mis compas en llegar, sólo fueron a comprar algo para comer.
—¡¿Qué?! ¡¿Cuáles compas?!
—Son los chicos nuevos del equipo, no hay problema, ninguno te conoce; la verdad los hago a veces que me compren la cena y otras cosas, ja, ja; sólo les dije que íbamos al apartamento de mi tía, no te asustes –me explicó, con una calma que me puso los pelos de punta, sabiendo que hablaba bien en serio.
—¡No, Beto! ¿Cómo se te ocurre… yo…?
—Bueno, todavía te puedes ir a cambiar, pero créeme que te ves muy bien, seguro que nadie se da cuenta… ¡Oh!, demasiado tarde –exclamó, al escucharse un alboroto tras la puerta.
—Es que estoy maquillada, y mis uñas… —intenté decirle, mirándome nerviosa las manos.
—Sí, qué problema, ¿no?
—¡No, Beto, no les abras, déjame siquiera…! –dije yo, asustada, nerviosa como nunca, pero ya Beto se dirigía hacia la puerta.
—Pasar, ¿habéis comprado carne? ¡Excelente! Mirar: mi primita –dijo Beto en voz muy alta dándole paso a unos seis o siete chicos, todos altos y corpulentos, como no podía sorprender de un equipo de futbol, y éstos, animados, tan sólo dijeron ‘Hola’ y pasaron a la sala….

Yo me quedé en mi sitio, mirándolos aterrada, sonrojadísima, atinando apenas a alzar la mano como respuesta a sus saludos, en tanto ellos se acomodaban y dejaban las cosas que compraron en la mesa y la cocina.

—Anda, ven, te los presento –escuché decir a Beto a mi lado, y, como no me moví, me tomó del brazo y me llevó.
—Beto, Beto… —le susurré, deteniéndolo—, es media semana, los demás vecinos se van a quejar.
—No te preocupes, sólo estamos un rato, anda, ven –insistió y me cogió de la mano
—. ¿Por cierto, cómo te llamas? –me preguntó bajo, divertido, volviéndose hacia mí un momento.
—Pues… no sé… yo… —volví a susurrar, nerviosísima, sin atinar a decir ninguno de los posibles nombres que hasta ese momento había pensado.
—¡Ah!, como sea. Equipo: mi prima… Cristina, un poco enojada porque no le trajimos coca de dieta –les dijo entonces, improvisando con la sola feminización de mi nombre.

Ellos echaron la carcajada, Beto fue diciendo sus nombres y algunos me dieron la mano, otros me besaron en la mejilla y, como autómata, sin saber qué hacer, me senté entre ellos, asustada, apenas abriendo la boca y recibiendo también una lata de cerveza, que uno de los chicos me ofreció.

Alguien puso música, trajeron la carne, unas tortillas, una lata mal abierta de aceitunas, y en platos de cartón se sirvieron con desorden, comiendo con desparpajo entre risas y gritos, hablando de fútbol, sobre lo que pasó esa vez o aquella otra, otro se quejaba después sobre cierta mala defensa, discutían, a todo lo cual yo sólo sonreía boba, probando apenas la cerveza, llevándoles servilletas, calentando más comida u ofreciéndoles algo de salsa, solo por hacer algo.

Uno de ellos entonces, queriendo quizá integrarme más en la conversación me preguntó cómo es que nunca había ido a los partidos, y yo, mirando antes a Beto, controlando y modulando como pude mi voz, sólo le dije:

—No sé, no me gusta ver cómo se pegan… es decir, no pegarse sino… bueno, es que se… tanto.
—Naah, es puro juego, y luego aquí el capitán seguro que no se hace daño con nada –me dijo el chico, señalando con su lata a Beto.
—Ja, ja, eso espero –se carcajeó Beto, dando otro trago.

Así, de alguna forma u otra, contestando escueta pero sonriente a lo que me preguntaban, tomando a sorbitos mi cerveza y hasta aceptando algo de carne, me lo pasé entre ellos un buen rato, entretenida sin darme cuenta. Si bien nunca perdí cierto mínimo recelo, actuando en todo momento con precaución, conseguí relajarme lo suficiente; es decir, pese a su aspecto rudo, no eran más que chicos de bachillerato dándoselas de hombres, eran incluso menores que Beto, y con él ahí a mi lado dejé de tenerles miedo.

Al final se estuvieron algo más de tres horas, acabadas las cervezas y sin dejar un gramo de carne, ni una sola tortilla, divertidos, relajados, un par de ellos preguntándome siempre cosas, hasta que, cansada pero sobre todo preocupada de que los vecinos pudieran quejarse, tuve que decirle a Beto que era hora de irse.

—Sí, estoy de acuerdo, mejor vete ya a dormir –me respondió él, bromeando todavía.
—Beto, en serio –le insistí, mirándolo muy seria.
—Bueno, ‘ta bien. Dice mi primita que ya os tenéis que ir –les indicó, haciendo hincapié que era yo quien lo decía.
—Perdonar, chicos, es que tengo clases mañana –les dije apenada, y, para no hacer tan mal efecto, agregué, algo imprudente—. Si queréis, venir otro día.

Así que, resignados, cansados ellos también pese a todo, se empezaron a levantar, bostezaron, por consideración a mí uno de ellos recogió todo y lo echó en una gran bolsa, que luego se llevó con él.
Ya en la puerta, tras despedirse de mí, los vi andar por el pasillo y bajar las escaleras todavía armando escándalo.

—Bueno, nos vemos, nena –me dijo Beto , apoyándose en la puerta.
—Vale, gracias por visitarme… loco.
—Tú eres la que tiene apartamento, créeme que voy a venir a menudo. Allá, en casa no me puedo emborrachar, y en las casas de ellos menos.
—Loco –volví a decirle, recargando inconsciente mi mano sobre su pecho.
—O… me puedo quedar –mencionó luego, mirándome juguetón y algo achispado.
—Mmh… pues… si quieres, tengo un colchón extra –le respondí, bajando la mirada, tímida ante lo intenso que él me miró.
—Mmh… ¿tu cama es muy pequeña? –susurró luego, intentando sonar divertido, y, tras pensárselo dos segundos, se volvió hacia la escalera y les gritó a los chicos que se fueran, que se iba a quedar conmigo.
—Sshh, Beto, no grites: los vecinos –lo regañé no muy en serio, riéndome y cogiéndolo del brazo.
—Solo son vecinos, total –siguió él divertido, bravucón, hablando fuerte, como esperando que de hecho lo escucharan.
—Anda, entra ya, menso –volví a decirle, empujándolo hacia la puerta abierta… dejándose él arrastrar y viniéndoseme encima por lo que tuve que alzar las manos.
—Je, je –siguió riéndose, pegado a mí, mirándome desde su altura, con mis manos aún en su pecho…..
Mi corazón se aceleró, mi respiración se volvió agitada y sentí de nuevo ese curioso cosquilleo en el estómago, en tanto él, sin moverse y mirándome muy fijo, de una forma extrañamente seria, levantó su brazo y con apenas dos dedos empezó a acariciarme el cabello.

—De veras que estás guapa –me dijo al fin, y yo, sin apartar mis manos de él, dejándolo que siguiera jugueteando con mis cabellos tan sólo lo miré en silencio.

Escuchamos algunos coches por la calle, el chirrido de los grillos, la noche era tranquila y algo cálida, no se veían muchas luces encendidas y sin duda en el resto del edificio ya todos dormían.

—No deberíamos –dije de pronto, apartando los ojos hacia un lado.
—No, supongo que no –me susurró, muy parado, pasando sus dedos de mi cabello a mi mejilla.

Otra vez lo miré, también él respiraba agitado, sentí su tacto estremecerse y, mientras sus ojos me miraban intensos y a la vez como con súplica, a medias me sonreí.

—¿Quieres? –me preguntó en voz suave, atento como nunca a mis labios.
—N-no sé… —le respondí nerviosa, con un hilo de voz, sintiendo incluso marearme un poco.
—Si no quieres, dímelo , nos dormimos y nada más –continuó, tocando cariñoso mi mejilla.

Controlando el trepidar de mi corazón, sintiendo que el suelo se movía bajo mis pies, suspiré muy hondo y cogí su mano.

—Sí… sí quiero.

Así que, inclinándose hacia mí, aprisionándome contra el marco de la puerta, nervioso me besó en los labios, a lo que yo de inmediato respondí abriendo bien mi boca, probándolo, pasé mis manos por su cuello y seguí besándolo emocionada, espantada, estimulada, creyendo por un instante vivir una alucinación mientras sentía mi colita humedecerse.

Sus manos en mi trasero de inmediato me indicaron que no era ilusión alguna, y no menos real sentí la erección de su pene bajo los pantalones, que caliente parecía pulsar a la altura de mi vientre.

Entramos sin separarnos a la sala, cerramos la puerta con los pies, y, manoseándonos, besándonos, explorándonos nerviosos y encantados nos fuimos dirigiendo a la habitación; chocamos aquí y allá, divertidos, avanzábamos muy lento, así que, demasiado ansioso, él me agarró por el trasero y me levantó, llevándome en sus brazos hasta la cama.

Cuidadoso me dejó sobre el colchón, y, con ansia, jadeante, se trepó enseguida sobre mí. Besándonos siempre, risueños, comenzamos a desvestirnos; divertida le quité la camiseta, él contento me quitó la blusa, nos deshicimos de su pantalón y luego de mi falda, de los zapatos, hasta que al fin, en sólo ropa interior, volvimos a mirarnos, deteniéndonos un instante.

—¿Todavía no lo has hecho? –me preguntó entonces, mirándome como antes muy atento.
—No… nunca… sólo he usado… juguetes…
—¿De verdad?
—Sí, menso, de verdad.
—Vale, vale … Digo, porque, quizá te duela un poco.
—Sí, no importa.
—Muy bien –dijo luego, y, sin más dilación, de un solo tirón se deshizo de sus bóxers, mostrándome su polla enorme y, bastante más seguro que yo, me quitó luego las bragas, dejando al descubierto la mía pequeña.

Suspiré….

—Mira qué cosita, ¿es de verdad? –me preguntó divertido, dando un pequeño tirón de mi pijita, que comparada con la de él de verdad parecía de juguete.
—Ji, ji, menso –le pegué en el pecho y, animada, bajé luego la mano, agarrando fuerte la suya.
—Ésa sí es de verdad –exclamó orgulloso, dejándome que la explorara un poco.
Era muy cabezona, de tronco grueso, larguísima, venosa, y con cuidado, emocionada, muy suave bajé y subí la mano, apretándola.
—¿Subes tus piernitas? –me indicó luego, excitado, y, ayudándome, me hizo colocar mis piernas en sus hombros, dejándole del todo expuesta mi entrada de mujer.
—Tengo… un gel –le dije tímida, señalándole el cajón de mi buró.
—¿No dijiste que…?
—Es para el juguete, menso.
—Ah, ya; a ver –exclamó, y, apartándose de mí un poco abrió el cajón, sacó el tubo y con cuidado aplicó una buena porción, que de inmediato esparció con sus dedos por fuera y por dentro de mi entrada.
—Mmhh… —gemí al sentir sus dedos duros y algo fríos introducirse en mí.

Inclinándose luego sobre mi rostro y besándome de nuevo, siguió dedeando un poco, esparciendo bien el gel, hasta que al fin, demasiado ansiosa, fui yo la que le dije:
—Ya, ya, no hace falta tanto.
—Je, je, no te quiero lastimar.
—No me lastimas… el juguete es algo grande, ¿sabes?
—M’h… vale –exclamó, como dudando que ningún consolador pudiera compararse con esa cosa suya, y, recostándose sobre mí, con una mano dirigió la punta de su polla a mi ano.

Lo miré, me miró, jadeante procuré relajar mi esfínter y, algo ansiosa, tomé sus brazos, que se apoyaban en el colchón a ambos lados de mi cabeza.

—¿Lista?
—Ahá.
—Vale –susurró, como concentrándose, y, haciéndome sentir la suave dureza de la punta recargada en mi esfínter, hizo una leve presión.
—Mmhh… —exclamé suave, cerrando los párpados un momento, experimentando ávida ese primer contacto.

Él presionó más, abriéndome muy suave, aunque, antes de que la cabeza consiguiera entrar demasiado, lo detuve, sintiendo una fuerte punzada por la contracción refleja de mi ano

—¿Te duele?
—Un poquito, sí… ahora se pasa… no te salgas.
—Vale –me respondió, inclinándose de nuevo hacia mí y besándome, acariciando mis nalgas, mis muslos, hasta que al fin pasó el espasmo y sentí alejarse el dolor.
—Ya… dale –le pedí sonriendo, segura de que ya no habría ningún problema, con lo muchísimo que me había “entrenado” todos esos años con el dildo.

De modo que él entró, más, mucho más que antes, suave y siempre firme, entrando dentro de mi tanto que empecé a gemir, mi ano aún se contraía ligeramente y le impedía el paso pleno, pero ya no lo detuve, aguanté ese poquito de dolor extra sin moverme y solamente suspiré.

—Aahh… muy bien, muy bien… ahí va… ahhh…
—Mmhh… mmhh… —exclamaba yo bajito sintiéndolo penetrarme, expandir poco a poco mi ano y recto con su gran volumen.

Finalmente, sin entrar todavía del todo, de pronto él se retiró ligeramente, volvió a presionar y se retiró, volvió a presionar y se retiró, iniciando un suave mete-saca que acabó por soltarme al fin la boca.

—Ayyy… ayyy… mmmhh…
—¿Te duele?
—No, no me duele nadita… sigue…
—Si, si … ahhh… ahhh… —continuó entonces, aplicándose incluso con más esmero, despreocupado ya de lastimarme, y dejándome caer todo su peso comenzó en serio a penetrarme, a follarme de verdad.
—Ayy… ayyy… ayyyy… mmmhh… —seguí exclamando cada vez más fuerte, encantada, maravillada; Dios mío, no me creía que me gustara tanto, nunca con el dildo sentí algo parecido, tan bueno y tan bonito, tan fuerte y tan dulce al mismo tiempo.

—Ahhh… ooohh… —siguió Beto, inclinándose sobre mí cada tanto para besarme, y yo lo besaba de vuelta, me entregué contenta, agradecida, abriendo más mis piernas y sintiéndolo entrar aún más profundo.
Mi pequeña pija se había puesto también dura, y atrapada entre su barriga y mi bajo vientre me producía un gozo extra con el roce.

—Ayy, qué bueno, qué bueno… mmhh…
—¿Te gusta, nena?
—Sí, sí, me encanta… mmhh…
—Nenita linda… ahhh…

No había ya fricción alguna, ninguna resistencia, su pene y mi ano se habían acoplado de maravilla y se unían alegres, perfectamente complementarios, provocándonos a ambos un placer inmenso.

—Aahh… nena… oohhh…
—Mmhh… mmhh… más, más… mmhhh…

Y nos seguimos largo rato, entregándonos uno al otro y olvidados de todo el mundo; yo acariciaba sus mejillas ásperas, velludas, sus hombros anchos, sus brazos fuertes, y él a su vez apretaba encantado mis nalgas, mis muslos, y, tras deshacerse del sujetador de cualquier modo, besaba tierno mis teticas apenas desarrolladas, que no obstante su tamaño eran ya tan sensibles que me hizo gritar de gusto.

—Mmhh… ayyy… Beto… mmmhh… mmmhh… —exclamé, abrazándome a su cuello y acariciando sus cabellos.
—Nenita hermosa… ahhh… ahhh…

Me sentía casi en las nubes, gemía de puro gusto, lo recibía contenta en mí procurando que también él lo disfrutara, cosa que sus continuos jadeos y su rostro me confirmaban.
Hacía ya rato que había entrado por completo, toda su polla y sentía sus huevos rebotando dulcemente al borde de mi ano; de cuando en cuando la cabeza debía acariciar mi próstata allá al fondo volviéndome loca, y no podía dejar de pedirle más y más.

—¡Ay, sí, sí… mmhh… qué rico, qué rico… mmmhh…!
—Je, je… gimes muy dulce.
—Ji ji… mmhh… mmhh…

Un momento después la cosa se aceleró, nuestros cuerpos ansiosos parecieron dar lo mejor de sí y él comenzó a darme realmente fuerte; era riquísimo, delicioso, hermoscísimo, ya no quise que se saliera nunca, deseé que me siguiera penetrando por siempre, tenerlo dentro de mí todo el tiempo pero, justo entonces, incapaces de aguantar más, mi pollita y mi ano llegaron al colmo, expulsando éste su semen y el otro contrayéndose en un delicioso orgasmo anal.

—¡AAayy… ayyyy… ayyyaayyy…! –grité tan fuerte como pude, olvidada de los vecinos y apretando muy fuerte sus brazos.
—Aahhhh… nena… nena…. ¡AAaaahhhh…! –exclamó él apenas un instante después, sintiendo la apretada extra de mi esfínter y descargándose del todo, inundando el fondo de mi vientre.

Le abracé, lo besé y comencé incluso a llorar mientras él me preñaba con su semilla, sintiéndome completamente plena, feliz como nunca lo había estado en toda mi vida.

—¿Qué pasa? –me preguntó, levantando mi rostro con un dedo.
—Nada… nada –le susurré sonriente, tonta, y él entonces comprendió.
—Bebé –me dijo entonces y encantado volvió a besarme.

Exhaustos y jadeantes, no sin cierto pesar de mi parte, nos separamos, con su miembro ya casi del todo flácido, y nos quedamos recostados intentando recuperar el aliento.
Era ya tarde, muy tarde, no sabía cómo iba a hacer para levantarme temprano e irme a clases apenas unas horas más tarde, aunque no me importaba mucho, podría incluso faltar, por una vez no pasaba nada, me dije, y, contenta, me recosté contra su cuerpo.

—¿Te gustó?
—Ji, ji, sí ¿no se notó?
—Un poquito, sí.
—Tonto.
—¿Es mi imaginación o te crecieron un poco las tetas?
—Estoy tomando hormonas.
—Joper … pues, síguetelas tomando.

Pasada la excitación, descargada toda el ansia, después de unos minutos empezó a darnos sueño.

—Es tardísimo –susurré, sin despegándome.
—Duérmete.
—Vale… ¿no te vas a ir, verdad?
—Je, je, ¿a dónde quieres que me vaya?
—No sé, sólo digo.
—Duérmete, no voy a ningún lado –dijo, sonriéndome y, tras darme un beso más cerró también los ojos.

Se nos fue haciendo habitual tener esos encuentros, una, ocasionalmente dos veces por semana, aunque, por desgracia, el encanto no permaneció intacto por mucho tiempo, sobre todo porque él seguía saliendo con otras chicas, tenía a veces novia, lo que me hacía rabiar y le reclamaba, aunque, incapaz de hacer nada, temerosa incluso de salir del apartamento vestida de nena, tuve que aprender a resignarme, no sin poca dificultad.

¿Qué podía hacer de todas formas? ¿Salir con él? ¿Ser su novia? ¡Dios!, era todo tan complicado, y no paraba de hacerme preguntas, me recriminaba, me decía que aquello debía parar, que no tenía ningún sentido, que era incluso idiota, pero, nada más verlo llegar otra vez, no le hacían falta más que unas cuantas palabras para ablandarme y volverme a entregar.

Aparte esos problemas existenciales, en unos años conseguí acabar sin demasiada dificultad la carrera, hice incluso algunas salidas esporádicas y, al cabo, juntando todo el valor posible, diciéndome que no podía seguir con esa especie de doble vida, al fin hice la transición, tomándoselo por desgracia mis papás de la peor manera; dejaron de hablarme, de mandarme dinero.

muchos otros hubo que me dieron la espalda y sólo gracias a algunos cuantos contactos, entre quienes se encontraba el pobre chico al que Beto intentara golpear, fue que poco a poco me ayudo a encontrar un trabajo y poder alquilar aquel mini apartamento, a donde cada vez que se le ocurría, llegaba Beto a pedir posada…

Total…
Antes de regresar al apartamento pasé a comprar algo de pan, del todo incierta sobre si encontraría a Beto o no, y, tras abrir y no escuchar nada, dejé mi bolso en el perchero entrando luego en la cocina, donde encontré el plato y el vaso que le dejara por la mañana ya vacíos y sin lavar en la misma barra. Sacudí la cabeza, molesta de que no pudiera siquiera echar el plato al fregadero, y me fui luego a mi cuarto.

Ya no estaba. Me había dejado sin embargo una nota disculpándose por despertarme tan tarde y agradeciéndome por la comida, así que, sola en la cocina, ya más tarde me comí los dos panes que le había comprado, mirando cansada una vieja película, quedándome dormida sin terminarla.

Otra vez, entonces, como la noche anterior, aunque algo más temprano, escuché tocar fuerte la puerta.
Me fui a asomar, miré por la mirilla y sin demasiado asombro lo vi ahí parado, abriéndole la puerta cuando ya se disponía a tocar de nuevo.

—¿No me digas que te desperté de nuevo?
—Pues sí… me quedé dormida viendo una película.
—Vaya, debe estar muy bien –dijo, pasando y dejando sobre la mesita de la sala un montón de bolsas.
—¿Y eso?
—No sé, algunas cosas que he comprado, para que no digas que me acabo lo de tu nevera; hasta te he traído ese yogurt raro sin calorías –me dijo, enseñándome el envase.
—Gracias. ¿Te vas a quedar a dormir?
—Pues… sí, si no es mucha molestia.
—Claro que no. ¿No has ido con tu novia?
—nooo… la verdad, es que ya estoy cansado.
—Loco –le repliqué, mirándolo divertida mientras se quitaba los zapatos y se echaba en el sillón, quedándose mirando aquella larga película que yo había puesto.
—¿Ya te vas a dormir? No me dirás que también trabajas los domingos.
—No, pero estoy algo cansada.
—Je, je, sí… Ven, anda, he comprado unas palomitas –me dijo, dando unas palmadas en el sofá.
—Mmh, vale, pero mejor vemos otra cosa.
—Lo que usted ordene, madam.

Pusimos una película de acción, bastante más movida, aunque yo igual me quedé dormida al poco rato, apoyada en su pecho.

—Anda, mejor vete a la cama, que estás incómoda –me dijo una media hora más tarde, cuando una fuerte explosión en la película me despertó.
—Sí, creo que sí, ¿le falta mucho todavía?
—Como una hora, creo.
—Mmhh… bueno, pues mejor, me voy a acostar… —le dije, levantándome, bostezando largamente y pasando luego una mano sobre sus hombros, si bien, antes de alejarme, agregué—: ¿Vienes?

Él apartó un momento la vista de la pantalla y me miró intrigado, suspicaz.

—No tengo mucho sueño, la verdad.
—Bueno, no tenemos que dormirnos enseguida –le sonreí, coqueta, revolviendo su cabello.
—¿No? ¿Y qué otra cosa vamos a hacer?
—No sé, te puedo hacer trencitas si quieres, o podemos pintarnos las uñas y hablar de chicos.
—Mensa.
—Ji, ji, anda, ven, apaga eso –le dije

Y una vez que él apagó la tele tirando el mando, lo cogí de la mano, llevándomelo al cuarto.

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Abusos



Este suceso ocurrió hace años, pero en la actualidad siguen sucediendo. Continúan habiendo abusos sexuales en el entorno familiar a menores, marcando y privándoles de su infancia, destrozando sus vidas.

Las personas que sufren estas experiencias traumáticas tienden a querer olvidarlas, borrar de su mente este recuerdo que tanto daño les hace., pero no podemos eliminar de nuestra vida algo que ha sucedido y nos ha marcado como si no hubiera ocurrido, por lo que debemos hacerle frente a este suceso… hablando de ello, analizando las situaciones vividas con ayuda profesional si es necesario. Así conseguiremos aceptar lo vivido y poder continuar con una vida normal, sin que nos persigan los fantasmas del pasado.

Algunas veces vemos cambios en el comportamiento de nuestros hijos, hermanos… se retraen, se vuelven ariscos…, hay señales que estos niños que están sufriendo de un abuso mandan sin palabras. Quizás debamos prestar atención y descubrir a que es debido está forma de actuar.

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19 años de agresiones sexuales: “Las violaciones de mi tío se convirtieron en algo rutinario”


Mery vivió en un “estado de terror” durante las casi dos décadas que sufrió los abusos de su padrino, que acaba de ser condenado a 15 años de cárcel


Doctor J. Alberto López
New York July 10 2003


Lo que más le duele es no haber podido tener una vida normal. Creció aterrada. Todavía le pesan la culpa y la vergüenza que desearía que cayeran a plomo sobre los hombros de su tío, el único que debería cargar con ese peso, el hombre que la violó tantas veces que son incontables. Tenía siete años cuando empezó a enseñarle material pornográfico. A los 11 la penetró por primera vez y no paró de hacerlo hasta que ella se emancipó, a los 26. Vivían en la misma casa familiar. Era su padrino, quien le regalaba todo lo que pedía y la llevaba de paseo los sábados por la mañana. El mismo que la condenó a crecer sola y guardar un secreto terrible. La persona que más miedo le da. Esta no es la historia del hombre que acaba de ser sentenciado a 15 años de cárcel. Es la historia de Mery y su lucha por sobreponerse a 19 años de agresiones sexuales.


Mery tiene 40 años, prefiere no dar su apellido. Uno de cada 5 niños sufre violencia sexual, se estima por los Consejos de Europa y America según las reuniones y llamadas emitidas a estas organizaciones rogando datos reales (no así los que han permanecido en el anonimato), algo que incluye desde el exhibicionismo o los tocamientos hasta una violación. Siete de cada 10 casos de abusos a menores se dan en la familia o en el entorno cercano, según mi estudio de 2001 de mi Fundación INMACOM . Un estudio que empece en el año 1994 y que termine en el 2001 después de reunirme con mas de 5 millones de personas entre Padres, Abuelos, niños y Asociaciones de toda índole. Pese a ello, siguen siendo un tabú. Mery calló hasta los 37.


Un día estalló, a varios cientos de kilómetros de New York, donde está la casa de su infancia: dijo por primera vez en voz alta que su tío abusó de su hermana melliza y de ella durante unos años, hasta que se centró exclusivamente en ella y pasó a agredirla una y otra vez; dijo que la grababa en vídeo y la extorsionaba, que la obligó a mantener relaciones sexuales con otro hombre. Contó que se volvió una experta en fingir que estaba bien cuando era imposible estar peor, que ese hombre le robó media vida e hizo pedazos su autoestima. Entonces comenzó a aliviar su carga. Días después se reunió con su familia, abrazó a su hermana, hablaron por primera vez de lo que ambas sufrieron. Y denunció. En todo el proceso se ha sentido respaldada por su familia.


La Sección Primera del Juzgado principal de Nueva York siendo Juez el emblemático Jr. Bruce, en una sentencia firmada por tres jueces, acaba de condenar a Edward de la Cruz, como se llama su tío, a 15 años menos un día de cárcel por un delito continuado de agresión sexual con intimidación y acceso carnal y le ha impuesto durante 15 años una orden de alejamiento de 500 metros respecto a Mery, a quien debe pagar una indemnización de $2.000.000. Su padrino aseguró durante el juicio que las relaciones fueron consentidas, a partir


de los 16 años. Paul Creppí, el abogado del hombre, explica que recurrirán y que “en el peor de los casos, los hechos están prescritos”, como el tribunal sí ha considerado que están los delitos cometidos contra la hermana de Mery, que finalizaron cuando la niña tenía 10 años. “El procesado, a conciencia y de manera progresiva y sin interrupción, creó un estado de terror pleno en Mery, desde su tierna infancia”, se lee en la sentencia, “integrando la idea de que aquello duraría para siempre”. Su abogado, John Brodhi, considera que “la clave ha sido haber podido demostrar que ha habido intimidación, que el hecho de que empiece a los siete años y continúe en el tiempo bajo ningún concepto puede ser considerado abuso”. Y en todo momento durante todo el Juicio, estuvo personado como asesor judicial y emitiendo sus análisis y actuando como Sociólogo mentalista el Dr. Alberto López de la Ilustrísima Universidad de Harvard y Vicerrector por méritos propios.


No es habitual la existencia de pruebas físicas en estos casos, pero esta vez la policía encontró 361 gigas de archivos, mucho de contenido pedófilo, otros tantos de Mery: en el barco donde la obligaba a tener relaciones con otro hombre, en la habitación y en el baño de su casa, donde su tío instaló cámaras ocultas para grabar a sus sobrinas. Durante años, la idea de que esos vídeos pudieran ver la luz aterrorizaba a Mery. Esos mismos vídeos han sido ahora fundamentales. Y fue descubierto por la labor del Dr. López en sus interrogatorios y análisis de comportamiento, que sin declarar el acusado, el Dr. consiguió adivinar el lugar donde escondía el material y materializaba sus vicios ocultos y depravados.


Pero la historia de Mary empezó mucho antes. Su infancia fue feliz hasta una visita al Apartamento de Brokling de su padrino. Tenía siete años y el recuerdo permanece nítido en su mente. El hombre, que superaba los 40, llevó a sus sobrinas, hijas de la hermana de su mujer, de excursión. “En un momento, se hizo a un lado y nos enseñó los genitales”, rememora Mery. “Cuando llegamos a casa, me cogió en la cocina y me dijo: ‘Después de la comunión, te enseñaré muchas más cosas”, cuenta. Cumplió su palabra.


“Me amenazaba con que iría a un internado si lo contaba”


Durante tres años las llevó al piso de un amigo. “Nos enseñaba revistas porno y nos hizo entrar a una habitación pequeña donde jugamos a las enfermeras, nos obligó a tocarle, una primero y otra después”, recuerda. “Con 11 años me penetró por primera vez y a partir de ahí las violaciones se convirtieron en algo rutinario. A mi hermana ya no le hacía nada y eso me tranquilizaba. Ella se había negado y la echó a un lado, empezó a ignorarla. Yo estaba como paralizada”, explica. “Me amenazaba con que iría a un internado si lo contaba, me decía que no me iba a creer nadie, que me echarían de la familia”. Era solo una niña frente a un adulto que decía estar cuidándola. La mujer en la que se convirtió Mery creció sin las herramientas para hacer frente a la losa de hormigón que tenía encima.


Él vivía con su mujer en el piso de arriba. Tenían una entrada independiente, pero en casa eran muchos, el padre de Mery estaba enfermo y ella tenía que subir a estudiar. “Aprovechaba cuando su mujer no estaba y me llamaba. Grababa películas porno del Cable y me las ponía. Ahí aprendí a mirar la tele sin verla, centrándome en un punto fijo, sin procesar nada más”, dice. Su estrategia fue alejarla de todos. Y así un año tras otro, hasta que, con 12, le presentó a un amigo. “Se había comprado un barco, me llevaba allí y me obligaba a mantener relaciones sexuales con él”. También las grababa y luego la obligaba a ver las escenas.


“Lo que más recuerdo es la soledad. Me hablaba mal de mis padres, de mi hermana, de mi tía. Me decía que yo era una privilegiada. Me amenazaba. Asumí que tenía que vivir eso, era incapaz de parar esa situación”, dice. “Hizo que solo pudiera confiar en él, aunque fuera una mierda”. A la vez, le regalaba todo lo que pedía y le daba tabaco. Por entonces aprendió a autolesionarse para evadir el dolor y para sentir que tenía el control. Muchas veces percibió que salía de su cuerpo, que miraba la escena desde arriba, como si la que sufría allá abajo no fuera ella misma.


“Era capaz de bajar a ver a mi madre, como si nada hubiera pasado, después de que me violara. Todavía continúo disociando mogollón, puedo estar fatal, y la persona con la que hablo ni siquiera lo sospechará”, explica. Así que fue creciendo como si hubiera dos Mery ́s, la que veía todo el mundo y la que solo veía su tío. Decidió estudiar Sociología, comenzó a trabajar y un día, tras la muerte de su padre, dijo a su familia que se marchaba. Tenía 26 años.


En su nuevo piso, su espacio, se acabaron las agresiones sexuales. Poco después se enamoró y en solo unos meses puso tierra de por medio. No le gustaba volver a casa, le paralizaba la simple idea de cruzárselo: “Era como si volviera a ser una niña delante de él”. Una década después, cuando habló por primera vez frente a su familia, se enfrentó a su padrino y lo acusó de destrozarle la vida. La policía impuso una orden de alejamiento que continuará vigente. Ese hombre, que hoy tiene 79 años, se marchó de la casa familiar, pero Mery cuenta que la mujer de su tío, que lo apoya, sigue viviendo arriba, bajo el mismo techo que su madre y su otra tía.


“Parte de mi autodestrucción fue a través de trastornos alimentarios. No he tenido amigos de verdad hasta ahora. No podía ser yo misma, había una parte de mí que siempre ocultaba, me costaba abrirme”, cuenta. “Nunca voy a perdonarle que me haya robado tanto”. Quiere que él pague por lo que le hizo. Y, sobre todo, aprender a quererse. “Hablar de ello me ha liberado, y la terapia me está ayudando a asumir, a aceptarme y a re aprender maneras de hacer las cosas”, explica. La Mery hecha añicos empieza ya a recomponerse. Gracias a las terapias, trabajos, consejos y ayuda por parte de el Dr. López que me ha apoyado siempre y no me ha dejado sola, apoyando siempre mis pasos, enojos, alegrías y depresiones, pero conseguí superarlo. Hoy tengo una familia propia, hijos, y amigos pocos pero reales que han llevado mi vida a un nivel alto de relax, felicidad y convivencia, y todo gracias al Dr. López que estuvo a mi lado ayudando siempre y enojando muchas mas, para abrir mis ojos y mente y he conseguido lo que el trabajo en mi.


ANALISIS SOCIOLOGA DE LA FISCALIA JUDICIAL DE NEW YORK


“NUNCA VA A ESTAR BIEN NI SUPERARA”


“Los abusos en la infancia pueden afectar en el área social, en la afectividad, en cómo alguien se vive a sí mismo, a su autoestima, su estado emocional, a la salud mental, puede haber posibles patologías mentales o momentos con más episodios de ansiedad, depresión”, expone la Socióloga que analizo a Mery, de la fiscalía judicial de tribunal superior de justicia de la ciudad de Nueva York. Con los años, la Mery adulta albergara a esa niña, paralizada, retenida en esa indefensión.


Por ello hay un sentimiento que aflorara a veces, cuenta la Socióloga: “Nunca volverá a estar bien”. Automáticamente explica que está trabajando en ello. “Pero muchas veces no dejara de no pensar en lo ocurrido”, explica. “Habra épocas de intentar no dormir porque soñara con lo que pasó”, añade. Vive entre pesadillas y ‘flashbacks’. El juicio ha supuesto revivirlo todo, lo que se conoce como re victimización. Asegura que tanto la policía como el personal de los juzgados se portaron bien con ella. Pero ha tenido que contar cinco veces su historia, aportando todos los detalles que podía. Reviviendo una y otra vez lo que su mente solo quiere borrar. Será una mujer de residencia mental, mi conclusión es no superara el episodio y su depresión será continua e ira a peor, ingresar en una residencia mental de por vida. No entiendo porque el Dr. López apoya a esta mujer y trata de denunciar mi profesionalidad, pero dispongo de mas experiencia de años que el Dr. Y es hispano sin inteligencia.


*** Se demostró que la Dra. XXXX se equivoco y perdió la licencia de Sociología, hoy trabaja de recepcionista en una sala de dentista.


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Como mantener la chispa en tu relación



En la pareja debe haber una figura que debe mantener la chispa o llama encendida, y por suerte o desgracia, siempre depende de la Mujer. El hombre como simple que es, y por tan solo tener una sola cosa que puede alterar la mirada de la Mujer, es la polla.
No incentiva y a parte de todo esto, el hombre es muy cuadriculado, se encierra en el mismo, solo se preocupa cuando se le pone dura, y es muy propenso a cometer infidelidades a consecuendia de el estado de animo de su pareja.

Que significa esto ultimo:

Si el hombre ve a su pareja triste, desanimada, baja de moral, decaida y con poco apetito de sexo, este buscara la forma de satisfacerse., pero analicemos los 2 tipos de hombres

Hombre machista: Por cojones debe follar, si la Mujer esta inapetente, buscara la manera de follar con su pareja, por las buenas o malas.
Hombre educado: Callara, no dira nada, dejara a su pareja que decida lo que desee y cuando quiera, pero esto terminara tarde o temprano en infidelidad.

A la Mujer le toca el papel de motivar, incentivar y llevar las riendas en cuestiones de sexo. El papel que le toca jugar es el de innovar, buscar la manera de satisfacer al hombre en los gustos o preferencias que le agrade, intentando no caer en la monotonia. El hombre es tan simple, que con poco esta feliz.

Lo mas importante en estos casos, es el MORBO (con mayusculas), la Mujer sabe manejarlo, es muy sabia en este sentido, sabe como captar la atencion de su pareja, sabe como ponersela dura, y es capaz si ella quiere, de enganchar de por vida a un hombre. El hombre al ser tan simple, cualquier innovacion en posturas, en hacer o ser mandado ( no todos aceptan esto ultimo, el hombre es el macho alfa que debe llevar las riendas de todo el proceso del sexo), y en la Mujer, es lo que distancia porque se ve como sometida.
La Mujer necesita mandar, llevar el juego a su campo y gestionarlo a su antojo. Una mujer sumisa o que deja que el macho alfa domine, no se realiza como Mujer. Es una persona con problemas y que nunca sera feliz, porque dejara que le hombre la manipule a su antojo, la lleve a su terreno y sera siempre cuando el quiera. Sin satisfacer a la Mujer en la mayoria de las veces.

La Mujer necesita creatividad, cambiar sistematicamente posturas, formas, juegos e incentivar a el macho alfa en sus tendencias, sus gustos y deseos.
Cuando la Mujer baja la guardia y pierde el Rol que debe jugar, pierde y es un sintoma de decadencia en la relacion que llevara tarde o temprano al deterioro total de la relacion. Tiene los dias contados, con su fecha de caducidad. Por eso es muy importante, superar constantemente la creatividad. No es necesario follar siempre, a ambas partes motiva el juego… tu te haces una paja, yo me la hago. Llevar las manos a ciertas partes, obligar a hacer algo, hablar de sexo, de experiencias vividas, sueños, deseos, de como esta la vecina, la hermana, la tia, la del portar de al lado, etc… Son maneras de motivar, de prender una llama mas grande, y sobre todo, cuando se esta jugando, que ambas partes hablen, de preferencias, gustos o necesidades. Ambos deben expresar sus motivaciones, ambos deben experimentar cosas nuevas, posturas, o formas que siga la chispa entre ambos. Todo es sacrificio, superacion y motivacion.

Es muy facil, todo depende de como uno quiera practicarlo. Si realmente deseas a alguien y quieres estar siempre juntos, se debe sacrificar y luchar por eso que quieres, y en el sexo, todo es un juego. No es seriedad, todo es un juego. Pero el resumen es el MORBO. Es una palabra que tanto al hombre mayormente y despues a la Mujer, motiva al maximo el deseo sexual. Una postura, una sugerencia, unas palabras fuertes de sexo, una mirada, un deseo, una historia vivida, en fin… muchas cosas mas que son ilimitadas y todo depende de la pareja.

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Así fue como entendí a Raquel

Ya durante la semana Raquel me avisó de que venía a la boda Jorge, aunque lo mas seguro es que viniera con su novia. Yo había intentado morbosear un poco y fantasear con mi chica de que durante la boda se dejara follar por Jorge en los baños, para recordar los tiempos pasados, pero ella enseguida me cortó el rollo y me dio pocas opciones.

Raquel se puso un vestido azul corto, que marcaba perfectamente las curvas de su cuerpo, sobre todo de su culazo, lo mas llamativo es que se había puesto unos zapatos con mucho tacón, cosa a la que no está acostumbrada y hacía que sus fibradas piernas lucieran todavía mas espectaculares. Desde luego que no iba a pasar desapercibida.

Antes de salir de casa y mientras ella se daba los últimos retoques en el espejo, me puse detrás de ella e intenté subir un poco su vestido, lo justo para ver que llevaba un tanguita…

– estás para follarte ahora mismo…a ver si luego ligas en la boda y te follas a algún tío en los baños de chicas para que se enteren tus amigas, jajaja

– muy gracioso, dijo ella bajándose el vestido y cortándome toda aspiración de llegar a algo más.

Cuando entramos a la comida tengo que reconocer que iba algo nervioso, no es que me importara mucho compartir mesa con Jorge, o Silvia y su novio o las amigas de Raquel, pero el saber que para todos mis compañeros comensales era un cornudo me daba una especie de cosquilleo especial.

En el primero que me fijé fue en Jorge, ya después de la misa le había visto hablando un par de veces con Raquel, aunque estaba su novia delante, luego me le había presentado y me había parecido un chico normal. Demasiado normal. No sé que habría podido ver Raquel en ese chico para estar todo el verano pasado follando con él.

Y luego estaba su novia que no es que estuviera mal, pero claro comparando con Raquel, no me extraña que Jorge se hubiera quedado pillado por mi chica, en el fondo me daba hasta pena la pobre chica, durante tres meses su novio se estuvo follando a otra. Era la otra gran cornuda de la mesa.

Tampoco es que pasara nada especial en la comida, mas que las miradas que todos me echaban, sobre todo el guaperas novio de Silvia, para el que seguramente yo era un pelele y con esa sonrisilla de suficiencia que me ponía de los nervios. Estaban hechos el uno para el otro. O eso pensé yo.

Luego cuando entramos en la discoteca y empezaron los bailes y tal, yo ya había bebido bastante durante la comida mas unas cuantas copas. Una de las veces coincidí en la barra con el novio de Silvia que también llevaba unas copas de mas. El cabrón fue bastante directo y mirando hacia donde bailaban o mas bien calentaban pollas Silvia y Raquel me dijo…

– ha venido hoy tremenda tu novia, dijo señalando hacia ella con la copa

– gracias, Silvia también ha venido muy guapa.

– hace tiempo que no veía una tía con unas piernas y un culo así…

– ¿como dices?…

– si, ya me ha contado Silvia del palo que vas, dijo poniéndome una mano en el hombro como si fuéramos colegas de toda la vida, eres de esos que no les importan que su piba se vaya con otros, has tenido suerte con Diego, que es un buenazo, o mala suerte según se mire, jajaja, si llego a estar yo en su lugar te aseguro que tu piba iba a estar muy bien follada ahora mismo, aunque bueno estamos a tiempo, si os interesa estoy disponible para lo que queráis.

Y después se marchó a bailar con las chicas como si nada, dejándome terriblemente humillado y excitado con mi copa en la barra, menudo chulo y gilipollas era el guaperas de gimnasio y como me habían excitado sus palabras. No sabía si debía contarle esto a Raquel o no, aquel tío se había reído de mi a la cara y había dejado poco menos que por zorra a ella, pero lo peor es que era el novio de su mejor amiga.

Preferí dejarlo correr, seguramente se debiera a que llevaba un par de copas de más y se había puesto mas tonto de lo habitual. Pero no tardó en ponerse a bailar con Raquel y juntar sus cuerpos peligrosamente, luego me echó una mirada mientras sonreía el muy cabrón, estuve tentado de hacer lo mismo con su novia Silvia y sacarla a bailar, aunque en ese momento ya estaba tan borracho que no sabía donde tenía el pie izquierdo o el pie derecho.

Ya siendo tarde veo a Jorge que se acerca a la barra a pedir una copa, el chico no se había separado en toda la noche de su novia, las pocas veces que habló con Raquel estaba ella delante, así que no creo que estuvieran hablando de lo bien que se lo habían pasado el verano pasado, pues eso que cuando se acercó a la barra me puse a su lado…

– hombre Jorge, oyes que quería darte las gracias que antes no he podido…

– ¿las gracias, porque?, dijo él extrañado.

– si, ya me contó Raquel que te portaste muy bien con ella en Londres, que te preocupaste de que estuviera bien.

– bueno lo normal, tampoco hice nada extraordinario, la ayudé a adaptarse lo mejor que pude, una ciudad nueva, el idioma, el piso, lo que hubiera hecho cualquiera…dijo Jorge

– pues si, cualquiera se la hubiera follado tres meses si mi novia se le pone a tiro, está bastante buena, ¿verdad?

– que dices tío, me dijo Jorge mirándome asustado y cogiendo la copa rápido para irse, anda déjame en paz.

– ¿y a tu novia se lo has contado?, seguro que ella no sabe nada…

– mira capullo, a mi novia ni se te ocurra nombrarla, dijo acercando su cabeza a la mía…

– tranquilo que no quiero problemas no voy a decir nada a tu novia. Raquel me ha contado todo lo que hacíais y no pasa nada, no estábamos juntos en ese momento, me gustaría darte las gracias por los conjuntitos que la regalaste, ahora los usa conmigo, si, me gusta que la vistieras como una puta, aunque solo dime una cosa…¿que te gustaba mas que te la chupara o metérsela por el culo?…

– eres patético tío, no sé que hace Raquel con un personaje como tu, me dijo dejando la copa en la barra y yendo rápido a buscar a su novia.

Después habló algo con su novia y casi sin despedirse de nadie se fueron. Yo creo que al tío le daba miedo de que al verme tan borracho pudiera formar un escándalo y su novia se pudiera enterar de que había estado follando con Raquel todo el verano.

Yo me sentí fatal en la barra, estaba deseando que terminara ya la puta boda, llevaba una borrachera de espanto y terminé la noche echándome unos bailes con la novia y luego con Silvia, como me ponía esa zorrita, que manera de moverse, como tenía que follar esa nena.

El novio de Silvia también bailaba con Raquel y de vez en cuando me miraba con una sonrisa como diciéndome…

— “no me importaría follarme a tu novia”

Cuando llegamos a casa Raquel me dijo que me había visto hablando con Jorge, que de que habíamos estado hablando, yo la dije que nada en especial, pues comentando alguna cosa de la boda…

Aunque estaba muy borracho, el haber visto todo el día como los invitados deseaban a mi novia, hizo que llegara a casa con unas ganas de follar terribles. Desde que habíamos salido por la mañana de casa ya tenía ganas de levantar el vestido de mi chica y follármela de pie contra la pared…

– espera, no te quites el vestido, dije acercándome a ella.

Como llevaba todo el día fantaseando puse a Raquel contra la pared de la habitación, dándome la espalda y levanté su vestido. Allí apareció su perfecto culazo, tan solo cubierto por un minúsculo tanguita. Acaricié una de sus nalgas y luego la otra y tiré de el hilillo del tanga para incrustárselo en el coño.
Ella dio un leve gemido antes de que bajara su ropa interior hasta la mitad de sus muslos. Torpemente me quité el cinto y me desabroché el pantalón hasta que conseguí sacarme la polla…

– te voy a follar zorra, dije con la polla completamente flácida.

Acerqué mi miembro a su entrepierna pensando que con el calor de su coñito enseguida se me iba a poner dura, pero no fue así, restregué mi colgajo por su húmeda rajita, pero en ese momento me di cuenta de que iba tan borracho que no se me iba a levantar…

– ¿me la vas a meter ya o que?, dijo Raquel esperando y posiblemente también excitada de haberse bebido alguna copa y de bailar con muchos de los chicos de la boda.

– joder, no puedo…

– déjame a mi, dijo Raquel echando la mano hacia atrás.

Se encontró con mi inerte pene y lo cogió con dos dedos…

– !!!pero si no la tienes dura¡¡¡, dijo sorprendida meneándomela con tan solo dos dedos.

Estuvo un rato así masturbándome, pero yo cada vez me encontraba peor, tenía un mareo de puta madre y la habitación me empezaba a dar muchas vueltas. Lo siguiente que recuerdo es a Raquel poniéndose de rodillas y metiéndose mi pichita en la boca.

Ya tenía que haber detenido todo aquello y no dejar que Raquel siguiera intentando inútilmente endurecer mi polla, sin embargo puso toda la carne en el asador, empezó a chupar con fuerza e incluso se metió mis huevos en la boca. Lo siguiente que recuerdo es su dedo indice incrustado en mi ano y chupando mi polla con mas rapidez…

– vamos cornudo…¿es que no se te va a poner dura, puto cornudo?…

Después salí hacia el baño justo a tiempo para vomitar en el retrete, yo creo que me quedé dormido en la taza y no sé cuanto rato estaría en el baño, pero cuando salí me encontré a Raquel en la cama boca abajo, desnuda, con una pierna flexionada hacia arriba y masturbándose sin ningún pudor. Se pegó una tremenda corrida y ni tan siquiera se preocupó por mi lamentable estado.

A partir del día siguiente empezó a cambiar todo.
Antes de la comida Raquel levantó la persiana de la habitación y se sentó en la cama, yo tenía una resaca importante…

– oyes, !!!tu que narices le dijiste a Jorge¡¡¡

– ¿Jorge??, ¿que dices?, no sé ni de que me hablas, vaya manera de despertarme.

– me acaba de mandar un whats…app, que si le dijiste que que prefería, que si darme por el culo o que se la chupara, que si le amenazaste con contarle todo a su novia…estoy alucinando…me ha dicho que no sabe que hago con un capullo como tu…

– yo no le dije nada de eso, que le jodan…

– pues claro que se lo dijiste, ¿que pasa que querías ponerte cachondo escuchando como te contaba lo que hacíamos él y yo?…¿ahora es eso lo que te pone…ya no te vale que te lo cuente yo?. Esto se te está yendo de las manos…te lo digo en serio…estás cada vez peor…mira voy a tranquilizarme porque no quiero decir nada de lo que me pueda arrepentir, pero el fin de semana que viene nos lo vamos a tomar para nosotros solos y vamos a hablar ya muy en serio.

Durante la semana apenas tocamos el tema, pero Raquel estaba muy rara conmigo, mas bien enfadada y yo no me atrevía a decir nada para no meter mas la pata.
El viernes cuando salió del trabajo Raquel del trabajo me dijo que la esperase en casa y los dos tranquilamente en el sofá comenzamos a charlar.

– mira, llevo toda la semana pensando en esto, en como afrontar la situación, en como exponer el tema, no sé ni por donde empezar, a ver, dime una cosa ¿tu que tipo de relación quieres conmigo?, dijo ella.

– pues ya lo sabes Raquel, te lo he dicho muchas veces, me gustaría que fuéramos una pareja abierta, liberal…sobre todo por tu parte, me excita que estés con otros, no lo puedo evitar.

– ¿y si te dijera que solo quiero estar contigo?…yo no quiero eso que tu quieres, no lo veo muy normal en una pareja.

– ¿normal? ¿y que es lo normal?, cada pareja vive su sexualidad de una manera y nadie de fuera tiene porque meterse, como hace por ej tu amiguita Silvia.

– ella no se mete, solo opina, opina que no es normal lo que tu quieres y yo pienso igual, ¿te gustaría que nuestros padres, amigos o compañeros de trabajo supieran lo que hacemos?, que yo esté con otros tíos y eso te excite, o en un futuro, que se enteraran nuestros hijos, ¿que pensarían de mi?…yo no puedo llevar una vida en que cada semana me esté acostando con un tío diferente, yo ni quiero ni puedo hacer eso…

– a ver, que te estás montando una película, yo no quiero eso, yo solo quiero que fantaseemos, que juguemos con estos temas, si, de vez en cuando incluso organizar un trío, pero de vez en cuando, puede ser una vez al año o cada 5 años, cuando surja, solo quiero pues eso, que no estés cerrada a estar con otros, puedes hacer lo que quieras, incluso si un día sales de fiesta y te apetece follar con un tío por lo que sea, pues lo haces y ya está, a mi no me va a molestar, solo quiero que lo compartas conmigo.

– ¿y tu de verdad piensas que una relación puede funcionar así?

– pues claro puede, muchas lo hacen y les va fenomenal, dije yo, si miras en Internet lo puedes ver, hay muchísimas parejas que son liberales y disfrutan de la sexualidad sin tapujos…

– pues a nosotros ya sabes como nos fue o te tengo que recordar lo de Miguel…

– mira, lo de Miguel fue un error claramente, quizás nos sobrepasó todo aquello, no teníamos experiencia y fue demasiado fuerte, ya empezó todo con mal pie en Mallorca, luego cuando seguías con él a mi me dejaste de lado…

– puede ser, pero no sé si ese es el problema o no, mira ahora con lo de Diego, tan solo me he enrollado con él y también me sentí fatal, a parte que no me gusta como me miran mis amigas, en general no me gusta ser así y las consecuencias que tiene este tipo de “relaciones”

– olvídate de tus amigas, de lo que te dicen, de lo que dice Silvia, esto es una cosa nuestra, no sé que es lo que te bloquea, pero sé que esto te gusta, puedo notar como te excita estar con otros y tu lo sabes, a lo mejor es que te da miedo, pero tienes que reconocerlo esto te pone tanto a ti como a mi, o no me digas que no disfrutabas cuando follabas con Miguel…

– si, pues claro que me pone, pero yo no puedo hacer eso, me siento fatal porque no me reconozco en mi misma. ¿quieres que te reconozca que me daba morbo también?, pues claro, cuando estaba con Miguel cuanto mas me dejaba hacer y mas oscuro y sucio me parecía todo mas me excitaba, era una excitación como nunca he tenido, me temblaba el cuerpo y casi no tenía ni voluntad, hacía lo que él me pedía y me corría de una manera increíble, pero cuando terminábamos me sentía fatal, cada vez peor.

Era un círculo vicioso, cada vez disfrutaba mas y luego cada vez me iba sintiendo peor, incluso con Jorge llegué a tener esa sensación, cuando follaba con él en Londres ya sabía que iba a volver contigo, eso es lo que yo creo que realmente me ponía, dejarme follar por él sabiendo que luego iba a volver contigo…

ese cosquilleo en el estómago, esa sensación…la tenía olvidada…hasta el otro día en la casa rural…cuando me enrollé con Diego en la habitación, me puse súper nerviosa, otra vez el estómago revuelto, me temblaba el cuerpo y las piernas, me entró un calentón que ni te imaginas, no te lo dije, pero si Silvia hubiera tardado 5 minutos mas en entrar en la habitación nos hubiera pillado follando en la cama…me hubiera dejado follar…lo tengo clarísimo y menos mal que entró, pero luego me sentí fatal conmigo misma sobre todo, me sentí muy mal, solo quería volver a casa contigo…es que yo no quiero ser así…no quiero ser esa clase de tía…

– pero no lo puedes remediar…tu quieres estar conmigo y además quieres follar con otros, te da morbo ponerme los cuernos porque sabes que me gusta, solo tienes que aceptarlo Raquel, te lo digo en serio, no te comas la cabeza con estos temas, yo por mi parte no voy a insistir mas, vamos a dejar que pase un tiempo, podemos seguir fantaseando con ello y cuando tenga que pasar algo de verdad pues pasará…

Así mas o menos terminó la conversación…


con una Raquel muy confundida con estos temas y mas bien negativa, pero sin cerrarse del todo a estar con otros, lo importante es que después terminamos follando en el sofá como hacía tiempo que no lo hacíamos.

Aunque no lo quisiera reconocer ella también se excitaba como yo hablando de estas situaciones.

Ese fin de semana Raquel salió de fiesta conmigo, era evidente que había habido un pequeño distanciamiento entre ella y sus amigas, parecía que estaba evitando salir con ellas. Quedamos con mi grupo de amigos y sus novias, también estaba Rodrigo, el amigo de mi colega.

Cuando estábamos en uno de los bares, se acercó a hablar con unas chicas que debían estar sobre los 35 años o así, estuvo un buen rato y luego volvió con nosotros. Al final consiguió el teléfono de una de ellas, lo bueno es que de ese grupo de chicas todas estaban casadas.

– seguro que le ha dado un teléfono falso, solo se lo ha dado para que las deje tranquilas, me dijo Raquel que había observado la escena.

Sin embargo ya antes de irnos a casa, el tal Rodrigo recibió una llamada de teléfono, le estaba llamando la casada para quedar en un bar. Después nosotros nos fuimos para casa y no sabemos como terminó la cosa…

– ¿has visto Raquel?, estas cosas son mas normales de lo que te piensas, no sé si Rodrigo llegará a algo con ella o no, pero yo si fuera el marido de esa tía preferiría saberlo y dejar que ella haga lo que quiera y no que esté quedando con un tío a escondidas de mi y sea un pobre infeliz cornudo…

– a lo mejor el marido “es de los tuyos” también, dijo Raquel.

Esa pequeña broma me indicó que empezaba a aceptar un poco todo este tema de la infidelidad consentida y yo cada vez estaba mas contento por ello.

Luego entramos en un bar Raquel y yo solos y estuvimos fantaseando con que le entraba tal chico o este otro y poco a poco entre nosotros nos fuimos calentando muchísimo. Al final tuvimos que irnos a casa porque no nos podíamos aguantar mas las ganas de follar.
Durante un par de fines de semana Raquel estuvo saliendo sola conmigo y seguimos con estos pequeños juegos, pero sucedió algo que yo esperaba.

El novio de su amiga Silvia había cortado con ella. Habían durado unos pocos meses y yo después de ver como era en la boda ya me lo podía imaginar. Aquel guaperas se estuvo follando a la rubita hasta que se cansó de ella.
Pero Silvia no es de las que se quedan llorando en casa, llamó a Raquel que el sábado siguiente no quedara con nadie, que iban a salir las dos en plan guerreras.

Por la mañana estuvieron de compras las dos y a eso de las 22:00 Silvia vino por nuestra casa y se encerraron las dos en el baño y luego en la habitación para prepararse.

Cuando salieron me quedé alucinado, no puedo recordar que llevaba Silvia en la parte de arriba porque llevaba unos leggins negros tan ajustados que se marcaba su coño y su culito casi como una segunda piel. Pero lo mas excitante es como iba vestida Raquel. Llevaba una camisa blanca y se la marcaba el sujetador negro por debajo, una minifalda negra de talle alto por encima del ombligo pero que era cortísima, le tapaba el culo a duras penas y unos calcetines- medias con dibujos de altura, justo hasta las rodillas con unos zapatos en cuña. Además se había puesto unas extensiones en el pelo y su melena volvía a lucir como antes de habérsela cortado el año pasado.

Casi me empalmé de inmediato pensando en que iban a estar rodeadas de tíos toda la noche. Lo que no podía imaginar es que Raquel iba a follar con otro. Yo creo que ni ella misma salía con esa intención, pero sucedió…

Esa noche Raquel terminó con una polla dentro de ella para volver a convertirme en cornudo.

Yo salí con mis amigos y sus respectivas novias, como últimamente, me tocó justificar la ausencia de Raquel diciendo que había salido con su amiguita Silvia. También salió con nosotros Rodrigo (amigo de Felipe, uno de mis mejores colegas). Ya os había contado que es un chico de 30 años que estuvo muchos años con su novia de siempre y que ahora que se había separado se estaba desmelenando.

Le estuve preguntando por sus ligues y que que tal le había ido con la casada con la quedó hacía unas semanas. Me dijo que con la casada al final no había pasado nada, que tan solo era una calienta-pollas con ganas de zorrear…

– pero ayer quedé con una tía por la aplicación esta del Tind..r y estuvimos toda la tarde follando en mi casa, tenía 24 años y no estaba nada mal, echamos tres buenos polvos…no creo que volvamos a quedar, me dijo como si fuera lo mas normal del mundo.

Luego Rodrigo enseguida se puso a hablar con un grupo de tías intentando ligarse a alguna, aunque no tuvo mucha suerte no perdía el tiempo. Yo aquella noche no tenía muchas ganas de salir de fiesta y mas o menos pronto me marché para casa. (serían las 2 o así). Mientras iba a casa llamé a Raquel a ver que tal se lo estaban pasando. No me contestó la llamada pero cuando estaba llegando a casa me llamó ella.
Estaba algo mas contentilla de lo habitual, había bebido algo y como no lo suele hacer, enseguida se le nota…

– que no tenía cobertura antes…por eso no te lo cogí, nos hemos encontrado con Hugo y unos amigos y nos ha invitado a una copilla, me dijo

– ¿Hugo tu jefe?…no me fastidies…

– si, ha estado mucho mas simpático que en el trabajo.

– oyes, ten cuidado con ese tío.

– jajaja, no te preocupes que le ha gustado a Silvia, yo no voy a hacer nada con él ni de coña…

– o sea que seguís con ellos, ¿no?.

– si, nos han dicho de ir a tomar otra copa.

– bueno no te pases que ya te veo un poco borrachilla…jajaja, dije yo.

Llegué a casa y ciertamente tampoco es que me quedara muy preocupado, al fin y al cabo no soy nada celoso, es mas no me hubiera importado que se follara a su jefe, aunque con lo mal que le caía y lo mal que hablaba de él pues lo dudaba mucho.
Un rato mas tarde me quedé dormido y ya bastante de madrugada me despertó un ruido en la habitación. En la oscuridad pude ver a Raquel que había tropezado con una silla mientras miraba la pantalla del móvil…

– ¿que haces Raquel?

– nada que me he tropezado.

Se metió al baño de la habitación para quitarse las extensiones de el pelo, yo la veía con esa faldita marcando culo a lo bestia y esas medias de colegiala que hacía que tuviera mas pinta de guarra. No tardó mucho en venir a la cama mientras seguía chateando por el móvil…

– ¿con quien hablas?, dije yo.

– con Silvia, dijo dejándose caer en la cama.

– anda que vaya borrachera que traes guapita.

– borracha no, contenta si, dijo inclinándose para darme un muerdo, le estaba contando a Silvia que al final lo he hecho.

– ¿que has hecho que?

– lo que me había dicho…lo que querías tu también

– ¿lo que quería yo?…no entiendo nada de lo que dices…

– si, que me he tirado a un tío en su coche, dijo dejándose caer hacia mi para darme un muerdo, donde pude notar su aliento a una mezcla de alcohol y chicle de menta…

En cuanto dijo eso pegué un bote en la cama y me desperté de golpe. Mi polla también se despertó…

– ¿como que te has tirado a un tío?…que dices.

– si, nos hemos encontrado a unos chicos y uno de ellos me ha traído a casa en su coche, Silvia me ha dicho que me lo tirara, que a ver si me atrevía y como sé que a ti no te importa y mira con el alcohol tenía ganas…así que lo he hecho…

– ¿que te has follado a un tío en su coche?…¿A QUIEN?….no me jodas que te has tirado a tu encargado!!!!!

– ¿a Hugo?…no hombre, pero que dices!!!!…hemos estado un rato con ellos, pero una horilla o así, luego otra vez nos hemos ido solas…

– entonces quien ha sido, ¿le conozco?, joder que fuerte…cuéntame todo, como ha sido.

Mi cabeza no paraba de darle vueltas a todo aquello, exactamente no sabía ni que preguntar, solo sé que estaba sintiendo esa sensación de morbo, excitación y sumisión propia de los cornudos. Raquel desde luego que lo sabía y me metió la mano por dentro del pijama para agarrarme la polla. Su teléfono no dejaba de sonar y de recibir mensajes de whats..app de su amiga Silvia…

– y que lo mismo te da quien haya sido si ya estás así de empalmado…

– no te creo nada de lo que me estás contando…dije yo.

Raquel se río y luego se puso de pie al lado de la cama, encendió la luz de arriba y se alisó la faldita tirando de ella hacia abajo…

– mira…

Efectivamente en el medio de la falta había como una mancha así de color blanco a la altura de su tripa. Parecía una mancha de semen sin ninguna duda…

– ¿que es eso?, pregunté sabiendo la respuesta.

– ¿te lo tengo que decir?, dijo ella volviendo a apagar la luz para encender una mas suave de la mesilla.

Se volvió a tumbar a mi lado torpemente por el alcohol y volviendo a agarrarme la polla y me susurró al oído…

– se me ha corrido encima…

Aquellas palabras me excitaron terriblemente. Casi me explota la polla al instante…

– joder esto es demasiado!!!…vamos dime que ha pasado, con quien has estado…

– pues mira estaba con Silvia en el bar…y nos hemos encontrado con Felipe y su amigo Rodrigo que va siempre con él…

– ¿Felipe y Rodrigo?…¿y que tienen que ver ellos en todo esto?…

– no te enteras David, pues Rodrigo me ha traído a casa en su coche y bueno…pues…eso que he follado con él.

– ¿con Rodrigo?…¿y de que le conoces?…

– de nada, de alguna vez que le he visto con vosotros, estábamos en el bar y nos ha visto Felipe a Silvia y a mi, ha venido a saludarnos y Silvia que ya llevaba unas copillas también se ha puesto a zorrear un poquillo con ellos, el pobre Felipe ha invitado a Silvia a un par de copas, la muy cabrona le ha sacado lo que ha podido, yo ya sabía que no quería nada con él (si vierais a Felipe, mas bien feo, y al ex de Silvia lo entenderíais) y su amigo se ha puesto a hablar conmigo.

— El muy cabrón como me ha visto que iba con el puntillo no te creas que se ha cortado, se me ha empezado a insinuar, que si que buena estaba, que si fueras mi novia te iba a dejar sola…cosas así, me ha agarrado de la cintura incluso y también me ha invitado a una copa, luego se la ha ido la mano y me ha tocado el culo un poco, enseguida le he dicho “quieto que vas muy rápido”…no te creas que ha respetado mucho a la novia de su amigo…

– hombre, tampoco es muy amigo, pero estoy alucinando con lo que me cuentas, ¡¡¡es que no me lo creo!!!

– Silvia se ha dado cuenta de que me metía mano y que se pegaba a mi, nos hemos quedado con ellos y luego mas tarde nos ha dicho Rodrigo que nos llevaba a casa en su coche, me ha dicho Silvia que me pusiera delante con él y que luego llevara a su amigo Felipe primero a casa, luego que la llevara a ella y cuando se baja del coche dice “que lo paséis bien, mañana me cuentas”.

No tenía intención de hacer nada, pero al momento recibí un mensaje de ella, “oyes no está nada mal el chico, si yo fuera tu me lo tiraba, jajaja”, la había estado contando a Silvia lo que hablamos el otro día y todo eso y ella me decía que no fuera tonta, que me hartara a follar y que te jodieran, cosas así…total que al final la respondí “pues mira, a lo mejor lo hago”…

– ¿y al final lo has hecho?….¿de verdad que te has follado a Rodrigo?,no me lo puedo creer, esta misma noche me ha estado contando como folla todo lo que puede, como entra a todas las tías y el cabrón se acaba follando a mi novia..es de locos!!!

– pues no tenía intención, pero había bebido, tenía ganas de sexo, el chico no estaba mal, íbamos solos en su coche…no sé, se ha juntado todo un poco, cuando me ha traído le he dicho que fuera ahí a la calle de las oficinas.

La calle de las oficinas es una calle que está a un minuto de nuestra casa y que en fin de semana pues está prácticamente vacía, es más muchos la usan como picadero para ir con el coche, aunque como digo suele estar vacía.




La calle de las oficinas es una calle que está a un minuto de nuestra casa y que en fin de semana pues está prácticamente vacía, es más muchos la usan como picadero para ir con el coche, aunque como digo suele estar vacía.


– cuando hemos parado allí, pues solos y tal, pues me ha puesto la mano en el muslo nos hemos mirado y nos hemos empezado a enrollar, solo iba a hacer eso con él, besos y tal y ya está, de verdad que si, pero me ha empezado a meter mano, hemos empezado los dos a respirar mas fuerte, los gemidos, se ha empezado a empañar el coche, estaba todo en silencio y solo se oían nuestros besos, me ha empezado a dar mucho morbo la situación y él me ha metido la mano bajo la falda y me ha acariciado, si, me ha acariciado el coño…¿que te parece?

luego me ha abierto un poco mas las piernas y apartando el tanguita me ha metido un dedo dentro, me ha cogido la mano y la ha puesto sobre su paquete, en ese momento he pensado que ya era mas de lo que tenía pensado hacer e iba a detener aquello, como yo no movía la mano, el mismo se ha sacado la polla y ha hecho que se la cogiera, me ha dicho…

— “vamos, menéamela”

y se lo he hecho así, como te lo estoy haciendo ahora a ti…

Detuve su mano porque si no lo hubiera hecho ya me hubiera corrido en ese momento. Me parecía todo como un sueño, allí recién despertado, sin haber asimilado aquello, escuchando como mi novia se había follado a un amigo de mi colega en su coche. Era todo muy surrealista y Raquel no dejaba de hablar…

— espera no te corras, dijo alejando su mano de mi cuerpo, deja que te lo cuente, si no lo hago hoy a lo mejor ya no lo hago…
— pues eso que en cuanto le agarré le polla ya supe que íbamos a follar, fue el momento en que ya no había vuelta atrás, se la estuve meneando un poco, pero él no quería acabar así, echó el asiento del coche hacia atrás, se recostó un poco y me dijo que me pusiera encima, yo lo hice y se me levantó el vestido.

Justó miré hacia su faldita y vi lo corta que era, tampoco era muy difícil que se la subiera, me fijé en su tanga medio transparente que asomaba y así medio recostada como estaba metí la mano entre sus piernas.
Tenía el coño muy húmedo y me puso muy cachondo el pensar que unos momentos antes la polla de Rodrigo había estado metida en él. Un poquito mas y yo haría lo mismo. No todos los días se tiene la oportunidad de follarte a tu novia minutos después de que otro lo haya hecho…

– luego pues bueno se puso un preservativo y echamos un polvo en el coche, no hay mucho mas que contar…

– me dejas de piedra, tengo que asimilar todo esto, por supuesto que tienes muchas cosas mas que contarme, quiero todos los detalles!!!!, pero es que de verdad sigo sin poder creérmelo…

Volvió a vibrar el móvil de Raquel en la mesilla…

– pero ¿quien te manda whats…app a estas horas?

– debe de ser Silvia, mira el móvil si no te lo crees.

Me dejó su móvil y empecé a leer la conversación que había tenido con ella ese día un rato antes. Supuse que iría hablando con ella mientras Rodrigo la traía a casa en su coche…

– 6:38. eres una cabrona (Raquel)
– 6:38 pq???, jajaja (Silvia)
– 6:39 por decir lo de que lo paséis bien al bajarte
te has pasado
– 6:39 te lo vas a tirar?
No está nada mal el chico
yo lo haría
– 6:39 serás zorra, jajajajaja
pues puede que lo haga
– 6:40 no te atreves, venga hazlo
luego me cuentas, eh
– 6.40 anda calla. que no voy a hacer nada, jajaja



– 7:20 ya está, joder tía lo hemos hecho en su coche (Raquel)
– 7:20 si, ya, no me lo creo
– 7:21 es verdad, ya sabes que con estas cosas no bromeo
te dejo que entro en casa
mañana te cuento
– 7:21 no me dejes así, cuéntamelo
serás cabrona!!!!!!!
– 7:31 vamos cuéntamelo (Silvia)
estás ahí?
– 7:35 eooooooooooo (Silvia)
– 7:37 que haces tía? (Silvia)
– 7:41 estás ahí??? (Silvia)
Raquelllllllllllllllllllllll

Raquel me cogió el móvil de la mano se tumbó a mi lado y puso a chatear con su amiga mientras yo leía lo que ponía…

– 7:43 estoy aquí con David, se lo estaba contando (Raquel)
– 7:43 venga ya (Silvia)
en serio??
pero que le estás diciendo exactamente
– 7:44 pues que va a ser, lo de Rodrigo (Raquel)
– 7:44 esto es muy fuerte tía
es para no creérselo
– 7:45 cuidado con lo que dices que lo está leyendo (Raquel)
– 7:45 jajaja que mentirosa (Silvia)
– 7:45 espera (Raquel)

Y así a mi lado se puso a llamar a su amiga por el teléfono. Oía los tonos perfectamente…

– ¿pero que haces?, dije yo
– shhhhhh, un momento, si Silvia espera a ver si te lo crees ahora, toma di algo, dijo Raquel poniéndome su móvil en la boca

Yo negaba con la cabeza, diciendo que no y en voz muy bajita le decía que colgara, pero Raquel insistía y al final dije un patético…

– hola Silvia.

Lo justo para que ella supiera que estaba al otro lado de la linea, luego Raquel se despidió de ella…

– mañana hablamos, ciaooooo

Ya os podéis imaginar en el estado de calentón que tenía en ese momento, mi polla se había vuelto a poner durísima y amenazaba con explotar de un momento a otro. Era el momento de follarme a Raquel que divertida sobre la cama me había vuelto a agarrar la polla para meneármela lentamente…

– ¿te ha puesto cachondo que se lo haya contado a Silvia?

– sabes que si, pero me pone mas que te hayas follado a otro..

– como te gusta ser un cornudo, jajaja…joder que cornudo eres, ya no solo lo saben mis amigas, ahora se van a enterar todos tus amigos…cornudo!!!

– Raquel para…para…

– ¿ya te vas a correr cornudo?…

– para, para, quiero metértela…dije yo, pero Raquel ya no me hacía caso…

– ¿te gustaría que Silvia te llamara también cornudo?…¿ te gustaría?.

Sin dejar de masturbarme la polla con la otra mano cogió el móvil y escribió de nuevo a su amiga, fue bastante directa…

– 7:49 lo está leyendo David, llámale cornudo (Raquel)
– 7:49 estas de coña, no tía? (Silvia)
– 7:49 de verdad que no
por fi, hazlo…

Raquel se puso a acelerar su paja, luego me dio el móvil mientras yo esperaba a que su amiga pusiera algo. Fueron unos segundos eternos…

Silvia (escribiendo…)…
y justo apareció en la pantalla del móvil…

– 7:50 cornudo!!! (Silvia)

Y mi polla explotó en una apoteósica corrida, gemía en alto como si me estuvieran matando, no podía parar de correrme y la leche salía disparada hacia todos lados mientras Raquel borracha a mi lado se reía a carcajadas.

Después de la tormenta viene la calma y cuando terminé de correrme me sentí raro. Ni bien ni mal. Solo raro. Casi eufórico. Sin duda era el comienzo de una nueva etapa de pareja, Raquel había asumido lo que yo tanto quería. Me iba a hacer feliz, un cornudo feliz.

Pero no era el comienzo de una nueva etapa. Era el comienzo del fin…

Esa misma noche se metió en la ducha y tardó un buen rato en salir, yo mientras tanto la estuve preparando el desayuno. Cogí su ropa sucia y me quedé mirando la mancha de semen que había en su falda, casi al instante me empalmé otra vez.
Un tío se había follado a mi novia y se había corrido encima de ella, todavía no me lo podía creer.

Desde que había vuelto de Londres y nos habíamos reconciliado habría pasado un año justo mas o menos, un año en el que estuve insistiendo en el tema de que estuviera con otro, hasta que lo había conseguido. Pero eché la vista mas atrás, en el último año y medio mi novia Raquel se estuvo follando dos meses a Miguel, tres meses a Jorge en Londres (aunque estábamos separados temporalmente), se enrolló con Diego y ahora se había follado a Rodrigo en su coche.

No estaba nada mal, mi novia sin pretenderlo se había convertido en una buena zorra y ni tan siquiera se había dado cuenta. O eso pensé yo.

Salió de la ducha con mala cara, le estaba dando el bajón de la borrachera y se sentó a desayunar con casi la mirada perdida…

– me voy a meter en la cama, estoy muy cansada, dijo después de tomarse el zumo y la tostada que había preparado.
Yo salí a hacer un rato de deporte con la bici, cuando volví pasado el mediodía Raquel todavía estaba metida en la cama, preparé la comida y luego fui a llamar a Raquel…

– vamos despierta, que ya está preparada la comida…

– no me apetece comer, me voy a quedar durmiendo un rato más, me dijo.

– como quieras,¿oyes luego iba a venir Silvia a cenar, no?, ¿a que hora habéis quedado?…

– puf, mierda Silvia, dijo cogiendo el móvil de la mesilla, ni me acordaba…no me apetece que venga esta noche a casa después de lo de ayer, joder que vergüenza!!!!, ahora la mando un mensaje para que no venga.

Ese día Raquel se quedó hasta la noche metida en la cama, al día siguiente tenía que trabajar y se quería recuperar bien de la borrachera, por la noche se levantó para cenar conmigo, pero no hablamos nada del tema de Rodrigo y lo que había pasado, preferí dar tiempo a Raquel para que fuera asimilando todo lo que había pasado.

Pero durante la semana seguíamos sin hablar del tema, yo intenté hacerlo un par de veces, pero Raquel no quería, me dijo que no insistiera que no me pusiera pesado.
El fin de semana siguiente salimos a cenar ella y yo solos y a la vuelta echamos un polvo en casa, ahí me contó algo mas de lo que había pasado con Rodrigo y fantaseamos mientras me la follaba, pero encontraba rara a Raquel.

Esa semana quedó varias veces con su amiga Silvia, seguramente a ella si que le contaba todo y me imagino a su amiguita diciendo a Raquel que me dejara, que si era un cornudo, que como me podía permitir que hiciera eso, que esa relación no iba a ningún sitio…. Me consta que Silvia hizo campaña en plan amiga hija de puta para que Raquel cortara conmigo.

El siguiente fin de semana celebrábamos el cumpleaños de dos de mis amigos del grupo, salimos con todos mis amigos y sus novias, hasta había venido Luisillo del extranjero, no me di cuenta de que también iba a venir Rodrigo.
Cuando me presenté con Raquel y vimos a Rodrigo la situación se hizo algo incómoda, sobre todo para mi novia que tampoco había caído en la cuenta de que Rodrigo pudiera venir.
En toda la noche no había hablado con él, era como si le estuviera evitando, pensé que haciendo eso él podía pensar que yo sabía que se había follado a mi novia, así que una de las veces que Raquel estaba hablando con las chicas me acerqué a él…

– ¿que tal Rodrigo?…¿como van esos ligoteos?…

– pues esta semana poca cosa, la pasada quedé con una tía el sábado que conocí por el Bad…o, no era gran cosa pero echamos un polvo bueno…

– joder…no paras tío.

– ya te digo, las chicas hoy en día no se cortan, van a lo que van, como nosotros a follar y punto…y yo encantado, hace dos fines de semana ya te dije que quedé con una por la aplicación del Tind…r y al día siguiente me ligue a una en un bar y me la tiré en el coche.

Se me aceleró el corazón cuando dijo eso, sin ninguna duda se estaba refiriendo a Raquel aunque sin decir su nombre claro. Joder el muy cabrón no se iba a cortar un pelo y me iba a contar como se había follado a mi propia novia…

– estaba muy buena y encima tenía novio…

– vaya zorras que hay por ahí, dije yo

– ni te lo imaginas, yo la conocía de vista y sabía que tenía novio, iba con una amiga y se nos pusieron a zorrear las dos en plan calientapollas, a esas hay que darlas caña y la sobé el culo un par de veces, ella no me dejaba pero iban contentillas y me aproveché, dije… por lo menos que me quiten lo bailao.

– pues si, eso por calientapollas, me joden esas tías…

– y a mi, luego nos dijeron que si las llevábamos a casa en el coche y al final pues las llevamos, las tías ya nos habían sacado un par de copas y encima tenía que llevarlas a casa, me quedé con la chica esta en el coche y la llevé a casa y cuando llegamos me dice que me meta en una calle que estaba medio vacía, yo me quedé que no me lo creía.

– normal, dije yo

– entré con el coche y no me corté un pelo, fui a saco y ella no dijo nada, nos empezamos a enrollar y enseguida se dejó meter la mano en el coño, vaya morbazo que me dio, es que estaba muy buena y tenía un culazo!!!!!…se me sentó encima y ahí ya pensé que no se me podía escapar que me la tenía que follar.

– ¿y lo hiciste?, dije yo ya empalmado escuchando a Rodrigo como se había follado a una guarra con novio en su coche (que era Raquel).

– si, la tía sabía lo que se hacía, ella misma me agarró la polla para metérsela, como me gusta eso!!!, luego no podía apartar las manos de su culo mientras lo hacíamos y como se movía, no iba a aguantar nada, solo quité las manos de su culo para desabrocharla la camisa y quitarla el sujetador, quería ver sus tetas…

– ¿tenía buenas tetas también?

– las tenía pequeñitas, pero muy bonitas, quería chupárselas mientras follábamos, me encantó el polvo que echamos, ¿sabes que es lo que mas me jodió?

– que…

– que no pude ver su culo, eso me jodió mucho, se lo pude tocar, pero no se lo pude ver, me hubiera encantando ver ese culazo, eso si un par de azotes buenos si que la pegué, como sonaba ese culo!!!…mmmmm…jajaja…

– ¿y has vuelto a quedar con ella?, pregunté yo.

– no, no creo que vuelva a repetir, hombre si surge no me importaría, está muy buena y ese culo que tiene bien merece una follada por detrás, pero ya te dije que tiene novio y no creo que volvamos a hacer nada…eso sí por lo menos me corrí encima de ella, se lo eché todo por encima del coño, es como marcarlas tío, eso ya no lo va a olvidar nunca cuando ella me vea, pensará “ese tío se me corrió encima”. Esas cosas me ponen mucho.

Entonces me miró y lo vi en su cara, por supuesto que se había dado cuenta de que yo sabía que estábamos hablando de Raquel. El muy cabrón se había estado regodeando, contándome como se había follado a mi novia. Y yo estaba tan excitado que no supe ni que decirle ni que mas hablar con Rodrigo.

Raquel para él no era mas que otra tía de las que se follaba los fines de semana y seguro que le había dado mucho morbo contar a su novio como se la había follado. Se lo había pasado de puta madre a mi costa.

Ya me había dado cuenta de que Raquel no dejaba de mirarnos desde donde estaba con las otras chicas, me imagino que estaría pensando que que es lo que yo tenía que hablar con Rodrigo después de lo que había pasado entre ellos.
Cuando se fue Rodrigo el que se me acercó fue mi amigo Luisillo, al que le gustan las cosas muy claras y siempre se sincera conmigo…

– no me gusta nada ese tío, es un cabrón, dijo Luisillo

– bahh, tampoco es para tanto, se las quiere dar de ligoncete.

– yo que tu no hablaría mucho con él.

– ¿y eso?

– tengo algo que contarte, pero casi prefiero hacerlo otro día, no quiero que se prepare ninguna bronca ahora

– ¿porque se iba a montar ninguna bronca Luis?…me estás dejando intrigado.

– es por ese tío, pero de verdad que casi prefiero decírtelo otro día, dijo él.

– venga dime lo que sea.

– pues te lo digo, pero tranquilo eh…no quiero que te pelees ni nada…pues… dicen los chicos que Raquel y ese se han…joder es difícil decir esto…

– ¿que se han que…?

– pues ya sabes que se han liado, que dicen que tu novia y ese se han acostado juntos.

– ¿Raquel con Rodrigo…?, pero que dices, ¿quien va contando esas bobadas?.

– pues Felipe que es amigo suyo, lo saben todos, un día se debieron encontrar de fiesta y llevó a casa a Raquel en el coche y lo debieron hacer en el coche, vamos que tu novia y el Rodrigo ese se lo montaron en el coche.

Me quedé mirando a todo mi grupo de amigos y sus novias, era como si me estuvieran mirando todos o a mi me lo parecía, me entraron unos sudores fríos y me sentí el centro de atención.

Así que ya todos sabían que Rodrigo se había follado a mi novia, en ese momento solo quería desaparecer lo mas rápido posible. Me despedí de Luisillo…

– no hagas caso a todo lo que dicen…ya te digo yo que eso que me has contado es mentira…

y me dirigí donde Raquel para decirla que nos íbamos para casa.
Fue una salida apresurada y cuando llegamos al coche me dijo que que me pasaba, que me encontraba muy serio y porque no habíamos ido de esa manera…

– me ha dicho Luisillo que bueno…que ya saben todos lo que pasó entre Rodrigo y tu…lo saben todos mis amigos.

– ¿y ahora te enfadas por eso?

– no estoy enfadado, es solo que…

– pues claro que estás enfadado, ahora que se han enterado todos tus amigos que tu novia es una guarra y se ha follado a otro ya no te gusta tanto, ¿a que jode verdad?…no decías que no pasaba nada cuando era al contrario, que mis amigas me miraban mal por hacer esas cosas, decías que eran cosas mías…pero claro ahora te ha tocado a ti y ya no es lo mismo…

– es que no tenias tíos para follarte que tienes que hacerlo con uno de mi grupo de amigos!!!!!!

– pero tu eres gilipollas o que te pasa!!!!!!…o sea que llevas meses…no…meses no, mas de un año diciendo que me folle a otros que eso es lo que te pone, todo el día con lo mismo, todo el día igual con el mismo tema y cuando lo hago que con ese no, que claro ahora se han enterado todos tus amigos ya no te gusta, ¿no querías ser un cornudo?…pues ahora te jodes!!!!!…ya te dije que esto lo que va a hacer es que acabemos muy mal, pero parece que no te entra en la cabeza joder!!!!!!!!!

– lo siento Raquel no quería decir eso…

– pues claro que querías decir eso y por cierto ¿que coño hablabas con Rodrigo?…¿te ha estado contando como me follaba y eso te ha puesto cachondo?…es que no te entiendo…¿te enfadas o te pones cachondo?…a ver si te aclaras porque tienes tu mas lio que yo me parece a mi…

– venga vamos a casa que no quiero seguir hablando de esto…

– pues muy bien, a lo mejor cuando quieras tu hablar no me va a apetecer a mi…

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Una tarde de confinamiento



Una tarde de confinamiento

La otra tarde estábamos en el salón de casa, David y yo viendo una película en la televisión, durante este confinamiento hemos visto muchas, pero esta tenía una carga de erotismo que sin llegar a ser porno, las escenas te ponían caliente.

Note mis pezones como se erizaban y como mi vagina se iba humedeciendo. David estaba sentado en el sofá pequeño y yo en el de tres plazas, llevaba un blusón blanco que me había puesto después de darme una ducha, sin ropa interior para estar cómoda.

Me empecé a acariciar los labios del coño y vi como la mirada de David se posaba sobre mí y estaba atento a lo que hacía, me puse cachonda de inmediato y le dije…

— me estoy poniendo muy cachonda… saca tu polla…

Sin mediar palabra y con una mueca de picardía en su cara sacó su polla y empezó a moverla de arriba abajo sin parar.
Yo al ver aquello, la dureza de su polla, el goteo que brotaba de su punta y los movimientos de su mano…

Me di cuenta de que me había metido un dedo en mi vagina y mi mano se movía cada vez más de prisa, tenía la mano empapada de mis jugos y un calor intenso en mi interior, el cosquilleo era intenso, me retorcía de placer y gemía cada vez más alto. Abrí las piernas todo lo que pude para que David viera mi coño como estaba de excitado.

Su mirada se clavó en mi, sus ojos me devoraban, se humedecía los labios y yo no podía más y le dije…

— ponme la polla en la boca…

Se levantó y se acercó, agachándose y poniéndome su polla chorreante en la boca, el sabor y calor de su miembro en la boca hizo que explotara casi al momento. Fue un estallido tremendo, no podía dejar de chupar su polla y David continuó haciéndose la paja con mi boca pegada a su prepucio y al minuto le oí gemir y decir…

— ya viene, ya, yaaaa…

Explotó en mi boca y trague todo su líquido. Después nos dejamos caer en el sofá hasta recuperar el aliento.

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Encajábamos muy bien



Encajábamos muy bien

Siempre quise aprender e investigar, saber más sobre sexo. Descubro el sexo pleno con una pareja con la que mantuve relación durante un tiempo. Éramos uno, encajábamos a la perfección. Con él hubiera llegado a probar todo tipo de cosas que me hubiera propuesto, follabamos en todas partes…. en el coche, hoteles, baño, cocina, sillas, mesas, practicábamos posturas…. de pie, sentados, en el suelo, 69…..


Recuerdo la primera vez que me hizo correrme dos veces…..


follabamos a diario y esa noche no iba a ser menos, como siempre me puse una camiseta corta, sin ropa interior, después de darme una ducha, el estaba con un slip sentado en el sofá. Mientras terminaba de preparar la cena en la cocina, se acercó por detrás y empezó a rozarme con su polla por detrás, ufff como me ponía notar su polla dura en mi culo. Se quito el slip y me la metió entre medio de las piernas, mientras mordía mi nuca, yo me apoye en la encimera de la cocina y el metió su polla en mi vagina.


Apague el fuego y me empecé a mover como una loca, él me agarraba los pechos y los estrujaba mientras embestía mi coño por detrás, después me di la vuelta y me senté en la encimera y siguió envistiendo mi coño, besándonos, jugando con nuestras lenguas. Con sus embistes me iba rozando el clítoris y sin poder controlarlo me corri. Él al oír mis gemidos exploto metiendo su polla de una embestida hasta el fondo de mi vagina.


Después fuimos a lavarnos y cenamos. Estábamos cansados y al rato nos fuimos a la cama, no se que hora sería, pero de pronto noté mi coño mojado, notaba un calor especial, cuando logré reaccionar me di cuenta que estaba con las piernas abiertas y él tenía su cabeza metida entre mis muslos y me estaba chupando el coño. Como en un sueño me dejé llevar, la suavidad de su lengua recorriendo mi coño, hizo que explotara en minutos.


Fue tremendo lo que sentí. Él siguió chupando y poco a poco, fue subiendo, lamiendo cada centímetro de mi cuerpo, recreándose en los pechos y pezones, dándome pequeños mordiscos en ellos. Poco a poco fue subiendo mi excitación de nuevo, yo le rodeaba con los brazos su cuerpo, hasta que le agarré el culo y le metí las uñas.


Entonces él muy despacio metió su polla en mi coño, me hacía vibrar con sus suaves movimientos, yo le atraía hacia mi, a la vez que movía mis caderas, como no queriendo que saliera su polla de mi interior ni un momento. Empecé a gemir y él aceleró los movimientos, mi coño goteaba mojando las sábanas y sin poder remediarlo volví a estallar sin aliento. Él llegó al climax un momento después, noté como su semen caliente recorría mi interior.

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Visitamos un local de parejas


Visitamos un local de parejas

Llevábamos un tiempo hablando mi pareja y yo de que debíamos visitar un club de parejas. Quedamos que ese viernes iríamos a visitar uno que había en la costa, muy cerca de la playa.

Me vestí con una falda negra recta, con una abertura por detrás y una camisa blanca bien escotada, sin sujetador dejando que se apreciaran mis pezones. Mark se puso un pantalón chino azul oscuro y camisa azul mar, que le favorece y resalta el color de sus ojos. Nos perfumamos bien y salimos a conocer aquel lugar.

Por el camino íbamos hablando de lo que podíamos encontrarnos, cuando llegamos aparcamos el coche cerca de la entrada del local. Que estaba situada en el parking. Antes de bajar del coche, me quite el tanga y lo guardé en la guantera del coche, ante la mirada de Mark.

Nos dirigimos a la puerta de entrada, que estaba camuflada, era como de un ascensor y una mirilla en el centro.

Mark tocó al telefonillo y al rato abrió la puerta una chica de 1,70cm. de estatura, rubia con el pelo largo y una gran sonrisa, invitándonos a entrar. Nos explico las condiciones del local y muy amablemente nos acompaño a ver todas las estancias del recinto.

La luz era tenue e indirecta, las paredes y suelos muy oscuros, enmoquetados. Sonaba una música muy suave, nos llevó a la zona de jacuzzi, donde habían dos parejas desnudas y nos saludaron con una sonrisa, pasamos a los vestuarios con taquillas y después a las zonas de duchas, con albornoces blancos para los clientes.

Salimos de esa zona y pasamos por un pasillo y entramos en una habitación oscura, se oían gemidos, jadeos pera no se podía ver nada. Continuamos por el pasillo y había una pared repleta de agujeros y algunas pollas asomando, no pude evitar reírme en silencio. Pasaba gente e iba tocando las diferentes pollas, que las había de todos los tamaños para elegir la que tocar o chupar.

Después había un pasillo más ancho, la luz era roja, aquí se podía ver un cuarto pequeño, con el hueco de una puerta pero sin ella y una ventana. Había una camilla de ginecología con los apoya piernas y un taburete de frente. Rápidamente me puse en la escena… me arremangue la falda y me subí aquel potro, apoye una y otra pierna en aquel sujeta piernas. Mi coño se abrió y notaba unas gotitas de mis fluidos asomar y Mark se sentó en el taburete y metió su cabeza entre mis muslos y empezó a chupar, a recorrer con su lengua cada centímetro de mi coño. Uff que pasada, que cachonda me puso.

Continuamos el tour y había una habitación con barrotes. Una cheslon de cuero negro y unos juguetes, látigos, fustas, antifaces, hasta ropa interior de esa que no tapa nada. Allí había una mujer de pie desnuda, con unas tetas impresionantes y su coño redondito depilado, con un látigo fino en la mano. Un hombre tumbado en la cheslon, con las piernas abiertas y una polla firme de unos 16/18 cm. Ella le estaba dando golpes suaves por todas partes.

Seguimos investigando y nos topamos con una sala donde había una jauría de hombres y mujeres desnudos, debían ser unos diez. Unos metían sus polla en los coños de las chicas que estaban en posición de L. mirando para Cuenca, que decimos aquí. A la vez que estas chupaban coños y pollas. Otras tumbadas en la cama redonda, mientras hombres y mujeres les chupaban el coño y se iban cambiando y pasando coños, pollas por todos los lados.

Llegamos a una sala redonda, donde había un arnés colgado del techo y una chica estaba desnuda colgada con cinturones en sus muslos y cintura. Llevaba un antifaz y se acercaban hombres y mujeres y la tocaban el coño y chupaban y metían sus lenguas en su vagina. Mmmmmm mi cabeza empezó a volar y me imaginaba en el lugar de esa chica, debía de ser excitante no saber quién te chupa o toca, si es hombre o mujer. Noté unas palpitaciones en mi coño y le eche mano a la polla de Mark, que estaba durísima y empujaba la cremallera del pantalón con ganas de salir.

De ahí, pasamos a la zona de bar, donde la música era más alta y un poco más de luz. Allí algunos llevaban el albornoz, otros con su ropa como nosotros. Nos dirigimos a la barra y pedimos dos ron con cola. La barra era muy llamativa con luces de neon y de metacrilato transparente. Me senté en un taburete y enseguida me di cuenta que al final de la barra habían ojos que miraban mi coño, pero no me importo. Lo comenté con Mark y se puso aún más cachondo.

El ambiente era muy bueno, habían pantallas de televisión con películas porno por todas partes y un espacio sex shop, donde podías adquirir lencería, juguetes, cremas, condones, cualquier cosa que necesitaras.

Hablábamos de lo que habíamos visto y Mark miraba mis pechos diciendo que tenía los pezones firmes, me reí diciéndole que mi coño estaba peor. Entonces se acercó a mi y se metió entre mis piernas, metió su mano y empezó a tocar mi coño sensible. Wow, que caliente estaba. Metió dos dedos de una vez y con el dedo gordo me tocaba el clítoris, sus dedos entraban y salían con rapidez, me empujaba el coño al mismo ritmo y perdí el control de una forma, que me corri sujetándome con su hombro. Fue bestial, que corrida.

Apenas me podía mover, bebí un sorbo de la copa y pude reaccionar. Con una sonrisa Mark dijo que iba al w.c. a lavarse las manos, cuando el regreso pase yo al baño a lavarme. De camino notaba como muy fluidos recorrían mis muslos.

Cuando regrese, Mark dijo que era tarde y madrugábamos al día siguiente. Prometimos que regresaríamos. Cuando llegamos a casa follamos como animales.

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Una experiencia diferente


Una experiencia diferente

Estuve saliendo un tiempo con Antonio, era futbolista, rubio, tenía músculos por todas partes, estaba que rompía, era unos cinco años más joven que yo.

Esa tarde había tenido una discusión con mi ex y le invité a casa a tomar algo, yo llevaba un vestido cortito ajustado color blanco con un estampado fucsia que resaltaba mi figura, él unos pantalones vaqueros y una camiseta ajustada, marcando bíceps.

Cuando llegó, le serví un refresco y yo me puse una copa de vino blanco. Nos sentamos en el sofá del salón y Antonio me miraba fijamente, con una sonrisa picarona, que hizo que me sonrojara y me olvidara de lo sucedido. Me sentía desnuda frente a él . Note como mi coño se empapaba.

De pronto se agachó frente a mi, bajándome el tanga, esto hizo que me excitara aun más, me cogió de la mano y tiro de mi para que me levantara, pensé que me llevaría al dormitorio pero no fue así. Sin dejarme reaccionar, bajo su mano y empezó a acariciarme el coño con rapidez, note sus dedos dentro de mi vagina, ufff, me estremecí de placer y cerré los ojos.

Al momento, note su lengua, lamia mi coño con dedicación, desde la puerta a mi vagina hasta llegar al clitoris una y otra vez, mis pezones iban a romper el vestido de lo duros que los notaba. Al rato se levantó mientras miraba mi cara de satisfacción bajándose la cremallera del pantalón para sacar su polla.

Sin bajarse el pantalón, allí de pie como estábamos, me agarró de las caderas y me levantó con fuerza, apoyando mi espalda contra la pared del salón, mi coño abierto goteaba, yo me agarré con fuerza a él y metió su polla, la noté firme dentro de mí y empezó a balancearse.

Empujaba fuerte hacia arriba, mientras yo me sujetaba de sus hombros para no caer, y le comía la lengua. El calor en mi coño, era un volcán, el cosquilleo entre mis piernas, sus manos apretándome fuerte para que no me escapara y cayera, era una sensación extraña, mis piernas temblaban y él insistía en llegar hasta lo más profundo de mi vagina, estaba prisionera en sus brazos.

Era un hombre muy fuerte, pero sus fuerzas iban fallando, ya cansado me tumbó con cuidado sobre el suelo , lo note frío pero acepte sin decir nada. Tumbada como estaba le miraba como se bajó del todo el pantalón hasta quitárselo. Se tumbó sobre mi, volviendo a meterme su polla en la vagina y besarme con desenfreno.

Siguió con su va y ven dentro de mí despacio, para después acelerar.
Yo estaba apunto de desvanecer, mis gemidos le gustaban y excitaban casi coincidimos, en menos de quince segundos aceleró el ritmo, note como palpitaba todo mi ser y una sensación dulce me invadió, a continuación se corrió dentro de mí, noté el calor de su semen llenando mi interior.

Nos quedamos unos minutos tumbados en el suelo, el sobre mi, hasta que empecé a notar el frío y dolerme la espalda.

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Embarazada


Embarazada


Durante el embarazo, la sensibilidad en la mujer se triplica. No puedes controlar el impulso que sientes …


Mis hormonas estaban alborotadas, mi coño hinchado al igual que el resto del cuerpo y esas tetas que parecían que no eran mías, habían crecido y no podía dejar de tocarme las y mirarlas cada vez que tenía ocasión, incluso estando en la cafetería, cuando me daba cuenta ya tenía la mano en una de ellas.

Me gustaba vestir ceñida, me veía muy sexy con mi barriguita, marcaba los pezones y me sentía observada por donde pasaba. Las embarazadas podemos llegar a resultar muy atractivas para el resto.

El caso es que a mi pareja le daba miedo hacerme daño y follabamos poco, yo estaba caliente todo el día, hasta cuando andaba, mis labios se iban tocando y con lo sensibles que estaban, llegaba a casa con él tanga siempre empapado.

Yo iba detrás de Juan todo el tiempo que estaba en casa, le pasaba mis tetas por la boca, me las tocaba delante de él y presumía de ellas. Cuando conseguía provocarle me las tocaba y se las metía en la boca, chupandolas y mordisqueando mis pezones.

Esa noche estaba cansado y le dejé por imposible, decidí que íbamos a dormir sin nada de juegos. Cuando nos acostamos Juan se quedó frito al momento, lo cierto es que trabajaba mucho y debía de estar agotado.

Yo me acosté desnuda como siempre, me puse de lado y una teta tocaba la otra. Entraba por la ventana el reflejo de la farola y me miraba las domingas, sin pensarlo empecé a sobármelas, sin darme cuenta saqué la lengua para chuparme un pezon. Ummmmm que cosquilleo me dio, me estaba poniendo muy cachonda, me di la vuelta y me arrimé a Juan, me peque a él y con la mano derecha la acerque a su polla por encima del slip. Cuando no quería follar se lo dejaba puesto para dormir, pero yo metí la mano por debajo.

Uff la polla estaba calentita, aprisionada por esa tela, quería meter la mano y tocar los huevos pero estaba tan oprimido que no me dejaba, pero yo la imaginaba y mi coño chorreaba, necesitaba relajarme como fuera. La estuve acariciando y noté como se ponía dura pero Juan estaba en el quinto sueño. Así que me di la vuelta y me empecé a tocar, por momentos mi excitación subía.

Uff tuve que abrir las piernas, me puse boca arriba y con cuidado metía los dedos y con la mano izquierda acariciaba esas tetazas, mis jugos llegaban a mi culo, que sensación, mis labios estaban hichadisimos y cubrían el clítoris. Con los dedos me abrí camino y movía el clítoris de arriba abajo, en círculos y los volvía a meter en la vagina. Sin esperarlo solté un gemido tímido, deseaba que Juan despertara y meterme esa polla tan Gordita que tiene, que me encanta. Y sin esperarlo me corri, fue explosivo.

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Planeando las vacaciones


Nos pusimos cómodos después de la ducha, yo con mi camiseta amarilla, desgastada de tanto uso, pero con la que me siento muy cómoda, y aunque lleve algo puesto, deja ver mi cuerpo desnudo, Mark con su pantalón de cuadros de pijama y camiseta gris.

Después de cenar, nos sentamos en el sofá frente al televisor y hablábamos de nuestras próximas vacaciones. Ya habíamos reservado hotel en una zona de playa y estábamos haciendo planes de las cosas que queríamos hacer, acabamos hablando de sexo.

Al rato fuimos al dormitorio, nos tumbamos sobre la cama y continuamos con la conversación, el calor en mi interior hacía que mi vagina estuviera húmeda y acerqué mi mano derecha a la polla de Mark, empecé a hacerle una paja, la movía con cuidado y iba acariciando los testiculos, rápidamente se puso muy dura, jugaba con mis dedos con su glande, utilizando esas gotitas que salían como hidratante.

Me puse cachonda como una perra, al ver su polla cómo vibraba en mi mano y me puse a cuatro patas sobre la cama. Le dije a Mark que metiera su polla en mi vagina, obedeció sin rechistar y me la metió de un golpe.

Después iba saboreando mi coño con su polla, dedico tiempo metiéndola y sacándola, al rato cogió velocidad, empecé a jadear, en cada embiste me estremecía….. sigue, sigue, le decía y él aflojó los embistes.

Se movía despacio con la polla dentro de mi coño, sin tocarme, fue una sensación especial, diferente. Mi vagina era un rio, su polla entraba y salía con libertad. Por instinto empecé a estimularme el clítoris y a moverme, intentando meterme su polla aún más dentro, mi presión subía, mis líquidos soñaban con las fuertes embestidas de Mark, de pronto me envolvió un deseo incontrolable de correrme y me dejé. Estallé con gritos.

Noté que Mark estaba a punto de explotar y le dije que se corriera sobre mis nalgas, esto le hizo embestir con más fuerza y sacaba la polla, a continuación la volvía a meter y así varias veces, hasta que noté como temblaba y al momento sacó la polla y noté el calor de su líquido sobre mi culo.

Un juego excitante e intenso. Sentir el semen correr sobre mi piel, me produce una sensación muy placentera. Merece la pena repetir.

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Un aperitivo después del trabajo


Llegué a casa después del trabajo y comprar unas cosas en el supermercado que necesitaba, estaba cansada y fui directa al baño. Philip se encontraba en el salón leyendo el periódico.

Guarde la compra en el frigorífico y por el camino fui quitándome la ropa, abrí el grifo de la ducha, dejando correr el agua. Me lavé con agua tibia y jabón neutro perfumado, que me encanta el olor de flores blancas.

Después fui al dormitorio envuelta en una toalla y me puse una camiseta corta dejando ver mis nalgas y coño, estaba con ganas de guerra y me dirigí a la cocina para preparar unos aperitivos y dos copas de vino tinto para los dos.

Llevé todo al salón y le ofrecí una copa a Philip, le miré con deseo y le dije que estaba caliente, que estaba cachonda y que teníamos que jugar, él me miró con una sonrisa y me dijo que bien. Tomamos los aperitivos sentados en el sofá, uno frente al otro, cuando acabamos de comer, retire todo y preparé café, me senté de nuevo.

Empecé abrir las piernas para que viera mi coño abierto y le provocaba tocándome los labios, noté como me iba mojando y metí un dedo y después el otro. Philip me miraba atento, yo continuaba metiendo y sacando los dedos de mi vagina, él miraba como mis dedos salían de mi coño mojados y me los llevé a la boca, los chupaba con la lengua mirándole profundamente. Mis pezones puntiagudos empujaban la camiseta.

Cuando me di cuenta, la polla de Philip estaba erecta, saliendo de la abertura del pantalón del pijama, notaba palpitaciones en el coño y como el calor me invadía, tenía el coño caliente y necesitaba calmar el quemazón . Le cogí de la mano y le llevé al dormitorio, le tumbé en la cama y sin quitarle la ropa, bajé a su entrepierna, por la abertura del pantalón su polla asomaba dura, me la metí en la boca y chupe su polla como si fuera la primera vez.

Recorrí con mi lengua desde los testiculos hasta la punta, entreteniéndome en ella, chupando como si fuera un Chupa Chups, noté unas gotitas de su líquido en mi boca, las escupí sobre su polla y noté como Philip se puso aún más cachondo. Después me levanté y me agaché apoyándome en la cama, bajando la cabeza, me abrí de piernas y empecé a tocarme el coño pidiéndole que me metiera la polla. Philip se levantó, agarrándome las caderas con sus manos y empujándome hacia el, cogí su polla y me la metí, agachándome más, así entraba en mi vagina mucho mejor y notaba su excitación dentro de mi, su líquido y el mío se mezclaban, la suavidad de su polla me inundaba de placer.

Jugamos un rato así y luego me puse de rodillas y él tumbado, puse mi culo y el coño en su cara, mirando su polla, para que me chupara, lo necesitaba, ansiaba notar el dulce de su boca. Empezó a lamerme y me estremecí.

Entonces me incliné para chuparle la polla, al mismo tiempo con la mano le iba acariciando y le hacía una paja, estaba a punto, me iba a correr. Su lengua era rápida y me incitaba a chupar más deprisa su miembro. Los gemidos eran silenciosos. Philip abrió las piernas y se inclinó cogiéndome hacia el, metiendo su lengua dentro de mí, y no resistí, grité, y el explotó en mi boca y yo a los pocos segundos mientras seguía comiendo su semen.

Fue fantástico, quedé tumbada sobre él durante unos minutos, con mi cara pegada a su polla. Cuando recuperé las fuerzas, pase al baño, y me aseé. Invitando a Philip a seguirme y tomar un vino juntos en el salón


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Las confesiones nos liberan

Las confesiones nos limpian el Alma, con ello descargamos la mochila que nos pesa tanto.

Es terror lo que sentimos cuando pensamos en abrir nuestro corazón y contar abiertamente los errores cometidos, sentimos un dolor verdaderamente intenso solo con pensarlo.

Cuando conseguimos la valentía suficiente o la fuerza para por fin lanzarnos y contar las cosas por las que nos avergonzamos., que cuando lo hacemos nos sentimos inmensamente bien y nos preguntamos porque hemos esperado tanto y no lo hicimos antes…

Laura y yo tuvimos una relación en la universidad, compartíamos piso y de amigas llegamos a ser amantes también. Mi cabeza no aceptaba la situación por prejuicios o que se yo, aproveché la oportunidad de aparcar la relación cuando terminamos la carrera y me ofrecieron trabajo fuera del país.

Acepté porque pensaba en empezar de cero en un sitio nuevo donde nadie me conociera. Transcurrió el tiempo, empecé a hacer amigos en la nueva empresa, salía, me divertía y conocí a un chico con el que me sentía bien y empece una relación más seria con el, hasta el punto que nos casamos.

Continuaba la amistad con Laura a través de emails y llamadas telefónicas, seguíamos siendo buenas amigas.

Al principio de mi matrimonio todo funcionaba bien o eso creía yo, nuestros momentos íntimos no estaban mal. Yo insistía apostando por mi matrimonio aunque con el tiempo descubrí que mi marido tenía aventuras con compañeras de trabajo, no podía entender lo que pasaba.

Yo me entregaba en nuestros momentos a cualquier cosa que él me pidiera, incluso me preste hacer orgias con sus amigos. Le encantaba ver que otros me follaran, yo me prestaba por complacerle pero con el tiempo pedía más y más….

Me encerraba en mi misma por momentos, no sabía que me pasaba, perdí la ilusión y me convencí de que así iba a ser el resto de mi vida.

Una noche me llamaron por teléfono diciendo que mi marido había tenido un accidente de coche, estaba grave y iba acompañado de una mujer. Llevaba los pantalones bajados mientras conducía y del golpe, tuvieron que amputarle un testiculo.

En ese momento mis padres vinieron de vacaciones a mi ciudad, hablé con ellos y me acogieron. Mi marido salió del hospital y le dije que necesitaba un tiempo para pensar, el no se lo esperaba y puso todas las excusas del mundo para explicar porque llevaba los pantalones bajados.

Me mantuve fuerte y me marché con mis padres, la convivencia con ellos era perfecta, por fin me sentía arropada de nuevo y ellos decidieron quedarse a vivir conmigo.

Pedí el divorcio y empecé una nueva vida, continuaba hablando con Laura y un día se me ocurrió invitarla a pasar unos días con nosotros, ella loca de contenta aceptó y ese mismo fin de semana llegó.

Fuimos al aeropuerto a recogerla mis padres y yo, estaba muy guapa y tan simpática como siempre. Fue muy atenta con mis padres, les trajo unos regalos por la invitación. Cargamos el equipaje en el coche y fuimos a tomar unos refrescos a una cafetería.

La segunda noche, pasamos al baño a lavarnos juntas, me hizo lavarme bien el culo y ella también lo hizo. Luego cogió una toalla íntima y me la paso por el culo y ella también. Me dijo que me dejara llevar. Y así lo hice…

Cuando se acostaron mis padres, cerré la puerta de la habitación y nos desnudamos, empezamos a jugar y nos reíamos recordando nuestros momentos en la universidad. Nos mirábamos y con los recuerdos empezamos a tocarnos la vagina, los labios que la encanta que los tenga fuera y se me noten.

Me pellizcaba y los tocaba con suavidad, nos pusimos calientes, mi coño se mojó rápidamente y Laura tenía los pezones duros, como los míos, empezó a mordisquear mis pezones y me puse mucho, muy cachonda, luego bajo al coño y empezó a morder los labios y jugaba con la lengua, levantó mis piernas y empezó a pasar la lengua por el culo, y sin darme cuenta tuve un orgasmo increíble, no recordaba otro igual.

Luego puso su coño junto al mío y nos pusimos a rozar nuestras vaginas, que me puso otra vez a tope, nuestros coños resbalaban con una suavidad increíble de lo mojados que estaban, después Laura se tumbó con las piernas abiertas y levantadas, bajo mi cabeza abajo, e hice lo que ella me había hecho a mi.

Le mordía los labios, con mi lengua jugaba con su clítoris, recorrí todo su coño hasta llegar atrás y volvía a empezar, de pronto empezó a eyacular mojando mi boca y noté que la gustaba como a mi por los gemidos que salían, intentaba controlarlos para que no nos escucharan mis padres.

Luego empecé a chupar su vagina y pasaba mis dedos por su culo y grito, esta vez sin poder controlar el volumen de su voz, se corrió entre temblores. De una manera brusca y retorciéndose de placer.

Fue algo increíble, lo que nunca antes había sentido. A partir de ese momento jugamos bien tocándonos y también pasando la lengua.

Ahora escribo esto y estoy mojada, tengo el tanga mojadisimo. Miro a mi madre que está dormida en el sofá, con las piernas encima de la mesa y veo la vagina y entre ver eso y recordar lo que acabo de escribir, tengo que ir al baño para masturbarme. Me cambiare de tanga y lavaré.

Han sido unos días increíbles y hemos quedado por las noches para mandarnos vídeos tocándonos y masturbándonos.

He revivido mi vida anterior y estoy segura que a partir de este momento estoy segura de lo que me gusta. He nacido para ser feliz, aparte de que la sociedad que nos obliga a seguir un camino de personas infelices.

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